Yemen. Los Akh­dam, el estig­ma y la guerra

Por Gua­di Cal­vo*, Resu­men Medio Orien­te, 1 de abril de 2021-.

Los cons­tan­tes avan­ces de la resis­ten­cia yeme­ní, enca­be­za­da por el fren­te Ansa­ru­llah (Segui­do­res de Allah) o Houthi, por su fun­da­dor Hus­sein Badred­din al-Houthi, están obli­ga­do al Rei­no Sau­di­ta, a modi­fi­car su estra­te­gia y lo que comen­zó en 2015, casi como un des­fi­le mili­tar, para reins­ta­lar al renun­cian­te Abdu Rab­bu Man­sour Hadi, nue­va­men­te en la pre­si­den­cia, está hun­dien­do a la monar­quía abso­lu­tis­ta más atra­bi­lia­ria del mun­do, en un esca­bro­so pantano.

Sema­nas atrás, sin duda bajo la pre­sión de la nue­va admi­nis­tra­ción nor­te­ame­ri­ca­na, que ya no sabe cómo encu­brir los crí­me­nes de su prin­ci­pal socio en el mun­do ára­be, Riad, ofre­ció a la resis­ten­cia yeme­ní un acuer­do del alto el fue­go; el que fue recha­za­do de plano, has­ta que se no se levan­te el blo­queo aéreo y marí­ti­mo para poder reci­bir los envíos ali­men­ta­rios que cubren el 80 % de sus nece­si­da­des, lo que está cau­sa­do estra­gos en el pue­blo yeme­ní. En esta direc­ción la deci­sión de Joe Baden de qui­tar a los hutíes de la lis­ta de orga­ni­za­cio­nes terro­ris­tas, per­mi­te que algu­nas ONG con­si­gan lle­gar con ayu­da, para paliar en algo la monu­men­tal crisis.

Como mues­tra de que Ansa­ru­llah, no va a nego­ciar, más allá de la tra­ge­dia a la que está sien­do some­ti­do su pue­blo, y no solo ha recha­za­do ese lla­ma­do, sino que se encuen­tra en abso­lu­ta ofen­si­va. En estos últi­mos días se cono­ció que, en un nue­vo ata­que aéreo, el pasa­do domin­go, en el mar­co de la bata­lla por la estra­té­gi­ca ciu­dad de Marib, fue eli­mi­na­do el gene­ral de bri­ga­da Saleh al-Abab, jefe de ope­ra­cio­nes de las fuer­zas espe­cia­les del rei­no, jun­to a dece­nas de mer­ce­na­rios. Marib, podría de algu­na mane­ra, sellar la suer­te de la Coa­li­ción Sau­di­ta. Al tiem­po que se cono­cie­ron una serie de ata­ques con dro­nes y misi­les con­tra Riad, y las ciu­da­des de Abha y Jamis Mushait en el sur del reino.

Más allá de la ya muy pre­su­mi­ble vic­to­ria de la resis­ten­cia, los seis años de gue­rra han pro­vo­ca­do un desas­tre huma­ni­ta­rio en Yemen, el país más pobre de la Penín­su­la Arábiga.

Según las eva­lua­cio­nes del últi­mo diciem­bre rea­li­za­da por la ONU, seña­la que exis­ten focos de ham­bru­na abso­lu­ta o fase 4, el últi­mo esca­lón para alcan­zar la con­di­ción de ham­bre total. Esta situa­ción afec­ta a 3.6 millo­nes de per­so­nas y se esti­ma que pue­da alcan­zar los cin­co millo­nes en los pró­xi­mos meses. De los casi 27 millo­nes de habi­tan­tes, cer­ca de vein­te, nece­si­tan ayu­da huma­ni­ta­ria. Dos millo­nes de meno­res pade­cen des­nu­tri­ción mode­ra­da y otros 400 mil, des­nu­tri­ción seve­ra. El núme­ro de muer­tos y la des­truc­ción de la infra­es­truc­tu­ra es has­ta aho­ra prác­ti­ca­men­te impo­si­ble de estimar.

Tras el comien­zo de las ope­ra­cio­nes sau­di­tas con­tra Yemen, las accio­nes de las empre­sas esta­dou­ni­den­ses de tec­no­lo­gía mili­tar como la Raytheon Tech­no­lo­gies Cor­po­ra­tion, Boeing y la Gene­ral Dyna­mics, tuvie­ron una muy sig­ni­fi­ca­ti­va alza, en mar­zo de 2015. Se cono­ce que Riad, des­de 2015, ha incre­men­ta­do sus com­pras de arma­men­to nor­te­ame­ri­cano, en cien­tos de miles de millo­nes, según algu­nas fuen­tes serían unos 60 mil millo­nes de dóla­res. Aun­que tam­bién hay otros bene­fi­cia­rios como la indus­tria béli­ca del Rei­no Uni­do, Fran­cia, Ita­lia y Alemania.

Más allá de esas inver­sio­nes side­ra­les y los 266510 ata­ques aéreos con­tra Sana´a, la capi­tal yeme­ní bajo el con­trol Houthi des­de 2014, no los han podi­do desalojar.

Lim­pia tu plato…

Si bien la trá­gi­ca situa­ción del pue­blo yeme­ní, pare­ce­ría ser ter­mi­nal, y que no se podría estar peor, exis­ten sec­to­res de esa mis­ma socie­dad que pade­cen mucho más que el res­to, de la socie­dad, son cono­ci­dos como Akh­dam (sir­vien­tes) o Muha­masheen (mar­gi­na­dos) un gru­po afro-yeme­ní, musul­mán, de len­gua ára­be que apa­ren­te­men­te des­cien­de de las tro­pas abi­si­nias (Etio­pía) de la tri­bu al-Ahbash, que inva­die­ron el sur de la penín­su­la ará­bi­ga hacia el 525 D.C., quie­nes más tar­de serian ven­ci­dos y escla­vi­za­dos por las tri­bus ára­bes. A pesar de lle­var en el país unos 1500 años, jamás han sido inte­gra­dos a la socie­dad y son con­si­de­ra­dos des­cla­sa­dos. Fue­ra del orden tri­bal, care­cen de cual­quier dere­cho e ins­tan­cia a la que ape­lar fren­te a las arbi­tra­rie­da­des que viven cada día de sus vidas. Por los que repre­sen­tan exac­ta­men­te los mis­mo que los dalits (into­ca­bles) de la India. Tam­bién se vin­cu­lan a este gru­po con los soma­líes, cali­fi­cán­do­los como muwa­lid (mes­ti­zo).

Si bien el sis­te­ma de cas­tas en Yemen, fue abo­li­do, jun­to a la escla­vi­tud, por la cons­ti­tu­ción de 1962, de echo ha per­du­ra­do, por lo que los Akh­dam, tie­ne prohi­bi­do casar­se con miem­bros de otra cla­se, ni siquie­ra cuen­tan con docu­men­tos, ade­más de tener veda­do, de mane­ra fác­ti­ca, el acce­so a tra­ba­jos den­tro de las estruc­tu­ras del esta­do y lle­gar a reci­bir algún tipo de edu­ca­ción, y cuan­do lo con­si­guen, es ele­men­tal. Razón que los pro­pios Muha­masheen, reco­no­cen como ori­gen de sus pos­ter­ga­cio­nes. Solo alcan­zan tra­ba­jo de ínfi­ma cali­dad como lim­pie­za de calles, reco­lec­ción de dese­chos. El esta­do yeme­ní, mien­tras exis­tió como tal, mar­zo de 2015, año en que Ara­bia Sau­di­ta ini­ció la esca­la­da, nun­ca se había cen­sa­do a ese gru­po, aun­que algu­nas fuen­tes dicen que repre­sen­tan el diez por cien­to del total del país. Otras esti­ma­cio­nes, men­cio­nan cifras por demás alea­to­rias que van des­de los 500 mil a los 3.5 millo­nes. Los Akh­dam, tam­bién se encuen­tran en paí­ses del Gol­fo, Soma­lia, Etio­pía, Egip­to, Eri­trea y Mada­gas­car, don­de son cono­ci­dos como Mid­gans y no viven mucho mejor que en Yemen.

Esa estig­ma­ti­za­ción está tan enrai­za­da en la socie­dad civil, que ni siquie­ra, los tra­ba­jos duros y mala­men­te remu­ne­ra­dos, son tareas con­si­de­ra­das como genui­nas, por lo que los tra­ba­ja­do­res no tie­nen dere­chos a indem­ni­za­cio­nes, vaca­cio­nes, reti­ros. Sus suel­dos son prác­ti­ca­men­te a volun­tad de quien lo con­tra­ta, sin nin­gu­na ley que los regi­men­te. Tam­po­co son teni­dos en cuen­ta, más allá de ser devo­tos musul­ma­nes, en los días del el-Aíd al-Fitr (Fies­ta del Fin del Ayuno) con que se cie­rra el Rama­dán, una de las fes­ti­vi­da­des reli­gio­sas más impor­tan­tes de la tra­di­ción islá­mi­ca.

La cul­tu­ra yeme­ní, como tan­tas otras en el mun­do, ha impues­to la cues­tión del color como deter­mi­nan­te de sus valo­res socia­les y mora­les por lo que todo negro es un Akh­dam y salir de ellos es impo­si­ble, un dicho popu­lar dice: “No mires la belle­za del Akh­dam, los peca­dos están en sus huesos”.

Des­pla­za­dos de las tie­rras del sur, hace más de sesen­ta años, en que tra­ba­ja­ban en agri­cul­tu­ra, han sido haci­na­dos en peque­ños barrios mar­gi­na­les a las afue­ras de las gran­des ciu­da­des como Sana´a, Hodeï­da Adén, Ta’iz, Lahj, Abyan, y Muka­lla. Poco antes de la gue­rra, los Muha­masheen, tras años de lucha con­si­guie­ron algu­nos avan­ces en su reco­no­ci­mien­to, habien­do alcan­za­do a ocu­par un esca­ño, de 565, en la Con­fe­ren­cia de Diá­lo­go Nacio­nal, crea­da para legis­lar la regio­na­li­za­ción del país des­pués de la revo­lu­ción de 2011, pero la actual situa­ción no solo los sobre­pa­sos a ellos, sino al res­to del país.

A pesar de esta reali­dad, el líder de Ansa­ru­llah, Abdul­ma­lik al-Houthi, hijo del fun­da­dor del movi­mien­to, ins­tó a la “gen­te de raza negra” a unir­se a los hutíes, a los que lla­mó “des­cen­dien­te de Bilal”, a los que ade­más pro­me­tió que con la vic­to­ria una ver­da­de­ra inte­gra­ción a la socie­dad. Por lo que no son pocos los Muha­masheen, que se han uni­do a la resis­ten­cia. Bilal ibn Rabah, con­si­de­ra­do como el pri­mer afri­cano en con­ver­tir­se al islām. Era un escla­vo negro ori­gi­na­rio de Habasha (Etio­pía), fue uno de los pri­me­ros segui­do­res del pro­fe­ta Maho­ma, quien tuvo una lar­ga par­ti­ci­pa­ción jun­to a él en las luchas que la nue­va reli­gión libró en sus pri­me­ros años.

Inte­grar­se al fren­te Ansa­rullah y pelear jun­to al res­to de los yeme­níes qui­zás sea una mane­ra de encon­trar la inte­gra­ción en un nue­vo Yemen y poder olvi­dar los tiem­pos en que se decía: “Lim­pia tu pla­to si lo ha toca­do un perro, pero róm­pe­lo si lo ha toca­do un Akhdam”.

*Gua­di Cal­vo es escri­tor y perio­dis­ta argen­tino. Ana­lis­ta Inter­na­cio­nal espe­cia­li­za­do en Áfri­ca, Medio Orien­te y Asia Cen­tral. En Face­book: https://​www​.face​book​.com/​l​i​n​e​a​i​n​t​e​r​n​a​c​i​o​n​a​lGC.

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