Mine­ría impues­ta a san­gre y fuego

Wil­wer Vil­ca Quispe
En el Perú el gobierno de Alan Gar­cía se empe­ña en man­te­ner y pro­fun­di­zar su polí­ti­ca eco­nó­mi­ca neo­li­be­ral e impo­ne acti­vi­da­des mine­ras, de hidro­car­bu­ros y fores­ta­les en los terri­to­rios de las comu­ni­da­des y pue­blos indí­ge­nas, ante­po­nien­do el inte­rés indi­vi­dual de las empre­sas sobre el dere­cho de pro­pie­dad comu­nal, con el argu­men­to del cre­ci­mien­to y el desa­rro­llo eco­nó­mi­co. Para ello no duda en expe­dir nor­mas incons­ti­tu­cio­na­les ni, peor aun, en recu­rrir a la fuer­za mili­tar y poli­cial, inclu­yen­do la muer­te de auto­ri­da­des y líde­res indí­ge­nas. Es la apli­ca­ción de su “filo­so­fía” expre­sa­da en “El sín­dro­me del perro del hor­te­lano”, ya con­ver­ti­da en pro­gra­ma de gobierno. 
Una radio­gra­fía de esta polí­ti­ca la cons­ti­tu­ye el pro­yec­to mine­ro Río Blan­co, de las empre­sas Xia­men Zijin Mining (chi­na) y Mon­te­rri­co Metals (bri­tá­ni­ca), a las que el Esta­do dota de cuer­po poli­cial y mili­tar para pro­te­ger sus ope­ra­cio­nes. “Pro­tec­ción” que has­ta la fecha ha pro­vo­ca­do la muer­te de cin­co indí­ge­nas, entre auto­ri­da­des y líde­res, ade­más de dejar heri­dos, tor­tu­ra­dos y secues­tra­dos. Al mis­mo tiem­po se des­plie­ga todo el Poder Judi­cial para denun­ciar y pro­ce­sar a los líde­res que exi­gen res­pe­to a sus dere­chos terri­to­ria­les y mode­los de desa­rro­llo, los cua­les fue­ron rati­fi­ca­dos en una Con­sul­ta Veci­nal desa­rro­lla­da el 16 de sep­tiem­bre de 2007, cuan­do más del 90 por cien­to de la pobla­ción de la zona recha­zó la pre­sen­cia mine­ra en sus territorios.
Es bas­tan­te cono­ci­do por la comu­ni­dad inter­na­cio­nal que Amé­ri­ca Lati­na en gene­ral basa su eco­no­mía en la expor­ta­ción pri­ma­ria de mine­ra­les. Por eso los gobier­nos ofer­tan espa­cios terri­to­ria­les de los pue­blos indí­ge­nas, para que toda empre­sa intere­sa­da obten­ga con­ce­sio­nes para la explo­ra­ción y explo­ta­ción. A esta acti­vi­dad eco­nó­mi­ca se le da máxi­ma prio­ri­dad, por lo que todo pro­yec­to mine­ro via­ble eco­nó­mi­ca­men­te es decla­ra­do de “inte­rés nacio­nal”, para cubrir de lega­li­dad la vio­la­ción de todos los dere­chos de las comu­ni­da­des y pue­blos indígenas.
La esta­dís­ti­ca de con­ce­sio­nes mine­ras en el Perú demues­tra que sólo en el lap­so de un año (de noviem­bre de 2008 a noviem­bre de 2009) el terri­to­rio nacio­nal con­ce­sio­na­do a la mine­ría se expan­dió del 13.46% al 15.38%. Es decir, 19,573.752 hec­tá­reas poseen hoy con­ce­sio­nes mine­ras, sin con­tar las con­ce­sio­nes de hidro­car­bu­ros que a la fecha abar­can el 75% del terri­to­rio de la ama­zo­nía perua­na. Este mapa de con­ce­sio­nes vie­ne pro­vo­can­do con­flic­tos socia­les en todo el país. La Defen­so­ría del Pue­blo regis­tró en octu­bre de este año 286 con­flic­tos, de los cua­les 132, es decir el 46%, corres­pon­den a con­flic­tos socioambientales.
Esta polí­ti­ca de ven­ta indis­cri­mi­na­da de espa­cios de vida de los pue­blos indí­ge­nas es acom­pa­ña­da de una polí­ti­ca de cri­mi­na­li­za­ción, mili­ta­ri­za­ción y vio­la­ción a los dere­chos de los pue­blos indí­ge­nas. La Con­fe­de­ra­ción Nacio­nal de Comu­ni­da­des del Perú Afec­ta­das por la Mine­ría, CONACAMI PERÚ, tie­ne regis­tra­dos, has­ta la fecha, a 242 auto­ri­da­des y líde­res comu­na­les (162 varo­nes y 80 muje­res) denun­cia­dos por diver­sos deli­tos como: con­tra la segu­ri­dad públi­ca, en su moda­li­dad de peli­gro común – arre­ba­to de arma­men­to; homi­ci­dio cul­po­so; con­tra la vida, el cuer­po y la salud, en su moda­li­dad de lesio­nes gra­ves; con­tra el patri­mo­nio, en su moda­li­dad de daños con­tra la pro­pie­dad pri­va­da; con­tra la segu­ri­dad públi­ca, en su moda­li­dad de aten­ta­do con­tra los medios de trans­por­te, comu­ni­ca­ción y otros. Tam­bién mal­ver­sa­ción de fon­dos y todo deli­to que se pue­de impu­tar. Todos denun­cia­dos por agen­tes de empre­sas mine­ras y en algu­nos casos por repre­sen­tan­tes del Estado.
En el caso espe­cí­fi­co del pro­yec­to Río Blan­co, por las accio­nes de pro­tec­ción del medio ambien­te ante la inmi­nen­te pre­sen­cia de la acti­vi­dad mine­ra que pro­vo­ca­ría la des­truc­ción y con­ta­mi­na­ción de un afluen­te impor­tan­te del río Ama­zo­nas, hay 173 diri­gen­tes y líde­res pro­ce­sa­dos, de los cua­les 156 son varo­nes y 17 son muje­res. A esta lis­ta se deben sumar los cin­co líde­res ase­si­na­dos por la fuer­za poli­cial. Y los comu­ne­ros tor­tu­ra­dos en las ins­ta­la­cio­nes de la empre­sa de segu­ri­dad de la mina por para­mi­li­ta­res y poli­cías (julio/​agosto del 2005).
Todo esto se ins­cri­be den­tro de una polí­ti­ca de gobierno que tra­ta de “solu­cio­nar” los con­flic­tos socia­les expan­dien­do el sis­te­ma penal, antes de aten­der­los con polí­ti­cas públi­cas dife­ren­cia­les para pue­blos indí­ge­nas y cons­truir un país demo­crá­ti­co e inclu­yen­te. De esta mane­ra se vio­lan dere­chos cons­ti­tu­cio­na­les como la liber­tad de opi­nión, expre­sión, reu­nión, aso­cia­ción, etc.
En este esce­na­rio, los retos para las comu­ni­da­des indí­ge­nas del Perú, en espe­cial para las orga­ni­za­cio­nes que tie­nen repre­sen­ta­ti­vi­dad legí­ti­ma, son muchos y muy arduos, tenien­do en cuen­ta que esta­mos ad por­tas de las elec­cio­nes muni­ci­pa­les y regio­na­les del 2010 y las pre­si­den­cia­les del 2011, las cua­les harán impres­cin­di­ble con­si­de­rar en las pro­pues­tas polí­ti­cas de los can­di­da­tos el res­pe­to de los dere­chos terri­to­ria­les de los pue­blos indí­ge­nas y un meca­nis­mo de con­trol de cum­pli­men­to de estas pro­me­sas duran­te las ges­tio­nes. Por­que hay una lar­guí­si­ma expe­rien­cia de que los can­di­da­tos ofre­cen todo lo que el pue­blo quie­ra escu­char y lle­ga­dos al car­go apli­can sus pro­pias lógi­cas de desa­rro­llo. Si avan­za­ra el bra­zo polí­ti­co que se vie­ne ges­tan­do des­de las orga­ni­za­cio­nes cam­pe­si­nas e indí­ge­nas, éste debe­ría tener un pro­ce­so dife­ren­te al de los par­ti­dos tra­di­cio­na­lis­tas que cues­tio­nan y lograr una estruc­tu­ra colec­ti­va para que el movi­mien­to no recai­ga en la ima­gen de una o dos personas.
Otros retos están enfo­ca­dos a seguir cons­tru­yen­do la cons­cien­cia colec­ti­va median­te los meca­nis­mos de exi­gi­bi­li­dad del ejer­ci­cio de sus dere­chos: a la auto­de­ter­mi­na­ción, terri­to­rio, con­sul­ta pre­via e infor­ma­da, ambien­te sano y salu­da­ble, par­ti­ci­pa­ción polí­ti­ca, etc. y lo más impor­tan­te: defi­nir e inten­si­fi­car el mode­lo de desa­rro­llo comu­nal como meca­nis­mo de pro­tec­ción de su espa­cio de vida.
- Wil­wer Vil­ca Quis­pe es Miem­bro del Con­se­jo Con­sul­ti­vo de la Coor­di­na­do­ra Andi­na de Orga­ni­za­cio­nes indí­ge­nas – CAOI y actual res­pon­sa­ble del Área de Inci­den­cia de la Con­fe­de­ra­ción Nacio­nal de Comu­ni­da­des del Perú Afec­ta­das por la Mine­ría – CONACAMI PERU.

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