Vene­zue­la: Ame­na­zas bajo ase­dio imperialista

por Nor­ber­to Bacher, Resu­men Latinoamericano,18 mayo 2020

El pasa­do domin­go 3 Venezuela
vol­vió a ser noti­cia para las gran­des cade­nas mediá­ti­cas que
mode­lan la opi­nión públi­ca. Aca­ba­ba de frus­trar­se un nue­vo intento
de ata­que mili­tar con­tra el gobierno de Madu­ro. Esta vez
pro­ta­go­ni­za­do por un gru­po para­mi­li­tar de la dere­cha, arma­do y
entre­na­do en la veci­na Colom­bia, que inten­tó esta­ble­cer una suerte
de cabe­ce­ra insu­rrec­cio­nal des­em­bar­can­do en las pla­yas de La Guaira,
cer­ca­nas a Caracas.

Lla­ma­ti­va­men­te, des­de la eclosión
de la pan­de­mia viral, las ciu­da­des vene­zo­la­nas habían desaparecido
de las pan­ta­llas tele­vi­si­vas. Mos­tra­ban los cadá­ve­res aban­do­na­dos en
las calles de Gua­ya­quil o los camio­nes fri­go­rí­fi­cos trans­for­ma­dos en
mor­gues sus­ti­tu­tas en Nue­va York. El inocul­ta­ble horror igualó
cir­cuns­tan­cial­men­te al capi­ta­lis­mo arro­di­lla­do con el capitalismo
domi­nan­te. Con un cinis­mo, que ade­más se cree inge­nio­so, los
comen­ta­ris­tas de esa pren­sa cana­lla con­ta­rían des­pués que “el
virus es demo­crá­ti­co” por­que nadie está a salvo.

Tam­po­co se mos­tra­ron imá­ge­nes de la
exten­di­da fron­te­ra colom­bo- vene­zo­la­na, ni siquie­ra la del puente
que las une en Cúcu­ta, por don­de están regre­san­do a su país miles
de migran­tes vene­zo­la­nos des­en­can­ta­dos, que hace poco las cru­za­ron en
sen­ti­do inver­so, bus­can­do en las eco­no­mías de libre mer­ca­do de los
paí­ses veci­nos la esta­bi­li­dad eco­nó­mi­ca que ya no puede
garan­ti­zar­les el esta­tis­mo de la denos­ta­da “dic­ta­du­ra” chavista. 

Debe recor­dar­se que hace apenas
quin­ce meses atrás, median­te la cober­tu­ra de esas cadenas
inter­na­cio­na­les, la aten­ción públi­ca mun­dial se foca­li­zó en ese
mis­mo puen­te, como par­te de una mega ope­ra­ción mon­ta­da por el
impe­ria­lis­mo yan­qui. Supues­ta­men­te se ini­cia­ba “una ruta” que
debía cul­mi­nar ese mis­mo año con el derrum­be del gobierno de
Madu­ro, reelec­to en mayo de 2018 y des­co­no­ci­do por la bancada
dere­chis­ta de la Asam­blea Nacio­nal, que unos días antes había
ava­la­do la auto­pro­cla­ma­ción de uno de sus miem­bros menos relevantes
para sus­ti­tuir al líder boli­va­riano en la pre­si­den­cia de la
República. 

Hoy nadie se acuer­da de aquella
pro­vo­ca­ción que se pre­ten­dió pre­sen­tar con tin­tes épi­cos y de
cru­za­da liber­ta­do­ra. El igno­to dipu­tado dere­chis­ta que la encabezó
es un cadá­ver polí­ti­co y la ban­ca­da opo­si­to­ra, que se sumó a esos
pla­nes, está fracturada. 

Sólo que­da en pie la lar­ga obsesión
y obs­ti­na­ción del impe­ria­lis­mo yan­qui, asu­mi­da con mayor agresividad
por el gobierno de Trump, para liqui­dar a la Revo­lu­ción Bolivariana.
Entre aque­lla ope­ra­ción ini­cia­da en febre­ro de 2019 y el reciente
inten­to inva­si­vo hay un cla­ro nexo estra­té­gi­co de derro­ca­mien­to del
gobierno de Madu­ro y aplas­ta­mien­to del pro­ce­so boli­va­riano, que tiene
varios bra­zos eje­cu­to­res, pero una direc­ción de man­do única,
polí­ti­ca, mili­tar y logís­ti­ca, en Washington.

Sus pla­ni­fi­ca­do­res se han
con­ven­ci­do, a tra­vés de los fra­ca­sos de este tiem­po, que para lograr
este obje­ti­vo final no les alcan­za con entu­sias­mar por unas sema­nas a
la base social anti­cha­vis­ta con las fal­sas pro­me­sas de un mal
come­dian­te, actuan­do de “pre­si­den­te vir­tual”, sin terri­to­rio ni
man­do. Com­pro­ba­ron que tam­po­co es tan sen­ci­llo soli­vian­tar con­tra el
gobierno a las bases popu­la­res del cha­vis­mo, civi­les o mili­ta­res, a
pesar de las serias difi­cul­ta­des coti­dia­nas que atra­vie­sa la
población. 

Por eso en los últi­mos años
acen­tua­ron el cer­co median­te las san­cio­nes eco­nó­mi­cas, el secuestro
de bie­nes que el Esta­do vene­zo­lano tie­ne en el exte­rior y – lo
más gra­ve – la recien­te opción por una acción bélica
des­em­bo­za­da, como lo mues­tra el des­pla­za­mien­to, hace pocas semanas,
hacia aguas cari­be­ñas de una pode­ro­sa flo­ta, con el pre­tex­to de
com­ba­tir a un “nar­co­es­tado”,
a lo que se suma el epi­so­dio de días pasados.

VIRUS Y ESTADO

Sin dis­tin­go de geo­gra­fías el virus
es una nue­va ame­na­za. Su poten­cial infec­ti­vo, su meca­nis­mo expansivo
y el gra­do de leta­li­dad es el mis­mo en cual­quier lugar. Sin recursos
medi­ca­men­to­sos para neu­tra­li­zar­lo o com­ba­tir­lo la tera­péu­ti­ca casi
exclu­yen­te se redu­ce al “reme­dio social” del confinamiento
indi­vi­dual o de familias. 

Un “reme­dio” que, jus­ta­men­te por
ser social, no todas los paí­ses están en igual capa­ci­dad y
dis­po­si­ción de apli­car. Por­que depen­de tan­to de las deci­sio­nes que
se adop­tan en la cúpu­la de la socie­dad, des­de el Esta­do, como de la
capa­ci­dad de res­pues­ta cul­tu­ral y orga­ni­za­ti­va que exis­te en sus
bases, en todo el entra­ma­do social.

En esta cri­sis sani­ta­ria mun­dial se
han vis­to todo un arco de polí­ti­cas guber­na­men­ta­les en cuan­to a la
impo­si­ción del con­fi­na­mien­to social. Deci­sio­nes, que en gran medida,
estu­vie­ron supe­di­ta­das a la mayor o menor subor­di­na­ción de cada
gobierno a las pre­sio­nes de los gru­pos eco­nó­mi­cos, que bajo ninguna
cir­cuns­tan­cia son pro­cli­ves a podar sus ganancias. 

En las esta­dís­ti­cas de con­ta­gios y
leta­li­dad del virus están las hue­llas de esas deci­sio­nes políticas.
Para des­en­can­to y dis­gus­to de muchos “ana­lis­tas especializados”
de las cade­nas mediá­ti­cas, las que mues­tra Vene­zue­la en esta
emer­gen­cia la ubi­can muy por deba­jo de las que están a la cabe­za en
la región y a años luz de los datos catas­tró­fi­cos de las grandes
eco­no­mías capi­ta­lis­tas. Un resul­ta­do que, ade­más, sería imposible
de lograr en una socie­dad azo­ta­da por una “cri­sis humanitaria”,
como intere­sa­da­men­te se difun­dió en los últi­mos años, con la clara
inten­ción de jus­ti­fi­car los suce­si­vos inten­tos de derro­ca­mien­to del
gobierno.

Sin embar­go las cifras no explican
las cau­sas. Es pre­ci­sa­men­te en los dos nive­les seña­la­dos, el del
Esta­do y el de la orga­ni­za­ción social, don­de deben bus­car­se las
ven­ta­jas que mues­tra la Vene­zue­la boli­va­ria­na para enfren­tar la
pan­de­mia, a pesar del casi cons­tan­te ase­dio impe­ria­lis­ta en estos
vein­te años. Por nece­si­dad de enfren­tar a un enemi­go visi­ble y
pre­vi­si­ble, aho­ra está en mejo­res con­di­cio­nes para con­te­ner la
ame­na­za ines­pe­ra­da e imprevisible.

Las ven­ta­jas acu­mu­la­das son notorias
en ambos pla­nos. La mayor auto­no­mía fren­te a los intere­ses del
capi­tal está en los orí­ge­nes del pro­ce­so boli­va­riano, por­que no
nació patro­ci­na­do por nin­gu­na de sus frac­cio­nes, aun­que en un
prin­ci­pio se pro­pu­so la impo­si­ble tarea de huma­ni­zar­lo. Por tan­to el
gobierno no tuvo nin­gu­na vaci­la­ción para impo­ner la cuarentena,
anti­ci­pán­do­se a la detec­ción del virus en su terri­to­rio, cuan­do se
com­pro­bó que la pro­pa­ga­ción en los paí­ses veci­nos era exponencial.
Una deci­sión polí­ti­ca cuyo cos­to es la pará­li­sis eco­nó­mi­ca y el
aumen­to de las ten­sio­nes socia­les que se gene­ran cuan­do los intereses
gene­ra­les – el “bien
común”
social, en este
caso el de la salud – tie­nen prio­ri­dad sobre los múltiples
intere­ses par­ti­cu­la­res y sec­to­ria­les, que se ven afectados.
Obvia­men­te el pri­me­ro con el que coli­sio­na es con el “del mercado”,
es decir el del capi­tal en todas sus expre­sio­nes, por­que afec­tan sus
ganan­cias. Una con­fron­ta­ción que no espan­ta al cha­vis­mo ni es nueva
en su historia.

Tam­bién for­ma par­te de esa
his­to­ria del cha­vis­mo el impul­so a la orga­ni­za­ción social, que se
acre­cen­tó por la nece­si­dad de con­tra­rres­tar el daño cau­sa­do por
una “gue­rra eco­nó­mi­ca”, no bus­ca­da ni desea­da y aho­ra son
ins­tru­men­tos efi­cien­tes para amor­ti­guar las difi­cul­ta­des generadas
por la cua­ren­te­na. Entre los mis­mos debe resal­tar­se el desa­rro­llo de
una amplia tra­ma de orga­ni­za­cio­nes de las bases popu­la­res, que en
estos años aza­ro­sos se afian­za­ron en la tarea cen­tral de
dis­tri­bu­ción de ali­men­tos sub­si­dia­dos, los Comi­tés Loca­les de
Abas­te­ci­mien­to y Pro­duc­ción (CLAP), vin­cu­la­dos direc­ta­men­te al
apa­ra­to esta­tal; aque­llas que refle­jan dis­tin­tos nive­les de
auto-orga­ni­za­ción social, tan­to para las tareas comu­ni­ta­rias como
para la pro­duc­ción, como los Con­se­jos comu­na­les y las Comu­nas y
tam­bién las orga­ni­za­ción polí­ti­ca de las bases del PSUV, más
vin­cu­la­das a la movi­li­za­ción popu­lar, con amplia cobertura
terri­to­rial, por muni­ci­pio y por parro­quia, ade­más de un sinnúmero
de “colec­ti­vos”, que expre­san la plu­ra­li­dad de ver­tien­tes que
sos­tie­nen al pro­ce­so boli­va­riano. En ante­rio­res oca­sio­nes la acción
con­jun­ta de estas orga­ni­za­cio­nes de base con el sis­te­ma sani­ta­rio no
tra­di­cio­nal crea­do por la Revo­lu­ción, Barrio Aden­tro, obtu­vo muy
bue­nos resul­ta­dos. Pue­de espe­rar­se que en esta situa­ción se logre
igual eficacia.

La expan­sión viral tam­bién deja
entre sus víc­ti­mas al mito neo­li­be­ral – levan­ta­do como una verdad
reve­la­da e incues­tio­na­ble – que la supues­ta inefi­cien­cia de los
Esta­dos jus­ti­fi­ca achi­car sus esfe­ras de acción al míni­mo, entre
ellas las de salud. El mal desem­pe­ño mos­tra­do en la actual
emer­gen­cia por los Esta­dos que apli­ca­ron a raja­ta­bla esas políticas
abrió, para dis­gus­to de la dere­cha más reac­cio­na­ria, un debate
amplio sobre el tema. 

Pero redu­cir el deba­te a “más o
menos Esta­do”, o sea hacia que sec­to­res se redis­tri­bu­ye el
pre­su­pues­to fis­cal y en qué mon­to, es esqui­var­le al problema
cen­tral: el tipo de Esta­do que nece­si­ta la socie­dad y a que intereses
responde. 

Para los socia­lis­tas la res­pues­ta es
pre­ci­sa. Si se pre­ten­de un Esta­do que res­pon­da al inte­rés gene­ral y
pro­mue­va el “bien común
de la socie­dad, es decir para todos, no sólo para los sec­to­res con
capa­ci­dad dine­ra­ria, no pue­de ser un Esta­do supe­di­ta­do a garantizar
las ganan­cias del capi­tal, para redis­tri­buir­las, mejor o peor. Para
con­cre­tar ese “bien
común
” nece­sa­ria­men­te
habrá que tran­si­tar de las actua­les socie­da­des de la desigualdad
cre­cien­te a una de igual­dad social, que sólo es con­ce­bi­ble y
rea­li­za­ble en una socie­dad sin cla­ses explo­ta­do­ras. Ambos aspectos
son inse­pa­ra­bles e imprescindibles.

Chá­vez lo decía así:”
para aca­bar con la pobre­za hay que dar­le Poder a los pobres
”.

EL PRETEXTO IMPERIALISTA

La con­vi­ven­cia entre el proceso
boli­va­riano y los intere­ses del impe­ria­lis­mo yan­qui en el país y en
la región nun­ca fue apa­ci­ble. Por el con­tra­rio, la hos­ti­li­dad de los
dis­tin­tos gobier­nos de EE.UU. se mani­fes­tó por accio­nes que van
des­de innu­me­ra­bles actos de intro­mi­sión en la polí­ti­ca interna
vene­zo­la­na has­ta el abier­to apo­yo a gol­pes fra­ca­sa­dos. Con Madu­ro en
la pre­si­den­cia, des­de 2013, el impe­ria­lis­mo se tra­zó como ruta para
su derro­ca­mien­to impul­sar la gue­rra civil, para lo cual cuen­ta con el
auxi­lio interno del sec­tor fas­cis­ta de la dere­cha. Para ese fin viene
ensa­yan­do diver­sos ata­jos, terro­ris­mo, revuel­tas callejeras,
suble­va­cio­nes mili­ta­res, ase­si­na­tos, etc. Aun­que nove­do­so por su
for­ma ope­ra­ti­va, el recien­te inten­to es uno más en ese camino y hay
fir­mes razo­nes para pen­sar que tam­po­co será el último

Se asis­te a una esca­la­da agre­si­va en
la cual el impe­ria­lis­mo está urgi­do en apu­rar el paso. Es necesario
enten­der las varia­das moti­va­cio­nes que con­flu­yen en esta decisión.
Si en el frus­tra­do gol­pe de 2002 la mano impe­ria­lis­ta movió a sus
peo­nes de turno por el ries­go de per­der el con­trol secu­lar que tuvo
sobre el petró­leo cari­be­ño, esa no es la preo­cu­pa­ción actual de
las cúpu­las de EE.UU. Aho­ra logra­ron el auto­abas­te­ci­mien­to petrolero
y pue­de acu­mu­lar­lo, aun­que las reser­vas que bor­dean al Orinoco
siem­pre son un bien codi­cia­ble para sus multinacionales. 

La urgen­cia impe­ria­lis­ta pasa ahora
por con­so­li­dar su pre­do­mi­nio polí­ti­co y eco­nó­mi­co en el continente,
des­con­tan­do que el mili­tar nadie pue­de dis­pu­tár­se­lo. Una urgencia
que se acre­cien­ta por dos razo­nes. La pri­me­ra es la ame­na­zan­te sombra
del rebro­te de una cri­sis eco­nó­mi­ca glo­bal, más gra­ve que la de
2008 – nun­ca resuel­ta, aun­que miti­ga­da por bre­ves lap­sos de
recu­pe­ra­ción – lo cual ten­sa en extre­mo la disputa
inter­ca­pi­ta­lis­ta glo­bal que, bajo la for­ma de una “gue­rra
comer­cial”, man­tie­ne con la ascen­den­te Chi­na y tam­bién con Rusia,
una reno­va­da poten­cia mili­tar. En esa con­fron­ta­ción Amé­ri­ca Latina
es sólo una par­te de un tea­tro de ope­ra­cio­nes más exten­so, pero es
la par­te que los yan­quis con­si­de­ran su into­ca­ble retaguardia. 

Ade­más, el rever­de­cer de la crisis
tam­bién encuen­tra a la eco­no­mía de EE.UU. – la más gran­de del
mun­do – en peo­res con­di­cio­nes estruc­tu­ra­les que la de su oponente
orien­tal, y sin duda que­da­rá más ave­ria­da por la gestión
irra­cio­nal de su gobierno para enfren­tar la pan­de­mia, tan­to en lo
social como en lo económico. 

La segun­da razón es que las
gobier­nos dere­chis­tas de la región, que fun­cio­nan como fuerza
ope­ra­ti­va de los intere­ses estra­té­gi­cos impe­ria­lis­tas, vienen
sufrien­do noto­rios reve­ses en el últi­mo año, tan­to a cau­sa de los
desas­tres eco­nó­mi­cos y socia­les que pro­du­cen, por caso los de Macri
y Bol­so­na­ro, como por la reapa­ri­ción de significativas
movi­li­za­cio­nes popu­la­res, entre las que resal­ta la explo­sión inédita
de la juven­tud chi­le­na – que agrie­tó los cimien­tos del Estado
pino­che­tis­ta demo­crá­ti­ca­men­te maqui­lla­do – y en menor medi­da, las
que tam­bién con­mo­vie­ron a Ecua­dor y Colombia. 

Esta situa­ción se refle­ja en el
agru­pa­mien­to regio­nal de esos gobier­nos reac­cio­na­rios, el “Gru­po de
Lima”, que hoy está dis­mi­nui­do, des­gas­ta­do y con casi ninguna
cre­di­bi­li­dad públi­ca fue­ra de sus fron­te­ras. Por lo tanto
difí­cil­men­te pue­da ser­vir­le al impe­ria­lis­mo para el obje­ti­vo central
que le asig­nó en su crea­ción: sumar­se a una even­tual operación
mili­tar des­ti­na­da a “res­ta­ble­cer la demo­cra­cia vene­zo­la­na”, para
dar­le a la mis­ma cober­tu­ra de lega­li­dad inter­na­cio­nal y una fachada
de apo­yo en la región.

La ter­ce­ra razón es gol­pear cuando
la pobla­ción vene­zo­la­na pade­ce más los rigo­res de una economía
dete­rio­ra­da por­que, a sus debi­li­da­des estruc­tu­ra­les inter­nas nunca
supe­ra­das, se sumó en los últi­mos años el enor­me daño cau­sa­do por
el cer­co impe­ria­lis­ta y el recien­te derrum­be del mer­ca­do petrolero.

ASEDIO Y ASALTO

El obje­ti­vo final de todo
cer­ca­mien­to polí­ti­co o mili­tar es lograr la ren­di­ción del enemi­go o
su des­truc­ción. Como con la Revo­lu­ción Boli­va­ria­na nun­ca lograron
lo pri­me­ro, avan­zan hacia la segun­da opción. Un proceso
revo­lu­cio­na­rio de masas, que ade­más se cons­ti­tu­yó en un promotor
ideo­ló­gi­co y un arti­cu­la­dor orga­ni­za­ti­vo de la uni­dad cari­be­ña y
lati­no­ame­ri­ca­na, es algo corro­si­vo e intra­ga­ble para los intereses
impe­ria­lis­tas, en cual­quier tiem­po y bajo cual­quier administración,
sea demó­cra­ta o republicana.

Por eso el ex pre­si­den­te Oba­ma, ya
de reti­ra­da, fir­mó en mar­zo de 2015 un decre­to decla­ran­do a
Vene­zue­la “una ame­na­za
inusual y extraordinaria”

para los intere­ses de EE.UU.

Con la heren­cia de esa seudo
lega­li­dad el gobierno de Trump inten­ta jus­ti­fi­car internacionalmente
todos los actos de pira­te­ría, saqueos y agre­sio­nes humanitarias
come­ti­dos por su gobierno con­tra el pue­blo y la Nación venezolana.
En esta inno­ble cru­za­da no está sólo. En su gran mayo­ría los
gobier­nos del capi­ta­lis­mo occi­den­tal fue­ron cóm­pli­ces necesarios
para que la agre­si­va esca­la­da yan­qui haya sido eficaz.

Miles de millo­nes de dólares
per­te­ne­cien­tes al Esta­do vene­zo­lano han sido directamente
secues­tra­dos en el exte­rior. Para dar una idea: se secues­tró una
impor­tan­te reser­va de oro físi­co depo­si­ta­da en el Ban­co de
Ingla­te­rra; se blo­quea­ron cuen­tas que posee el Esta­do vene­zo­lano en
42 ban­cos de 17 paí­ses euro­peos, por un mon­to glo­bal que se
apro­xi­ma a los 5000 millo­nes de dóla­res; se nece­si­tó inven­tar a un
títe­re como “pre­si­den­te sus­ti­tu­to” no elec­to – cuya
inci­den­cia inter­na es nula, sal­vo con­vo­car a mar­chas opo­si­to­ras cada
vez meno­res – para dar­le una apa­rien­cia de lega­li­dad al arre­ba­to al
con­trol del gobierno legí­ti­mo de Madu­ro sobre el com­ple­jo petrolero
vene­zo­lano en terri­to­rio esta­dou­ni­den­se, CITGO, valua­do en 7000
millo­nes de dóla­res y la plan­ta petro­quí­mi­ca de Monómeros,
radi­ca­da en Colom­bia. El últi­mo des­po­jo públi­ca­men­te regis­tra­do fue
uno de 342 millo­nes de dóla­res, depo­si­ta­dos en el City Bank, que se
los apro­pió la Reser­va Fede­ral de EE.UU.

Estas accio­nes se ins­cri­ben dentro
de la estra­te­gia mayor ya seña­la­da: pre­pa­rar la gue­rra civil. Su
pri­mer acto pre­pa­ra­to­rio es pro­vo­car una cri­sis social insos­te­ni­ble a
tra­vés del des­abas­te­ci­mien­to, no sólo median­te el seña­la­do despojo
de bie­nes esta­ta­les legí­ti­mos, des­fi­nan­cian­do al Esta­do, sino
tam­bién con una serie de otras medi­das, que cons­ti­tu­yen una real
gue­rra a la eco­no­mía vene­zo­la­na y pasan por impe­dir los intercambios
comer­cia­les habi­tua­les de cual­quier nación, blo­quean­do fon­dos para
el pago a los pro­vee­do­res y san­cio­nan­do a esas empre­sas, ataques
mone­ta­rios, y un lar­go etc

Como a pesar de la impo­si­ción de
san­cio­nes cada vez más agre­si­vas no se pro­du­jo el espe­ra­do caos
social ni la implo­sión del gobierno de Madu­ro, pero si un
empeo­ra­mien­to de las con­di­cio­nes de vida que afec­ta a toda la
pobla­ción, sin dis­tin­gos de adhe­sio­nes polí­ti­cas, el gobierno de
Trump deci­dió, a fines de mar­zo, dar una señal cla­ra que avan­za sin
rodeos hacia una direc­ta inter­ven­ción arma­da en Venezuela.

El pasa­do 11 de mar­zo el almi­ran­te Craig Faller, jefe del Comando
Sur, en una audien­cia en la Cáma­ra de Repre­sen­tan­tes, dijo textualmente
que «Habrá un aumen­to de la pre­sen­cia mili­tar de Esta­dos Uni­dos en
el hemis­fe­rio más ade­lan­te este año; esto inclui­rá un mayor despliegue
de bar­cos, avio­nes y fuer­zas de segu­ri­dad para con­tra­rres­tar una serie
de ame­na­zas
». Pocos días des­pués el gobierno yan­qui le puso pre­cio a
la cap­tu­ra de toda la direc­ción boli­va­ria­na declarándolos
“nar­co­te­rro­ris­tas” por­que el camino hacia la inter­ven­ción directa
nece­si­ta un pre­tex­to que lo jus­ti­fi­que internacionalmente.
Inme­dia­ta­men­te se des­ple­gó una flo­ta en el mar Cari­be, cer­ca de las
cos­tas vene­zo­la­nas – con la supues­ta fina­li­dad de con­tra­rres­tar el
trá­fi­co de dro­gas – que inclu­yen a poderososdestructores
misi­lís­ti­cos, un arma ofen­si­va inne­ce­sa­ria para dete­ner un car­gue­ro o
una lan­cha con dro­ga, pero impres­cin­di­ble para apun­tar­le a Caracas.

Entre esas ame­na­zan­tes movimientos
rea­li­za­dos el últi­mo tiem­po des­de la Casa Blan­ca y el reciente
inten­to de un gru­po coman­do para esta­ble­cer una cabe­ce­ra mili­tar en
la zona del prin­ci­pal aero­puer­to del país, con la declarada
fina­li­dad – entre otras – de ocu­par­lo, hay una conexión
indis­cu­ti­ble. Aun­que para disi­mu­lar­lo el gobierno de Trump dejó la
acción en manos de un enjam­bre de ex mari­nes mer­ce­na­rios, militares
deser­to­res dere­chis­tas y nar­cos reclu­ta­dos por la DEA. Lo cual,
adi­cio­nal­men­te, mues­tra que en estos tiem­pos los yan­quis tienen
mayo­res difi­cul­ta­des que en déca­das atrás para encon­trar socios
inter­na­cio­na­les que lo acom­pa­ñen en sus aven­tu­ras bélicas.

Una vez más la agresión
impe­ria­lis­ta se estre­lló con­tra la volun­tad patrió­ti­ca de
resis­ten­cia del cha­vis­mo, cuyos com­po­nen­tes más noto­rios son un
depu­ra­do sis­te­ma de con­tra­in­te­li­gen­cia y la pro­cla­ma­da unidad
cívi­co-mili­tar, que no se cir­cuns­cri­be a la comu­nión ideológico-
polí­ti­ca en el boli­va­ria­nis­mo, por­que tie­ne una for­ma organizativa
con­cre­ta en la articulación
del ejér­ci­to regu­lar tec­ni­fi­ca­do con la amplia fuer­za miliciana,
cuya nece­si­dad y efi­cien­cia se demos­tró en los acontecimientos
recientes. 

El pre­si­den­te Madu­ro se refirió
días pasa­dos a la con­cep­ción que sus­ten­ta esta organización
defen­si­va, evo­can­do la anti­gua con­cep­ción revo­lu­cio­na­ria de
la “gue­rra de todo el pue­blo”. No pue­de caber duda que esa fue la
con­cep­ción que orien­tó a Chá­vez cuan­do deci­dió la crea­ción de
esas mili­cias, tras des­ba­ra­tar suce­si­vos inten­tos gol­pis­tas. De allí
su insis­ten­cia en que “nues­tra
Revo­lu­ción es pací­fi­ca pero no des­ar­ma­da
”.
Una ense­ñan­za para los pue­blos lati­no­ame­ri­ca­nos que deciden
tran­si­tar cami­nos de inde­pen­den­cia y enfren­tar al capitalismo
dominante.

Pes­ca­do­res de la parro­quia Cha­ruao, en defen­sa de la revo­lu­ción boli­va­ria­na – mayo 2020

CERCAMIENTO

Con­te­ni­da tem­po­ral­men­te la amenaza
de la pan­de­mia y con­ju­ra­do, por aho­ra, el ries­go externo de invasión,
otra som­bra ame­na­zan­te soca­va la esta­bi­li­dad polí­ti­ca y la
con­vi­ven­cia social del pue­blo: el dete­rio­ro de la eco­no­mía, que se
man­tie­ne en for­ma irre­duc­ti­ble des­de hace tiem­po. Una cri­sis que se
ali­men­ta des­de varias ver­tien­tes, que se entre­cru­zan en la actual
coyun­tu­ra y poten­cian la vul­ne­ra­bi­li­dad del pro­ce­so bolivariano. 

Una es la ya des­cri­ta impo­si­ción de
las ile­ga­les e inhu­ma­nas san­cio­nes des­de Washing­ton, que en el corto
pla­zo no pue­de espe­rar­se que se revier­tan, aun­que Trump sea derrotado
en las pró­xi­mas elec­cio­nes. No está en la gené­ti­ca impe­ria­lis­ta un
retro­ce­so estra­té­gi­co si no se ve for­za­do a ello, sea por
con­mo­cio­nes inter­nas – como las que vivió duran­te su agre­sión a
Viet­nam – o un giro sus­tan­cial en las rela­cio­nes de fuerza
inter­na­cio­na­les, en pri­mer lugar las de nues­tro con­ti­nen­te. No se
avi­zo­ra nin­gu­na de ambas situa­cio­nes, aun­que la ines­ta­bi­li­dad mundial
pue­de tras­to­car cual­quier previsión.

Otra cau­sal de los desequilibrios
eco­nó­mi­cos es el his­tó­ri­co cor­dón umbi­li­cal que ata la economía
vene­zo­la­na al mer­ca­do petro­le­ro inter­na­cio­nal. No sólo por la
recien­te e inusual caí­da de los pre­cios sino tam­bién por los serios
pro­ble­mas inter­nos que atra­vie­sa la esta­tal PDVSA. 

El derrum­be de los pre­cios es un
mar­ca­dor indis­cu­ti­ble de la des­ace­le­ra­ción en la economía
capi­ta­lis­ta, acen­tua­da y al bor­de de la rece­sión gene­ra­li­za­da por la
pan­de­mia. Como en tan­tos otros rubros, el mun­do capi­ta­lis­ta está
enfer­mo de sobre­pro­duc­ción, en este caso petro­le­ra y como ocu­rre con
todas las lla­ma­das “com­mo­di­ties”, el petró­leo es a la vez un
ins­tru­men­to para enri­que­cer a los espe­cu­la­do­res finan­cie­ros mediante
las “ven­tas a futu­ro”, que no tie­nen nada que ver con los
volú­me­nes reales de pro­duc­ción. Una mix­tu­ra dañi­na, que se agravó
por la gue­rra de pre­cios a la baja para des­pla­zar a sus competidores
entre los gran­des juga­do­res, la empre­sa esta­tal sau­dí y las
petro­le­ras rusas. El sor­pren­den­te derrum­be, más allá de lo esperado
por los con­trin­can­tes, del cual nadie sal­dría indem­ne, obli­gó a un
for­za­do armis­ti­cio a tra­vés de la lla­ma­da OPEP plus (OPEP ++), que
jun­tó a sus inte­gran­tes per­ma­nen­tes – Vene­zue­la entre ellos –
con otros gran­des pro­duc­to­res que no la inte­gran, para acor­dar un
recor­te mun­dial de la pro­duc­ción cer­ca­na a los 10 millo­nes de
barril/​día des­de el 1º de este mes. Esa dis­mi­nu­ción per­mi­tió en
estos días una leve recu­pe­ra­ción de los pre­cios, pero muy por
deba­jo de años ante­rio­res, y todo indi­ca que en ese nivel oscilarán
en un futu­ro pró­xi­mo. Toda la indus­tria petro­le­ra mun­dial deberá
reade­cuar­se a esos pre­cios y como ocu­rre en las cri­sis capitalistas,
muchos no sal­drán ile­sos, por­que sus cos­tos de pro­duc­ción no serán
rentables.

Esta com­ple­ja situa­ción encuentra
ade­más a PDVSA inten­tan­do remon­tar una caí­da de sus volú­me­nes de
pro­duc­ción de los últi­mos años, median­te una reestructuración
inter­na. Decli­na­ción que se debe en bue­na par­te a una desinversión
for­za­da por los ata­ques impe­ria­lis­tas del últi­mo perío­do a sus
finan­zas y el blo­queo a insu­mos indis­pen­sa­bles para su
fun­cio­na­mien­to. Esta situa­ción es la que moti­va el actual faltante
de gaso­li­na (naf­ta), que para­li­za bue­na par­te del trans­por­te del
país, por­que en los últi­mos años esa per­ver­sa com­bi­na­ción de
des­in­ver­sión en el sec­tor de refi­ne­rías y el blo­queo a la
impor­ta­ción de insu­mos quí­mi­cos bási­cos para ese com­ple­jo proceso,
afec­ta­ron seria­men­te la pro­duc­ción de los deri­va­dos del petróleo.

Pero el retro­ce­so de la petrolera
vene­zo­la­na no se debe úni­ca­men­te a esa pre­sión externa
impe­ria­lis­ta. Una bue­na cuo­ta de res­pon­sa­bi­li­dad radi­ca en el fracaso
de ante­rio­res pla­nes de pro­duc­ción irrea­li­za­bles y los desmanejos
inter­nos de cas­tas buro­crá­ti­cas o corrup­tas, que se beneficiaron
rapi­ñan­do de las inver­sio­nes hechas para finan­ciar esos planes
fan­ta­sio­sos. El hecho es que la pro­duc­ción glo­bal de Venezuela
retro­ce­dió de poco más de 3 millo­nes de barriles/​día a menos de 1
millón de la actua­li­dad, a pesar de los esfuer­zos de gran par­te de
sus tra­ba­ja­do­res, que inten­ta­ron paliar las caren­cias median­te su
inven­ti­va y sacri­fi­cios, resig­nan­do inclu­so bene­fi­cios propios. 

Recien­te­men­te Madu­ro le fijó a la
nue­va direc­ti­va de PDVSA la meta de alcan­zar los 2 millones
barriles/​día, que es un desa­fío en rela­ción a la situación
inter­na que atra­vie­sa la indus­tria y a la nece­si­dad actual de
inver­sión, pero a la vez es modes­ta en rela­ción al poten­cial de
reser­vas explotables.

Esta pers­pec­ti­va de reactivación
limi­ta­da de la prin­ci­pal indus­tria del país, acen­tua­da por el
enco­gi­mien­to del mer­ca­do petro­le­ro mun­dial, resal­ta más la urgencia
para supe­rar la fra­gi­li­dad cró­ni­ca del apa­ra­to pro­duc­ti­vo del país.
Una pesa­da car­ga que reci­bió el gobierno de Chá­vez y que éste
comen­zó a rever­tir, pero sigue sien­do una tarea incon­clu­sa del
pro­ce­so bolivariano. 

Este es su flan­co más vulnerable,
una ame­na­za no neu­tra­li­za­da y el cer­co mayor que debe derribarse
para su supervivencia. 

Las con­di­cio­nes actua­les para
remon­tar esta situa­ción son dis­tin­tas y más des­ven­ta­jo­sas que las
que le toca­ron enfren­tar a Chá­vez. En pri­mer lugar por­que se frenó
la fase ascen­den­te de la déca­da pasa­da del pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio y
del movi­mien­to de masas en gene­ral, en toda la región. Esa eclosión
popu­lar le per­mi­tió a Chá­vez res­ca­tar la ren­ta petro­le­ra de las
manos impe­ria­lis­tas, que se la habían apro­pia­da duran­te cien años –
a tra­vés de sus per­so­ne­ros loca­les –, y uti­li­zar­la como palanca
finan­cie­ra para sus dos gran­des obje­ti­vos: erra­di­car la pobre­za y
avan­zar hacia una estruc­tu­ra pro­duc­ti­va efi­cien­te, sus­ten­ta­ble e
inde­pen­dien­te polí­ti­ca y tec­no­ló­gi­ca­men­te del impe­ria­lis­mo. Ahora
se vive lo opues­to, una ofen­si­va del capi­tal y el imperialismo –
con sus alti­ba­jos – con­tra los pue­blos. En segun­do lugar, tampoco
vol­ve­rá a ser la ren­ta petro­le­ra – por las cau­sas señaladas –
la fuen­te de recur­sos para la inver­sión pro­duc­ti­va no petrolera.

Aquel pri­mer impul­so revolucionario
dejó como sal­do una estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca híbri­da. Por un lado un
sec­tor esta­ti­za­do que cre­ció, espe­cial­men­te en ramas estratégicas
para cons­truir un país sobe­rano – tele­co­mu­ni­ca­cio­nes, siderurgia,
alu­mi­nio, mine­ría, ener­gé­ti­ca – y tam­bién en otras ramas, para
garan­ti­zar su con­ti­nui­dad ante las ame­na­zas empre­sa­ria­les de
aban­do­nar­las, como for­ma de boi­cot al gobierno. Pese a su mayor
inci­den­cia, este sec­tor esta­ti­za­do no cum­plió con la expec­ta­ti­va de
ser un ampli­fi­ca­dor pro­duc­ti­vo y la fuer­za impul­so­ra del socialismo.
Del otro lado, el sec­tor empre­sa­rial pri­va­do, que en cier­tos rubros
cre­ció más y se con­cen­tró, per­sis­te con las mis­mas prácticas
pre­da­to­rias del capi­ta­lis­mo ren­tis­ta, sub­si­dián­do­se de recur­sos del
Esta­do y saquean­do a los con­su­mi­do­res con pre­cios usu­ra­rios. El
sec­tor más recien­te de la eco­no­mía comu­nal, que es significativo
como expe­rien­cia polí­ti­ca de auto­or­ga­ni­za­ción popu­lar, por sus
bajos volú­me­nes pro­duc­ti­vos toda­vía no inci­de en el pro­duc­to global

Las falen­cias del sec­tor estatizado
son apro­ve­cha­das como pla­ta­for­ma pro­pa­gan­dís­ti­ca por la oposición,
que si lle­ga­se a gober­nar des­ata­ría una olea­da de privatizaciones,
en nom­bre de la efi­cien­cia. El daño mayor es que ese discurso
comien­za a con­fun­dir con­cien­cias entre los sec­to­res popu­la­res. Este
ries­go acen­túa más la urgen­cia de pro­du­cir en el sec­tor esta­tal de
la eco­no­mía los cam­bios nece­sa­rios para que cum­plan con aquella
fina­li­dad ori­gi­na­ria y a la vez que se evi­den­cie que es un arma
efi­cien­te e impres­cin­di­ble para enfren­tar la cri­sis actual. 

La direc­cio­na­li­dad que se propone
para trans­for­mar las empre­sas esta­ta­les mues­tra tendencias
con­tra­pues­tas en el cam­po del cha­vis­mo. Por un lado, para
ges­tio­nar­las se pro­mue­ven alian­zas con el sec­tor empresarial
pro­duc­ti­vo – algu­nas avan­zan inclu­so a pro­pues­tas de tercerizar
cier­tas áreas – y por el otro se recla­ma e impul­sa en ellas el
pro­ta­go­nis­mo de sus tra­ba­ja­do­res a tra­vés de la amplia­ción de la
expe­rien­cia de los Con­se­jos Pro­duc­ti­vos de Tra­ba­ja­do­res (CPT). Una
expe­rien­cia que está en línea con la recor­da­da visión que Chávez
expu­so al nacio­na­li­zar SIDOR, en mayo de 2008, para que sean los
pro­pios tra­ba­ja­do­res quie­nes la ges­tio­nen, en bene­fi­cio del pueblo.
Pro­ce­so que nun­ca pudo con­so­li­dar­se – por las contradicciones
pro­pias de una com­ple­ja tran­si­ción – pero tam­po­co se esfu­mó del
idea­rio boli­va­riano ni de la con­cien­cia de una par­te de su
mili­tan­cia. Aho­ra, bajo la impo­si­ción de la coyun­tu­ra, pare­ce que ha
reci­bi­do un reim­pul­so des­de la máxi­ma direc­ción del Estado. 

La difi­cul­tad de la primera
alter­na­ti­va no radi­ca en los acuer­dos que el Esta­do de transición,
aco­sa­do por el cer­ca­mien­to impe­ria­lis­ta, nece­si­ta esta­ble­cer con
sec­to­res capi­ta­lis­tas para encon­trar solu­cio­nes espe­cí­fi­cas a
pro­ble­mas con­cre­tos de la pro­duc­ción y el abas­te­ci­mien­to de la
pobla­ción. El ries­go comien­za cuan­do se pre­ten­de trans­for­mar las
alian­zas para medi­das cir­cuns­tan­cia­les en un para­dig­ma teó­ri­co, en
un mode­lo a seguir para el desa­rro­llo de una nue­va eco­no­mía. Sin
duda que en esta pers­pec­ti­va, que bus­ca una alter­na­ti­va a la cri­sis a
tra­vés del “socia­lis­mo de mer­ca­do”, hay una influencia
deter­mi­nan­te de la expe­rien­cia Chi­na, tan­to por su relampagueante
ascen­so en la geo­po­lí­ti­ca mun­dial como por su papel en el apo­yo y
defen­sa de los gobier­nos boli­va­ria­nos. Pero en los procesos
revo­lu­cio­na­rios el pen­sa­mien­to por ana­lo­gía no ayu­da y muchas veces
es una tram­pa. Ya lo vivie­ron quie­nes en su momen­to para salir del
capi­ta­lis­mo qui­sie­ron repe­tir el camino sovié­ti­co. Aque­llos que
ponen su mira­da en el gigan­te asiá­ti­co olvi­dan que, antes de
pro­yec­tar­se como poten­cia, por allí pasó un pro­ce­so revolucionario
que barrió con las vie­jas cla­ses explo­ta­do­ras, lo cual aho­ra le
per­mi­te al Esta­do chino tener un poder puni­ti­vo sufi­cien­te como para
subor­di­nar a sus obje­ti­vos a la nue­va cla­se capi­ta­lis­ta. Situación
dia­me­tral­men­te opues­ta a la del pre­sen­te vene­zo­lano, don­de las viejas
cla­ses explo­ta­do­ras – con nom­bres de fami­lias y per­so­na­jes bien
cono­ci­dos por el pue­blo – no sólo cons­pi­ran jun­to al imperialismo
sino que incum­plen los acuer­dos con el gobierno y entor­pe­cen cada una
de sus medidas.

En las actua­les con­di­cio­nes de
nece­si­dad social los inver­sio­nis­tas, pro­duc­ti­vos o no, inser­ta­rán en
su plie­go de con­di­cio­nes al Esta­do meno­res res­tric­cio­nes para ponerle
un lími­te a su afán de lucro. Ade­más, yerran quie­nes establecen
una suer­te de raya fron­te­ri­za intran­si­ta­ble entre “el capital
pro­duc­ti­vo y el capi­tal espe­cu­la­ti­vo”. Esa línea divi­so­ria no
exis­te para aque­llos capi­ta­les con volú­me­nes sig­ni­fi­ca­ti­vos como
para apa­lan­car un pro­ce­so de desa­rro­llo, por­que sue­len ser sólo los
dis­tin­tos ten­tácu­los de un mis­mo pul­po, que bien pue­den construir
una repre­sa como pro­vo­car una cri­sis cam­bia­ria espe­cu­lan­do con bonos
de los fon­dos de inver­sión. Los otros capi­ta­lis­tas, meno­res, suelen
ser pro­duc­ti­vos sólo si con­si­guen la som­bra pro­tec­to­ra de los
sub­si­dios esta­ta­les. Al menos eso ense­ña la experiencia
nuestramericana. 

ALGO MÁS QUE RESISTENCIA

Como se dijo, la recuperación
pro­duc­ti­va del impor­tan­te sec­tor esta­ti­za­do es vital para resis­tir el
cer­co impe­ria­lis­ta. Si la recu­pe­ra­ción se logra en base al papel
pro­ta­gó­ni­co de sus tra­ba­ja­do­res, median­te la ges­tión direc­ta y
demo­crá­ti­ca de esas empre­sas, se abri­ría una perspectiva
tras­cen­den­te, que va más allá de la resis­ten­cia que exi­ge esta
coyun­tu­ra. Es el puen­te por el cual se podría tran­si­tar de la
actual situa­ción de extre­ma defen­si­va a la de una futu­ra ofensiva. 

Una ofen­si­va cuya prio­ri­dad consiste
en desa­rro­llar “la
capa­ci­dad de mania­tar­le las manos a la bur­gue­sía
”,
como le plan­tea­ba Lenin a los tra­ba­ja­do­res de su país – poco antes
de su muer­te – refi­rién­do­se a la agu­da con­flic­ti­vi­dad que
carac­te­ri­za a las eco­no­mías en tran­si­ción. Una par­te del pueblo
tra­ba­ja­dor vie­ne desa­rro­llan­do con sus acti­vi­da­des pro­duc­ti­vas esa
lucha des­de las comu­nas, rura­les y urba­nas, muchas veces en medio de
las tra­bas buro­crá­ti­cas que sur­gen des­de el seno del mis­mo Estado.

Los tra­ba­ja­do­res de las grandes
empre­sas esta­ta­les enfren­tan nue­va­men­te ese desa­fío de su
auto-orga­ni­za­ción con­cien­te en fun­ción de que real­men­te se
trans­for­men en una “pro­pie­dad social”, inter­vi­nien­do des­de la
pla­ni­fi­ca­ción de lo que se pro­du­ce, como se pro­du­ce, para quien se
pro­du­ce, es decir en todo el pro­ce­so inte­gral del tra­ba­jo, den­tro de
un plan gene­ral. Para ganar esta bata­lla no sólo debe­rán seguir
resis­tien­do al impe­ria­lis­mo, sino derri­bar los múl­ti­ples cercos
inte­rio­res que se nutren de la cul­tu­ra capi­ta­lis­ta, entre ellos los
de la buro­cra­cia esta­tal, que frus­tró inten­tos anteriores.

En con­tra de las opi­nio­nes de muchos
ago­re­ros, el pue­blo vene­zo­lano ha demos­tra­do en estos años de
bar­ba­rie impe­ria­lis­ta que desa­rro­lló una nota­ble capa­ci­dad de
resis­ten­cia. Por algo pasó por esas tie­rras un ven­da­val llamado
Chá­vez, que empu­jó a millo­nes al com­pro­mi­so polí­ti­co y sembró
con­cien­cia revo­lu­cio­na­ria en una exten­di­da van­guar­dia que no está
dis­pues­ta la claudicación. 

Una rama de la moder­na psicología
para des­cri­bir el pro­ce­so que tras­cien­de la resis­ten­cia a los más
rudos trau­mas y per­mi­te una suer­te de rena­cer intro­du­jo un término:
la resi­len­cia. El pro­ce­so boli­va­riano está en esa búsqueda. 

Pero no es sólo su tarea. Los
cer­cos impe­ria­lis­tas no sólo se rom­pen des­de aden­tro. También
nece­si­tan que se los ata­que des­de afue­ra. Eso corres­pon­de a la
izquier­da lati­no­ame­ri­ca­na que toda­vía pien­sa que las revoluciones
son impres­cin­di­bles y tie­ne volun­tad de com­ba­te. Como ense­ñó el
Che: el socia­lis­mo será lati­no­ame­ri­cano o no será. 

Itu­rria /​Fuen­te

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