Des­pués de la guarimba

Balan­ce de la ins­tru­men­ta­li­za­ción de los Dere­chos Humanos

Anto­nio J. Gon­zá­lez Pless­mann[1]

I. EL CONTEXTO

Una par­te del lide­raz­go de la opo­si­ción impul­só una estra­te­gia insu­rrec­cio­nal entre febre­ro y junio de este año, obli­gan­do al res­to del lide­raz­go de la opo­si­ción a ple­gár­se­le para no lucir com­pla­cien­te fren­te a su base social. Sec­to­res impor­tan­tes de cla­se media y alta se movi­li­za­ron, una vez más, con­ven­ci­dos de que con su acción logra­rían des­alo­jar al cha­vis­mo del Estado.Existe una peli­gro­sa cul­tu­ra ins­ta­la­da en estos sec­to­res socia­les que les per­mi­te auto­per­ci­bir­se como víc­ti­mas de un gobierno auto­ri­ta­rio, a par­tir de lo cual legi­ti­man accio­nes de fuer­za y se imper­mea­bi­li­zan ante la visión del mun­do de las mayo­rías popu­la­res[2].Por ello, son pre­sa fácil del opor­tu­nis­mo de sec­to­res de opo­si­ción que los acti­van para diri­mir sus con­flic­tos inter­nos por el liderazgo.

Los sec­to­res popu­la­res vene­zo­la­nos, aun­que sufren el impac­to de la cri­sis eco­nó­mi­ca, no se suma­ron a la movi­li­za­ción de la derecha,dado su acu­mu­la­do de con­cien­cia polí­ti­ca, labra­da a par­tir de su pro­ta­go­nis­mo en la cons­truc­ción del con­te­ni­do igua­li­ta­rio de la demo­cra­cia venezolana.El Gobierno no solo no cayó, sino que al igual que en ante­rio­res inten­tos opo­si­to­res des­lea­les con la demo­cra­cia, salió fortalecido.

II. LA INSTRUMENTALIZACIÓN DELOS DERECHOS HUMANOS (DDHH)

La opo­si­ción polí­ti­ca, las ONG de DDHH que le son alia­das (nacio­na­les e inter­na­cio­na­les), el gobierno de EEUU ylas cor­po­ra­cio­nes mediá­ti­cas inter­na­cio­na­les, ani­ma­ron una matriz según la cual en Vene­zue­la, duran­te las Gua­rim­bas, había una “gra­ve cri­sis de DDHH”. El obje­ti­vo es evi­den­te y care­ce de nove­dad: no se tra­ta de pro­te­ger real­men­te a los DHHH del pue­blo vene­zo­lano, sino de pro­mo­ver un régi­men de visi­bi­li­za­ción selec­ti­va de la situa­ción de los DDHH en el país, que apun­ta a des­le­gi­ti­mar el pro­ce­so de cam­bios ini­cia­do en 1998. Los DDHH son vacia­dos de su con­te­ni­do pro­tec­tor de la dig­ni­dad huma­na y con­ver­ti­dos en ins­tru­men­to para lograr un obje­ti­vo político.

III. EL BALANCE INTERNACIONAL

En el ámbi­to inter­na­cio­nal, si juz­ga­mos por el cen­ti­me­tra­je y enfo­que de la cober­tu­ra mediá­ti­ca hege­mó­ni­ca y por las decla­ra­cio­nes de algu­nas ins­tan­cias mul­ti­la­te­ra­les de DDHH (como la Alta Comi­sio­na­da de la ONU para los DDHH), se pue­de con­cluir que la estra­te­gia ins­tru­men­ta­li­za­do­ra tuvo un éxi­to par­cial. No logra­ron nada, sin embar­go, entre los gobier­nos de la región ni en los foros mul­ti­la­te­ra­les regio­na­les, que apo­ya­ron sin reser­vas a la demo­cra­cia vene­zo­la­na. Un signo alen­ta­dor, en este ámbi­to, es que una misión, de bajo per­fil, de res­pe­ta­das ONG de DDHH de Amé­ri­ca Lati­na (no iden­ti­fi­ca­das con el cha­vis­mo) que visi­tó el país en julio de este año, con­clu­yó que “en Vene­zue­la pasa lo que en el res­to de nues­tros paí­ses, aun­que pro­ba­ble­men­te con mayor inten­si­dad en su pola­ri­za­ción. Hay una cri­sis polí­ti­ca, pero no una cri­sis de DDHH”. En con­se­cuen­cia, des­car­ta­ron rea­li­zar un pro­nun­cia­mien­to públi­co y se plan­tea­ron la nece­si­dad de diver­si­fi­car sus fuen­tes de infor­ma­ción y cua­li­fi­car su mira­da sobre el país.

IV. EL BALANCE NACIONAL

En el ámbi­to nacio­nal, esta nue­va arre­me­ti­da gene­ró algu­nos sal­dos posi­ti­vos que apun­tan a for­ta­le­cer capa­ci­da­des. De esa coyun­tu­ra nació el Con­se­jo Nacio­nal de Dere­chos Huma­nos, ins­tan­cia esta­tal que tie­ne como man­da­to arti­cu­lar a las ins­ti­tu­cio­nes y polí­ti­cas públi­cas en la mate­ria, para cua­li­fi­car y aumen­tar su impac­to. Por otra par­te, des­de la socie­dad, la coyun­tu­ra ayu­dó a nacer, el 10 de mayo de 2014, a “SurDH. Red Alter­na­ti­va de DDHH”, espa­cio que arti­cu­la a cer­ca de 40 acti­vis­tas de DDHH con más de 20 años de expe­rien­cia en el área (la mayor par­te de ellas/​os formadas/​os en ONG de DDHH que hoy están ali­nea­das con la opo­si­ción pero que algu­na vez fue­ron par­te de la corrien­te his­tó­ri­co social de la que nació la Revo­lu­ción Boli­va­ria­na)[3]. Sin ser su obje­ti­vo prin­ci­pal, SurDH vie­ne a minar el mono­po­lio de la dere­cha en el cam­po de los DDHH. Cues­tio­na el “secues­tro libe­ral” y la “ins­tru­men­ta­li­za­ción” de los dere­chos y pro­po­ne un enfo­que trans­for­ma­dor, que los vin­cu­la a las luchas con­tra­he­ge­mó­ni­cas de nues­tro pue­blo[4].

V. LOS RETOS

Que sean ins­tru­men­ta­li­za­dos por la dere­cha no sig­ni­fi­ca que no haya vio­la­cio­nes a los DDHH en Vene­zue­la. La recien­te denun­cia, publi­ca­da en el Correo del Ori­no­co el 02 de agos­to de 2014[5], for­mu­la­da por la Aso­cia­ción Nacio­nal de Medios Comu­ni­ta­rios, Libres y Alter­na­ti­vos (Anm­cla), el Movi­mien­to de Pobla­do­res, Tiu­na el Fuer­te y SurDH, entre otros movi­mien­tos de izquier­da, demues­tra que, pese al ini­cio de una refor­ma poli­cial, sigue habien­do mucho por hacer para rever­tir el mode­lo repre­sor y cri­mi­na­li­za­dor de la pobre­za por par­te de nues­tros cuer­pos poli­cia­les y del sis­te­ma de jus­ti­cia penal en general.

En el con­tex­to de las gua­rim­bas es evi­den­te, ade­más, que hubo actua­cio­nes vio­la­to­rias a los dere­chos, sien­do las más gra­ves los cua­tro ase­si­na­tos pre­su­mi­ble­men­te come­ti­dos por fun­cio­na­rios de segu­ri­dad. El reco­no­ci­mien­to de estos casos por par­te del alto Gobierno y la acti­tud res­pon­sa­ble de la Fis­cal Gene­ral, que ha infor­ma­do sema­nal­men­te del cur­so de las inves­ti­ga­cio­nes, demues­tran una volun­tad polí­ti­ca con­tra­ria al tra­di­cio­nal encu­bri­mien­to. Ello no es, sin embar­go, sufi­cien­te. Resul­ta fun­da­men­tal que todas las vio­la­cio­nes a los DDHH ocu­rri­das duran­te las gua­rim­bas sean inves­ti­ga­das y efec­ti­va­men­te san­cio­na­dos sus res­pon­sa­bles, así como modi­fi­ca­das las con­di­cio­nes que las hicie­ron posi­ble. En esta últi­ma direc­ción, cabe exi­gir que la Refor­ma Poli­cial ini­cia­da en 2006 sea eva­lua­da, pro­fun­di­za­da, some­ti­da a una calen­da­ri­za­ción y amplia­da a otros cuer­pos de segu­ri­dad como la GNB, el Cicpc y el Sebin.

Por otra par­te, la Revo­lu­ción tie­ne como reto­for­ta­le­cer sus capa­ci­da­des glo­ba­les en el cam­po de los DDHH. Deben ser rei­vin­di­ca­dos al menos des­de tres dimen­sio­nes: a) como un cam­po en dispu­ta, en el que des­de la izquier­da tene­mos apor­tes rele­van­tes para recons­truir­los y poten­ciar su com­po­nen­te trans­for­ma­dor; b) como unas pode­ro­sas herra­mien­tas de lucha, que cuen­tan con altí­si­ma legi­ti­mi­dad nacio­nal e inter­na­cio­nal y que han ser­vi­do his­tó­ri­ca­men­te de apo­yo a nues­tro pue­blo; y c) como un pilar éti­co-polí­ti­co de la Revo­lu­ción, que apor­ta con­te­ni­do sus­tan­ti­vo al socia­lis­mo del siglo XXI.


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