Un men­sa­je con miga por Mar­tin Gari­tano

No se lo digan a nadie, pero reco­noz­co que me cuen­to entre la media doce­na de vas­cos que asis­tió a la lec­tu­ra del men­sa­je navi­de­ño del rey de los espa­ño­les en la tele­vi­sión de algu­nos vas­cos. No lo viví en direc­to, pero lo gra­bé en vídeo y pude dis­fru­tar de lo lin­do cuan­do todo el mun­do se fue a dor­mir. Y, lo con­fie­so, resul­ta un espec­tácu­lo digno de ser vis­to a esa hora y en ese esta­do de ale­gría navi­de­ña indu­ci­da. La pena es que no le pusie­ron sub­tí­tu­los en eus­ka­ra o un intér­pre­te para sor­do­mu­dos. Habría sido la caña, que dicen los más jóve­nes.

El rey de los espa­ño­les y espa­ño­las, aquél al que Fran­co nom­bró suce­sor «a títu­lo de Rey» allá por 1969 habló del apa­ño por el que el Fue­ro de los Espa­ño­les se trans­mu­tó en la Cons­ti­tu­ción de 1978 y sen­ten­ció con aire de des­ga­na que esa Cons­ti­tu­ción «garan­ti­za un amplio aba­ni­co de dere­chos y liber­ta­des». Y no pude evi­tar recor­dar­le, ‑aun­que al otro lado de la pan­ta­lla no se escu­che la voz- que con esa Cons­ti­tu­ción en la mano, una ban­da de fora­ji­dos dis­fra­za­dos con uni­for­mes, togas o tra­jes de polí­ti­co pro­fe­sio­nal detie­ne, tor­tu­ra y encar­ce­la a las gen­tes de mi país por escri­bir, diri­gir un perió­di­co, com­pro­me­ter­se con nues­tra len­gua, mili­tar en la cul­tu­ra o bus­car solu­cio­nes a la lacra de la impo­si­ción, espa­ño­la, por supues­to.

La lec­tu­ra del dis­cur­so tuvo momen­tos de humor. Cuan­do, por ejem­plo, habló de la nece­si­dad de actuar «con inte­li­gen­cia y gene­ro­si­dad». Y has­ta fina iro­nía, cuan­do reve­ló que «la solu­ción de la cri­sis exi­ge tra­ba­jar jun­tos». «Tra­ba­jar»: lo dijo, lo dijo. Como los mejo­res humo­ris­tas, repri­mió una son­ri­sa mien­tras con­ta­ba el chis­te: «que sea para todos un año car­ga­do de paz, con­cor­dia, recu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca y más empleo». El que fir­mó la entra­da de las tro­pas sud­ame­ri­ca­nas del Ejér­ci­to espa­ñol en Irak habló de paz. El que lle­na las calles de Eus­kal Herria de guar­dias, poli­cías y sol­da­dos cada vez que se le ocu­rre venir habló de con­cor­dia. El que pasa por ser uno de los hom­bres más ricos del mun­do habló de recu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca. De lo de «más empleo» mejor no decir nada, que no están los tiem­pos para sol­tar la len­gua.

Pero lo mejor lle­gó cuan­do salu­dó con entu­sias­mo «la rica diver­si­dad, con­sus­tan­cial al mis­mo ser de Espa­ña». En los archi­vos del No-Do segu­ro que encuen­tran algún dis­cur­so del Gene­ra­lí­si­mo en el que se repi­te la fra­se. Es posi­ble que el escri­bi­dor del dis­cur­so siga sien­do el mis­mo. Será eso.

Yo, el año que vie­ne, no me lo pier­do. Uste­des no se moles­ten. Ya se lo con­ta­ré.

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