Méxi­co. Zapa­tis­tas: lec­cio­nes de auto-orga­ni­za­ción comunitaria

Anya Briy/​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 2 de julio de 2020

A medi­da que la pan­de­mia de la Covid-19 soca­va los sis­te­mas de salud y las eco­no­mías inclu­so en las nacio­nes más avan­za­das, las redes mutuasy los esfuer­zos de auto­or­ga­ni­za­ción han sur­gi­do en todo el mun­do como mues­tra de soli­da­ri­dad pandémica.

Con el ase­si­na­to poli­cial de Geor­ge Floyd, EE. UU. ha vis­to una mayor expan­sión de la auto­or­ga­ni­za­ción: des­de bonos y fon­dos de ayu­da mutua para mani­fes­tan­tes has­ta patru­llas ciu­da­da­nas en Min­nea­po­lis y una zona autó­no­ma libre de poli­cía en Seattle.

A raíz del caso Floyd, el pri­mer inten­to de abo­lir la poli­cía y reem­pla­zar­la con jus­ti­cia trans­for­ma­do­ra basa­da en la comu­ni­dad está en mar­cha en los EE. UU., pero hay comu­ni­da­des que han esta­do expe­ri­men­tan­do con la auto­or­ga­ni­za­ción sin recu­rrir a los esta­dos que las opri­men o des­po­seen, como Roja­va en el nores­te de Siria, Coope­ra­ción Jack­son en Mis­sis­sip­pi y Zapa­tis­tas en Chiapas.

Los zapa­tis­tas, en par­ti­cu­lar, han pasa­do los últi­mos 26 años orga­ni­zan­do sus comu­ni­da­des de mane­ra autó­no­ma del Esta­do en todas las esfe­ras de la vida, des­de la poli­cía y el sis­te­ma de jus­ti­cia has­ta la aten­ción médi­ca, la eco­no­mía y la edu­ca­ción. A medi­da que somos tes­ti­gos de los lími­tes de lo que se pue­de cam­biar radi­cal­men­te, la expe­rien­cia zapa­tis­ta es más rele­van­te que nunca.

Sien­do estu­dian­te de nue­vas for­mas de demo­cra­cia direc­ta y auto­go­bierno apá­tri­da, via­jé a Chia­pas en diciem­bre pasa­do para asis­tir a un pro­gra­ma de un mes, lla­ma­do «Cele­bra­ción de la Vida», que cul­mi­nó con la cele­bra­ción del 26 ani­ver­sa­rio del levan­ta­mien­to Zapa­tis­ta de 1994, cuan­do cam­pe­si­nos indí­ge­nas de Chia­pas se levan­ta­ron para defen­der sus dere­chos y tie­rras con­tra el Esta­do y los gran­des terratenientes.

Basán­do­me en la inves­ti­ga­ción etno­grá­fi­ca exis­ten­te, así como en mis pro­pias entre­vis­tas y con­ver­sa­cio­nes duran­te el via­je, explo­ro en esta pie­za las carac­te­rís­ti­cas más ins­truc­ti­vas de la orga­ni­za­ción social de los zapa­tis­tas: toma de deci­sio­nes de aba­jo hacia arri­ba, jus­ti­cia autó­no­ma, edu­ca­ción, sis­te­mas de salud y eco­no­mía coope­ra­ti­va, con la espe­ran­za de que poda­mos bene­fi­ciar­nos de ellos al cons­truir nues­tro pro­pio «otro mundo».

Las per­so­nas son las que deciden

En los 26 años pos­te­rio­res al levan­ta­mien­to ini­cial, los zapa­tis­tas se con­vir­tie­ron en una voz des­ta­ca­da de los pue­blos indí­ge­nas de Méxi­co y cons­tru­ye­ron un sis­te­ma autó­no­mo de fac­to de auto­go­bierno en terri­to­rios no con­ti­guos al esta­do de Chia­pas, habi­ta­dos por los par­ti­da­rios del movimiento.

Un prin­ci­pio cla­ve que sub­ya­ce en el pro­yec­to zapa­tis­ta, que ase­gu­ra que las ins­ti­tu­cio­nes autó­no­mas sir­van a la gen­te, es «man­dar obe­de­cien­do», lo que sig­ni­fi­ca lide­rar obe­de­cien­do. Impli­ca que los líde­res polí­ti­cos no toman deci­sio­nes en nom­bre de su comu­ni­dad como sus repre­sen­tan­tes, sino que actúan como dele­ga­dos de la comu­ni­dad, imple­men­tan­do las deci­sio­nes toma­das en las asam­bleas loca­les, un meca­nis­mo tra­di­cio­nal de toma de decisiones.

Estos exis­ten a nivel de aldea y, en con­tras­te con las asam­bleas tra­di­cio­na­les de Méxi­co, inclu­yen muje­res, cuyo empo­de­ra­mien­to ha esta­do en elcen­tro de la revo­lu­ción zapa­tis­ta. Las asam­bleas eli­gen dele­ga­dos para un con­se­jo muni­ci­pal, el siguien­te nivel en la estruc­tu­ra admi­nis­tra­ti­va zapatista.

Lue­go, a nivel regio­nal, varios muni­ci­pios autó­no­mos están repre­sen­ta­dos a tra­vés de dele­ga­dos en Jun­tas del Buen Gobierno (JBG), o Con­se­jos de Buen Gobierno, lla­ma­dos así en con­tras­te con el gobierno mexi­cano «malo». Los miem­bros de JBG sir­ven duran­te 3 años de for­ma rota­ti­va en tur­nos de tan solo unas pocas sema­nas. Dicha rota­ción fre­cuen­te está des­ti­na­da a pre­ve­nir la apa­ri­ción de redes clientelerales.

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El mapa es cor­te­sía de Maël Lho­pi­tal, volun­ta­rio de DESMI.

Cual­quier idea pro­pues­ta en un nivel admi­nis­tra­ti­vo supe­rior pasa por el pro­ce­so de con­sul­ta con cada comu­ni­dad, des­pués de lo cual los dele­ga­dos lle­van la opi­nión de sus comu­ni­da­des a una reu­nión muni­ci­pal. Hay un fuer­te énfa­sis en la toma de deci­sio­nes por con­sen­so, aun­que eso a menu­do sig­ni­fi­ca asis­tir a reunio­nes de un día en las que todos deben ser escu­cha­dos, y la deci­sión no se toma has­ta que se lle­ga a un compromiso.

Los líde­res se eli­gen de acuer­do con la tra­di­ción indí­ge­na de car­ga, una obli­ga­ción de ser­vir a la comu­ni­dad, y se com­pro­me­ten a pues­tos de res­pon­sa­bi­li­dad no remu­ne­ra­dos. Las comu­ni­da­des tie­nen dere­cho a revo­car el man­da­to de aque­llos fun­cio­na­rios que no cum­plan con su deber de ser­vir a la gente.

La for­ma­ción polí­ti­co-mili­tar EZLN (Ejér­ci­to Zapa­tis­ta de Libe­ra­ción Nacio­nal), que se había orga­ni­za­do clan­des­ti­na­men­te des­de 1983 y que cul­mi­nó en el levan­ta­mien­to de 1994 y las ocu­pa­cio­nes de tie­rras, exis­te para­le­la­men­te a los tres nive­les de admi­nis­tra­ción autó­no­ma y da direc­ción polí­ti­ca al movi­mien­to. Si bien está orga­ni­za­do jerár­qui­ca­men­te, su cuer­po más alto está for­ma­do por civi­les ele­gi­dos por asam­bleas comu­ni­ta­rias. Ade­más, su pre­sen­cia en los asun­tos comu­na­les es limi­ta­da para garan­ti­zar un ver­da­de­ro auto­go­bierno demo­crá­ti­co de las comu­ni­da­des zapatistas.

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El sub­co­man­dan­te Moi­sés está hacien­do una decla­ra­ción en la cele­bra­ción del ani­ver­sa­rio, rodea­do por el res­to del CCRI-CG, el cuer­po más alto del EZLN (Comi­té Clan­des­tino Revo­lu­cio­na­rio Indí­ge­na-Coman­do Gene­ral). | Foto: Anya Briy

Tras adop­tar una posi­ción de recha­zo a cual­quier ayu­da del lla­ma­do gobierno «malo», los zapa­tis­tas asu­mie­ron la fun­ción esta­tal de pres­ta­ción de ser­vi­cios en las comu­ni­da­des afi­lia­das al movi­mien­to. Eso sig­ni­fi­ca­ba cons­truir sus pro­pios sis­te­mas comu­ni­ta­rios de jus­ti­cia, edu­ca­ción, salud y producción.

Sis­te­ma de justicia

El sis­te­ma de jus­ti­cia zapa­tis­ta ha gana­do con­fian­za y legi­ti­mi­dad inclu­so más allá de los par­ti­da­rios del movi­mien­to. Es gra­tui­to, se lle­va a cabo en len­guas indí­ge­nas y se com­prue­ba que es menos corrup­to o par­cial en com­pa­ra­ción con las ins­ti­tu­cio­nes guber­na­men­ta­les de jus­ti­cia. Pero lo que es más impor­tan­te: adop­ta un enfo­que res­tau­ra­dor en lugar de puni­ti­vo y pone énfa­sis en la nece­si­dad de encon­trar un com­pro­mi­so que satis­fa­ga a todas las partes.

Arrai­ga­do en la comu­ni­dad, el sis­te­ma cons­ta de tres nive­les: el pri­mer nivel se refie­re a cues­tio­nes entre los par­ti­da­rios zapa­tis­tas, como chis­mes, robos, borra­che­ras o dispu­tas domés­ti­cas. Dichos casos son resuel­tos por las auto­ri­da­des elec­tas o, si es nece­sa­rio, por la asam­blea comu­nal, según la prác­ti­ca habi­tual. Al resol­ver con­flic­tos, las auto­ri­da­des fun­cio­nan en gran medi­da como media­do­res, pro­po­nien­do solu­cio­nes a las par­tes invo­lu­cra­das. Si no se resuel­ven, los casos pasan al siguien­te nivel muni­ci­pal, don­de son tra­ta­dos por una Comi­sión de Honor y Jus­ti­cia elegida.

La mayo­ría de las veces, las sen­ten­cias invo­lu­cran ser­vi­cio comu­ni­ta­rio o una mul­ta; las penas de cár­cel nor­mal­men­te no exce­den varios días. Como Melis­sa For­bis expli­ca, la cár­cel comu­ni­ta­ria gene­ral­men­te es solo una habi­ta­ción cerra­da con una puer­ta par­cial­men­te abier­ta para que las per­so­nas pue­dan pasar a con­ver­sar y pasar comi­da. Dado que el o la infrac­to­ra a menu­do tie­ne que pedir pres­ta­do dine­ro a los miem­bros de su fami­lia para pagar una san­ción, estos tam­bién están invo­lu­cra­dos y su pre­sión ayu­da a pre­ve­nir una mayor trans­gre­sión. Las cues­tio­nes domés­ti­cas rela­cio­na­das con la mujer son abor­da­das por las muje­res en la Comisión.

Maria­na Mora ofre­ce una ilus­tra­ción reve­la­do­ra del enfo­que del movi­mien­to hacia el cas­ti­go, docu­men­tan­do un caso en el que los zapa­tis­tas emi­tie­ron una sen­ten­cia de ser­vi­cio comu­ni­ta­rio de un año por un robo. A los decla­ra­dos cul­pa­bles se les per­mi­tió alter­nar el ser­vi­cio con el tra­ba­jo en sus pro­pios cam­pos de maíz para que sus fami­lias no tuvie­ran que com­par­tir el cas­ti­go. La Comi­sión expli­có su deci­sión de la siguien­te manera:

«Pen­sa­mos que si sim­ple­men­te los encar­ce­la­mos, los que real­men­te sufren son los miem­bros de la fami­lia. Los cul­pa­bles sim­ple­men­te des­can­san todo el día en la cár­cel y aumen­tan de peso, pero sus fami­lias son las que tie­nen que tra­ba­jar en el mai­zal y des­cu­brir cómo sobrevivir.»

El nivel más alto del sis­te­ma de jus­ti­cia, el de JBG, se ocu­pa de casos que invo­lu­cran prin­ci­pal­men­te a no zapa­tis­tas u otras orga­ni­za­cio­nes polí­ti­cas loca­les, gene­ral­men­te en dispu­tas sobre tie­rras, así como a las auto­ri­da­des guber­na­men­ta­les loca­les. Los no zapa­tis­tas bus­can el sis­te­ma de jus­ti­cia autó­no­mo no solo cuan­do tie­nen dispu­tas con miem­bros de las comu­ni­da­des zapa­tis­tas, sino tam­bién cuan­do expe­ri­men­tan un tra­to injus­to por par­te de los fun­cio­na­rios del gobierno, en cuyo caso los zapa­tis­tas pue­den deci­dir acom­pa­ñar a los deman­dan­tes a la ofi­ci­na públi­ca y dis­cu­tir en su nombre.

Si bien los zapa­tis­tas toda­vía tie­nen poli­cía, es bas­tan­te dife­ren­te de cómo esta­mos acos­tum­bra­dos a pen­sar en ello. Como docu­men­ta Pau­li­na Fer­nán­dez Christlieb, no son arma­dos, ni uni­for­ma­dos, ni pro­fe­sio­na­les. Al igual que otras auto­ri­da­des, la poli­cía es ele­gi­da por su comu­ni­dad; no son remu­ne­ra­dos y no sir­ven en esta fun­ción de for­ma per­ma­nen­te. Cada comu­ni­dad tie­ne su pro­pia poli­cía, mien­tras que los nive­les admi­nis­tra­ti­vos más altos, los del muni­ci­pio y la región, no la tie­nen. Des­cen­tra­li­za­dos y des­pro­fe­sio­na­li­za­dos, los poli­cías sir­ven y están bajo el con­trol de la comu­ni­dad que los elige.

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Dan­ce fes­ti­val as part of the month-long pro­gram, called “Cele­bra­tion of Life”: mem­bers of a Zapa­tis­ta com­mu­nity are enac­ting life after 1994. Signs say “Edu­ca­tion,” “Health,” and “Collec­ti­ve Work.” | Pho­to: Anya Briy

Edu­ca­ción

El sis­te­ma edu­ca­ti­vo zapa­tis­ta está igual­men­te arrai­ga­do en la comu­ni­dad. Las escue­las autó­no­mas son admi­nis­tra­das por los lla­ma­dos «pro­mo­to­res de la edu­ca­ción», prin­ci­pal­men­te jóve­nes loca­les que ense­ñan en sus pro­pias comu­ni­da­des bajo la super­vi­sión de un comi­té de edu­ca­ción ele­gi­do por una asam­blea local.

Des­de el lan­za­mien­to del sis­te­ma edu­ca­ti­vo autó­no­mo, los zapa­tis­tas han lle­va­do a cabo pro­gra­mas de capa­ci­ta­ción para pre­pa­rar a los pro­mo­to­res edu­ca­ti­vos y desa­rro­llar un plan de estu­dios en cola­bo­ra­ción con gru­pos soli­da­rios, ONG y volun­ta­rios de afue­ra, así como en con­sul­ta con la pobla­ción local. Hoy las comu­ni­da­des tie­nen sus pro­pios pro­fe­sio­na­les que capa­ci­tan a nue­vos pro­mo­to­res. Al igual que otros pues­tos de auto­ri­dad y res­pon­sa­bi­li­dad, los pro­mo­to­res no reci­ben sala­rios y la comu­ni­dad a menu­do los ayu­da a cul­ti­var sus cam­pos de maíz.

El plan de estu­dios está inte­gra­do en la vida de la comu­ni­dad y está dise­ña­do para pre­pa­rar a una nue­va gene­ra­ción para tareas de gober­nan­za y auto­su­fi­cien­cia, que inclu­yen temas como auto­no­mía, his­to­ria, agro­eco­lo­gía y medi­ci­na vete­ri­na­ria. Las cla­ses se impar­ten tan­to en espa­ñol como enlen­guas indí­ge­nas, con énfa­sis en la pre­ser­va­ción de las tra­di­cio­nes y cono­ci­mien­tos loca­les. La comu­ni­dad par­ti­ci­pa acti­va­men­te en la deter­mi­na­ción de la meto­do­lo­gía y el plan de estu­dios, como lo ilus­tra el comen­ta­rio de un pro­mo­tor de edu­ca­ción de una de las comu­ni­da­des,cita­do por Bruno Baronnet:

«Con­sul­ta­mos a nues­tro comi­té de edu­ca­ción y nues­tra asam­blea sobre los ver­da­de­ros cono­ci­mien­tos que son impor­tan­tes para nues­tra gen­te. Son las per­so­nas las que deci­den y res­pe­ta­mos su opi­nión, inclu­so si a veces no estoy de acuer­do, como el otro día duran­te la asam­blea, cuan­do me orde­na­ron que ya no juga­ra con niños duran­te las horas de escue­la por­que algu­nos padres pien­san que uno no pue­de apren­der mien­tras se divier­te. No sabía cómo decir­les que no es del todo cier­to, pero los con­ven­ce­ré la pró­xi­ma vez. (Tra­duc­ción de la auto­ra, del francés).»

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Los jóve­nes zapa­tis­tas están repre­sen­tan­do su vida antes de 1994, pre­ten­dien­do beber cer­ve­za y sos­te­nien­do un car­tel con el nom­bre de un recien­te pro­gra­ma de ayu­da guber­na­men­tal, Sem­bran­do Vida. | Foto: Anya Briy

Cui­da­do de la salud

Los zapa­tis­tas tam­bién han desa­rro­lla­do su pro­pio sis­te­ma de salud, aun­que toda­vía se uti­li­za la ayu­da de espe­cia­lis­tas no zapa­tis­tas. La mayo­ría de las comu­ni­da­des tie­nen un volun­ta­rio local, un pro­mo­tor de salud, que reci­be capa­ci­ta­ción en medi­ci­na tra­di­cio­nal y moder­na en los cen­tros de salud regio­na­les orga­ni­za­dos por los zapa­tis­tas. Estos volun­ta­rios brin­dan ser­vi­cios bási­cos en una casa de salud local.

El tra­ta­mien­to más avan­za­do está dis­po­ni­ble en clí­ni­cas ubi­ca­das en cru­ces de cami­nos y en algu­nos de los cen­tros muni­ci­pa­les. La clí­ni­ca en Oven­tic, por ejem­plo, es una de las más sofis­ti­ca­das: ofre­ce ciru­gía bási­ca regu­lar, clí­ni­cas den­ta­les, gine­co­ló­gi­cas y oftal­mo­ló­gi­cas; alber­ga un labo­ra­to­rio, un taller de hier­bas, una doce­na de camas para admi­sio­nes y está equi­pa­do con ambu­lan­cias. Los comi­tés de coor­di­na­ción de salud, al igual que los de edu­ca­ción, exis­ten en cada nivel admi­nis­tra­ti­vo, lo que garan­ti­za la par­ti­ci­pa­ción de las comu­ni­da­des en la admi­nis­tra­ción del sis­te­ma de salud autónomo.

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Muje­res zapa­tis­tas que salían de una clí­ni­ca ubi­ca­da en el cara­col More­lia, don­de se reali­zó el encuen­tro inter­na­cio­nal de muje­res, que tam­bién for­ma par­te del pro­gra­ma de un mes y el ani­ver­sa­rio. | Foto: Anya Briy

En las comu­ni­da­des mix­tas, don­de los zapa­tis­tas coexis­ten con los no zapa­tis­tas, los ser­vi­cios autó­no­mos están abier­tos a todos. Me dije­ron, por ejem­plo, que los padres no zapa­tis­tas envia­ron a sus hijos a escue­las autó­no­mas por­que saben que son de mejor cali­dad. Lo mis­mo se apli­ca a las clí­ni­cas zapa­tis­tas, ya que la fal­ta de médi­cos en las comu­ni­da­des indí­ge­nas es común.

Pro­duc­ción: Para Todos Todo, Para Noso­tros Nada

El fun­cio­na­mien­to del gobierno autó­no­mo, las escue­las y clí­ni­cas, así como otros pro­yec­tos colec­ti­vos, se finan­cia con los ingre­sos de las coope­ra­ti­vas y los colec­ti­vos de tie­rras. Estos están en el cen­tro de la aspi­ra­ción de los zapa­tis­tas de alcan­zar la auto­su­fi­cien­cia eco­nó­mi­ca del Esta­do y cons­truir una eco­no­mía basa­da en la dis­tri­bu­ción equi­ta­ti­va de los recursos.

Si bien las coope­ra­ti­vas y los colec­ti­vos coexis­ten con los terre­nos fami­lia­res y el empren­di­mien­to indi­vi­dual, la par­ti­ci­pa­ción en el tra­ba­jo colec­ti­vo de for­ma rota­to­ria es obli­ga­to­ria. Tam­bién hay ban­cos popu­la­res en for­ma de fon­dos rota­ti­vos que otor­gan prés­ta­mos a bajo inte­rés a los miem­bros de las comu­ni­da­des como base de apo­yo. Estos ban­cos gene­ran fon­dos que se invier­ten en nue­vos pro­yec­tos colec­ti­vos. Algu­nos pro­yec­tos colec­ti­vos son solo para muje­res y tie­nen la inten­ción de brin­dar una opor­tu­ni­dad para que las muje­res ganen con­fian­za y par­ti­ci­pen en la vida social de sus comunidades.

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María, miem­bro de una comu­ni­dad zapa­tis­ta, com­par­tió su expe­rien­cia y com­pren­sión de muchos aspec­tos de la lucha zapa­tis­ta, inclui­do el com­pro­mi­so con el tra­ba­jo colec­ti­vo. | Foto: Anya Briy

Otro mun­do es posible

Los desa­fíos que enfren­ta el movi­mien­to zapa­tis­ta son muchos. Van des­de deser­cio­nes como resul­ta­do de la cam­pa­ña de coop­ta­ción del gobierno a tra­vés de sub­si­dios y pro­gra­mas de mejo­ra, has­ta la depen­den­cia del finan­cia­mien­to por par­te de ONG soli­da­rias y la per­sis­ten­cia de ten­den­cias patriar­ca­les y des­igual­da­des internas.

Sin embar­go, a pesar de los desa­fíos, en 26 años de lucha por la auto­no­mía, los zapa­tis­tas han cons­trui­do acuer­dos socia­les fun­cio­na­les basa­dos​en la demo­cra­cia de aba­jo hacia arri­ba, la coope­ra­ción y la jus­ti­cia comu­ni­ta­ria, que colo­can el bien­es­tar de la comu­ni­dad por enci­ma del bene­fi­cio individual.

A tra­vés de estos acuer­dos, las comu­ni­da­des zapa­tis­tas han ase­gu­ra­do los dere­chos, la pro­tec­ción y las nece­si­da­des bási­cas que el Esta­do mexi­cano les ha nega­do o no ha podi­do pro­por­cio­nar­les. Como seña­ló recien­te­men­te Dora Roble­ro de Fray­ba, una orga­ni­za­ción que ha esta­do acom­pa­ñan­do a los zapa­tis­tas des­de el prin­ci­pio, los zapa­tis­tas pue­den ser la úni­ca comu­ni­dad en Méxi­co más pre­pa­ra­da para resis­tir la pan­de­mia, gra­cias a su auto­or­ga­ni­za­ción de ser­vi­cios bási­cos duran­te años.

Dado que los Esta­dos no pro­te­gen ni brin­dan ser­vi­cios a tan­tos ciu­da­da­nos en todo el mun­do, la expe­rien­cia zapa­tis­ta ofre­ce una alter­na­ti­va ins­pi­ra­do­ra cen­tra­da en la comunidad.

FUENTE: des­In­for­me­mo­nos

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