Argen­ti­na. Femi­ci­das de uniforme

Por Ricar­do Ragen­dor­fer, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 21 de febre­ro de 2021 

“Uno de cada cin­co femi­ci­dios en Argen­ti­na es come­ti­do por miem­bros de las fuer­zas de segu­ri­dad”, advir­tió días atrás el colec­ti­vo Ni Una Menos. En estos momen­tos, los casos de Úrsu­la Bahi­llo, Mir­na Pal­ma e Iva­na Módi­ca no hacen más que con­fir­mar esta afirmación. 

En la peque­ña ciu­dad de Rojas se con­cen­tró el horror. La muer­te de Úrsu­la Bahi­llo ‑ase­si­na­da con 15 puña­la­das por el ofi­cial de la Bonae­ren­se, Matías Eze­quiel Mar­tí­nez-puso en foco los femi­ci­dios come­ti­dos por uniformados.

Robus­te­ce esta temá­ti­ca el caso de Iva­na Módi­ca en la ciu­dad cor­do­be­sa de La Fal­da. Ella murió en manos de su espo­so, Javier Gal­ván. Tras ocho días de bús­que­da, el cuer­po fue halla­do detrás de las rui­nas del vie­jo hotel Eden. Su mata­dor es vice­co­mo­do­ro de la Fuer­za Aérea.

Com­ple­ta ese com­bo sema­nal el femi­ci­dio en For­mo­sa de Mir­na Pal­ma, una docen­te de 44 años ase­si­na­da por un poli­cía que des­pués se suicidó.

“Uno de cada cin­co femi­ci­dios en Argen­ti­na es come­ti­do por miem­bros de las fuer­zas de segu­ri­dad”, advir­tió hace días el movi­mien­to Ni Una Menos.

El miér­co­les 17 hubo una mul­ti­tu­di­na­ria mani­fes­ta­ción fren­te a los Tri­bu­na­les de la calle Tal­cahuano por estos crí­me­nes y tam­bién para recla­mar polí­ti­cas públi­cas ante esta pan­de­mia policíaco-patriarcal.En lo que va del año ya hubo 45 femicidios.

Blues del terror azul
Según Correpi, desde 1992 a la fecha hubo 392 femicidios causados por efectivos policiales.Según Corre­pi, des­de 1992 a la fecha hubo 392 femi­ci­dios cau­sa­dos por efec­ti­vos poli­cia­les.
Aquel suje­to, allá por mayo de 1996, era el pró­fu­go más bus­ca­do del país. Pero ape­nas por unas horas, ya que no tar­dó en ser encon­tra­do por la dota­ción de un patru­lle­ro en un escon­di­te deba­jo del puen­te Tedín, en Tigre.

Enton­ces se entre­gó con man­se­dum­bre antes de que un sar­gen­to, en vez de ama­rro­car­le las muñe­cas, le pasa­ra un bra­zo por el hom­bro, casi con cari­ño, mien­tras le susu­rra­ba al oído: “Te man­das­te una maca­na, pibe”.

La “maca­na” en cues­tión fue­ron 113 puña­la­das al cuer­po de su novia. Se tra­ta­ba del céle­bre Fabián Tablado.

Sobre seme­jan­te fes­tín de san­gre corrie­ron ríos de tin­ta, aun­que aque­lla fra­se pasó des­aper­ci­bi­da. Una lás­ti­ma, por­que deja­ba al des­cu­bier­to la acti­tud com­pren­si­va de los uni­for­ma­dos hacia la vio­len­cia de géne­ro, inclu­yen­do su mani­fes­ta­ción más extre­ma, el femicidio.

¿Aca­so esa tole­ran­cia for­ma par­te de la cul­tu­ra poli­cial? De ser así, la mis­ma tam­bién bene­fi­cia­ría a sus efec­ti­vos más pro­pen­sos en tener des­bor­des “pasio­na­les”, una cali­fi­ca­ción aún hoy usual en las comisarías.

Pablo Bres­si –quien fue­ra jefe de La Bonae­ren­se entre fines de 2015 y mayo de 2017– es un gran ejem­plo al res­pec­to. Tan­to sus 90 mil subor­di­na­dos como los fun­cio­na­rios que lo entro­ni­za­ron –la ex gober­na­do­ra María Euge­nia Vidal y su minis­tro de Segu­ri­dad, Cris­tián Riton­do– sabían per­fec­ta­men­te que él era un gol­pea­dor de muje­res sin que ello mina­ra su auto­ri­dad o pusie­ra en ries­go su gestión.

A su espo­sa, Isa­bel Monatysky, le lle­gó a frac­tu­rar una pier­na a pata­das, entre otras pali­zas, ade­más de apo­yar­le una pis­to­la en la cabe­za ante los tres hijos de ambos. A su siguien­te pare­ja, Vivia­na Figue­roa, le pega­ba en for­ma regu­lar, y has­ta le rom­pió un tím­pano con un cache­ta­zo. Las denun­cias efec­tua­das por ellas jamás fue­ron toma­das en las fis­ca­lías de la pro­vin­cia. Pero al menos tuvie­ron el pri­vi­le­gio de sobrevivir.

Duran­te el rei­na­do de Bres­si en aque­lla fuer­za de segu­ri­dad, hubo 2.252 poli­cías denun­cia­dos por sus pare­jas o ex pare­jas. El grue­so reci­bió san­cio­nes leves, y ape­nas 49 fue­ron exo­ne­ra­dos. En ese lap­so tam­bién hubo 13 femi­ci­dios come­ti­dos por poli­cías, sólo entre las filas de La Bonaerense.

Matías Martínez, el asesino de Úrsula.Matías Mar­tí­nez, el ase­sino de Úrsula.

Sin embar­go, en aque­lla épo­ca la pren­sa no refle­jó dicha pro­ble­má­ti­ca con la mere­ci­da dimen­sión. Ese letar­go infor­ma­ti­vo se que­bró a fines de 2016, aun­que por un hecho ocu­rri­do en la ciu­dad entre­rria­na de Paraná.

El sába­do 5 de noviem­bre, el sub­ofi­cial de Pre­fec­tu­ra, Orlan­do Oje­da, de 46 años, ama­ne­ció ofus­ca­do. Y enfi­ló hacia la casa de Romi­na Miriam Iba­rra, –una cabo de la Poli­cía de Entre Ríos de quien se había sepa­ra­do poco antes, y le dis­pa­ró con su pis­to­la regla­men­ta­ria en la cabe­za. Lue­go fue de visi­ta a la casa de su ex espo­sa –con la que tra­mi­ta­ba el divor­cio– y tras una dis­cu­sión le des­ce­rra­jó seis tiros delan­te de los tres peque­ños hijos de ambos. Aquel doble femi­ci­dio estre­me­ció al espí­ri­tu público.

Ese año, 2016, se con­ta­bi­li­za­ron en todo el país unos 23 femi­ci­dios come­ti­dos por poli­cías, lo cual repre­sen­tó un 7,5% de los crí­me­nes en dicha modalidad.

El asun­to fue par­te de los recla­mos esgri­mi­dos duran­te la mul­ti­tu­di­na­ria mar­cha des­de el Con­gre­so a Pla­za de Mayo, con­vo­ca­da el 8 de mar­zo de 2017 para el pri­mer Paro Inter­na­cio­nal de Mujeres.

¿Hubo enton­ces una adhe­sión macris­ta a la lucha con­tra la vio­len­cia de géne­ro? Aquel miér­co­les, tras la des­con­cen­tra­ción, cuan­do ya prác­ti­ca­men­te no que­da­ba nadie, la Poli­cía de la Ciu­dad car­gó con una furia des­afo­ra­da sobre chi­cas que cami­na­ban solas, que comían piz­za o que bai­la­ban en la calle, lejos de toda esce­na que pudie­ra con­fun­dir­se con un inten­to de provocación.

Úrsula Bahillo, de 18 años, había denunciado muchas veces a su agresor. Fue asesinada de 15 puñaladas.Úrsu­la Bahi­llo, de 18 años, había denun­cia­do muchas veces a su agre­sor. Fue ase­si­na­da de 15 puñaladas.

Una para­do­ja: entre los repre­so­res de esa noche se encon­tra­ba el agen­te Maxi­mi­liano Leal, de 39 años. Exac­ta­men­te 16 meses des­pués, acri­bi­lló con un bala­zo en el pecho a su espo­sa, Gise­lle Mar­tín, de 40, con quien tenía dos hijos que al ins­tan­te del cri­men per­noc­ta­ban en lo de una abue­la. El femi­ci­dio ocu­rrió en la vivien­da fami­liar del barrio de San Cris­tó­bal. En su des­car­go, el hom­bre ase­gu­ró que había dis­cu­ti­do con la víc­ti­ma, que for­ce­jea­ron y que se le esca­pó un tiro.

Más allá de la dudo­sa vera­ci­dad de dicha cade­na de cir­cuns­tan­cias, el caso puso de relie­ve un patrón común en varios de estos ase­si­na­tos: el uso de armas regla­men­ta­rias (que le pro­vee el Esta­do a sus ser­vi­do­res públi­cos). Tal es el caso del 13% del total de femi­ci­dios come­ti­dos en el país (16 crí­me­nes cau­sa­dos por poli­cías con aque­llos admi­nícu­los en 2016, y 23 en 2017), según esta­dís­ti­cas del CELS (Cen­tro de Estu­dios lega­les y Sociales).

Una biblia en la mate­ria fue el caso de Romi­na Gutié­rrez, una sar­gen­to de La Bonae­ren­se que con­vi­vía en un depar­ta­men­to de La Pla­ta con su pare­ja, el ofi­cial de esa fuer­za Dani­lo Acevedo.

El 25 de agos­to de 2019, una com­pa­ñe­ra de la mujer, tam­bién sar­gen­to, fue a bus­car­la allí dado que no se podía comu­ni­car con ella. Y se topó con una omi­no­sa sor­pre­sa: san­gre que salía por deba­jo de la puer­ta. Aden­tro, Romi­na, con un tiro en la cara yacía boca arri­ba, ya sin vida. Y Dani­lo, con un ori­fi­cio en la sien, ago­ni­za­ba jun­to a ella antes de exha­lar su últi­mo sus­pi­ro. Entre los dedos afe­rra­ba su pis­to­la. Tam­bién había tres vai­nas servidas.El epi­so­dio, aho­ra sí, tuvo un gran des­plie­gue mediático.

En tér­mi­nos más gene­ra­les, des­de 1992 a la fecha hubo 392 femi­ci­dios poli­cia­les, según los con­teos de la Corre­pi (Coor­di­na­do­ra con­tra la Repre­sión Poli­cial e Ins­ti­tu­cio­nal). Dicho orga­nis­mo los con­si­de­ra “la pri­me­ra cau­sa de ase­si­na­tos feme­ni­nos en manos del apa­ra­to repre­si­vo del Esta­do”, cuya suma regis­tra 674 muer­tes de muje­res en situa­cio­nes que tam­bién inclu­yen casos de gati­llo fácil y tor­tu­ras fata­les en comisaría.

Des­de 1992 a la fecha hubo 392 femi­ci­dios poli­cia­les, según los con­teos de la Coor­di­na­do­ra con­tra la Repre­sión Poli­cial e Ins­ti­tu­cio­nal (Corre­pi)

“El esta­do poli­cial impli­ca que los poli­cías lo son duran­te las 24 horas del día –dijo a Telam la refe­ren­te de la Corre­pi, María del Car­men Ver­dú – . En la Fede­ral, por ejem­plo, eso es opta­ti­vo. Pero los poli­cías no lo toman así. Una medi­da que veni­mos plan­tean­do es prohi­bir el uso del arma regla­men­ta­ria en horas fue­ra de ser­vi­cio. Así baja­rían expo­nen­cial­men­te los casos de gati­llo fácil y tam­bién los femicidios”.

Manu mili­ta­ri
Ivana Módica fue hallada muerta en Córdoba.Iva­na Módi­ca fue halla­da muer­ta en Cór­do­ba.
La Corre­pi acu­ñó para estos crí­me­nes la expre­sión “femi­ci­dios de uni­for­me”, un con­cep­to nada anto­ja­di­zo pues­to que tam­bién englo­ba los casos come­ti­dos por per­so­nal del Ejér­ci­to, la Arma­da y la Fuer­za Aérea.

Al res­pec­to fue memo­ra­ble un ver­da­de­ro thri­ller de la vida real. Caía la noche del 22 de octu­bre de 2015 cuan­do Lilia­na Gotar­do, de 51 años, cerró su pelu­que­ría en la loca­li­dad de San Miguel para cami­nar por la calle Pau­ne­ro al 1700 hacia la coche­ra don­de esta­ba su camioneta.

Enton­ces, un des­co­no­ci­do pro­nun­ció su nom­bre a sus espal­das, para así veri­fi­car quién era. Lue­go le dis­pa­ró cua­tro bala­zos. Ella murió en el acto. El cóm­pli­ce del ase­sino lo aguar­da­ba en una moto­ci­cle­ta, a bor­do de la cual huye­ron en direc­ción a la capi­tal.Ella era la espo­sa del sar­gen­to del Ejér­ci­to Rodol­fo Magu­na. Lle­va­ban 25 años de casa­dos. Un matri­mo­nio mal ave­ni­do por los cons­tan­tes mal­tra­tos que él le dis­pen­sa­ba. Por esa razón ella había deci­di­do separarse.

Magu­na, sin per­do­nar­le el aban­dono, pla­ni­fi­có ese cri­men sin esca­ti­mar nin­gún deta­lle. Pri­me­ro le puso un GPS al vehícu­lo de su ex para seguir todos sus movi­mien­tos; lue­go con­tra­tó a dos sol­da­dos en Cam­po de Mayo para que ofi­cia­ran de sica­rios. Y les ade­lan­tó 50 mil pesos. Nada podía fallar.

Liliana Gotardo fue asesinada por dos sicarios que contrató su marido, el sargento del Ejército, Rodolfo Maguna.Lilia­na Gotar­do fue ase­si­na­da por dos sica­rios que con­tra­tó su mari­do, el sar­gen­to del Ejér­ci­to, Rodol­fo Maguna.

Pero las cáma­ras calle­je­ras de segu­ri­dad derrum­ba­ron el plan, dado que los dos mata­do­res fue­ron rápi­da­men­te iden­ti­fi­ca­dos. Y ellos con­du­je­ron a los inves­ti­ga­do­res hacia el “con­tra­tis­ta”.En 2018 el sar­gen­to fue con­de­na­do a per­pe­tua, mien­tras que los dos impro­vi­sa­dos killers reci­bie­ron con­de­nas de entre 10 y 15 años de prisión.

En el géli­do len­gua­je de las cifras, los mili­ta­res, tan­to en acti­vi­dad como en situa­ción de reti­ro, suman nada menos que el 20% del uni­ver­so for­ma­do por los “femi­ci­das de uni­for­me”, según el CELS.Claro que otros casos con tales hace­do­res no resul­ta­ron tan sofis­ti­ca­dos como el ase­si­na­to pla­nea­do por Maguna.

El 41% de los femi­ci­dios cas­tren­ses fue­ron efec­tua­dos con cuchi­llos; el 26% con armas de fue­go (el 17% con la regla­men­ta­ria); el 18% por asfi­xia y el 15% a gol­pes y patadas.

Éste últi­mo fue el méto­do usa­do por el sar­gen­to del Ejér­ci­to Fer­nan­do Gon­zá­lez Fri­veo, de 35 años, para ase­si­nar a su espo­sa, la tam­bién sub­ofi­cial de esa fuer­za Jes­si­ca Lucía Hoff­man, de 31. Ellos vivían en una vivien­da al fon­do del terreno don­de tam­bién esta­ba el hogar del padre de ella. De modo que, duran­te la noche del 20 de noviem­bre de 2018, este últi­mo escu­chó unos rui­dos extraños.

Lue­go vio a su yerno col­gan­do ropa en el jar­dín. Fer­nan­do enton­ces le infor­mó que su hija esta­ba de ser­vi­cio en Cam­po de Mayo. «No se preo­cu­pe, don Rolan­do. Está todo tran­qui­lo», le lle­gó a decir. En reali­dad, nada era “tran­qui­lo” en esa pare­ja, dado su tem­pe­ra­men­to celó­pa­ta, el cual se agra­vó al expre­sar­le ella su deseo de separarse.

El miércoles, frente a Tribunales, fue unánime el reclamo para poner fin a tantas muertes.El miér­co­les, fren­te a Tri­bu­na­les, fue uná­ni­me el recla­mo para poner fin a tan­tas muer­tes.
Al día siguien­te –mien­tras Jés­si­ca supues­ta­men­te seguía de ser­vi­cio – , su espo­so acep­tó la invi­ta­ción del sue­gro a cenar en su casa. La vela­da fue muy apa­ci­ble. Des­de lue­go don Rolan­do igno­ra­ba que su hija había sido des­cuar­ti­za­da, tras morir a gol­pes. Sus res­tos esta­ban ente­rra­dos en varias par­tes del jardín.

Con el correr de los días, su des­apa­ri­ción –suma­do a que en Cam­po de Mayo tam­bién igno­ra­ban su para­de­ro– hizo que todo apun­ta­ra hacia el espo­so. Bas­tó que la poli­cía remo­vie­ra el jar­dín para des­cu­brir la ver­dad. Des­de enton­ces Gon­zá­lez Fri­veo lan­gui­de­ce en la cár­cel de Mar­cos Paz.

Es nota­ble que él, un sar­gen­to del Ejér­ci­to, haya rea­li­za­do en peque­ña esca­la y a títu­lo per­so­nal lo mis­mo que el terro­ris­mo de Esta­do, duran­te la últi­ma dic­ta­du­ra, solía hacer en gran­de: des­apa­re­cer personas.

Aho­ra, idén­ti­co refle­jo tuvo el pilo­to de la Fuer­za Aérea, Javier Gal­ván, con su espo­sa Iva­na Módi­ca. Pero ese cri­men tam­po­co que­dó sin resolver.

Fuen­te: Télam

Itu­rria /​Fuen­te

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