EEUU. ¿Está el mun­do en manos de un sicópata?

Por Ser­gio Rodrí­guez Gel­fens­tein, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 22 abril 2020.-

En el 150 ani­ver­sa­rio del nata­li­cio de V.I. Lenin. 

A Luis Sepúl­ve­da, her­mano, ami­go y compañero, 

quien nos dejó antes de tiempo 

para seguir­nos acompañando 

con la gran­de­za de su cora­zón gigante, 

con su gene­ro­si­dad sin lími­tes y con su con­se­cuen­cia irreductible.

Des­de hace un tiem­po ven­go dicien­do que ya a nadie le debe sor­pren­der que haya pre­si­den­tes con ante­ce­den­tes delic­ti­vos, ase­si­nos, geno­ci­das, vio­la­do­res de dere­chos huma­nos, nar­co­tra­fi­can­tes, para­mi­li­ta­res, homo­fó­bi­cos, racis­tas, o xenó­fo­bos. No creo que cual­quie­ra de esas con­di­cio­nes ‑algu­nas o todas- sea fun­da­men­to de asom­bro. Al revés, ello es con­sus­tan­cial con el sis­te­ma capi­ta­lis­ta que arras­tra todas esas lacras, por lo que poner a uno de los suyos en el más alto lugar de la admi­nis­tra­ción es lo natural. 

La demo­cra­cia repre­sen­ta­ti­va como expre­sión polí­ti­ca del sis­te­ma capi­ta­lis­ta no es demo­crá­ti­ca ni es repre­sen­ta­ti­va. En los hechos, es una dic­ta­du­ra de los pode­ro­sos. Aque­lla idea de que la demo­cra­cia es el gobierno de las mayo­rías dejó de ser una reali­dad, si es que en algún momen­to lo fue. Hoy, la mayor par­te de los gobier­nos del mun­do son de mino­ría, habi­da cuen­ta que el sis­te­ma ha ale­ja­do a los votan­tes de las urnas con las con­si­guien­tes altas abs­ten­cio­nes que en muchos casos lle­ga a 50% y más. En esa medi­da, los “líde­res” son favo­re­ci­dos con el apo­yo de entre 20 y 30% de los elec­to­res, con lo cual se lega­li­za una demo­cra­cia ile­gi­ti­ma, que se expre­sa coti­dia­na­men­te en cual­quier encues­ta de opinión.

Pero a esta des­gra­cia se ha veni­do a sumar una mucho peor y más peli­gro­sa. Des­de hace casi un siglo el mun­do no se veía inmer­so en el peli­gro de un lide­raz­go irra­cio­nal, fue­ra de con­trol que res­pon­de a situa­cio­nes de orden sub­je­ti­vo que la polí­ti­ca no pue­de mane­jar. Nos enfren­ta­mos a la actua­ción sico­pá­ti­ca de algu­nos diri­gen­tes, en espe­cial de Donald Trump. Así, ten­go la impre­sión que los ins­tru­men­tos de la polí­ti­ca, la eco­no­mía y el dere­cho no son sufi­cien­tes para dar res­pues­tas a varia­bles que entran en el terreno de lo absur­do, lo insen­sa­to y lo dis­pa­ra­ta­do. Se hace nece­sa­rio recu­rrir a la siquia­tría y la sico­lo­gía para ajus­tar los com­por­ta­mien­tos polí­ti­cos fren­te a lide­raz­gos como los de Trump y en menor medi­da Bol­so­na­ro, Piñe­ra y Uri­be que vio­len­tan las nor­mas ele­men­ta­les de con­duc­ta polí­ti­ca trans­for­man­do el arte de la con­duc­ción del Esta­do en una suma de volun­ta­des faná­ti­cas que se sus­ten­tan en el des­pre­cio y el odio a la huma­ni­dad. Duque no, Duque es tele­di­ri­gi­do por el otro, por eso en Colom­bia le dicen subpresidente.

El sicó­lo­go cata­lán Oscar Cas­ti­lle­ro Mimen­za se pro­pu­so en un artícu­lo des­cu­brir las carac­te­rís­ti­cas psi­co­ló­gi­cas de Adol­fo Hitler. Para ello se basó en los per­fi­les dise­ña­dos por el des­ta­ca­do sicó­lo­go esta­dou­ni­den­se Henry Murray quien rea­li­za­ra en 1943 el pri­mer per­fil sico­ló­gi­co de Hitler por encar­go de la Ofi­ci­na de Ser­vi­cios Estra­té­gi­cos de Esta­dos Uni­dos (OSS por sus siglas en inglés). El infor­me titu­la­do: “Aná­li­sis de la per­so­na­li­dad de Adolf Hitler: con pre­dic­cio­nes para tra­tar con él antes y des­pués de la ren­di­ción de Ale­ma­nia” es un refe­ren­te obli­ga­do para este tema aun­que sólo fue dado a cono­cer en 2004.

Cas­ti­lle­ro advier­te ‑de la mis­ma mane­ra que lo hicie­ron todos los espe­cia­lis­tas con­sul­ta­dos para este artícu­lo- que sin haber podi­do tener un tra­ta­mien­to direc­to con el pacien­te, “la úni­ca mane­ra de tra­tar de esta­ble­cer algo seme­jan­te a un per­fil psi­co­ló­gi­co es el aná­li­sis de sus dis­cur­sos, sus actos y las ideas que trans­mi­tió a tra­vés de la escritura”.

A par­tir del estu­dio de Murray, Cas­ti­lle­ro hace nue­ve con­si­de­ra­cio­nes que emer­gen del estu­dio de per­so­na­li­dad del líder nazi:

  1. Ego­la­tría y com­ple­jo de Mesías.
  2. Difi­cul­ta­des para la intimidad.
  3. Sen­ti­mien­tos de infe­rio­ri­dad y auto desprecio.
  4. Des­pre­cio hacia la debilidad.
  5. Per­se­ve­ran­cia.
  6. Caris­ma y capa­ci­dad de manipulación.
  7. Tea­tra­li­dad.
  8. Obse­sión por el poder.
  9. Poca capa­ci­dad de empatía.

Con­sul­ta­da al res­pec­to, Una pro­fe­so­ra jubi­la­da de la Escue­la de Sico­lo­gía de la Uni­ver­si­dad Cen­tral de Vene­zue­la que pidió no ser iden­ti­fi­ca­da, opi­nó que las con­si­de­ra­cio­nes de Cas­ti­lle­ro, pue­den ser per­fec­ta­men­te apli­ca­das para con­fir­mar que la per­so­na­li­dad de Trump es aná­lo­ga a la de Hitler. Según la ex docen­te: “su dis­cur­so, com­por­ta­mien­to y sus accio­nes deno­tan carac­te­rís­ti­cas simi­la­res”. Afir­mó que el indi­vi­duo sicó­pa­ta no es cura­ble ni pue­de supe­rar la enfer­me­dad. En un caso como este, que refie­re a un indi­vi­duo inte­li­gen­te y de alto nivel, con caris­ma y capa­ci­dad para enga­ñar y mani­pu­lar, con abier­tas mani­fes­ta­cio­nes ego­cén­tri­cas y de baja empa­tía, gene­ral­men­te se refie­re a per­so­nas con serias difi­cul­ta­des para con­fi­gu­rar una per­so­na­li­dad esta­ble, nece­si­tan ser reco­no­ci­dos, por­que en la mayo­ría de las veces no lo han sido en su infan­cia o juven­tud y que han pade­ci­do caren­cias afectivas.

El “Manual de diag­nós­ti­co y esta­dís­ti­ca de los tras­tor­nos men­ta­les” quin­ta edi­ción, publi­ca­do por la Aso­cia­ción Ame­ri­ca­na de Psi­quia­tría esta­ble­ce que: “La psi­co­pa­tía es un tras­torno de la per­so­na­li­dad com­ple­jo carac­te­ri­za­do por difi­cul­ta­des emo­cio­na­les, con­duc­tua­les y de rela­ción. Su reper­cu­sión es clí­ni­ca, social y judi­cial. […] se tra­du­ce en la apa­ri­ción simul­tá­nea de pro­ble­mas en tres ver­tien­tes: en su rela­ción con los demás, en su afec­ti­vi­dad y en su conducta.

Esta “biblia” para los diag­nós­ti­cos de tras­tor­nos men­ta­les en Esta­dos Uni­dos esta­ble­ce que: “Los psi­có­pa­tas se carac­te­ri­zan por tener sen­ti­mien­tos de gran­de­za, ser arro­gan­tes y egoís­tas. Pre­su­men de una gran impor­tan­cia hacia ellos mis­mos y tien­den a cul­pa­bi­li­zar a los demás de sus fra­ca­sos y defi­cien­cias. Fácil­men­te se apro­ve­chan de los demás uti­li­zan­do el encan­to, la mani­pu­la­ción y el enga­ño. Sus emo­cio­nes son super­fi­cia­les y poco sin­ce­ras, y tie­nen pocos remor­di­mien­tos cuan­do cau­san daño a alguien. Pre­sen­tan una fal­ta de empa­tía y son fríos y superficiales”.

Ali­cia Pér­si­co, sicó­lo­ga clí­ni­ca, pro­fe­so­ra de la escue­la se Sico­lo­gía de la Uni­ver­si­dad Cen­tro­ame­ri­ca­na (UCA) de Mana­gua, Nica­ra­gua, des­pués de coin­ci­dir con Cas­ti­lle­ro en que para tener un diag­nós­ti­co defi­ni­ti­vo se debe tra­tar al pacien­te para saber qué ele­men­tos influ­yen en un deter­mi­na­do com­por­ta­mien­to, cree sin embar­go que sí se pue­den detec­tar com­por­ta­mien­tos inadap­ta­dos a la socie­dad tras la mani­fes­ta­ción de exa­cer­ba­dos patro­nes de des­pre­cio y vio­la­ción de los dere­chos de los demás en cier­tos indi­vi­duos, que se rela­cio­nan con cri­te­rios de tras­torno soció­pa­ta (anti­so­cial o psi­co­pá­ti­co ) de la personalidad.

Estos indi­vi­duos poseen una dis­tor­sión en su obser­va­ción del con­tex­to, creen que lo que ellos pien­san es la reali­dad al mar­gen de lo que pue­dan opi­nar otros. Pero, para jus­ti­fi­car sus con­si­de­ra­cio­nes nece­si­tan un colec­ti­vo que le de cohe­ren­cia a su pun­to de vista.

La pro­fe­so­ra Pér­si­co apre­cia que cuan­do una per­so­na de estas carac­te­rís­ti­cas tie­ne poder, se pro­du­ce una trans­for­ma­ción a tra­vés de la cual se sien­te estar sobre los demás, lo cual es un tras­torno gra­ve que influ­ye en las per­cep­cio­nes y en las conductas.

Con­ti­núa la aca­dé­mi­ca expre­san­do que en el caso de Trump podría decir­se que en Esta­dos Uni­dos hay un fuer­te fac­tor cul­tu­ral que con­fi­gu­ra la per­so­na­li­dad de sus ciu­da­da­nos resal­tan­do valo­res de supre­ma­cía, que se mani­fies­ta pode­ro­sa­men­te en todos los pre­si­den­tes de Esta­dos Uni­dos que han sido expo­nen­tes de un pen­sa­mien­to y una con­duc­ta dis­tor­sio­na­das, que los ha lle­va­do a creer que tie­nen un des­tino en la his­to­ria y que son envia­dos de Dios, lo cual es con­di­ción sine qua non para ser presidente.

Al res­pec­to, el his­to­ria­dor y crí­ti­co social esta­dou­ni­den­se Morris Ber­man, que se ha espe­cia­li­za­do en inves­ti­gar acer­ca de la his­to­ria cul­tu­ral e inte­lec­tual de Occi­den­te, en un folle­to titu­la­do “Loca­li­zar al enemi­go: Mito ver­sus reali­dad en la polí­ti­ca exte­rior de Esta­dos Uni­dos” opi­na que la reli­gión en ese país impo­ne la noción de que su misión es “demo­cra­ti­zar al res­to del mun­do (median­te la fuer­za si es necesario)”.

Ber­man juz­ga que ya en los pri­me­ros puri­ta­nos que lle­ga­ron a lo que des­pués sería Esta­dos Uni­dos exis­tía esa idea de gru­po de gen­te ele­gi­da por Dios. En el bar­co Ara­be­lla mien­tras cru­za­ban el Atlán­ti­co, John Winth­rop en 1629 dijo: “Encon­tra­re­mos que el dios de Israel está entre nosotros…él nos sal­va­rá y glo­ri­fi­ca­ra pues­to que debe­mos con­si­de­rar que sere­mos una ciu­dad sobre la coli­na, los ojos de todo el mun­do están pues­tos sobre nosotros”.

Dos siglos des­pués el escri­tor esta­dou­ni­den­se Henry David Tho­reau siguió for­ta­le­cien­do la idea al afir­mar que “…si Esta­dos Uni­dos no fue­ra el Gran pio­ne­ro occi­den­tal al que siguie­ran otras nacio­nes, enton­ces el mun­do – déjen­me repe­tir esto: el mun­do- no ten­dría un ver­da­de­ro propósito”.

Así, todos los pre­si­den­tes de Esta­dos Uni­dos han incor­po­ra­do en su dis­cur­so esta idea de ser el “pue­blo ele­gi­do”. Miles de reli­gio­sos des­de sus púl­pi­tos repe­tían jun­to a la tam­bién escri­to­ra esta­dou­ni­den­se Harriet Bee­cher Sto­we ‑famo­sa por su nove­la “La caba­ña del tío Tom”- que “Dios creó a Esta­dos Uni­dos para ilu­mi­nar a toda la humanidad”.

Ber­man expre­sa que todo este pen­sa­mien­to ha teni­do una gran influen­cia en la polí­ti­ca exte­rior de su país por­que si se con­si­de­ra que “eres bueno y que el Otro es malo, por defi­ni­ción, des­pués tie­nes que trans­po­lar esa mito­lo­gía sim­plis­ta al mun­do, y al demo­nio con la realidad”.

Este fac­tor cul­tu­ral al que se refe­ría la pro­fe­so­ra Pér­si­co, tie­ne ‑en el caso de Trump- una fuer­te influen­cia dadas sus carac­te­rís­ti­cas faran­du­le­ras que le per­mi­ten pro­yec­tar­se y sobre­vi­vir en medio de la adversidad.

A los pre­si­den­tes de Esta­dos Uni­dos no le impor­tan las per­so­nas en el logro de sus obje­ti­vos, no son con­si­de­ra­dos seres huma­nos que están murien­do, sino “bajas”. Su dis­cur­so solo pue­de cam­biar cuan­do estas bajas lle­gan al país (o se pro­du­cen en el mis­mo, como ocu­rrió el 11 de sep­tiem­bre u hoy, en tiem­pos de coro­na­vi­rus) en cajas de made­ra que son entre­ga­das a sus fami­lia­res. Cuan­do el inte­rés supe­rior es la ganan­cia y el lucro, “no impor­ta que mue­ra gen­te infe­rior que no sir­ve”. Es el clá­si­co dis­cur­so supre­ma­cis­ta pre­sen­te en Trump, de mane­ra sumer­gi­da, pero corriente.

Enton­ces, ope­ra otro fac­tor: el de la cul­pa, alguien tie­ne que tener la cul­pa. Hoy es Chi­na, la OMS, los gober­na­do­res, los medios de comu­ni­ca­ción o cual­quie­ra que se le ocu­rra pero el pre­si­den­te nun­ca. Su nar­ci­sis­mo lo lle­va a pen­sar que no impor­ta cuán­tos mue­ran, lo que impor­ta es “Ame­ri­ca first”. Tie­ne un obje­ti­vo y nadie lo mue­ve de la bús­que­da del mismo.

Son típi­cos atri­bu­tos del enfer­mo, en Trump se mani­fies­ta cla­ra­men­te tam­bién un ras­go nar­ci­sis­ta dis­tor­sio­na­dor de la reali­dad que se reve­la en su idea de gran­de­za, en su capa­ci­dad de mani­pu­la­ción que lle­va a man­te­ner a todos preo­cu­pa­dos en las cosas peque­ñas. Ese deli­rio lo lle­va siem­pre a ante­po­ner la pala­bra “gran” en todo lo que dice: “el gran esta­do de New York”, “la gran indus­tria de Esta­dos Uni­dos”, “los gran­des tra­ba­ja­do­res del petró­leo” y otros sin nece­si­dad de ser usa­do en tér­mi­nos del lenguaje.

Su ego gigan­tes­co, la supo­si­ción de que es mere­ce­dor de todos los elo­gios, ade­más de sus apre­cia­bles mani­fes­ta­cio­nes de auto­ri­ta­ris­mo, pre­po­ten­cia y arro­gan­cia, su menos­pre­cio por la gen­te, su nece­si­dad de ser admi­ra­do y lison­jea­do, su fal­ta de empa­tía con per­so­nas inclu­so cer­ca­nas, su agre­si­vi­dad en el dis­cur­so y en su ges­ti­cu­la­ción van con­fi­gu­ran­do un per­fil que cal­za per­fec­ta­men­te con el de un pacien­te con ras­gos sico­pá­ti­cos. Así mis­mo, su ideo­lo­gía y com­por­ta­mien­to racis­ta vie­nen des­de la juven­tud con­si­de­ran­do que su padre fue miem­bro acti­vo del Ku Klux Klan.

Su dis­cur­so no cohe­ren­te y los con­ti­nuos cam­bios en sus con­vic­cio­nes, dan cuen­ta de una per­so­na­li­dad ines­ta­ble lo cual es suma­men­te peli­gro­so cuan­do se mane­jan capa­ci­da­des y posi­bi­li­da­des que influ­yen en la vida de millo­nes de per­so­nas, en este caso cuan­do se está hablan­do del hom­bre que pre­si­de el país más pode­ro­so del planeta.

En un men­sa­je del escri­tor inglés Nate Whi­te que ha sido amplia­men­te repro­du­ci­do en las redes socia­les, al carac­te­ri­zar a Trump dice que éste: “Gol­pea bajo, lo que un caba­lle­ro no debe, nun­ca podría hacer, y cada gol­pe que apun­ta está por deba­jo del cin­tu­rón. Le gus­ta par­ti­cu­lar­men­te patear a los vul­ne­ra­bles o los sin voz”. Agre­ga: “Se con­vier­te en una for­ma de arte; es un Picas­so de mez­quin­da­des; un Sha­kes­pea­re de mier­da”, y con­ti­núa: “Sus defec­tos tie­nen defec­tos… Dios sabe que siem­pre ha habi­do gen­te estú­pi­da en el mun­do, y mucha gen­te des­agra­da­ble tam­bién. Pero rara­men­te la estu­pi­dez ha sido tan des­agra­da­ble, o la mal­dad tan estú­pi­da. Él hace que Nixon parez­ca digno de con­fian­za y Geor­ge W. [Bush] parez­ca inteligente”.

Para fina­li­zar su des­crip­ción escri­be que “si Fran­kens­tein deci­die­ra hacer un mons­truo mon­ta­do ente­ra­men­te de defec­tos huma­nos, haría un Trump. Y si ser un idio­ta fue­ra un pro­gra­ma de tele­vi­sión, Trump sería una serie”.

Aho­ra vea­mos algu­nas accio­nes de Trump:

1. Mani­fes­tó públi­ca feli­ci­dad por el incre­men­to de los pacien­tes con­ta­gia­dos por coro­na­vi­rus en Irán.

2. Apro­bó la rea­li­za­ción de manio­bras mili­ta­res en Euro­pa, Bah­réin, Colom­bia y el Cari­be en el momen­to más álgi­do del coro­na­vi­rus en Euro­pa y Esta­dos Uni­dos. No le intere­só saber que la gri­pe espa­ño­la repor­ta­da por pri­me­ra vez en Fort Riley (Kan­sas, Esta­dos Uni­dos) en 1918 fue poten­cia­da por la pri­me­ra gue­rra mun­dial y lle­va­da de Amé­ri­ca a Euro­pa por un sol­da­do estadounidense.

3. Se trans­for­mó en el pri­mer pre­si­den­te que le decla­ra la gue­rra bac­te­rio­ló­gi­ca a sus pro­pias fuer­zas arma­das si se con­si­de­ra que esta deci­sión ha sig­ni­fi­ca­do que ade­más del “Theo­do­re Roo­se­velt”, los por­ta­avio­nes “Ronald Reagan”, “Carl Vin­son” y “Nimitz” tam­bién tie­nen casos con­fir­ma­dos de coronavirus.

4. Cele­bró la des­ti­tu­ción del jefe del por­ta­vio­nes “Theo­do­re Roo­se­velt” que había soli­ci­ta­do que sus mari­ne­ros pudie­ran cum­plir correc­ta­men­te la cuarentena.

5. Inci­tó a rea­li­zar mani­fes­ta­cio­nes en con­tra de los gober­na­do­res demó­cra­tas que decre­ta­ron cua­ren­te­na y dis­tan­cia­mien­to social, lla­man­do a “libe­rar a Min­ne­so­ta. Michi­gan y Virginia”.

6. Deter­mi­nó arbi­tra­ria­men­te la aper­tu­ra del comer­cio y las acti­vi­da­des depor­ti­vas cuan­do toda­vía el coro­na­vi­rus se encuen­tra en su mayor apogeo.

7. Ame­na­zó con cerrar el Con­gre­so de su país, si los par­la­men­ta­rios no apro­ba­ban las pro­pues­tas que él había hecho para desig­nar nue­vos car­gos en la administración.

8. Orde­nó apro­bar en el con­gre­so una ley de apo­yo a Tai­wán que vio­len­ta los acuer­dos sobre los que se sus­ten­tan las rela­cio­nes entre Esta­dos Uni­dos y Chi­na, el mis­mo día que tuvo una con­ver­sa­ción tele­fó­ni­ca amis­to­sa con el pre­si­den­te Xi Jinping.

9. Insis­tió sin prue­bas en cul­par a Chi­na de ser cau­san­te de la pan­de­mia y a la OMS de ser cóm­pli­ce de su propagación.

10. Reco­men­dó el uso de la hidro­xi­clo­ro­qui­na para el tra­ta­mien­to del virus, con­tra la opi­nión infor­ma­da de la OMS y de las pro­pias auto­ri­da­des de salud de su país, sólo por­que es accio­nis­ta del labo­ra­to­rio fran­cés que pro­du­ce el fár­ma­co. En Bra­sil le hicie­ron caso y se pro­du­je­ron 11 muertes.

11. Orde­nó reti­rar el apor­te mone­ta­rio de Esta­dos Uni­dos a la OMS, en pleno desa­rro­llo de la pandemia

12. Esti­mu­ló las com­pras de armas de los ciu­da­da­nos como ins­tru­men­to de defen­sa pre­vien­do que la pan­de­mia y la cri­sis que pue­da pro­du­cir gene­ra­rá masas dis­con­for­mes que asal­ten los comer­cios y las viviendas.

Saque Usted sus pro­pias conclusiones.

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