Argen­ti­na. Pros­ti­tu­ción: Sacar el velo de la “polé­mi­ca”

Por Belén Spi­net­ta*, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 08 de julio de 2020

Así como las deman­das del femi­nis­mo entra­ron defi­ni­ti­va­men­te a la agen­da públi­ca, tam­bién avan­zó la lógi­ca de la “polé­mi­ca”. Una estra­te­gia dañi­na y mar­ke­ti­ne­ra que con­vier­te a las dife­ren­cias que hay en el movi­mien­to de muje­res en un cam­po de bata­lla don­de se anu­lan opi­nio­nes, se mellan las tra­yec­to­rias y se repar­ten eti­que­tas para redu­cir argu­men­tos. Así suce­de con el deba­te acer­ca de la pros­ti­tu­ción como vio­len­cia de género.

La reali­dad es que los movi­mien­tos popu­la­res y de resis­ten­cias, his­tó­ri­ca­men­te han teni­do pun­tos de vis­ta, estra­te­gias de luchas y hori­zon­tes de eman­ci­pa­ción dife­ren­tes. La uni­dad y la dispu­ta es lo que pri­ma en el cam­po popu­lar. Pero el cre­ci­mien­to expo­nen­cial del movi­mien­to de muje­res, las opre­sio­nes que ha des­nu­da­do y la rebel­día que mani­fies­ta preo­cu­pan dema­sia­do a los sec­to­res que nece­si­tan “divi­dir para rei­nar”; a tal pun­to que toman rei­vin­di­ca­cio­nes para poten­ciar las dife­ren­cias y frac­cio­nar al movi­mien­to. Esto es lo que suce­de con aquel pun­to de vis­ta que pone a la pros­ti­tu­ción como un ejer­ci­cio de la liber­tad indi­vi­dual a dis­po­ner del pro­pio cuer­po. Una liber­tad fun­cio­nal sin duda al man­te­ni­mien­to del orden social, inclu­so una legi­ti­ma­ción del cuer­po feme­nino como mer­can­cía. Pero detrás del dis­cur­so de la “liber­tad sexual”, se vigo­ri­zan con­cep­tos que esta­ban en decli­ve del femi­nis­mo libe­ral pos­mo­derno, para dar­le aire y sedu­cir a las nue­vas gene­ra­cio­nes que se for­ja­ron en la ges­ta de un movi­mien­to femi­nis­ta que está ávi­do de revoluciones.

Cuan­do el Minis­te­rio de Desa­rro­llo Social inclu­yó en su Regis­tro Nacio­nal de Tra­ba­ja­do­res y Tra­ba­ja­do­ras de la Eco­no­mía Popu­lar (ReNa­TEP) la cate­go­ría de “tra­ba­jo sexual”, resur­gie­ron esas voces que inclu­so un sec­tor del femi­nis­mo venía negan­do. La de las sobre­vi­vien­tes del sis­te­ma pros­ti­tu­yen­te y las del femi­nis­mo abolicionista. 

Final­men­te la cate­go­ría fue eli­mi­na­da del regis­tro, pero emer­gió nue­va­men­te “la polé­mi­ca”. Los medios hege­mó­ni­cos suben la dis­cu­sión a un ring entre quie­nes bus­can regla­men­tar la pros­ti­tu­ción y quie­nes enten­de­mos que es una de las for­mas de vio­len­cia más estruc­tu­ra­les. El deba­te per­ma­ne­ció “pican­te” en la esce­na mediá­ti­ca por algu­nas sema­nas, y lue­go vol­vió a bajar de tono. Pero la dis­cu­sión no es nue­va, el pro­ble­ma es que muchas veces se la abor­da livia­na­men­te y las posi­cio­nes se dis­cu­ten sin una pers­pec­ti­va que tien­da a pen­sar polí­ti­cas serias para repen­sar la sexua­li­dad, los cuer­pos, el deseo y des­de una mira­da de cla­se como eje cen­tral de la problemática.

HISTORIAS

La dis­cu­sión sobre la pros­ti­tu­ción tie­ne múl­ti­ples aris­tas, algu­nas ya las men­cio­na­mos, se han escri­to pági­nas y pági­nas de papers aca­dé­mi­cos, artícu­los perio­dís­ti­cos, pelí­cu­las y docu­men­ta­les. Detrás de todo eso hay muje­res de car­ne y hue­so, his­to­rias de sufri­mien­to, de sobre­vi­ven­cia y de orga­ni­za­ción. Esta es la mane­ra en que eli­jo “entrar” al tema, dán­do­les la voz a esas muje­res, para que des­de la expe­rien­cia como pun­to de par­ti­da nos ayu­den a refle­xio­nar sobre las impli­can­cias polí­ti­cas y socia­les de que avan­cen los sec­to­res que abo­gan por que el Esta­do regla­men­te la pros­ti­tu­ción como tra­ba­jo sexual. Esto no anu­la bajo nin­gún pun­to de vis­ta, la urgen­cia de que se ela­bo­ren polí­ti­cas públi­cas con­cre­tas que per­mi­tan mejo­rar las con­di­cio­nes de vida de las muje­res en situa­ción de pros­ti­tu­ción, sea cual sea su pos­tu­ra fren­te al debate.

Sasha Zava­le­ta Tapia es una mujer trans, migran­te perua­na, lle­gó a nues­tro país hace más de 15 años como varón; su tran­si­ción de géne­ro la dejó fue­ra del sis­te­ma labo­ral, empe­zó a pros­ti­tuir­se fren­te a la fal­ta de otras opcio­nes. Gra­cie­la Collan­tes es una his­tó­ri­ca mili­tan­te por la abo­li­ción de la pros­ti­tu­ción, fun­da­do­ra de AMADH (Aso­cia­ción de Muje­res por los Dere­chos Huma­nos) y com­pa­ñe­ra de lucha de la recor­da­da Loha­na­Ber­kins. Antes de eso, estu­vo pre­sa del sis­te­ma pros­ti­tu­yen­te. Dos his­to­rias entre muchas, un pun­to de par­ti­da para la intro­ver­sión des­de la empatía.

SASHA

“Es una his­to­ria muy fea la que pasé cuan­do lle­gué acá. Tenía 19 años y me asu­mí como gay, fue difí­cil, a mi mamá le cos­tó acep­tar­lo”. Por aquel enton­ces, como varón, tra­ba­ja­ba para una empre­sa tex­til de una impor­tan­te cade­na de cos­mé­ti­cos que sin embar­go era un lugar clan­des­tino. “No tenía­mos los docu­men­tos y pape­les en regla y nos tenía­mos que escon­der cuan­do lle­ga­ba algu­na ins­pec­ción”, recuerda.

Fue­ron momen­tos difí­ci­les, pero para ella el pro­ble­ma de ver­dad empe­zó cuan­do salía a bai­lar, se empe­zó a teñir el pelo y le gus­tó como le que­da­ba. Asu­mió que se sen­tía mujer, y pese a las dis­cri­mi­na­cio­nes que ya sufría por ser gay, y al recha­zo de su madre, comen­zó su tran­si­ción. “Me puse tres litros de acei­te de avión en la cola, un litro en el pecho y me fui a tra­ba­jar a la calle”, su rela­to es cal­mo, son momen­tos de la vida que sufrió pero que ya sien­te supe­ra­dos. El acei­te de avión es y sigue sien­do la opción para muje­res trans que quie­ren femi­ni­zar su cuer­po y no pue­den acce­der a las ciru­gías de sili­co­nas. Me cuen­ta que se lo puso de for­ma clan­des­ti­na con otra chi­ca trans que “tenía expe­rien­cia en eso”, que era segu­ro y no tenía mie­do… “igual se le murie­ron un par”.

Estu­dió pelu­que­ría y marro­qui­ne­ría, tenía la ilu­sión de poder ingre­sar a una fábri­ca de cue­ro. “Pero me rebo­ta­ron tres veces, tam­po­co tenía dine­ro para poder poner mi pelu­que­ría, así empe­cé a ir a la calle”. De las pri­me­ras veces que salió por la zona de Once, recuer­da que sufrían las per­se­cu­cio­nes de ban­di­tas de pibes que les pedían pla­ta como cupo para poder estar ahí: “eran vio­len­tos y homo­fó­bi­cos y si no les daba te pega­ban y te man­da­ban al hospital…una vez me des­ma­ya­ron de una piña a las 9 de la noche”.

Al prin­ci­pio aten­día 8 o 10 clien­tes por noche. “El mun­do de la pros­ti­tu­ción es horri­ble y peli­gro­so: hay clien­tes que no quie­ren pagar, estas expues­ta a enfer­me­da­des; ganas un poco de dine­ro sí, pero es feo acos­tar­se con hom­bres por dine­ro. Yo no lo hacía por gus­to sino por nece­si­dad. Lo inten­té y no me deja­ron otro recur­so. Es un asco, no podes elegir…puede venir una per­so­na que no te gus­ta, per­so­nas sucias…después esta­ba mucho tiem­po en la ducha por­que me sen­tía sucia y que­ría sacar­me todo el olor de los hombres”.

De esos años comen­ta que no tenía que pagar­le a un ter­ce­ro por su tra­ba­jo, pero sí había otras muje­res que no las que­rían ahí por­que veían a las trans como “com­pe­ten­cia”. La mal­tra­ta­ban, apa­re­cían las ban­di­tas, pero ella vol­vía a ir. Tam­bién había muje­res afro­ame­ri­ca­nas, que tam­bién las veían como riva­les poten­cia­les y que ade­más tra­ba­ja­ban para un cafishio que en gene­ral era el marido.

Le pre­gun­to qué opi­na sobre quie­nes entien­den a la pros­ti­tu­ción como un tra­ba­jo como cual­quier otro – como cui­dar enfer­mos o lavar el baño– y me res­pon­de que su pelea es por el cupo labo­ral trans. “La pros­ti­tu­ción para nada es igual a lavar los pisos o cui­dar enfer­mos, eso es mucho más digno. Hay muchas como yo que no pudi­mos ter­mi­nar la escue­la o que sufri­mos dis­cri­mi­na­ción y por eso lle­ga­mos a la pros­ti­tu­ción, no por­que lo ele­gi­mos”. Sin embar­go, dice que “no se mete” con las que pien­san que es un trabajo.

Ya lle­gan­do al final de nues­tra char­la habla­mos sobre el rol de los varo­nes y por que pocas veces se los invo­lu­cra en esta dis­cu­sión. “El hom­bre se sien­te domi­nan­te, se sien­te un ani­mal. Una vez escu­ché un dicho de que ‘un hom­bre tie­ne que tener una mujer en casa, una mujer por si aca­so y una tra­ves­ti de repuesto’”

Des­pués me cuen­ta que de a poco empe­zó a salir, su actual mari­do fue un clien­te que la ayu­dó tam­bién. Aho­ra for­ma par­te de una orga­ni­za­ción social, tra­ba­ja en un meren­de­ro, hace un pro­gra­ma de radio y sue­ña con poder estu­diar para locu­to­ra. Aun no pudo hacer los trá­mi­tes de cam­bio de iden­ti­dad de géne­ro, por­que comen­ta que para las per­so­nas migran­tes es mucho más difí­cil. La situa­ción en la pan­de­mia es difí­cil, sólo cobra el sala­rio social y tres mil pesos del gobierno de la ciu­dad. “Me enca­na el lugar don­de estoy por­que mi orga­ni­za­ción me da una opor­tu­ni­dad, me sien­to muy bien y conoz­co a la gen­te. Siem­pre vamos por la gen­te pobre”.

GRACIELA

No nece­si­ta dema­sia­das pre­sen­ta­cio­nes. Es una reco­no­ci­da lucha­do­ra por la abo­li­ción del sis­te­ma pros­ti­tu­yen­te, sis­te­ma en el que estu­vo atra­pa­da por varios años pero del que logró salir. Fue fun­da­do­ra de Aso­cia­ción de Mere­tri­ces Argen­ti­nas (AMMAR), don­de las muje­res en situa­ción de pros­ti­tu­ción comen­za­ron a orga­ni­zar­se para cui­dar­se, denun­ciar la exis­ten­cia de los códi­gos con­tra­ven­cio­na­les, la vio­len­cia ins­ti­tu­cio­nal y pelear por sali­das labo­ra­les. Cuan­do AMMAR fue copa­da por quie­nes bus­ca­ban regla­men­tar la pros­ti­tu­ción varias de sus fun­da­do­ras se fue­ron. Hoy pre­si­de la aso­cia­ción civil AMADH, Aso­cia­ción de Muje­res Argen­ti­nas por los Dere­chos Humano, y es periodista.

“Des­de que entré, qui­se salir de la pros­ti­tu­ción, pero no era una tarea fácil. Me lle­vó mucho tiem­po. Me que­da­ban dos vías: o lucha­ba por salir como sea, o me que­da­ba ahí para el res­to de mi vida. Opté por la pri­me­ra opción. Muchas veces ima­gi­né o inclu­so hice pla­nes que, por h o por b, nun­ca podía con­cre­tar por­que no solo se tra­ta­ba de mí sino tam­bién de mi hija, que era menor de edad. Era real­men­te difí­cil lograr­lo por­que si bien yo que­ría irme, ellos tenían a los hijos e hijas como rehe­nes. Cuan­do noso­tras está­ba­mos fue­ra de la casa, eran ellos quie­nes se que­da­ban con nues­tros hijos”. Cuan­do dice ellos, habla de los pro­xe­ne­tas que las explo­ta­ba jun­to a otras muje­res. Eso que se lla­ma “explo­ta­ción sexual”, que se insis­te en afir­mar que ya no exis­te y que lo que supues­ta­men­te aho­ra pri­ma es las que deci­den ele­gir­lo libremente.

Gra­cie­la dice que quien la sal­vó fue su hija, por­que cre­ció y empe­zó a dar­se cuen­ta de algu­nas cosas y comen­zó a con­tar­las en la escue­la. Ella no detec­ta­ba bien qué era lo que pasa­ba, pero sabía que su mamá a veces no vol­vía casa, y cuan­do vol­vía había dis­cu­sio­nes y gol­pi­zas evi­den­tes que le preo­cu­pa­ban. “Empe­zó a con­tar­lo y así me sal­vó, sino no sé que hubie­ra sido de mi vida hoy. Estoy eter­na­men­te agra­de­ci­da con ella. Con sus rela­tos, la escue­la y la jus­ti­cia comen­za­ron a actuar, y el tipo se vio aco­rra­la­do y huyó. Pero no fue tan fácil, sufri­mos muchos años de ame­na­zas y qué se yo. Fue la pri­me­ra vez que no sen­tí ausen­cia del Esta­do, por­que en gene­ral lo que hacían los fun­cio­na­rios del Esta­do, poli­cías y jue­ces eran apo­yar a los pro­xe­ne­tas, no per­se­guir­los (…) esto es jus­ta­men­te lo que noso­tras recla­ma­mos des­de el abo­li­cio­nis­mo, que dejen de per­se­guir a las per­so­nas en pros­ti­tu­ción y comien­cen a poner el ojo don­de tie­nen que poner­lo, que es en quie­nes viven de la explo­ta­ción sexual ajena”

Eso fue el prin­ci­pio para ella, des­pués tuvo la suer­te de encon­trar gen­te que la apo­yó, fun­da­men­tal­men­te muje­res que pasa­ron por su mis­ma situa­ción y Loha­na Ber­kins, quien fue fun­da­men­tal en su vida.

ALGUNAS RESPUESTAS A AFIRMACIONES PELIGROSAS

Cómo sobre­vi­vien­te del sis­te­ma pros­ti­tu­yen­te le pre­gun­to a Gra­cie­la qué opi­na de las visio­nes que ubi­can el ejer­ci­cio de la pros­ti­tu­ción como una libre elec­ción de las muje­res. “Repu­dio esa visión, no solo por­que no fue mi expe­rien­cia sino por­que no es la expe­rien­cia de un mon­tón de muje­res, trans y tra­ves­tis que cono­ce­mos en el terri­to­rio y que se acer­can a nues­tra orga­ni­za­ción. La pros­ti­tu­ción es una opción o un des­tino para noso­tras, las muje­res, trans y tra­ves­tis que no hemos acce­di­do a edu­ca­ción ni tene­mos nues­tros dere­chos huma­nos bási­cos garan­ti­za­dos. Hablar de libre elec­ción es des­co­no­cer no solo la des­igual­dad eco­nó­mi­ca sino tam­bién la des­igual­dad patriar­cal que nos atra­vie­sa y nos obli­ga a hacer cosas que muchas veces ni nos lle­ga­mos a preguntar”

Por otra par­te, des­de bas­tan­te tiem­po el Esta­do no asu­mía una posi­ción acti­va de “habi­li­tar” el deba­te sobre la regu­la­ción de la pros­ti­tu­ción como que­dó cla­ro lue­go del epi­so­dio del regis­tro de la eco­no­mía popu­lar y de que las repre­sen­tan­tes de AMMAR fue­ran reci­bi­das por el Minis­tro de Desa­rro­llo Social, Daniel Arro­yo, y la Minis­tra de Muje­res, Géne­ros y Diver­si­dad, Eli­za­beth Gómez Alcor­ta. Sobre esto, Gra­cie­la entien­de que “el Esta­do no está habi­li­tan­do una dis­cu­sión sino un dis­cur­so que, ade­más, siem­pre ha sido apo­ya­do por cier­tas per­so­na­li­da­des de la polí­ti­ca argen­ti­na y gran­des orga­nis­mos inter­na­cio­na­les como la OIT o par­te de la ONU, pero nadie se había atre­vi­do toda­vía a dar­le tan­to lugar a este dis­cur­so que bana­li­za la lucha de las sobrevivientes”.

Siguien­do con su rela­to refle­xio­na sobre la lógi­ca de la polé­mi­ca, las dos cam­pa­nas y el cam­po de bata­lla: “este diá­lo­go, entre ambas par­tes, es real­men­te difí­cil … por­que impli­ca escu­char dos dis­cur­sos que se con­tra­di­cen: ellas dicen que la solu­ción a nues­tros males se da a par­tir del reco­no­ci­mien­to de la pros­ti­tu­ción como un tra­ba­jo, y noso­tras esta­mos segu­ras que no es por ahí, sino que se tra­ta de que el Esta­do garan­ti­ce nues­tro dere­cho a un tra­ba­jo genuino, a la edu­ca­ción, a una vivien­da, a acce­der a la salud, a no ser explo­ta­das y vio­len­ta­das, todos dere­chos que han sido vul­ne­ra­dos en la pros­ti­tu­ción o que faci­li­tan nues­tro ingre­so a esta. Es indig­nan­te que el Esta­do habi­li­te un dis­cur­so y desoi­ga otro en una temá­ti­ca que es una pro­ble­má­ti­ca com­ple­ja e inclu­ye muchas aris­tas, entre ellas la vul­ne­ra­ción de dere­chos humano”

Ulti­ma pre­gun­ta en nues­tra con­ver­sa­ción ¿Qué opi­nas de la com­pa­ra­ción habi­tual que se hace des­de algu­nos sec­to­res del regla­men­ta­ris­mo de que pros­ti­tuir­se es tan digno como lavar pisos o cui­dar enfer­mos? “Pri­me­ro que nada, creo que no se tra­ta de dig­ni­dad. Todas las per­so­nas son dig­nas, estén en la situa­ción que estén. Ahí ya hay una pri­me­ra tram­pa. Yo no pien­so que mis com­pa­ñe­ras que están en pros­ti­tu­ción no son dig­nas, creo que ven vul­ne­ra­dos sus dere­chos y que su situa­ción de vul­ne­ra­bi­li­dad – que algu­nas otras lla­man tra­ba­jo – debe ser aten­di­da como tal”.

Y de ahí vamos a un tema que pare­ce olvi­da­do o casi tabú, y es el del ejer­ci­cio pleno del goce y la sexua­li­dad de las muje­res. “Si algu­nas de noso­tras expre­sa­mos que pre­fe­ri­mos lavar pisos o cui­dar enfer­mos, es por­que tam­bién enten­de­mos que la sexua­li­dad es un plano de lucha y no la pone­mos en jue­go en otras tareas que pode­mos rea­li­zar. Pros­ti­tuir­se es anu­lar una dimen­sión fun­da­men­tal que es el pla­cer y el dis­fru­te de la pro­pia sexua­li­dad a cos­ta de lle­nar la olla. Eso no es jus­to, por­que en la socie­dad somos las úni­cas que tie­nen que per­der su sexua­li­dad para lograr sobre­vi­vir. Resis­tir­nos a ello, que ade­más es el lugar que la socie­dad patriar­cal más le gus­ta poner­nos, ha lle­va­do a que se nos cata­lo­gue de mora­lis­tas. Lo que yo me pre­gun­to es si real­men­te pue­de con­si­de­rar­se con­ser­va­dor, y sino es más bien bási­co exi­gir el ejer­ci­cio libre de nues­tra sexua­li­dad y de nues­tros dere­chos sexua­les y repro­duc­ti­vos. Lavar pisos o cui­dar enfer­mos para muchas de noso­tras ni siquie­ra ha sido una opción”.

*Comu­ni­ca­do­ra Social (Uni­ver­si­dad Nacio­nal del Comahue) y perio­dis­ta. Pata­gó­ni­ca ‑naci­da y cria­da- actual­men­te vivien­do en Bue­nos Aires. Inte­gra la Red Par (Perio­dis­tas de Argen­ti­na en Red por una Comu­ni­ca­ción No sexis­ta). Co edi­to­ra de Revis­ta Lan­za­lla­mas. Fuen­te: Revis­ta lanzallamas

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