Lo que los fran­ce­ses deben saber de los vascos

Se cum­plen 45 años des­de que, en 1971, el filó­so­fo fran­cés, Jean Paul Sar­tre (1905−1980), cono­ci­do acti­vis­ta en favor de las luchas socia­les y nacio­na­les de los pue­blos opri­mi­dos, publi­có un tex­to sobre los vas­cos. Un pró­lo­go al libro El Pro­ce­so de Bur­gos, escri­to por la perio­dis­ta Gise­le Halimi.

Sar­tre, con­si­de­ra­do fun­da­dor del exis­ten­cia­lis­mo filo­só­fi­co, al que algu­nos lla­man el filó­so­fo de la liber­tad, fue un des­ta­ca­do pen­sa­dor, mar­xis­ta crí­ti­co y defen­sor de la luchas anti­co­lo­nia­les. Miem­bro del lla­ma­do Tri­bu­nal Rus­sell, que juz­ga­ba los crí­me­nes de gue­rra USA en Viet­nam, sim­pa­ti­zó con el par­ti­do comu­nis­ta. Pero ter­mi­nó cri­ti­can­do el esta­li­nis­mo y el socia­lis­mo de Esta­do. Sus escri­tos tuvie­ron gran influen­cia en los medios cul­tu­ra­les, uni­ver­si­ta­rios y polí­ti­cos. Espe­cial­men­te entre los jóve­nes del 68. Publi­có ensa­yos, nove­las, tea­tro y guio­nes de cine. Tam­bién le fue otor­ga­do el pre­mio Nobel de Lite­ra­tu­ra (1964). Que recha­zó con buen cri­te­rio. Entre sus acti­vi­da­des des­ta­ca tam­bién la fun­da­ción y direc­ción del dia­rio pari­sino Libé­ra­tion, siem­pre favo­ra­ble a la cau­sa vasca.

En diciem­bre de 1970, die­ci­séis mili­tan­tes de ETA fue­ron juz­ga­dos por un tri­bu­nal mili­tar, en Bur­gos, median­te el pro­ce­di­mien­to de jui­cio suma­rí­si­mo. Cali­fi­ca­ción jurí­di­ca que con­ver­tía en defi­ni­ti­va la sen­ten­cia del tri­bu­nal en pri­me­ra ins­tan­cia e impe­día recu­rrir­la. Sal­vo en peti­ción direc­ta de gra­cia e indul­to, al jefe del Esta­do. El tri­bu­nal de Bur­gos con­de­nó a muer­te a seis de ellos. Pero unos días des­pués, la vís­pe­ra de la Navi­dad, el gobierno de Fran­co indul­tó a los acu­sa­dos y con­mu­tó las muer­tes por cade­na per­pe­tua. Retro­ce­dien­do en su pri­me­ra inten­ción de cas­ti­go, que pen­sa­ba cor­tar de raíz el naci­mien­to de la lucha arma­da vasca.

¿Qué había pasa­do para este apa­ren­te reblan­de­ci­mien­to de la dic­ta­du­ra?. Para que las con­de­nas a muer­te fue­ran anu­la­das. Algo que lue­go, en 1975, no se vol­ve­ría a repe­tir. Sen­ci­lla­men­te: la res­pues­ta popu­lar en las calles y la reac­ción inter­na­cio­nal en las can­ci­lle­rías, habían sido nota­bles. Qui­zás las mas impor­tan­tes des­de el comien­zo de la dic­ta­du­ra. Hubo mani­fes­ta­cio­nes y dis­tur­bios de Nor­te a Sur de la penín­su­la. Paros y pro­tes­tas en fábri­cas. Y se pro­du­je­ron enfren­ta­mien­tos, barri­ca­das y deten­cio­nes. Un mani­fes­tan­te murió en Eibar, en el asal­to de la poli­cía a una barricada.

Tam­bién se pro­du­je­ron decla­ra­cio­nes de líde­res polí­ti­cos y sin­di­ca­les. Pro­nun­cia­mien­tos polí­ti­cos. Y ya que dos de los juz­ga­dos eran sacer­do­tes, la Igle­sia renun­ció a su dere­cho a un jui­cio cerra­do. Faci­li­tan­do así la infor­ma­ción perio­dís­ti­ca. En las parro­quias se leye­ron sen­das pas­to­ra­les de los obis­pos de Bil­bao y Donos­tia, cri­ti­can­do el suma­rí­si­mo pro­ce­di­mien­to. Y en este esce­na­rio, un coman­do de ETA secues­tró al cón­sul hono­ra­rio ale­mán de la capi­tal gui­puz­coa­na. Ofre­cien­do su libe­ra­ción a cam­bio de la vida de los presos.

Hubo impor­tan­tes pro­tes­tas ciu­da­da­nas en Milán, París, Roma, Ber­lín, Frank­furt, Bru­se­las etc. Y en varias capi­ta­les sud­ame­ri­ca­nas. Un gru­po de abo­ga­dos en Madrid y León, desa­fia­ron al régi­men fran­quis­ta, con comu­ni­ca­dos de pro­tes­ta. Y otro nutri­do gru­po de inte­lec­tua­les y artis­tas cata­la­nes, tres­cien­tos, se ence­rró en la aba­día de Mon­se­rrat, pidien­do el indul­to. Y defen­dien­do el dere­cho de los pue­blos a la auto­de­ter­mi­na­ción. Tres­cien­tos opo­si­to­res al fran­quis­mo, entre los cua­les Tapies, Miró, Bros­sa, Cas­te­llet, Colo­mi­nes, Ana María Matu­te o Ana Moix. Tam­bién Llach. Serrat o Rai­mon jun­to a Nuria Espert, Forms o Nunes, etc. Inclu­so Var­gas Llo­sa estu­vo vein­ti­cua­tro horas en el monas­te­rio. Los ence­rra­dos se juga­ban algo mas que lo que se jue­gan hoy, los que no se atre­ven a pro­cla­mar la inde­pen­den­cia cata­la­na fren­te a la ocu­pa­ción española.

Las nume­ro­sas pre­sio­nes inter­na­cio­na­les, reco­men­da­cio­nes de emba­ja­das y ame­na­zas de ais­la­mien­to con­tra Espa­ña, recor­da­ban los años de post­gue­rra. Los del cer­co mun­dial al pri­mer fran­quis­mo. Anun­cia­ban un nue­vo tiem­po: el tar­do­fran­quis­mo y su pró­xi­mo final. Y ter­mi­na­ron sien­do deci­si­vas en el indul­to. Mien­tras el gobierno espa­ñol jus­ti­fi­ca­ba su doc­tri­nal mono­po­lio de la vio­len­cia, con la excu­sa de la defen­sa de la ley y de la auto­ri­dad ins­ti­tui­da. Fue un esce­na­rio que se vol­vió a repe­tir, con peor suer­te, en setiem­bre de 1975.

Gise­le Hali­mi asis­tió al jui­cio de Bur­gos. Y fue tes­ti­go del pro­ce­so mili­tar con­tra ETA. Tam­bién con­tac­tó con el equi­po de abo­ga­dos defen­so­res, inte­gra­do por miem­bros de la opo­si­ción al fran­quis­mo. Que fue­ron orga­ni­za­dos y coor­di­na­dos por J.A. Etxe­ba­rrie­ta. Y cuyos gas­tos pagó Ayu­da Patrió­ti­ca. Un gru­po de la resis­ten­cia popu­lar vas­ca que reco­gía dine­ro para los pre­sos, median­te peque­ñas apor­ta­cio­nes clandestinas.

Hali­mi era una perio­dis­ta espe­cia­li­za­da en los pro­ce­sos de libe­ra­ción nacio­nal de la épo­ca y fue admi­ti­da como obser­va­do­ra en Bur­gos. Des­de esta pri­vi­le­gia­da posi­ción, que­dó impre­sio­na­da por una lucha casi des­co­no­ci­da en Euro­pa. Y por supues­to en Fran­cia. Y, en unos tér­mi­nos, igno­ra­dos enton­ces y aho­ra por los fran­ce­ses. Y por los espa­ño­les, que tie­nen a Her­nán Cor­tés en la bra­gue­ta. Y al Cid cam­pea­dor bajo la boina.

La perio­dis­ta escri­bió un amplio y deta­lla­do infor­me. Que lue­go se con­vir­tió en un exce­len­te libro. Edi­ta­do por Galli­mard (París, 1971). Alguien tuvo la acer­ta­da idea de pedir a Jean Paul Sar­tre un pró­lo­go. Sar­tre, que ya había pro­lo­ga­do obras de Fanon y par­ti­ci­pa­do en las pro­tes­tas con­tra el jui­cio, escri­bió un pre­fa­cio que ocu­pó vein­ti­trés hojas. Un impor­tan­te docu­men­to, que nadie mejor que él, podía escri­bir enton­ces. Y que apro­ve­chó para dar a cono­cer los com­po­nen­tes esen­cia­les de la cues­tión vas­ca. Su his­to­ria y cir­cuns­tan­cias polí­ti­co-socia­les. Y tam­bién, algo que sor­pren­dió a muchos: la par­te de res­pon­sa­bi­li­dad que Fran­cia, y los fran­ce­ses, tenían y tie­nen en el pro­ble­ma vasco.

Este peque­ño tra­ba­jo no pre­ten­de otra cosa que recor­dar el libro y, espe­cial­men­te, su pró­lo­go y a su autor. Y hacer una lec­tu­ra comen­ta­da y selec­ti­va del mis­mo. Aho­ra que se cum­plen cua­ren­ta y cin­co años des­de su publi­ca­ción. Por la sen­ci­lla razón de la difi­cul­tad de acce­der a el. Por el olvi­do y la des­me­mo­ria de lo que suce­día enton­ces. Y sigue suce­dien­do aho­ra. Y espe­cial­men­te, por todo aque­llo que nos quie­ren hacer olvi­dar por segun­da (y últi­ma?) vez.

Lo que los fran­ce­ses deben saber sobre los franceses

El pró­lo­go de Sar­tre pen­sa­do para decir a los fran­ce­ses lo que debían saber de los vas­cos, ter­mi­nó sien­do lo que los fran­ce­ses deben saber sobre los fran­ce­ses. Y su com­por­ta­mien­to cen­tra­lis­ta y colo­nial. El autor cri­ti­ca­ba direc­ta­men­te el fal­so escán­da­lo de los medios y de la pren­sa gala, que fin­gían des­cu­brir la fero­ci­dad del fran­quis­mo, encar­na­da en el pro­ce­so judi­cial de Bur­gos. Igno­ran­do su pro­pia res­pon­sa­bi­li­dad. Por­que Sar­tre creía que lo que había hecho el suma­rí­si­mo mili­tar era, sobre todo, reve­lar a Euro­pa la exis­ten­cia del hecho nacio­nal vas­co. Y no solo los méto­dos repre­si­vos españoles.

Sar­tre seña­la­ba tam­bién la inquie­tud de las con­cien­cias euro­peas y fran­ce­sas. No solo por la bru­ta­li­dad judi­cial del fran­quis­mo, sino por­que el pro­ce­so de Bur­gos esta­ba inco­mo­dan­do a quie­nes des­co­no­cían y, sobre todo, a quie­nes ocul­ta­ban la exis­ten­cia del hecho nacio­nal vas­co. Y los juz­ga­dos en Bur­gos, miem­bros de ETA y acu­sa­dos de lo que ya enton­ces se lla­ma­ba deli­tos de terro­ris­mo, habían lan­za­do un rayo sobre Euro­pa. Un fogo­na­zo de liber­tad y rei­vin­di­ca­ción, sobre la dor­mi­da y cómo­da Europa.

No es sufi­cien­te, venía a decir Sar­tre, que los fran­ce­ses se soli­da­ri­cen con los vas­cos per­se­gui­dos por el fran­quis­mo. Esto era fácil. Por­que la dic­ta­du­ra espa­ño­la recor­da­ba mucho al nazis­mo pade­ci­do por ellos. Lo meri­to­rio sería reco­no­cer la par­te de cul­pa pro­pia, en la situa­ción vas­ca. Y, sobre todo, acep­tar la ver­güen­za de las igno­ra­das colo­nias inte­rio­res, que el Esta­do fran­cés man­te­nía y man­tie­ne. No sólo en Eus­ka­di nor­te, sino tam­bién en Cata­lun­ya, Occi­ta­nia, Bre­ta­ña, Alsa­cia, Cór­ce­ga, etc.

Amplia­men­te boi­co­tea­do y prohi­bi­do en Espa­ña, el tex­to tuvo cier­ta reper­cu­sión en el exá­gono. Sobre todo en los medios polí­ti­cos y uni­ver­si­ta­rios, don­de Sar­tre era un inte­lec­tual famo­so y res­pe­ta­do. Y tam­bién en muchos paí­ses de habla his­pa­na, gra­cias a que una edi­to­rial de Cara­cas, encar­gó su tra­duc­ción y reedi­ción en 1972. Hoy se con­ser­van pocos ejem­pla­res. Son difí­ci­les de con­se­guir. Y no se leen en abso­lu­to. A pesar de que muchas de sus pági­nas y refle­xio­nes, son toda­vía apro­ve­cha­bles. Por­que, entre otras cosas y lamen­ta­ble­men­te, siguen en vigor.

El pró­lo­go de Sar­tre reco­ge una impor­tan­te suma de datos socia­les, cul­tu­ra­les, eco­nó­mi­cos y polí­ti­cos. El pue­blo vas­co. La Eus­ka­di resis­ten­te al fran­quis­mo se abría así a los ojos y las men­tes de unos sor­pren­di­dos fran­ce­ses. A quie­nes, de paso, se acu­sa­ba de colo­ni­za­do­res. Des­pués de sus derro­tas y expul­sio­nes de Indo­chi­na (Viet­nam) y de Arge­lia, nada podía ser mas per­ti­nen­te que recor­dar a ese pue­blo chau­vi­nis­ta y jaco­bino, el pro­ble­ma sola­pa­do, repri­mi­do y men­ti­do de las colo­nias interiores.

No es posi­ble hablar de los vas­cos sin hablar de sus ocu­pan­tes: fran­ce­ses y espa­ño­les. Para Sar­tre no lo era. De modo que, lo que los fran­ce­ses debe­rían saber de los vas­cos se con­vir­tió, en el tex­to del pres­ti­gio­so filó­so­fo que recha­zó el nobel bur­gués de Lite­ra­tu­ra, en lo que los fran­ce­ses debe­rían saber sobre si mis­mos. Y, al mis­mo tiem­po, lo que los espa­ño­les debe­rían saber sobre los espa­ño­les de entre­pier­na con­quis­ta­do­ra y boi­na impe­rial. Y, cómo no, lo que los vas­cos, que se creen que ya lo saben todo, debe­rían saber sobre los vascos.

Sar­tre ofi­ció gus­to­sa y acti­va­men­te, de alta­voz inter­na­cio­nal de un movi­mien­to arma­do de libe­ra­ción nacio­nal revo­lu­cio­na­rio. Hizo una expo­si­ción amplia. Razo­na­da. Incon­tes­ta­ble. Dia­léc­ti­ca­men­te hábil. De la cues­tión vas­ca. Publi­can­do datos obje­ti­vos y refle­xio­nan­do sobre la ocu­pa­ción vas­ca, como pro­ble­ma polí­ti­co e his­tó­ri­co. Pero tam­bién cul­tu­ral, eco­nó­mi­co y social. Cubrien­do todos los cam­pos posi­bles en una resis­ten­cia. Como era, y es, la de los vas­cos. Si alguno tie­ne oca­sión de leer el ori­gi­nal (hay ver­sio­nes en fran­cés, en eus­ke­ra y en espa­ñol), espe­ro que esté de acuer­do. Aun­que, tam­bién es cier­to, que la uti­li­za­ción pro­fu­sa de cifras de la épo­ca, y algu­nos cam­bios socio­po­lí­ti­cos pue­den, cua­ren­ta y cin­co años des­pués, des­orien­tar a los menos avi­sa­dos. O faci­li­tar el opor­tu­nis­mo de algu­nos, que ase­gu­ra­rán que eran otros tiem­pos. Y que aho­ra todo es dis­tin­to… Para que toda sea igual.

Sar­tre apor­ta tam­bién su talan­te filo­só­fi­co a este asun­to. Para él, los espa­ño­les, en la medi­da en que ellos mis­mos han sido fabri­ca­dos por el idea­lis­mo cen­tra­li­za­dor, son hom­bres abs­trac­tos y creen que, apar­te de un puña­do de agi­ta­do­res, todos los habi­tan­tes son como ellos. Por eso no acep­tan que quie­nes no quie­ren ser espa­ño­les (vas­cos, cata­la­nes, etc.) afir­men sus rei­vin­di­ca­cio­nes. Y recu­rran a la vio­len­cia de res­pues­ta con­tra la vio­len­cia de la inva­sión. Y por eso, dice Sar­tre, los espa­ño­les odian a los vas­cos lle­gan a odiar­los como vas­cos. O sea, como hom­bres con­cre­tos.

En cuan­to a los fran­ce­ses, Sar­tre des­en­mas­ca­ra su anti­fran­quis­mo faci­lón. Y cri­ti­ca su pose intere­sa­da, cul­pan­do del pro­ce­so de Bur­gos a la bru­ta­li­dad intrín­se­ca del régi­men. Mien­tras no quie­ren reco­no­cer que ETA no solo lucha con­tra una dic­ta­du­ra, sino sobre todo con­tra Espa­ña. Como Esta­do ocu­pan­te. Y eso mis­mo. Eso pre­ci­sa­men­te es lo que suce­de en el Esta­do fran­cés con otros pue­blos inva­di­dos: vas­cos del nor­te, cata­la­nes, occi­ta­nos, bre­to­nes, etc.

Pri­me­ro fue Indo­chi­na (años 50), des­pués Arge­lia (años 60), de don­de los fran­ce­ses fue­ron expul­sa­dos gra­cias a la insu­rrec­ción arma­da. Aho­ra, les que­dan las colo­nias inte­rio­res. La pre­ten­cio­sa uni­dad nacio­nal bur­gue­sa, con­se­gui­da median­te la absor­ción de otros pue­blos-nación impe­di­dos. De los que la opi­nión públi­ca fran­ce­sa, edu­ca­da para estar orgu­llo­sa de su his­to­ria, no quie­re reco­no­cer nada. De este modo el fran­cés, y el espa­ñol en su Esta­do, como inva­sor abs­trac­to nie­ga la uni­ver­sa­li­dad con­cre­ta de los vas­cos inva­di­dos. Y de los demás pue­blos opri­mi­dos. De este modo, Sar­tre con­si­gue que lo que los fran­ce­ses debe­rían saber de los vas­cos, se trans­for­me en lo que los fran­ce­ses deben saber sobre los franceses.

Socia­lis­tas, comu­nis­tas y conservadores

La Fran­cia de los años del Pró­lo­go era, en los aspec­tos impe­ria­lis­tas y socio-polí­ti­cos, sor­pren­den­te­men­te igual (no se si peor) que la actual. Dice Sar­tre que a los niños fran­ce­ses se les ense­ña que la his­to­ria de Fran­cia no es otra cosa que la his­to­ria de la uni­fi­ca­ción de todas nues­tras pro­vin­cias, comen­za­da por los reyes, con­ti­nua­da por la revo­lu­ción fran­ce­sa. Vale decir por la revo­lu­ción bur­gue­sa. Y esto era y es asig­na­tu­ra obli­ga­to­ria de la edu­ca­ción nacio­nal. Como lo es aquí y como es en todas las patrias de la bur­gue­sía. Que para jus­ti­fi­car la ocu­pa­ción tie­rras y nacio­nes, ense­ñan a sen­tir­se orgu­llo­so de ella y de sus haza­ñas impe­ria­lis­tas, como de algo providencial.

La uni­dad nacio­nal-escri­be el filó­so­fo-rea­li­za­da en nues­tro país des­de muy tem­prano, expli­ca­ba la per­fec­ción de nues­tra len­gua y el uni­ver­sa­lis­mo de nues­tra cul­tu­ra. En este aspec­to, socia­lis­tas y comu­nis­tas esta­ban de acuer­do con los con­ser­va­do­res: se con­si­de­ra­ban here­de­ros del cen­tra­lis­mo jaco­bino.

Fue­ron la revo­lu­ción bur­gue­sa y el jaco­bi­nis­mo quie­nes per­mi­tie­ron la vio­len­ta, y fal­sa, cen­tra­li­za­ción del país. Y el enro­la­mien­to obli­ga­to­rio de hom­bres y tie­rras en una nación tan for­za­da, como el fal­so rei­no patri­mo­nial de la monar­quía. Gra­cias a ello, duran­te el s. XIX, el nacio­na­lis­mo bur­gués creó el mis­mo tipo de hom­bre abs­trac­to, aplas­tan­do los orí­ge­nes étni­cos de los pue­blos obli­ga­dos a ser franceses.

De ahí, obser­va Sar­tre, el estu­por de 1970. Cuan­do la soli­da­ri­dad con los pre­sos de ETA, por mero anti­fas­cis­mo, abrió el deba­te sobre la nece­si­dad de acep­tar tam­bién los obje­ti­vos de los juz­ga­dos. Los obje­ti­vos nacio­na­les y socia­les de ETA. Sobre todo, cuan­do ETA decía no sola­men­te lucha­mos con­tra el fran­quis­mo, sino que ante todo lucha­mos con­tra Espa­ña. Y esto era lo indi­ges­to, para Fran­cia, con­fir­ma el autor. Cómo admi­tir que la nación vas­ca exis­tie­se al otro lado del Piri­neo sin reco­no­cer a nues­tros vas­cos el dere­cho a inte­grar­se en ella.…Aña­dien­do: ¿Y Bre­ta­ña? ¿Y Occi­ta­nia? ¿Y Alsa­cia?. ¿Era nece­sa­rio rees­cri­bir la his­to­ria de Fran­cia?. Des­de lue­go. Pero esta vez la verdadera.

El rena­ci­mien­to de las naciones

Para Sar­tre, la acti­vi­dad de ETA y el pro­ce­so de Bur­gos pusie­ron en pri­me­ra línea un nue­vo hecho: el rena­ci­mien­to de estas ten­den­cias que los gobier­nos cen­tra­les lla­man sepa­ra­tis­tas. En la URSS, en Yugos­la­via, en Fran­cia, en Espa­ña, en Irlan­da del Nor­te, en Bél­gi­ca, en Cana­dá etc. los con­flic­tos socia­les tie­nen una dimen­sión étni­ca. Algu­nas pro­vin­cias se sien­ten nacio­nes y recla­man un sta­tus nacio­nal pro­pio. De modo que, la uni­dad de la que las gran­des poten­cias sien­ten tan­to orgu­llo, escon­de la pre­sión de los gru­pos étni­cos y el uso sola­pa­do o decla­ra­do de la vio­len­cia repre­si­va.

El ejem­plo de los vas­cos, decía Sar­tre, demues­tra que ese rena­ci­mien­to no es oca­sio­nal, sino nece­sa­rio. Y que ni siquie­ra hubie­ra exis­ti­do si esas pre­ten­di­das pro­vin­cias no tuvie­ran una exis­ten­cia nacio­nal que duran­te siglos se ha inten­ta­do arran­car­les. (..) El hecho vas­co, impo­nién­do­se en Bur­gos en su nece­si­dad no ha deja­do de ins­truir­nos acer­ca de los des­ti­nos de los cata­la­nes, bre­to­nes, galle­gos y occi­ta­nos.

El filó­so­fo expo­nía tam­bién la uni­ver­sa­li­dad sin­gu­lar del pue­blo vas­co fren­te a la uni­ver­sa­li­dad abs­trac­ta del huma­nis­mo bur­gués. Lo que, median­te una dia­léc­ti­ca ineluc­ta­ble, había pro­du­ci­do un movi­mien­to nacio­nal revo­lu­cio­na­rio. Sar­tre par­te, sin pre­jui­cios cen­tra­lis­tas, de la evi­den­cia de una etnia vas­ca dife­ren­te de sus veci­nos, que no ha per­di­do nun­ca la con­cien­cia de su sin­gu­la­ri­dad. Ano­ta la irre­duc­ti­bi­li­dad del eus­ke­ra y el refor­za­mien­to de la con­cien­cia vas­ca, a pesar – o a cau­sa – de las con­quis­tas y ane­xio­nes. Des­cri­be y comen­ta las gue­rras car­lis­tas, la pér­di­da de los Fue­ros y el naci­mien­to del nacio­na­lis­mo como vehícu­lo de la recla­ma­ción independentista.

La resis­ten­cia vas­ca, afir­ma­ba Sar­tre, impre­sio­nó tan­to a los espa­ño­les del s. XIX que inclu­so el anar­quis­ta Pi y Mar­gall, pro­pu­so una solu­ción fede­ra­lis­ta para los pro­ble­mas de la penín­su­la. Pi y Mar­gall fue uno de los efí­me­ros pre­si­den­tes, de la no menos efí­me­ra I Repú­bli­ca espa­ño­la. Des­pués vino la Res­tau­ra­ción bor­bó­ni­ca cen­tra­lis­ta. Y mas tar­de la II Repú­bli­ca. La gue­rra. La pri­me­ra con­ce­sión auto­nó­mi­ca enga­ño­sa. Y Gernika…Luego el terror. La derro­ta, la dic­ta­du­ra y el exi­lio. Y con el exi­lio, el decli­ve nacionalista.

El PNV se refu­gia­rá en Fran­cia y, aban­do­na­do por los alia­dos, que­ma­rá sus últi­mos car­tu­chos en la huel­ga de 1947, apo­yán­do­se en el movi­mien­to obre­ro. En este asun­to, Sar­tre des­ta­ca­rá nues­tra ver­güen­za y su inge­nui­dad. Los alia­dos no hacen nada. Per­mi­ten que Fran­co repri­ma la huel­ga. Es el fin. El PNV es igno­ra­do, y ape­nas tole­ra­do en sue­lo fran­cés. Solo con­ser­va su pres­ti­gio, por­que es el par­ti­do his­tó­ri­co. Pero ya no actúa. O su acti­vi­dad no se corres­pon­de con la situa­ción. Los exi­lia­dos enve­je­cen. Fran­co es admi­ti­do en la ONU. Y abra­za a Eisenho­wer en Madrid (1959). Agui­rre mue­re. Y enton­ces sur­ge ETA. En el momen­to opor­tuno para reem­pla­zar al vie­jo par­ti­do bur­gués, ase­gu­ra Sartre.

Este resu­men le sir­ve a Sar­tre, para mos­trar a los fran­ce­ses que miran hacia otro lado, que Eus­ka­di, etnia recien­te­men­te con­quis­ta­da por Espa­ña, ha recha­za­do siem­pre y vio­len­ta­men­te la inte­gra­ción. Y para ter­mi­nar afir­ma:Si los vas­cos vota­ran hoy en día en una mayo­ría aplas­tan­te esco­ge­rían la inde­pen­den­cia.

Lo que los vas­cos deben saber sobre los vascos

En este pun­to, Sar­tre abre el deba­te sobre el per­fil de la ocu­pa­ción de Eus­ka­di. ¿Se tra­ta de una colo­nia?. La cues­tión es fun­da­men­tal, apun­ta, por­que es en las colo­nias don­de la lucha de cla­ses y la lucha nacio­nal se mez­clan. El autor seña­la la para­do­ja de un desa­rro­llo eco­nó­mi­co supe­rior de las colo­nias vas­cas. En espe­cial Biz­kaia y Gipuz­koa. Res­pec­to a Espa­ña. Pero cons­ta­ta, tam­bién, el mode­lo opues­to. En Ipa­rral­de, la Baja Naba­rra ha sido saquea­da, arrui­na­da y des­po­bla­da, por el con­quis­ta­dor fran­cés. Allí la colo­ni­za­ción es mas visi­ble por razón del expo­lio cen­tra­lis­ta, mas descarnado.

Sar­tre uti­li­za los datos eco­nó­mi­cos y socia­les de su épo­ca. Fina­les de los sesen­ta. En ellos se mues­tra el ciclo de bene­fi­cios del capi­ta­lis­mo vas­co-espa­ñol. Y la explo­ta­ción social y sala­rial del tra­ba­ja­dor en tie­rras vas­cas. Y con­clu­ye: A pesar de las apa­rien­cias, la situa­ción de un asa­la­ria­do vas­co es total­men­te pare­ci­da a la de un tra­ba­ja­dor colo­ni­za­do. Por­que el obre­ro vas­co, no está sim­ple­men­te explo­ta­do como el cas­te­llano, que man­tie­ne una lucha de cla­ses quí­mi­ca­men­te pura. Según Sar­tre, en Eus­ka­di, la cues­tión eco­nó­mi­ca y social se plan­tea en tér­mi­nos nacio­na­les. Por­que, cree que cuan­do el país no pague nin­gún tri­bu­to fis­cal al ocu­pan­te, cuan­do sus pro­ble­mas se for­mu­len y regu­len en Bil­bao y en Pam­plo­na, en vez de en Madrid, podrá trans­for­mar libre­men­te sus estruc­tu­ras eco­nó­mi­cas.

En el caso de la len­gua vas­ca suce­de lo mis­mo. Esta­mos ante un mode­lo colo­nial. Los fran­ce­ses se esfor­za­ron duran­te cien años en des­truir la len­gua ára­be, en Arge­lia. Con­si­guie­ron trans­for­mar el ára­be lite­ra­rio en una len­gua muer­ta, que ya no se ense­ña­ba. Han hecho lo mis­mo, con resul­ta­dos diver­sos, con el eus­ke­ra de la baja Nava­rra, con el bre­tón en Bre­ta­ña… A ambos lados de la fron­te­ra, se pre­ten­de hacer creer a una etnia, que su len­gua no es mas que un dia­lec­to ago­ni­zan­te […] Y la pren­sa ins­pi­ra­da repi­te con gus­to una fra­se lamen­ta­ble de Una­muno: La len­gua vas­ca mori­rá pron­to.

Ante el inten­to de geno­ci­dio cul­tu­ral, que el fran­quis­mo espa­ñol y el cen­tra­lis­mo fran­cés inten­ta­ron con el eus­ke­ra, Sar­tre afir­ma­rá: Hablar su len­gua, para un colo­ni­za­do, es ya un acto revo­lu­cio­na­rio. Y los vas­cos cons­cien­tes de hoy van mas lejos. La cul­tu­ra-dicen-es la crea­ción del hom­bre por el hom­bre. La cul­tu­ra ofi­cial en Eus­ka­di, en los años seten­ta, era espa­ño­lis­ta. De una fal­sa uni­ver­sa­li­dad, que que­ría hacer de los vas­cos hom­bres del uni­ver­sa­lis­mo espa­ñol, des­pro­vis­to de su carác­ter nacio­nal vas­co. Y asi­mi­la­dos al per­fil del ciu­da­dano abs­trac­to, pare­ci­do a un español.

Con seme­jan­te estra­te­gia repre­si­va el vas­co ter­mi­na por con­ver­tir­se en la nega­ción de lo espa­ñol. Del espa­ñol que se les ha meti­do den­tro de cada uno de ellos, afir­ma Sar­tre. Y de este modo, la cul­tu­ra vas­ca devie­ne en con­tra­cul­tu­ra, for­mu­lán­do­se como des­truc­ción con­se­cuen­te de la cul­tu­ra espa­ño­la. Y debe con­sis­tir en el recha­zo del huma­nis­mo uni­ver­sa­lis­ta de los pode­res cen­tra­les y en el esfuer­zo con­si­de­ra­ble para vol­ver a adue­ñar­se de la reali­dad vas­ca […]. Por esta razón la cul­tu­ra vas­ca es la pra­xis que se des­pren­de de la opre­sión del hom­bre por el hom­bre en el Pais Vas­co.

Median­te este enfren­ta­mien­to a la con­quis­ta, a la cen­tra­li­za­ción y a la explo­ta­ción social y nacio­nal, la cues­tión vas­ca con­sis­te en la rei­vin­di­ca­ción de la inde­pen­den­cia. Resu­men y amal­ga­ma, de lo ante­rior. Resul­ta­do defen­si­vo ante los vio­len­tos esfuer­zos que Espa­ña y Fran­cia han hecho para negarla.

Las res­pues­tas: el PCE, el PNV y los nue­vos independentistas

Des­de el pun­to de vis­ta de Sar­tre hay dos tipos de res­pues­ta his­tó­ri­ca a esta situa­ción de opre­sión espa­ño­la. Ambos le pare­cen inade­cua­dos. De un lado la del Par­ti­do Comu­nis­ta de Eus­ka­di. Por otro la del PNV.

El PC vas­co con­si­de­ra a Eus­ka­di una sim­ple deno­mi­na­ción geo­grá­fi­ca. Es un par­ti­do de los que lla­ma­mos sucur­sa­lis­ta. Reci­be órde­nes de Madrid. Y, por otra par­te, es ade­más social­de­mó­cra­ta y polí­ti­ca­men­te con­ser­va­dor. Dice el autor, que ade­más, al ser cen­tra­lis­ta, inten­ta arras­trar a los tra­ba­ja­do­res vas­cos a una lucha de cla­ses quí­mi­ca­men­te pura. Y al aban­dono de sus pro­pios pro­ble­mas para ayu­dar a los tra­ba­ja­do­res espa­ño­les a derro­car a la bur­gue­sía fran­quis­ta. Esto es, a des­po­jar­se de su cali­dad de vas­co y limi­tar­se a exi­gir una socie­dad socia­lis­ta para el hom­bre uni­ver­sal abs­trac­to, pro­duc­to del capi­ta­lis­mo cen­tra­li­za­dor.

Escri­be Sar­tre, que el poder teme la sepa­ra­ción de Eus­ka­di (y evi­den­te­men­te de Cata­lun­ya). Lo que sería una fuen­te de pro­ble­mas para Espa­ña. Lo era, en los años del autor. Y lo sería hoy. De modo que, inclu­so, una Repú­bli­ca haría lo mis­mo que Fran­co con los vas­cos. Tal vez guar­dan­do algu­nas fari­sai­cas for­mas demo­crá­ti­cas. Pero haría lo mis­mo y con el mis­mo horror al vacío de un hipo­té­ti­co exit vas­co-cata­lán. Esto es. Se tra­ta­ría del man­te­ni­mien­to de la ocu­pa­ción mili­tar cons­ti­tu­cio­nal, con el argu­men­to últi­mo de la fuer­za lega­li­za­da. Y el ade­re­zo de unas elec­cio­nes y leyes adul­te­ra­das o into­xi­ca­das. Por­que dicen, sin nin­gu­na prue­ba ni con­sul­ta pre­via, es lo que quie­ren los vas­cos y los catalanes.

En cuan­to al PNV, se equi­vo­ca al con­si­de­rar la inde­pen­den­cia como un fin en si mis­mo. Sar­tre ase­gu­ra, y teme, que el país inde­pen­dien­te que quie­re el PNV, pasa­ría de la depen­den­cia de Espa­ña a la depen­den­cia de EEUU. Del capi­ta­lis­mo espa­ñol al nor­te­ame­ri­cano. El PNV pre­ten­de­ría inde­pen­di­zar un esta­do vas­co bur­gués. Don­de la socie­dad con­ser­ve la estruc­tu­ra capi­ta­lis­ta y don­de la bur­gue­sía domi­nan­te se ven­de­ría al mejor pos­tor. Un neo­co­lo­nia­lis­mo, que repro­du­ci­rá los pro­ble­mas ante­rio­res, camu­fla­dos pero aumentados.

La insu­fi­cien­cia de estas dos res­pues­tas (PCE y PNV) – a los ojos del filó­so­fo fran­cés- prue­ban que inde­pen­den­cia y socia­lis­mo, en el caso de Eus­ka­di, son dos caras de la mis­ma mone­da. Y por eso. La lucha por la inde­pen­den­cia y la lucha por el socia­lis­mo deben estar uni­das. Y que, es a la cla­se obre­ra, la mas nume­ro­sa, a quien corres­pon­de tomar la direc­ción del com­ba­te. Para esto, el pro­le­ta­ria­do debe tomar con­cien­cia de su con­di­ción de colo­ni­za­do y las otras cla­ses, mas fácil­men­te nacio­na­lis­tas, deben com­pren­der que el socia­lis­mo es […] el úni­co acce­so posi­ble a la sobe­ra­nía.

Esta­ba pasan­do en Lati­noa­mé­ri­ca. Y se esta­ba repi­tien­do, como pro­yec­to de estra­te­gia, en algu­nas zonas con­flic­ti­vas europeas.

Las inade­cua­das y vio­len­tas res­pues­tas al pro­ble­ma vas­co, por par­te de Espa­ña y Fran­cia, habrían per­mi­ti­do la evo­lu­ción de la anti­cua­da recla­ma­ción de reco­brar los Fue­ros has­ta la nece­si­dad de cons­truir una socie­dad sobe­ra­na y socia­lis­ta. Lo habían deja­do cla­ro algu­nos de los juz­ga­dos en Bur­gos, repre­sen­tan­tes de ese nue­vo inde­pen­den­tis­mo, en sus decla­ra­cio­nes al tri­bu­nal mili­tar. Si el PNV hacía abs­trac­ción del pro­ble­ma social, el PC lo hacía con el pro­ble­ma nacio­nal. En este con­tex­to, la úni­ca fór­mu­la que podía satis­fa­cer a las nue­vas gene­ra­cio­nes, a los mili­tan­tes de ETA, tenía que ser la de un nacio­na­lis­mo revo­lu­cio­na­rio. Que repre­sen­ta­ba la unión de ambas luchas. La sín­te­sis de las aspi­ra­cio­nes del pue­blo tra­ba­ja­dor vas­co. En lucha por su libe­ra­ción social y nacio­nal. Como habían sido defi­ni­das por los ideó­lo­gos de la Vª Asam­blea, en 1967.

La lucha arma­da como respuesta

De acuer­do con la ideo­lo­gía ofi­cial del régi­men fran­quis­ta y su prác­ti­ca de adoc­tri­na­mien­to mediá­ti­co mono­po­lis­ta, ETA no pasa­ba de ser una ban­da terro­ris­ta. Nada nue­vo des­de enton­ces. ETA sería, (es) para los medios de comu­ni­ca­ción espa­ño­les, un gru­po inte­gra­do por un puña­do de uni­ver­si­ta­rios mar­gi­na­dos y vio­len­to (caso de Txa­bi Etxe­ba­rrie­ta) que nada tenían que ver con las aspi­ra­cio­nes reales de los vascos.

En la épo­ca, unos pocos auto­res miem­bros de ETA eran cono­ci­dos. Los que podría­mos lla­mar pre­cur­so­res de la izquier­da aber­tza­le. Escri­to­res como Krut­wig, Txi­llar­de­gi, Mada­ria­ga, Bel­tza etc. y otros que, como los Etxe­ba­rrie­ta, escri­bían bajo seu­dó­ni­mo. Gene­ral­men­te en las revis­tas clan­des­ti­nas de la orga­ni­za­ción. Y que tra­ta­ban de jus­ti­fi­car la res­pues­ta arma­da fren­te a la inva­sión, pero ape­nas podían rom­per el cer­co infor­ma­ti­vo, ni la repre­sión poli­cial y polí­ti­ca del franquismo.

El dis­cur­so ofi­cial domi­nan­te, de enton­ces y de hoy, bus­ca­ba situar­se en el plano de la con­vi­ven­cia. Y de la acep­ta­ción inte­li­gen­te de la ideo­lo­gía ins­ti­tu­cio­nal. Huyen­do de la reali­dad social y nacio­nal del enfren­ta­mien­to, se refu­gia­ba con Fran­co en la paz incon­tes­ta­ble logra­da por el Cau­di­llo. Como lo hace hoy, en el dis­cur­so del Esta­tu­to cons­ti­tu­cio­nal, en las ins­ti­tu­cio­nes, las leyes y su aca­ta­mien­to. Uni­cas refe­ren­cias demo­crá­ti­cas lega­li­za­das. Y por tan­to via­bles, en la ver­sión de poder y sus gobiernos.

Aun­que lo cier­to es que, lo mis­mo en Bur­gos que aho­ra, lo que se cons­truía, en la reali­dad social, no era la supues­ta con­vi­ven­cia demo­crá­ti­ca, sino el enfren­ta­mien­to por otros medios. Y así tam­bién se fabri­ca hoy la memo­ria his­tó­ri­ca, como base de la fal­sa con­vi­ven­cia. Y con los lími­tes infe­rio­res defi­ni­dos de ante­mano por el poder. Ayu­da­do en este supues­to por una fic­ti­cia y timo­ra­ta opo­si­ción. Por eso nadie quie­re retro­ce­der mas atrás del pri­mer dis­pa­ro de Txa­bi Etxe­ba­rrie­ta. Y la des­me­mo­ria se cier­ne sobre los ver­da­de­ros orí­ge­nes del pro­ble­ma vas­co y de la ocu­pa­ción franco-española.

Sar­tre, en cam­bio, reco­rría el esce­na­rio his­tó­ri­co de la ocu­pa­ción. Y lue­go seña­la­ba los años sesen­ta como el ini­cio de un ciclo infer­nal, de acción, repre­sión, acción. Así rela­ta­ba, sucin­ta­men­te, el comien­zo de la gue­rra chau­dechau­de con­tra ETA: Un guar­dia civil es encon­tra­do muer­to en una carre­te­ra. Horas mas tar­de, otros guar­dias civi­les dis­pa­ran sin moti­vo con­tra un sos­pe­cho­so y le matan. El muer­to es Javier Eche­va­rrie­ta, un diri­gen­te de ETA (…). La gue­rra calien­te con­tra ETA, la caza del hom­bre ha comen­za­do.

Tal como veía Sar­tre la cues­tión vas­ca, a prin­ci­pio de los seten­ta, los colo­ni­za­dos no tie­nen otra sali­da que con­tes­tar a la vio­len­cia con vio­len­cia. La ten­ta­ción refor­mis­ta que­da total­men­te des­car­ta­da y el pue­blo vas­co no pue­de dejar de radi­ca­li­zar­se: sabe aho­ra que no pue­de obte­ner la inde­pen­den­cia sino median­te la lucha arma­da. Los juz­ga­dos en Bur­gos, ya tenían con­cien­cia de ello. Y tam­bién, según afir­ma­ba el autor, el pro­ce­so de Bur­gos es muy cla­ro en este pun­to: al enfren­tar­se a los espa­ño­les, los acu­sa­dos saben lo que arries­ga­ban: encar­ce­la­mien­to, tor­tu­ras, pena capital…Lo sabían y lucha­ban con la espe­ran­za de con­tri­buir a la for­ma­ción de un ejér­ci­to clan­des­tino.

Es posi­ble, y ten­ta­dor, com­pa­rar esta acti­tud de sacri­fi­cio cons­cien­te, y los comen­ta­rios de Sar­tre, con el levan­ta­mien­to de los irlan­de­ses del domin­go de Pas­cua, de 1916. El efec­to que pro­du­jo el ries­go asu­mi­do por los rebel­des irlan­de­ses en la Irlan­da de su tiem­po, fue extra­or­di­na­rio. Y sin duda el pre­ce­den­te de la pos­te­rior lucha arma­da del IRA. Sería el pri­mer paso con­sis­ten­te para la pos­te­rior inde­pen­den­cia, basa­da en el enfren­ta­mien­to arma­do a los ocu­pan­tes ingleses.

El efec­to que pro­du­jo Bur­gos, por muchas dife­ren­cias que haya con Irlan­da, cons­ti­tu­yó tam­bién el ini­cio-con­fir­ma­ción públi­co de una lucha arma­da de libe­ra­ción que, con alti­ba­jos, pre­sio­nes y depre­sio­nes, lle­ga a nues­tros días. Y man­tie­ne aún su influen­cia en las gene­ra­cio­nes de post­gue­rra. Hay que tener en cuen­ta que la apa­ri­ción de ETA y su acti­vi­dad arma­da, repre­sen­ta­ba la pri­me­ra vez que los vas­cos nacio­na­lis­tas toma­ban una ini­cia­ti­va radi­cal. Y asu­mían la deci­sión de ata­car al ocu­pan­te con las armas. Sin ofre­cer la otra meji­lla. Has­ta enton­ces, gue­rra de 1936 inclui­da, los nacio­na­lis­tas se habían limi­ta­do a mal­de­fen­der­se de las agre­sio­nes arma­das espa­ño­las. O de la ocu­pa­ción mili­tar y polí­ti­ca, par­ti­ci­pa­do en sus ins­ti­tu­cio­nes con un mode­ra­do empu­je rei­vin­di­ca­ti­vo. Siem­pre com­pa­ti­ble con la uni­dad del Esta­do. Y pro­ba­da­men­te inefi­caz, en cuan­to a con­se­guir la independencia.

Fuen­tes e influen­cias en el Prólogo

Ade­más del indu­da­ble efec­to pro­pa­gan­dís­ti­co que pro­du­cía el nom­bre de Sar­tre, en el plano inter­na­cio­nal, el Pró­lo­go tie­ne tam­bién otro nota­ble méri­to. Con­si­gue resu­mir en un bre­ve aná­li­sis, todos los ele­men­tos que inte­gran el pro­ble­ma vas­co. Con pre­sen­ta­ción de sus fac­to­res, denun­cia de los orí­ge­nes béli­cos y de la repre­sión ejer­ci­da por los prin­ci­pa­les res­pon­sa­bles de la situa­ción. Y expli­ca­ción razo­na­da de la res­pues­ta arma­da vas­ca a los esta­dos fran­cés y español.

En gene­ral, el Pró­lo­go refle­ja y trans­mi­te lo sus­tan­cial de la ideo­lo­gía de ETA en la épo­ca del pro­ce­so de Bur­gos. Que no es otra que lo que se deba­tió y apro­bó, como ideo­lo­gía de la orga­ni­za­ción, en la Vª Asam­blea. Iker Casa­no­va, en su libro sobre ETA, afir­ma que el ori­gen del Pró­lo­go y los mate­ria­les con que está hecho, pro­ce­de­rían de la direc­ción de ETA VI. Sin embar­go, ase­gu­ra Iker, el con­te­ni­do es total­men­te con­tra­rio a las tesis de Sex­ta, ya que rea­li­za un elo­gio­so reco­rri­do de la his­to­ria de ETA, defen­dien­do su tra­yec­to­ria y el uso de la repues­ta arma­da y ade­más asu­me el enfo­que colo­nia­lis­ta del con­flic­to vas­co.

Luis Nuñez e Iña­ki Ega­ña, en su impor­tan­te obra sobre esta orga­ni­za­ción (11 tomos – 1992) dedi­can al Jui­cio de Bur­gos vein­ti­cin­co pági­nas, en la par­te des­crip­ti­va. Mas otras trein­ta y seis en la par­te docu­men­tal. Inclu­yen docu­men­tos como el Mani­fies­to de Mon­tse­rrat o la car­ta de los die­ci­séis pro­ce­sa­dos. Inclu­so un poe­ma de Rafael Alber­ti, sobre las con­de­nas a muer­te. Tam­bién un com­ple­to dos­sier que con­tie­ne el tex­to com­ple­to de la acu­sa­ción fis­cal o el inte­rro­ga­to­rio a Mario Onain­dia. Entre otros. Asi­mis­mo, publi­can una tra­duc­ción al eus­ke­ra del Sar­tre-ren hitzau­rre fama­tua, que nos ocupa.

Iña­ki Ega­ña, en su ¿Quién es quién, en la His­to­ria del País de los Vas­cos? (2005), con­fir­ma la cola­bo­ra­ción de J.A. Etxe­ba­rrie­ta con la perio­dis­ta Hali­mi, en la redac­ción del libro sobre el pro­ce­so. No es difí­cil, por tan­to, que la influen­cia de Etxe­ba­rrie­ta pasa­ra a tra­vés del libro y otros escri­tos, al pro­pio Sar­tre. Pode­mos ima­gi­nar que el ale­ga­to de defen­sa, que Etxe­ba­rrie­ta pre­pa­ró en 48 horas para Izko de la Igle­sia, pudo estar en poder de Gise­lle Hali­mi en el momen­to de escri­bir su libro. Y pos­te­rior­men­te lo pudo cono­cer tam­bién Jean Paul Sar­tre. Este escri­to, ala­ba­do por dis­tin­tos auto­res que lo han podi­do leer, es un mag­ní­fi­co docu­men­to que cons­ti­tu­ye una jus­ti­fi­ca­ción polí­ti­ca de la lucha de todo el pue­blo vas­co y, al mis­mo tiem­po, un duro ale­ga­to de acu­sa­ción al Gobierno espa­ñol (L. Bru­ni: ETA. His­to­ria polí­ti­ca de una lucha arma­da 1987).

En todo caso, Sar­tre no ten­dría en el momen­to del jui­cio tan­ta infor­ma­ción de los asun­tos vas­cos como de Viet­nam, Arge­lia o algu­nos paí­ses sud­ame­ri­ca­nos. Pero, des­de enton­ces has­ta la fecha del Pró­lo­go, pudo leer los tex­tos, apa­re­ci­dos en Zutik o en otras publi­ca­cio­nes de la orga­ni­za­ción. Cuyo prin­ci­pal redac­tor era el pro­pio Etxe­ba­rrie­ta. Infor­mar­se, asi­mis­mo, entre la colo­nia de exi­lia­dos vas­cos y espa­ño­les, en París. No sabe­mos si ade­más tuvo con­tac­tos con los pro­pios mili­tan­tes exi­lia­dos. Con Krut­wig, Mada­ria­ga, Txi­llar­de­gi, Bel­tza, Esku­bi o con los de Bru­se­las. Pero, en todo caso, esta influen­cia pare­ce cla­ra en el Pró­lo­go. Los asun­tos que Krut­wig tra­ta­ba en sus libros y revis­tas, Vas­co­nia, Bran­ka, El nacio­na­lis­mo revo­lu­cio­na­rio, Hacia una estra­te­gia revo­lu­cio­na­ria… etc., no esta­ban al alcan­ce de todos. Pero se podían con­se­guir fácil­men­te al otro lado de la muga.

Esto sig­ni­fi­ca­ría que, sal­vo algu­nas apor­ta­cio­nes mar­ca de la casa, el papel de Sar­tre se limi­tó (aun­que no me gus­ta esta pala­bra para el caso) a ser­vir de mag­ní­fi­co alta­voz a lo que fue Bur­gos y a la pre­sen­ta­ción inter­na­cio­nal de la ideo­lo­gía del nacio­na­lis­mo revo­lu­cio­na­rio vas­co. Que seña­la­ba el per­fil de ETA, des­de la V Asam­blea. El inte­lec­tual fran­cés apor­tó todo su pres­ti­gio polí­ti­co y lite­ra­rio, su nom­bre y su tra­yec­to­ria inter­na­cio­nal, anti­co­lo­nial y anti­re­pre­si­va, ponien­do su fir­ma y rúbri­ca al lado del idea­rio inde­pen­den­tis­ta vas­co, en gene­ral. Y al de ETA en particular.

Aun­que las ideas y con­cep­tos del Pró­lo­go eran mone­da de cur­so corrien­te entre mili­tan­tes y exi­lia­dos de entonces…Que por cier­to se halla­ban inmer­sos en el deba­te entre V y VI. Pue­de que como pre­ce­den­te del siguien­te for­ce­jeo entre milis y poli-milis. Lo cier­to es que, has­ta enton­ces, eran ideas que resul­ta­ban prác­ti­ca­men­te des­co­no­ci­das e igno­ra­das, por la mayo­ría de los fran­ce­ses a quie­nes iba diri­gi­do el escri­to de Sar­tre. Y, mucho mas para los espa­ño­les y todo el mun­do de habla his­pa­na. Para el que final­men­te, fue tra­du­ci­do y edi­ta­do el tex­to, inme­dia­ta­men­te des­pués (1972) en Cara­cas. El mis­mo Sar­tre, advier­te en una nota a pié de pági­na, que en 1970 ya se había ini­cia­do el deba­te entre milis y poli­mi­lis. Y se dis­cu­tía sobre la des­mi­li­ta­ri­za­ción par­cial de ETA, en favor de dar mas peso a la acción polí­ti­ca de los trabajadores.

De cual­quier modo, el filó­so­fo fran­cés tenía la sen­si­bi­li­dad y la cul­tu­ra polí­ti­ca sufi­cien­tes para cap­tar los prin­ci­pa­les ele­men­tos de la inci­pien­te revo­lu­ción vas­ca. Enten­día per­fec­ta­men­te cual era la esen­cia arma­da de la ocu­pa­ción. Y la desidia o com­pli­ci­dad de sus pai­sa­nos y de los espa­ño­les, en la opre­sión vas­ca. De ahí que conec­ta­ra con faci­li­dad con los aná­li­sis, que en la épo­ca, se hacían des­de la direc­ción de ETA. Y acer­ta­ra a plas­mar en el Pró­lo­go, fue­sen o no suyas las ideas, un esque­ma aca­ba­do del asun­to vas­co como colo­nia inte­rior de Espa­ña y Francia.

A las puer­tas del tiem­po presente

El pro­ce­so de Bur­gos fue un momen­to cru­cial en las gene­ra­cio­nes que empe­za­ban a enfren­tar­se a la dic­ta­du­ra. Y se pre­pa­ra­ban para inten­tar un recam­bio polí­ti­co en el Esta­do. Aquel jui­cio, y la for­ma en que lo plan­teó el gru­po de abo­ga­dos coor­di­na­dos por Etxe­ba­rrie­ta, repre­sen­tó la toma de con­cien­cia sobre los pro­ble­mas vas­cos, para quie­nes no habían cono­ci­do la gue­rra, el decli­ve del PNV o el naci­mien­to de ETA. Ni sabían qué pasa­ba con el nacio­na­lis­mo vas­co el exi­lio. A quie­nes, en defi­ni­ti­va, se les había ocul­ta­do, o mani­pu­la­do, la mayor par­te de la his­to­ria vasca.

Como he suge­ri­do antes, Bur­gos fue con todas las sal­ve­da­des posi­bles – fun­da­men­tal­men­te en cuan­to a los nume­ro­sos muer­tos y fusi­la­dos irlan­de­ses – nues­tro pequeño/​gran Domin­go de Pas­cua de 1916. Y, entre otros, sería Jean Paul Sar­tre y algu­nos como él, quie­nes lo hicie­ron posi­ble por su acer­ta­da mira­da sobre nues­tra his­to­ria y nues­tro tiem­po. Fue, como se decía enton­ces, la prue­ba de que la úni­ca for­ma que se podía hablar, escri­bir y leer de polí­ti­ca, dan­do a cono­cer la ocu­pa­ción vas­ca, era en las cró­ni­cas de tribunales.

Ya en 1975, Ortzi en su His­to­ria de Eus­ka­di…ase­gu­ra­ba que: El Jui­cio de Bur­gos […] mar­ca una nue­va fase de la his­to­ria del régi­men fran­quis­ta.(..) Sobre todo, es la pri­me­ra vez que se pro­du­ce un movi­mien­to de masas sos­te­ni­do y pode­ro­so-no solo en Eus­ka­di, sino en todo el Esta­do-por un moti­vo que no es sin­di­cal sino direc­ta­men­te polí­ti­co. La con­cien­cia polí­ti­ca de los pue­blos de la penín­su­la ha dado un paso de gigan­te, y este paso es coe­tá­neo al debi­li­ta­mien­to estruc­tu­ral del régi­men.

Leta­men­dia aña­de tam­bién que el movi­mien­to popu­lar vas­co del mes de diciem­bre ha sido, en todo caso, mas espon­tá­neo que orga­ni­za­do por fuer­zas polí­ti­cas. Y afir­ma, que ETA no había pre­vis­to siquie­ra una movi­li­za­ción tan impor­tan­te. Este autor obser­va tam­bién que, entre las cla­ses popu­la­res y medias, el PNV man­tie­ne una influen­cia tra­di­cio­nal. Mien­tras que, en los sec­to­res obre­ros e indus­tria­les, es el Par­ti­do Comu­nis­ta quien resul­ta mas deter­mi­nan­te, a la hora de las movi­li­za­cio­nes. Y en este aspec­to, lla­ma­ba la aten­ción los paros orga­ni­za­dos en gran­des empre­sas como Altos Hor­nos, la Naval, Bab­cock o Gene­ral Eléc­tri­ca, en pro­tes­ta por el jui­cio de Bur­gos. Inclu­so auto­res como Cor­ta­zar y Mon­te­ro, en su Dic­cio­na­rio (1983) con­fir­ma­ban que des­pués de Bur­gos, ETA adqui­rió popu­la­ri­dad uni­ver­sal. Y que toda Espa­ña se movi­li­zó con­tra el pro­ce­so gri­tan­do amnis­tía y liber­tad.

Sin duda el tiem­po no pasa en bal­de. Ni siquie­ra para las ideas que un día fue­ron refle­xio­nes polí­ti­cas irre­ba­ti­bles, fir­ma­das por un filó­so­fo reco­no­ci­do. Por las que murie­ron unos y otros muchos se juga­ron la vida. Ideas e idea­les que con­for­ma­ron la con­cien­cia de toda una gene­ra­ción. Pasa el tiem­po. Y pasan los modos polí­ti­cos de recam­bio, con los que el capi­ta­lis­mo y la ocu­pa­ción bus­can su super­vi­ven­cia. Repú­bli­ca, dic­ta­du­ra, monar­quía par­la­men­ta­ria, esta­do de las autonomías…Formas dis­tin­tas de un mis­mo fon­do represor.

Pasan la demo­gra­fía, las esta­dís­ti­cas, los fra­ca­sos. El len­gua­je polí­ti­co se trans­for­ma. Y se adap­ta a la reali­dad. O a la moder­ni­dad. De la resis­ten­cia pasa­mos a la inte­li­gen­cia. Y de la con­fron­ta­ción arma­da a la con­vi­ven­cia ins­ti­tu­cio­nal. Y los mol­des polí­ti­cos de otras déca­das pare­cen anti­guos. Inclu­so los de otros paí­ses, don­de tuvie­ron mas éxi­to. Los datos del 70 no son los de hoy. Y noso­tros los de aho­ra, tam­po­co somos los de enton­ces. Pero…¿cuánto hay toda­vía de cier­to, y acer­ta­do, en estos aná­li­sis y cri­te­rios, que un día sor­pren­die­ron a los fran­ce­ses?. Que se ocul­ta­ban a espa­ño­les y vas­cos. Y que ETA publi­có como suyos y pro­cla­mó fren­te a tri­bu­na­les mili­ta­res de excep­ción. A las puer­tas de un tiem­po que enton­ces era nuevo.

¿Qué ha que­da­do del aná­li­sis sar­triano, en nues­tro baga­je polí­ti­co de la cues­tión vas­ca?. De la incó­mo­da desa­zón que pro­du­je­ron las pala­bras del filó­so­fo fran­cés en una opi­nión públi­ca, que creía que todo lo hacía bien. Y cuyo lema nacio­nal era (es) liber­tad, igual­dad y fra­ter­ni­dad. Pero que encu­bre una his­to­ria colo­nia­lis­ta y silen­cia las recla­ma­cio­nes nacio­na­les de otros pueblos.

¿Qué ha sido del idea­rio anti­co­lo­nia­lis­ta de Jean Paul Sar­tre?. Filó­so­fo com­pro­me­ti­do, crí­ti­co y auto­crí­ti­co. Que ense­ñó que no es posi­ble hablar del pro­ble­ma vas­co, sin seña­lar direc­ta­men­te a Fran­cia y Espa­ña. Sus ver­du­gos y ocu­pan­tes. Que escri­bía la liber­tad y dijo a los fran­ce­ses y al res­to del mun­do lo que tenían que saber sobre los vascos.

Que fue uno de esos fran­ce­ses, que a veces salen buenos.

Jose­ma­ri Loren­zo Espinosa

20 de julio de 2016

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