Colom­bia. El exter­mi­nio de los pue­blos originarios

Por José Javier Cape­ra Figue­roa. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 21 de enero de 2021.

El exter­mi­nio que ocu­rre en los pue­blos ori­gi­na­rios es una reali­dad pro­fun­da. Los altos índi­ces de vio­len­cia, des­po­jo y ase­si­na­to sis­te­má­ti­co con­tra los lide­res indí­ge­nas en Colom­bia, es una pro­ble­má­ti­ca que no se pue­de ocul­tar con los dedos.

Que se pue­de espe­rar si pare­cie­ra que, a nues­tros gobier­nos, no les intere­sa apos­tar por la per­vi­ven­cia de la cul­tu­ra y el cui­da­do de los lega­dos mile­na­rios pro­duc­to de la sabi­du­ría de nues­tras comu­ni­da­des en los terri­to­rios ancestrales.

Los pla­nes de vida son la mues­tra de un pro­yec­to de lar­ga dura­ción. Sim­bo­li­zan, ir escri­bien­do el camino con la pala­bra y hacer con los hechos. Es la bús­que­da del equi­li­bro con la madre tie­rra, el for­ta­le­ci­mien­to de los teji­dos socio­cul­tu­ra­les y la defen­sa por la vida ante cual­quier expre­sión de vio­len­cia, esto hace par­te de las luchas que los pue­blos indí­ge­nas viven en la actualidad.

Según los datos de la Red CoPa­La en el gobierno de Iván Duque han sido ase­si­na­dos alre­de­dor de 167 lidere/​as indí­ge­nas. Es la mues­tra de un pano­ra­ma de vio­len­cia pro­fun­da y exter­mi­nio masi­vo con­tra los pue­blos ori­gi­na­rios en Colom­bia. Sin embar­go, la pre­sen­cia de la pan­de­mia Covid-19, tam­bién pro­fun­di­zo el etno­ci­dio al inte­rior de los res­guar­dos y cabil­dos, tal vez las auto­ri­da­des no saben o des­co­no­cen las ver­da­de­ras pro­ble­má­ti­cas, deman­das y pro­pues­tas de los comu­ne­ros en los territorios.

No sola­men­te el Covid-19, los gol­pea radi­cal­men­te tam­bién el racis­mo e indio­fo­bia apun­ta a la des­apa­ri­ción de sus cha­cras. Igual­men­te, la fal­ta de redes, pla­ta­for­mas y medios para dar­le solu­ción a las exi­gen­cias del Minis­te­rio del Inte­rior es un pro­ble­ma pro­fun­do. La tarea de cons­truir y pre­sen­tar los Pla­nes de Vida que requie­ren sus comu­ni­da­des se con­vier­te en una tra­ba buro­crá­ti­ca. Pare­cie­ra que, a las ins­ti­tu­cio­nes del Esta­do, les gus­ta mar­ti­ri­zar a los indios y abu­sar de la bue­na fe, sen­tir y fal­ta de opor­tu­ni­da­des pro­pias del atra­so social-eco­nó­mi­co-polí­ti­co que viven los pue­blos originarios.

El lla­ma­do de las comu­ni­da­des de vol­ver a la ley de ori­gen, es decir recu­pe­rar la len­gua, pre­ser­var la cul­tu­ra y per­vi­vir ante el cam­bio de gene­ra­ción y épo­ca que vivi­mos en estos tiem­pos. Fren­te a eso, el Esta­do de la mano con las gober­na­cio­nes y alcal­días muni­ci­pa­les, podrían faci­li­tar un equi­po de pro­fe­sio­na­les de dife­ren­tes áreas del saber para ser co-par­ti­ci­pes en la cons­truc­ción de los pla­nes de vida que requie­ren las orga­ni­za­cio­nes, cabil­dos y res­guar­dos para así supe­rar ese requi­si­to buro­crá­ti­co del momento.

Post­da­ta: las uni­ver­si­da­des públi­cas-pri­va­das tie­nen la opor­tu­ni­dad de faci­li­tar los beca­rios, pasan­tes y estu­dian­tes, a tra­vés de los gru­pos de inves­ti­ga­ción para apo­yar a los pue­blos indí­ge­nas en la cons­truc­ción, sis­te­ma­ti­za­ción y sus­ten­ta­ción de los pla­nes de vida que nece­si­tan. Es una exce­len­te posi­bi­li­dad para esta­ble­cer rela­cio­nes inter­cul­tu­ra­les entre las comu­ni­da­des, uni­ver­si­da­des y el gobierno como mues­tra real de cons­truc­ción de paz en los territorios.

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