La pan­de­mia que estre­me­ce al capi­ta­lis­mo (II)

Segun­da Par­te – Por Clau­dio Katz1 /​

La pri­me­ra reac­ción de los gobier­nos occi­den­ta­les fren­te la nue­va cri­sis fue la repe­ti­ción del soco­rro del 2009. Pero el reme­dio de la déca­da pasa­da tie­ne efec­tos muy dudo­sos en la coyun­tu­ra actual. El res­ca­te ya no invo­lu­cra sólo a los ban­cos, sino que inclu­ye a incon­ta­bles áreas de la eco­no­mía. Dos razo­nes tor­nan muy difí­cil el reim­pul­so del nivel de acti­vi­dad. La eco­no­mía ya se enca­mi­na­ba a la rece­sión antes del coro­na­vi­rus y la abrup­ta para­li­za­ción de medio apa­ra­to pro­duc­ti­vo ten­drá seve­ros efec­tos acu­mu­la­ti­vos.

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La pri­me­ra reac­ción de los gobier­nos occi­den­ta­les fren­te la nue­va cri­sis fue la repe­ti­ción del soco­rro del 2009. Redu­je­ron las tasas de inte­rés, inyec­ta­ron liqui­dez y decre­ta­ron ali­vios fis­ca­les. Bus­ca­ron apla­nar la cur­va eco­nó­mi­ca como su equi­va­len­te sani­ta­ria, para dis­tri­buir la caí­da del PBI en el tiempo.

Pero el reme­dio de la déca­da pasa­da tie­ne efec­tos muy dudo­sos en la coyun­tu­ra actual. El res­ca­te ya no invo­lu­cra sólo a los ban­cos, sino que inclu­ye a incon­ta­bles áreas de la eco­no­mía. Dos razo­nes tor­nan muy difí­cil el reim­pul­so del nivel de acti­vi­dad. La eco­no­mía ya se enca­mi­na­ba a la rece­sión antes del coro­na­vi­rus y la abrup­ta para­li­za­ción de medio apa­ra­to pro­duc­ti­vo ten­drá seve­ros efec­tos acu­mu­la­ti­vos2.

Al comien­zo de la cri­sis el grue­so de los eco­no­mis­tas aso­ció la gra­ve­dad de la con­vul­sión con su dura­ción. Plan­tea­ron tres esce­na­rios posi­bles de menor cre­ci­mien­to, rece­sión o depre­sión. El pri­mer caso sólo impli­ca­ba un dete­rio­ro del con­tex­to pre­vio, el segun­do la recrea­ción de lo suce­di­do en el 2009 y el ter­ce­ro un des­mo­ro­na­mien­to equi­va­len­te a los años 303.

Pero en las últi­mas sema­nas se pre­ci­pi­tó un fuer­te des­plo­me de la eco­no­mía esta­dou­ni­den­se que afian­za las eva­lua­cio­nes más som­brías. Las soli­ci­tu­des del segu­ro de des­em­pleo han tre­pa­do a un rit­mo ver­ti­gi­no­so y en pocos días han supe­ra­do el núme­ro alcan­za­do a la lar­go de varios meses, duran­te la con­vul­sión del 2008 – 2009.

Estos datos pre­anun­cian una llu­via de quie­bras que no podría ser con­te­ni­da con soco­rros ofi­cia­les. Algu­nas con­sul­to­ras pro­nos­ti­can un derrum­be del 34% del PBI en el segun­do tri­mes­tre, que supe­ra­ría en tres veces y media el peor cómpu­to des­de 19474. Este pano­ra­ma indu­ce a múl­ti­ples ana­lo­gías con la gran depre­sión5.

El recien­te infor­me del FMI es igual­men­te cate­gó­ri­co. Esti­ma que el “gran con­fi­na­mien­to” en cur­so pro­vo­ca­rá una caí­da del PBI tres veces supe­rior al 2009. Tam­bién la OIT con­si­de­ra que la pér­di­da de 195 millo­nes de pues­tos de tra­ba­jo deja­rá muy atrás ese ante­ce­den­te6.

Todos los deba­tes sobre la even­tual inten­si­dad o fla­que­za de la futu­ra recu­pe­ra­ción han per­di­do rele­van­cia. En lugar de eva­luar si el repun­te pre­sen­ta­rá una for­ma de V, U o L, la dis­cu­sión gira en torno a la caí­da pre­via. Ya comen­zó una ful­mi­nan­te des­va­lo­ri­za­ción de los capi­ta­les impac­ta­dos por la pan­de­mia (turis­mo, hote­le­ría, trans­por­te) y se diri­me su exten­sión a una incon­tro­la­da secuen­cia de bancarrotas.

La diná­mi­ca del tem­blor eco­nó­mi­co está a su vez imbri­ca­da con el iti­ne­ra­rio de la pan­de­mia. Son dos reco­rri­dos inter­na­cio­na­les que se entre­cru­zan, impac­tan­do a una región tras otra cada 40 – 50 días. No es un shock uni­for­me, sino una cade­na de cone­xio­nes entre zonas afec­ta­das. Lo que comen­zó en Chi­na y gol­peó a Euro­pa aho­ra afec­ta en Esta­dos Uni­dos7. Aun­que se des­cu­bra rápi­da­men­te la vacu­na o algún tra­ta­mien­to efec­ti­vo con­tra el coro­na­vi­rus, las con­se­cuen­cias de la con­vul­sión actual serán perdurables.

PLANIFICACIÓN Y REDISTRIBUCIÓN

Ya aflo­ran ten­den­cias que pre­sa­gian cam­bios de gran por­te. Pre­do­mi­na un nivel de inter­ven­ción de los esta­dos ‑con pro­ce­di­mien­tos aná­lo­gos a la eco­no­mía de gue­rra-que supera amplia­men­te lo obser­va­do en el 2008. Las nue­vas regu­la­cio­nes intro­du­cen meca­nis­mos de ges­tión esta­tal, con moda­li­da­des de pla­ni­fi­ca­ción más empa­ren­ta­das con el key­ne­sia­nis­mo de ofer­ta que con su par de deman­da. En lugar de sos­te­ner el poder com­pra se pri­vi­le­gia el con­trol de los pre­cios, la super­vi­sión del abas­te­ci­mien­to y la pro­duc­ción de los bie­nes esenciales.

Las nor­mas de mer­ca­do pier­den pri­ma­cía fren­te a dis­po­si­cio­nes que inci­den en la ges­tión direc­ta de las empre­sas. Esa nue­va super­vi­sión es indis­pen­sa­ble para con­te­ner el auto­má­ti­co derrum­be que gene­ra­ría el con­fi­na­mien­to del grue­so de los tra­ba­ja­do­res en sus hogares.

La inter­ven­ción esta­tal pre­ci­pi­ta incon­ta­bles con­flic­tos con los capi­ta­lis­tas que espe­cu­lan con los pre­cios (alcohol en gel), con el des­abas­te­ci­mien­to de insu­mos bási­cos (artícu­los de lim­pie­za) o con la nega­ti­va a amol­dar su acti­vi­dad a las exi­gen­cias sani­ta­rias. El cho­que de Trump con Gene­ral Motors y Ford ‑que retar­dan la pro­duc­ción y deman­dan altos pre­cios por los res­pi­ra­do­res- es un ejem­plo de las nue­vas tensiones.

La regu­la­ción esta­tal es una exi­gen­cia de la pan­de­mia que pue­de inten­si­fi­car­se si se gene­ra­li­zan las quie­bras. La eco­no­mía de gue­rra sue­le impli­car una pre­sen­cia direc­ta de los gobier­nos en la ges­tión de las fir­mas. Muchos ana­lis­tas recuer­dan que esa inci­den­cia fue domi­nan­te, cuan­do el gas­to públi­co esca­ló del 8 – 10 % del PBI (años 30) al 40% en 1942 – 45.

Mien­tras que la pla­ni­fi­ca­ción de la ofer­ta des­pun­ta obje­ti­va­men­te como una res­pues­ta a la cri­sis, la redis­tri­bu­ción del ingre­so es explí­ci­ta­men­te recha­za­da por los prin­ci­pa­les gobier­nos occi­den­ta­les. No adop­tan medi­das sig­ni­fi­ca­ti­vas para garan­ti­zar los empleos, sos­te­ner los sala­rios o pro­te­ger a los des­am­pa­ra­dos. En este terreno, todos los anun­cios son insu­fi­cien­tes en com­pa­ra­ción a los soco­rros ofre­ci­dos a los capitalistas.

Las medi­das reque­ri­das para que la cri­sis sea sol­ven­ta­da por los pode­ro­sos, no depen­den sólo de la mag­ni­tud de la con­vul­sión. Exi­gen una fuer­te influen­cia de la lucha social o la even­tual exis­ten­cia de gobier­nos pro­gre­sis­tas. Ya exis­ten fuer­tes voces en esa direc­ción en torno a dos deman­das: la implan­ta­ción de una ren­ta bási­ca uni­ver­sal que ase­gu­re la super­vi­ven­cia de toda la pobla­ción y la intro­duc­ción de sig­ni­fi­ca­ti­vos impues­tos a las gran­des fortunas.

Esas pro­pues­tas toman en cuen­ta que el nivel de con­su­mo no ha inci­di­do en el des­en­ca­de­na­mien­to de la cri­sis, pero sería deter­mi­nan­te para con­te­ner los efec­tos del des­plo­me. Sin una drás­ti­ca redis­tri­bu­ción de ingre­sos resul­ta­rá será muy difí­cil emer­ger del des­mo­ro­na­mien­to que se ave­ci­na. Al igual que la pla­ni­fi­ca­ción de la ofer­ta, la reduc­ción de la des­igual­dad social no es incom­pa­ti­ble con la con­ti­nui­dad del capi­ta­lis­mo, pero su con­quis­ta impli­ca­ría una diná­mi­ca muy crí­ti­ca para el sis­te­ma actual.

TRES COMPARACIONES CON EL PASADO

La com­pa­ra­ción del esce­na­rio en cur­so con tres pro­ce­sos de prin­ci­pios del siglo XX per­mi­te cla­ri­fi­car cier­tas sin­gu­la­ri­da­des de la coro­na-cri­sis. En pri­mer lugar, la pan­de­mia actual ha sido con­tras­ta­da con la gri­pe espa­ño­la, que empe­zó en Esta­dos Uni­dos y Euro­pa en 1918 y alcan­zó su cenit en la India en 1920. En este últi­mo país se pro­du­jo la mayor par­te de los 30 o 50 millo­nes de falle­ci­dos que cau­só esa infección.

Ese atroz núme­ro de víc­ti­mas mar­ca una dife­ren­cia sus­tan­cial con la pan­de­mia actual. La dis­tan­cia es aún mayor con la pes­te negra del Medioe­vo, que cos­tó la vida a un ter­cio (o la mitad) de la pobla­ción europea.

El abis­mo entre la pro­tec­ción actual de la vida huma­na y esos pre­ce­den­tes his­tó­ri­cos es muy indi­ca­ti­vo del avan­ce de la cien­cia. En un mar­co de sig­ni­fi­ca­ti­vo aumen­to de la espe­ran­za de vida y extra­or­di­na­rias mejo­ras nutri­cio­na­les, la bre­cha entre con­ta­gia­dos y falle­ci­dos por el coro­na­vi­rus dis­tin­gue al siglo XXI de las devas­ta­do­ras pes­tes del pasado.

El capi­ta­lis­mo es un sis­te­ma de explo­ta­ción que degra­da a los asa­la­ria­dos, pero está some­ti­do a fuer­zas demo­cra­ti­za­do­ras e impor­tan­tes pre­sio­nes para pre­ser­var la fuer­za de tra­ba­jo. Por esa razón, cier­tas nor­mas de la salud públi­ca están incor­po­ra­das al fun­cio­na­mien­to de los estados.

En los hechos, no hay espa­cio para el dar­wi­nis­mo social, ni para las pro­vo­ca­do­ras suge­ren­cias de con­su­mar la refor­ma pre­vi­sio­nal, ace­le­ran­do la muer­te de los ancia­nos. Sal­va­guar­dar vidas es la prin­ci­pal preo­cu­pa­ción del grue­so de la sociedad.

La segun­da com­pa­ra­ción con la inter­na­cio­na­li­za­ción eco­nó­mi­ca de prin­ci­pio del siglo XX es igual­men­te rele­van­te. Ese perío­do de mun­dia­li­za­ción es fre­cuen­te­men­te cita­do como el gran ante­ce­den­te de la glo­ba­li­za­ción actual. Quié­nes con­si­de­ran que la inter­na­cio­na­li­za­ción es un pro­ce­so cícli­co (y por lo tan­to caren­te de nove­dad) sue­len resal­tar ese precedente.

Pero a dife­ren­cia de lo ocu­rri­do en esa épo­ca, la glo­ba­li­za­ción de las últi­mas cua­tro déca­das des­bor­dó la órbi­ta comer­cial y finan­cie­ra. Inclu­yó a la acti­vi­dad pro­duc­ti­va y al con­su­mo y por eso gene­ró un con­flic­to con la ausen­cia de mun­dia­li­za­ción del sis­te­ma sani­ta­rio. Esa con­tra­dic­ción es un des­equi­li­brio con­tem­po­rá­neo total­men­te ajeno a las ten­sio­nes del siglo pasado.

El carác­ter iné­di­to de la pan­de­mia jus­ta­men­te radi­ca en la velo­ci­dad y el con­ta­gio que impu­sie­ron la glo­ba­li­za­ción, la urba­ni­za­ción y la indus­tria­li­za­ción de los ali­men­tos. El coro­na­vi­rus esta­lló al com­pás de cade­nas glo­ba­les de valor y for­mas masi­fi­ca­das de turis­mo, que eran inexis­ten­tes a prin­ci­pio del siglo XX.

El ter­cer con­tra­pun­to con esa épo­ca se loca­li­za en la gran gue­rra de 1914 – 18, que ante­ce­dió en for­ma inme­dia­ta al esta­lli­do de la gri­pe espa­ño­la. Ese entre­la­za­mien­to fue tan estre­cho, que el núme­ro de muer­tos por la pan­de­mia que­dó dilui­do entre los falle­ci­dos duran­te la con­tien­da béli­ca. El trau­má­ti­co recuer­do de la Pri­me­ra Gue­rra sub­su­mió la impre­sio­nan­te devas­ta­ción de la infección.

Esa cone­xión está ausen­te en la actua­li­dad y real­za la dis­tin­ción entre una cala­mi­dad actual y una gue­rra8. Por esa ausen­cia de con­tex­to béli­co gene­ral, el impe­ria­lis­mo sólo ope­ra como fuer­za sub­ya­cen­te de la cri­sis en cur­so. Las dis­tin­tas poten­cias defi­nen estra­te­gias de acción y no pro­gra­mas bélicos.

Esta­dos Uni­dos se man­tie­ne reple­ga­do sin con­su­mar en for­ma direc­ta accio­nes mili­ta­res exter­nas. Las gue­rras regio­na­les y las accio­nes sub-impe­ria­les man­tie­nen las tona­li­da­des pre­ce­den­tes y los nue­vos des­plie­gues de tro­pas cum­plen más fun­cio­nes de auxi­lio que de matanza.

INTERROGANTES POLÍTICOS

La com­pa­ra­ción con las pri­me­ras déca­das del siglo XX plan­tea la gran pre­gun­ta del momen­to: ¿desem­bo­ca­rá la cri­sis en una depre­sión equi­va­len­te a 1930? Hubo muchos pre­sa­gios de esa repe­ti­ción que no se veri­fi­ca­ron duran­te el tem­blor del 2008. Pero aho­ra exis­ten des­equi­li­brios de mayor por­te que tor­nan más creí­bles esa ame­na­za. Los pró­xi­mos indi­ca­do­res de caí­da del PBI, des­em­pleo y nivel de quie­bras resol­ve­rán el interrogante.

El giro hacia la pla­ni­fi­ca­ción de la ofer­ta y la redis­tri­bu­ción de ingre­sos no fue en el pasa­do un mero coro­la­rio del des­mo­ro­na­mien­to de la eco­no­mía. Deri­vó de gran­des gue­rras e impac­tan­tes revo­lu­cio­nes. Las deter­mi­na­cio­nes polí­ti­cas que sig­na­rán el cur­so actual son des­co­no­ci­das, pero segu­ra­men­te esta­rán con­di­cio­na­das por el des­en­la­ce de la lucha social y la pre­emi­nen­cia de sali­das dere­chis­tas o pro­gre­sis­tas a la crisis.

Las varian­tes dere­chis­tas están a la vis­ta. Dos com­po­nen­tes del neo­li­be­ra­lis­mo han que­da­do muy afec­ta­dos por la con­mo­ción actual. El mode­lo eco­nó­mi­co de libre-mer­ca­do sufre el emba­te de la inter­ven­ción esta­tal y la ideo­lo­gía de las pri­va­ti­za­cio­nes afron­ta la reva­lo­ri­za­ción de la salud pública.

Pero un ter­cer pilar del neo­li­be­ra­lis­mo se man­tie­ne en pie y podría refor­zar­se, si el capi­tal reto­ma su ofen­si­va sobre el tra­ba­jo. El inmi­nen­te recor­te de los sala­rios y la even­tual amplia­ción del tele­tra­ba­jo anti­ci­pan esa posi­bi­li­dad. Ya hay empre­sas que se expan­den en la cua­ren­te­na con nor­mas de agu­da fle­xi­bi­li­za­ción labo­ral (Wal­mat, Ama­zon).

Una moda­li­dad de neo­li­be­ra­lis­mo con mayor pre­sen­cia del esta­do rige des­de hace tiem­po en Ale­ma­nia (ordo-libe­ra­lis­mo) y la ultra­de­re­cha anglo­sa­jo­na pro­pi­cia otra mix­tu­ra, con ingre­dien­tes chau­vi­nis­tas (retro-libe­ra­lis­mo). Man­tie­nen las denun­cias del “con­ta­gio chino”, reto­man­do la vie­ja tra­di­ción reac­cio­na­ria de iden­ti­fi­car las enfer­me­da­des con algu­na nacio­na­li­dad des­va­lo­ri­za­da. Fren­te a esa estig­ma­ti­za­ción, algu­nos auto­res recuer­dan que la gri­pe espa­ño­la no se ori­gi­nó en la penín­su­la ibé­ri­ca. Fue trans­mi­ti­da por los pollos a los sol­da­dos en una base mili­tar esta­dou­ni­den­se de Kan­sas9.

El prin­ci­pal pro­ble­ma que afron­tan las sali­das dere­chis­tas es el des­cré­di­to de líde­res, que batie­ron todos los récords de irres­pon­sa­bi­li­dad en el mane­jo de la pan­de­mia. Trump se bur­la­ba del virus y John­son lo desa­fia­ba estre­chan­do manos has­ta que fue inter­na­do en tera­pia intensiva.

La ultra­de­re­cha euro­pea tie­ne aho­ra la posi­bi­li­dad de pro­pi­ciar el rehui­do divor­cio con el euro, pero no está cla­ro cómo aso­cia­rá la pan­de­mia con su cam­pa­ña con­tra la inmi­gra­ción. La trans­mi­sión del virus ha sido un resul­ta­do de la glo­ba­li­za­ción de la pro­duc­ción y del con­su­mo y no un efec­to de la movi­li­dad de la fuer­za de tra­ba­jo. El con­ta­gio pro­vino de los via­je­ros y no de los refugiados.

A dife­ren­cia de las opcio­nes reac­cio­na­rias, aún no se vis­lum­bra cuá­les serían los cana­les de ges­ta­ción de una sali­da pro­gre­sis­ta. Pero esa opor­tu­ni­dad cobra fuer­za con nue­vas deman­das, en un esce­na­rio tras­to­ca­do. La pro­tec­ción de los tra­ba­ja­do­res fren­te a la pan­de­mia y el acce­so igua­li­ta­rio a la salud se ubi­can al tope de esas exi­gen­cias. En muchos paí­ses ya se dis­cu­te la nacio­na­li­za­ción del sis­te­ma sanitario.

En las eva­lua­cio­nes de más lar­go pla­zo se ha ins­ta­la­do un cli­ma de gran espe­cu­la­ción, para des­en­tra­ñar qué suce­de­rá cuan­do con­clu­ya la coro­na-cri­sis. El grue­so de los futu­ró­lo­gos des­li­za todo tipo de pre­dic­cio­nes, pre­su­po­nien­do que el capi­ta­lis­mo sal­drá indem­ne. Refle­xio­nan sobre el “día des­pués” sin saber cuál será la inten­si­dad de una con­mo­ción que recién se ini­cia10. Con la habi­tual incon­sis­ten­cia del perio­dis­mo cor­te­sano dis­pa­ran opi­nio­nes sobre un esta­dio pos­te­rior, igno­ran­do lo que suce­de­rá antes.

DILEMAS TEÓRICOS

La eva­lua­ción de cier­tos dile­mas pre­vios a la pan­de­mia per­mi­te evi­tar los dis­la­tes de la futu­ro­lo­gía. La prin­ci­pal incóg­ni­ta reto­ma la mis­ma dis­yun­ti­va del 2008. ¿Que­da­rá cerra­da la eta­pa que puso en pie al capi­ta­lis­mo glo­ba­li­za­do, digi­tal, pre­ca­ri­za­dor y finan­cia­ri­za­do de las últi­mas cua­tro déca­das? El gran tem­blor de la sub­pri­me no con­du­jo a esa clau­su­ra y sólo reno­vó una varian­te del mis­mo ciclo. ¿Se ave­ci­na otro reci­cla­je o el fin del mode­lo actual?

La res­pues­ta con­ver­ge­rá con la defi­ni­ción de la con­ti­nui­dad o freno de la mun­dia­li­za­ción. Los indi­cios de des­glo­ba­li­za­ción que ya se avi­zo­ra­ban en el decli­ve del comer­cio mun­dial han deri­va­do en un abrup­to esce­na­rio de encie­rro nacio­nal y reva­lo­ri­za­ción del mer­ca­do interno. Todos los paí­ses se replie­gan. ¿Pero es un vira­je tem­po­ra­rio o per­du­ra­ble? ¿Serán des­man­te­la­das las cade­nas glo­ba­les de valor? ¿Cómo podría frag­men­tar­se un mun­do digi­tal que enla­za al grue­so del planeta?

Otro inte­rro­gan­te invo­lu­cra al des­en­la­ce de la pug­na entre gigan­tes que opo­ne a Esta­dos Uni­dos con Chi­na. La mayor par­te de los augu­rios pre­sen­ta a la poten­cia asiá­ti­ca como gana­do­ra de esa par­ti­da. Esa eva­lua­ción regis­tra el tras­la­do del epi­cen­tro de la pan­de­mia a Nor­te­amé­ri­ca y el impac­tan­te envío de ayu­da huma­ni­ta­ria de Chi­na a su prin­ci­pal rival. Ese car­ga­men­to tie­ne con­tun­den­tes efec­tos simbólicos.

Pero los lla­ma­ti­vos epi­so­dios del coro­na­vi­rus no zan­jan el resul­ta­do de la bata­lla entre ambos con­ten­dien­tes. Lo que está en jue­go es el esce­na­rio de la dispu­ta. Esta­dos Uni­dos y Chi­na con­for­ta­ban en torno a dos tipos de glo­ba­li­za­ción, que aho­ra podrían asu­mir otro significado.

Si ese cho­que desem­bo­ca en defi­ni­cio­nes que­da­ría tam­bién escla­re­ci­do el pro­ce­so de desa­rro­llo des­igual y com­bi­na­do, que con­du­jo a Chi­na esca­lar posi­cio­nes apro­ve­chan­do las “ven­ta­jas del que lle­gó tar­de”. Un des­en­la­ce cla­ri­fi­ca­ría si esa diná­mi­ca ha bene­fi­cia­do (como Ale­ma­nia en el siglo XIX) o per­ju­di­ca­do (como Ale­ma­nia en el siglo XX) al país.

La pan­de­mia tam­bién reavi­va­rá los irre­suel­tos deba­tes sobre las ondas lar­gas. La coro­na-cri­sis ilus­tra un típi­co caso de shock externo, que afec­ta al con­jun­to de la eco­no­mía. Pero ese impac­to no escla­re­ce el esce­na­rio sub­ya­cen­te. Si la eta­pa en cur­so está sig­na­da por una onda des­cen­den­te: ¿se refuer­za la mis­ma caí­da? Si por el con­tra­rio el con­tex­to era ascen­den­te: ¿se ini­ció un vira­je con­tra­pues­to? Y si la diná­mi­ca de los movi­mien­tos lar­gos esta­ba extin­gui­da: ¿rena­ció la vie­ja secuencia?

Las gran­des cri­sis sue­len apor­tar res­pues­tas a las incóg­ni­tas teó­ri­cas de los perío­dos pre­vios. Por el momen­to esos inte­rro­gan­tes están abier­tos. Pre­ci­sar las pre­gun­tas per­mi­te con­tar con una brú­ju­la para defi­nir los pro­ble­mas a resolver.

SUSPENSIÓN DE LA LUCHA, IDEOLOGÍA DEL PÁNICO

Es evi­den­te que la pan­de­mia ha gene­ra­do efec­tos coyun­tu­ral­men­te adver­sos para todas las orga­ni­za­cio­nes popu­la­res. Des­ar­ti­cu­la su fun­cio­na­mien­to, obs­tru­ye la deli­be­ra­ción, impi­de las asam­bleas y anu­la las movi­li­za­cio­nes. Con las calles vacías se ha obtu­ra­do el prin­ci­pal canal de las protestas.

La des­mo­vi­li­za­ción se ha impues­to por un camino impen­sa­ble, al cabo de un año de impe­tuo­sas accio­nes popu­la­res que ten­dían a con­ver­ger a esca­la glo­bal. Esas luchas calle­je­ras han que­da­do tran­si­to­ria­men­te neu­tra­li­za­das por el encie­rro que exi­ge la cua­ren­te­na. Los aplau­sos y los rui­da­zos des­de los bal­co­nes no reem­pla­zan la con­tun­den­cia de cual­quier marcha.

Ese freno de los recla­mos afec­ta en mayor medi­da a los pro­ta­go­nis­tas de las pro­tes­tas. Los tra­ba­ja­do­res pre­ca­ri­za­dos ‑que en todo el mun­do hicie­ron oír sus deman­das en la calle- no cuen­tan aho­ra con el rela­ti­vo refu­gio del tele­tra­ba­jo. Tam­po­co for­man par­te del pro­le­ta­ria­do reque­ri­do para los ser­vi­cios básicos.

La lucha de cla­ses que había retor­na­do con cre­cien­te inten­si­dad en el 2019 ha que­da­do sus­pen­di­da. Su reapa­ri­ción está fue­ra de duda, pero se ha crea­do una incóg­ni­ta en torno a las fechas y for­mas de ese resur­gi­mien­to. Los fuer­tes recla­mos para exi­gir en la cua­ren­te­na, licen­cias pagas y equi­pos de pro­tec­ción per­so­nal anti­ci­pan el tono de las pró­xi­mas batallas.

Fren­te al peli­gro­so alcan­ce de la pan­de­mia se ha ins­ta­la­do un com­pren­si­ble temor en toda la pobla­ción. Ese mie­do tam­bién des­ata psi­co­sis de pes­te que soca­van la racio­na­li­dad de las res­pues­tas. Los medios de comu­ni­ca­ción con­tri­bu­yen a poten­ciar el páni­co, al com­bi­nar el ocul­ta­mien­to de los pro­ble­mas con el estí­mu­lo del terror colectivo.

La tira­nía que ejer­ce la hiper­te­le­vi­sión en el enclaus­tra­mien­to mul­ti­pli­ca esos temo­res. Dilu­ye la fron­te­ra entre fic­ción y reali­dad, en una des­car­na­da bata­lla por el rating que indu­ce a sobre­ac­tuar la pre­sen­ta­ción de las noti­cias11.

Se ha des­ata­do una com­pe­ten­cia de tin­te depor­ti­vo, para infor­mar cómo evo­lu­cio­na el ran­king de paí­ses en la medi­ción de con­ta­gios, falle­ci­dos y recu­pe­ra­dos. Con ese espec­tácu­lo se poten­cian los mie­dos y se obnu­bi­la la crí­ti­ca. La com­bi­na­ción de esa arti­lle­ría men­tal con las fake­news de la redes obs­tru­ye la refle­xión y el regis­tro de la res­pon­sa­bi­li­dad del capi­ta­lis­mo en la crisis.

El cli­ma ideo­ló­gi­co de pos-ver­dad y cinis­mo que impe­ró en los últi­mos años ha per­di­do pri­ma­cía. Se ha disuel­to la atmos­fe­ra de quie­tud que faci­li­ta­ba ese des­crei­mien­to. El ner­vio­sis­mo y la ansie­dad que pro­vo­can el coro­na­vi­rus obli­gan a recrear cier­tas pau­tas de verosimilitud.

Pero la ideo­lo­gía de la cla­se domi­nan­te no exhi­be direc­tri­ces níti­das. Bajo el impac­to de un gran shock, muchos libe­ra­les sim­ple­men­te expli­ci­tan su páni­co y trans­mi­ten pro­nós­ti­cos apo­ca­líp­ti­cos12. El catas­tro­fis­mo se ha trans­for­ma­do en un cre­do de sec­to­res asus­ta­dos del mains­tream, que sin­to­ni­za con fic­cio­nes de Holly­wood y dis­to­pías de una socie­dad sin con­tac­to físico.

Es muy incon­ve­nien­te apun­ta­lar esa sen­sa­ción des­de la izquier­da, con dis­cur­sos que poten­cian el sus­to, la inac­ción o la impo­ten­cia. Los men­sa­jes for­mal­men­te rea­lis­tas de un pró­xi­mo colap­so son con­tra­pro­du­cen­tes si inten­si­fi­can el pesimismo.

Esa desa­zón aumen­ta con los pre­sa­gios de tota­li­ta­ris­mo o inexo­ra­ble triun­fo de la “doc­tri­na del shock”, que se pro­pa­gan pre­vien­do mayo­res sufri­mien­tos de la pobla­ción y pos­te­rio­res recom­po­si­cio­nes del sta­tus quo.

Esas mira­das omi­ten que la con­mo­ción actual tam­bién gene­ra opor­tu­ni­da­des para un gran cam­bio, si la resis­ten­cia popu­lar encuen­tra cami­nos para for­jar alter­na­ti­vas de izquier­da. No exis­te nin­gún des­tino pre­de­ter­mi­na­do que impo­si­bi­li­te ese cur­so. En el comien­zo de la cri­sis sólo pre­va­le­cen nue­vas dis­yun­ti­vas e impre­vi­si­bles des­en­la­ces13.

Es cier­to que exis­te un gran peli­gro de mili­ta­ri­za­ción. La pre­sen­cia de gen­dar­mes en las calles, no sólo se mul­ti­pli­ca para garan­ti­zar el cum­pli­mien­to de la cua­ren­te­na. Ade­más, exis­te un enor­me avan­ce de la vigi­lan­cia infor­má­ti­ca para super­vi­sar el mapa de los infec­ta­dos, que podría ser pos­te­rior­men­te uti­li­za­do para otros fines.

Pero la com­ple­ji­dad del pro­ble­ma radi­ca en que la supera­ción de la pan­de­mia exi­ge el estric­to cum­pli­mien­to de las nor­mas. Por eso resul­ta indis­pen­sa­ble dis­tin­guir en cada situa­ción, los atro­pe­llos poli­cia­les de la pro­tec­ción de la salud públi­ca. Es tan inco­rrec­ta la jus­ti­fi­ca­ción de cual­quier acción de las fuer­zas de segu­ri­dad, como la exal­ta­ción de un libe­ra­lis­mo inge­nuo que impi­de actuar en situa­cio­nes sani­ta­rias de excepción.

REVALORIZACIÓN DE LA SALUD PÚBLICA

Es impor­tan­te regis­trar los ele­men­tos posi­ti­vos del nue­vo esce­na­rio. El más rele­van­te es la reva­lo­ri­za­ción de la salud públi­ca. La pan­de­mia ha demo­li­do la creen­cia libe­ral, que atri­bu­ye a cada indi­vi­duo la res­pon­sa­bi­li­dad de su pro­pia salud y pro­pi­cia la con­ve­nien­cia de ges­tio­nar­la con un buen con­tra­to de riesgo.

Esa ton­te­ría pri­va­tis­ta ha que­da­do des­men­ti­da por el coro­na­vi­rus. Se ha corro­bo­ra­do la incon­sis­ten­cia de un régi­men epi­de­mio­ló­gi­co indi­vi­dua­li­za­do, que sólo pue­de res­pon­der a las nece­si­da­des corrien­tes. En todos los paí­ses se veri­fi­ca que la salud es un bien públi­co indis­pen­sa­ble para la defen­sa del cuer­po social fren­te a las enfer­me­da­des14.

La ideo­lo­gía neo­li­be­ral ha que­da­do muy gol­pea­da en sus prin­ci­pios de indi­vi­dua­lis­mo, com­pe­ten­cia y mer­ca­do. Aho­ra impe­ra la nece­si­dad de reglas opues­tas de mayor pre­sen­cia del esta­do, cre­cien­te regu­la­ción y pri­ma­cía de la acción comunitaria.

La pan­de­mia está pro­vo­can­do un terre­mo­to con­cep­tual entre los pre­go­ne­ros de la pri­va­ti­za­ción de la salud. Sal­ta a la vis­ta que ese sis­te­ma es total­men­te inope­ran­te en las emer­gen­cias socia­les. Al igual que el sis­te­ma ban­ca­rio se des­mo­ro­na en los momen­tos críticos.

Esa veri­fi­ca­ción se corro­bo­ra en los paí­ses que han pues­to sobre la mesa, la recons­truc­ción de un sis­te­ma sani­ta­rio esta­tal acce­si­ble a toda la pobla­ción. En Irlan­da se intro­du­jo el sta­tus públi­co de los hos­pi­ta­les pri­va­dos. El gober­na­dor de Nue­va York orde­nó uti­li­zar los res­pi­ra­do­res de los sana­to­rios de altos ingre­sos. La deman­da de nacio­na­li­zar el sis­te­ma gana adep­tos, espe­cial­men­te en las nacio­nes que con­ti­nua­ron cobran­do los test cuan­do la pan­de­mia ya había estallado.

Las incon­ta­bles ini­cia­ti­vas de coope­ra­ción cons­ti­tu­yen otro ele­men­to posi­ti­vo. Volun­ta­rios que par­ti­ci­pan en el auxi­lio de los adul­tos mayo­res, orga­ni­za­cio­nes socia­les que cola­bo­ran en el sos­te­ni­mien­to de la cua­ren­te­na, jóve­nes que fabri­can ima­gi­na­ti­vos pro­tec­to­res del con­ta­gio, coope­ra­ti­vas que se recon­vier­ten para pro­du­cir mas­ca­ri­llas. El reco­no­ci­mien­to y aplau­so coti­diano a la heroi­ca fun­ción que cum­plen los médi­cos y enfer­me­ros corro­bo­ra ese resur­gi­mien­to del sos­tén colec­ti­vo a una labor comunitaria.

En el terreno inter­na­cio­nal esa reva­lo­ri­za­ción de la acción soli­da­ria está par­ti­cu­lar­men­te encar­na­da en el ejem­plo de los médi­cos cuba­nos. Nue­va­men­te los ges­tos de soli­da­ri­dad pro­vie­nen de un país que ofre­ce soco­rros, en lugar de ence­rrar­se en su pro­pia protección.

Cuba es una peque­ña nación de la peri­fe­ria que auxi­lia a las eco­no­mías desa­rro­lla­das. Sus ges­tos retra­tan la con­tra­po­si­ción entre el egoís­mo y her­man­dad. Fren­te a la prohi­bi­ción de expor­tar artícu­los medi­ci­na­les que dis­pu­so la Unión Euro­pea, Ita­lia soli­ci­tó ayu­da a Cuba (y a Chi­na) que res­pon­die­ron de inmediato.

Las redes socia­les pue­den con­ver­tir­se en el gran canal de la nue­va sen­si­bi­li­dad coope­ra­ti­va que des­pun­ta con el coro­na­vi­rus. Cum­plie­ron un papel cen­tral en el entre­la­za­mien­to de las pro­tes­tas glo­ba­les del 2019 y aho­ra podrían con­for­mar el teji­do reque­ri­do para cons­truir la res­pues­ta popu­lar al desas­tre capitalista.

EL BARÓMETRO DE LA ACCIÓN POLÍTICA

Nume­ro­sos movi­mien­tos popu­la­res han difun­di­do pro­gra­mas para enfren­tar la con­mo­ción actual. Todos com­par­ten pro­pues­tas de alcan­ce mun­dial, fren­te a una cala­mi­dad que exi­ge res­pues­tas en ese plano. El per­fil inter­na­cio­nal reto­ma la tra­di­ción de los foros socia­les de la déca­da pasa­da y de dos movi­mien­tos de gran peso (femi­nis­mo y eco­lo­gis­mo) que actúan en el orden pla­ne­ta­rio. En los hechos todas las pla­ta­for­mas com­bi­nan deman­das con un doble des­ti­na­ta­rio. Hay exi­gen­cias inme­dia­tas diri­gi­das a los esta­dos nacio­na­les y pro­pues­tas que recla­man accio­nes a nivel mun­dial15.

Todos los plan­teos enfa­ti­zan, ante todo, la nece­si­dad de garan­ti­zar la cua­ren­te­na y la vida de la pobla­ción. Resal­tan la impe­rio­sa urgen­cia de rea­li­zar los test al mayor núme­ro de per­so­nas, para actuar con efi­ca­cia en la con­ten­ción del con­ta­gio. La pro­tec­ción de los tra­ba­ja­do­res impli­ca en muchos casos el dere­cho a per­ma­ne­cer en los hoga­res, con el pago inte­gral del salario.

Tam­bién se pos­tu­lan medi­das de cen­tra­li­za­ción, inter­ven­ción o nacio­na­li­za­ción de la acti­vi­dad sani­ta­ria, jun­to a la supre­sión de la pro­pie­dad inte­lec­tual en el cam­po de la medi­ci­na. Se con­vo­ca a recau­dar recur­sos con impues­tos a las gran­des for­tu­nas y se exi­ge la con­do­na­ción de las deu­das de la periferia.

Los pro­gra­mas pro­pi­cian, ade­más, la sus­pen­sión de los des­alo­jos y la intro­duc­ción de un ingre­so uni­ver­sal sig­ni­fi­ca­ti­vo. Es el momen­to opor­tuno y nece­sa­rio para intro­du­cir la ren­ta bási­ca. La pan­de­mia ha demos­tra­do tam­bién la impe­rio­sa nece­si­dad de un cam­bio radi­cal en la pro­duc­ción de ali­men­tos. Son indis­pen­sa­bles las for­mas coope­ra­ti­vas y el pro­ta­go­nis­mo esta­tal, para redu­cir las infec­cio­nes que gene­ra el agro-negocio.

La cri­sis ha incen­ti­va­do una nue­va deman­da de expli­ca­cio­nes que rela­cio­nen la pan­de­mia con el capi­ta­lis­mo. Aho­ra se veri­fi­ca que nues­tras vidas son más impor­tan­tes que las ganan­cias de los millo­na­rios y que el capi­ta­lis­mo es la ver­da­de­ra ame­na­za que afron­ta la sociedad.

Pero la bata­lla por la salud con­tra el lucro es una lucha polí­ti­ca que no se pro­ce­sa con decla­ma­cio­nes. El capi­ta­lis­mo no decli­na­rá por el sim­ple efec­to de la pan­de­mia, ni des­apa­re­ce­rá en for­ma espon­tá­nea para abrir sen­de­ros de rein­ven­ción del comu­nis­mo16.

Dos siglos de expe­rien­cia con­fir­man que el sis­te­ma actual no colap­sa por sus pro­pios des­equi­li­brios. Sólo pue­de ser erra­di­ca­do a tra­vés de la acción de los tra­ba­ja­do­res. Las trans­for­ma­cio­nes socia­les se nutren de inter­ven­cio­nes popu­la­res cohe­sio­na­das en torno a pro­gra­mas, pro­yec­tos y estra­te­gias políticas.

El coro­na­vi­rus no es el fin del mun­do, pero podría dejar atrás el mode­lo de las últi­mas cua­tro déca­das. Ese des­em­bo­que requie­re pena­li­zar la codi­cia y pre­miar la solidaridad.

17 – 4‑2020

RESUMEN

La cri­sis supera lo ocu­rri­do en el 2009 y pre­sen­ta indi­cios de una posi­ble depre­sión. Los gobier­nos inter­vie­nen en la admi­nis­tra­ción de la pro­duc­ción, pero se opo­nen a redis­tri­buir los ingre­sos. Un esce­na­rio glo­ba­li­za­do, con mayor espe­ran­za de vida y ausen­cia de gue­rras mun­dia­les dis­tin­gue al con­tex­to actual de su ante­ce­den­te de prin­ci­pios del siglo XX.

La dere­cha pro­pi­cia sali­das retro-libe­ra­les para con­ti­nuar los atro­pe­llos socia­les con mayor inter­ven­ción del esta­do. Aún no se vis­lum­bran con­tra­par­tes pro­gre­sis­tas. La cri­sis podría cerrar una eta­pa y zan­jar la riva­li­dad entre Esta­dos Uni­dos y China.

La lucha de cla­ses ha que­da­do sus­pen­di­da en un cli­ma que obs­tru­ye la refle­xión, mien­tras la ideo­lo­gía domi­nan­te per­dió direc­tri­ces e incen­ti­va un ses­ga­do pesi­mis­mo. Pero la cri­sis intro­du­ce dis­yun­ti­vas y gene­ras opor­tu­ni­da­des. Ya exis­te una reva­lo­ri­za­ción de la salud públi­ca, con ini­cia­ti­vas de coope­ra­ción y ejem­plos de soli­da­ri­dad internacional.

Los pro­gra­mas alter­na­ti­vos com­bi­nan deman­das nacio­na­les con exi­gen­cias glo­ba­les, pro­pi­cian­do trans­for­ma­cio­nes socia­les que no emer­gen de los virus. Se requie­ren pro­yec­tos y estra­te­gias políticas.

NOTAS

1

Eco­no­mis­ta, inves­ti­ga­dor del CONICET, pro­fe­sor de la UBA, miem­bro del EDI. Su pági­na web es: www​.lahai​ne​.org/​k​atz

2

*Fuen­te: ANRed

Itu­rria /​Fuen­te

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