Femi­ni­ci­dio: Vio­len­cia social e institucional

Un cre­ci­mien­to has­ta de 40 por cien­to en el ase­si­na­to de muje­res y cam­bios en la for­ma de matar­las, en los últi­mos cin­co años, reve­lan que el femi­ni­ci­dio es hoy resul­ta­do de la ola de vio­len­cia gene­ra­li­za­da en Méxi­co. Al ase­si­na­to se suma la vio­la­ción sexual a manos de poli­cías, mili­ta­res y delin­cuen­tes.

Las carac­te­rís­ti­cas del femi­ni­ci­dio mues­tran cam­bios drás­ti­cos. Los expe­dien­tes poli­cía­cos de 18 enti­da­des del país con­fir­man que el 63 por cien­to de las víc­ti­mas murie­ron como con­se­cuen­cia de tor­tu­ras, y fue­ron halla­das en luga­res públicos.

Sus cuer­pos, muti­la­dos o des­cuar­ti­za­dos, tes­ti­mo­nian una encar­ni­za­da vio­len­cia; uti­li­za­ción des­me­di­da de la fuer­za físi­ca y aumen­to en el uso de armas de fuego.
Los expe­dien­tes poli­cía­cos seña­lan que los cuer­pos iner­tes fue­ron aban­do­na­dos en para­jes soli­ta­rios, lotes bal­díos, carre­te­ras, cami­nos y brechas.

La abo­ga­da Sora­ya Váz­quez, ase­so­ra jurí­di­ca del Ins­ti­tu­to de la Mujer del Dis­tri­to Fede­ral (capi­tal de la Repú­bli­ca), sos­tu­vo, en entre­vis­ta con SEM­lac, que esta reve­la­ción con­tras­ta con las esta­dís­ti­cas que duran­te los últi­mos años ubi­ca­ron al femi­ni­ci­dio como resul­ta­do de la vio­len­cia de pare­ja y recon­fi­gu­ra el mapa del cri­men con­tra las muje­res por razo­nes de género.

Has­ta 2005 se podía afir­mar que en el 67 por cien­to de los casos las muje­res habían sido ase­si­na­das en sus casas o en espa­cios pri­va­dos o fami­lia­res, de acuer­do con la inves­ti­ga­ción sobre femi­ni­ci­dio que enton­ces hizo la Cáma­ra de Diputados.

Un total de 14.000 vio­la­cio­nes sexua­les suce­die­ron tam­bién en los últi­mos 24 meses, según infor­mó la dipu­tada Tere­sa Inchaús­te­gui, de la Comi­sión sobre Femi­ni­ci­dios en la Cáma­ra de Dipu­tados, y de acuer­do con infor­mes de las pro­cu­ra­du­rías de jus­ti­cia en base a las denun­cias registradas.

De los 1.728 femi­ni­ci­dios regis­tra­dos entre 2009 y 2010 por el Obser­va­to­rio Nacio­nal del Femi­ni­ci­dio, lla­mó la aten­ción que 36,31por cien­to de las víc­ti­mas eran muje­res con acti­vi­dad labo­ral o públi­ca y que 40,9 por cien­to corres­pon­dió a muje­res entre 10 y 30 años, infor­mó la abo­ga­da Vázquez.

Lo alar­man­te, dijo la abo­ga­da, es que solo en 4,9 por cien­to de 890 casos estu­dia­dos a fon­do por el Ins­ti­tu­to de las Muje­res del Dis­tri­to Fede­ral, las auto­ri­da­des logra­ron dete­ner, juz­gar y sen­ten­ciar a los responsables.

Por ello dicho deli­to, apro­ba­do has­ta aho­ra en sie­te de las 32 enti­da­des del país, se bus­có con­fi­gu­rar­lo con datos obje­ti­vos, que no dejen duda a la auto­ri­dad, como el núme­ro de denun­cias, las visi­tas de la víc­ti­ma al Minis­te­rio Públi­co u otros datos his­tó­ri­cos del caso.

Las imper­fec­cio­nes de la con­fi­gu­ra­ción de este deli­to son tales en los Esta­dos de Méxi­co y Gua­na­jua­to, que ya se dis­cu­ten refor­mas sobre su recien­te tipificación.

La doc­to­ra Rosa Ice­la Oje­da, res­pon­sa­ble del Obser­va­to­rio del Femi­ni­ci­dio en el Esta­do de Gue­rre­ro e inte­gran­te de la Red Nacio­nal de Inves­ti­ga­do­ras, dijo que la con­fi­gu­ra­ción del deli­to se está rea­li­zan­do tan rápi­da­men­te como una polí­ti­ca del Eje­cu­ti­vo que se empie­za a caer en la simu­la­ción, por­que no se dan datos obje­ti­vos con los cua­les el juz­ga­dor pue­da actuar.

En el fon­do, esta situa­ción podría ayu­dar a ocul­tar el tama­ño y pro­fun­di­dad del pro­ble­ma, añadió.

La geo­gra­fía

El Obser­va­to­rio Nacio­nal del Femi­ni­ci­dio ana­li­zó 11 enti­da­des del país y sos­tie­ne que la situa­ción es alar­man­te en el Esta­do de Méxi­co, Ciu­dad Juá­rez, Sina­loa, Gue­rre­ro y Oaxa­ca, lo cual coin­ci­de con la geo­gra­fía de lo que se lla­ma en Méxi­co la «gue­rra con­tra el nar­co­trá­fi­co», don­de cre­ce la mili­ta­ri­za­ción y la vio­len­cia social, sien­do Ciu­dad Juá­rez el caso emblemático.

Sola­men­te en la zona sur­su­res­te, Gue­rre­ro, Chia­pas y Oaxa­ca, suce­die­ron el 61,9 por cien­to de estos femi­ni­ci­dios, según la pro­cu­ra­do­ra de Géne­ro de Gue­rre­ro, Inda­le­cia Pache­co León.

Esta enti­dad, por ser el esce­na­rio his­tó­ri­co de con­flic­to social y gue­rri­lla, tie­ne el pri­mer lugar en homi­ci­dios en gene­ral, y el femi­ni­ci­dio es 2,5 pun­tos más alto que el pro­me­dio nacio­nal, dijo Pache­co a SEM­lac. De acuer­do con las cifras de los obser­va­to­rios, en Gue­rre­ro, al sur­es­te del país, habría suce­di­do el 41,3 por cien­to de los homi­ci­dios de muje­res de todo México.

Aún cuan­do los datos son con­tra­dic­to­rios res­pec­to de los sitios de mayor inci­den­cia, a par­tir de las inves­ti­ga­cio­nes que la Cáma­ra de Dipu­tados empren­dió en 2004 y 2005 se ha podi­do pre­ci­sar que en los últi­mos diez años, 10.000 muje­res han sido ase­si­na­das por razo­nes de géne­ro, en esce­na­rios pri­va­dos y públi­cos, con víc­ti­mas de todas las eda­des y diver­sas cla­ses socia­les, por lo que el pro­ble­ma tie­ne carác­ter nacio­nal, pero de par­te de las auto­ri­da­des exis­te incom­pren­sión, impu­ni­dad y desprecio.

Las inves­ti­ga­cio­nes y los datos ofi­cia­les arro­jan que son 15 enti­da­des del país don­de hay mayor núme­ro de casos: Chihuahua (Ciu­dad Juá­rez), Esta­do de Méxi­co, Jalis­co, Sina­loa, Coli­ma, Tamau­li­pas, Baja Cali­for­nia, Oaxa­ca, Chia­pas y Veracruz.

El deba­te

En los últi­mos meses ha habi­do un inten­so deba­te por la tipi­fi­ca­ción del deli­to de femi­ni­ci­dio y las carac­te­rís­ti­cas que debía mostrar.

Se situó en Gue­rre­ro, por­que ahí se tipi­fi­có el deli­to en diciem­bre de 2010, cons­ti­tu­yén­do­se en la pri­me­ra enti­dad en hacer­lo, y cre­ció por­que el 22 de abril, en ple­na Sema­na San­ta, fue­ron ase­si­na­das cua­tro tra­ba­ja­do­ras de una esté­ti­ca de belle­za: Luvia Váz­quez, (30 años), Ele­na Baños (19), Jac­que­li­ne de la Rosa (14) y Rubí Celia Gar­cía (39).

A ésta últi­ma los ase­si­nos le deja­ron un car­tel lla­mán­do­la bru­ja y egoís­ta. Ense­gui­da se les conec­tó con un acto del cri­men orga­ni­za­do y se puso en duda el carác­ter gené­ri­co de los homicidios.

Rosa Ice­la Oje­da sos­tu­vo que la mayo­ría de las muje­res por estar dis­cri­mi­na­das y exclui­das en dis­tin­tos esce­na­rios de la vida social, son ase­si­na­das por ser muje­res y, de acuer­do con la Ley de Acce­so de las Muje­res a una vida sin Vio­len­cia, se con­si­de­ra femi­ni­ci­dio todo aquel en el que el esta­do no actúa, no pre­vie­ne, no pro­te­ge y no da con­di­cio­nes de segu­ri­dad a las mujeres.

Y es sobre esta línea de aná­li­sis cómo des­de el Ins­ti­tu­to Nacio­nal de las Muje­res se orde­nó tipi­fi­car el delito.

Las entre­vis­ta­das, Sora­ya, Inda­le­cia, Rosa Ice­la e Irma Agui­rre, fun­cio­na­ria de la Secre­ta­ría de la Mujer en Gue­rre­ro, coin­ci­die­ron en que la con­di­ción de las mexi­ca­nas las pone en ries­go sis­te­má­ti­co de la vio­len­cia machista.

Has­ta aho­ra se ha tipi­fi­ca­do el femi­ni­ci­dio en seis enti­da­des: Gue­rre­ro, Tamau­li­pas, Gua­na­jua­to, More­los, Vera­cruz y en el Dis­tri­to Fede­ral. Según el aná­li­sis de Rosa Ice­la, del obser­va­to­rio de Gue­rre­ro, y Sora­ya, las legis­la­cio­nes ponen el acen­to en las rela­cio­nes de pare­ja, con lo cual se obvia la reali­dad de vio­len­cia de Esta­do, ins­ti­tu­cio­nal o social.

Como ejem­plo, Sora­ya Váz­quez sos­tu­vo que, en el Dis­tri­to Fede­ral, suce­die­ron 203 homi­ci­dios de muje­res en 2010, de los cua­les has­ta el 58 por cien­to fue­ron por vio­len­cia social y comu­ni­ta­ria, lo que indi­ca que el deli­to no podrá con­fi­gu­rar­se integralmente.

En el Dis­tri­to Fede­ral, don­de se con­si­de­ra que exis­te la mejor for­ma de tipi­fi­car el femi­ni­ci­dio, sos­tu­vo la abo­ga­da, se hizo una amplia inves­ti­ga­ción para sos­te­ner varias cues­tio­nes cen­tra­les: cuan­do hay rela­ción labo­ral, docen­te y una cla­ra subor­di­na­ción o supe­rio­ri­dad del pro­ba­ble res­pon­sa­ble, y cuan­do se tra­ta de una rela­ción sen­ti­men­tal o afec­ti­va, ello se toma como un agravante.

La pena por este nue­vo deli­to, el del femi­ni­ci­dio, es muy varia­ble, de 35 años de cár­cel en los esta­dos don­de se hizo sin pen­sar, has­ta 70 años de cár­cel en algu­nas enti­da­des, como More­los. En el Dis­tri­to Fede­ral es de 20 a 50 años y has­ta 60 cuan­do es la pareja.

El deba­te va a con­ti­nuar. En muchas enti­da­des y espa­cios legis­la­ti­vos hay una enor­me resis­ten­cia para con­fi­gu­rar el deli­to y res­pec­to a su efec­ti­vi­dad es en Gue­rre­ro don­de aho­ra se ana­li­za y se harán cam­bios próximamente.

Algu­nos datos

– La vio­len­cia en Méxi­co ha deja­do como sal­do más de 500 des­apa­ri­cio­nes de muje­res en los últi­mos dos años.

- El femi­ni­ci­dio pasó de 2,5 por 100.000 habi­tan­tes muje­res a 3,6, cre­ció 40 por cien­to en los últi­mos cin­co años.

- Se pre­su­me que exis­ten 125.000 muje­res des­pla­za­das por la gue­rra con­tra el narcotráfico.

- La Cor­te Inter­ame­ri­ca­na de Dere­chos Huma­nos reco­men­dó al gobierno mexi­cano tipi­fi­car el deli­to de femi­ni­ci­dio, tras los hechos del Cam­po Algo­do­ne­ro, y con­for­mar meca­nis­mos efi­cien­tes para per­se­guir y cas­ti­gar a los res­pon­sa­bles. El Cam­po Algo­do­ne­ro se ubi­ca en Ciu­dad Juá­rez, Chihuahua, al nor­te del país, don­de ha sido emble­má­ti­ca la for­ma de matar a las muje­res y se encon­tra­ron sie­te cuer­pos, con lo cual se cons­ti­tu­yó en el pri­mer caso lle­va­do a la Cor­te Inter­ame­ri­ca­na de Dere­chos Huma­nos. La sen­ten­cia, dic­ta­da el pasa­do año, alu­de al todo el femi­ni­ci­dio en Méxi­co y reco­mien­da, jus­ta­men­te, tipi­fi­car ese delito.

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