Cul­tu­ra. Louis Yupan­qui, acti­vis­ta trans y mili­tan­te antiracista

Por Flor Mon­fort, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 9 de julio de 2021.

Tie­ne casi 50 mil segui­do­res en Ins­ta­gram, que logró a fuer­za de poner el cuer­po a todo tipo de dis­cri­mi­na­ción y vio­len­cias. Louis Yupan­qui cuen­ta sus expe­rien­cias de vida en las redes socia­les y se ocu­pa de expli­car los modos en que natu­ra­li­za­mos el racis­mo y la trans­fo­bia des­de el len­gua­je y en la vida cotidiana. 

«Soy Louis Yupan­qui, ten­go 22 años y soy acti­vis­ta trans, mili­tan­te anti­ra­cis­ta y acti­vis­ta esté­ti­ca» se pre­sen­ta ella, joven influen­cer que alter­na fotos de su vida coti­dia­na (cuen­ta que hace poco más de un año empe­zó a tran­si­cio­nar y cómo eso le cam­bió la vida) con pla­cas expli­ca­ti­vas sobre pala­bras racis­tas o expre­sio­nes vio­len­tas; o la len­ce­ría para chi­cas trans que ins­pi­ró su pro­pia expe­rien­cia (le man­da­ron ropa inte­rior para muje­res cis con la mejor inten­ción pero no iba con su cuer­po así que pidió que hicie­ran una línea espe­cí­fi­ca y la mar­ca se entu­sias­mó con la deman­da). Dice que si tuvie­ra que resu­mir todo su tra­ba­jo, que abar­ca tam­bién su espe­cia­li­za­ción en pelos afro, rizos y rulos, «tie­ne que ver con visi­bi­li­zar las pro­ble­má­ti­cas socia­les que me inter­pe­lan como per­so­na» y cuen­ta que todo esto empe­zó hace tres años, cuan­do se cues­tio­nó su lugar en la socie­dad y un mon­tón de cosas que tenía natu­ra­li­za­das y tenían que ver con la dis­cri­mi­na­ción y el racismo. 

«Obvia­men­te el racis­mo fue lo que me abrió los ojos en un mon­tón de sen­ti­dos, cómo la socie­dad sin dar­se cuen­ta por esa cons­truc­ción machis­ta, bina­ria, racis­ta, cla­sis­ta que hace te va tra­tan­do con pri­vi­le­gios u opre­sio­nes, depen­de de tu posi­ción. El anti­ra­cis­mo me hizo ver un mon­tón de cosas, me ayu­dó a enten­der de qué lado de la mecha me encuen­tro, en qué lugar estoy. Ese fue mi des­per­tar: empe­cé a leer, a cues­tio­nar­me, a infor­mar­me y a dar­me cuen­ta que la socie­dad no es más que vio­len­cia. Hay segre­ga­ción, vio­len­cia físi­ca explí­ci­ta, dis­cri­mi­na­ción, este­reo­ti­pos… Cuan­do una habla de pro­ble­má­ti­cas socia­les no pue­de dar­le un cie­rre posi­ti­vo o roman­ti­zar o dar­le un wash (lava­do) por­que real­men­te es algo muy duro». 

¿Qué es el acti­vis­mo para vos?

–Sufrí un mon­tón y el acti­vis­mo es una res­pues­ta des­de el dolor, de la bron­ca, de con­vi­vir con la humi­lla­ción, de dar­me cuen­ta que la socie­dad te uti­li­za en un mon­tón de cosas. El acti­vis­mo es una res­pues­ta polí­ti­ca y no un car­tel para sacar­se una foto. Tam­bién des­cu­brí que el acti­vis­mo no es algo de una opre­sión, es un con­jun­to de cosas que son inter­sec­cio­na­les y que así como podés ser una per­so­na que vive una opre­sión al mis­mo tiem­po podés tener un mon­tón de pri­vi­le­gios. En mi caso, apar­te de ser afro­des­cen­dien­te soy una mujer trans, eso me hizo enten­der que hay muchas posi­cio­nes en el table­ro y hay muchos table­ros tam­bién. Una pue­de ser una mez­cla de posi­cio­nes, no todo se tra­ta de estar de un lado o del otro. Eso hace que hablar de pro­ble­má­ti­cas socia­les sea tan difi­cil, por­que con­vi­ven un mon­tón de opre­sio­nes y cada una tie­ne que tener su espa­cio y hay que enten­der cómo se inter­sec­tan entre sí y que se pue­da dar visi­bi­li­dad a cada una. 

Tus con­te­ni­dos hablan mucho sobre el cuer­po, sos una mili­tan­te de la diver­si­dad cor­po­ral también…

–Así como soy una mujer trans afro­ar­gen­ti­na que vive el racis­mo, tam­bién soy una per­so­na que tie­ne pri­vi­le­gios por mi cor­po­ra­li­dad. Si bien ten­go un cuer­po bas­tan­te diver­so por ser trans y por no entrar en los cáno­nes 90−60−90, aún así ten­go pri­vi­le­gios como per­so­na fla­ca. Tam­bién ten­go pri­vi­le­gios por no ser leí­da como alguien con dis­ca­pa­ci­dad, y si bien no soy rica ten­go acce­so a un mon­tón de cosas, estoy cer­ca de Capi­tal, que no es lo mis­mo que vivir en una pro­vin­cia. Mi edad tam­bién es un pri­vi­le­gio por­que ser joven te abre un mon­tón de puer­tas. Son un mon­tón de cosas que cuan­do una empie­za a ahon­dar se da cuen­ta que es bas­tan­te com­ple­jo. Des­de qué lugar hablo, qué puer­tas te abren, qué espa­cio te dan… No es casua­li­dad que yo esté acá hablan­do y hay un mon­tón de per­so­nas que hacen mucho tra­ba­jo y no tie­nen la mis­ma visi­bi­li­dad. El acce­so a inter­net tam­bién es un tema.

foto: Sebas­tián Freire

¿Cómo fuis­te mane­jan­do el tema de la expo­si­ción y las agre­sio­nes de los haters, que muchas veces visi­bi­li­zas­te en tus posteos?

–Con pacien­cia, que es algo que fui apren­dien­do. El otro pue­de ser el opre­sor pero si yo empie­zo a putear creo que nadie me va a escu­char. Enton­ces creo que la pacien­cia no vie­ne des­de un lugar de amor: el acti­vis­mo vie­ne de cual­quier lugar menos del amor, no hay que roman­ti­zar­lo; en mi caso es una estra­te­gia para que las per­so­nas pue­dan apren­der algo, en lugar de refu­tar lo que otros dicen. Creo que esa fue mi estra­te­gia para que me escu­chen, tris­te­men­te la his­to­ria nos puso en una posi­ción que no nos que­da otra que ser edu­ca­do­res y esto es algo que lo digo has­ta un poco eno­ja­da. Las per­so­nas me escri­ben “ay bueno, gra­cias por la expli­ca­ción”, y en reali­dad lo nues­tro es un tra­ba­jo no remu­ne­ra­do, tene­mos que expli­car por­que no nos que­da otra, por­que hay un sis­te­ma que no edu­ca, que no expli­ca las cosas que noso­tres vivi­mos. Hoy en día no pue­do hablar de acti­vis­mo trans y encon­trar una his­to­ria. Tuve que abrir mi inti­mi­dad, que es algo que no me resul­tó muy cómo­do, mos­trar y expo­ner un mon­tón de cosas, lo que me escri­ben los pibes, la vio­len­cia que una reci­be, lo que la gen­te pien­sa de mí en la calle, y fue y es duro. Es difí­cil abrir­se, expo­ner­se, y decir «mirá esto que me pasa». La gen­te por redes pue­de mos­trar un mon­tón de cosas pero no es tan sen­ci­llo abrir tu sexua­li­dad, tu inti­mi­dad, abrir tu his­to­ria emo­cio­nal. Las per­so­nas públi­cas tene­mos que tener mucho cui­da­do con lo que mos­tra­mos, no tan­to por no mos­trar la reali­dad sino por enten­der que todo lo que se publi­ca es un jui­cio cons­tan­te y si bien pue­de ser a favor o en con­tra creo que abrir tu inti­mi­dad es expo­ner­se a que las per­so­nas opi­nen y eso es algo que cual­quie­ra expues­to a redes socia­les de mane­ra masi­va lo entien­de. Yo creo que está bueno mos­trar en las redes un lado más real y mos­trar la reali­dad es abrir­se a que la gen­te hable de eso: no es tan fácil ele­gir qué mos­trar por­que tam­bién hay gen­te muy criticona.

¿Cómo fue la ini­cia­ti­va para crear la línea de len­ce­ría para chi­cas trans?

–Sur­gió con la mar­ca Archety­pe, la arma­mos por una situa­ción vio­len­ta que me tocó vivir. Esa cons­truc­ción de la pacien­cia de la que habla­ba antes pudo lograr que esto se con­cre­te: la due­ña me había man­da­do ropa pero no me entró por­que ten­go una cor­po­ra­li­dad trans, que es dife­ren­te tal vez a la de una chi­ca cis, des­de las medi­das has­ta la geni­ta­li­dad, y toda esa ropa no la pude usar ni mode­lar. Ella se puso la diez y nos pusi­mos a tra­ba­jar jun­tas y al poco tiem­po lan­za­mos los pri­me­ros dise­ños. La idea es que siga cre­cien­do, espe­ro que la mar­ca pue­da ampliar esta diver­si­dad y que se cons­tru­ya algo más intere­san­te. Noso­tras lo hici­mos des­de un lugar de nece­si­dad y de emer­gen­cia, vien­do que en otros paí­ses ya hay len­ce­ría para chi­cas trans y en Argen­ti­na casi no la hay, es muy baja la ofer­ta. Enton­ces que quie­nes hacen esto pue­dan lla­mar a chi­cas trans para gene­rar una mol­de­ría acor­de, que se las remu­ne­re a las chi­cas trans por su tiem­po es un poco la idea, que cir­cu­le esta ini­cia­ti­va y que haya opcio­nes. La idea no es que Archety­pe haga todo sino que muchas mar­cas pue­dan dar esta ofer­ta hacia las muje­res trans y que poda­mos ele­gir: lo mis­mo que hace una mujer cis de mane­ra habi­tual, que tie­ne muchí­si­mas pági­nas para ele­gir el tipo de len­ce­ría que quiere.

¿Cómo es tu tra­ba­jo con el pelo y lo que vos lla­más tu mili­tan­cia estética?

–El acti­vis­mo requie­re mucho tiem­po y ener­gía, due­le, moles­ta, inco­mo­da pero al mis­mo tiem­po ayu­da a muchas per­so­nas a com­pren­der, a modi­fi­car sus com­por­ta­mien­tos, a corre­gir, a per­do­nar, a cues­tio­nar, a pedir dis­cul­pas. El acti­vis­mo con­lle­va un mon­tón de res­pon­sa­bi­li­da­des y eso es algo que de a poco empe­cé a lle­var a otros luga­res, y de a poco fue más cons­truc­ti­vo para mí tam­bién. Algo que me pasó fue que en los dos últi­mos años me dedi­qué tan­to al acti­vis­mo que me olvi­dé lo que era estu­diar, lo que era tra­ba­jar, sien­to que por momen­tos me estan­qué, y empe­cé a dar­me cuen­ta que yo tam­bién nece­si­ta­ba una sali­da eco­nó­mi­ca, cre­cer, expan­dir­me. Y así es como apa­re­ció la pelu­que­ría: soy pelu­que­ra para pelo riza­do y pelo ondulado.

Tam­bién fue a tra­vés de tu pelo que empe­zas­te a tra­ba­jar con rizos, no?

–Yo me cui­do el pelo hace un año y medio, me cre­ció muchí­si­mo en este tiem­po, empe­cé a enten­der lo que es cui­dar el pelo con rulos, el pelo afro, todos los pelos que no son lacios. Y empe­cé a des­cu­brir otro sis­te­ma que nos opri­me, que tie­ne que ver con la belle­za y la esté­ti­ca, cómo es un pelo per­fec­to, qué mues­tran las publi­ci­da­des. No voy a decir mar­cas pero la mayo­ría mues­tran a chi­cas con pelos lacios, leves ondas hechas con bucle­ra, pelos pro­du­ci­dos arti­fi­cial­men­te para que ten­gan un look per­fec­to y todo esto nos afec­ta par­ti­cu­lar­men­te. Y ahí, en el mar­ke­ting, no entran los rulos, por­que pare­ce que los rulos son algo des­or­de­na­do y feo que hay que aco­mo­dar, y eso me empe­zó a abrir la cabe­za: cómo la for­ma de lava­do que se impo­ne de sham­poo- acon­di­cio­na­dor con los quí­mi­cos que con­lle­va es algo súper abra­si­vo. Hay otros méto­dos de lava­do más acor­des con nues­tro tipo de pelo. Social­men­te nun­ca te ense­ñan cómo cui­dar las ondas, los rulos, que­rer­los como son, siem­pre se ense­ña algo más fácil: que­mar el pelo, que­mar el cue­ro cabe­llu­do con ali­sa­do­res, con plan­chas y esto ros­ti­za y las­ti­ma el pelo. La socie­dad no sabe nada de salud capi­lar y cree que sabe, eso es lo intere­san­te. Cada vez que me toca aten­der una clien­ta escu­cho los mis­mos tipos de lava­do, los mis­mos este­reo­ti­pos y cada una tie­ne un pelo dife­ren­te. Enton­ces como acti­vis­ta empe­cé a visi­bi­li­zar la diver­si­dad de patro­nes, y que la gen­te deje de pen­sar que algo con su pelo está mal cuan­do sola­men­te tie­ne diver­si­dad étni­ca o dife­ren­tes tipos de pelos, a los que sola­men­te hay que empe­zar a abra­zar y cui­dar. Cada pelo requie­re un cui­da­do y lo impor­tan­te es que tu pelu­que­re te ase­so­re bien sobre tu tipo de pelo y tu patrón natu­ral: pero todos los pelos son her­mo­sos, sin impor­tar qué tipo de patron tengan. 

Louis Yupan­qui hace ase­so­ra­mien­tos gru­pa­les e indi­vi­dua­les de mane­ra vir­tual, ense­ña y ase­so­ra a hacer cowa­sh, low poo, defi­nir los rulos y muchas otras cosas más que se pue­den con­sul­tar en su Instagram. 

Fotos: Sebas­tián Freire

Itu­rria /​Fuen­te

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