Argen­ti­na. Coro­na­vi­rus en las villas por­te­ñas: Aler­ta amarilla

Por Luis Brusch­tein */​Resu­men Latinoamericano/​16 de mayo 2020 . — - .

Preo­cu­pa­ción en el Conurbano

La ola de con­ta­gios en las villas le dio un carác­ter cla­sis­ta a la pan­de­mia. El Gbierno de CABA, que no supo pre­ve­nir­lo, está aho­ra obli­ga­do a una acción deci­di­da para con­te­ner­lo. No se tra­ta de una cama por enfer­mo sino de todo un dis­po­si­ti­vo de ayu­da familiar. 

El sal­to que dió la epi­de­mia en las villas de la CABA rom­pió la eta­pa de con­ta­gio len­to y asu­mió un carác­ter cla­sis­ta. La des­igual­dad y la pobre­za se con­vir­tie­ron como en todas las cri­sis en el fac­tor más vul­ne­ra­ble. Si hay cri­sis eco­nó­mi­ca, los que más sufren son los que tie­nen menos recur­sos; si la cri­sis es social, de segu­ri­dad o de dro­gas, es en los pobres don­de más impac­ta, y si es sani­ta­ria, como la del coro­na­vi­rus, las villas ame­na­zan con­ver­tir­se en focos de la epidemia.

Si de algo sir­ve la expe­rien­cia que el país ha reca­ba­do en estos tiem­pos de pan­de­mia, es que la pre­ven­ción es el mejor reme­dio. Ade­lan­tar­se a la expan­sión del con­ta­gio y evi­tar que se extien­da ha demos­tra­do ser la mejor for­ma de com­ba­tir a la epidemia.

Las que­jas de los refe­ren­tes socia­les de las prin­ci­pa­les villas de la CABA coin­ci­den en que la reac­ción sani­ta­ria del gobierno de la ciu­dad fue len­ta ante la apa­ri­ción de los pri­me­ros casos, a los que se suman defi­cien­cias fata­les, como han sido los cor­tes del sumi­nis­tro de agua en las dos villas que más han sufri­do por la epi­de­mia, la Car­los Muji­ca, en Reti­ro y la del Bajo Flores.

Los inten­den­tes del Conur­bano no ocul­tan la preo­cu­pa­ción ante el bro­te en las villas de CABA que se pue­de exten­der hacia sus dis­tri­tos. La mala ali­men­ta­ción, el haci­na­mien­to y las difi­cul­ta­des para la prác­ti­ca inten­si­va de higie­ne cons­ti­tu­yen una puer­ta de entra­da para el virus, sobre todo cuan­do fal­ta el agua.

En todo el país el país hay alre­de­dor de cua­tro mil villas mise­ria; en el conur­bano son unas 1600, y en CABA, 55. Sin embar­go este últi­mo dis­tri­to se con­vir­tió esta sema­na en un lla­ma­do de aler­ta por la pro­li­fe­ra­ción de infec­ta­dos. En las villas de la CABA se suma el agra­van­te de que sopor­tan mayor den­si­dad de pobla­ción, los pasi­llos son más angos­tos y tie­nen más cons­truc­ción en altu­ra. En las villas del res­to del país, la cons­truc­ción tien­de a expan­dir­se de mane­ra hori­zon­tal y más espaciada.

Has­ta aquí las dife­ren­cias geo­grá­fi­cas. Lo real es que en las dos villas don­de se pro­du­jo la mayo­ría de los con­ta­gios venían denun­cian­do pro­ble­mas en la pro­vi­sión de agua pota­ble des­de varias sema­nas antes de que comen­za­ra la epidemia.

Debe­ría haber sido una prio­ri­dad en la estra­te­gia del gobierno de CABA fren­te a la enfer­me­dad, pero en cam­bio des­pre­ció los recla­mos de los veci­nos. Ya en ple­na epi­de­mia, des­co­no­ció su res­pon­sa­bi­li­dad y la deri­vó a la empre­sa AYSA. Has­ta que la Jus­ti­cia falló ante un ampa­ro pre­sen­ta­do por los movi­mien­tos socia­les y res­pon­sa­bi­li­zó al gobierno de CABA. Recién aho­ra han comen­za­do a resol­ver el pro­ble­ma en la Car­los Muji­ca, pero se agu­di­zó en el Bajo Flores.

Prác­ti­ca­men­te todos los dis­tri­tos del Conur­bano tie­nen villas. El bro­te en la CABA, así como el anun­cio del jefe de gobierno, Hora­cio Rodrí­guez Larre­ta, de que fle­xi­bi­li­za­ría las con­di­cio­nes de la cua­ren­te­na dis­pa­ró las alar­mas rojas por el flu­jo per­ma­nen­te de per­so­nas entre la Capi­tal y las loca­li­da­des suburbanas.

El inten­den­te de Ave­lla­ne­da, Jor­ge Ferra­re­si, expre­só esa preo­cu­pa­ción que tam­bién inquie­ta a sus cole­gas. “Ape­nas tuvi­mos un caso en una villa de Ave­lla­ne­da, lo inter­na­mos, ais­la­mos a la fami­lia y ade­más hici­mos un rele­va­mien­to de los con­tac­tos para ais­lar cual­quier foco de infec­ción. Has­ta aho­ra está con­tro­la­do, pero siem­pre está el temor a un des­bor­de en las villas”.

Muchas veces los mis­mos habi­tan­tes del barrio, cuan­do se les pre­gun­ta para saber la for­ma en que habría irra­dia­do la infec­ción, afir­man que no salie­ron de sus casas para no inco­mo­dar a sus veci­nos, los que, si hay infec­ción, tam­bién debe­rían ser ais­la­dos. Y en esos casos, el virus se expan­de. El mie­do humano a con­ver­tir­se en un vecino moles­to pue­de mutar así en ries­go mor­tal, por lo que se ha lle­ga­do, inclu­so, a pedir a los curas de las villas que reali­cen estas indagaciones.

Los espe­cia­lis­tas advir­tie­ron des­de el prin­ci­pio que la pobla­ción más vul­ne­ra­ble esta­ba entre las per­so­nas mayo­res de 65 años, en espe­cial en los geriá­tri­cos. Pero tam­bién en la pobla­ción de las cár­ce­les, las villas y los tra­ba­ja­do­res de la salud que están en la pri­me­ra línea de com­ba­te a la epi­de­mia. El gobierno de CABA fue cues­tio­na­do des­de el prin­ci­pio en por lo menos dos de estos focos.

Los tra­ba­ja­do­res de la salud tam­bién tuvie­ron que pre­sen­tar ampa­ros ante la Jus­ti­cia para que se los pro­ve­ye­ra del equi­po de pro­tec­ción sani­ta­ria indis­pen­sa­ble, des­de los bar­bi­jos has­ta los delan­ta­les espe­cia­les. En esa mis­ma épo­ca, los movi­mien­tos socia­les habían pre­sen­ta­do el ampa­ro por la pro­vi­sión de agua. Hubo un atra­so deci­si­vo en esos frentes.

La estra­te­gia para des­ac­ti­var a las cár­ce­les como poten­cia­les focos de infec­ción fue trans­for­ma­da por la cor­po­ra­ción de medios y algu­nos jue­ces en una cam­pa­ña de terror. La jue­za de eje­cu­ción penal núme­ro 1 de Quil­mes, Julia Már­quez, infor­mó fal­sa­men­te que habían sido libe­ra­dos 176 vio­la­do­res. Esta jue­za for­ma par­te de la orga­ni­za­ción macris­ta Usi­na de Jus­ti­cia y por esta men­ti­ra ya tie­ne un pedi­do de jui­cio polí­ti­co. El resul­ta­do de esa cam­pa­ña infa­me fue para­li­zar las medi­das que se habían empe­za­do a eje­cu­tar para des­con­ges­tio­nar el haci­na­mien­to en las cár­ce­les.

Estas com­pli­ca­cio­nes, algu­nas de las cua­les obe­de­cen a fallas de res­pon­sa­bi­li­dad social, otras a pre­jui­cios y otras a acti­tu­des polí­ti­cas que no tie­nen sen­si­bi­li­dad social, entor­pe­cie­ron una estra­te­gia nacio­nal que, pese a todo, pudo lograr resul­ta­dos posi­ti­vos has­ta ahora.

En este con­tex­to de sobre­sal­to por la ace­le­ra­ción del rit­mo de infec­ción a pesar de la cua­ren­te­na, el gobierno de CABA, que había anun­cia­do pri­me­ro que apli­ca­ría medi­das más rigu­ro­sas de dis­tan­cia­mien­to social, final­men­te reafir­mó que, como las guar­dias hos­pi­ta­la­rias no están des­bor­da­das, man­ten­drá la flexibilización.

Son nume­ro­sos los veci­nos del conur­bano que tra­ba­jan en los comer­cios que han sido auto­ri­za­dos a reini­ciar su acti­vi­dad en la CABA. Esta aper­tu­ra rela­ti­va de la cua­ren­te­na aumen­tó el trán­si­to entre ambos dis­tri­tos y preo­cu­pa a los inten­den­tes por­que se pro­du­ce cuan­do se ace­le­ra el pro­ce­so de infec­ción en la ciudad.

Los infec­tó­lo­gos acla­ra­ron que este incre­men­to de infec­cio­nes no está rela­cio­na­do con la aper­tu­ra que comen­zó duran­te la sema­na. El perío­do de incu­ba­ción demo­ra alre­de­dor de dos sema­nas y es tem­prano para medir el impac­to que ten­drá en ese proceso.

Ante la pro­li­fe­ra­ción del virus en las villas, el gobierno de CABA lan­zó un pro­gra­ma de tes­teos rápi­dos. Los posi­ti­vos han sido más de lo que se espe­ra­ba, con lo cual la pobla­ción que debe­rá ser inter­na­da o ais­la­da empie­za a ser con­si­de­ra­ble. Son fami­lias ente­ras con sus vecinos.

Algu­nos tie­nen a su car­go per­so­nas enfer­mas o dis­ca­pa­ci­ta­dos que requie­ren asis­ten­cia, o hijos peque­ños que deben ser con­te­ni­dos. No se tra­ta sólo de una cama por enfer­mo, sino de un dis­po­si­ti­vo muy amplio de con­ten­ción que fra­ca­sa­rá si no está sus­ten­ta­do en una con­cien­cia que valo­re sin dis­tin­ción social la dig­ni­dad y la vida de las per­so­nas.

Los veci­nos lle­gan a los cen­tros de ais­la­mien­to sin man­tas ni ali­men­tos y preo­cu­pa­dos por los seres que­ri­dos que han deja­do atrás. El dis­po­si­ti­vo de con­ten­ción, ade­más de volu­mi­no­so tie­ne que con­tem­plar todas esas pro­ble­má­ti­cas, lo cual impli­ca tam­bién cos­tos más altos que los de un hote­li­to y un bol­són de comi­da. Sin sen­si­bi­li­dad social ni soli­da­ri­dad, las estra­te­gias sani­ta­rias serán inefi­ca­ces.

Ima­gen: San­dra Cartasso 

Itu­rria /​Fuen­te

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