Esta­do espa­ñol. Mar­tín Villa, el esbi­rro para­més (Opi­nión)

Por Iña­ki Ega­ña. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 13 de sep­tiem­bre de 2020.

En su perio­do de Minis­tro de Inte­rior, y al mar­gen de la acti­vi­dad poli­cial, gru­pos para­mi­li­ta­res, iden­ti­fi­ca­dos con nom­bres diver­sos rea­li­za­ron 205 aten­ta­dos con­tra per­so­nas y pro­pie­da­des. Cono­ci­da es la impu­ni­dad de los mis­mos. Cero detenidos.

La his­to­ria la escri­ben los ven­ce­do­res, una máxi­ma que dicen pro­vie­ne de una cita de Orwell, el autor de aquel inquie­tan­te «1984». En esa Espa­ña que Ber­ga­mín encon­tró a su vuel­ta del exi­lio amor­ta­ja­da, «pri­sio­ne­ra de sí mis­ma», los ven­ce­do­res pare­cen legión. Pre­si­den­tes, polí­ti­cos, sin­di­ca­lis­tas, acto­res de la nada han apo­ya­do al pivo­te poli­cial de la Tran­si­ción, Mar­tín Villa, como si se tra­ta­ra de un héroe grie­go aco­sa­do por las hues­tes rebel­des de Poseidón.

El rela­to de la Tran­si­ción es into­ca­ble, eso es más o menos lo que nos han veni­do a decir quie­nes apo­ya­ron al esbi­rro para­més (Mar­tín Villa nació en el Pára­mo leo­nés), antes de su com­pa­re­cen­cia ante la jue­za argen­ti­na María Ser­vi­ni. Un sopor­te con evi­den­tes inten­cio­nes de influir en la deci­sión final de la magis­tra­da, acos­tum­bra­dos en Madrid a ejer­cer polí­ti­ca a tra­vés de los jueces.

El pro­pio impu­tado se defen­dió con varias per­las que demues­tran la impu­ni­dad de la que goza el fran­quis­mo y, por exten­sión, los fran­quis­tas. La de que no hubo geno­ci­dio fue la que des­ta­ca­ron los medios. ¿Dón­de está el lími­te para dife­ren­ciar entre reda­da, saqueo, razia y geno­ci­dio? ¿Saben que el régi­men en el que el para­més se hizo mayor ase­si­nó entre 1936 y 1937 al 7% de quie­nes habían vota­do en Nafa­rroa al Fren­te Popu­lar o al PNV o lo que es lo mis­mo, al 1% de la pobla­ción nava­rra de entonces?

La segun­da de las razo­nes de su defen­sa, fil­tra­da por el perio­dis­ta Juan José Millás, es que cuan­do la Poli­cía detu­vo a San­tia­go Carri­llo, enton­ces secre­ta­rio gene­ral del clan­des­tino Par­ti­do Comu­nis­ta, Mar­tín Villa lla­mó a los agen­tes para que no lo tor­tu­ra­ran. Es decir que la tor­tu­ra era la colum­na ver­te­bral del inte­rro­ga­to­rio en comi­sa­rías y cuar­te­les y úni­ca­men­te des­apa­re­cía cuan­do había algu­na direc­triz con­cre­ta del minis­tro. La excep­cio­na­li­dad era tal que se ele­va­ba a infor­ma­ción como en el cono­ci­do caso del hom­bre que muer­de al perro. Así la no-tor­tu­ra es la noticia.

El esbi­rro para­més tuvo diver­sos car­gos en la éli­te de la admi­nis­tra­ción, antes de la muer­te del dic­ta­dor. Lue­go fue minis­tro de Rela­cio­nes Sin­di­ca­les para, más ade­lan­te, ser nom­bra­do de Inte­rior, enton­ces Gober­na­ción, en julio de 1976. Estu­vo en el car­go has­ta abril de 1979. Lue­go fue minis­tro de Admi­nis­tra­ción Terri­to­rial y vice­pre­si­den­te del Gobierno, antes de ser recom­pen­sa­do con con­se­jos de admi­nis­tra­ción bien lucrativos.

En la Eus­kal Herria penin­su­lar ejer­ció de virrey, más que de minis­tro, ame­na­zan­do con la inter­ven­ción del Ejér­ci­to en los suce­sos de los san­fer­mi­nes de 1978, anun­cian­do con ante­la­ción el aten­ta­do que aca­ba­ría con la muer­te de Arga­la o lle­van­do a tér­mi­nos fut­bo­lís­ti­cos un enfren­ta­mien­to entre la poli­cía y mili­tan­tes de ETA: «Vamos gana­dos dos a uno». Antes del virrei­na­to, Mar­tín Villa era gober­na­dor civil de Bar­ce­lo­na. Bajo su égi­da volun­ta­rios eje­cu­ta­ron a Txi­ki en Cer­dan­yo­la. Su fami­lia ni siquie­ra pudo reco­ger el cadá­ver para tras­la­dar­lo a Zarautz. Ten­dría que haber cam­bios en la gober­na­ción de Bar­ce­lo­na para que final­men­te los res­tos de Juan Pare­des pudie­ran reci­bir sepul­tu­ra en tie­rra vasca.

Duran­te el man­da­to del para­més en Inte­rior, 310 hom­bres y muje­res vas­cos dete­ni­dos denun­cia­ron tor­tu­ras. No tuvie­ron la suer­te de Carri­llo. En los 33 meses de su ges­tión se pro­du­je­ron 1.100 deten­cio­nes por razo­nes polí­ti­cas. Siguien­do las con­clu­sio­nes del Gobierno Vas­co en el tra­ba­jo sobre la Tor­tu­ra diri­gi­do por Paco Etxe­be­rria que indu­cen a asu­mir que de cada cua­tro dete­ni­dos en situa­cio­nes excep­cio­na­les (esta­do de excep­ción, ley anti­te­rro­ris­ta) tres sufrie­ron malos tra­tos, la res­pon­sa­bi­li­dad de Mar­tín Villa es ingente.

Mar­tín Villa fue nom­bra­do minis­tro de Gober­na­ción un 5 de julio. Cua­tro días des­pués, agen­tes (para)policiales mata­ban a Nor­mi Mentxa­ka en San­tur­tzi. A fin de ese mes, otro gru­po poli­cial secues­tra­ba y eje­cu­ta­ba a Per­tur. En setiem­bre a Josu Zaba­la en Hon­da­rri­bia. Una dece­na de muer­tos por las fuer­zas poli­cia­les en las tres sema­nas «pro Amnis­tía» de 1977. En 1978 otros tan­tos en con­tro­les poli­cia­les, en mani­fes­ta­cio­nes: Ger­mán Rodrí­guez, Jose­ba Baran­dia­ran… Inclu­so los mer­ce­na­rios cru­za­ron la muga para matar a Juan­jo Etxa­be, que esta­ba hacien­do de inter­me­dia­rio con Mar­tin Villa en con­ver­sa­cio­nes con ETA. Que­dó mal­he­ri­do y murió su com­pa­ñe­ra, Agur­tza­ne Arre­gi. Unos meses más tar­de, el aten­ta­do con­tra José Miguel Beñaran.

En su perio­do de Inte­rior, y al mar­gen de la acti­vi­dad poli­cial, gru­pos para­mi­li­ta­res, iden­ti­fi­ca­dos con nom­bres diver­sos, BVE (Bata­llón Vas­co Espa­ñol), AAA (Alian­za Apos­tó­li­ca Anti­co­mu­nis­ta), ATE (Anti­te­rro­ris­mo ETA) o ANE (Acción Nacio­nal Espa­ño­la), rea­li­za­ron 205 aten­ta­dos con­tra per­so­nas y pro­pie­da­des. Cono­ci­da es la impu­ni­dad de los mis­mos. Cero dete­ni­dos. Con el agra­van­te actual que los dam­ni­fi­ca­dos de su ges­tión ven nega­das su con­di­ción de víc­ti­mas. Mar­tín Villa mili­ta en la actua­li­dad en el PP. Y bien que cono­ce­mos su boi­cot sis­te­má­ti­co a la con­si­de­ra­ción de víc­ti­mas a tor­tu­ra­dos y muer­tos por fuer­zas poli­cia­les o paramilitares.

El impla­ca­ble Mar­tín Villa movió los hilos tam­bién para que el rela­to de 2020 ten­ga las matri­ces que tie­ne. A par­tir de 1977, los res­pon­sa­bles fran­quis­tas del Minis­te­rio de Gober­na­ción des­ta­ca­ron varios equi­pos en los archi­vos repre­si­vos que, duran­te meses, pei­na­ron cien­tos de miles de docu­men­tos. Quie­nes ras­trea­mos la his­to­ria nos hemos topa­do con miles de ausen­cias. Para que lue­go nos digan que lo que no tie­ne sopor­te docu­men­tal no exis­te. Es cier­to. Mar­tín Villa lo man­dó a la hogue­ra. Dicen que has­ta dos millo­nes de fichas de víc­ti­mas y tam­bién de verdugos.

La polí­ti­ca peni­ten­cia­ria de Mar­tín Villa nos dejó los ecos de un méto­do ven­ga­dor. Lo dijo en su man­da­to: «La pecu­lia­ri­dad de ETA exi­ge por razo­nes de Esta­do una repre­sión cons­tan­te con­tra la orga­ni­za­ción, repre­sión que debe ejer­ci­tar­se den­tro y fue­ra de las cár­ce­les». Has­ta hoy, con 51 muer­tos por la polí­ti­ca peni­ten­cia­ria, el últi­mo Igor Gon­zá­lez Sola, más de cua­ren­ta años des­pués que el esbi­rro para­més lo anun­cia­ra. Orwell la clavó.

Fuen­te: Naiz

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