Pen­sa­mien­to crí­ti­co. La cri­sis vis­ta des­de arriba

Pie­rre Beau­det /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano /​23 de abril de 2020

Esta cri­sis, nos dicen las publi­ca­cio­nes de refe­ren­cia del 1%, corre el ries­go de lle­var al mun­do a una regre­sión pro­lon­ga­da. Sin embar­go, aun­que exis­te un con­sen­so entre el círcu­lo res­trin­gi­do del dis­po­si­ti­vo de poder en el sen­ti­do de que algo debe hacer­se, se evi­ta abor­dar las cau­sas de una cri­sis que se anun­cia­ba mucho antes de la pan­de­mia. Aún más, la rees­truc­tu­ra­ción neo­li­be­ral imple­men­ta­da des­de la déca­da de 1980 no debe cues­tio­nar­se, nos dicen The Eco­no­mist, The Finan­cial Times, The Wall Street Jour­nal o el Glo­be and Mail y otros “inte­lec­tua­les orgá­ni­cos” del gran capi­tal. El coro­na­vi­rus es una espe­cie de “cala­mi­dad natu­ral” que no tie­ne nada que ver con el gra­ve dete­rio­ro del sis­te­ma de salud públi­ca. Aún menos con la des­truc­ción de los hábi­tats natu­ra­les que han faci­li­ta­do la trans­mi­sión de virus des­de hace varios años, mucho antes del coro­na­vi­rus. Enton­ces, se debe repa­rar el sis­te­ma, pero no modificarlo.

Los pro­nos­ti­ca­do­res pro­nos­ti­can mal

Según el Finan­cial Times (FT)[1], el colap­so actual es el más impor­tan­te des­de la Segun­da Gue­rra Mun­dial. 170 de los 189 paí­ses inclui­dos en un índi­ce ela­bo­ra­do por el FT sufri­rán un decre­ci­mien­to sig­ni­fi­ca­ti­vo en 2020. Esta­dos Uni­dos y la Unión Euro­pea ya han entra­do en rece­sión. En los Esta­dos Uni­dos, la tasa de des­em­pleo podría lle­gar al 20%. Eso es menos obvio para Chi­na, aun­que su eco­no­mía pue­de ver­se afec­ta­da por una caí­da en la deman­da mun­dial. A dife­ren­cia de la cri­sis de 2007-08, las tur­bu­len­cias actua­les no se limi­tan al ámbi­to finan­cie­ro. Una vuel­ta al cre­ci­mien­to es impo­si­ble antes de 2021. En esta ópti­ca, una vez ate­nua­da la pan­de­mia, el capi­ta­lis­mo expe­ri­men­ta­rá un ciclo de rece­sión, antes de comen­zar de nue­vo, como ha sido el caso en perío­dos anteriores.

El Har­vard Busi­ness Review (HBR) P[2] es un poco más opti­mis­ta. Es cier­to que la rece­sión que ha empe­za­do es gra­ve, pero en la his­to­ria hay rece­sión y rece­sión. Duran­te la Gran Depre­sión de la déca­da de 1930, la rece­sión tomó la for­ma de una “L”. Des­pués de la caí­da dra­má­ti­ca, el auge fue pro­lon­ga­do y sem­bra­do de tram­pas. Sin embar­go, en el momen­to actual, HBR ve la rece­sión toman­do la for­ma de V: fuer­te des­cen­so y fuer­te ascen­so. Según las pre­dic­cio­nes de esta influ­yen­te publi­ca­ción aca­dé­mi­ca, el esce­na­rio más pro­ba­ble en la cri­sis actual es el de la cur­va “V”. Los pro­gra­mas de res­ca­te man­ten­drán la máqui­na a flo­te y, cuan­do se reúnan las con­di­cio­nes, esa mis­ma máqui­na reini­cia­rá el pro­ce­so de acu­mu­la­ción, sin dema­sia­dos pro­ble­mas. HBR pro­nos­ti­ca que el cre­ci­mien­to será evi­den­te en el pri­mer tri­mes­tre de 2021.

Según la revis­ta Foreign Policy (FP)[3], la últi­ma rece­sión de 2007-08 pro­vo­có la pér­di­da de 8,7 millo­nes de empleos y una con­trac­ción del PIB del 4%. Hoy, el impac­to pre­vi­si­ble es mucho mayor, ya que sec­to­res com­ple­tos de la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca se ven direc­ta­men­te afec­ta­dos por los cie­rres de empre­sas. Por otra par­te, los gas­tos deri­va­dos de los pro­gra­mas de emer­gen­cia para ayu­dar a las pobla­cio­nes y hacer fren­te a la pan­de­mia son colo­sa­les, com­pro­me­tien­do las finan­zas públi­cas a défi­cits que dura­rán varios años. Esta eva­lua­ción más seria de la FP le hace decir que la sali­da de la cri­sis lle­va­rá más tiem­po, que será más difí­cil y que será des­igual, con­si­de­ran­do el hecho de que varios paí­ses “emer­gen­tes” (como Bra­sil, Méxi­co, Nige­ria, Sudá­fri­ca) serán dura­men­te gol­pea­dos. En la estruc­tu­ra neo­li­be­ral de la eco­no­mía mun­dial, estos paí­ses aún depen­den de las expor­ta­cio­nes de recur­sos natu­ra­les (con bajo valor agre­ga­do). El decli­ve de los mer­ca­dos de estos pro­duc­tos les cos­ta­rá caro, espe­cial­men­te por­que ya esta­ban en un ciclo regre­si­vo antes de la cri­sis actual. Otro fac­tor debi­li­tan­te, según FP, con­sis­te en que las ins­ti­tu­cio­nes finan­cie­ras inter­na­cio­na­les como el Ban­co Mun­dial y el FMI, así como las agen­cias de la ONU, pue­den no ser capa­ces de pro­por­cio­nar una ayu­da de urgen­cia a la altu­ra de las nece­si­da­des, mien­tras con­ti­núan (en el caso de las pri­me­ras) las mis­mas polí­ti­cas de ajus­te estruc­tu­ral y de pago de la deu­da que han lle­va­do a gran par­te del sur mun­dial a una mayor vulnerabilidad.

El gran rela­to mistificador

Des­pués de repa­sar estos aná­li­sis, se ven los hilos que sobre­sa­len de un dis­cur­so rela­jan­te que oscu­re­ce las cau­sas y la com­ple­ji­dad del pro­ble­ma. Inclu­so si se per­ci­ben los impac­tos, se tien­de a mini­mi­zar­los. Y obvia­men­te, se recha­za el deba­te sobre las cau­sas estruc­tu­ra­les, al pre­sen­tar la cri­sis actual como una com­bi­na­ción de una catás­tro­fe “natu­ral” (la pan­de­mia) y una cri­sis “cícli­ca” resul­tan­te de la inevi­ta­ble mar­cha del “mer­ca­do”, como si este fue­ra una espe­cie de enti­dad sobre­na­tu­ral. Adam Smith y su “mano invi­si­ble” están en el ori­gen de esta mis­ti­fi­ca­ción en un capi­ta­lis­mo que se auto-repro­du­ce a tra­vés de los bene­fi­cios de la com­pe­ten­cia, del tra­ba­jo asa­la­ria­do y de la con­cen­tra­ción de la riqueza.

En reali­dad, muchos eco­no­mis­tas han nota­do duran­te varios años la inver­sión actual en esta glo­ba­li­za­ción neo­li­be­ral, anun­cian­do el final de su perío­do “glo­rio­so”. Este es par­ti­cu­lar­men­te el caso de Fra­nçois Ches­nais, quien ha docu­men­ta­do bien, ade­más de los alti­ba­jos cícli­cos del comer­cio, de la inver­sión y de la pro­duc­ción, la impor­tan­cia de los fac­to­res estruc­tu­ra­les que hoy pare­cen cada vez más evi­den­tes, ¡aun­que rara vez estén en la pri­me­ra pági­na del Eco­no­mist!

“La cri­sis de la eco­no­mía mun­dial empie­za antes de la pan­de­mia, y muchos pará­me­tros han cam­bia­do en com­pa­ra­ción con el perío­do de cri­sis de 2007 – 2008. No sólo se tra­ta de la pér­di­da de efi­ca­cia de los ins­tru­men­tos mone­ta­rios, de la pér­di­da de efec­ti­vi­dad de las inter­ven­cio­nes de los ban­cos cen­tra­les y del ele­va­do nivel de la deu­da públi­ca, sino tam­bién de la capa­ci­dad de acción de la bur­gue­sía mun­dial. En lo que res­pec­ta a las rela­cio­nes inter­na­cio­na­les, el régi­men inter­es­ta­tal rela­ti­va­men­te coope­ra­ti­vo de 2009, cuan­do se creó el G‑20, ha dado lugar a una inten­sa riva­li­dad comer­cial y a un aumen­to sig­ni­fi­ca­ti­vo del pro­tec­cio­nis­mo del que Esta­dos Uni­dos es el prin­ci­pal res­pon­sa­ble”[4].

Una ava­lan­cha de estu­dios macro­eco­nó­mi­cos y esta­dís­ti­cas demues­tran cla­ra­men­te la carre­ra hacia la rece­sión, lo que no se quie­re reco­no­cer, a pesar de la evi­den­cia[5].

Los vie­jos méto­dos siguen sien­do eficaces

Enton­ces, ¿qué pue­de pasar des­pués? ¿Cómo pre­ten­den las éli­tes “ges­tio­nar” la cri­sis? En la gran obra del nove­lis­ta Giu­sep­pe Toma­si di Lam­pe­du­sa, se dis­cu­te la oli­gar­quía que domi­na Ita­lia y que ve su sis­te­ma de domi­na­ción ero­sio­na­do por las trans­for­ma­cio­nes de la socie­dad. Es nece­sa­rio, se dice, “que todo cam­bie para que todo per­ma­nez­ca como antes”. Los cam­bios, inevi­ta­bles, deben pre­ser­var lo esen­cial[6].

Es esta pers­pec­ti­va la que ha “resuel­to”, al menos en apa­rien­cia, la últi­ma gran cri­sis de 2007-08. Des­pués del colap­so finan­cie­ro de Wall Street que con­ta­mi­nó rápi­da­men­te al sec­tor finan­cie­ro en varios paí­ses, Esta­dos Uni­dos y sus alia­dos subal­ter­nos adop­ta­ron, con varia­cio­nes, el lla­ma­do plan de aus­te­ri­dad. Los ban­cos fue­ron res­ca­ta­dos para dete­ner la hemo­rra­gia de las finan­zas, sin nece­si­dad de trans­for­ma­ción ni garan­tía de las prin­ci­pa­les ins­ti­tu­cio­nes finan­cie­ras. Estas deja­ron pasar la tor­men­ta, con el dine­ro de los con­tri­bu­yen­tes, mien­tras res­ta­ble­cen las mis­mas “bur­bu­jas” espe­cu­la­ti­vas que des­vían el capi­tal con tasas de ren­ta­bi­li­dad altas pero arries­ga­das. Al mis­mo tiem­po, los gobier­nos nos han dicho que las finan­zas están secas y que no había otra opción que impo­ner en el Nor­te, como se hizo en el Sur hace 20 años, las polí­ti­cas de ajus­te estruc­tu­ral. Solo en Que­bec, apro­xi­ma­da­men­te el 30% del pre­su­pues­to de salud públi­ca se ha redu­ci­do, lo que expli­ca en par­te el desas­tre en cur­so en los cen­tros médi­cos y los CHSLD. Esto es lo que ha suce­di­do en todas partes.

La estra­te­gia del caos

Hoy en una cri­sis que pare­ce más gra­ve que la ante­rior, es la pos­tu­ra la que domi­na. Los think de dere­chas, ade­más, no dudan en decir­lo. La cri­sis no tie­ne nada que ver con el neo­li­be­ra­lis­mo. Por el con­tra­rio, resul­ta del hecho de que la rees­truc­tu­ra­ción no fue lo sufi­cien­te­men­te radi­cal, por cul­pa de los movi­mien­tos socia­les y de la inep­ti­tud de los gober­nan­tes. Como ha expli­ca­do Nao­mi Klein, se nece­si­ta una “estra­te­gia de cho­que” para rom­per las resis­ten­cias, ace­le­rar la pri­va­ti­za­ción, la des­re­gu­la­ción y la libe­ra­li­za­ción finan­cie­ra[7].

A raíz del hura­cán Katri­na, que devas­tó Nue­va Orleans en 2005, una gran par­te de la pobla­ción lo per­dió todo, espe­cial­men­te en los barrios popu­la­res pobla­dos mayo­ri­ta­ria­men­te por afro­ame­ri­ca­nos. En la “recons­truc­ción” que siguió, los gobier­nos invo­lu­cra­dos y la oli­gar­quía local se ase­gu­ra­ron de eva­cuar a las capas popu­la­res, de pri­va­ti­zar aún más la salud y la edu­ca­ción. En su últi­ma obra[8], Klein expli­ca que el neo­li­be­ra­lis­mo, aun­que cri­ti­ca­do y des­acre­di­ta­do, se per­pe­túa en una espe­cie de “gue­rra con­tra la ima­gi­na­ción”[9].

Más cer­ca de casa, el niño que­ri­do de las cor­po­ra­cio­nes tan bien refle­ja­do en los prin­ci­pa­les medios de comu­ni­ca­ción, el Ins­ti­tu­to Eco­nó­mi­co de Mon­treal (IEM) nos advier­te sobre la estra­te­gia para hacer fren­te a la cri­sis. Las medi­das de urgen­cia, afir­ma el eco­no­mis­ta “senior” del IEM, pri­me­ro debe­rían ali­viar la “pre­sión fis­cal” sobre los deten­ta­do­res de capi­tal. En con­cre­to, el Esta­do debe acor­dar vaca­cio­nes de las car­gas socia­les para los emplea­do­res, abo­lir tem­po­ral­men­te la tasa inmo­bi­lia­ria comer­cial y decre­tar vaca­cio­nes de las tasas de ven­ta. La “mano invi­si­ble” del mer­ca­do res­ta­ble­ce­rá todo, espe­cial­men­te si el Esta­do se invo­lu­cra lo menos posible.

Cier­ta­men­te, por el momen­to los gobier­nos dudan en uti­li­zar dicho len­gua­je. No todos son tan deli­ran­tes como las agen­cias de la dere­cha y gene­ral­men­te han enten­di­do que el sec­tor públi­co era el prin­ci­pal baluar­te de que se dis­po­ne para evi­tar lo peor, lo que que­da cla­ro en la com­pa­ra­ción entre la situa­ción en Que­bec y la situa­ción esta­dou­ni­den­se. Si nadie pres­ta dema­sia­da aten­ción al IEM en este momen­to, sin embar­go es con­ce­bi­ble que vol­va­mos a las pro­pues­tas gas­ta­das de siem­pre cuan­do la pan­de­mia entre en su fase des­cen­den­te. Vol­ve­rán los argu­men­tos para redu­cir los enor­mes défi­cits que se regis­tra­rán como resul­ta­do de los diver­sos pro­gra­mas de urgen­cia. Las “solu­cio­nes” neo­li­be­ra­les, inclui­da la pri­va­ti­za­ción de la aten­ción a las per­so­nas de más edad, pro­ba­ble­men­te con­ti­nua­rán, si no es por la puer­ta de delan­te por la de atrás, a tra­vés de prác­ti­cas ya muy uti­li­za­das de la “nue­va ges­tión públi­ca”, que con­sis­te en des­man­te­lar el sec­tor públi­co en bene­fi­cio de los “par­te­na­ria­dos público-privado”.

Refor­mas para quién y por qué

Si se es un poco opti­mis­ta, se pue­de pen­sar que el neo­li­be­ra­lis­mo “puro y duro” ten­drá que hacer­se un cam­bio de ima­gen para no per­der esta gran “bata­lla de la ima­gi­na­ción”. Es pro­ba­ble que gran par­te de la opi­nión públi­ca ter­mi­ne pen­san­do que la cri­sis pan­dé­mi­ca es menos un “desas­tre natu­ral” que el resul­ta­do de polí­ti­cas mal pre­vis­tas de las últi­mas déca­das. Habrá resis­ten­cia si el “retorno a la nor­ma­li­dad” evo­ca­do por los Tru­deau y Legault de este mun­do se rea­li­za sim­ple­men­te refi­nan­cian­do a empre­sas y ban­cos, mien­tras que millo­nes de ciu­da­da­nos y ciu­da­da­nas arras­tra­rán el peso de la cri­sis duran­te años como resul­ta­do de la pér­di­da de empleos e ingresos.

Así es como los ope­ra­do­res eco­nó­mi­cos más serios que los bufo­nes del IEM bus­can otras vías. Es el caso de Lau­ren­ce Boo­ne, eco­no­mis­ta de la OCDE y ex-con­se­je­ra del gobierno socio-libe­ral de Fra­nçois Hollan­de. Pro­po­ne no preo­cu­par­se dema­sia­do por los défi­cits, que en teo­ría podrían ser con­tra­rres­ta­dos por la crea­ción mone­ta­ria[10].

Los Esta­dos capi­ta­lis­tas ya han deci­di­do inyec­tar dece­nas de miles de millo­nes de dóla­res en el res­ca­te de empre­sas y ayu­dar direc­ta­men­te a la ciu­da­da­nía para alen­tar­la a redes­cu­brir las “ale­grías” del con­su­mo. Inclu­so se está dis­pues­to a res­ca­tar par­tes del sec­tor públi­co, espe­cial­men­te en el sec­tor de la salud, cuyas defi­cien­cias se han hecho evi­den­tes en la cri­sis del coronavirus.

El cálcu­lo de estos eco­no­mis­tas que pro­po­nen una ges­tión modu­la­da del neo­li­be­ra­lis­mo se basa en un relan­za­mien­to ges­tio­na­do cen­tra­li­za­da­men­te, gra­cias a polí­ti­cas mone­ta­rias más abier­tas, que podrían relan­zar una tasa de infla­ción (la bes­tia negra de los neo­li­be­ra­les “puros y duros”), pero sin per­tur­bar dema­sia­do los “equi­li­brios macro­eco­nó­mi­cos”, en el len­gua­je del Ban­co Mun­dial. La deu­da sería ele­va­da pero mane­ja­ble (mien­tras pier­de su valor a tra­vés de la infla­ción), lo que per­mi­ti­ría la reac­ti­va­ción de la eco­no­mía “real” (pro­duc­ción y con­su­mo), muy simi­lar a lo que Key­nes había pla­nea­do en las déca­das de 1940 y 1950. Para hacer esto, por supues­to, se nece­si­ta­ría un retorno a un Esta­do regu­la­dor, capaz de “domes­ti­car” las ambi­cio­nes del capi­ta­lis­mo sal­va­je a tra­vés de toda una serie de re-regla­men­ta­cio­nes. A pesar de esta pers­pec­ti­va opti­mis­ta, los par­ti­da­rios de las refor­mas esti­man que serían como míni­mo nece­sa­rios 1 o 2 años para repa­rar los pla­tos rotos y reto­mar el con­trol de las finan­zas. ¿Es eso posi­ble? Las bases estruc­tu­ra­les de la eco­no­mía neo­li­be­ra­li­za­da y glo­ba­li­za­da que ha domi­na­do duran­te tres déca­das serán resis­ten­tes. Por ejem­plo, la rees­truc­tu­ra­ción ini­cia­da en la déca­da de 1980, a tra­vés de la libe­ra­li­za­ción finan­cie­ra y la reubi­ca­ción de las inver­sio­nes y los empleos hacia el sur glo­bal, no será rele­ga­da fácil­men­te. Las altas finan­zas ejer­cen una influen­cia des­pro­por­cio­na­da en la esce­na polí­ti­ca y mediá­ti­ca, en par­te debi­do al ami­guis­mo entre la oli­gar­quía finan­cie­ra y los otros sec­to­res de las cla­ses domi­nan­tes. Por otro lado, la rear­ti­cu­la­ción que ha pues­to en mar­cha la cade­na de pro­duc­ción mun­dial tenía la enor­me ven­ta­ja de atra­par a las capas pro­le­ta­rias del Sur (las “peque­ñas manos hábi­les” de las maqui­la­do­ras y de los talle­res de mise­ria des­de Chi­na has­ta Méxi­co), gene­ran­do enor­mes bene­fi­cios ¿Pue­de Gene­ral Motors repa­triar seria­men­te su pro­duc­ción a Detroit u Osha­wa y seguir sien­do “com­pe­ti­ti­va”? Hacer la pre­gun­ta es responderla.

Por otra par­te, el mar­co del capi­ta­lis­mo actual pro­ce­de de lo que David Har­vey lla­ma “acu­mu­la­ción por des­po­se­sión”, que requie­re la des­truc­ción ace­le­ra­da de las comu­ni­da­des cam­pe­si­nas y de las socie­da­des pre-capi­ta­lis­tas y se acom­pa­ña de un inmen­so sal­to ade­lan­te en la explo­ta­ción ili­mi­ta­da de la natu­ra­le­za (tie­rra, bos­ques, mares, atmós­fe­ra) median­te prác­ti­cas extrac­ti­vis­tas en una esca­la sin pre­ce­den­tes en la his­to­ria[11].

Final­men­te, debe enfa­ti­zar­se que, a dife­ren­cia de la rece­ta de Key­nes, la eco­no­mía actual ya no requie­re de millo­nes de empleos en el sec­tor manu­fac­tu­re­ro, que son rela­ti­va­men­te esta­bles y rela­ti­va­men­te bien paga­dos (en com­pa­ra­ción con la eco­no­mía “Big Mac”, que depen­de de una mano de obra poco cali­fi­ca­da y pre­ca­ria). Este sec­tor de fabri­ca­ción aho­ra está des­lo­ca­li­za­do y, cuan­do no lo está, aho­ra fun­cio­na gra­cias a la infor­ma­ti­za­ción de una frac­ción bas­tan­te estre­cha de asa­la­ria­dos y asa­la­ria­das. La reac­ti­va­ción de la acu­mu­la­ción a tra­vés del cre­ci­mien­to del mer­ca­do gra­cias al con­su­mo de los hoga­res ya no está en el orden del día, aho­ra que la finan­cia­ri­za­ción ha des­pla­za­do a los cir­cui­tos del capi­tal hacia la eco­no­mía-casino y a la frag­men­ta­ción de la cade­na mun­dial de pro­duc­ción para poner al ser­vi­cio de la acu­mu­la­ción a cen­te­na­res de millo­nes de tra­ba­ja­do­res en Chi­na, Méxi­co y otros lugares.

En resu­men, este vie­jo mode­lo está par­cial­men­te roto, como expli­ca Michel Hus­son: “será difí­cil al sis­te­ma eco­nó­mi­co que vuel­va a su fun­cio­na­mien­to ante­rior a la cri­sis. Las cade­nas mun­dia­les de valor están des­or­ga­ni­za­das, las empre­sas habrán hecho quie­bra, está cues­tio­na­da la for­ma de ges­tión de los gas­tos públi­cos, espe­cial­men­te en mate­ria de salud”[12].

Pen­sar el capi­ta­lis­mo des­pués del capi­ta­lis­mo, pero ¿cómo?

Los sec­to­res “ilus­tra­dos” de la bur­gue­sía están preo­cu­pa­dos por que el man­te­ni­mien­to del sta­tu quo corra el ries­go de des­li­zar­se hacia for­mas exa­cer­ba­das de “aus­te­ri­dad” y de regí­me­nes reac­cio­na­rios, que sus­ci­ten con­flic­tos inter­mi­na­bles, inclu­so insu­rrec­cio­nes (como las que han esta­lla­do duran­te 2019 en luga­res tan diver­sos como Fran­cia, Chi­le, Arge­lia, Sudán, etc.). Otros com­po­nen­tes del 1%, espe­cial­men­te en el cam­po de la inves­ti­ga­ción, de la ense­ñan­za, de las fran­jas supe­rio­res de la tec­no­cra­cia esta­tal, esti­man tam­bién que las refor­mas par­cia­les con el obje­ti­vo de repli­car el com­pro­mi­so key­ne­siano son arries­ga­das. Dema­sia­do poco y dema­sia­do tar­de, podrían tener el efec­to de pre­ci­pi­tar una serie de cri­sis de lar­ga dura­ción[13]. Es enton­ces cuan­do apa­re­cen, un poco al mar­gen, gru­pos refor­mis­tas un poco más radi­ca­les, para pen­sar en un capi­ta­lis­mo des­pués del capi­ta­lis­mo. Es cier­to que estos ico­no­clas­tas “neo­key­ne­sia­nos” del capi­ta­lis­mo, ins­pi­ra­dos por Joseph Sti­glitz[14], per­ma­ne­cen bas­tan­te lejos de las agen­cias del poder, pero par­ti­ci­pan acti­va­men­te en la bata­lla de las ideas.

Para ellos, se debe rom­per el círcu­lo vicio­so de domi­na­ción del sec­tor finan­cie­ro, no solo, como pro­po­nen los refor­mis­tas “mode­ra­dos”, regu­lan­do Wall Street. Esto se pue­de hacer, argu­men­tan, res­tau­ran­do las regu­la­cio­nes de la era key­ne­sia­na, limi­tan­do el cam­po de acción de los espe­cu­la­do­res. Ello impli­ca tam­bién el res­ta­ble­ci­mien­to de una tri­bu­ta­ción pro­gre­si­va que haga que los ricos paguen su “jus­ta par­te”, lo que sig­ni­fi­ca­ría una gue­rra des­pia­da­da con­tra los paraí­sos fis­ca­les y otras téc­ni­cas mor­ta­les que son en gran par­te res­pon­sa­bles de la explo­sión de las des­igual­da­des. Habría que per­mi­tir el retorno de una acu­mu­la­ción basa­da en la capa­ci­dad de con­su­mo de los hoga­res, en la pro­tec­ción y la esta­bi­li­za­ción del tra­ba­jo, la for­ma­ción con­ti­nua, el des­apa­lan­ca­mien­to. Se pue­de obser­var que estas polí­ti­cas han fun­cio­na­do en los pocos paí­ses que han pro­te­gi­do, al menos par­cial­men­te, la heren­cia social­de­mó­cra­ta[15].

Los refor­mis­tas “radi­ca­les” pro­po­nen igual­men­te la refor­ma de la gober­nan­za, la erra­di­ca­ción de la corrup­ción, la demo­cra­ti­za­ción de las ins­ti­tu­cio­nes, la mejo­ra de las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas esen­cia­les para la vida en común (espe­cial­men­te en la salud y la edu­ca­ción). Y final­men­te, están pen­san­do en pro­mo­ver un giro impor­tan­te hacia la tran­si­ción eco­ló­gi­ca. Con inver­sio­nes masi­vas en dicha eco­no­mía ver­de, no solo se podría enfren­tar el desa­fío cli­má­ti­co, sino tam­bién relan­zar la acu­mu­la­ción en torno a los prin­ci­pa­les pro­yec­tos tecno-industriales.

Una vez dicho eso, este “New Deal ver­de” no impli­ca el des­man­te­la­mien­to del dis­po­si­ti­vo del poder capi­ta­lis­ta. La lla­ma­da eco­no­mía de mer­ca­do “pri­va­da” sigue sien­do la base esen­cial. El fac­tor de cre­ci­mien­to per­ma­ne­ce en torno al con­su­mo indi­vi­dual, por no decir, según la expre­sión de Bol­tans­ki y Chia­pe­llo, en torno al indi­vi­dua­lis­mo pose­si­vo[16].

Para Sti­glitz en par­ti­cu­lar, en últi­ma ins­tan­cia es nece­sa­rio mora­li­zar el capi­ta­lis­mo, dar­le pau­tas éti­cas, impe­dir los “exce­sos”, pen­sar a lar­go pla­zo y no solo en los bene­fi­cios inme­dia­tos regis­tra­dos al final de cada año fis­cal. En este sen­ti­do, el capi­ta­lis­mo con­ti­núa por­que según la céle­bre fór­mu­la de Mar­ga­ret That­cher, “the­re is no alter­na­ti­ve” [no hay alter­na­ti­va]. Esta pers­pec­ti­va está en gran medi­da vin­cu­la­da al “desa­rro­llo sos­te­ni­ble” que bus­ca repa­rar el daño del capi­ta­lis­mo depre­da­dor inte­gran­do en las ratios beneficio/​coste las nume­ro­sas dimen­sio­nes que el neo­li­be­ra­lis­mo ha “exter­na­li­za­do”, pasan­do la fac­tu­ra a la ciu­da­da­nía y a sus descendientes.

En este perío­do de con­fu­sión, las pro­pues­tas de los refor­mis­tas capi­ta­lis­tas pare­cen pro­gre­si­vas, con el rápi­do efec­to de salir de la espi­ral des­cen­den­te actual. Los movi­mien­tos popu­la­res y pro­gre­sis­tas se sien­ten inter­pe­la­dos por una alter­na­ti­va que pare­ce ser capaz de evi­tar las gran­des con­fron­ta­cio­nes del pasa­do, cuan­do el para­dig­ma no era repa­rar el capi­ta­lis­mo sino rom­per­lo. Las razo­nes que están detrás de este cam­bio de pers­pec­ti­va sobre­pa­san los lími­tes de este tex­to y debe­rán abor­dar­se pos­te­rior­men­te[17].

En el pasa­do, en cual­quier caso, los gran­des cam­bios no vinie­ron de mora­li­za­cio­nes que lla­ma­ban al “sen­ti­do común”, sino a tra­vés de luchas socia­les y polí­ti­cas muy vivas. Gran­des coa­li­cio­nes socia­les pues­tas en jue­go por las capas medias y popu­la­res impu­sie­ron las gran­des refor­mas, que per­mi­tie­ron, des­pués de la gran cri­sis de la pri­me­ra mitad del siglo XX, el pro­gre­so social, el acce­so a la ciu­da­da­nía y la demo­cra­cia y la sobe­ra­nía popu­lar. Estas bata­llas fue­ron par­cia­les, a menu­do incom­ple­tas. Más allá de los lími­tes de estas luchas del pasa­do, es difí­cil pen­sar en cam­bios sus­tan­cia­les sin un gran cam­bio en las rela­cio­nes de fuer­zas. En la des­truc­ción de un vie­jo orden apa­re­cen, de mane­ra caó­ti­ca y con­tra­dic­to­ria, los embrio­nes de una nue­va orga­ni­za­ción de la socie­dad cuyo alum­bra­mien­to entra­ña su par­te de dolo­res y de riesgos.

Fuen­te: Pla­ta­for­me Alter­mon­dia­lis­te (Que­bec)

http://​www​.euro​pe​-soli​dai​re​.org/​s​p​i​p​.​p​h​p​?​a​r​t​i​c​l​e​5​2​946

Tra­duc­ción: vien­to sur

Notas


[1] Finan­cial Times and Broo­kings Ins­ti­tu­te, «Inde­xes for the Mun­dial Eco­no­mic Reco­very», http://​ig​-legacy​.ft​.com/​c​o​n​t​e​n​t​/​a​0​a​7​c​f​8​4​-​6​725 – 11df-bf08-00144feab49a#axzz6JXWFYekk

[2] Phi­lipp Carls­son-Szle­zak, Mar­tin Reeves y Paul Swartz, “What Coro­na­vi­rus Could Mean for the Glo­bal Eco­nomy”, Har­vard Busi­ness Review, 3 de mar­zo de 2020.

[3] San­jay G. Reddy, “Coro­na­vi­rus and the limits of eco­no­mics”, Foreign Policy, 31 de mar­zo de 2020.

[4] Fra­nçois Ches­nais, “Situa­ción de la eco­no­mía mun­dial al prin­ci­pio de la gran rece­sión Covid-19”, dis­po­ni­ble en https://​vien​to​sur​.info/​s​p​i​p​.​p​h​p​?​a​r​t​i​c​l​e​1​5​872,12 de abril de 2020.

[5] Ver, por ejem­plo, la obra de Tho­mas Piketty, Capi­tal e ideo­lo­gía, Edi­to­rial Deus­to, 2019.

[6] El gato­par­do, Alian­za, 2007.

[7] Nao­mi Klein, La doc­tri­na del shock: el auge del capi­ta­lis­mo del desas­tre, Pai­dós, 2007. Nao­mi Klein ha ela­bo­ra­do igual­men­te un exce­len­te docu­men­tal basa­do en su libro que se encuen­tra gra­tui­ta­men­te en línea en https://www.youtube.com/watch?v=Mm8PZFz9T‑E

[8] On Fire: Plan B pour la plà­ne­te: le New Deal vert, Actes Sud, 2019.

[9] Nao­mi Kelin entre­vis­ta­da por Isa­be­lle Han­ne, Libé­ra­tion, 3 de noviem­bre 2019.

[10] Boo­ne ha publi­ca­do esta peque­ña cró­ni­ca en el Finan­cial Times (23 de mar­zo de 2020) que era, no hace mucho tiem­po, un feroz adver­sa­rio de las polí­ti­cas keynesianas.

[11] Har­vey, David, El nue­vo impe­ria­lis­mo, Akal, 2004.

[12] Michel Hus­son, “Neo­li­be­ra­lis­mo con­ta­mi­na­do”, dis­po­ni­ble en https://​vien​to​sur​.info/​s​p​i​p​.​p​h​p​?​a​r​t​i​c​l​e​1​5​793, 31 de mar­zo 2020.

[13] De hecho, la Gran Depre­sión de los años 30 fue un epi­so­dio, un frag­men­to de la gran cri­sis euro­pea que es esca­lo­nó des­de los años 1910 has­ta los años 1950. Fue­ron nece­sa­rias dos gue­rras mun­dia­les, inmen­sas tur­bu­len­cias eco­nó­mi­cas e igual­men­te la revuel­ta de los y las domi­na­dos en una gran par­te del mun­do para supe­rar esa cri­sis de lar­ga duración.

[14] La cri­sis del coro­na­vi­rus es ‘un dife­ren­te tipo de cri­sis’ dijo el Pre­mio Nobel de Eco­no­mía Joseph Sti­glitz, CNBC, 17 de mar­zo de 2020.

[15] Eso es lo que pre­va­le­ce en los paí­ses escan­di­na­vos, aun­que éstos han intro­du­ci­do igual­men­te refor­mas neo­li­be­ra­les que tie­nen los mis­mos efec­tos que en otras par­tes, por lo que don­de ha teni­do lugar un cre­ci­mien­to de la des­igual­dad y de las bol­sas de pobre­za. Pero este pro­ce­so se encuen­tra obs­ta­cu­li­za­do y es len­to, lo que hace que se pue­de tener la impre­sión, al menos par­cial­men­te, de que la social-demo­cra­cia per­sis­te en el “mode­lo” escandinavo.

[16] Bol­tans­ki y Chia­pe­llo, El nue­vo espí­ri­tu del capi­ta­lis­mo, Akal, 2002.

[17] El balan­ce, más bien desas­tro­so, del socia­lis­mo del siglo XX es una de las razo­nes que expli­can el decli­ve de las hipó­te­sis de rup­tu­ra. El rem­pla­za­mien­to espe­ra­do del Esta­do por comu­nas auto­ges­tio­na­das y la des­truc­ción pro­gra­ma­das de las divi­sio­nes de cla­ses, de géne­ro, entre las nacio­nes, no ha sido rea­li­za­da sino en bre­ves perío­dos y con cos­tes muy altos (gue­rras civi­les, des­truc­cio­nes, etc.). Sin embar­go, el deba­te está lejos de haber fina­li­za­do. Se pue­de obser­var un pro­ce­so de rear­ti­cu­la­ción alre­de­dor de pro­gra­mas de tran­si­ción popu­la­res y demo­crá­ti­cos, aun­que estos tra­ba­jos se encuen­tran aún en sus pri­me­ros pasos. En este sen­ti­do es muy intere­san­te la refle­xión de Julia Pos­ca, “Évi­ter la cri­se après la cri­se: chan­tiers pour recons­trui­re l’economie”, IRIS, 7 de abril de 2020.

Itu­rria /​Fuen­te

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