Gua­te­ma­la. Entre­vis­ta a Ismael Gomez. Las res­tric­cio­nes pue­den traer más con­se­cuen­cias de desas­tre que el pro­pio virus.

Por Caro­li­na Gama­zo, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 10 Mayo 2020

Ismael Gómez es médi­co y ciru­jano, espe­cia­lis­ta en Medi­ci­na Bio­ló­gi­ca Natu­ris­ta y en Salud Públi­ca. Ha tra­ba­ja­do en pro­gra­mas de coope­ra­ción y en el sis­te­ma de salud. Actual­men­te com­bi­na el tra­ba­jo en su clí­ni­ca, con el de defen­sor de dere­chos huma­nos en el tema de salud, de for­ma muy estre­cha con auto­ri­da­des y líde­res en comu­ni­da­des de Alta Vera­paz. Con­si­de­ra que el Gobierno se ha extra­li­mi­ta­do en las medi­das para con­te­ner el COVID19, y que éstas podrían pro­vo­car más des­nu­tri­ción y muer­tes, con peo­res con­se­cuen­cias que el mis­mo virus.

−¿Cree que el Gobierno de Gua­te­ma­la ha adop­ta­do las medi­das adecuadas?

−Yo pien­so que se extra­li­mi­ta­ron. Estas res­tric­cio­nes van a traer más con­se­cuen­cias de desas­tre que el pro­pio virus. En ese momen­to no se dan cuen­ta de que la gen­te se está que­dan­do con ham­bre en las aldeas, y que eso va a pro­vo­car des­nu­tri­ción y muerte.

−¿Qué con­se­cuen­cias pue­de tener para la salud?

−Pri­me­ro: el ham­bre y la des­nu­tri­ción. Lo segun­do es que no se está toman­do en cuen­ta que la aten­ción en el sis­te­ma de salud tam­bién se ha res­trin­gi­do. La medi­da de can­ce­lar el trans­por­te públi­co para evi­tar aglo­me­ra­cio­nes, está pro­vo­can­do que en el área rural muchos pues­tos y cen­tros de salud solo estén aten­dien­do de las 8 a las 12 horas. Esto sig­ni­fi­ca que las medi­das res­tric­ti­vas han redu­ci­do a la mitad la capa­ci­dad reso­lu­ti­va del Minis­te­rio de Salud. Si se redu­ce a la mitad, la pre­gun­ta es sobre las miles de per­so­nas que se están que­dan­do sin aten­ción. Antes, ante una emer­gen­cia podían ir a las 2 de la tar­de a un pues­to de salud: por una fie­bre, por una gri­pe, inclu­so podría ser por coro­na­vi­rus. Aho­ra ya no pue­den ir por­que no hay per­so­nal debi­do a que no tie­nen trans­por­te. Y, ade­más, aho­ri­ta en las aldeas quien quie­re acu­dir al sis­te­ma de salud tam­po­co tie­ne trans­por­te públi­co y tie­ne que pagar fle­te. Y el cos­to pue­de ser de 300 has­ta 2500 quetza­les depen­dien­do de la distancia. 

−¿Cree que con estas medi­das no están pen­san­do en las per­so­nas que viven en áreas rurales?

−El pro­ble­ma de estas medi­das res­tric­ti­vas es que siem­pre van a ser con­tra­dic­to­rias, y van a afec­tar otros temas que son igual, o mucho más impor­tan­tes, que el coro­na­vi­rus. Digo con­tra­dic­to­rias en el sen­ti­do de que quie­ren evi­tar el con­ta­gio, pero están redu­cien­do la aten­ción de otros casos que aparecen.

−Usted me habla­ba de que la fal­ta de movi­li­dad y el haber sus­pen­di­do tra­ba­jos va a supo­ner ham­bre y des­nu­tri­ción. No sé si ha vis­to ini­cios de des­nu­tri­ción en los últi­mos días.

−Bas­tan­te. En las entre­vis­tas que hemos esta­do hacien­do, nos repor­tan que hay mucha gen­te que ya no tie­ne tra­ba­jo. Hay muchos jóve­nes que tra­ba­jan como agen­tes de segu­ri­dad pri­va­da en la ciu­dad capi­tal, algu­nos que tra­ba­jan en hote­les… Esos jóve­nes se que­da­ron sin tra­ba­jo y, sin trans­por­te públi­co, tuvie­ron pagar taxi y gas­tar 500 quetza­les para regre­sar de la capi­tal. En el tema del ham­bre, noso­tros aho­ri­ta esta­mos con una misión en la que esta­mos reci­bien­do ali­men­tos de una orga­ni­za­ción cana­dien­se. Al hacer las entre­vis­tas la gen­te nos repor­ta: “aquí todos esta­mos así, sin comi­da ni nada”. Tam­bién las muje­res han per­di­do sus tra­ba­jos. Madres sol­te­ras que iban a ven­der sus ver­du­ras al pue­blo, que tenían su cose­chi­ta de hier­ba bue­na, o peque­ños cul­ti­vos que ven­dían con­for­me iban salien­do. Todo eso se está perdiendo.

−Pero, ¿No con­si­de­ra que estas medi­das no son nece­sa­rias para con­te­ner la curva?

−Yo no estoy de acuer­do con apla­nar la cur­va. Si eso sig­ni­fi­ca pasar todo un año apla­nan­do la cur­va, con medi­das res­tric­ti­vas y unas con­se­cuen­cias total­men­te desas­tro­sas para la eco­no­mía, inclu­si­ve para la salud. Creo que debe­mos apren­der a con­vi­vir con el virus, por­que de lo con­tra­rio vamos a pasar ham­bre todo este año. Es con­tra­dic­to­rio que se preo­cu­pen por estas 5 a 7 muer­tes y no se preo­cu­pen por la can­ti­dad de niños que cada día están murien­do en el país. Ten­go la expec­ta­ti­va de que van a morir más niños este año mien­tras están tra­tan­do de con­te­ner 7 muer­tes por coro­na­vi­rus. Yo sé que pue­den morir más per­so­nas, pero se están enfo­can­do en una pan­de­mia y están dejan­do tira­do todo lo demás. Eso es lo contradictorio.

«Dejar de morir a miles de niños cada año evi­den­cia un sis­te­ma de salud total­men­te ineficiente». 

−Pero la can­ti­dad de muer­tos indi­can que sí es un virus letal. 

−Uno de los temas impor­tan­tes es que es un virus nue­vo y la gen­te no tie­ne nin­gún anti­cuer­po para hacer­le fren­te. Esta es la razón prin­ci­pal de por qué ha sido tan letal en Ita­lia, Espa­ña y Esta­dos Uni­dos. A un niño de un año le pue­de pro­vo­car una peque­ña tos y pasa por­que su sis­te­ma está más lim­pio y sus defen­sas res­pon­den mejor. Pero a alguien asmá­ti­co le pue­de cau­sar una tos muy fuer­te, insis­ten­te, que no le para, se le tapan los pul­mo­nes, le cues­ta res­pi­rar. Esto es por­que el pacien­te asmá­ti­co tie­ne una reac­ción más fuer­te de su sis­te­ma de defen­sas. Recor­de­mos que los sín­to­mas no los pro­du­ce el virus, sino la res­pues­ta del orga­nis­mo: el moco, la fie­bre, la infla­ma­ción, el dolor, todos son res­pues­tas del cuer­po al ata­que del virus… El virus se com­por­ta más seve­ra­men­te en per­so­nas con enfer­me­da­des cró­ni­cas como asma, enfi­se­ma o efec­tos de fuma­dor; enfer­me­da­des car­día­cas, tumo­res, dia­be­tes o pacien­tes debi­li­ta­dos por otras enfermedades.

−¿Los fac­to­res ambien­ta­les de Gua­te­ma­la podrían influir en el com­por­ta­mien­to del virus?

−Uno de los prin­ci­pa­les fac­to­res es la edad. La pro­por­ción de mayo­res de 65 años en Euro­pa es mucho mayor. En Ita­lia, por ejem­plo, el 22 por cien­to tie­ne más de 65 años: 14 millo­nes de habi­tan­tes mayo­res, eso influ­ye en la mor­ta­li­dad en per­so­nas afec­ta­das. Otro fac­tor, den­tro del con­tex­to glo­bal, son las enfer­me­da­des cró­ni­cas. En Espa­ña la pro­por­ción de fuma­do­res es muy alta, algo muy rela­cio­na­do direc­ta­men­te con las enfer­me­da­des pul­mo­na­res cró­ni­cas. Ade­más, están las enfer­me­da­des car­dia­cas, y la dia­be­tes; estas per­so­nas no van a aguan­tar. Otro fac­tor es el haci­na­mien­to de ciu­da­des como Nue­va York y Wuhan en Chi­na; Euro­pa tie­ne más haci­na­mien­to com­pa­ra­do con Lati­noa­mé­ri­ca. Aquí las ciu­da­des son más hacia el hori­zon­te y hay menos pobla­ción por kiló­me­tro cua­dra­do. La pro­por­ción de áreas rura­les es mucho mayor que en el res­to del mundo.

-Se habla tam­bién de la tem­pe­ra­tu­ra como uno de los factores. 

-El fac­tor verano creo que tam­bién hay que con­si­de­rar­lo seria­men­te. Pues­to que en verano la tasa de infec­cio­nes o con­ta­gios dis­mi­nu­ye, y la serie­dad de las enfer­me­da­des es menor. Esto es por­que el orga­nis­mo fun­cio­na con más rapi­dez en tem­pe­ra­tu­ras más altas; mien­tras que duran­te el frío el orga­nis­mo es más len­to. Por lo tan­to, se espe­ra que el com­por­ta­mien­to del virus sea más len­to en su transmisión.

Creo que por últi­mo hay que con­si­de­rar que antes la mor­ta­li­dad gene­ral en Lati­noa­mé­ri­ca era mayor que Euro­pa. Sin embar­go, en la actua­li­dad Euro­pa tie­ne mayor mor­ta­li­dad gene­ral: entre 8 y 12 muer­tes por cada 1000 habi­tan­tes. Mien­tra que en Lati­noa­mé­ri­ca está entre las tres y 6 muer­tes por 1000 habi­tan­tes. Esto se debe al mayor enve­je­ci­mien­to de la pobla­ción de Euro­pa. Y pare­cie­ra que, según el mapa de afec­ción por coro­na­vi­rus, la ten­den­cia res­pon­de a estos indi­ca­do­res, y que las medi­das no influ­yen en la ten­den­cia del coronavirus.

−Aun­que qui­zás Gua­te­ma­la no ten­ga tan­tas per­so­nas mayo­res de 65 años ni tan­tos enfer­mos cró­ni­cos o fuma­do­res y obe­sos, hay muchas per­so­nas en ries­go por la pobre­za. ¿Esto no hace que sean más vul­ne­ra­bles al virus?

−Hay que tomar en cuen­ta que una cosa es la leta­li­dad, que es la capa­ci­dad de un virus de matar a un infec­ta­do; y otra es la defi­cien­cia de nues­tro sis­te­ma de salud. Dejar morir miles de niños cada año evi­den­cia un sis­te­ma sani­ta­rio total­men­te defi­cien­te. Es un sis­te­ma des­fi­nan­cia­do, con el gas­to social para la salud más bajo de Lati­noa­mé­ri­ca. Hay una defi­cien­cia de los ser­vi­cios de salud terri­bles: muje­res emba­ra­za­das que se mue­ren por com­pli­ca­cio­nes no tan gra­ves; unos 2700 niños que mue­ren por dia­rrea cada año, 6000 por neu­mo­nías, 7000 por des­nu­tri­ción. Esos son indi­ca­do­res de salud gra­ves, sin embar­go cura­bles. Pero la des­in­for­ma­ción nos asus­ta por 7 falle­ci­dos por coro­na­vi­rus, esa des­in­for­ma­ción es dañi­na, por­que pro­vo­ca mie­do y el mie­do pro­vo­ca dis­cri­mi­na­ción con­tra aque­llos que des­afor­tu­na­da­men­te se con­ta­gien. No es lo mis­mo dar un tra­ta­mien­to para una enfer­me­dad gra­ve, como la defi­cien­cia renal cró­ni­ca, que dar­le segui­mien­to de cin­co días a un niño por una gri­pe. Y, en nues­tro sis­te­ma de salud, esto últi­mo ni siquie­ra sucede.

−¿Y a qué se debe?

−Esta­mos en un sis­te­ma que es con­se­cuen­cia de la corrup­ción. La cau­sa secun­da­ria es la defi­cien­cia con que tra­ba­ja el sis­te­ma de salud y la fal­ta de finan­cia­mien­to. Pero, sobre todo, de abas­te­ci­mien­to de insu­mos y medicamentos.

−En todo el tiem­po que lle­va moni­to­rean­do el sis­te­ma de salud ¿Está pre­pa­ra­do para aten­der a enfer­mos de COVID si estos se com­pli­can? Con ventiladores… 

−Si tie­ne tie­ne ven­ti­la­do­res, estos son insu­fi­cien­tes para una cri­sis a cau­sa del coro­na­vi­rus. His­tó­ri­ca­men­te, los hos­pi­ta­les de Gua­te­ma­la no han teni­do res­pi­ra­do­res. Y no solo se tra­ta de res­pi­ra­do­res, sino tam­bién de los recur­sos en gene­ral para aten­der a los enfer­mos. Cuan­do hice mis prác­ti­cas en el hos­pi­tal Roo­se­velt, los estu­dian­tes tenía­mos que hacer de ven­ti­la­dor, enton­ces hay que estar ahí con la mano cons­tan­te­men­te empu­jan­do la peri­lla, como ven­ti­la­do­res huma­nos. Los ven­ti­la­do­res huma­nos evi­den­cian una defi­cien­cia terri­ble. No es lo mis­mo que una per­so­na esté ven­ti­lan­do a pura mano para ayu­dar en un pro­ble­ma res­pi­ra­to­rio, a que lo haga una máqui­na con­tro­la­da con indicadores.

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