Eco­lo­gía Social. Aumen­ta ame­na­za del cam­bio cli­má­ti­co sobre África

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 5 de noviem­bre de 2020.

Las sequías que han aso­la­do gran par­te de Áfri­ca duran­te años, alter­na­das con súbi­tas llu­vias y fuer­tes inun­da­cio­nes, cre­cen con el cam­bio cli­má­ti­co y com­pro­me­ten la agri­cul­tu­ra y la ali­men­ta­ción de sus habitantes.

En Áfri­ca suben las tem­pe­ra­tu­ras, se ele­va el nivel de mar, cam­bian los patro­nes de las pre­ci­pi­ta­cio­nes y se incre­men­tan los fenó­me­nos meteo­ro­ló­gi­cos extre­mos, con lo que aumen­ta la ame­na­za del cam­bio cli­má­ti­co, des­ta­có un infor­me divul­ga­do este mar­tes 27 por la Orga­ni­za­ción Meteo­ro­ló­gi­ca Mun­dial (OMM).

El cam­bio cli­má­ti­co “está afec­tan­do cada vez con más inten­si­dad el con­ti­nen­te afri­cano, gol­pea con más fuer­za a los más vul­ne­ra­bles, con­tri­bu­ye a la inse­gu­ri­dad ali­men­ta­ria y al des­pla­za­mien­to de pobla­cio­nes, y ejer­ce más pre­sión sobre los recur­sos hídri­cos”, dijo Pet­te­ri Taa­las, secre­ta­rio gene­ral de la OMM.

En los últi­mos meses, recor­dó Taa­las, “se han regis­tra­do inun­da­cio­nes devas­ta­do­ras, se ha pro­du­ci­do una inva­sión de lan­gos­tas del desier­to y aho­ra nos enfren­ta­mos al inmi­nen­te espec­tro de la sequía debi­do a un epi­so­dio de La Niña”.

La Niña, con masas de aire frío, y El Niño, con aire calien­te, influ­yen en los patro­nes de com­por­ta­mien­to de los vien­tos ali­sios, lo que se tra­du­ce en fuer­tes sequías o devas­ta­do­ras llu­vias en zonas tro­pi­ca­les y sub­tro­pi­ca­les del planeta.

“El cam­bio cli­má­ti­co está afec­tan­do cada vez con más inten­si­dad el con­ti­nen­te afri­cano, gol­pea con más fuer­za a los más vul­ne­ra­bles, con­tri­bu­ye a la inse­gu­ri­dad ali­men­ta­ria y al des­pla­za­mien­to de pobla­cio­nes, y ejer­ce más pre­sión sobre los recur­sos hídri­cos”, Pet­te­ri Taalas.

El infor­me, divul­ga­do por la OMM en Gine­bra y en esta capi­tal, seña­la que 2019 fue uno de los tres años más cáli­dos jamás regis­tra­dos a esca­la con­ti­nen­tal, y se espe­ra que esta ten­den­cia continúe.

Las pre­dic­cio­nes apun­tan a que en el quin­que­nio 2020 – 2024 habrá calen­ta­mien­to con­ti­nuo, dis­mi­nui­rán las pre­ci­pi­ta­cio­nes en Áfri­ca sep­ten­trio­nal y meri­dio­nal, y en cam­bio aumen­ta­rán en el Sahel, la fran­ja semi­ári­da que a todo lo ancho del con­ti­nen­te sepa­ra el desier­to del Saha­ra de los bos­ques centroafricanos.

En gran par­te de Áfri­ca el calen­ta­mien­to es supe­rior a un gra­do cen­tí­gra­do des­de 1901 –con cada vez más días calu­ro­sos- y a fina­les de siglo supe­ra­rá los dos gra­dos, ver­sus la meta mun­dial de que la tem­pe­ra­tu­ra no se incre­men­te hacia el 2050 más allá de 1,5 gra­dos con res­pec­to a los nive­les de la era preindustrial.

El nivel del mar alre­de­dor del con­ti­nen­te ha subi­do cin­co milí­me­tros por año y en el sur­oes­te del océano Índi­co algo más, sobre­pa­san­do la esca­la mun­dial de tres a cua­tro milí­me­tros. Más de la mitad de las cos­tas de Benín, Cos­ta de Mar­fil, Sene­gal y Togo se están erosionando.

Los fenó­me­nos meteo­ro­ló­gi­cos extre­mos tam­bién se incre­men­tan en inten­si­dad y fre­cuen­cia. El más recien­te fue el ciclón Idai, que en mar­zo de 2019 azo­tó Mada­gas­car y la cos­ta sudo­rien­tal del con­ti­nen­te, con sal­do de un millar de muer­tos y cuan­tio­sos daños materiales.

Áfri­ca meri­dio­nal sufrió una exten­sa sequía en 2019. En cam­bio, en el Sahel hubo inun­da­cio­nes a media­dos de 2019 y el cuerno afri­cano (Etio­pía, Soma­lia, Yibu­ti) pasó de con­di­cio­nes muy secas en 2018 a inun­da­cio­nes y des­li­za­mien­tos de tie­rra por fuer­tes llu­vias a fina­les del año pasado.

La agri­cul­tu­ra es el eje de la eco­no­mía afri­ca­na y repre­sen­ta la fuen­te pri­ma­ria de medios de sub­sis­ten­cia en todo el con­ti­nen­te, lo que la con­vier­te en “el foco” de expo­si­ción y vul­ne­ra­bi­li­dad a la varia­bi­li­dad del cli­ma y ante el cam­bio climático.

Los prin­ci­pa­les ries­gos para la agri­cul­tu­ra son una dis­mi­nu­ción de la pro­duc­ti­vi­dad de los cul­ti­vos aso­cia­da al estrés tér­mi­co y por sequía, el aumen­to de los daños oca­sio­na­dos por las pla­gas y las enfer­me­da­des, y los efec­tos de las inun­da­cio­nes en la infra­es­truc­tu­ra de los sis­te­mas alimentarios

Para media­dos de este siglo, las pro­yec­cio­nes de la OMM y otras agen­cias de las Nacio­nes Uni­das pre­vén afec­ta­cio­nes, moti­va­das por el cli­ma, con pér­di­das de ren­di­mien­to entre 12 y 21 por cien­to –depen­dien­do de las subre­gio­nes- en los cul­ti­vos de arroz y tri­go, aun­que algo menos en el caso del mijo y el sorgo.

La varia­bi­li­dad del cli­ma ha favo­re­ci­do el auge de pla­gas como la lan­gos­ta del desier­to, que devo­ra cul­ti­vos y pas­ti­za­les en exten­sas áreas del orien­te africano.

El impac­to sobre la salud es pre­vi­si­ble, pues, por ejem­plo, mayo­res tem­pe­ra­tu­ras y llu­vias con inun­da­cio­nes impli­can que se incre­men­ten los cria­de­ros de insec­tos que trans­mi­ten enfer­me­da­des como el palu­dis­mo –nue­ve de cada 10 muer­tes por este mal se regis­tran en África‑, el den­gue y la fie­bre amarilla.

El con­jun­to de con­di­cio­nes cli­má­ti­cas debi­li­ta el esta­do gene­ral de salud en el con­ti­nen­te ante el avan­ce de pan­de­mias como la covid-19.

El cam­bio cli­má­ti­co pue­de ser res­pon­sa­ble, a medi­da que aumen­te la tem­pe­ra­tu­ra glo­bal, de una dis­mi­nu­ción del pro­duc­to interno bru­to afri­cano entre 2,2 y 12,1 por cien­to, depen­dien­do de la subre­gión, de acuer­do con estu­dios del Cen­tro Afri­cano de Polí­ti­ca Cli­má­ti­ca, crea­do por la Comi­sión Eco­nó­mi­ca para Áfri­ca (CEPA).

La CEPA ha plan­tea­do que la alter­na­ti­va al impac­to del cam­bio cli­má­ti­co es tra­ba­jar por la supera­ción de la pobre­za, espe­cial­men­te en el sec­tor agrí­co­la, don­de labo­ra 60 por cien­to de la pobla­ción africana.

A‑E/​HM

Fuen­te: http://​www​.ips​no​ti​cias​.net/​2​0​2​0​/​1​0​/​a​u​m​e​n​t​a​-​a​m​e​n​a​z​a​-​d​e​l​-​c​a​m​b​i​o​-​c​l​i​m​a​t​i​c​o​-​a​f​r​i​ca/, Rebe­lión.

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