Argen­ti­na. “Hay un exten­di­do anal­fa­be­tis­mo ambien­tal en la éli­te eco­nó­mi­ca y la cla­se política”

Por Euge­nia Lan­go­ne, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 9 de octu­bre de 2020.

Maris­te­lla Svam­pa, inves­ti­ga­do­ra del CONICET, soció­lo­ga y escri­to­ra, ana­li­za la pro­ble­má­ti­ca del hume­dal y seña­la sin dudar la nece­si­dad que la ley de pro­tec­ción debe incluir un capí­tu­lo penal.

Con 49 focos de incen­dio en 14 pro­vin­cias, 450 mil hec­tá­reas arra­sa­das en nue­ve meses y “el lobby del fue­go”, como lo defi­ne la soció­lo­ga Maris­te­lla Svam­pa, sin poder ser des­ar­ti­cu­la­do por las accio­nes del Eje­cu­ti­vo ni de la Jus­ti­cia, “El colap­so eco­ló­gi­co ya lle­gó” (el títu­lo de su últi­mo libro) pare­ce un hecho más que una adver­ten­cia. La inves­ti­ga­do­ra del CONICET apun­ta a los intere­ses en jue­go, afir­ma que la pro­ble­má­ti­ca del hume­dal “pone de relie­ve como nun­ca antes la irra­cio­na­li­dad de los intere­ses empre­sa­ria­les en jue­go” y apun­ta no solo al lobby soje­ro, gana­de­ro e inmo­bi­lia­rio, sino, ade­más, arro­ce­ro en Entre Ríos y mine­ro en las pro­vin­cias de los hume­da­les altoan­di­nos. Sin embar­go, no se que­da ahí y seña­la el “exten­di­do anal­fa­be­tis­mo ambien­tal de la éli­te empre­sa­ria y la cla­se polí­ti­ca”. Pese al títu­lo de su libro, escri­to jun­to a Enri­que Via­le y pre­sen­ta­do en sep­tiem­bre, esca­pa a la seduc­ción de las narra­ti­vas dis­tó­pi­cas y se pro­po­ne como “una brú­ju­la para salir del (mal)desarrollo”. Coor­di­na­do­ra del Gru­po de Estu­dios Crí­ti­cos e Inter­dis­ci­pli­na­rios sobre la Pro­ble­má­ti­ca Ener­gé­ti­ca y miem­bro del Gru­po Per­ma­nen­te de Alter­na­ti­vas al Desa­rro­llo, des­ta­ca “la acu­mu­la­ción de luchas eco­te­rri­to­ria­les, indí­ge­nas y femi­nis­tas, cam­pe­si­nas y has­ta sin­di­ca­les, que pro­mue­ven otro mode­lo de socie­dad”, pero cree que solo “el cas­ti­go” fre­na la vora­ci­dad empre­sa­ria sobre los terri­to­rios y las pobla­cio­nes. “La ley de hume­da­les debe tener un capí­tu­lo penal. Es nece­sa­rio cas­ti­gar a quie­nes arra­san con los eco­sis­te­mas, sean bos­ques, hume­da­les, gla­cia­res o zonas peri­gla­cia­res”, afir­mó.

—¿Somos anal­fa­be­tos ambientales?

Sobre todo, la éli­te eco­nó­mi­ca y la cla­se polí­ti­ca son anal­fa­be­tos ambien­ta­les. Cos­tó mucho colo­car en la agen­da publi­ca y polí­ti­ca estas pro­ble­má­ti­cas; las deman­das socio­am­bien­ta­les moles­tan e inco­mo­dan no solo por­que cues­tio­nan los intere­ses eco­nó­mi­cos detrás de los mode­los de desa­rro­llo insus­ten­ta­bles, sino por­que impli­can cues­tio­nar la mira­da sobre el cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co, el impac­to de los mode­los de desa­rro­lla, trans­for­mar el víncu­lo con la natu­ra­le­za. Pero, efec­ti­va­men­te, no solo hay gran­des intere­ses en jue­go, hay tam­bién una cegue­ra epis­té­mi­ca o desa­rro­llis­ta que asien­ta las bases del exten­di­do anal­fa­be­tis­mo ambien­tal en la diri­gen­cia polí­ti­ca y empre­sa­rial argen­ti­na; algo que tam­bién se extien­de a las cien­cias socia­les y huma­nas que no bus­can salir de la zona de con­fort que impli­ca asu­mir la com­ple­ji­dad de la pro­ble­má­ti­ca ambien­tal, estu­diar, ana­li­zar y cues­tio­nar los mode­los de desa­rro­llo hege­mó­ni­co, y las leal­ta­des polí­ti­cas detrás de la nega­ción de la impor­tan­cia de la cues­tión ambiental.

—Ante las que­mas en el Del­ta de Islas del Para­ná, ¿hay real dimen­sión de las pér­di­das que sig­ni­fi­ca sobre el humedal?

—Ahí hay menos cegue­ra epis­té­mi­ca que intere­ses en jue­go. Es preo­cu­pan­te por­que las que­mas de los hume­da­les, que son eco­sis­te­mas frá­gi­les, se agra­van con los años y están sufrien­do la embes­ti­da de fuer­tes lobbys. El lobby del agro­ne­go­cio que bus­ca exten­der aún más la fron­te­ra de la soja, la expan­sión de la fron­te­ra de la gana­de­ría inten­si­va y, sobre todo, en el Del­ta del Para­ná, los intere­ses inmo­bi­lia­rios y los barrios pri­va­dos que enci­ma pre­ten­den pre­sen­tar­se como mode­lo de vin­cu­la­ción con la natu­ra­le­za. La socie­dad es más cons­cien­te y, al calor de la pan­de­mia, vimos que se movi­li­za­ron amplios sec­to­res para defen­der­los y pro­mo­ver la ley que los pro­te­ja en el Con­gre­so Nacio­nal, que está tra­ba­da jus­ta­men­te por este tri­ple lobby. Ahí veo una socie­dad con mayor con­cien­cia y movi­li­za­da. Ade­más, la ley de pro­tec­ción de hume­da­les no solo enfren­ta el lobby del fue­go, es decir, soje­ro, gana­de­ro e inmo­bi­lia­rio, sino que, en el res­to de las pro­vin­cias, se suma el lobby mine­ro, por­que los hume­da­les son muy varia­bles, adop­tan gran diver­si­dad y hay hume­da­les en los sala­res altoan­di­nos don­de esta el litio y tam­bién diver­sas minas. Así, la mine­ría tam­bién pro­mue­ve que no se aprue­be la ley y, en algu­nas pro­vin­cias, como Entre Ríos, se suma el lobby arro­ce­ro. Como nun­ca antes, la pro­ble­má­ti­ca de los hume­da­les pone de relie­ve la irra­cio­na­li­dad de los intere­ses empresariales.

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(Ima­gen: El ciudadano)

—¿Hay simi­li­tu­des entre el pro­ce­so de des­truc­ción del Ama­zo­nas y el que se ve aho­ra en el Del­ta del Para­ná?

—El Pan­ta­nal, el mayor hume­dal del mun­do, hoy tam­bién está en lla­mas. Amé­ri­ca del Sur y, par­ti­cu­lar­men­te, Argen­ti­na y par­te de Bra­sil están en lla­mas, y eso mues­tra la vora­ci­dad de los intere­ses a cos­ta de la vida y los terri­to­rios. Efec­ti­va­men­te, esta­mos en una encru­ci­ja­da civi­li­za­to­ria en el mar­co de una pan­de­mia que tie­ne orí­ge­nes zoo­nó­ti­cos; es decir son virus que sal­tan de los ani­ma­les a los seres huma­nos, alta­men­te infec­cio­sos, como lo es el COVID-19, pero lo fue­ron tam­bién las gri­pes aviar y por­ci­na; todas ellas liga­das a la devas­ta­ción de los eco­sis­te­mas, a la defo­res­ta­ción y a la cría de ani­ma­les a gran esca­la en mega­fac­to­rías que no son más que cul­ti­vos de estas pan­de­mias. Esto tie­ne que ver con mode­los de desa­rro­llo cada vez más insus­ten­ta­bles y, en ese mar­co, vemos que los intere­ses empre­sa­ria­les ace­le­ran el colap­so eco­sis­té­mi­co. Ni el Esta­do nacio­nal ni los pro­vin­cia­les tie­nen polí­ti­ca que con­tro­le y pena­li­ce a los que lle­van a cabo los incen­dios. ¿Tene­mos leyes de pre­su­pues­tos míni­mos? Algu­nas sí. Tene­mos la ley de bos­ques san­cio­na­da en 2007, la ley de gla­cia­res que cum­ple 10 años y la ley de hume­da­les que no está san­cio­na­da pese a tener dos medias san­cio­nes en el Con­gre­so; y tene­mos una ley de emer­gen­cia cli­má­ti­ca, pero todo eso es letra muer­ta si no hay herra­mien­tas del Esta­do para con­tro­lar la vora­ci­dad de las cor­po­ra­cio­nes. En esa línea, hay que incluir un capí­tu­lo penal como se pro­po­ne en la ley de hume­da­les y como se pro­po­ne para una refor­ma de la ley de bos­ques. Es nece­sa­rio cas­ti­gar fuer­te­men­te a aque­llos que, de mane­ra inten­cio­nal, arra­san con los eco­sis­te­mas frá­gi­les, sean bos­ques nati­vos, hume­da­les, gla­cia­res o zonas periglaciares.

—En la pan­de­mia, se plan­tea de la dico­to­mía entre salud y eco­no­mía, ¿se hace un plan­teo simi­lar entre ambien­te y sus­ten­ta­bi­li­dad ver­sus desarrollo?

—Hace déca­das, sopor­ta­mos que se opon­ga lo social a lo ambien­tal, cuan­do, en reali­dad, son los sec­to­res más vul­ne­ra­bles los gol­pea­dos y los que sufren los impac­tos de estos mode­los abier­ta­men­te insus­ten­ta­bles. Hay coin­ci­den­cia entre el mapa de la con­ta­mi­na­ción ambien­tal y el mapa de la pobre­za. Duran­te el boom de los com­mo­di­ties, entre 2002 y 2013, hubo ren­ta­bi­li­dad extra­or­di­na­ria por la expor­ta­ción de com­mo­di­ties en todos los paí­ses lati­no­ame­ri­ca­nos; sin embar­go, todos los estu­dios eco­nó­mi­cos afir­man que esa ren­ta­bi­li­dad fue cap­tu­ra­da por los sec­to­res más ricos. Al calor de ese boom, se con­so­li­dó la con­cen­tra­ción de la rique­za, los ricos incre­men­ta­ron sus for­tu­nas en un 23 por cien­to, lo que mues­tra que es una fal­sa dico­to­mía. Por otro lado, la pan­de­mia acen­tuó la rece­sión y mucho más en la Argen­ti­na, don­de arras­tra­mos cri­sis ya ins­ta­la­da. Lo que no pode­mos hacer es caer en las fal­sas solu­cio­nes. Si con frac­king, con mine­ría a gran esca­la y más soja, más de la mitad de los niños son pobres, por qué pen­sar que con las mis­mas solu­cio­nes ten­dre­mos mejor resul­ta­do. Todo lo con­tra­rio, más bien es par­te del problema.

—El libro repa­sa los con­flic­tos socio­am­bien­ta­les de la Argen­ti­na de las últi­mas déca­das, des­de la ley de gla­cia­res pasan­do por las pro­me­sas de desa­rro­llo y rique­za del gas y el petró­leo de Vaca Muer­ta, que nun­ca lle­gan, y el litio, ¿qué ele­men­tos tie­nen en común esos escenarios?

—Vaca Muer­ta ilus­tra lo que son las fal­sas solu­cio­nes. En Argen­ti­na, no solo tene­mos una mira­da pro­duc­ti­vis­ta que cree en el cre­ci­mien­to inde­fi­ni­do, sino una visión “eldo­ra­dis­ta” que cree que el yaci­mien­to de Vaca Muer­ta será la pie­dra de toque para cons­truir­nos como una poten­cia ener­gé­ti­ca glo­bal en un momen­to don­de el mun­do, todo, pien­sa en aban­do­nar los com­bus­ti­bles fósi­les por­que así lo exi­ge la gra­ve­dad de la cri­sis eco­ló­gi­ca. Pero, ade­más, hay que saber que Vaca Muer­ta es un agu­je­ro negro en el ima­gi­na­rio y no tie­ne ren­ta­bi­li­dad más que como pro­me­sa. Lo que vimos des­de 2013 a esta par­te fue a los gobier­nos sub­si­dian­do la acti­vi­dad de las gran­des empre­sas que explo­tan ese amplio terri­to­rio de la cuen­ca neu­qui­na. ¿Has­ta dón­de van a lle­gar los sub­si­dios del Esta­do? Esta­mos tra­tan­do de des­tra­bar un impues­to a los sec­to­res más ricos, con lo que estoy acuer­do, pero el gobierno pien­sa en usar el 25 por cien­to de lo recau­da­do para sub­si­diar el gas del frac­king. Eso es des­ca­be­lla­do en un momen­to en el cual la casa está en lla­mas, hay que pen­sar en aban­do­nar los com­bus­ti­bles fósi­les, y cuan­do los ricos son cada vez más refrac­ta­rios a la redis­tri­bu­ción de la rique­za. Eso reve­la como nun­ca el poder de los lobbys, la cegue­ra desa­rro­llis­ta y el anal­fa­be­tis­mo ambien­tal de la cla­se polí­ti­ca, inde­pen­dien­te­men­te del signo que sea.

—¿Cómo pien­sa la pos­pan­de­mia? ¿El títu­lo “Colap­so eco­ló­gi­co ya lle­gó” deja lugar a una mira­da esperanzadora?

—Aun­que el títu­lo es ese, la nues­tra es una apues­ta por la espe­ran­za y la sos­te­ni­bi­li­dad de la vida. No somos sedu­ci­dos por la narra­ti­va dis­tó­pi­ca. Sin duda, hay una ten­den­cia al colap­so eco­ló­gi­co y sis­té­mi­co en el mar­co de este capi­ta­lis­mo del caos, don­de se per­pe­túan las des­igual­da­des, se ace­le­ra el extrac­ti­vis­mo y se expan­den las extre­mas dere­chas; pero tam­bién somos cons­cien­tes de que las gran­des cri­sis pue­den desem­bo­car en cam­bios pro­fun­dos y posi­ti­vos, y eso depen­de de las luchas y las prac­ti­cas socia­les. En esa línea, hay una acu­mu­la­ción de luchas eco­te­rri­to­ria­les, indí­ge­nas y femi­nis­tas, cam­pe­si­nas y has­ta sin­di­ca­les, que pro­mue­ven otro mode­lo de socie­dad, basa­do en el para­dig­ma de los cui­da­dos, con una agen­da de tran­si­ción socio­eco­ló­gi­ca que apun­te a acen­tuar los pro­ce­sos de demo­cra­ti­za­ción de las pobla­cio­nes. En esos ejes debe ir la brú­ju­la y es nues­tra idea de car­ta geo­grá­fi­ca de este pro­ce­so tan acci­den­ta­do de cam­bios. No nos que­da otra que hacer la tran­si­ción y nave­gar estas aguas turbulentas.

Fuen­te: La tin­ta

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