Vene­zue­la. El día que la furia boli­va­ria­na derro­tó al Impe­rio (por Car­los Aznárez)

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 5 mayo 2020

El pes­ca­dor de Chuao, des­cal­zo y humil­de por don­de se lo vie­ra, pero con la dig­ni­dad de cual­quier tra­ba­ja­dor que sabe plan­tar­se ante quien sabe que son sus enemi­gos, se acer­có a la cos­ta al ver una bar­ca­za de asal­to don­de indis­cu­ti­ble­men­te venían los que quie­ren aca­bar con la Revo­lu­ción que tan­to le ha dado a él y a su fami­lia. Sin dudar­lo, a pesar de que vio a esos ener­gú­me­nos arma­dos, apre­tó la mano sobre el fie­rro que por­ta­ba y les gri­tó: “Quie­tos, cuer­da de terro­ris­tas, si se mue­ven no res­pon­do. Yo soy la furia boli­va­ria­na”. El rela­to emo­cio­na­do de Nico­lás Madu­ro no admi­te dudas. Ese hecho no es una anéc­do­ta más, sino un sin­gu­lar y con­tun­den­te men­sa­je a los lujo­sos des­pa­chos de la Casa Blan­ca, para que ten­gan cla­ro que en este país cari­be­ño hay muchas y muchos deci­di­dos a jugár­se­la con todo para que los esbi­rros de Trump y los para­cos de Uri­be e Iván Duque no pon­gan sus pies en una tie­rra sobe­ra­na por don­de se la mire.

Así, en poco más de 24 horas ter­mi­nó otro inten­to de traer muer­te jus­ta­men­te cuan­do todo un pue­blo lucha por la vida con­tra la gue­rra bac­te­rio­ló­gi­ca rega­da por los grin­gos en todo el mun­do, y a la vez con­tra cual­quier ama­go impe­rial de apro­ve­char la oca­sión para inva­dir Vene­zue­la Boli­va­ria­na. Esos mer­ce­na­rios ins­trui­dos por ex mari­nes como Jor­dan Gou­dreau, “con­de­co­ra­do” por sus crí­me­nes en Irak, Afga­nis­tán y Libia, jun­to a dos inte­gran­tes de la segu­ri­dad de Trump, más los trai­do­res loca­les como Robert “Pan­te­ra” Coli­na, Anto­nio Sequea y Adol­fo Baduel (hijo de otro trai­dor a la patria y al cha­vis­mo), no pudie­ron con la “furia” de mili­ta­res y mili­cia­nos patrio­tas, ni con esos pes­ca­do­res y pes­ca­do­ras de Ara­gua que con pie­dras y valen­tía los enfren­ta­ron. Esta­ban entre­na­dos sí, son una máqui­na de ase­si­nar sí, tenían per­tre­chos sí, y mucho dine­ro tam­bién, ya que Washing­ton y sobre todo la codi­cia de Trump y su súb­di­to Mike Pom­peo pagan bien a sus sica­rios, pero no con­ta­ron con que el pue­blo de Bolí­var y Chá­vez, de Dios­da­do y Nico­lás, no arru­ga fren­te a las cir­cuns­tan­cias difí­ci­les. Lo demos­tró en aque­llas jor­na­das épi­cas de los dos gol­pes de 2002 (el de Car­mo­na “el bre­ve” y el petro­le­ro pos­te­rior) y lo vol­vió a rati­fi­car cuan­do en medio del fue­go y las muer­tes de las gua­rim­bas, atra­ve­só ríos y mon­ta­ñas y puso el cuer­po para votar la Constituyente. 

Aho­ra, vien­do a esos mer­ce­na­rios tira­dos en el piso, ama­rra­dos y muchos de ellos “can­tan­do” todo lo que saben casi sin que se lo pre­gun­ten, tem­blan­do de mie­do por ima­gi­nar­se que harían con ellos, no los guar­dias nacio­na­les sino el pue­blo que está har­to de sus mal­da­des, se tie­ne una foto veraz de lo que sig­ni­fi­ca esa alian­za indes­truc­ti­ble cívi­co-mili­tar boli­va­ria­na. Algo que todo el oro del mun­do no ha con­se­gui­do quebrar.

Más aún, vien­do al tal Gou­dreau, rela­tan­do a la escuá­li­da “perio­dis­ta” Patri­cia Poleo (otra vez se que­dó la suso­di­cha con las ganas de fes­te­jar la caí­da del “dic­ta­dor” Madu­ro) como se fir­mó el con­tra­to con el impre­sen­ta­ble de Juan Guai­dó y otros como él. Con­tra­to que habi­li­ta­ba pre­ci­sa­men­te estos frus­tra­dos des­em­bar­cos para inva­dir Vene­zue­la y pro­vo­car un geno­ci­dio, y que, según el jefe mer­ce­na­rio que regen­tea­ba la agen­cia de Segu­ri­dad Sil­ver­corp, no le fue paga­do por el delin­cuen­te de Guai­dó. Así son estos “liber­ta­do­res”, lo úni­co que les intere­sa es cuan­to dine­ro hay de por medio y para col­mo se lo roban entre ellos. Ya es tiem­po, por otra par­te, que el cita­do Guai­dó ter­mi­ne tam­bién él en un cala­bo­zo. Ha hecho sufi­cien­te mal para que se lo vuel­va a dejar seguir conspirando.

Otro deta­lle que no pue­de pasar des­aper­ci­bi­do es que mien­tras los inva­so­res bau­ti­za­ron a su fra­ca­sa­da ope­ra­ción con el nom­bre de Gedeón, gue­rre­ro del anti­guo Israel, los patrio­tas boli­va­ria­nos los ven­cie­ron invo­can­do al ex escla­vo Pedro Came­jo, quien con el apo­do de “Negro Pri­me­ro” com­ba­tió con bra­vu­ra en las gue­rras de la inde­pen­den­cia. Todo un símbolo.

Lo cier­to es que esta vic­to­ria en toda línea de los revo­lu­cio­na­rios tie­ne un valor incal­cu­la­ble. Sigue demos­tran­do a los pue­blos del con­ti­nen­te y a todos aque­llos que en el mun­do hoy están bata­llan­do con­tra un virus que no vino de la nada sino que es par­te tam­bién de la locu­ra mesiá­ni­ca y des­truc­ti­va del capi­ta­lis­mo, que en Vene­zue­la, lo mis­mo que en Cuba, se ofre­cen dos cla­ros ejem­plos de socie­da­des dife­ren­tes. Por­que nadie, a tan­tos años de Revo­lu­ción ase­dia­da de mil mane­ras, se ani­ma a defen­der un país y a su diri­gen­cia, si ese pro­ce­so no les ha brin­da­do las posi­bi­li­da­des de cre­cer con dig­ni­dad. Mien­tras en Vene­zue­la el cha­vis­mo apun­tó a una socie­dad de igua­les, en salud, edu­ca­ción, vivien­da, y lo sigue desa­rro­llan­do a pesar del cri­mi­nal blo­queo, en muchos otros paí­ses, inclui­dos los del lla­ma­do “pri­mer mun­do” impe­ran doc­tri­nas que pien­san más en el dios mer­ca­do que en la vida de sus pobla­do­res. Prue­bas al can­to lo que se está vien­do con la suso­di­cha pandemia.

En este mar­co de incer­ti­dum­bre glo­bal, con un futu­ro car­ga­do de millo­nes de des­ocu­pa­dos, de una ham­bru­na inevi­ta­ble y segu­ra­men­te de más giros a la dere­cha, lo ocu­rri­do por estas horas en Vene­zue­la dan áni­mo para quie­nes en la depre­sión de sus con­fi­na­mien­tos invo­lun­ta­rios empie­zan a dudar si sir­ve de algo luchar. Allí está ese pes­ca­dor de Chuao dan­do el ejem­plo de que don­de hay Patria hay que defen­der­la. Que se tra­ta de ellos y su ambi­ción des­me­di­da por acu­mu­lar rique­zas, y por otro lado los que siguen cre­yen­do que la bar­ba­rie no podrá con el socia­lis­mo. A no dudar­lo com­pa­ñe­ros, com­pa­ñe­ras, com­pa­ñe­res, nues­tra mayor auto­de­fen­sa es la furia bolivariana.

Itu­rria /​Fuen­te

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