Here­de­ros del Ter­cer Reich: Ucra­nia, Esta­dos Uni­dos y los biolaboratorios

La ope­ra­ción mili­tar espe­cial de Rusia en Ucra­nia, que ya cum­ple die­cio­cho meses, des­ve­ló ade­más del nazis­mo, la tra­ma de bio­la­bo­ra­to­rios, armas bio­ló­gi­cas y expe­ri­men­tos per­pe­tra­dos por el gobierno de Esta­dos Uni­dos, sus agen­cias y empre­sas extraterritoriales.

Si bien, aún posee aris­tas des­co­no­ci­das, varias de las denun­cias del Minis­te­rio de Defen­sa de la Fede­ra­ción Rusa eran cono­ci­das por perio­dis­tas e inves­ti­ga­do­res, y habían sido rese­ña­das con esca­so o prác­ti­ca­men­te nulo eco por dife­ren­tes medios de comunicación.

El gobierno ruso y su inte­li­gen­cia han segui­do moni­to­rean­do la acti­vi­dad bio­ló­gi­co-mili­tar, prin­ci­pal­men­te de Esta­dos Uni­dos y sus socios, en Ucra­nia y otras regio­nes del pla­ne­ta. Muchas cons­ti­tu­yen prác­ti­cas que vio­lan com­ple­ta­men­te las con­ven­cio­nes sobre armas bio­ló­gi­cas y algu­nas son per­pe­tra­das bajo estric­to secre­to y de for­ma clan­des­ti­na, ocul­tan­do sus ver­da­de­ras inten­cio­nes, inclu­so a los paí­ses don­de operan.

Mucho antes, en abril de 2021, Niko­lái Pátrushev, secre­ta­rio del Con­se­jo de Segu­ri­dad de Rusia, ya adver­tía que los bio­la­bo­ra­to­rios esta­dou­ni­den­ses se ins­ta­la­ban «por una extra­ña coin­ci­den­cia», cer­ca de las fron­te­ras de Rusia y Chi­na, y que se habían detec­ta­do «bro­tes de enfer­me­da­des no típi­cas de estas regio­nes en las áreas adya­cen­tes». Y agre­ga­ba: «Nos dicen que esta­cio­nes sani­ta­rias y epi­de­mio­ló­gi­cas pací­fi­cas ope­ran cer­ca de nues­tras fron­te­ras, pero por algu­na razón recuer­dan más a Fort Detrick en Mary­land, don­de los esta­dou­ni­den­ses han esta­do tra­ba­jan­do en el cam­po de la bio­lo­gía mili­tar duran­te décadas».

Ya no pare­ce coin­ci­den­cia que los bio­la­bo­ra­to­rios que se cono­cen, y que pre­ci­sa­men­te son finan­cia­dos por el gobierno de Esta­dos Uni­dos y/​o por sus empre­sas de «segu­ri­dad bio­ló­gi­ca», se dis­tri­bu­yan en torno a Rusia, Chi­na e Irán.

Pátrushev indi­có que se está reu­nien­do «la base pro­ba­to­ria sobre la acti­vi­dad bio­ló­gi­co mili­tar de Esta­dos Uni­dos en Ucra­nia», tras lo cual «todo el mun­do civi­li­za­do aca­ba­rá vien­do que Esta­dos Uni­dos se ha con­ver­ti­do en un “digno” suce­sor de las tra­di­cio­nes del Ter­cer Reich, don­de se prac­ti­ca­ban expe­ri­men­tos inhu­ma­nos con per­so­nas. Ucra­nia y Esta­dos Uni­dos fue­ron los úni­cos paí­ses del mun­do que vota­ron en con­tra de la reso­lu­ción de la Asam­blea Gene­ral de las Nacio­nes Uni­das sobre la lucha con­tra la glo­ri­fi­ca­ción del nazis­mo y otras ini­cia­ti­vas similares».

La impli­can­cia de Esta­dos Unidos

No es un mis­te­rio que Ucra­nia ha ser­vi­do de reser­vo­rio y cone­ji­llo de indias tan­to para las armas bio­ló­gi­cas como para las nue­vas for­mas de gue­rra idea­das por Esta­dos Uni­dos y la Orga­ni­za­ción del Tra­ta­do del Atlán­ti­co Nor­te (OTAN), y que inclui­rían «pro­du­cir pató­ge­nos o enfer­me­da­des» uti­li­zan­do mues­tras de per­so­nas de las dife­ren­tes etnias de Eura­sia, mues­tras que dichos bio­la­bo­ra­to­rios habían ido reco­pi­la­do des­de hacía varios años, sino décadas.

La impli­can­cia del gobierno de Esta­dos Uni­dos, sus agen­cias y com­pa­ñías es evi­den­te. Inclu­so se ha repor­ta­do que en su pro­pio terri­to­rio sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te aumen­tó el núme­ro de labo­ra­to­rios con nive­les de bio­se­gu­ri­dad BSL‑3+ y BSL‑4. Pare­cie­ra que una pró­xi­ma gue­rra bio­ló­gi­ca está en cier­nes, lamentablemente.

Como bien lo expre­sa­ra Ser­gei Lavrov, minis­tro de Asun­tos Exte­rio­res de Rusia, «ade­más de los trein­ta labo­ra­to­rios bio­ló­gi­cos en Ucra­nia, Esta­dos Uni­dos ha crea­do cien­tos de esos labo­ra­to­rios en otros paí­ses. (…) Muchos se esta­ble­cie­ron en varios paí­ses de la anti­gua Unión Sovié­ti­ca pre­ci­sa­men­te a lo lar­go del perí­me­tro de las fron­te­ras de Rusia, así como en las fron­te­ras de Chi­na y en las de los otros paí­ses ubi­ca­dos allí». Fue el pro­pio gobierno esta­dou­ni­den­se quien expre­só públi­ca­men­te que «diri­ge» unos 336 bio­la­bo­ra­to­rios en trein­ta paí­ses. Sin embar­go, los con­tra­tos halla­dos por el ejér­ci­to ruso en Ucra­nia sugie­ren que fir­mó con­tra­tos simi­la­res a los de Ucra­nia con al menos cua­ren­ta y nue­ve países.

Hoy se sabe que el Depar­ta­men­to de Defen­sa nor­te­ame­ri­cano se puso en ‎con­tac­to con auto­ri­da­des ucra­nia­nas des­de la diso­lu­ción de la Unión Sovié­ti­ca y que entre 2005 y 2014 tomó el con­trol de los bio­la­bo­ra­to­rios ‎ucra­nia­nos, cons­tru­yen­do otros ocho más.

A par­tir de 2016, Ucra­nia reali­zó inves­ti­ga­cio­nes sobre armas bio­ló­gi­cas en los bio­la­bo­ra­to­rios ‎cons­trui­dos por la Agen­cia de Reduc­ción de Ame­na­zas para la Defen­sa (DTRA), del Depar­ta­men­to de Defen­sa esta­dou­ni­den­se, y bajo el con­trol de esa agen­cia. ‎Rose­mont ‎Sene­ca Tech­no­logy Part­ners (RSTP), filial de Rose­mont Capi­tal, fun­da­da el 2009 por Hun­ter Biden –hijo del hoy pre­si­den­te de Esta­dos Uni­dos ‎Joe Biden– y por Chris­topher Heinz –hijo polí­ti­co del exse­cre­ta­rio de Esta­do John Kerry – , ser­vía de enla­ce entre el Depar­ta­men­to de Defen­sa de ‎Esta­dos Uni­dos y el Minis­te­rio de Sani­dad de Ucrania.

Fue la pro­pia sub­se­cre­ta­ria de Esta­do de Esta­dos Uni­dos Vic­to­ria Nuland quien reco­no­ció, ante la comi­sión del Sena­do ‎esta­dou­ni­den­se para las Rela­cio­nes Exte­rio­res, la impli­ca­ción de su gobierno en las inves­ti­ga­cio­nes bio­ló­gi­cas en Ucra­nia, «tan peli­gro­sas que Washing­ton temía que ese mate­rial ‎bio­ló­gi­co lle­ga­ra a caer “en manos de las fuer­zas rusas”», seña­la el inves­ti­ga­dor y ana­lis­ta Thierry Meys­san, fun­da­dor y direc­tor de la web Red Vol­tai­re. «No es un mis­te­rio que el Depar­ta­men­to de Defen­sa puso ‎en manos de Ucra­nia la tarea de rea­li­zar inves­ti­ga­cio­nes prohi­bi­das por la Con­ven­ción sobre la ‎Prohi­bi­ción de las Armas Bio­ló­gi­cas», agrega.

Los «expe­ri­men­tos» eran rea­li­za­dos ‎a pedi­do del Cen­tro Nacio­nal de Inte­li­gen­cia Médi­ca de ‎Esta­dos Uni­dos a tra­vés de la DTRA y de la com­pa­ñía de Biden y Kerry junior, RSTP. ‎No es posi­ble des­co­no­cer las impli­can­cias de la eli­te nor­te­ame­ri­ca­na en la tra­ma de los biolaboratorios.

Se sabe que los «resul­ta­dos de las inves­ti­ga­cio­nes» se envia­ban a los bio­la­bo­ra­to­rios mili­ta­res ‎esta­dou­ni­den­ses de Fort Detrick, «que siem­pre han teni­do un papel pro­ta­gó­ni­co en los pro­gra­mas ‎de armas bio­ló­gi­cas de Esta­dos Uni­dos», advier­te Meyssan.

‎Aun­que las Nacio­nes Uni­das afir­man que Esta­dos Uni­dos siem­pre ha pre­sen­ta­do infor­mes sobre sus acti­vi­da­des ‎bio­ló­gi­cas, con­for­me a lo que esta­ble­ce la Con­ven­ción sobre la Prohi­bi­ción de las Armas Bio­ló­gi­cas, Ucra­nia ‎nun­ca lo hizo.

«Esta­dos Uni­dos se com­pro­me­tió, en 2016, a poner en manos del gobierno ucra­niano ‎arma­men­to sufi­cien­te como para librar y ganar una gue­rra con­tra Rusia. Con ese obje­ti­vo, el ‎Depar­ta­men­to de Defen­sa orga­ni­zó en Ucra­nia un pro­gra­ma de inves­ti­ga­cio­nes bio­ló­gi­cas con fines mili­ta­res y ade­más envió secre­ta­men­te a Kiev ‎can­ti­da­des enor­mes de mate­rial nuclear. (…) Tres años des­pués, el 5 de sep­tiem­bre de 2019, la RAND Cor­po­ra­tion orga­ni­za­ba una reu­nión en la ‎Cáma­ra de Repre­sen­tan­tes de Esta­dos Uni­dos para expli­car su plan, con­sis­ten­te en debi­li­tar a ‎Rusia obli­gán­do­la a des­ple­gar­se simul­tá­nea­men­te en Kaza­jas­tán, Ucra­nia y final­men­te en ‎Trans­nis­tria.‎ El Esta­do ucra­niano ini­ció varios pro­gra­mas mili­ta­res secre­tos en 2014. El pri­me­ro y más ‎cono­ci­do de todos es su cola­bo­ra­ción con el Depar­ta­men­to de Defen­sa esta­dou­ni­den­se en más de trein­ta bio­la­bo­ra­to­rios dife­ren­tes», dice Meyssan.

Quié­nes están detrás

Nadie pue­de des­co­no­cer hoy que el pro­gra­ma bio­ló­gi­co mili­tar del Pen­tá­gono en Ucra­nia fue finan­cia­do por com­pa­ñías y estruc­tu­ras vin­cu­la­das al hijo del actual pre­si­den­te Biden –en ese enton­ces, vice­pre­si­den­te de la admi­nis­tra­ción de Barack Oba­ma – , lo que ha sido demos­tra­do por los perió­di­cos The New York Post y The Daily Mail. En 2014, Hun­ter Biden era par­te del con­se­jo de admi­nis­tra­ción de la empre­sa ener­gé­ti­ca ucra­nia­na Buris­ma Hol­dings. Y fue públi­co que se denun­cia­ron sus «escán­da­los de corrup­ción» y, en 2016, Biden padre exi­gió la «des­ti­tu­ción del fis­cal gene­ral ucra­niano Vik­tor Sho­kin», que esta­ba inves­ti­gan­do las malas prác­ti­cas de Buris­ma y Biden junior. Hoy se sabe que los intere­ses eco­nó­mi­cos de Biden no esta­ban pues­tos solo en el gas o el petró­leo, sino tam­bién en «desa­rro­llos mili­ta­res secretos».

«The New York Post y The Daily Mail con­fir­ma­ron la acu­sa­ción rusa de que Hun­ter Biden estu­vo invo­lu­cra­do en la finan­cia­ción de labo­ra­to­rios bio­ló­gi­cos esta­dou­ni­den­ses secre­tos en Ucra­nia. Él, según correos elec­tró­ni­cos y car­tas obte­ni­das de su compu­tado­ra por­tá­til –la auten­ti­ci­dad de esta fue con­fir­ma­da recien­te­men­te por el New York Times– ayu­dó a la com­pa­ñía médi­ca Meta­bio­ta a con­cluir un con­tra­to mul­ti­mi­llo­na­rio con el gobierno de Esta­dos Uni­dos. Meta­bio­ta pres­tó ser­vi­cios a Black & Veatch, otra con­tra­tis­ta del Pen­tá­gono que cons­tru­yó una serie de bio­la­bo­ra­to­rios en Ucra­nia para “estu­diar agen­tes infec­cio­sos o toxi­nas que pue­den trans­mi­tir­se por el aire y cau­sar infec­cio­nes poten­cial­men­te mor­ta­les”», infor­mó Misión Ver­dad, por­tal web de Venezuela.

Biden junior y sus socios invir­tie­ron 500.000 dóla­res esta­dou­ni­den­ses en Meta­bio­ta a tra­vés de RSTP, empre­sa que cana­li­zó miles de millo­nes de dóla­res. Y reu­nió a repre­sen­tan­tes de Meta­bio­ta y de Buris­ma para «imple­men­tar un pro­yec­to cien­tí­fi­co» que invo­lu­cra­ba a los bio­la­bo­ra­to­rios en Ucrania.

Al menos tres bio­la­bo­ra­to­rios extran­je­ros que ope­ran en dicho país están vin­cu­la­dos estre­cha­men­te al Pen­tá­gono: Meta­bio­ta Inc., Black & Veatch y Southern Research Ins­ti­tu­te (SRI). Y lide­ran pro­yec­tos fede­ra­les de inves­ti­ga­ción bio­ló­gi­ca para otras agen­cias guber­na­men­ta­les esta­dou­ni­den­ses como la Agen­cia Cen­tral de Inte­li­gen­cia (CIA). Los bio­la­bo­ra­to­rios son mane­ja­dos por el pro­gra­ma mili­tar de la DTRA, y el per­so­nal civil de estas empre­sas pri­va­das «pue­de ope­rar en nom­bre del gobierno esta­dou­ni­den­se bajo cober­tu­ra diplo­má­ti­ca», como lo reve­ló la perio­dis­ta búl­ga­ra Dil­ya­na Gaytandzhieva.

Gay­tandzhie­va había divul­ga­do docu­men­tos que la emba­ja­da de Esta­dos Uni­dos en Ucra­nia eli­mi­nó de su web y que impli­ca­ban al gobierno nor­te­ame­ri­cano en el finan­cia­mien­to de al menos once bio­la­bo­ra­to­rios en Ucra­nia a tra­vés de la DTRA. Por sus repor­ta­jes, Dil­ya­na Gay­tandzhie­va fue per­se­gui­da y acu­sa­da de pro­pa­gar «noti­cias fal­sas». Pero sus inves­ti­ga­cio­nes expu­sie­ron que Ucra­nia no poseía nin­gún con­trol sobre los bio­la­bo­ra­to­rios mili­ta­res en su pro­pio terri­to­rio. Y adver­tía que el acuer­do alcan­za­do en 2005 entre el Depar­ta­men­to de Defen­sa y el Minis­te­rio de Sani­dad de Ucra­nia prohi­bía al gobierno ucra­niano reve­lar públi­ca­men­te infor­ma­ción sen­si­ble sobre el men­cio­na­do pro­gra­ma y le obli­ga­ba a trans­fe­rir pató­ge­nos peli­gro­sos para la inves­ti­ga­ción bio­ló­gi­ca al Pen­tá­gono, ente que tuvo acce­so a secre­tos de Esta­do de Ucra­nia. Gay­tandzhie­va expli­có que los bio­la­bo­ra­to­rios mili­ta­res fue­ron ges­tio­na­dos por con­tra­tis­tas esta­dou­ni­den­ses como el SRI, Black & Veatch Spe­cial Pro­ject Corp., CH2M Hill, y Meta­bio­ta, y que poseían pro­yec­tos sobre «cóle­ra, gri­pe y zika, todos ellos pató­ge­nos de impor­tan­cia mili­tar para el Pentágono».

Dil­ya­na Gay­tandzhie­va afir­ma que «el Pen­tá­gono ha lle­va­do a cabo expe­ri­men­tos bio­ló­gi­cos con un resul­ta­do poten­cial­men­te letal en 4.400 sol­da­dos en Ucra­nia y otros mil en Geor­gia». Y rese­ñó, ade­más, casos de gri­pe H1N1 en 2016; hepa­ti­tis A en 2017 y 2018, infec­ción alta­men­te sos­pe­cho­sa que se expan­dió rápi­da­men­te en pocos meses por el sur­es­te de Ucra­nia, don­de se encuen­tran la mayo­ría de los bio­la­bo­ra­to­rios del Pen­tá­gono; cóle­ra en 2014 en Rusia con una alta simi­li­tud gené­ti­ca con cepas repor­ta­das en Ucra­nia des­de 2011; y botu­lis­mo, en 2016 y 2017, cuan­do las auto­ri­da­des repor­ta­ron que la cau­sa del bro­te fue una into­xi­ca­ción ali­men­ta­ria sobre la que la poli­cía ini­ció una investigación.

Los bio­la­bo­ra­to­rios del Pen­tá­gono en Ucra­nia esta­ban entre los prin­ci­pa­les sos­pe­cho­sos, ya que la toxi­na botu­lí­ni­ca es uno de los agen­tes bio­te­rro­ris­tas que ya se han pro­du­ci­do en una ins­ta­la­ción de armas bio­ló­gi­cas del Pen­tá­gono en Esta­dos Unidos.

En un docu­men­to de 2012, saca­do de línea, pero deta­lla­do por Gay­tandzhie­va en su inves­ti­ga­ción, se afir­ma que la Divi­sión de Cien­cias de la Vida (LSD) del Cam­po de Prue­bas de Dug­way pro­du­ce y prue­ba bio­agen­tes aero­so­li­za­dos en la Ins­ta­la­ción de Prue­bas de Cien­cias de la Vida Lothar Salo­man (LSTF). «Los acuer­dos entre Esta­dos Uni­dos y Ucra­nia, y entre Esta­dos Uni­dos y Geor­gia, divul­ga­dos, “exi­men de res­pon­sa­bi­li­da­des civi­les o pena­les” a los cien­tí­fi­cos esta­dou­ni­den­ses que par­ti­ci­pan en el desa­rro­llo de armas bio­ló­gi­cas», seña­la Gay­tandzhie­va. Y agre­ga: «No se res­pon­sa­bi­li­za­rían ni empren­de­rían accio­nes lega­les e indem­ni­za­rían a Esta­dos Uni­dos y a su per­so­nal, con­tra­tis­tas y per­so­nal de los con­tra­tis­tas, por los daños a la pro­pie­dad, o por la muer­te o lesio­nes de cual­quier per­so­na en Geor­gia y Ucra­nia, que se pro­duz­can como con­se­cuen­cia de las acti­vi­da­des rea­li­za­das en el mar­co de estos acuer­dos. Si los cien­tí­fi­cos patro­ci­na­dos por la DTRA cau­san muer­tes o lesio­nes a la pobla­ción local, no se les podrá exi­gir responsabilidades».

Gay­tandzhie­va publi­có, ade­más, docu­men­tos de la DTRA que con­fir­man el finan­cia­mien­to a inves­ti­ga­cio­nes bio­ló­gi­cas en Ucra­nia, bajo la tute­la de la empre­sa esta­dou­ni­den­se Black & Veatch. La agen­cia esta­dou­ni­den­se asig­nó 80 millo­nes de dóla­res esta­dou­ni­den­ses en 2020. Por su par­te, CH2M Hill se adju­di­có un con­tra­to de 22,8 millo­nes de dóla­res esta­dou­ni­den­ses para el equi­pa­mien­to de dos nue­vos bio­la­bo­ra­to­rios en Ucra­nia. «El acce­so a los bio­la­bo­ra­to­rios esta­ba prohi­bi­do a las super­vi­sio­nes de exper­tos inde­pen­dien­tes», dice Gay­tandzhie­va, quien publi­có una car­ta fil­tra­da del Minis­te­rio de Sani­dad de Ucra­nia cuan­do se les negó el acce­so a los cien­tí­fi­cos de la revis­ta Pro­blems of inno­va­tion and invest­ment development.

Meta­bio­ta se exhi­be como una empre­sa espe­cia­li­za­da en la «iden­ti­fi­ca­ción, segui­mien­to y aná­li­sis de posi­bles bro­tes de enfer­me­da­des», y reci­bió entre 2012 y 2015 3,1 millo­nes de dóla­res esta­dou­ni­den­ses por su desem­pe­ño en Sie­rra Leo­na, uno de los paí­ses más afec­ta­dos por el ébo­la. Ade­más, en 2014 fir­mó un con­tra­to fede­ral de 18,4 millo­nes de dóla­res esta­dou­ni­den­ses como sub­con­tra­tis­ta de Black & Veatch, pre­ci­sa­men­te en Geor­gia y Ucra­nia. Y tam­bién estu­vo vin­cu­la­da al Ins­ti­tu­to de Viro­lo­gía de Wuhan, a tra­vés del pro­yec­to PREDICT, del pro­gra­ma Ame­na­zas Pan­dé­mi­cas Emer­gen­tes de la USAID. Tam­bién ese mis­mo año, el Ins­ti­tu­to de Viro­lo­gía de Wuhan publi­có jun­to a Meta­bio­ta y Eco­Health Allian­ce un estu­dio cola­bo­ra­ti­vo sobre la trans­mi­sión de enfer­me­da­des infec­cio­sas de los mur­cié­la­gos en Chi­na. Y Eco­Health Allian­ce y Meta­bio­ta tra­ba­ja­ron en inves­ti­ga­cio­nes que rela­cio­nan los bro­tes de enfer­me­da­des infec­cio­sas con el comer­cio de ani­ma­les sal­va­jes. Ade­más, Black & Veatch fir­mó un con­tra­to con DTRA por 198,7 millo­nes de dóla­res esta­dou­ni­den­ses para crear y equi­par bió­lo­gos pre­ci­sa­men­te en Ucra­nia, pero tam­bién en Arme­nia, Ale­ma­nia, Azer­bai­yán, Came­rún, Etio­pía, Tai­lan­dia, y Viet­nam. Black & Veatch es un hol­ding espe­cia­li­za­do en mine­ría, ban­ca, mer­ca­dos finan­cie­ros, cen­tros de datos y ciu­da­des inte­li­gen­tes, y siem­pre ha esta­do liga­do al sec­tor mili­tar y a agen­cias de inte­li­gen­cia. En 2020, Black & Veatch obtu­vo ganan­cias por 3.700 millo­nes de dóla­res esta­dou­ni­den­ses y se posi­cio­nó como la sép­ti­ma mayor empre­sa de Esta­dos Uni­dos. Des­de 2008, SRI es el prin­ci­pal sub­con­tra­tis­ta del pro­gra­ma ucra­niano. Fun­da­da como orga­ni­za­ción sin áni­mos de lucro en 1941, hace seten­ta años tra­ba­ja en inves­ti­ga­cio­nes mili­ta­res, y entre 1951 y 1962 fir­mó die­ci­séis con­tra­tos con el Pro­gra­ma de Armas Bio­ló­gi­cas de Esta­dos Uni­dos. Ade­más, en 2001, fue sub­con­tra­tis­ta del pro­yec­to mili­tar sobre la inves­ti­ga­ción del ántrax.

Unos quin­ce bio­la­bo­ra­to­rios en Ucra­nia son finan­cia­dos por la DTRA. «Los labo­ra­to­rios bio­ló­gi­cos esta­dou­ni­den­ses finan­cia­dos por la DTRA en el mar­co de un pro­gra­ma mili­tar de 2.100 millo­nes de dóla­res esta­dou­ni­den­ses (PDF), el Pro­gra­ma de Com­pro­mi­so Bio­ló­gi­co Coope­ra­ti­vo (CBEP) están situa­dos en otro país de la anti­gua Unión Sovié­ti­ca como Geor­gia pero tam­bién en Orien­te Medio, Sudes­te Asiá­ti­co y Áfri­ca median­te acuer­dos bila­te­ra­les en los que es cor­to el alcan­ce legal de orga­nis­mos mul­ti­la­te­ra­les. En el caso ucra­niano está la crea­ción del Cen­tro de Cien­cia y Tec­no­lo­gía de Ucra­nia (STCU), una orga­ni­za­ción inter­na­cio­nal finan­cia­da prin­ci­pal­men­te por Esta­dos Uni­dos a la que se ha con­ce­di­do esta­tus diplo­má­ti­co y que apo­ya ofi­cial­men­te pro­yec­tos de cien­tí­fi­cos ante­rior­men­te impli­ca­dos en el pro­gra­ma sovié­ti­co de armas bio­ló­gi­cas. En los últi­mos vein­te años, la STCU ha inver­ti­do más de 285 millo­nes de dóla­res esta­dou­ni­den­ses en la finan­cia­ción y ges­tión de unos 1.850 pro­yec­tos de cien­tí­fi­cos que ante­rior­men­te tra­ba­ja­ron en el desa­rro­llo de armas de des­truc­ción masi­va mien­tras que el per­so­nal esta­dou­ni­den­se en Ucra­nia tra­ba­ja bajo cober­tu­ra diplo­má­ti­ca y es indem­ni­za­do por las muer­tes y lesio­nes de la pobla­ción local», publi­có Misión Verdad.

Se sabe que el Ins­ti­tu­to de Inves­ti­ga­cio­nes Wal­ter Reed, depen­dien­te del ejér­ci­to de Esta­dos Uni­dos, se encar­ga­ba de «pro­yec­tos bio­ló­gi­co-mili­ta­res» deno­mi­na­dos «UP‑1» y «UP‑2», y que aco­pió mate­ria­les entre 2014 y 2020, en pleno apo­geo de la agre­sión ucra­nia­na con­tra el Don­bass. Dicho ins­ti­tu­to posee filia­les «con labo­ra­to­rios de alto nivel de bio­se­gu­ri­dad y con capa­ci­dad para tra­ba­jar con pató­ge­nos peli­gro­sos», advir­tió el Minis­te­rio de Defen­sa de la Fede­ra­ción Rusa, y agre­ga que «una de sus filia­les está en Tai­lan­dia y posee capa­ci­dad para trans­por­tar cepas en Nepal, Cam­bo­ya y Fili­pi­nas, las que coope­ran a su vez con doce paí­ses más en el sudes­te de Asia».

Exis­te, ade­más, una red de «filia­les» depen­dien­tes del Cen­tro Cien­tí­fi­co Médi­co de las Fuer­zas Nava­les de Esta­dos Uni­dos y sus labo­ra­to­rios «subor­di­na­dos» rea­li­zan tra­ba­jos con pató­ge­nos en Áfri­ca, Asia y Amé­ri­ca Lati­na. De acuer­do con la inte­li­gen­cia rusa, estas rami­fi­ca­cio­nes le per­mi­ten «obte­ner el acce­so a las ver­sio­nes de pató­ge­nos epi­dé­mi­ca­men­te impor­tan­tes, las que son agen­tes poten­cia­les de armas bio­ló­gi­cas. Las fie­bres de mar­bur­go y ébo­la, la mala­ria y la fie­bre del valle del Rift son algu­nas». Pero el Pen­tá­gono y el gobierno de Esta­dos Uni­dos han debi­do cam­biar algu­nas de sus tác­ti­cas orga­ni­zan­do «tra­ba­jos de “doble uso” a fin de camu­flar estas acti­vi­da­des». Se sabe que patro­ci­nan estos tra­ba­jos en Sie­rra Leo­na, Repú­bli­ca Demo­crá­ti­ca del Con­go y Came­rún finan­cia­dos por el Depar­ta­men­to de Defen­sa de Esta­dos Uni­dos, los Cen­tros para el Con­trol y Pre­ven­ción de Enfer­me­da­des, y la USAID.

Según Red Vol­tai­re, en los años 80 el Ins­ti­tu­to de Inves­ti­ga­ción Médi­ca de Enfer­me­da­des Infec­cio­sas del Ejér­ci­to de los Esta­dos Uni­dos dise­mi­nó en sue­lo esta­dou­ni­den­se, espe­cí­fi­ca­men­te en el esta­do de Geor­gia, el mos­qui­to aedes aegy­pti, trans­mi­sor del den­gue, la chi­kun­gu­ña y el virus del zika. ‎Hoy en día la Agen­cia de Pro­yec­tos de Inves­ti­ga­ción Avan­za­dos de Defen­sa (DARPA) de Esta­dos Uni­dos «rea­li­za ‎inves­ti­ga­cio­nes sobre lo que deno­mi­na “insec­tos alia­dos”. ‎Ofi­cial­men­te, esa agen­cia del Pen­tá­gono tra­ta de trans­for­mar insec­tos nor­ma­les en ciborg, ‎o sea en cria­tu­ras que son una com­bi­na­ción de orga­nis­mos bio­ló­gi­cos y dis­po­si­ti­vos ciber­né­ti­cos que modi­fi­ca­rían gené­ti­ca­men­te las plan­tas de cul­ti­vo, supues­ta­men­te para que aumen­ten ‎su ren­di­mien­to. ‎Pero, de mane­ra no ofi­cial, podría tra­tar­se de alcan­zar el obje­ti­vo con­tra­rio, o sea este­ri­li­zar las ‎plan­ta­cio­nes de los paí­ses enemi­gos y pro­vo­car así ham­bru­nas, como advir­tió en 2018 la revis­ta ‎espe­cia­li­za­da Science». ‎

Adver­ten­cias rusas

Tras la ope­ra­ción mili­tar espe­cial, se des­cu­brió que el Ins­ti­tu­to de Medi­ci­na Vete­ri­na­ria de Jár­kov par­ti­ci­pa­ba de los pro­yec­tos bio­ló­gi­co-mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses en Ucra­nia «UP‑8» y «P‑444», «estu­dian­do las rutas de pája­ros migra­to­rios», y que, ade­más, «se toma­ban y se trans­fe­rían al extran­je­ro las cepas del virus de la gri­pe aviar que tie­nen un alto poten­cial epi­dé­mi­co y son capa­ces de supe­rar la barre­ra entre espe­cies». Actual­men­te, se cree que lo que pre­ten­dían los esta­dou­ni­den­ses y sus cola­bo­ra­do­res era «empeo­rar la situa­ción epi­zoo­tia en el terri­to­rio de la Fede­ra­ción Rusa». Las auto­ri­da­des rusas denun­cian, ade­más, que la muer­te masi­va de pája­ros en la reser­va de la biós­fe­ra de Aska­nia-Nova en la región de Jer­són, habría sido «pro­vo­ca­da con el des­cui­do de las nor­mas de bio­se­gu­ri­dad». La posi­bi­li­dad cier­ta de acci­den­tes o las deli­be­ra­das emi­sio­nes indis­cri­mi­na­das de pató­ge­nos y enfer­me­da­des inusua­les al medioam­bien­te expli­ca­rían uno de los por­qués del gobierno nor­te­ame­ri­cano para ope­rar bio­la­bo­ra­to­rios en el extranjero.

Igor Kiri­lov, jefe de las tro­pas de Pro­tec­ción Nuclear, Bio­ló­gi­ca y Quí­mi­ca de las Fuer­zas Arma­das de la Fede­ra­ción Rusa, deta­lló en una de sus tan­tas inter­ven­cio­nes ante la pren­sa, la exis­ten­cia de más de trein­ta bio­la­bo­ra­to­rios en expaí­ses sovié­ti­cos, «para supues­ta inves­ti­ga­ción cien­tí­fi­ca e inves­ti­ga­cio­nes sani­ta­rio-epi­de­mio­ló­gi­cas (…) con el pre­tex­to de pro­bar agen­tes para el tra­ta­mien­to y la pre­ven­ción de la infec­ción por coro­na­vi­rus, algu­nos miles de mues­tras de sue­ro toma­das de las per­so­nas infec­ta­das que se refie­ren a la etnia esla­va han sido trans­por­ta­das des­de Ucra­nia al Ins­ti­tu­to de Inves­ti­ga­ción del Ejér­ci­to Wal­ter Reed…». Y agre­gó que «la acti­vi­dad de los bio­la­bo­ra­to­rios en Ucra­nia, espe­cí­fi­ca­men­te, ha pro­vo­ca­do un aumen­to inma­ne­ja­ble de ries­gos eco­nó­mi­ca­men­te peli­gro­sos rela­cio­na­dos con un aumen­to de casos de rubeo­la, dif­te­ria, tubercu­losis, saram­pión, cóle­ra, botu­lis­mo, polio­mie­li­tis, hepa­ti­tis A y gripe».

Por su par­te, Igor Konashén­kov, por­ta­voz del Minis­te­rio de Defen­sa de Rusia, expre­só que «Esta­dos Uni­dos ha veni­do rea­li­zan­do tra­ba­jos para poten­ciar las pro­pie­da­des pató­ge­nas de micro­or­ga­nis­mos con el uso de méto­dos de bio­lo­gía sin­té­ti­ca jun­to al gobierno ucra­niano». Y corrió el velo acer­ca de que muchos de esos pató­ge­nos peli­gro­sos, «que eran evi­den­cias de un pro­gra­ma de desa­rro­llo de armas bio­ló­gi­cas finan­cia­do por el Pen­tá­gono a tra­vés del Depar­ta­men­to de Defen­sa de Esta­dos Uni­dos, fue­ron des­trui­dos pre­ci­pi­ta­da­men­te en esos labo­ra­to­rios (…). Reci­bi­mos docu­men­ta­ción de emplea­dos de bio­la­bo­ra­to­rios ucra­nia­nos sobre la des­truc­ción con carác­ter de emer­gen­cia, el 24 de febre­ro de 2022, de pató­ge­nos espe­cial­men­te peli­gro­sos de pes­te, ántrax, tula­re­mia, cóle­ra y otras enfer­me­da­des mor­ta­les». Su «pre­ci­pi­ta­da des­truc­ción» y lo que se cree, sin los debi­dos res­guar­dos de bio­se­gu­ri­dad, solo demues­tran que el gobierno esta­dou­ni­den­se nun­ca qui­so que se supie­ra la ver­dad: que esta­ban real­men­te expe­ri­men­tan­do, por qué y con qué fin. «Para que no salie­ra a la luz que Washing­ton y Kiev vio­lan la Con­ven­ción sobre armas bio­ló­gi­cas, el Minis­te­rio de Sani­dad de Ucra­nia emi­tió una direc­ti­va para la eli­mi­na­ción con carác­ter de emer­gen­cia de las reser­vas de pató­ge­nos peli­gro­sos alma­ce­na­dos», denun­ció Konashénkov.

Según Kiri­llov, Esta­dos Uni­dos finan­ció bio­la­bo­ra­to­rios en Kiev, Lvov, Odes­sa, y Khar­kov, otor­gan­do 32 millo­nes de dóla­res esta­dou­ni­den­ses, con el fin de «estu­diar» los pató­ge­nos de la fie­bre hemo­rrá­gi­ca de Cri­mea-Con­go, la lep­tos­pi­ro­sis y los han­ta­vi­rus. «Su uso pue­de dis­fra­zar­se de bro­tes natu­ra­les de enfer­me­da­des. Se han iden­ti­fi­ca­do seis fami­lias de virus, inclui­dos los coro­na­vi­rus, y tres tipos de bac­te­rias pató­ge­nas, agen­tes cau­san­tes de pes­te, bru­ce­lo­sis y lep­tos­pi­ro­sis, que tie­nen carac­te­rís­ti­cas aptas para con­ta­giar a per­so­nas des­de ani­ma­les. Inclu­so, se rea­li­za­ron inves­ti­ga­cio­nes sobre la trans­mi­sión de enfer­me­da­des a tra­vés de mur­cié­la­gos. (…) Exis­te una serie de docu­men­tos que con­fir­man la trans­fe­ren­cia de mues­tras bio­ló­gi­cas toma­das en Ucra­nia al terri­to­rio de ter­ce­ros paí­ses, inclui­dos Ale­ma­nia, Gran Bre­ta­ña y Geor­gia. (…) La trans­mi­sión de la influen­za aviar alta­men­te pató­ge­na por aves sil­ves­tres se estu­dió en el Ins­ti­tu­to de Medi­ci­na Vete­ri­na­ria de Khar­kiv. (…) Y se con­fir­mó el tras­la­do de cin­co mil mues­tras de sue­ro san­guí­neo toma­das de resi­den­tes ucra­nia­nos al cen­tro Richard Lugar res­pal­da­do por el Pen­tá­gono en Tbi­li­si, Geor­gia. Se trans­fi­rie­ron otros 773 ensa­yos al Rei­no Uni­do, mien­tras que se fir­mó un acuer­do para trans­fe­rir “can­ti­da­des ili­mi­ta­das” de sumi­nis­tros infec­cio­sos al Ins­ti­tu­to Frie­drich Loef­fler, el prin­ci­pal cen­tro de enfer­me­da­des ani­ma­les de Alemania».

Se sabe que el Pen­tá­gono está reubi­can­do y trans­por­tan­do a otros paí­ses con­te­ne­do­res y ele­men­tos res­tan­tes del pro­gra­ma ‎esta­dou­ni­den­se de inves­ti­ga­cio­nes bio­ló­gi­cas de carác­ter mili­tar que había apos­ta­do en Ucra­nia. ‎Y el Minis­te­rio de Defen­sa de la Fede­ra­ción Rusa denun­ció la ‎rea­li­za­ción de «expe­ri­men­tos bio­ló­gi­cos sobre enfer­mos men­ta­les ucra­nia­nos», come­ti­dos en el Hos­pi­tal Psi­quiá­tri­co nº 1, en Stre­lech­ye, Jar­kov, y que se uti­li­zó un ‎agen­te pató­geno para dise­mi­nar la tubercu­losis entre los pobla­do­res de ‎Sla­via­no­serbsk, en la Repú­bli­ca Popu­lar de Lugansk.

«Los bio­la­bo­ra­to­rios rea­li­za­ban expe­ri­men­tos extre­ma­da­men­te peli­gro­sos para ‎refor­zar las pro­pie­da­des pató­ge­nas de la pes­te, el ántrax, la tule­ra­mia, el cóle­ra y otras ‎enfer­me­da­des mor­ta­les recu­rrien­do a la bio­lo­gía de sín­te­sis. Otro pro­yec­to desa­rro­lla­do en los ‎bio­la­bo­ra­to­rios de Esta­dos Uni­dos en Ucra­nia tenía que ver con el uso del mur­cié­la­go con fines ‎mili­ta­res como agen­te trans­mi­sor de enfer­me­da­des como la pes­te, la lep­tos­pi­ro­sis, la bru­ce­lo­sis y ‎la pro­pa­ga­ción de filo­vi­rus y de coro­na­vi­rus. (…) Los gobier­nos occi­den­ta­les pare­cen ver como algo nor­mal que ‎cier­tos Esta­dos colec­cio­nen agen­tes pató­ge­nos para “estu­diar­los”… sin que eso sig­ni­fi­que que ‎vayan a uti­li­zar­los para fabri­car armas bio­ló­gi­cas. (…) Aho­ra nos dicen que la Orga­ni­za­ción para la ‎Segu­ri­dad y la Coope­ra­ción en Euro­pa (OSCE) vigi­la los labo­ra­to­rios ucra­nia­nos. Lo cier­to es que ‎nada de lo que han dicho per­mi­te jus­ti­fi­car las decla­ra­cio­nes de la seño­ra Vic­to­ria Nuland ni per­mi­te ‎enten­der catás­tro­fes como la epi­de­mia de fie­bre por­ci­na que cos­tó la vida a vein­te sol­da­dos ‎ucra­nia­nos, en enero de 2016, mien­tras que otros dos­cien­tos tuvie­ron que ser hos­pi­ta­li­za­dos. El emba­ja­dor de Rusia ante el Con­se­jo de Segu­ri­dad de las Nacio­nes Uni­das, Vas­sily Neben­zia, denun­ció ‎tam­bién la rea­li­za­ción de inves­ti­ga­cio­nes sobre la trans­mi­sión de enfer­me­da­des peli­gro­sas para la ‎vida huma­na a tra­vés de ecto­pa­rá­si­tos y puso tam­bién sobre la mesa una gra­ve ‎inte­rro­gan­te sobre las miles de mues­tras san­guí­neas de pacien­tes de ori­gen esla­vo que Ucra­nia ‎envió al Ins­ti­tu­to de Inves­ti­ga­ción Wal­ter Reed del ejér­ci­to esta­dou­ni­den­se. Neben­zia ‎recor­dó segui­da­men­te el Pro­ject Coast, un pro­gra­ma de inves­ti­ga­cio­nes bio­ló­gi­cas rea­li­za­das ‎en los años 80 por el doc­tor Wou­ter Bas­son para el régi­men suda­fri­cano del apartheid y para ‎Israel sobre la posi­bi­li­dad de desa­rro­llar medios quí­mi­cos o bio­ló­gi­cos que afec­ta­ran ‎espe­cí­fi­ca­men­te a cier­tos gru­pos étni­cos, en tiem­pos del doc­tor Bas­son se tra­ta­ba ‎liqui­dar pobla­cio­nes negras y ára­bes», advier­te Thierry Meyssan.

Tras la ope­ra­ción mili­tar espe­cial, Rusia afir­ma haber des­trui­do con­te­ne­do­res halla­dos en vein­ti­séis de los bio­la­bo­ra­to­rios en Ucra­nia. «Pos­te­rior­men­te (Rusia) invi­tó a sus alia­dos de la Orga­ni­za­ción del ‎Tra­ta­do de Segu­ri­dad Colec­ti­va (OTSC) a man­te­ner bajo la más estre­cha vigi­lan­cia los acuer­dos ‎que pudie­ran haber con­clui­do con Esta­dos Uni­dos, Arme­nia y Kaza­jas­tán pusie­ron fin a esas ‎inves­ti­ga­cio­nes. Final­men­te, todos los paí­ses miem­bros de la OTSC han prohi­bi­do que el per­so­nal ‎mili­tar extran­je­ro ten­ga acce­so a sus labo­ra­to­rios. (…) ‎El direc­tor del Orga­nis­mo Inter­na­cio­nal de la Ener­gía Ató­mi­ca (OIEA), ‎Rafael Gros­si, reve­ló que Ucra­nia dis­po­ne de enor­mes can­ti­da­des de plu­to­nio y de ‎ura­nio enri­que­ci­do. Según Gros­si, Ucra­nia había acu­mu­la­do en la cen­tral ‎nuclear de Zapo­ri­jia trein­ta tone­la­das de plu­to­nio y cua­ren­ta tone­la­das de ura­nio enri­que­ci­do», publi­có Red Voltaire.

Para Thierry Meys­san, «el esta­do mayor ruso ata­có ini­cial­men­te a tra­vés de todas las fron­te­ras posi­bles: des­de Cri­mea, ‎des­de Ros­tov, des­de Bel­go­rod, des­de Kursk y des­de Bie­lo­rru­sia. De esa mane­ra, las fuer­zas ‎arma­das ucra­nia­nas no sabían dón­de con­cen­trar­se. En medio de ese apa­ren­te des­or­den ‎ofen­si­vo, las fuer­zas rusas des­tru­ye­ron las defen­sas anti­aé­reas ucra­nia­nas y avan­za­ron ‎rápi­da­men­te sobre la cen­tral nuclear de Zapo­ri­jia, la más gran­de de Euro­pa, don­de ocu­pa­ron las ‎reser­vas ile­ga­les de ura­nio y de plu­to­nio allí alma­ce­na­das, y sobre varios bio­la­bo­ra­to­rios mili­ta­res, ‎don­de des­tru­ye­ron con­te­ne­do­res de agen­tes pató­ge­nos y otros tipos de armas biológicas».

Por su par­te, según Igor Konashen­kov, docu­men­tos encon­tra­dos en los bio­la­bo­ra­to­rios mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses en Ucra­nia ‎demues­tran que «el Depar­ta­men­to de Defen­sa de Esta­dos Uni­dos reali­zó allí tra­ba­jos sobre los ‎agen­tes pató­ge­nos de pája­ros, mur­cié­la­gos y rep­ti­les, con una nue­va tran­si­ción hacia el estu­dio de ‎la posi­bi­li­dad de trans­por­tar la pes­te por­ci­na afri­ca­na y el ántrax. (…) Tam­bién se hicie­ron expe­ri­men­tos con mues­tras de coro­na­vi­rus de murciélago».

No se debe olvi­dar que, en 2020, tras la apa­ri­ción de la «pan­de­mia» de coro­na­vi­rus, fue el minis­te­rio de Rela­cio­nes Exte­rio­res de la Repú­bli­ca Popu­lar de Chi­na quien soli­ci­tó públi­ca­men­te que ‎se inves­ti­ga­ra el posi­ble papel del labo­ra­to­rio mili­tar esta­dou­ni­den­se de Fort Detrick en la ‎epi­de­mia de Covid-19. ‎

Arnal­do Pérez Guerra

28 de agos­to de 2023 ‎

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