Colom­bia. ¿En 2020 ocu­rrie­ron 147 masacres?

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 13 de enero de 2021.

Mien­tras las medi­cio­nes de orga­ni­za­cio­nes no guber­na­men­ta­les y medios de comu­ni­ca­ción pro­me­dian que, en el año pasa­do, ocu­rrie­ron 92 masa­cres, la Fis­ca­lía Gene­ral de la Nación inves­ti­ga, de mane­ra dife­ren­cia­da, los casos de “homi­ci­dios múl­ti­ples” ocu­rri­dos según la can­ti­dad de víc­ti­mas: has­ta tres y míni­mo cua­tro, los cua­les corres­pon­den a 107 y a 40, res­pec­ti­va­men­te. Exper­tos indi­can que las diná­mi­cas loca­les son cla­ves para enten­der esta expre­sión de vio­len­cia extrema.

Los indí­ge­nas Fer­nan­do Tró­chez Ulcué, David Tró­chez, Emer­li Bas­tos Ulcué y Car­los Alfre­do Escué Ulcué fue­ron ase­si­na­dos el 5 de diciem­bre de 2020 en el res­guar­do de Mun­chi­que Los Tigres, ubi­ca­do en la vere­da Gua­lan­day, del muni­ci­pio de San­tan­der de Qui­li­chao, nor­te de Cau­ca. Sus ver­du­gos se des­pla­za­ban en motos por­tan­do armas de fue­go. “Los sica­rios [tenían] ran­go de edad muy bajo, es decir, casi que ado­les­cen­tes… sí, ado­les­cen­tes”, recuer­da un miem­bro de la Aso­cia­ción de Cabil­dos Indí­ge­nas del Nor­te del Cau­ca (ACIN), quien, por razo­nes de segu­ri­dad, pidió el anonimato.

Esa es una de las tan­tas masa­cres ocu­rri­das en el país duran­te 2020. En ellas no sólo se des­ta­ca la juven­tud de los vic­ti­ma­rios, sino la sevi­cia en la eje­cu­ción de los hechos violentos.

“Las masa­cres son deli­tos atro­ces que ras­gan los teji­dos socia­les, que ame­dren­tan las comu­ni­da­des, que vio­lan el DIH (Dere­cho Inter­na­cio­nal Huma­ni­ta­rio), que gene­ran des­pla­za­mien­tos for­za­dos, des­tru­yen fami­lias y que con­vier­ten en víc­ti­mas del con­flic­to arma­do a per­so­nas que eran visi­bles en su comu­ni­dad como líde­res o lide­re­sas. Las masa­cres ame­na­zan toda posi­bi­li­dad de cons­truir paz”, expli­ca Michael Mon­clou, inves­ti­ga­dor de Jus­ti­cia Tran­si­cio­nal de la orga­ni­za­ción Dejus­ti­cia, quien, de paso, pro­po­ne que la com­ple­ji­dad de la vio­len­cia en Colom­bia debe estu­diar­se de mane­ra dife­ren­cia­da, des­de el depar­ta­men­to, el muni­ci­pio y la vereda. 

Pese a la atro­ci­dad de este cri­men, cuyos ata­ques son repor­ta­dos por las comu­ni­da­des y la pren­sa, las cifras no cua­dran entre los orga­nis­mos esta­ta­les. Ante una con­sul­ta rea­li­za­da por Ver​da​dA​bier​ta​.com el pasa­do 22 de diciem­bre, el Minis­te­rio de Defen­sa res­pon­dió que entre el 1 de enero al 30 de noviem­bre de 2020 ocu­rrie­ron 26 accio­nes arma­das que deja­ron 131 víctimas.

Este Minis­te­rio, de acuer­do con la meto­do­lo­gía adop­ta­da des­de el año 2000, sólo con­ta­bi­li­za casos de masa­cres, u homi­ci­dios colec­ti­vos, como son lla­ma­dos por las auto­ri­da­des, en los que mue­ren cua­tro per­so­nas o más.

Las cifras de esta car­te­ra minis­te­rial difie­ren con las regis­tra­das por la Fis­ca­lía Gene­ral de la Nación. Este por­tal le con­sul­tó al ente acu­sa­dor cuán­tos casos tenía bajo inves­ti­ga­ción y si bien repor­tó 38 hechos, siguien­do la meto­do­lo­gía de casos de cua­tro o más víc­ti­mas, al revi­sar la docu­men­ta­ción que sumi­nis­tró, este por­tal encon­tró incon­sis­ten­cias y esta­ble­ció que, real­men­te, inves­ti­ga 40 “homi­ci­dios múl­ti­ples” ocu­rri­das entre el 1 de enero y el 31 de diciem­bre de 2020, en las que habrían per­di­do la vida por lo menos 207 personas.

Si bien los regis­tros entre una y otra enti­dad difie­ren en un mes y la Fis­ca­lía tie­ne 14 casos más que la car­te­ra de Defen­sa, esa cifra no se pue­de atri­buir a hechos suce­di­dos en el mes de diciem­bre, por cuan­to, según el segui­mien­to rea­li­za­do por este por­tal, en el últi­mo mes del año ocu­rrie­ron seis matan­zas con cua­tro o más víc­ti­mas cada una.

En cuan­to a los casos de “homi­ci­dios múl­ti­ples” que dejan tres víc­ti­mas, las cifras de la Fis­ca­lía tam­bién reve­lan incon­sis­ten­cias. Si bien repor­tó 106 hechos, la revi­sión de este por­tal arro­jó que sus fun­cio­na­rios inves­ti­gan 107 “homi­ci­dios múl­ti­ples” en lo que habrían muer­to por lo menos 411 personas.

De acuer­do con fuen­tes del ente acu­sa­dor, sus inves­ti­ga­do­res pro­ce­san de mane­ra dife­ren­te aque­llos hechos vio­len­tos que deja­ron tres víc­ti­mas y los que oca­sio­na­ron la muer­te de cua­tro o más personas.

Des­li­gan­do los hechos de valo­ra­cio­nes meto­do­ló­gi­cas y si se toma como defi­ni­ción de masa­cre el ase­si­na­to de por lo menos tres per­so­nas en cir­cuns­tan­cias simi­la­res de tiem­po y lugar, el ente acu­sa­dor inves­ti­ga 147 casos ocu­rri­dos en 2020, una cifra que supera, inclu­so, la com­pi­la­da por este por­tal en sus regis­tros perio­dís­ti­cos y por dis­tin­tas orga­ni­za­cio­nes defen­so­ras de dere­chos huma­nos, que, en gene­ral, pro­me­dia­ron los 92 casos.

Dife­ren­cias conceptuales

El tér­mino “homi­ci­dio colec­ti­vo”, como len­gua­je téc­ni­co para refe­rir­se a este dra­ma, no logra ate­nuar la gra­ve­dad del pano­ra­ma. “Masa­cre” tie­ne una defi­ni­ción inter­na­cio­nal, que esta­ble­ce su ocu­rren­cia en tres o más víc­ti­mas, oca­sio­na­das por un mis­mo actor en un mis­mo lugar, y un gran impac­to en la opi­nión públi­ca, den­tro de la cual se ha ges­ta­do el temor de que vuel­van los peo­res años del con­flic­to armado.

Exper­tos con­sul­ta­dos para este repor­ta­je expli­can las masa­cres de 2020 bajo unas nue­vas diná­mi­cas de frag­men­ta­ción del con­flic­to arma­do, dis­tin­to al obser­va­do a fina­les de la déca­da de los noven­ta y comien­zos de la pri­me­ra déca­da del siglo XXI.

Kyle John­son, cofun­da­dor e inves­ti­ga­dor de la orga­ni­za­ción Con­flict Res­pon­ses (Core), con­si­de­ra que exis­ten, por lo menos, tres gran­des cate­go­rías para abor­dar las diná­mi­cas de vio­len­cia en las que tuvie­ron lugar las masa­cres de 2020.

Pri­me­ro: las que se enmar­can en con­flic­to arma­do, posi­ble con­flic­to arma­do o en la que se invo­lu­cra un actor arma­do con­tra el cual el Gobierno reco­no­ce estar en con­flic­to. “Esas son las masa­cres que tie­nen que ver con dispu­tas en el terri­to­rio entre los gru­pos arma­dos ile­ga­les, bien sea como en el Bajo Cau­ca entre ‘Capa­rra­pos’ y las Agc; en el Cau­ca, en algu­nos casos, no todos, entre el Eln y el (gru­po disi­den­te de las Farc) Car­los Pati­ño; bien sea en Nari­ño entre los varios gru­pos arma­dos que exis­ten en el depar­ta­men­to; lo que son el Bajo Putu­ma­yo y el Nor­te de San­tan­der”, expli­ca Johnson.

Segun­do: las masa­cres que no pue­den ser fácil­men­te vin­cu­la­das con algún actor arma­do. Acá entran algu­nas dispu­tas por las ciu­da­des, pero que no se vin­cu­lan a pri­me­ra vis­ta con el con­flic­to arma­do. Es el caso de algu­nas masa­cres en Quib­dó, San­ta Mar­ta y otras pobla­cio­nes de la cos­ta Atlán­ti­ca, algu­nas de estas son “masa­cres por la can­ti­dad de víc­ti­mas —expli­ca Jhon­son — , pero no son masa­cres den­tro del ima­gi­na­rio clá­si­co, tra­di­cio­nal colom­biano, den­tro de gru­po arma­do, uni­for­ma­do, matan­do gente”.

Ter­ce­ro: las que invo­lu­cran a agen­tes del Esta­do, como lo fue­ron los ase­si­na­tos en Bogo­tá y Soa­cha el 9 de sep­tiem­bre, a raíz de las pro­tes­tas por el ase­si­na­to de Javier Ordó­ñez a manos de miem­bros de la Policía.

“Al uti­li­zar el tér­mino ‘homi­ci­dios colec­ti­vos’ en lugar de masa­cres, el gobierno nacio­nal no sola­men­te opa­ca la medi­ción y reali­dad de los hechos, sino que pare­cie­ra como si qui­sie­ra frac­tu­rar la memo­ria sobre la vio­len­cia en Colom­bia y des­li­gar­se del terri­ble pasa­do y del terri­ble pre­sen­te”, ase­gu­ra Mon­clou, de Dejusticia.

Los índi­ces mas altos

Antio­quia, Cau­ca, Nari­ño, Nor­te de San­tan­der y Valle del Cau­ca son los depar­ta­men­tos con los índi­ces más altos. Según la base de datos de este por­tal, los muni­ci­pios y ciu­da­des con los núme­ros más altos de masa­cres son Cúcu­ta (5 masa­cres, 26 víc­ti­mas), Tuma­co (3 masa­cres, 14 víc­ti­mas), Cáce­res (3 masa­cres, 10 víc­ti­mas), Cau­ca­sia (3 masa­cres, 10 víc­ti­mas), Sama­nie­go (2 masa­cres, 12 víc­ti­mas), Bogo­tá (2 masa­cres, 12 víc­ti­mas), Bue­nos Aires (2 masa­cres, 9 víc­ti­mas), El Tam­bo (2 masa­cres, 9 víc­ti­mas), Jamun­dí (2 masa­cres, 9 víc­ti­mas), Tibú (2 masa­cres, 9 víc­ti­mas), Arge­lia (2 masa­cres, 8 víctimas).

De las 92 masa­cres que regis­tra este por­tal, 51 de ellas (55,4 %) tie­nen tres per­so­nas como víc­ti­mas; 21 (22,8 %) a cua­tro víc­ti­mas; nue­ve (9,7 %) a cin­co víc­ti­mas y sie­te (7,6 %) a seis víc­ti­mas. Más de la mitad de las masa­cres docu­men­ta­das no son con­tem­pla­das por el Minis­te­rio de Defen­sa por no tener cua­tro o más víctimas.

Estos cin­co depar­ta­men­tos tie­nen en común que “son terri­to­rios fuer­te­men­te azo­ta­dos por dife­ren­tes cir­cui­tos de la cade­na del nar­co­trá­fi­co, prin­ci­pal­men­te cul­ti­vos de hoja de coca y de marihua­na, como se pue­de apre­ciar en Cau­ca y hay algu­nas rutas aso­cia­das al nar­co­trá­fi­co, pero tam­bién hay que decir­lo, no sólo es acti­vi­dad del nar­co­trá­fi­co, aquí hay varios ele­men­tos que se super­po­nen”, afir­ma Car­los Zapa­ta, coor­di­na­dor del Obser­va­to­rio de dere­chos huma­nos del Ins­ti­tu­to Popu­lar de Capa­ci­ta­ción (IPC).

“No vol­vie­ron”

Duran­te el 2020, tomó fuer­za la fra­se “vol­vie­ron las masa­cres”; sin embar­go, el esca­lo­na­mien­to de la vio­len­cia no pue­de com­pa­rar­se con el recuer­do del año 2000.

La mayo­ría de las masa­cres ocu­rri­das en los ini­cios del pre­sen­te siglo podían expli­car­se, de mane­ra nacio­nal, como enfren­ta­mien­tos entre gue­rri­llas, para­mi­li­ta­res y cier­ta coope­ra­ción de agen­tes del Estado.

Vein­te años des­pués no es via­ble apli­car ese rela­to. Así lo con­si­de­ra Juan Car­los Gar­zón, inves­ti­ga­dor de la Fun­da­ción Ideas para la Paz (FIP). A su jui­cio, el con­tex­to local es fun­da­men­tal para enten­der cada una de las masa­cres bajo sus pro­pias diná­mi­cas. Un con­tex­to en el cual la iden­ti­fi­ca­ción de los auto­res, en la mayo­ría de los casos, es ‘des­co­no­ci­do’.

Si bien hay varias regio­nes del país que tie­nen gru­pos arma­dos orga­ni­za­dos, uni­for­ma­dos, con armas lar­gas —como se evi­den­ció el 23 de diciem­bre en el muni­ci­pio de San Sebas­tián, en el sur de Cau­ca, cuan­do se obser­vó que varios hom­bres arma­dos hicie­ron pre­sen­cia en el cen­tro pobla­do a ple­na luz del día — , en muchos casos las masa­cres se pre­sen­ta­ron bajo la apa­rien­cia de ata­ques sicariales.

“Creo que eso es una par­te que refle­ja más la adap­ta­ción de los gru­pos arma­dos al con­tex­to en tér­mi­nos de, uno, accio­nar del Esta­do y, dos, accio­nar de los otros gru­pos. Refle­ja un apren­di­za­je de cómo man­te­ner el con­trol del terri­to­rio con el menor ries­go posi­ble”, sos­tie­ne Kyle John­son y ade­más, con­si­de­ra, es el refle­jo de que los gru­pos arma­dos en Colom­bia no tie­nen un con­trol terri­to­rial mili­tar con­so­li­da­do, en par­te por­que no son capa­ces de evi­tar que el Esta­do actúe en su con­tra en algu­nas regiones.

“Para mí no ‘vol­vie­ron las masa­cres’ por una razón muy sen­ci­lla: aun­que baja­ron la can­ti­dad en los últi­mos años, nun­ca se fue­ron”, pun­tua­li­za el inves­ti­ga­dor de Core. “La masa­cre es un aspec­to fun­da­men­tal de cómo se ejer­ce la vio­len­cia tan­to cri­mi­nal como polí­ti­ca. En Colom­bia nun­ca se fue­ron. Creo que es un poco injus­to con las fami­lias de las víc­ti­mas de las masa­cres recien­tes del 2015, 2016, 2017 al decir ‘vol­vie­ron las masacres’”.

Lo que sí es cier­to es que las masa­cres vol­vie­ron a ser más fre­cuen­tes, por ende los medios les dan mayor cober­tu­ra y la socie­dad civil recha­za ese tipo de acto vio­len­to. “Yo creo que había cier­to silen­cio duran­te el gobierno de San­tos jus­to sobre estos temas por el tema de la paz, que no pode­mos des­co­no­cer aho­ra y una par­te fue­ron esas masa­cres que siguie­ron ocu­rrien­do en menor medi­da”, sos­tie­ne Johnson.

Una de estas masa­cres ocu­rrió el 5 de octu­bre del 2017, en la vere­da El Tan­dil del muni­ci­pio de Tuma­co, Nari­ño, en la que per­die­ron la vida sie­te cam­pe­si­nos que pro­tes­ta­ban con­tra la erra­di­ca­ción for­za­da de hoja de coca para uso ilí­ci­to. La Fuer­za Públi­ca sería la pre­sun­ta res­pon­sa­ble de la masa­cre. Tres años des­pués, aún no hay una con­de­na o sanción.

¿Efec­to pandemia?

Este tipo de vio­len­cia se dio en medio de la expan­sión del coro­na­vi­rus cono­ci­do como COVID-19; sin embar­go, las fuen­tes no creen pro­pia­men­te que la emer­gen­cia sani­ta­ria y las medi­das de ais­la­mien­to adop­ta­das por el gobierno nacio­nal des­de media­dos de mar­zo del año pasa­do, hayan sido los deto­nan­tes de la ola de violencia.

“Lo que vemos es que los luga­res con mucha vio­len­cia y las diná­mi­cas de aumen­to de vio­len­cia y esca­la­mien­to del con­flic­to ya venían antes de la pan­de­mia, pero la pan­de­mia al faci­li­tar el uso de la vio­len­cia hace que esas dispu­tas se vuel­van más vio­len­tas, los ata­ques sean más comu­nes”, indi­ca Johnson.

No obs­tan­te, tan­to el inves­ti­ga­dor de Core como Gar­zón, de la FIP, reco­no­cen que duran­te los meses más agu­dos de la pan­de­mia se pre­sen­ta­ron casos de admi­nis­tra­ción de jus­ti­cia por hacer cum­plir reglas fren­te al con­ta­gio por COVID-19, de los que aún no se tie­ne pleno conocimiento.

El miem­bro de la ACIN rati­fi­ca esta ten­den­cia a admi­nis­trar jus­ti­cia en su terri­to­rio. Según evi­den­cia­ron en esa Aso­cia­ción, la dis­po­si­ción de eje­cu­tar masa­cres en el nor­te de Cau­ca en espa­cios públi­cos bus­ca­ba ocul­tar otro tipo de inten­cio­nes alre­de­dor de la decla­ra­ción “de no reu­nir­se, de no aglo­me­rar­se en torno a este tema de la pan­de­mia”, cuenta.

Ade­más, recuer­da que, des­de antes, los acto­res arma­dos inten­ta­ban gene­rar mie­do entre las comu­ni­da­des a par­tir de deca­pi­ta­cio­nes, colo­can­do bol­sas en la cabe­za de las víc­ti­mas o ejer­cien­do otras expre­sio­nes de tor­tu­ra —una situa­ción que lle­vó a estas comu­ni­da­des indí­ge­nas a decla­rar emer­gen­cia huma­ni­ta­rio des­pués de la masa­cre en la que murió la gober­na­do­ra Cris­ti­na Bau­tis­ta, a fina­les de octu­bre de 2019 — .

“Esa meto­do­lo­gía fue muy evi­den­te del 2019 y las for­mas de ase­si­nar en el 2020, aun­que no están acom­pa­ña­das de esta meto­do­lo­gía de deca­pi­ta­ción y pre­via tor­tu­ra, sí lo que se ve, alre­de­dor de este tipo de masa­cre, es la sevi­cia, los múl­ti­ples dis­pa­ros en los cuer­pos de las per­so­nas los dis­pa­ros a su ros­tro, o sea hacia la cabe­za, gene­ral­men­te se dan en esce­na­rios públi­cos”, dice el voce­ro de ACIN.

Zapa­ta, del IPC, afir­ma que la pan­de­mia “nos ha inver­ti­do ese patrón de vio­len­cia entre lo rural y lo urbano, y le ha dado más liber­tad a los gru­pos arma­dos que se replie­gan a lo rural y andan por sus anchas por ahí como lo han dicho algu­nos líde­res, ellos tam­bién le tie­nen mie­do al COVID, enton­ces han pre­fe­ri­do tener más pre­sen­cia en lo rural y por eso vemos la lógi­ca de incre­men­to de vio­len­cia, homi­ci­dios y masacres”.

Más allá de eco­no­mías ilegales

Nar­co­trá­fi­co, trá­fi­co de armas y mine­ría ile­gal, así como el domi­nio terri­to­rial (que vin­cu­la el con­trol de la pobla­ción), son algu­nos de los incen­ti­vos de gru­pos como las Auto­de­fen­sas Gai­ta­nis­tas de Colom­bia (Agc) o ‘Los Capa­rra­pos’ para ejer­cer vio­len­cia en los territorios.

“Enton­ces, ¿cómo des­cri­bir el papel —del nar­co­trá­fi­co — ? Pue­de ser en muchos casos la moti­va­ción del gru­po arma­do o, en otros casos, sería par­te de los bene­fi­cios del con­trol terri­to­rial, diga­mos el lucra­mien­to por par­te del nar­co­trá­fi­co. En otros casos es un argu­men­to de defen­sa del terri­to­rio como el Eln, por ejem­plo, ha come­ti­do algu­nas masa­cres dicien­do que van a defen­der el terri­to­rio de nar­cos y para­mi­li­ta­res y en otros el nar­co­trá­fi­co es uno de los fac­to­res que per­mi­te la gober­nan­za y den­tro de la gober­nan­za ahí está la masa­cre”, ilus­tra Johnson.

Por su par­te, Gar­zón, de la FIP, con­si­de­ra que las hos­ti­li­da­des en con­tex­tos de con­trol terri­to­rial se dan en cla­ve de regu­la­ción: qué orden se quie­re esta­ble­cer en un terri­to­rio y cómo se quie­re cons­truir. De esta mane­ra se emplea la vio­len­cia para regu­lar las eco­no­mías ile­ga­les, tran­sac­cio­nes y bie­nes lega­les, rela­cio­nes e inclu­so la mane­ra como fun­cio­na el Esta­do en los territorios.

Es por ello que los exper­tos con­sul­ta­dos con­cuer­dan en que no hay expli­ca­ción sen­ci­lla, aun­que el gobierno nacio­nal insis­ta en redu­cir este tipo de vio­len­cia al narcotráfico.

El Minis­te­rio de Defen­sa le reco­no­ció a Ver​da​dA​bier​ta​.com ese enfo­que al sos­te­ner que su plan para hacer­le fren­te a la pro­li­fe­ra­ción de masa­cres en el terri­to­rio nacio­nal es “con­so­li­dar el Esta­do de Dere­cho en los terri­to­rios más afec­ta­dos por las eco­no­mías ilí­ci­tas y la pre­sen­cia de gru­pos arma­dos orga­ni­za­dos y de delin­cuen­cia orga­ni­za­da, quie­nes son los res­pon­sa­bles de estos deli­tos. Estas eco­no­mías (nar­co­trá­fi­co y extrac­ción ilí­ci­ta de mine­ra­les) han atra­ve­sa­do la his­to­ria del país y han ser­vi­do de com­bus­ti­ble para finan­ciar los gru­pos arma­dos que están detrás de la violencia”.

“La difi­cul­tad de expli­car la vio­len­cia hace que se quie­ra encon­trar el fac­tor que pue­da engra­nar y ser la expli­ca­ción prin­ci­pal.”, dice Gar­zón. “Es inne­ga­ble que las eco­no­mías ile­ga­les tie­nen un papel, lo que noso­tros hemos cues­tio­na­do es que sea la prin­ci­pal y úni­ca expli­ca­ción, pues ya cuan­do uno empie­za a ver el con­tex­to local, hay algu­nos luga­res en don­de la eco­no­mía ile­gal del nar­co­trá­fi­co no nece­sa­ria­men­te es la prin­ci­pal expli­ca­ción por un ejer­ci­cio sen­ci­llo don­de es posi­ble que no sea la prin­ci­pal eco­no­mía ile­gal en la zona, pero que ade­más la diná­mi­ca detrás de la masa­cre no nece­sa­ria­men­te res­pon­da a esa disputa”.

El inves­ti­ga­dor de la FIP expli­ca que las diná­mi­cas del con­flic­to arma­do están toman­do rum­bos sin pre­ce­den­tes de los que no se esca­pan las masa­cres: “La últi­ma narra­ción o ver­sión que escu­ché de una masa­cre, por ejem­plo en el Bajo Cau­ca: un gru­po hace una masa­cre en terri­to­rio de la fac­ción con la que se esta­ba enfren­tan­do y bási­ca­men­te lo hace para lla­mar la aten­ción de la Fuer­za Públi­ca, para que refuer­ce o lle­gue a esa zona”.

Ver​da​dA​bier​ta​.com encon­tró expli­ca­cio­nes simi­la­res con líde­res del sur de Cór­do­ba rela­cio­na­dos con hechos de vio­len­cia eje­cu­ta­dos den­tro de la dispu­ta entre las Agc y “los Caparrapos”.

Es evi­den­te que la polí­ti­ca anti­dro­gas está ata­can­do sola­men­te al cam­pe­sino cul­ti­va­dor y no a las gran­des cade­nas de comer­cia­li­za­ción, ase­ve­ra Zapa­ta: “Ahí tene­mos que qui­tar­le el tapu­jo moral del nar­co­trá­fi­co y plan­tear eso como pro­ble­ma, no des­de una car­ga moral, por­que nos está lle­van­do es a ver per se que las dro­gas son malas y nos está lle­van­do a tener una polí­ti­ca y con­cep­ción erra­da, don­de son estos paí­ses pro­duc­to­res y con­su­mi­do­res los que están ponien­do la mayor alta tasa de san­gre, inclu­so tene­mos ya más muer­tes vio­len­tas que las muer­tes que están ponien­do los con­su­mi­do­res de paí­ses del norte”.

Pablo Anga­ri­ta, inves­ti­ga­dor y docen­te de la Uni­ver­si­dad de Antio­quia, tam­bién da su per­cep­ción sobre la for­ma en que el Esta­do ve el pro­ble­ma de las masa­cres: “Indu­da­ble­men­te la situa­ción de los cul­ti­vos de uso ilí­ci­to y toda la cade­na del fenó­meno nar­co, que es más que el nar­co­trá­fi­co, es un fac­tor, pero tam­bién en otros casos está el tema de la tie­rra, la orga­ni­za­ción arma­da de diver­so tipo que se dispu­tan el con­trol terri­to­rial, la mine­ría legal e ile­gal que se apo­ya en gru­pos arma­dos que usan la mine­ría para agran­dar sus finan­zas. Y hay un fenó­meno que poco se men­cio­na en lo que tie­ne que ver con esta cri­mi­na­li­dad y es el de la corrupción”.

Con la des­mo­vi­li­za­ción de la anti­gua gue­rri­lla de las Farc bajo el Acuer­do de Paz fir­ma­do en noviem­bre de 2016 en Bogo­tá, las lógi­cas del con­flic­to arma­do tuvie­ron una ruptura.

Varios de los exper­tos con­sul­ta­dos por este por­tal aún se pre­gun­tan cómo nom­brar el momen­to por el cual atra­vie­sa el país y si es con­ve­nien­te emplear el tér­mino “con­flic­to arma­do” cuan­do, cier­ta­men­te, reco­no­cen que per­sis­ten acto­res con carac­te­rís­ti­cas de gru­pos arma­dos orga­ni­za­dos que inten­tan tomar el con­trol local, otros el con­trol nacio­nal, como aún lo pre­ten­de la gue­rri­lla del Eln.

Cul­ti­vos de coca, Alto Sinú, Tie­rral­ta, Cór­do­ba. Foto: Bibia­na Ramírez.

El exper­to de la FIP expli­ca este pano­ra­ma como una ten­den­cia a la frag­men­ta­ción: más gru­pos, loca­li­za­dos en dis­tin­tas regio­nes del país, que ope­ran de mane­ra des­cen­tra­li­za­da y que, por tan­to, la admi­nis­tra­ción de vio­len­cia no está regu­la­da y la dis­ci­pli­na den­tro de las filas, menos. “Ter­mi­na sien­do un uso de la vio­len­cia que no nece­sa­ria­men­te tie­ne tras de sí una lec­tu­ra estra­té­gi­ca en tér­mi­nos de cómo ope­ran en el terri­to­rio”, dice Garzón.

Otro inte­gran­te de la ACIN ilus­tra este pano­ra­ma: por lo menos en su terri­to­rio, los gru­pos arma­dos resi­dua­les del anti­guo Fren­te Sex­to de las extin­tas Farc —lla­ma­das colum­nas disi­den­tes ‘Dago­ber­to Ramos’ y ‘Jai­me Mar­tí­nez’— no ter­mi­nan de organizarse.

“Es más con­ve­nien­te, en lo huma­ni­ta­rio, que el nivel de estruc­tu­ra­ción se dé de mane­ra rápi­da y no tan dis­per­sa, volá­til y delin­cuen­cial como lo vimos en el 2019”, lamen­ta el defen­sor de dere­chos del pue­blo Nasa, que pidió no ser identificado.

Un caso par­ti­cu­lar es el del Sur­oes­te de Antio­quia, don­de se pre­sen­ta­ron masa­cres en cin­co muni­ci­pios, y en los que el nar­co­trá­fi­co a gran esca­la no es la eco­no­mía que mue­ve esa región, pero exis­ten otras diná­mi­cas ile­ga­les como el micro­trá­fi­co que ha lle­va­do olea­das de violencia.

“En el Sur­oes­te hay un pro­ble­ma que noso­tros hemos teni­do muy calla­do y tie­ne que ver con el incre­men­to del con­su­mo de sus­tan­cias psi­co­ac­ti­vas por par­te de la pobla­ción, prin­ci­pal­men­te reco­lec­to­ra de café. Esta­mos vien­do cómo las lógi­cas de vio­len­cia urba­na aso­cia­das al micro­trá­fi­co y a la extor­sión se están tras­la­dan­do pro­gre­si­va­men­te al Sur­oes­te des­de hace varios años con un silen­cio pas­mo­so, no solo de la socie­dad, sino de ins­tan­cias como la Fede­ra­ción Nacio­nal de Cafe­te­ros y auto­ri­da­des loca­les”, afir­ma el coor­di­na­dor del Obser­va­to­rio de dere­chos huma­nos del IPC.

Res­pues­ta estatal

“Las masa­cres no es que sal­gan de la nada, son par­te de un con­tex­to de esca­la­da de vio­len­cia per­sis­ten­te antes de la masa­cre”, con­si­de­ra John­son en rela­ción, par­ti­cu­lar­men­te, a aque­llas que tie­ne rela­ción con el con­flic­to arma­do. Estos adve­ni­mien­tos de vio­len­cia, fre­cuen­te­men­te, han sido adver­ti­dos por las Aler­tas Tem­pra­nas o Infor­mes de Ries­go de la Defen­so­ría del Pue­blo o por orga­ni­za­cio­nes de la socie­dad civil.

“Si uno toma todo ese inven­ta­rio de adver­ten­cias, pues, final­men­te, hay algu­nas regio­nes don­de yo no sabría por dón­de comen­zar”, reco­no­ce Gar­zón, pero resal­ta que per­sis­te la poca capa­ci­dad para res­pon­der en el nivel local por par­te del Esta­do. “Noso­tros tene­mos un pro­ble­ma en tér­mi­nos de cuá­les son las capa­ci­da­des que tie­ne la Jus­ti­cia y las ins­ti­tu­cio­nes de la segu­ri­dad en el nivel local”, dice.

John­son, por su par­te, cues­tio­na el segui­mien­to, arti­cu­la­ción y coor­di­na­ción ins­ti­tu­cio­nal sobre lo que debe hacer­se: “Con las aler­tas se hace una reu­nión en el CIPRAT (Comi­sión Inter­sec­to­rial para la Res­pues­ta Rápi­da a las Aler­tas Tem­pra­nas), se dis­cu­te lo que está ahí y nun­ca se sabe si se ha hecho algo al res­pec­to y en muchos casos yo creo que hay una des­con­fian­za ante la ins­ti­tu­cio­na­li­dad que no ayu­da, como entre la Defen­so­ría y Fuer­za Públi­ca, la con­fian­za no es que sea bue­na, pues la Fuer­za Públi­ca no quie­re que civi­les de izquier­da les digan qué hacer”.

Tro­pas del Ejér­ci­to Nacio­nal en el cas­co urbano de San José de Apar­ta­dó, Ura­bá antio­que­ño. Foto: Bibia­na Ramírez.

El Esta­do ope­ró reac­ti­va­men­te y, a mane­ra de iner­cia, per­si­guió orga­ni­za­cio­nes cri­mi­na­les duran­te todo el año, pero, según Gar­zón, “eso no nece­sa­ria­men­te es una bue­na fór­mu­la para dis­mi­nuir la vio­len­cia. De hecho, se encuen­tra, por ejem­plo, en el Bajo Cau­ca que la acción del Esta­do a veces, inclu­so, lo que hace es acti­var más dispu­tas (…) a pesar de que tene­mos un pie de fuer­za mayor en algu­nas zonas, eso no nece­sa­ria­men­te se ha tra­du­ci­do en mejo­res con­di­cio­nes de seguridad”.

El pro­ble­ma prin­ci­pal que ana­li­za John­son sobre las actua­cio­nes del gobierno nacio­nal es que no hay una polí­ti­ca de segu­ri­dad: “Pare­ce ser que la polí­ti­ca de segu­ri­dad fue­ra dar con­tra blan­cos de alto valor, es decir, coman­dan­tes, ofre­cer recom­pen­sas con­tra car­te­les de gen­te que nun­ca van a cap­tu­rar, que pocos van a cap­tu­rar y con­fun­dir la polí­ti­ca anti­dro­gas con la polí­ti­ca de segu­ri­dad. Es ridícu­lo pen­sar que la erra­di­ca­ción es la solu­ción al tema de las masacres”.

En con­tra­po­si­ción a esas mira­das crí­ti­cas, el Minis­te­rio de Defen­sa le res­pon­dió a Ver​da​dA​bier​ta​.com que duran­te el 2020 creó la Uni­dad Espe­cial de Iden­ti­fi­ca­ción, Ubi­ca­ción y Judi­cia­li­za­ción de per­pe­tra­do­res de homi­ci­dios colec­ti­vos, inte­gra­da por miem­bros de las Fuer­zas Mili­ta­res y de la Poli­cía Nacio­nal para iden­ti­fi­car, ubi­car y judi­cia­li­zar a los per­pe­tra­do­res de los hechos de violencia.

En mate­ria de segu­ri­dad ciu­da­da­na, ase­gu­ró haber for­ta­le­ci­do la línea de man­do de la Poli­cía en dis­tin­tas regio­nes, la inter­ven­ción en polí­go­nos de segu­ri­dad, la imple­men­ta­ción del mode­lo de vigi­lan­cia comu­ni­ta­ria rees­truc­tu­ra­do y for­ta­le­ci­do, y la anti­ci­pa­ción al delito.

Ade­más, sos­tu­vo que las Fuer­zas Mili­ta­res y la Poli­cía Nacio­nal acom­pa­ña­rían la for­mu­la­ción e imple­men­ta­ción de los Pla­nes Inte­gra­les de Segu­ri­dad y Con­vi­ven­cia, en com­ple­men­to de las estra­te­gias de segu­ri­dad, que se des­plie­gan para con­tra­rres­tar la pre­sen­cia de gru­pos delin­cuen­cia­les y criminales.

Como lo seña­la Jhon­son, el Minis­te­rio de Defen­sa reco­no­ció que una de las estra­te­gias que mane­ja es el car­tel de los más bus­ca­dos de los per­pe­tra­do­res de homi­ci­dios colec­ti­vos “como par­te de un pro­gra­ma de recom­pen­sas que movi­li­ce la cola­bo­ra­ción de la ciu­da­da­nía”, explicó.

Para el 2021 el Minis­te­rio ase­gu­ra que se con­cen­tra­ría en adop­tar medi­das para for­ta­le­cer la coor­di­na­ción con las auto­ri­da­des loca­les que tie­nen a su car­go el man­te­ni­mien­to del orden públi­co, “así como con la Fis­ca­lía Gene­ral de la Nación, con el fin de for­ta­le­cer las capa­ci­da­des de inte­li­gen­cia e inves­ti­ga­ción cri­mi­nal”. Su plan se man­tie­ne en “la des­ar­ti­cu­la­ción defi­ni­ti­va de los Gru­pos Arma­dos Orga­ni­za­dos y Gru­pos Delic­ti­vos Orga­ni­za­dos” a tra­vés de estra­te­gias inte­gra­les e inter­agen­cia­les de las Fuer­zas Mili­ta­res y la Poli­cía Nacional.

Sobre estas ins­ti­tu­cio­nes exal­tó el Plan Estra­té­gi­co Mili­tar Bicen­te­na­rio Héroes de la Liber­tad y el Plan Estra­té­gi­co inte­gral Colom­bia Bicen­te­na­ria de la Poli­cía Nacio­nal, en los cua­les se tra­zan estra­te­gias de pre­ven­ción y pro­tec­ción para garan­ti­zar la segu­ri­dad en los terri­to­rios, sin embar­go, son estra­te­gias que fue­ron expe­di­das a ini­cio de 2019. Fue­ra de esto no demos­tró nin­gu­na otra estra­te­gia o plan pen­sa­do espe­cí­fi­ca­men­te para el nue­vo año.

En varias de las regio­nes en don­de se pre­sen­ta­ron masa­cres efec­ti­va­men­te se aumen­tó la pre­sen­cia de miem­bros de la Fuer­za Públi­ca y se eje­cu­ta­ron ope­ra­cio­nes mili­ta­res, sin embar­go, la real efi­ca­cia de la inter­ven­ción esta­tal es lo que varios exper­tos cuestionan.

“¿Es posi­ble avan­zar en esas zonas sin cons­truir rela­cio­nes de con­fian­za con la pobla­ción civil? ¿Es posi­ble avan­zar en esas zonas sin tener una bue­na inter­lo­cu­ción con los alcal­des, con las auto­ri­da­des loca­les, quie­nes tam­bién tie­nen que asu­mir unas res­pon­sa­bi­li­da­des? ¿Es posi­ble avan­zar en esas zonas si los deli­tos siguen sien­do los mis­mos?”, se pre­gun­ta Gar­zón, de la FIP.

“Los pro­fe­so­res son los úni­cos que están pre­sen­tes en las zonas más ale­ja­das por­que ni pues­tos de salud hay en estos muni­ci­pios, sobre todo en zona rural, y adi­cio­nal a eso la úni­ca pre­sen­cia que hay es la mili­tar. En Bajo Cau­ca, por ejem­plo, son cer­ca de 4.500 hom­bres con Aqui­les, en Ura­bá son tres mil con Aga­me­nón II, pero no se ha logra­do tener un efec­to disua­so­rio en estos pro­ble­mas de vio­len­cia. Se dice que están bajan­do las tasas pero es que ya vie­nen muy altas, siguen sien­do altas a pesar de la com­pa­ra­ción con los años ante­rio­res”, ase­gu­ra Zapa­ta, del IPC.

La pre­mi­sa bajo la cual se ges­ta la inter­ven­ción del Esta­do se resu­me en gol­pear eco­no­mías ile­ga­les y orga­ni­za­cio­nes cri­mi­na­les. Fue­ra de la ya gas­ta­da refle­xión de la nece­si­dad de lle­ga­da inte­gral del Esta­do, las fuen­tes con­sul­ta­das insis­tie­ron en la nece­si­dad de plan­tear estra­te­gias de segu­ri­dad cohe­ren­tes. “Eso es como el dicho: ‘si sólo tie­nes un mar­ti­llo, todo pare­ce un cla­vo’”, con­clu­ye el inves­ti­ga­dor de la FIP.

Avan­ces y justicia

El Minis­te­rio de Defen­sa exal­tó once resul­ta­dos como los más rele­van­tes con­se­gui­dos en rela­ción a las masa­cres per­pe­tra­das en 2020, en las que se regis­tra­ron cap­tu­ras; sin embar­go, lla­ma la aten­ción que aun cuan­do esta car­te­ra de gobierno dejó cla­ro que cuen­ta como “homi­ci­dio colec­ti­vo” a par­tir de cua­tro ase­si­na­tos, entre los resul­ta­dos que entre­ga, dos de estas masa­cres tie­nen como núme­ro de víc­ti­mas a tres per­so­nas, ambas en Antio­quia: una, en Ituan­go (7 de julio) y, la otra en Vene­cia (23 de agosto).

Infor­ma­ción orga­ni­za­da por el equi­po de Ver​da​dA​bier​ta​.com a par­tir de la res­pues­ta del Minis­te­rio de Defen­sa. Las filas 5 y 6 son masa­cres de tres víc­ti­mas que en prin­ci­pio no reco­no­ce esta cartera.

De los 147 “homi­ci­dios múl­ti­ples” que inves­ti­ga la Fis­ca­lía, en 94 de ellos ase­gu­ra tener algún tipo de avan­ce en el escla­re­ci­mien­to de los casos, casi un 63,9 por cien­to del total. Sin embar­go, el tér­mino de “avan­ce” pue­de con­tem­plar cap­tu­ras o ade­lan­tar algu­na eta­pa del pro­ce­so penal, sin que nece­sa­ria­men­te sea con­clu­yen­te la inves­ti­ga­ción, pues esos 64 casos no ver­san, en su gran mayo­ría, de sentencias.

“El escla­re­ci­mien­to es como el esta­ble­ci­mien­to de quién es el res­pon­sa­ble, pero eso no sig­ni­fi­ca que haya una cap­tu­ra o que ese pro­ce­so lle­gue a jui­cio y que ese hecho reci­ba una san­ción, (…) mues­tra una ima­gen bas­tan­te incom­ple­ta de lo que es el sis­te­ma de jus­ti­cia”, pre­ci­sa Garzón.

Esta moda­li­dad de escla­re­ci­mien­to con sim­ple­men­te tener una hipó­te­sis del posi­ble res­pon­sa­ble es la mis­ma estra­te­gia emplea­da en los casos de ase­si­na­tos de líde­res y lide­re­sas socia­les y excom­ba­tien­tes de las anti­guas Farc: “En inglés deci­mos ‘whi­te­wa­shing’, es como lavar las cifras, un poco. Per­mi­te anun­ciar un éxi­to mayor de lo que real­men­te hay”, sos­tie­ne John­son, de Core.

Ade­más, lla­ma la aten­ción sobre un patrón que ha obser­va­do en otras inves­ti­ga­cio­nes ade­lan­ta­das por el ente acu­sa­dor, pero que aún está revi­san­do en los casos de masa­cres. Según él, varias veces, cuan­do se cap­tu­ra algún miem­bro de un gru­po arma­do, se pre­sen­ta como que se cap­tu­ró a alguien res­pon­sa­ble del deli­to, cuan­do no nece­sa­ria­men­te es así.

“Un ejem­plo: hay una masa­cre en Arge­lia, Cau­ca, y la Fis­ca­lía sale a decir ‘cree­mos que el Eln es el res­pon­sa­ble, par­ti­cu­lar­men­te el Fren­te José María Bece­rra, van y cap­tu­ran cual­quier per­so­na que haga par­te o ten­ga que ver con el Fren­te José María Bece­rra y dicen ‘esta per­so­na es res­pon­sa­ble de la masa­cre’, aho­ra, esa per­so­na pue­de que no ten­ga nada que ver con la masa­cre, espe­cial­men­te por cómo fun­cio­na el Eln, por ejem­plo, pero como hace par­te, lo que ter­mi­nan ponien­do es una res­pon­sa­bi­li­dad colec­ti­va sobre la indi­vi­dual”, expli­ca el inves­ti­ga­dor, aco­tan­do que se lle­ga al pun­to en que ni siquie­ra les son impu­tados car­gos por los deli­tos que el ente acu­sa­dor anun­ció públicamente.

En todo esto hay un “asun­to cul­tu­ral”, expre­sa Zapa­ta: “Noso­tros no hemos ana­li­za­do la vio­len­cia des­de el pun­to de vis­ta cul­tu­ral y es cla­ro que la socie­dad en este momen­to ve en la vio­len­cia una for­ma de resol­ver los pro­ble­mas y no ve la vio­len­cia como un pro­ble­ma, mien­tras cul­tu­ral­men­te siga­mos legi­ti­man­do la vio­len­cia como una solu­ción vamos a tener una natu­ra­li­za­ción de todos estos efectos”.

El voce­ro de la ACIN des­cri­be esta nor­ma­li­za­ción de la vio­len­cia como una cur­va pro­gre­si­va que siem­pre tien­de al mis­mo pun­to: la con­vi­ven­cia con la vio­len­cia. Reco­no­ce que la visi­bi­li­za­ción mediá­ti­ca de la agu­da situa­ción que expe­ri­men­tó su pue­blo en el 2019 sig­ni­fi­có un apo­yo pues se sin­tie­ron acom­pa­ña­dos y logra­ron, de algu­na for­ma, resis­tir. Hoy pide que las masa­cres, los ase­si­na­tos de líde­res y lide­re­sas y las vio­la­cio­nes a los dere­chos huma­nos no se vuel­van par­te del paisaje.

Fuen­te: Ver­dad Abierta

Itu­rria /​Fuen­te

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