Pales­ti­na. Una his­to­ria mar­ca­da por las intifadas

Resu­men Medio Orien­te, 30 de sep­tiem­bre de 2020.-

Este mes de sep­tiem­bre se cum­plen 20 años de la segun­da inti­fa­da, un hito en la lar­ga lucha del pue­blo pales­tino por su dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción en su pro­pia tie­rra. La revuel­ta se ins­cri­be en un pro­ce­so his­tó­ri­co: la movi­li­za­ción de los años 30 con­tra el man­da­to bri­tá­ni­co en la Pales­ti­na his­tó­ri­ca, y la pri­me­ra inti­fa­da de diciem­bre de 1987 en Cis­jor­da­nia y la fran­ja de Gaza.

Maher Al-Cha­rif – contacta@​infolibre.​es

En la déca­da de 1920, los pales­ti­nos rea­li­za­ron nume­ro­sas rebe­lio­nes con­tra las colo­nias judías. Una de las más impor­tan­tes fue la “suble­va­ción de Buraq” (1), en refe­ren­cia al muro oes­te de la mez­qui­ta Al-Aqsa, lla­ma­do muro de Buraq por los musul­ma­nes y muro de las lamen­ta­cio­nes por los judíos. El levan­ta­mien­to se pro­du­jo como reac­ción al inten­to de apro­pia­ción del muro por par­te de los judíos, que ya no se con­ten­ta­ban con el sim­ple dere­cho de visi­ta y de plegaria.

Con­tra­ria­men­te a las ante­rio­res, en esta revuel­ta par­ti­ci­pó la mayo­ría de las ciu­da­des pales­ti­nas, así como nume­ro­sos pue­blos e inclu­so colo­nias israe­líes, y dejó un sal­do de varios cen­te­na­res de muer­tos y de heri­dos, tan­to entre los ára­bes como entre los judíos. Los bri­tá­ni­cos la sofo­ca­ron a duras penas, con impor­tan­tes refuer­zos de avio­nes y vehícu­los blin­da­dos, y movi­li­zan­do sus uni­da­des mili­ta­res situa­das en el exterior.

Tras esa revuel­ta, el com­ba­te del pue­blo pales­tino se orien­tó más con­tra el sis­te­ma de ocu­pa­ción bri­tá­ni­co que con­tra las uni­da­des de pobla­mien­to sio­nis­ta (los yishuv). En efec­to, el lide­raz­go del movi­mien­to nacio­nal pales­tino había per­di­do toda espe­ran­za de ver un cam­bio de posi­ción del Rei­no Uni­do en rela­ción a la decla­ra­ción Bal­four y el pro­yec­to de un “hogar nacio­nal judío”. En octu­bre de 1933, en varias ciu­da­des pales­ti­nas, sobre todo Jeru­sa­lén y Jaf­fa, esta­lla­ron levan­ta­mien­tos con­tra las auto­ri­da­des bri­tá­ni­cas en pro­tes­ta a su inac­ción ante el arma­men­to de las orga­ni­za­cio­nes sio­nis­tas y la inmi­gra­ción judía en Pales­ti­na. Esas movi­li­za­cio­nes, así como la gran mani­fes­ta­ción del 21 de noviem­bre de 1935 en Hai­fa (2), die­ron lugar a la huel­ga gene­ral del 20 de abril de 1936 con­vo­ca­da por un comi­té nacio­nal de Nablus. Esa con­vo­ca­to­ria tam­bién fue pos­te­rior al ase­si­na­to de cua­tro pales­ti­nos, inclui­da una mujer en Jaf­fa, por colo­nos judíos. Eso mar­ca el ini­cio de la revuel­ta de 1936 – 1939.

Temien­do que el lide­raz­go de la huel­ga gene­ral que­da­ra en manos de los comi­tés loca­les que se encon­tra­ban en el terreno y por lo tan­to que el rol de los par­ti­dos polí­ti­cos pales­ti­nos se vol­vie­ra mar­gi­nal, los jefes de los par­ti­dos se reu­nie­ron el 25 de abril de 1936 y anun­cia­ron la for­ma­ción del Alto Comi­té Ára­be, pre­si­di­do por el muf­tí de Jeru­sa­lén, Moha­med Amin al-Husay­ni. Ese comi­té lla­mó a con­ti­nuar con la huel­ga gene­ral has­ta que las auto­ri­da­des bri­tá­ni­cas acep­ta­ran las deman­das del movi­mien­to nacio­nal ára­be, a saber: inte­rrup­ción total de la inmi­gra­ción judía; prohi­bi­ción de la apro­pia­ción de las tie­rras por par­te de los judíos, y for­ma­ción de un gobierno nacio­nal res­pon­sa­ble ante un parlamento.

Las auto­ri­da­des bri­tá­ni­cas emplea­ron varias manio­bras para apla­car la revuel­ta, como la ins­tau­ra­ción del esta­do de emer­gen­cia y la movi­li­za­ción de uni­da­des mili­ta­res pro­ve­nien­tes de Mal­ta y del Rei­no Uni­do. Pusie­ron en prác­ti­ca cas­ti­gos colec­ti­vos con­tra los habi­tan­tes de ciu­da­des y pue­blos pales­ti­nos, bom­bar­dean­do casas y per­ci­bien­do impues­tos. Así, des­tru­ye­ron la ciu­dad vie­ja de Jaf­fa, don­de se habían refu­gia­do los revo­lu­cio­na­rios pales­ti­nos, y detu­vie­ron a miles de revo­lu­cio­na­rios ára­bes. Dece­nas de ellos fue­ron con­de­na­dos a muer­te.

Las auto­ri­da­des man­da­ta­rias apo­ya­ron la for­ma­ción de “gru­pos de paz”, uni­da­des arma­das com­pues­tas de pales­ti­nos que se opo­nían a al-Husay­ni. Tam­bién legi­ti­ma­ron la exis­ten­cia de la Haga­ná, una orga­ni­za­ción para­mi­li­tar sio­nis­ta que nació a comien­zos de la déca­da de 1920 bajo la for­ma de gru­pos de auto­de­fen­sa den­tro de los yishuv.

La inti­fa­da de diciem­bre de 1987 por la liber­tad y la independencia

La pri­me­ra vez que se uti­li­zó la pala­bra “inti­fa­da” para desig­nar un momen­to de revuel­ta pales­tino fue duran­te las mani­fes­ta­cio­nes de febre­ro y mar­zo de 1969. El movi­mien­to tenía la par­ti­cu­la­ri­dad de con­tar con una enor­me par­ti­ci­pa­ción feme­ni­na, y mar­có el ini­cio de la uti­li­za­ción de pedra­das con­tra el ejér­ci­to israe­lí. Lue­go de que una gran mar­cha orga­ni­za­da por las fuer­zas nacio­na­les, sin­di­ca­les, obre­ras, pro­fe­sio­na­les y femi­nis­tas par­tie­ra tras la ple­ga­ria del Eid des­de la mez­qui­ta de al-Aqsa, en Jeru­sa­lén, las mez­qui­tas fue­ron vis­tas como lugar de reu­nión y de movi­li­za­ción duran­te la rebe­lión. En la mar­cha par­ti­ci­pa­ron más de 3.000 personas.

La impor­tan­cia de esa revuel­ta resi­de en el hecho de que per­mi­tió que los pales­ti­nos recu­pe­ra­ran la con­fian­za en ellos mis­mos y en su capa­ci­dad para enfren­tar la ocu­pa­ción israe­lí lue­go de la derro­ta de junio de 1967. Tam­bién mar­có el ini­cio de la cola­bo­ra­ción entre las fuer­zas vivas de la resis­ten­cia en Cis­jor­da­nia y en la fran­ja de Gaza. Se exten­dió a lo lar­go de dos déca­das, has­ta dar lugar a la inti­fa­da de diciem­bre de 1987, que per­mi­tió des­pla­zar el cen­tro de gra­ve­dad de la resis­ten­cia nacio­nal pales­ti­na –has­ta enton­ces con­cen­tra­da en el exte­rior a par­tir del sur­gi­mien­to de la resis­ten­cia arma­da a media­dos de la déca­da de 1960– hacia el inte­rior de los terri­to­rios ocu­pa­dos. La Orga­ni­za­ción para la Libe­ra­ción de Pales­ti­na (OLP) vol­vió a estar en pri­mer plano des­pués de haber per­di­do en el verano de 1982 su “base segu­ra” duran­te la inva­sión de Bei­rut por Israel, que había derro­ta­do a la resis­ten­cia arma­da y la había obli­ga­do a reti­rar sus fuer­zas de esa ciudad.

La rebe­lión tam­bién obli­gó a Jor­da­nia a renun­ciar al con­trol de Cis­jor­da­nia el 31 de julio de 1988 y a disol­ver los lazos lega­les y admi­nis­tra­ti­vos entre las ori­llas este y oes­te del río Jor­dán. Alen­tó ade­más al Con­se­jo Nacio­nal Pales­tino a decla­rar uni­la­te­ral­men­te la inde­pen­den­cia de Pales­ti­na y a adop­tar la ini­cia­ti­va de paz duran­te su 19a sesión cele­bra­da en Argel a media­dos de noviem­bre de 1988. El Man­do Nacio­nal Uni­fi­ca­do de la inti­fa­da hacía hin­ca­pié en sus obje­ti­vos de liber­tad y de inde­pen­den­cia, cen­trán­do­se en los terri­to­rios ocu­pa­dos de 1967 –sepa­ra­dos del terri­to­rio de 1948 por la “línea ver­de” – , que se con­vir­tie­ron en su zona de inter­ven­ción. Esa pri­me­ra inti­fa­da se dis­tin­guió por su carác­ter popu­lar y demo­crá­ti­co, a tal pun­to que en ella par­ti­ci­pa­ron todas las cla­ses socia­les pales­ti­nas. Tam­bién esta­ba muy orga­ni­za­da, y a pesar de haber opta­do por una resis­ten­cia no arma­da, logró ais­lar al ejér­ci­to israe­lí y ali­men­tar una opo­si­ción a las polí­ti­cas de ocu­pa­ción, así como con­de­nar a las auto­ri­da­des de Tel Aviv a un ais­la­mien­to inter­na­cio­nal seguro.

Sin embar­go, la segun­da par­te de esa inti­fa­da (pri­ma­ve­ra boreal de 1989 – verano de 1990) estu­vo mar­ca­da por los con­flic­tos inter­nos, no solo entre los miem­bros de la OLP y los del movi­mien­to isla­mis­ta Hamás, sino tam­bién en el inte­rior de la OLP mis­ma. En efec­to, sur­gie­ron disen­sos en torno a la ges­tión de la inti­fa­da, que expe­ri­men­tó una buro­cra­ti­za­ción a ultran­za lue­go de la crea­ción de varias dece­nas de ins­ti­tu­cio­nes y de comi­tés finan­cia­dos con dine­ro pro­ve­nien­te del exterior.

Asi, cuan­do Irak inva­dió Kuwait el 2 de agos­to de 1990, el man­do de la OLP se encon­tra­ba en ple­na cri­sis polí­ti­ca. La ini­cia­ti­va de paz esta­ba en un pun­to muer­to, en par­ti­cu­lar des­pués de la sus­pen­sión de las nego­cia­cio­nes por par­te de Esta­dos Uni­dos, so pre­tex­to de que el man­do de la OLP se había nega­do a con­de­nar una ope­ra­ción kami­ka­ze come­ti­da por una de sus fac­cio­nes. Por otra par­te, la inti­fa­da no logró trans­for­mar­se en un movi­mien­to de des­obe­dien­cia civil glo­bal capaz de lograr nue­vas con­quis­tas polí­ti­cas. Al mis­mo tiem­po, des­de las anti­guas repú­bli­cas del blo­que sovié­ti­co lle­ga­ban nue­vas olas de inmi­gra­ción judía.

Por su par­te, los paí­ses ára­bes se divi­die­ron lue­go de la inva­sión de Kuwait por Irak, y por esa razón fue­ron inca­pa­ces de pre­sio­nar al gobierno nor­te­ame­ri­cano. Ante una decep­ción evi­den­te, la OLP deci­dió adop­tar la ini­cia­ti­va polí­ti­ca pro­pues­ta el 12 de agos­to de 1990 por Sadam Husein, que que­ría abor­dar todos los con­flic­tos de Orien­te Pró­xi­mo en con­jun­to. La solu­ción comen­za­ría por el reti­ro “inme­dia­to y sin con­di­cio­nes” de Israel de todas las tie­rras ára­bes ocu­pa­das en Pales­ti­na, Siria y el Líbano.

Pero la derro­ta del ejér­ci­to ira­quí ante la coa­li­ción inter­na­cio­nal y su reti­ro de Kuwait dio como resul­ta­do el ase­dio polí­ti­co y eco­nó­mi­co –por par­te de los paí­ses ára­bes y tam­bién por el res­to de la comu­ni­dad inter­na­cio­nal– de la OLP, cul­pa­ble de haber apo­ya­do a Bag­dad. Así que la Auto­ri­dad Pales­ti­na (AP) no tuvo otra opción más que acep­tar las con­di­cio­nes de los esta­dou­ni­den­ses para par­ti­ci­par en el Con­gre­so Inter­na­cio­nal por la Paz pre­vis­to por Washing­ton y enta­blar nego­cia­cio­nes secre­tas con los israe­líes. Esas nego­cia­cio­nes die­ron lugar a la Decla­ra­ción de Prin­ci­pios pales­tino-israe­lí, cono­ci­da con el nom­bre de “acuer­dos de Oslo”, y al reco­no­ci­mien­to mutuo entre la OLP e Israel.

La decep­ción lue­go de los acuer­dos de Oslo

Sie­te años des­pués del his­tó­ri­co apre­tón de manos en la Casa Blan­ca entre Yasir Ara­fat e Isaac Rabin, la AP solo con­tro­la­ba un quin­to de Cis­jor­da­nia y dos ter­cios de la fran­ja de Gaza. Ambos terri­to­rios solo repre­sen­ta­ban el 22% del terri­to­rio de la Pales­ti­na his­tó­ri­ca, y siguen sien­do con­si­de­ra­dos como obje­to de nego­cia­ción por Israel, al igual que la deci­sión del Con­se­jo de Segu­ri­dad de la ONU que ins­ta­ba a Israel a reti­rar­se de los terri­to­rios que ocu­pa des­de junio de 1967. En para­le­lo, la expo­lia­ción de las tie­rras, la colo­ni­za­ción y la judai­za­ción de Jeru­sa­lén con­ti­nua­ron, y las con­di­cio­nes de vida de los pales­ti­nos no deja­ban de deteriorarse.

La segun­da inti­fa­da, que comen­zó en sep­tiem­bre de 2000, fue la con­se­cuen­cia lógi­ca de esa situa­ción, sobre todo lue­go del fra­ca­so, en julio de ese mis­mo año, de las nego­cia­cio­nes de Camp David entre Yasir Ara­fat y Ehud Barak. Esa rebe­lión se des­ató con la visi­ta de Ariel Sha­rón a la mez­qui­ta de Al Aqsa, y expre­sa el har­taz­go de los pales­ti­nos y su con­vic­ción de que es inú­til nego­ciar sin ejer­cer pre­sión. A par­tir de las pri­me­ras sema­nas, apa­re­cie­ron divi­sio­nes entre las fuer­zas par­ti­ci­pan­tes, algu­nas de las cua­les que­rían man­te­ner la dimen­sión popu­lar de la revuel­ta, mien­tras que otras desea­ban orien­tar­la hacia la acción arma­da. Y tam­bién había frac­tu­ras entre quie­nes que­rían cir­cuns­cri­bir­la a los terri­to­rios ocu­pa­dos de 1967 y aque­llos que que­rían exten­der­la más allá de la línea verde.

Polí­ti­ca­men­te, la segun­da inti­fa­da opu­so a la auto­ri­dad nacio­nal –que veía la rebe­lión como una opor­tu­ni­dad de mejo­rar las con­di­cio­nes de nego­cia­ción– con las fuer­zas nacio­na­les lai­cas –que la con­si­de­ra­ban como un medio de rea­li­zar el obje­ti­vo de inde­pen­den­cia– y con las fuer­zas reli­gio­sas, que la toma­ban como un medio de imple­men­tar su línea polí­ti­ca basa­da en la idea de la libe­ra­ción de todo el terri­to­rio nacio­nal palestino.

Rápi­da­men­te, la segun­da inti­fa­da dio un giro mili­ta­ri­za­do a tra­vés de los aten­ta­dos sui­ci­das, que toma­ron otra dimen­sión con los acon­te­ci­mien­tos del 11 de sep­tiem­bre de 2001. En efec­to, la polí­ti­ca de la admi­nis­tra­ción de Geor­ge W. Bush, poco intere­sa­da en la reanu­da­ción del diá­lo­go entre pales­ti­nos e israe­líes, había con­sis­ti­do has­ta enton­ces en apo­yar al gobierno de Ariel Sha­rón mien­tras se le pedía que actua­ra mode­ra­da­men­te ante los pales­ti­nos. Tam­bién apun­ta­ba a que la con­fron­ta­ción se man­tu­vie­ra limi­ta­da a los terri­to­rios pales­ti­nos, para que no tuvie­ra con­se­cuen­cias nefas­tas sobre la polí­ti­ca esta­dou­ni­den­se en la región, sobre todo res­pec­to a Irak. Pero tras los aten­ta­dos del 11 de sep­tiem­bre, Ariel Sha­rón com­pren­dió rápi­do que esa nue­va situa­ción le per­mi­tía pre­sen­tar­se como la pun­ta de lan­za de la gue­rra con­tra el terro­ris­mo, con­so­li­dan­do así el enten­di­mien­to polí­ti­co entre la dere­cha con­ser­va­do­ra esta­dou­ni­den­se y la nacio­na­lis­ta israelí.

La mili­ta­ri­za­ción de la inti­fa­da dio lugar a un aca­lo­ra­do deba­te en el ámbi­to pales­tino. Algu­nos inves­ti­ga­do­res pales­ti­nos la com­pa­ran con la de 1987, que se dis­tin­guió por su carác­ter pací­fi­co y popu­lar. Para la pro­fe­so­ra Islah Jad, de la Uni­ver­si­dad de Bir­zeit, la segun­da inti­fa­da se vio afec­ta­da por la ausen­cia de par­ti­ci­pa­ción popu­lar masi­va, algo que pudo obser­var­se en los fune­ra­les de los már­ti­res. Esa ausen­cia se debió a la debi­li­dad de los par­ti­dos y de las for­ma­cio­nes polí­ti­cas, muchos de cuyos cua­dros habían pasa­do a ONG y quie­nes podrían haber ayu­da­do a estruc­tu­rar una movi­li­za­ción popu­lar. Eso tuvo como con­se­cuen­cia “un retro­ce­so nota­ble en el dis­cur­so y la cul­tu­ra de la corrien­te nacio­nal demó­cra­ta lai­ca” y per­mi­tió que los movi­mien­tos polí­ti­cos reli­gio­sos gana­ran legi­ti­mi­dad y peso en la orga­ni­za­ción de las masas”, triun­fan­do sobre todo en las diver­sas elec­cio­nes estu­dian­ti­les y sin­di­ca­les, y resis­tien­do la ocu­pa­ción por medio de la mili­ta­ri­za­ción y de aten­ta­dos sui­ci­das, en los que empe­za­ban a par­ti­ci­par fuer­zas del Fatah de Yasir Ara­fat, mayo­ri­ta­rio den­tro de la OLP.

¿Hacia una ter­ce­ra intifada?

Des­de 2002, el gobierno de Geor­ge W. Bush, que no deja­ba de acu­sar al pre­si­den­te de la Auto­ri­dad Pales­ti­na Yasir Ara­fat de alen­tar el terro­ris­mo, insis­tía cada vez más en la nece­si­dad de una refor­ma que per­mi­tie­ra excluir­lo del man­do de la AP y de la OLP. Por su par­te, el gobierno de Sha­ron apro­ve­chó la opor­tu­ni­dad para debi­li­tar a la AP, en espe­cial lue­go del sitio del cuar­tel gene­ral de Ara­fat en Rama­la y de la inva­sión del ejér­ci­to israe­lí de ciu­da­des admi­nis­tra­das por la Auto­ri­dad Palestina.

Lue­go del falle­ci­mien­to de Yasir Ara­fat el 11 de noviem­bre de 2004, algu­nas voces se alza­ron para anun­ciar el fin de la épo­ca de la “legi­ti­mi­dad his­tó­ri­ca” y exi­gir la cele­bra­ción de elec­cio­nes. En efec­to, el 9 de enero de 2005 se reali­zó una elec­ción pre­si­den­cial. El can­di­da­to de Fatah, Mah­mud Abás, resul­tó ven­ce­dor con el 63% de los sufra­gios. En su pro­gra­ma elec­to­ral, Abás insis­tió en la nece­si­dad de refor­mar el régi­men polí­ti­co, reac­ti­var el rol de las ins­ti­tu­cio­nes y gene­ra­li­zar el pro­ce­so demo­crá­ti­co. Tam­bién lla­mó a ter­mi­nar con la mili­ta­ri­za­ción de la inti­fa­da y a regre­sar a la mesa de nego­cia­ción, esti­man­do que era la úni­ca vía para lle­gar a una solu­ción polí­ti­ca que pro­te­gie­ra los dere­chos del pue­blo pales­tino y con­tri­bu­ye­ra a mejo­rar su ima­gen ante la opi­nión públi­ca inter­na­cio­nal, ase­gu­rán­do­le apo­yo eco­nó­mi­co. Así, la inti­fa­da per­dió la base obje­ti­va que la jus­ti­fi­ca­ba, y sus bra­sas fue­ron apa­gán­do­se poco a poco.

En su estu­dio sobre la posi­bi­li­dad de una ter­ce­ra inti­fa­da en Pales­ti­na publi­ca­do por el Car­ne­gie Midd­le East Cen­ter el 8 de febre­ro de 2018, Michael Young sub­ra­ya que los inves­ti­ga­do­res más impor­tan­tes del cen­tro lle­ga­ron a la con­clu­sión de que el ale­ja­mien­to de toda posi­bi­li­dad de solu­ción de dos Esta­dos (según los cri­te­rios inter­na­cio­na­les), el sen­ti­mien­to de frus­tra­ción gene­ra­li­za­da entre los pales­ti­nos y el dete­rio­ro de las con­di­cio­nes de vida podrían favo­re­cer el esta­lli­do de una ter­ce­ra inti­fa­da, que segu­ra­men­te toma­ría una for­ma dife­ren­te a las dos ante­rio­res. Ali Jar­baoui, pro­fe­sor de cien­cias polí­ti­cas en la Uni­ver­si­dad de Bir­zeit que par­ti­ci­pó en el estu­dio, escri­be: “Es poco pro­ba­ble que vuel­va a sur­gir una inti­fa­da popu­lar como la de 1987, por­que los acuer­dos de Oslo cam­bia­ron la situa­ción por com­ple­to. Actual­men­te, la ocu­pa­ción es mayor­men­te invi­si­ble para los pales­ti­nos, que están encla­va­dos en lo que aho­ra se lla­ma áreas A y B (3). De hecho, en la vida coti­dia­na ya no hay con­tac­to direc­to con las fuer­zas de ocu­pa­ción, sal­vo en los pues­tos de con­trol que se encuen­tran en la entra­da de las zonas de resi­den­cia, o en las prin­ci­pa­les rutas. […] No sur­gi­rá nin­gu­na inti­fa­da si la mayor par­te de los pales­ti­nos no están con­ven­ci­dos de su utilidad”.

Jar­baoui seña­la que, de ocu­rrir, la pró­xi­ma “toma­rá la for­ma de gran­des pro­tes­tas popu­la­res pací­fi­cas y con­ti­nuas en los cen­tros de las ciu­da­des pales­ti­nas, con la espe­ran­za de cap­tar la aten­ción de la comu­ni­dad inter­na­cio­nal y recla­mar que fina­li­ce la lar­ga ocu­pa­ción israelí”.

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Tra­du­ci­do del ára­be al fran­cés por Sarra Gri­ra. Tra­du­ci­do del fran­cés al espa­ñol por Igna­cio Mackinze.

Notas

(1) NDLR. El buraq es el caba­llo ala­do con el que el pro­fe­ta Maho­ma habría efec­tua­do su via­je noc­turno entre La Meca y Jerusalén.

(2) Esa movi­li­za­ción tuvo lugar con moti­vo del fune­ral del jefe Izze­din al-Qas­sam, quien falle­ció duran­te una embos­ca­da ten­di­da por el ejér­ci­to bri­tá­ni­co en los alre­de­do­res del pue­blo de Yabad, en la región de Yenín, con­tra el gru­po arma­do que diri­gía al-Qassam.

(3) NDLR. Áreas admi­nis­tra­ti­vas de Cis­jor­da­nia defi­ni­das por los acuer­dos de Oslo II que solo alo­jan a palestinos.

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