¡Ciu­da­da­nos euro­peos, uníos! – Pági­na 12

La suer­te está echa­da, el jue­go está cla­ro y cuan­to más tar­de iden­ti­fi­que­mos las nue­vas reglas, mayor será el cos­to para los ciu­da­da­nos euro­peos. La lucha de cla­ses está de vuel­ta en Euro­pa, y en tér­mi­nos tan nue­vos que los acto­res socia­les están per­ple­jos y para­li­za­dos. En tan­to prác­ti­ca polí­ti­ca, la lucha de cla­ses entre el tra­ba­jo y el capi­tal nació en Euro­pa y, des­pués de muchos años de con­fron­ta­ción vio­len­ta, fue en Euro­pa don­de alcan­zó más equi­li­brio y dio fru­tos más aus­pi­cio­sos. Los adver­sa­rios veri­fi­ca­ron que la ins­ti­tu­cio­na­li­za­ción de la lucha sería mutua­men­te ven­ta­jo­sa: el capi­tal con­sen­ti­ría altos nive­les impo­si­ti­vos y de inter­ven­ción esta­tal a cam­bio de no ver ame­na­za­da su pros­pe­ri­dad; los tra­ba­ja­do­res con­quis­ta­rían impor­tan­tes dere­chos socia­les a cam­bio de desis­tir de una alter­na­ti­va socia­lis­ta. Así sur­gie­ron la con­cer­ta­ción social y sus resul­ta­dos más envi­dia­bles: altos nive­les de com­pe­ti­ti­vi­dad ajus­ta­dos a altos nive­les de pro­tec­ción social; el mode­lo social euro­peo y el Esta­do de Bien­es­tar; la posi­bi­li­dad, sin pre­ce­den­tes en la his­to­ria, de que los tra­ba­ja­do­res y sus fami­lias pudie­ran hacer pla­nes a mediano pla­zo (la edu­ca­ción de los hijos, la com­pra de una vivien­da); la paz social; el con­ti­nen­te con los más bajos nive­les de des­igual­dad social.

Todo ese sis­te­ma está al bor­de del colap­so y los resul­ta­dos son impre­de­ci­bles. El infor­me que el FMI aca­ba de publi­car sobre la eco­no­mía espa­ño­la es una decla­ra­ción de gue­rra: la acu­mu­la­ción his­tó­ri­ca de luchas socia­les, de tan­tas y tan labo­rio­sas nego­cia­cio­nes y de equi­li­brios obte­ni­dos con tan­tas difi­cul­ta­des, es echa­da por tie­rra con una arro­gan­cia inau­di­ta. Y Espa­ña es man­da­da a retro­ce­der déca­das en su his­to­ria: a redu­cir drás­ti­ca­men­te los sala­rios, des­truir el sis­te­ma de pen­sio­nes, eli­mi­nar dere­chos labo­ra­les (para faci­li­tar des­pi­dos y redu­cir indem­ni­za­cio­nes). La mis­ma rece­ta se le impon­drá a Por­tu­gal, como ya ocu­rrió con Gre­cia, y a otros paí­ses de Euro­pa, y mucho más allá del sur euro­peo. Euro­pa es víc­ti­ma de una hos­til OPA (Ofer­ta Públi­ca de Adqui­si­ción) por par­te del FMI, pre­pa­ra­da por los neo­li­be­ra­les que domi­nan la Unión Euro­pea, de Mer­kel a Barro­so, escon­di­dos detrás del FMI para no pagar los cos­tos polí­ti­cos de la devas­ta­ción social.

El sen­ti­do común neo­li­be­ral nos dice que la cul­pa es de la cri­sis, que esta­mos vivien­do por enci­ma de nues­tras posi­bi­li­da­des y que no hay dine­ro para tan­to bien­es­tar. Pero cual­quier ciu­da­dano entien­de esto: si la FAO cal­cu­la que 30 mil millo­nes de dóla­res serían sufi­cien­tes para resol­ver el pro­ble­ma del ham­bre en el mun­do y los gobier­nos insis­ten en que no hay dine­ro para eso, ¿cómo se expli­ca que, de repen­te, hayan sur­gi­do 900 mil millo­nes para sal­var al sis­te­ma finan­cie­ro euro­peo? La lucha de cla­ses está vol­vien­do bajo una nue­va for­ma, pero con la vio­len­cia de hace cien años: esta vez es el capi­tal finan­cie­ro el que le decla­ra la gue­rra al trabajo.

¿Qué hacer? Habrá resis­ten­cia, pero, para ser efi­caz, debe­rá tener en cuen­ta dos hechos nuevos.

En pri­mer lugar, la frag­men­ta­ción del tra­ba­jo y la socie­dad de con­su­mo pusie­ron en cri­sis a los sin­di­ca­tos. Nun­ca antes los que tra­ba­jan tra­ba­ja­ron tan­to y nun­ca les fue tan difí­cil iden­ti­fi­car­se como tra­ba­ja­do­res. La resis­ten­cia ten­drá un pilar en los sin­di­ca­tos, pero será muy frá­gil si la lucha no es com­par­ti­da en pie de igual­dad por los movi­mien­tos de muje­res, de ambien­ta­lis­tas, de con­su­mi­do­res, de dere­chos huma­nos, de inmi­gran­tes, y los movi­mien­tos con­tra el racis­mo, la xeno­fo­bia y la homo­fo­bia. La cri­sis afec­ta a todos por­que todos son trabajadores.

En segun­do lugar, no hay eco­no­mías nacio­na­les en Euro­pa y, por lo tan­to, o la resis­ten­cia es euro­pea o no exis­ti­rá. Las luchas nacio­na­les serán un blan­co fácil para los que cla­man por la gober­na­bi­li­dad al mis­mo tiem­po que des­go­bier­nan. Los movi­mien­tos y las orga­ni­za­cio­nes socia­les de toda Euro­pa ten­drán que arti­cu­lar­se para demos­trar­les a los gobier­nos que la esta­bi­li­dad de los mer­ca­dos no pue­de cons­truir­se sobre las rui­nas de la esta­bi­li­dad de la vida de los ciu­da­da­nos y sus fami­lias. No es socia­lis­mo; es la demos­tra­ción de que o la Unión Euro­pea crea las con­di­cio­nes para que el capi­tal pro­duc­ti­vo se des­vin­cu­le rela­ti­va­men­te del capi­tal finan­cie­ro, o el futu­ro es el fas­cis­mo y ten­drá que ser com­ba­ti­do por todos los medios.

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