Cayó Muba­rak, que el fes­te­jo no per­mi­ta que le roben al pue­blo su gran vic­to­ria – Car­los Aznarez

Final­men­te el tirano Muba­rak ha sido derro­ca­do. El pue­blo, o por lo menos esa gigan­tes­ca par­te del mis­mo que des­bor­dó duran­te 17 días la Pla­za Tah­rir con sus gri­tos de “Fue­ra, Fue­ra” y sus cán­ti­cos, no cedie­ron en la embes­ti­da, y logra­ron hacer caer al otro­ra hom­bre fuer­te de las cas­tas gober­nan­tes. Aho­ra, los millo­nes de ciu­da­da­nos movi­li­za­dos recla­man para sí el pro­ta­go­nis­mo prin­ci­pal de esto que algu­nos medios (que has­ta ayer mima­ban a Muba­rak) cali­fi­can de Revo­lu­ción, pero que sin dudas tie­ne todas las carac­te­rís­ti­cas de una rebe­lión pot el har­taz­go de un gobierno que siem­pre estu­vo al lado del impe­rio yan­qui y sir­vió de fel­pu­do a las polí­ti­cas sio­nis­tas en la zona.

Lo diji­mos al comien­zo de este levan­ta­mien­to popu­lar: Muba­rak pue­de irse o que­dar­se, pero indu­da­ble­men­te Egip­to ya no será el mis­mo, sus jóve­nes y sus tra­ba­ja­do­res debe­rán ser la garan­tía de que nin­gún Sulei­mán o Baradhei inten­te que­dar­se con el rédi­to de la san­gre derra­ma­da, de los cien­tos de encar­ce­la­dos, de los tor­tu­ra­dos por ese Ejér­ci­to que hoy, como si la gen­te no tuvie­ra memo­ria, inten­ta en auto­eri­gir­se en cus­to­dio de la volun­tad popular.

Recor­de­mos: Omar Sulei­mán es el hom­bre que ser­vía de garan­te a la CIA para las entre­gas de pri­sio­ne­ros acu­sa­dos de “terro­ris­mo” y que lle­ga­dos des­de otros con­fi­nes en avio­nes de la Agen­cia nor­te­ame­ri­ca­na, iban a engro­sar la fila de dete­ni­dos “ile­ga­les” en las maz­mo­rras del Guan­tá­na­mo egipcio.

Sulei­mán es aho­ra el fun­cio­na­rio apli­ca­do que no deja de con­sul­tar nin­guno de sus pasos con sus tuto­res de Washing­ton y que se man­tie­ne al habla dia­ria­men­te con el gobierno sio­nis­ta de Tel Aviv.

Recor­de­mos: este Ejér­ci­to egip­cio que a tra­vés de sus altos man­dos tra­ta de mos­trar un ros­tro con­ci­lia­dor y que ayer mis­mo les expre­sa­ba a los mani­fes­tan­tes que “com­pren­día sus razo­nes”, es el mis­mo que ha ase­si­na­do y tor­tu­ra­do a miles de ciu­da­da­nos que a lo lar­go del poder de Muba­rak se rebe­la­ban con­tra sus injus­ti­cias. Ese Ejér­ci­to es el que repri­mió a san­gre y fue­go a los pales­ti­nos de Gaza que inten­ta­ban, deses­pe­ra­dos, rom­per el cer­co fron­te­ri­zo que Muba­rak les impu­so en com­bi­na­ción con el pre­mier sio­nis­ta Neta­niahu, para asfi­xiar a los rebel­des de Hamás.

O sea, los “here­de­ros” que aho­ra con­ti­nua­rán a Muba­rak son par­te del mis­mo tin­gla­do que has­ta ayer ha gober­na­do con mano dura y que, ayu­da­dos por Oba­ma y sus mucha­chos, inten­ta­rán hacer un recam­bio orde­na­do, para pre­ser­var que el Canal de Suez siga sien­do un paso tute­la­do por EEUU y que las alian­zas inter­na­cio­na­les abre­ven en lo que dic­ta el Pentágono.

Que esto no ocu­rra, que las espe­ran­zas de los que en estos días no han aban­do­na­do las calles de El Cai­ro o Ale­jan­dría, no sean trai­cio­na­das, depen­de de la fuer­za que el pue­blo ten­ga para rever­tir el actual pano­ra­ma. Muchas veces se han vis­to en el mun­do movi­li­za­cio­nes como las de Egip­to, que con el correr de los días y en el mar­co de las tri­qui­ñue­las orques­ta­das por los pode­ro­sos, han sido derro­ta­das en las mesas de nego­cia­cio­nes o en las “tran­si­cio­nes” (vaya tér­mino que se inven­tan los de arri­ba para seguir escla­vi­zan­do a los de aba­jo), y de esa mane­ra se vie­ron frus­tra­dos pro­ce­sos de indu­da­ble raiz revolucionaria.

Por ello, la movi­li­za­ción popu­lar es la garan­tía para evi­tar cual­quier ten­ta­ción con­ti­nuis­ta y gene­rar, poco a poco, la orga­ni­za­ción que, a tra­vés de una alian­za de todos los sec­to­res de la pobla­ción (jóve­nes, tra­ba­ja­do­res, cam­pe­si­nos) pue­dan ges­tar un gobierno que les per­te­nez­ca. De esa mane­ra, esos cien­tos de miles que hoy lle­nan la Pla­za Tah­rir con­ver­ti­rían sus deseos de cam­bio en reali­dad, y se sacu­di­rían de una vez y para siem­pre los tute­la­jes pro impe­ria­lis­tas y pro sio­nis­tas que des­de aque­lla tris­te­men­te céle­bre Gue­rra de los 6 Dias, vie­nen humi­llan­do y ham­brean­do al pue­blo egpicio.

Mien­tras se ganan fuer­zas para seguir la lucha, no hay que esca­ti­mar ale­gría en el fes­te­jo: Muba­rak ha caí­do y con él Israel y EEUU pier­den una baza impor­tan­te en la región. Lo que que­da es impe­dir que la reem­pla­cen con otros monigotes.

Car­los Azna­rez, Resu­men Latinoamericano.

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