El dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción por V.I. Lenin

Segui­mos ofre­cien­do algu­nos de los tex­tos cla­si­cos del mar­xis­mo y en esta oca­sion, un tex­to de Lenin, el cual de for­ma magis­tral defien­de el dere­cho que toda nacion tie­ne a defi­nir su futu­ro, por con­si­guien­te a la auto­de­ter­mi­na­cion

Sin mas os deja­mos con Lenin, dis­fru­tad­lo

El dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción


Escri­to: Entre febre­ro y mayo de 1914.
Pri­me­ra publi­ca­ción: En los núms. 4, 5 y 6 (abril a junio de 1914) de de la revis­ta Pros­ves­che­nie.
Digi­ta­li­za­ción:Aritz, julio de 2000.
Esta Edi­ción: Mar­xists Inter­net Archi­ve, 2000.

El apar­ta­do 9 del pro­gra­ma de los mar­xis­tas de Rusia, que tra­ta del dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción, ha pro­vo­ca­do estos últi­mos tiem­pos (como ya hemos indi­ca­do en Pros­ves­che­nie) toda una cam­pa­ña de los opor­tu­nis­tas. Tan­to el liqui­da­cio­nis­ta ruso Sem­kovs­ki, en el perió­di­co peters­bur­gués de los liqui­da­do­res, como el bun­dis­ta Lib­man y el social­na­cio­na­lis­ta ucra­nio Yur­ké­vich en sus órga­nos de pren­sa, han arre­me­ti­do con­tra dicho apar­ta­do, tra­tán­do­lo en un tono de máxi­mo des­pre­cio. No cabe duda de que esta «inva­sión de las doce tri­bus» del opor­tu­nis­mo, diri­gi­da con­tra nues­tro pro­gra­ma mar­xis­ta, guar­da estre­cha rela­ción con las actua­les vaci­la­cio­nes nacio­na­lis­tas en gene­ral. Por ello nos pare­ce opor­tuno exa­mi­nar dete­ni­da­men­te esta cues­tión. Obser­ve­mos tan sólo que nin­guno de los opor­tu­nis­tas arri­ba cita­dos ha adu­ci­do ni un solo argu­men­to pro­pio: todos se han limi­ta­do a repe­tir lo dicho por Rosa Luxem­bur­go en su lar­go artícu­lo pola­co de 1908 – 1909: La cues­tión nacio­nal y la auto­no­mía. Los «ori­gi­na­les» argu­men­tos de esta auto­ra serán los que ten­dre­mos en pre­sen­tes con más fre­cuen­cia en nues­tra expo­si­ción.

1. ¿QUE ES LA AUTODETERMINACION DE LAS NACIONES?

Es natu­ral que esta cues­tión se plan­tee ante todo cuan­do se inten­ta exa­mi­nar de un modo mar­xis­ta la lla­ma­da auo­de­ter­mi­na­ción. ¿Qué debe enten­der­se por ella? ¿Debe­re­mos bus­car la res­pues­ta en defi­ni­cio­nes jurí­di­cas, dedu­ci­das de toda cla­se de «con­cep­tos gene­ra­les» de dere­cho? ¿O bien hay que bus­car la res­pues­ta en el estu­dio his­tó­ri­co-eco­nó­mi­co de los movi­mien­tos nacio­na­les?

No es de extra­ñar que a los seño­res Sem­kovs­ki, Lib­man y Yur­ké­vich no se les haya pasa­do siquie­ra por las mien­tes plan­tear esta cues­tión, salien­do del paso con sim­ples risi­tas bur­lo­nas a cos­ta de la «fal­ta de cla­ri­dad» del pro­gra­ma mar­xis­ta y tal vez no sabien­do siquie­ra, en su sim­ple­za, que de la auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes habla no sólo el pro­gra­ma ruso de 1903, sino tam­bién ls deci­sión del Con­gre­so Inter­na­cio­nal de Lon­dres de 1896 (ya habla­re­mos con dete­ni­mien­to de ello en su lugar). Mucho más extra­ño es que Rosa Luxem­bur­go, quien tan­tas decla­ma­cio­nes hace sobre el supues­to carác­ter abs­trac­to y meta­fí­si­co de dicho apar­ta­do, haya incu­rri­do ella mis­ma pre­ci­sa­men­te en este peca­do de lo abs­trac­to y meta­fí­si­co. Pre­ci­sa­men­te Rosa Luxem­bur­go es quien vie­ne a caer a cada paso en dis­qui­si­cio­nes gene­ra­les sobre la auto­de­ter­mi­na­ción (has­ta lle­gar inclu­so a una lucu­bra­ción del todo diver­ti­da sobre el modo de cono­cer la volun­tad de una nación), sin plan­tear en par­te algu­na de un modo cla­ro y pre­ci­so si el quid de la cues­tión está en las defi­ni­cio­nes jurí­di­cas o en la expe­rien­cia de los movi­mien­tos nacio­na­les del mun­do ente­ro.

El plan­tear con exac­ti­tud esta cues­tión, inevi­ta­ble para un mar­xis­ta, hubie­ra des­he­cho en el acto las nue­ve déci­mas par­tes de los argu­men­tos de Rosa Luxem­bur­go. Ni es la pri­me­ra vez que sur­gen movi­mien­tos nacio­na­les en Rusia ni le son inhe­ren­tes a ella sola. La épo­ca del triun­fo defi­ni­ti­vo del capi­ta­lis­mo sobre el feu­da­lis­mo estu­vo liga­da en todo el mun­do a movi­mien­tos nacio­na­les. La base eco­nó­mi­ca de estos movi­mien­tos estri­ba en que, para la vic­to­ria com­ple­ta de la pro­duc­ción mer­can­til, es nece­sa­rio que la bur­gue­sía con­quis­te el mer­ca­do inte­rior, es nece­sa­rio que terri­to­rios con pobla­ción de un solo idio­ma adquie­ran cohe­sión esta­tal, eli­mi­nán­do­se cuan­tos obs­tácu­los se opon­gan al desa­rro­llo de ese idio­ma y a su con­so­li­da­ción en la lite­ra­tu­ra. El idio­ma es el medio prin­ci­pal de comu­ni­ca­ción entre los hom­bres; la uni­dad de idio­ma y el libre desa­rro­llo del mis­mo es una de las con­di­cio­nes más impor­tan­tes de una cir­cu­la­ción mecan­til real­men­te libre y amplia, corres­pon­dien­te al capi­ta­lis­mo moderno, de una agru­pa­ción libre y amplia de la pobla­ción en cada una de las diver­sas cla­ses; es, por últi­mo, la con­di­ción de un estre­cho nexo del mer­ca­do con todo pro­pie­ta­rio, gran­de o peque­ño, con todo ven­de­dor y com­pra­dor.

Por ello, la ten­den­cia de todo movi­mien­to nacio­nal es for­mar Esta­dos nacio­na­les, que son los que mejor cum­plen estas exi­gen­cias del capi­ta­lis­mo con­tem­po­rá­neo. Impul­san a ello fac­to­res eco­nó­mi­cos de lo más pro­fun­dos, y para toda la Euro­pa Occi­den­tal, es más, para todo el mun­do civi­li­za­do, el Esta­do nacio­nal es por ello lo típi­co, lo nor­mal en el perío­do capi­ta­lis­ta.

Por con­si­guien­te, si que­re­mos enten­der lo que sig­ni­fi­ca la auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes, sin jugar a defi­ni­cio­nes jurí­di­cas ni «inven­tar» defi­ni­cio­nes abs­trac­tas, sino exa­mi­nan­do las con­di­cio­nes his­tó­ri­cas y eco­nó­mi­cas de los movi­mien­tos nacio­na­les, lle­ga­re­mos inevi­ta­ble­men­te a la con­clu­sión siguien­te: por auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes se entien­de su sepa­ra­ción esta­tal de las colec­ti­vi­da­des de otra nación, se entien­de la for­ma­ción de un Esta­do nacio­nal inde­pen­dien­te.

Más aba­jo vere­mos aún otras razo­nes por las que sería erró­neo enten­der por dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción todo lo que no sea el dere­cho a una exis­ten­cia esta­tal inde­pen­dien­te. Pero aho­ra debe­mos dete­ner­nos a ana­li­zar cómo ha inten­ta­do Rosa Luxem­bur­go «des­ha­cer­se» de la inevi­ta­ble con­clu­sión sobre las pro­fun­das bases eco­nó­mi­cas en que des­can­san las ten­den­cias a la for­ma­ción de Esta­dos nacio­na­les.

Rosa Luxem­bur­go cono­ce per­fec­ta­men­te el folle­to de Kautsky: Nacio­na­li­dad e inter­na­cio­na­li­dad (suple­men­to de Neue Zeit, núm. 1, 1907 – 1908; tra­du­ci­do al ruso en la revis­ta Naúch­na­ya Mysl, Riga, 1908). Sabe que Kautsky, des­pués de exa­mi­nar deta­lla­da­men­te en el apar­ta­do 4 del folle­to el pro­ble­ma del Esta­do nacio­nal, lle­gó a la con­clu­sión de que Otto Bauer «sub­es­ti­ma la fuer­za de la ten­den­cia a la crea­ción de un Esta­do nacio­nal» (pág. 23 del folle­to cita­do). La pro­pia Rosa Luxem­bur­go cita las pala­bras de Kautsky: «El Esta­do nacio­nal es la for­ma de Esta­do que mejor corres­pon­de a las con­di­cio­nes moder­nas» (es decir, a las con­di­cio­nes capi­ta­lis­tas civi­li­za­das, pro­gre­si­vas en el aspec­to eco­nó­mi­co, a dife­ren­cia de las con­di­cio­nes medie­va­les, pre­ca­pi­ta­lis­tas, etc.), «es la for­ma en que el Esta­do pue­de cum­plir con mayor faci­li­dad sus tareas» (es decir, las tareas de un desa­rro­llo más libre, más amplio y más rápi­do del capi­ta­lis­mo). A esto hay que aña­dir, ade­más, la obser­va­ción final de Kautsky, más exac­ta aún: los Esta­dos de com­po­si­ción nacio­nal hete­ro­gé­nea (los lla­ma­dos Esta­dos mul­ti­na­cio­na­les a dife­ren­cia de los Esta­dos nacio­na­les) son » siem­pre Esta­dos cuya estruc­tu­ra inter­na es, por tales a cua­les razo­nes, anor­mal o sub­de­sa­rro­lla­da» (atra­sa­da). De suyo se entien­de que Kautsky habla de anor­ma­li­dad exclu­si­va­men­te en el sen­ti­do de no corres­pon­der a lo que está más ade­cua­do a las exi­gen­cias del capi­ta­lis­mo en desa­rro­llo.

Cabe pre­gun­tar aho­ra cuál ha sido la acti­tud de Rosa Luxem­bur­go ante estas con­clu­sio­nes his­tó­ri­cas y eco­nó­mi­cas de Kautsky. ¿Son ati­na­das o erró­neas? ¿Quién tie­ne razón: Kautsky, con su teo­ría his­tó­ri­ca-eco­nó­mi­ca, o Bauer, cuya teo­ría es, en el fon­do, sico­ló­gi­ca? ¿Qué rela­ción guar­da el indu­da­ble «opor­tu­nis­mo nacio­nal» de Bauer, su defen­sa de una auto­no­mía nacio­nal cul­tu­ral, sus apa­sio­na­mien­tos nacio­na­lis­tas («la acen­tua­ción del fac­tor nacio­nal en cier­tos pun­tos», como ha dicho Kautsky), su «enor­me exa­ge­ra­ción del fac­tor nacio­nal y su com­ple­to olvi­do del fac­tor inter­na­cio­nal» (Kautsky), con su sub­es­ti­ma­ción de la fuer­za que entra­ña la ten­den­cia a crear un Esta­do nacio­nal?

Rosa Luxem­bur­go no ha plan­tea­do siquie­ra este pro­ble­ma. No ha nota­do esta rela­ción. No ha refle­xio­na­do sobre el con­jun­to de las con­cep­cio­nes teó­ri­cas de Bauer. Ni siquie­ra ha opues­to en el pro­ble­ma nacio­nal la teo­ría his­tó­ri­co-eco­nó­mi­ca a la sico­ló­gi­ca. Se ha limi­ta­do a las siguien­tes obser­va­cio­nes con­tra Kautsky:

«…Ese Esta­do nacio­nal «más per­fec­to» no es sino una abs­trac­ción, fácil­men­te sus­cep­ti­ble de ser desa­rro­lla­da y defen­di­da teó­ri­ca­men­te, pero que no corres­pon­de a la reali­dad» (Przé­glad Soc­jal­de­mo­kraty­czny, 1908, núm. 6, pág. 499).

Y para con­fir­mar esta decla­ra­ción cate­gó­ri­ca, sigue razo­nan­do: el desa­rro­llo de las gran­des poten­cias capi­ta­lis­tas y el impe­ria­lis­mo hacen ilu­so­rio el «dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción» de los peque­ños pue­blos. «¿Pue­de aca­so hablar­se en serio ‑excla­ma Rosa Luxem­bur­go- de la «auto­de­ter­mi­na­ción» de los mon­te­ne­gri­nos, búl­ga­ros, ruma­nos, ser­vios, grie­gos, y, en par­te, inclu­so, de los sui­zos, pue­blos todos que gozan de inde­pen­den­cia for­mal, pro­duc­to ésta de la lucha polí­ti­ca y del jue­go diplo­má­ti­co del «con­cier­to euro­peo»?» (!) (pág. 500). Lo que mejor res­pon­de a las con­di­cio­nes «no es el Esta­do nacio­nal, como supo­ne Kautsky, sino el Esta­do de rapi­ña». Inser­ta unas cuan­tas dece­nas de cifras sobre las pro­por­cio­nes de las colo­nias que per­te­ne­cen a Ingla­te­rra, a Fran­cia, etc.

¡Leyen­do seme­jan­tes razo­na­mien­tos no pue­de uno menos de asom­brar­se de la capa­ci­dad de la auto­ra para no dis­tin­guir las cosas! Ense­ñar a Kautsky, dán­do­se impor­tan­cia, que los Esta­dos peque­ños depen­den de los gran­des en lo eco­nó­mi­co; que los Esta­dos bur­gue­ses luchan entre sí por el some­ti­mien­to rapaz de otras nacio­nes; que exis­ten el impe­ria­lis­mo y las colo­nias: todo esto son lucu­bra­cio­nes ridí­cu­las, infan­ti­les, por­que no tie­ne nada que ver con el asun­to. No sólo los peque­ños Esta­dos, sino tam­bién Rusia, por ejem­plo, depen­den por ente­ro, en el aspec­to eco­nó­mi­co, del pode­río del capi­tal finan­cie­ro impe­ria­lis­ta de los paí­ses bur­gue­ses «ricos». No sólo los Esta­dos bal­cá­ni­cos, Esta­dos en minia­tu­ra, sino tam­bién la Amé­ri­ca del siglo XIX ha sido, en el aspec­to eco­nó­mi­co, una colo­nia de Euro­pa, según dejó ya dicho Marx en El Capi­tal. Todo esto lo sabe de sobra Kautsky, como cual­quier mar­xis­ta, pero nada de ello vie­ne a cuen­to con rela­ción a los movi­mien­tos nacio­na­les y al Esta­do nacio­nal.

Rosa Luxem­bur­go sus­ti­tu­ye el pro­ble­ma de la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca de las nacio­nes en la socie­dad bur­gue­sa, de su inde­pen­den­cia esta­tal, con el de su auto­de­ter­mi­na­ción e inde­pen­den­cia eco­nó­mi­cas. Esto es tan inte­li­gen­te como expo­ner una per­so­na, al tra­tar de la rei­vin­di­ca­ción pro­gra­má­ti­ca que exi­ge la supre­ma­cia del par­la­men­to, es decir, de la asam­blea de repre­sen­tan­tes popu­la­res, en el Esta­do bur­gués, su con­vic­ción, ple­na­men­te jus­ta, de que, en un país bur­gués, el gran capi­tal tie­ne la supre­ma­cía bajo cual­quier régi­men.

No cabe duda de que la mayor par­te de Asia, el con­ti­nen­te más pobla­do del mun­do, se halla en la situa­ción de colo­nias de las «gran­des poten­cias» o de Esta­dos depen­dien­tes en gra­do sumo y opri­mi­dos en el sen­ti­do nacio­nal. Pero ¿aca­so esta cir­cuns­tan­cia de todos cono­ci­da alte­ra en lo más míni­mo el hecho indis­cu­ti­ble de que, en la mis­ma Asia, sólo en el Japón, es decir, sólo en un Esta­do nacio­nal inde­pen­dien­te, se han crea­do con­di­cio­nes para el desa­rro­llo más com­ple­to de la pro­duc­ción mer­can­til, para el cre­ci­mien­to más libre, amplio y rápi­do del capi­ta­lis­mo? Este Esta­do es bur­gués y, por ello, ha empe­za­do a opri­mir él mis­mo a otras nacio­nes y sojuz­gar a colo­nias; no sabe­mos si, antes de la ban­ca­rro­ta del capi­ta­lis­mo, Asia ten­drá tiem­po de estruc­tu­rar­se en un sis­te­ma de Esta­dos nacio­na­les inde­pen­dien­tes, a seme­jan­za de Euro­pa. Pero que­da como un hecho indis­cu­ti­ble que el capi­ta­lis­mo, tras des­per­tar a Asia, ha pro­vo­ca­do tam­bién allí en todas par­tes movi­mien­tos nacio­na­les, que estos movi­mien­tos tien­den a crear en Asia Esta­dos nacio­na­les y que pre­ci­sa­men­te tales Esta­dos son los que ase­gu­ran las con­di­cio­nes más favo­ra­bles para el des­rro­llo del capi­ta­lis­mo: El ejem­plo de Asia habla a favor de Kautsky, con­tra Rosa Luxem­bur­go.

El ejem­plo de los Esta­dos bal­cá­ni­cos habla tam­bién con­tra ella, por­que cual­quie­ra pue­de ver aho­ra que pre­ci­sa­men­te a medi­da que se crean en esa penín­su­la Esta­dos nacio­na­les inde­pen­dien­tes se va dan­do las con­di­cio­nes más favo­ra­bles para el desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo en ella.

Por con­si­guien­te, el ejem­plo de toda la huma­ni­dad civi­li­za­da de van­guar­dia, el ejem­plo de los Bal­ca­nes y el ejem­plo de Asia demues­tran, a pesar de Rosa Luxem­bur­go, la abso­lu­ta jus­te­dad de la tesis de Kautsky: el Esta­do nacio­nal es regla y «nor­ma» del capi­ta­lis­mo, el Esta­do de com­po­si­ción nacio­nal hete­ro­gé­nea es atra­so o excep­ción. Des­de el pun­to de vis­ta de las rela­cio­nes nacio­na­les, el Esta­do nacio­nal es el que ofre­ce, sin duda algu­na, las con­di­cio­nes más favo­ra­bles para el desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo. Lo cual no quie­re decir, natu­ral­men­te, que seme­jan­te Esta­do, eri­gi­do sobre las rela­cio­nes bur­gue­sas, pue­da excluir la explo­ta­ción y la opre­sión de las nacio­nes. Quie­re decir tan solo que los mar­xis­tas no pue­den per­der de vis­ta los pode­ro­sos fac­to­res eco­nó­mi­cos que ori­gi­nan las ten­den­cias a crear Esta­dos nacio­na­les. Quie­re decir que «la auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes», en el pro­gra­ma de los mar­xis­tas, no pue­de tener, des­de el pun­to de vis­ta his­tó­ri­co-eco­nó­mi­co, otra sig­ni­fi­ca­ción que la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca, la inde­pen­den­cia esta­tal, la for­ma­ción de un Esta­do nacio­nal.

Más aba­jo habla­re­mos deta­lla­da­men­te de las con­di­cio­nes que se exi­gen, des­de el pun­to de vis­ta mar­xis­ta, es decir, des­de el pun­to de vis­ta pro­le­ta­rio de cla­se, para apo­yar la rei­vin­di­ca­ción demo­crá­ti­ca bur­gue­sa del «Esta­do nacio­nal». Aho­ra nos limi­ta­mos a defi­nir el con­cep­to de «auto­de­ter­mi­na­ción», y sólo debe­mos seña­lar que Rosa Luxem­bur­go cono­ce el con­te­ni­do de este con­cep­to («Esta­do nacio­nal»), mien­tras que sus par­ti­da­rios opor­tu­nis­tas, los Lib­man, los Sem­kovs­ki, los Yur­ké­vich ¡no saben ni eso!

2. PLANTEAMIENTO HISTORICO CONCRETO DE LA CUESTION

La teo­ría mar­xis­ta exi­ge de un modo abso­lu­to que, para ana­li­zar cual­quier pro­ble­ma social, se le encua­dre en un mar­co his­tó­ri­co deter­mi­na­do, y des­pués, si se tra­ta de un solo país (por ejem­plo, de un pro­gra­ma nacio­nal para un país deter­mi­na­do), que se ten­ga en cuen­ta las par­ti­cu­la­ri­da­des con­cre­tas que dis­tin­guen a este país de los otros en una mis­ma épo­ca his­tó­ri­ca.

¿Qué impli­ca este requi­si­to abso­lu­to del mar­xis­mo apli­ca­do a nues­tro pro­ble­ma?

Ante todo, que es nece­sa­rio dis­tin­guir estric­ta­men­te dos épo­cas del capi­ta­lis­mo dife­ren­tes por com­ple­to des­de el pun­to de vis­ta de los movi­mien­tos nacio­na­les. Por una par­te, es la épo­ca de la ban­ca­rro­ta del feu­da­lis­mo y del abso­lu­tis­mo, la épo­ca en que se cons­ti­tu­yen la socie­dad demo­crá­ti­ca bur­gue­sa y su Esta­do, la épo­ca en que los movi­mien­tos nacio­na­les adquie­ren por vez pri­me­ra el carác­ter de movi­mien­tos de masas, incor­po­ran­do de uno u otro modo a todas las cla­ses de la pobla­ción a la polí­ti­ca por medio de la pren­sa, de su par­ti­ci­pa­ción en ins­ti­tu­cio­nes repre­sen­ta­ti­vas, etc. Por otra par­te, pre­sen­cia­mos una épo­ca en que los Esta­dos capi­ta­lis­tas tie­nen ya su estruc­tu­ra aca­ba­da, un régi­men cons­ti­tu­cio­nal hace mucho tiem­po esta­ble­ci­do y un anta­go­nis­mo muy desa­rro­lla­do entre el pro­le­ta­ria­do y la bur­gue­sía; pre­sen­cia­mos una épo­ca que pue­de lla­mar­se vís­pe­ra del hun­di­mien­to del capi­ta­lis­mo.

Lo típi­co de la pri­me­ra épo­ca es el des­per­tar de los movi­mien­tos nacio­na­les y la incor­po­ra­ción a ellos de los cam­pe­si­nos, que son el sec­tor de la pobla­ción más nume­ro­so y más «difí­cil de mover» para la lucha por la liber­tad polí­ti­ca en gene­ral y por los dere­chos de la nación en par­ti­cu­lar. Lo típi­co de la segun­da es la ausen­cia de movi­mien­tos demo­crá­ti­cos bur­gue­ses de masas, cuan­do el capi­ta­lis­mo desa­rro­lla­do, al apro­xi­mar y amal­ga­mar cada día más las nacio­nes, ya ple­na­men­te incor­po­ra­das al inter­cam­bio comer­cial, pone en pri­mer plano el anta­go­nis­mo entre el capi­tal fun­di­do a esca­la inter­na­cio­nal y el movi­mien­to obre­ro inter­na­cio­nal.

Cla­ro que ni la una ni la otra épo­ca están sepa­ra­das entre sí por una mura­lla, sino liga­das por nume­ro­sos esla­bo­nes de tran­si­ción; ade­más, los diver­sos paí­ses se dis­tin­guen por la rapi­dez del desa­rro­llo nacio­nal, por la com­po­si­ción nacio­nal de su pobla­ción, por su dis­tri­bu­ción etc., etc. No pue­de ni hablar­se de que los mar­xis­tas de un país deter­mi­na­do pro­ce­dan a ela­bo­rar el pro­gra­ma nacio­nal sin tener en cuen­ta todas las con­di­cio­nes his­tó­ri­cas gene­ra­les y esta­ta­les con­cre­tas.

Aquí es jus­ta­men­te don­de tro­pe­za­mos con el pun­to más débil de los razo­na­mien­tos de Rosa Luxem­bur­go. Rosa Luxem­bur­go enga­la­na con brío extra­or­di­na­rio su artícu­lo de una retahí­la de pala­bre­jas «fuer­tes» con­tra el apar­ta­do 9 de nues­tro pro­gra­ma, decla­rán­do­lo «dema­sia­do gene­ral», «cli­sé», «fra­se meta­fí­si­ca», etc., etc. Era natu­ral espe­rar que una auto­ra que con­de­na de mane­ra tan exce­len­te la meta­fí­si­ca (en sen­ti­do mar­xis­ta, es decir, la anti­dia­léc­ti­ca) y las abs­trac­cio­nes vacías, nos die­ra ejem­plo de un aná­li­sis con­cre­to del pro­ble­ma encua­dra­do en la his­to­ria. Se tra­ta del pro­gra­ma nacio­nal de los mar­xis­tas de un país detrmi­na­do, Rusia, en una épo­ca deter­mi­na­da, a comien­zos del siglo XX. Era de supo­ner que Rosa Luxem­bur­go habla­se de la épo­ca his­tó­ri­ca por la que atra­vie­sa Rusia, de cuá­les son las par­ti­cu­la­ri­da­des con­cre­tas del pro­ble­ma nacio­nal y de los movi­mien­tos nacio­na­les del país dado y en la épo­ca dada.

¡Abso­lu­ta­men­te nada dice sobre ello Rosa Luxem­bur­go! ¡No se encon­tra­rá en ella ni som­bra de aná­li­sis de cómo se plan­tea el pro­ble­ma nacio­nal en Rusia en la épo­ca his­tó­ri­ca pre­sen­te, de cuá­les son las par­ti­cu­la­ri­da­des de Rusia en ese sen­ti­do!

Se nos dice que el pro­ble­ma nacio­nal se plan­tea en los Bal­ca­nes de un modo dis­tin­to que en Irlan­da; que Marx con­cep­tua­ba así y asá los movi­mien­tos nacio­na­les pola­co y che­co en las con­di­cio­nes con­cre­tas de 1848 (una pági­na de citas de Marx); que Engels emi­tía tal y cual jui­cio sobre la lucha de los can­to­nes fores­ta­les de Sui­za con­tra Aus­tria y la bata­lla de Mor­gar­ten, que se riñó en 1315 (una pági­na de citas de Engels con el corres­pon­dien­te comen­ta­rio de Kautsky); que Las­sa­lle con­si­de­ra­ba reac­cio­na­ria la gue­rra cam­pe­si­na del siglo XVI en Ale­ma­nia, etc.

No pue­de afir­mar­se que estas obser­va­cio­nes y estas citas bri­llen por su nove­dad, pero, en todo caso, al lec­tor le resul­ta intere­san­te vol­ver a recor­dar una y otra vez cómo pre­ci­sa­men­te abor­da­ban Marx, Engels y Lasa­lle el aná­li­sis de pro­ble­mas his­tó­ri­cos con­cre­tos de diver­sos paí­ses. Y, al releer las ins­truc­ti­vas citas de Marx y de Engels, se ve con sin­gu­lar evi­den­cia la ridí­cu­la situa­ción en que se ha colo­ca­do a sí mis­ma Rosa Luxem­bur­go. Pre­di­ca con gra­ve­dad y elo­cuen­cia que es nece­sa­rio hacer un aná­li­sis con­cre­to del pro­ble­ma nacio­nal encua­dra­do en la his­to­ria de épo­cas dife­ren­tes de dis­tin­tos paí­ses, y ella mis­ma no hace el míni­mo inten­to de deter­mi­nar cuál es la fase his­tó­ri­ca de desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo, por la que atra­vie­sa Rusia en los comien­zos del siglo XX, cuá­les son las pecu­lia­ri­da­des del pro­ble­ma nacion­la en este país. Rosa Luxem­bur­go adu­ce ejem­plos de cómo otros han ana­li­za­do al modo mar­xis­ta el pro­ble­ma, como sub­ra­yan­do así deli­be­ra­da­men­te cuán a menu­do está el camino del infierno empe­dra­do de bue­nas inten­cio­nes y se encu­bre con bue­nos con­se­jos el no que­rer o no saber uti­li­zar­los en la prác­ti­ca.

He aquí una de las ins­truc­ti­vas con­fron­ta­cio­nes. Alzán­do­se con­tra la con­sig­na de inde­pen­den­cia de Polo­nia, Rosa Luxem­bur­go se refie­re a un tra­ba­jo suyo de 1898 que demos­tra­ba el rápi­do «desa­rro­llo indus­trial de Polo­nia» con la sali­da de los pro­duc­tos manu­fac­tu­ra­dos a Rusia. Ni que decir tie­ne que de esto no se dedu­ce abso­lu­ta­men­te nada sobre el pro­ble­ma del dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción, que esto sólo demues­tra que ha des­apa­re­ci­do la vie­ja Polo­nia seño­rial, etc. Pero Rosa Luxem­bur­go pasa de mane­ra imper­cep­ti­ble y sin cesar a la con­clu­sión de que, entre los fac­to­res que ligan a Rusia con Polo­nia, pre­do­mi­nan ya en la actua­li­dad los fac­to­res eco­nó­mi­cos escue­tos de las rela­cio­nes capi­ta­lis­tas moder­nas.

Pero he aquí que nues­tra Rosa pasa al pro­ble­ma de la auto­no­mía y ‑aun­que su artícu­lo se titu­la «El pro­ble­ma nacio­nal y la auto­no­mía» en general‑, comien­za por demos­trar que el rei­no de Polo­nia tie­ne un dere­cho exclu­si­vo a la auto­no­mía (véa­se sobre este pun­to Pros­ves­che­nie, 1913, núm. 12). Para corro­bo­rar el dere­cho de Polo­nia a la auto­no­mía, Rosa Luxem­bur­go carac­te­ri­za el régi­men esta­tal de Rusia por indi­cios evi­den­te­men­te eco­nó­mi­cos, polí­ti­cos, etno­ló­gi­cos y socio­ló­gi­cos, por un con­jun­to de ras­gos que, en suma, dan el con­cep­to de «des­po­tis­mo asiá­ti­co» (núm. 12 de Prze­glad, pág. 137).

De todos es sabi­do que seme­jan­te régi­men esta­tal tie­ne una soli­dez muy gran­de cuan­do, en la eco­no­mía del país de que se tra­te, pre­do­mi­nan ras­gos abso­lu­ta­men­te patriar­ca­les, pre­ca­pi­ta­lis­tas, y un desa­rro­llo insig­ni­fi­can­te de la eco­no­mía mer­can­til y de la diso­cia­ción de las cla­ses. Pero si en un país, cuyo régi­men esta­tal se dis­tin­gue por pre­sen­tar un carác­ter acu­sa­da­men­te pre­ca­pi­ta­lis­ta, exis­te una región nacio­nal deli­mi­ta­da que lle­va un rápi­do desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo, resul­ta que cuan­to más rápi­do sea ese desa­rro­llo capi­ta­lis­ta tan­to más fuer­te será la con­tra­dic­ción entre este desa­rro­llo y el régi­men esta­tal pre­ca­pi­ta­lis­ta, tan­to más pro­ba­ble será que la región avan­za­da se sepa­re del res­to del país, al que no la ligan los lazos de «capi­ta­lis­mo moderno», sino los de un «des­po­tis­mo asiá­ti­co».

Así pues, Rosa Luxem­bur­go no ha ata­do en abso­lu­to cabos, ni siquie­ra en lo que se refie­re a la estruc­tu­ra social del poder en Rusia con rela­ción a la Polo­nia bur­gue­sa; y en cuan­to a las pecu­lia­ri­da­des his­tó­ri­cas con­cre­tas de los movi­mien­tos nacio­na­les en Rusia, ni siquie­ra las plan­tea.

En eso es en lo que debe­mos dete­ner­nos.

3. LAS PECULIARIDADES CONCRETAS DEL PROBLEMA NACIONAL EN RUSIA Y LA TRANSFORMACION DEMOCRATICA BURGUESA DE ESTA

«…A pesar de lo elás­ti­co que es el prin­ci­pio del «dere­cho de las nacio­nes a la autu­de­ter­mi­na­ción», que es el más puro de los luga­res comu­nes, ya que, evi­den­te­men­te, se pue­de apli­car por igual no sólo a los pue­blos que habi­tan Rusia, sino tam­bién a las nacio­nes que viven en Ale­ma­nia y en Aus­tria, en Sui­za y en Sue­cia, en Amé­ri­ca y en Aus­tra­lia, no lo encon­tra­mos ni en un solo pro­gra­ma de los par­ti­dos socia­lis­tas con­tem­po­rá­neos…» (núm. 6 de Prze­glad, pág. 483).

Así escri­be Rosa Luxem­bur­go en el comien­zo de su cru­za­da con­tra el apar­ta­do 9 del pro­gra­ma mar­xis­ta. Atri­bu­yén­do­nos a noso­tros la inter­pre­ta­ción de que este apar­ta­do del pro­gra­ma es «el más puro de los luga­res comu­nes», Rosa Luxem­bur­go mis­ma incu­rre pre­ci­sa­men­te en este peca­do, al decla­rar con diver­ti­da osa­día que, «evi­den­te­men­te, este prin­ci­pio se pue­de apli­car por igual» a Rusia, Ale­ma­nia, etc.

Lo evi­den­te ‑con­tes­ta­re­mos noso­tros- es que Rosa Luxem­bur­go ha deci­di­do ofre­cer en su artícu­lo una colec­ción de erro­res lógi­cos que ser­vi­rían como ejer­ci­cios para los estu­dian­tes de bachi­lle­ra­to. Por­que la parra­fa­da de Rosa Luxem­bur­go es un com­ple­to absur­do y una mofa del plan­tea­mien­to his­tó­ri­co con­cre­to de la cues­tión.

Si el pro­gra­ma mar­xis­ta no se inter­pre­ta de mane­ra pue­ril, sino mar­xis­ta, no cues­ta nin­gún tra­ba­jo per­ca­tar­se de que se refie­re a los movi­mien­tos nacio­na­les demo­crá­ti­cos bur­gue­ses. Sien­do así ‑y es así, sin duda alguna‑, se dedu­ce «evi­den­te­men­te que ese pro­gra­ma con­cier­ne «en gene­ral», como «lugar común», etc., a todos los casos de movi­mien­tos nacio­na­les demo­crá­ti­cos bur­gue­ses. No menos evi­den­te sería tam­bién para Rosa Luxem­bur­go, de haber­lo pen­sa­do lo más míni­mo, la con­clu­sión de que nues­tro pro­gra­ma se refie­re tan sólo a los casos en que exis­te tal movi­mien­to.

Si Rosa Luxem­bur­go hubie­ra refle­xio­na­do sobre estas con­si­de­ra­cio­nes evi­den­tes, habría vis­to sin esfuer­zos par­ti­cu­la­res qué absur­do ha dicho. Al acu­sar­nos a noso­tros de haber pro­pues­to un «lugar común», adu­ce con­tra noso­tros el argu­men­to de que no se habla de auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes en el pro­gra­ma de los paí­ses don­de no hay movi­mien­tos nacio­na­les demo­crá­ti­cos bur­gue­ses. ¡Un argu­men­to muy inte­li­gen­te!

La com­pa­ra­ción del desa­rro­llo polí­ti­co y eco­nó­mi­co de dis­tin­tos paí­ses, así como de sus pro­gra­mas mar­xis­tas, tie­ne inmen­sa impor­tan­cia des­de el pun­to de vis­ta del mar­xis­mo, pues son indu­da­bles tan­to la natu­ra­le­za común capi­ta­lis­ta de los Esta­dos con­tem­po­rá­neos como la ley gene­ral de su desa­rro­llo. Pero hay que saber hacer seme­jan­te com­pa­ra­ción. La con­di­ción ele­men­tal para ello es poner en cla­ro si son com­pa­ra­bles las épo­cas his­tó­ri­cas del desa­rro­llo de los paí­ses de que se tra­te. Por ejem­plo, sólo per­fec­tos igno­ran­tes (como el prín­ci­pe E. Tru­bets­kói en Rúss­ka­ya Mysl) pue­den «com­pa­rar» el pro­gra­ma agra­rio de los mar­xis­tas de Rusia con los de Euro­pa Occi­den­tal, pues nues­tro pro­gra­ma da una solu­ción al pro­ble­ma de la trans­for­ma­ción agra­ria demo­crá­ti­ca bur­gue­sa, de la cual ni siquie­ra se habla en los paí­ses de Occi­den­te.

Lo mis­mo pue­de afir­mar­se del pro­ble­ma nacio­nal. En la mayo­ría de los paí­ses occi­den­ta­les hace ya mucho tiem­po que está resuel­to. Es ridícu­lo bus­car en los pro­gra­mas de Occi­den­te solu­ción a pro­ble­mas que no exis­ten. Rosa Luxem­bur­go ha per­di­do de vis­ta aquí pre­ci­sa­men­te lo que tie­ne más impor­tan­cia: la dife­ren­cia entre los paí­ses que hace tiem­po han ter­mi­na­do las trans­for­ma­cio­nes demo­crá­ti­cas bur­gue­sas y los paí­ses que no las han ter­mi­na­do.

Todo el quid está en esa dife­ren­cia. La des­es­ti­ma­ción com­ple­ta de esa dife­ren­cia es lo que con­vier­te el lar­guí­si­mo artícu­lo de Rosa Luxem­bur­go en un fárra­go de luga­res comu­nes vacíos que no dicen nada.

En la Euro­pa con­ti­nen­tal, de Occi­den­te, la épo­ca de las revo­lu­cio­nes demo­crá­ti­cas bur­gue­sas abar­ca un lap­so bas­tan­te deter­mi­na­do, apro­xi­ma­da­men­te de 1789 a 1871. Esta fue pre­ci­sa­men­te la épo­ca de los movi­mien­tos nacio­na­les y de la crea­ción de los Esta­dos nacio­na­les. Ter­mi­na­da esta épo­ca, Euro­pa Occi­den­tal había cris­ta­li­za­do en un sis­te­ma de Esta­dos bur­gue­ses que, ade­más, eran, como nor­ma, Esta­dos uni­dos en el aspec­to nacio­nal. Por eso, bus­car aho­ra el dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción en los pro­gra­mas de los socia­lis­tas de Euro­pa Occi­den­tal sig­ni­fi­ca no com­pren­der el abe­cé del mar­xis­mo.

En Euro­pa Orien­tal y en Asia, la épo­ca de las revo­lu­cio­nes demo­crá­ti­cas bur­gue­sas no comen­zó has­ta 1905. Las revo­lu­cio­nes de Rusia, Per­sia, Tur­quía y Chi­na, las gue­rras en los Bal­ca­nes: tal es la cade­na de los acon­te­ci­mien­tos mun­dia­les ocu­rri­dos en nues­tra épo­ca en nues­tro «Orien­te». Y en esta cade­na de acon­te­ci­mien­tos sólo un cie­go pue­de no ver el des­per­tar de toda una serie de movi­mien­tos nacio­na­les demo­crá­ti­cos bur­gue­ses, de ten­den­cias a crear Esta­dos inde­pen­dien­tes y uni­dos en le aspec­to nacio­nal. Pre­ci­sa y exclu­si­va­men­te por­que Rusia y los paí­ses veci­nos suyos atra­vie­san por esa épo­ca nece­si­ta­mos noso­tros en nues­tro pro­gra­ma un apar­ta­do sobre el dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción.

Pero vea­mos unos cuan­tos ren­glo­nes más del pasa­je antes cita­do del artícu­lo de Rosa Luxem­bur­go:

«…En par­ti­cu­lar ‑dice‑, el pro­gra­ma de un par­ti­do que actúa en un Esta­do de com­po­si­ción nacio­nal extra­or­di­na­ria­men­te hete­ro­gé­nea y para el que el pro­ble­ma nacio­nal desem­pe­ña un papel de pri­mer orden ‑el pro­gra­ma de la social­de­mo­cra­cia aus­tría­ca- no con­tie­ne el prin­ci­pio del dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción». (Lugar cit.).

De modo que se quie­re per­sua­dir al lec­tor «en par­ti­cu­lar» con el ejem­plo de Aus­tria. Vea­mos, des­de el pun­to de vis­ta his­tó­ri­co con­cre­to, si hay mucho de razo­na­ble en este ejem­plo.

Pri­me­ro, hace­mos la pre­gun­ta fun­da­men­tal de si se ha lle­va­do a tér­mino la revo­lu­ción demo­crá­ti­ca bur­gue­sa. En Aus­tria empe­zó en 1848 y ter­mi­nó en 1867. Des­de enton­ces hace casi medio siglo que rige allí una Cons­ti­tu­ción, en suma, bur­gue­sa, que per­mi­te actuar en la lega­li­dad a un par­ti­do obre­ro legal.

Por eso, en las con­di­cio­nes inte­rio­res del desa­rro­llo de Aus­tria (es decir, des­de el pun­to de vis­ta del desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo en Aus­tria, en gene­ral, y en sus diver­sas nacio­nes, en par­ti­cu­lar) no hay fac­to­res que den lugar a sal­tos, uno de cuyos efec­tos con­co­mi­tan­tes pue­de ser la for­ma­ción de Esta­dos nacio­na­les inde­pen­dien­tes. Al supo­ner con su com­pa­ra­ción que Rusia se encuen­tra, sobre este pun­to, en con­di­cio­nes aná­lo­gas, Rosa Luxem­bur­go no sólo admi­te una hipó­te­sis fal­sa por com­ple­to, anti­his­tó­ri­ca, sino que se des­li­za sin que­rer hacia el liqui­da­cio­nis­mo.

Segun­do, tie­ne una impor­tan­cia de sin­gu­lar mag­ni­tud la pro­por­ción entre las nacio­nes, total­men­te dife­ren­te en Aus­tria y en Rusia res­pec­to al pro­ble­ma que nos ocu­pa. No sólo ha sido Aus­tria, duran­te lar­go tiem­po, un Esta­do en que pre­do­mi­na­ban los ale­ma­nes, sino que los ale­ma­nes de Aus­tria pre­ten­dían la hege­mo­nía en la nación ale­ma­na en gene­ral. Esta «pre­ten­sión», como qui­zá ten­ga a bien recor­dar Rosa Luxem­bur­go (que tan­ta aver­sión pare­ce sen­tir con­tra los luga­res comu­nes, los cli­sés, las abs­trac­cio­nes…), la des­hi­zo la gue­rra de 1866. La nación domi­nan­te en Aus­tria, la ale­ma­na, que­dó fue­ra de los con­fi­nes del Esta­do ale­mán inde­pen­dien­te, defi­ni­ti­va­men­te for­ma­do hacia 1871. De otro lado, el inten­to de los hún­ga­ros de crear un Esta­do nacio­nal inde­pen­dien­te había fra­ca­sa­do ya en 1849 bajo los gol­pes del ejér­ci­to feu­dal ruso.

Así pues, se ha crea­do una situa­ción pecu­liar en gra­do sumo: ¡los hún­ga­ros, y tras ellos los che­cos, no tien­den a sepa­rar­se de Aus­tria, sino a man­te­ner la inte­gri­dad de Aus­tria, pre­ci­sa­men­te en bene­fi­cio de la inde­pen­den­cia nacio­nal, que podría ser aplas­ta­da del todo por veci­nos más rapa­ces y más fuer­tes! En vir­tud de esa situa­ción pecu­liar, Aus­tria ha toma­do la estruc­tu­ra de Esta­do bicén­tri­co (dual) y aho­ra se está con­vir­tien­do en tri­cén­tri­co (tríplice:alemanes, hún­ga­ros y esla­vos).

¿Suce­de en rusia algo pare­ci­do? ¿Aspi­ran en Rusia los «aló­ge­nos» a unir­se con los rusos bajo la ame­na­za de una opre­sión nacio­nal peor?

Bas­ta hacer esta pre­gun­ta para ver cuán absur­da, ruti­na­ria y pro­pia de igno­ran­tes resul­ta la com­pa­ra­ción entre Rusia y Aus­tria en cuan­to a la auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes.

Las con­di­cio­nes pecu­lia­res de Rusia, en lo que toca a la cues­tión nacio­nal, son pre­ci­sa­men­te lo con­tra­rio de lo que hemos vis­to en Aus­tria. Rusia es un Esta­do con un cen­tro nacio­nal úni­co, ruso. Los rusos ocu­pan un gigan­tes­co terri­to­rio com­pac­to, y su núme­ro ascien­de apro­xi­ma­da­men­te a 70 millo­nes. La pecu­lia­ri­dad de este Esta­do nacio­nal resi­de, pri­me­ro, en que los «aló­ge­nos» (que en con­jun­to cons­ti­tu­yen la mayo­ría de la pobla­ción, el 57%) pue­blan pre­ci­sa­men­te la peri­fe­ria; segun­do, en el hecho de que la opre­sión de estos aló­ge­nos es mucho más fuer­te que en los paí­ses veci­nos (inclu­so no tan sólo en los euro­peos); ter­ce­ro, en que hay toda una serie de casos en que los pue­blos opri­mi­dos que viven en la peri­fe­ria tie­nen com­pa­trio­tas al otro lado de la fron­te­ra, y estos últi­mos gozan de mayor inde­pen­den­cia nacio­nal (bas­ta recor­dar, aun­que sólo sea en las fron­te­ras occi­den­tal y meri­dio­nal del Esta­do, a fin­lan­de­ses, sue­cos, pola­cos, ucra­nios y ruma­nos); cuar­to, en que el desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo y el nivel gene­ral de cul­tu­ra son con fre­cuen­cia más altos en la peri­fe­ria aló­ge­na que en el cen­tro del Esta­do. Por últi­mo, pre­ci­sa­men­te en los Esta­dos asiá­ti­cos veci­nos pre­sen­cia­mos el comien­zo de un perío­do de revo­lu­cio­nes bur­gue­sas y de movi­mien­tos nacio­na­les que com­pren­den en par­te a los pue­blos afi­nes den­tro de las fron­te­ras de Rusia.

Así pues, son pre­ci­sa­men­te las pecu­lia­ri­da­des his­tó­ri­cas con­cre­tas del pro­ble­ma nacio­nal en Rusia las que hacen entre noso­tros urgen­te en espe­cial el reco­no­ci­mien­to del dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción en la épo­ca que atra­ve­sa­mos.

Por lo demás, inclu­so vis­ta en el sen­ti­do del hecho escue­to, es erró­nea la afir­ma­ción de Rosa Luxem­bur­go de que en el pro­gra­ma de los social­de­mó­cra­tas aus­tría­cos no figu­ra el reco­no­ci­mien­to del dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción. Bas­ta abrir las actas del Con­gre­so de Brünn, en el que se apro­bó el pro­gra­ma nacio­nal, para ver allí las decla­ra­cio­nes del social­de­mó­cra­ta ruteno Gan­ké­vich, en nom­bre de toda la dele­ga­ción ucra­nia (rute­na) (pág. 85 de las actas), y del social­de­mó­cra­ta pola­co Reger, en nom­bre de toda la dele­ga­ción pola­ca (pág. 108), dicien­do que los social­de­mó­cra­tas aus­tría­cos de las dos nacio­nes indi­ca­das incluían entre sus aspi­ra­cio­nes la de la uni­fi­ca­ción nacio­nal, de la liber­tad e inde­pen­den­cia de sus pue­blos. Por con­si­guien­te, la social­de­mo­cra­cia aus­tría­ca, sin pro­pug­nar direc­ta­men­te en su pro­gra­ma el dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción, tran­si­ge ple­na­men­te, al mis­mo tiem­po, con que cier­tos sec­to­res del par­ti­do pre­sen­ten rei­vin­di­ca­cio­nes de inde­pen­den­cia nacio­nal. ¡De hecho, esto jus­ta­men­te sig­ni­fi­ca, como es natu­ral, reco­no­cer el dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción! De modo que la ape­la­ción de Rosa Luxem­bur­go a Aus­tria habla en todos los sen­ti­dos con­tra ella.

4. EL «PRACTICISMO» EN EL PROBLEMA NACIONAL

Los opor­tu­nis­tas han hecho suyo con celo sin­gu­lar el argu­men­to de Rosa Luxem­bur­go de que el apar­ta­do 9 de nues­tro pro­gra­ma no con­tie­ne nada «prác­ti­co». Rosa Luxem­bur­go está tan entu­sias­ma­da con este argu­men­to que encon­tra­mos en algu­nas oca­sio­nes ocho veces repe­ti­da esa «con­sig­na» en una mis­ma pági­na de su artícu­lo.

El apar­ta­do 9 «no da ‑dice ella- nin­gu­na indi­ca­ción prác­ti­ca para la polí­ti­ca coti­dia­na del pro­le­ta­ria­do, nin­gu­na solu­ción prác­ti­ca de los pro­ble­mas nacio­na­les».

Ana­li­ce­mos este argu­men­to, que tam­bién se for­mu­la de mane­ra que el apar­ta­do 9 o no expre­sa abso­lu­ta­men­te nada u obli­ga a apo­yar todas las aspi­ra­cio­nes nacio­na­les.

¿Qué sig­ni­fi­ca la rei­vin­di­ca­ción de «prac­ti­cis­mo» en el pro­ble­ma nacio­nal?

O un apo­yo a todas las aspi­ra­cio­nes nacio­na­les, o el «sí o no» a la dis­yun­ti­va de sepa­ra­ción de cada nación o, en gene­ral, la «posi­bi­li­dad de satis­fac­ción» inme­dia­ta de las rei­vin­di­ca­cio­nes nacio­na­les.

Exa­mi­ne­mos estas tres inter­pre­ta­cio­nes posi­bles de las rei­vin­di­ca­ción de «prac­ti­cis­mo».

La bur­gue­sía, que actúa, como es natu­ral, en los comien­zos de todo movi­mien­to nacio­nal como fuer­za hege­mó­ni­ca (diri­gen­te) del mis­mo, lla­ma labor prác­ti­ca al apo­yo a todas las aspi­ra­cio­nes nacio­na­les. Pero la polí­ti­ca del pro­le­ta­ria­do en el pro­ble­ma nacio­nal (como en los demás pro­ble­mas) sólo apo­ya a la bur­gue­sía en una direc­ción deter­mi­na­da, pero nun­ca coin­ci­de con su polí­ti­ca. La cla­se obre­ra sólo apo­ya a la bur­gue­sía en aras de las paz nacio­nal (que la bur­gue­sía no pue­de dar ple­na­men­te y es via­ble sólo si hay una com­ple­ta demo­cra­ti­za­ción), en bene­fi­cio de la igual­dad de dere­chos, en bene­fi­cio de la situa­ción más favo­ra­ble posi­ble para la lucha de cla­ses. Por eso, pre­ci­sa­men­te con­tra el prac­ti­cis­mo de la bur­gue­sía, los pro­le­ta­rios pro­pug­nan una polí­ti­ca de prin­ci­pios en el pro­ble­ma nacio­nal, pres­tan­do a la bur­gue­sía siem­pre un apo­yo sólo con­di­cio­nal. En el pro­ble­ma nacio­nal, toda bur­gue­sía desea o pri­vi­le­gios para su nación o ven­ta­jas exclu­si­vas para ésta; pre­ci­sa­men­te eso es lo que se lla­ma «prác­ti­co». El pro­le­ta­ria­do está en con­tra de toda cla­se de pri­vi­le­gios, en con­tra de toso exclu­si­vis­mo. Exi­gir­le «prac­ti­cis­mo» sig­ni­fi­ca ir a remol­que de la bur­gue­sía, caer en el opor­tu­nis­mo.

¿Con­tes­tar «sí o no» en lo que se refie­re a la sepa­ra­ción de cada nación? Pare­ce una rei­vin­di­ca­ción suma­men­te «prác­ti­ca». Pero, en reali­dad, es absur­da, meta­fí­si­ca en teo­ría y con­du­cen­te a subor­di­nar el pro­le­ta­ria­do a la polí­ti­ca de la bur­gue­sía en la prác­ti­ca. La bur­gue­sía plan­tea siem­pre en pri­mer plano sus rei­vin­di­ca­cio­nes nacio­na­les. Y las plan­tea de un modo incon­di­cio­nal. El pro­le­ta­ria­do las subor­di­na a los intere­ses de la lucha de cla­ses. Teó­ri­ca­men­te no pue­de garan­ti­zar­se de ante­mano que la sepa­ra­ción de una nación deter­mi­na­da o su igual­dad de dere­chos con otra nación pon­ga tér­mino a la revo­lu­ción demo­crá­ti­ca bur­gue­sa. Al pro­le­ta­ria­do le impor­ta, en ambos casos, garan­ti­zar el desa­rro­llo de su cla­se; a la bur­gue­sía le impor­ta difi­cul­tar este desa­rro­llo, supe­di­tan­do las tareas de dicho desa­rro­llo a las tareas de «su» nación. Por eso el pro­le­ta­ria­do se limi­ta a la rei­vin­di­ca­ción nega­ti­va, por así decir, de reco­no­cer el dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción, sin garan­ti­zar nada a nin­gu­na nación ni com­pro­me­ter­se a dar nada a expen­sas de otra nación.

Eso no será «prác­ti­co», pero es de hecho lo que garan­ti­za con mayor segu­ri­dad la más demo­crá­ti­ca de las solu­cio­nes posi­bles; el pro­le­ta­ria­do nece­si­ta tan sólo estas garan­tías, mien­tras que la bur­gue­sía de cada nación nece­si­ta garan­tías de sus ven­ta­jas, sin tener en cuen­ta la situa­ción (las posi­bles des­ven­ta­jas) de otras nacio­nes.

Lo que más intere­sa a la bur­gue­sía es la «posi­bi­li­dad de satis­fac­ción» de la rei­vin­di­ca­ción dada; de aquí la eter­na polí­ti­ca de tran­sac­cio­nes con la bur­gue­sía de otras nacio­nes en detri­men­to del pro­le­ta­ria­do. En cam­bio, al pro­le­ta­ria­do le impor­ta for­ta­le­cer su cla­se con­tra la bur­gue­sía, edu­car a las masas en el espí­ri­tu de la demo­cra­cia con­se­cuen­te y del socia­lis­mo.

Eso no será «prác­ti­co» para los opor­tu­nis­tas, pero es la úni­ca garan­tía real, la garan­tía de la máxi­ma igual­dad y paz nacio­na­les, a des­pe­cho tan­to de los feu­da­les como de la bur­gue­sía nacio­na­lis­ta.

Toda la misión de los pro­le­ta­rios en la cues­tión nacio­nal «no es prác­ti­ca», des­de el pun­to de vis­ta de la bur­gue­sía nacio­na­lis­ta de cada nación, pues los pro­le­ta­rios, enemi­gos de todo nacio­na­lis­mo, exi­gen la igual­dad «abs­trac­ta», la ausen­cia del míni­mo pri­vi­le­gio en prin­ci­pio. Al no com­pren­der­lo y ensal­zar de un modo poco razo­na­ble el prac­ti­cis­mo, Rosa Luxem­bur­go ha abier­to las puer­tas de par en par pre­ci­sa­men­te a los opor­tu­nis­tas, en par­ti­cu­lar a las con­ce­sio­nes del opor­tu­nis­mo al nacio­na­lis­mo ruso.

¿Por qué al ruso? Por­que los rusos son en Rusia la nación opre­so­ra, y en el aspec­to nacio­nal, natu­ral­men­te, el opor­tu­nis­mo ten­drá una expre­sión entre las nacio­nes opri­mi­das y otra, dis­tin­ta, entre las opre­so­ras.

En aras del «prac­ti­cis­mo» de sus rei­vin­di­ca­cio­nes, la bur­gue­sía de las nacio­nes opri­mi­das lla­ma­rá al pro­le­ta­ria­do a apo­yar incon­di­cio­nal­men­te sus aspi­ra­cio­nes. ¡Lo más prác­ti­co es decir un «sí» cate­gó­ri­co a la sepa­ra­ción de tal o cual nación, y no al dere­cho de todas las nacio­nes, cua­les­quie­ra que sean, a la sepa­ra­ción!

El pro­le­ta­ria­do se opo­ne a seme­jan­te prac­ti­cis­mo: al reco­no­cer la igual­dad de dere­chos y el dere­cho igual a for­mar un Esta­do nacio­nal, apre­cia y colo­ca por enci­ma de todo la unión de los pro­le­ta­rios de todas las nacio­nes, eva­lúa toda rei­vin­di­ca­ción nacio­nal y toda sepa­ra­ción nacio­nal con la mira pues­ta en la lucha de cla­se de los obre­ros. La con­sig­na de prac­ti­cis­mo no es, en reali­dad, sino la de adop­tar sin crí­ti­ca las aspi­ra­cio­nes bur­gue­sas.

Se nos dice: apo­yan­do el dere­cho a la sepa­ra­ción, apo­yáis el nacio­na­lis­mo bur­gués de las nacio­nes opri­mi­das. ¡Esto es lo que dice Rosa Luxem­bur­go y lo que tras ella repi­te el opor­tu­nis­ta Sem­kovs­ki, úni­co repre­sen­tan­te, por cier­to, de las ideas de los liqui­da­do­res sobre este pro­ble­ma en el perió­di­co de los liqui­da­do­res!

Noso­tros con­tes­ta­mos: no, pre­ci­sa­men­te a la bur­gue­sía es a quien le impor­ta aquí una solu­ción «prác­ti­ca», mien­tras que a los obre­ros les impor­ta la sepa­ra­ción en prin­ci­pio de dos ten­den­cias. Por cuan­to la bur­gue­sía de una nación opri­mi­da lucha con­tra la opre­so­ra, noso­tros esta­mos siem­pre, en todos los casos y con más deci­sión que nadie, a favor, ya que somos los enemi­gos más intré­pi­dos y con­se­cuen­tes de la opre­sión. Por cuan­to la bur­gue­sía de la nación opri­mi­da está a favor de su nacio­na­lis­mo bur­gués, noso­tros esta­mos en con­tra. Lucha con­tra los pri­vi­lie­gios y vio­len­cias de la nación opre­so­ra y nin­gu­na tole­ran­cia con el afán de pri­vi­le­gios de la nación opri­mi­da.

Si no lan­za­mos ni pro­pug­na­mos en la agi­ta­ción la con­sig­na del dere­cho a la sepa­ra­ción, favo­re­ce­mos no sólo a la bur­gue­sía, sino a los feu­da­les y el abso­lu­tis­mo de la nación opre­so­ra. Hace tiem­po que Kautsky empleó este argu­men­to con­tra Rosa Luxem­bur­go, y el argu­men­to es irre­fu­ta­ble. En su temor de «ayu­dar» a la bur­gue­sía nacio­na­lis­ta de Polo­nia, Rosa Luxem­bur­go nie­ga el dere­cho a la sepa­ra­ción en el pro­gra­ma de los mar­xis­tas de Rusia, y a quien ayu­da, en reali­dad, es a los rusos ultra­rreac­cio­na­rios. Ayu­da, en reali­dad, al con­for­mis­mo opor­tu­nis­ta con los pri­vi­le­gios (y con cosas peo­res que los pri­vi­le­gios) de los rusos.

Lle­va­da de la lucha con­tra el nacio­na­lis­mo en Polo­nia, Rosa Luxem­bur­go ha olvi­da­do el nacio­na­lis­mo de los rusos, aun­que pre­ci­sa­men­te este nacio­na­lis­mo es aho­ra el más temi­ble; es pre­ci­sa­men­te un nacio­na­lis­mo menos bur­gués, pero más feu­dal; es pre­ci­sa­men­te el mayor freno para la demo­cra­cia y la lucha pro­le­ta­ria. En todo nacio­na­lis­mo bur­gués de una nación opri­mi­da hay un con­te­ni­do demo­crá­ti­co gene­ral con­tra la opre­sión, y a este con­te­ni­do le pres­ta­mos un apo­yo incon­di­cio­nal, apar­tan­do rigu­ro­sa­men­te la ten­den­cia al exclu­si­vis­mo nacio­nal, luchan­do con­tra la ten­den­cia del bur­gués pola­co a opri­mir al hebreo, etc., etc.

Esto «no es prác­ti­co», des­de el pun­to de vis­ta del bur­gués y del filis­teo. Pero es la úni­ca polí­ti­ca prác­ti­ca y adic­ta a los prin­ci­pios en el pro­ble­ma nacio­nal, la úni­ca que ayu­da de ver­dad a la demo­cra­cia, al liber­tad y a la unión pro­le­ta­ria.

Reco­no­cer el dere­cho a la sepa­ra­ción para todos; apre­ciar cada cues­tión con­cre­ta sobre la sepa­ra­ción des­de un pun­to de vis­ta que eli­mi­ne toda des­igual­dad de dere­chos, todo pri­vi­le­gio, todo exclu­si­vis­mo.

Tome­mos la posi­ción de la nación opre­so­ra. ¿Pue­de aca­so ser libre un pue­blo que opri­me a otros pue­blos? No. Los intere­ses de la liber­tad de la pobla­ción[1] rusa exi­gen que se luche con­tra tal opre­sión. La lar­ga his­to­ria, la secu­lar his­to­ria de repre­sión de los movi­mien­tos de las nacio­nes opri­mi­das, la pro­pa­gan­da sis­te­má­ti­ca de esta repre­sión por par­te de las «altas» cla­ses han crea­do enor­mes obs­tácu­los a la cau­sa de la liber­tad del mis­mo pue­blo ruso en sus pre­jui­cios, etc.

Los ultra­rreac­cio­na­rios rusos apo­yan cons­cien­te­men­te estos pre­jui­cios y los ati­zan. La bur­gue­sía rusa tran­si­ge con ellos o se amol­da a ellos. El pro­le­ta­ria­do ruso no pue­de alcan­zar sus fines, no pue­de des­bro­zar para sí el camino hacia la liber­tad sin luchar sis­te­má­ti­ca­men­te con­tra estos pre­jui­cios.

For­mar un Esta­do nacio­nal autó­no­mo e inde­pen­dien­te sigue sien­do por aho­ra, en Rusia, tan sólo pri­vi­le­gio de la nación rusa. Noso­tros, los pro­le­ta­rios rusos, no defen­de­mos pri­vi­le­gios de nin­gún géne­ro y tam­po­co defen­de­mos este pri­vi­le­gio. Lucha­mos sobre el terreno de un Esta­do deter­mi­na­do, uni­fi­ca­mos a los obre­ros de todas las nacio­nes de este Esta­do, no pode­mos garan­ti­zar tal o cual vía de desa­rro­llo nacio­nal, vamos a nues­tro obje­ti­vo de cla­se por todas las vías posi­bles.

Pero no se pue­de ir hacia este obje­ti­vo sin luchar con­tra todos los nacio­na­lis­mos y sin pro­pug­nar la igual­dad de todas las nacio­nes. Así, por ejem­plo, depen­de de mil fac­to­res, des­co­no­ci­dos de ante­mano, si a Ucra­nia le cabrá en suer­te for­mar un Esta­do inde­pen­dien­te. Y, como no que­re­mos hacer «con­je­tu­ras» vanas, esta­mos fir­me­men­te por lo que es indu­da­ble: el dere­cho de Ucra­nia a seme­jan­te Esta­do. Res­pe­ta­mos este dere­cho, no apo­ya­mos los pri­vi­le­gios del ruso sobre los ucra­nios, edu­ca­mos a las masas en el espí­ri­tu del reco­no­ci­mien­to de este dere­cho, en el espí­ri­tu de la nega­ción de los pri­vi­le­gios esta­ta­les de cual­quier nación.

En los sal­tos por los que han atra­ve­sa­do todos los paí­ses en la épo­ca de las revo­lu­cio­nes bur­gue­sas son posi­bles y pro­ba­bles los cho­ques y la lucha por el dere­cho a un Esta­do nacio­nal. Noso­tros, pro­le­ta­rios, nos decla­ra­mos de ante­mano adver­sa­rios de los pri­vi­le­gios de los rusos, y en esta direc­ción desa­rro­lla­mos toda nues­tra pro­pa­gan­da y nues­tra agi­ta­ción.

En el afán de «prac­ti­cis­mo», Rosa Luxem­bur­go ha per­di­do de vis­ta la tarea prác­ti­ca prin­ci­pal, tan­to del pro­le­ta­ria­do ruso como del pro­le­ta­ria­do de toda otra nación: la tarea de la agi­ta­ción y pro­pa­gan­da coti­dia­nas con­tra toda cla­se de pri­vi­le­gios nacio­na­les de tipo esta­tal, por el dere­cho, dere­cho igual de todas las nacio­nes, a tener su Esta­do nacio­nal; esta tarea es (aho­ra) nues­tra prin­ci­pal tarea en el pro­ble­ma nacio­nal, por­que sólo así defen­de­mos los intere­ses de la demo­cra­cia y de la unión, basa­da en la igual­dad de dere­chos de todos los pro­le­ta­rios de todas las nacio­nes.

Poco impor­ta que esta pro­pa­gan­da «no sea prác­ti­ca» tan­to des­de el pun­to de vis­ta de los opre­so­res rusos como des­de el pun­to de vis­ta de la bur­gue­sía de las nacio­nes opri­mi­das (unos y otros exi­gen un sí o no deter­mi­na­do, acu­san­do a los social­de­mó­cra­tas de «vague­dad»); en la prác­ti­ca, pre­ci­sa­men­te esta pro­pa­gan­da, y sólo ella, ase­gu­ra una edi­ca­ción de las masas ver­da­de­ra­men­te demo­crá­ti­ca y ver­da­de­ra­men­te socia­lis­ta. Sólo una pro­pa­gan­da tal garan­ti­za tam­bién las mayo­res pro­ba­bi­li­da­des de paz nacio­nal en Rusia, si sigue sien­do un Esta­do de com­po­si­ción nacio­nal hete­ro­gé­nea, y la divi­sión más pací­fi­ca (e inno­cua para la lucha de cla­se pro­le­ta­ria) en diver­sos Esta­dos nacio­na­les, si se plan­tea el pro­ble­ma de seme­jan­te divi­sión.

Para expli­car de un modo más con­cre­to esta polí­ti­ca, la úni­ca pro­le­ta­ria en el pro­ble­ma nacio­nal, ana­li­ce­mos la acti­tud del libe­ra­lis­mo ruso ante la «auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes» y el ejem­plo de la sepa­ra­ción de Norue­ga de Sue­cia.

5. LA BURGUESIA LIBERAL Y LOS OPORTUNISTAS SOCIALISTAS EN EL PROBLEMA NACIONAL

Hemos vis­to que Rosa Luxem­bur­go tie­ne por uno de sus prin­ci­pa­les «triun­fos», en la lucha con­tra el pro­gra­ma de los mar­xis­tas de Rusia, el argu­men­to siguen­te: reco­no­cer el dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción equi­va­le a apo­yar el nacio­na­lis­mo bur­gués de las nacio­nes opri­mi­das. Por otra par­te, dice Rosa Luxem­bur­go, si por tal dere­cho se entien­de úni­ca­men­te la lucha con­tra cual­quier vio­len­cia en lo que se refie­re a las nacio­nes, no hace fal­ta un pun­to espe­cial en el pro­gra­ma, por­que la social­de­mo­cra­cia en gene­ral se opo­ne a toda viio­len­cia nacio­nal y a toda des­igual­dad de dere­chos nacio­na­les.

El pri­mer argu­men­to, según demos­tró de un modo irre­fu­ta­ble Kautsky hace ya casi vein­te años, hace pagar la cul­pa del nacio­na­lis­mo a jus­tos por peca­do­res por­que ¡resul­ta que, temien­do el nacio­na­lis­mo de la bur­gue­sía de las nacio­nes opri­mi­das, Rosa Luxem­bur­go favo­re­ce, en reali­dad, el nacio­na­lis­mo ultra­rreac­cio­na­rio de los rusos! El segun­do argu­men­to es, en el fon­do, un teme­ro­so esqui­var el pro­ble­ma: reco­no­cer la igual­dad nacio­nal, ¿supo­ne o no reco­no­cer el dere­cho a la sepa­ra­ción? Si lo supo­ne, Rosa Luxem­bur­go admi­te que es jus­to por prin­ci­pio el apar­ta­do 9 de nues­tro pro­gra­ma. Si no lo supo­ne, no reco­no­ce la igual­dad nacio­nal. ¡Nada pue­de hacer­se en este caso con sub­ter­fu­gios y eva­si­vas!

Pero la mejor mane­ra de com­pro­bar los argu­men­tos arri­ba indi­ca­dos, así como todos los argu­men­tos de esta índo­le, con­sis­te en estu­diar la acti­tud de las dife­ren­tes cla­ses de la socie­dad ante el pro­ble­ma. Para un mar­xis­ta, seme­jan­te com­pro­ba­ción es obli­ga­to­ria. Hay que par­tir de lo obje­ti­vo, hay que tomar las rela­cio­nes recí­pro­cas de las diver­sas cla­ses en el pun­to de que se tra­ta. Al no hacer­lo, Rosa Luxem­bur­go incu­rre pre­ci­sa­men­te en el peca­do de lo meta­fí­si­co, de lo abs­trac­to, del lugar común, de las gene­ra­li­da­des, etc., del que en vano tra­ta de acu­sar a sus adver­sa­rios.

Se tra­ta del pro­gra­ma de los mar­xis­tas de Rusia, es decir, de los mar­xis­tas de todas las nacio­nes de Rusia. ¿No con­ven­dría echar una oje­da a la posi­ción de las cla­ses domi­nan­tes de Rusia?

Es cono­ci­da de todos la posi­ción de la «buro­cra­cia» (per­dó­ne­se­nos este tér­mino inexac­to) y de los terra­te­nien­tes feu­da­les del tipo de la noble­za uni­fi­ca­da. Nega­ción abso­lu­ta tan­to de la igual­dad de dere­chos de las nacio­nes como del dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción. La vie­ja con­sig­na, toma­da de los tiem­pos del régi­men de ser­vi­dum­bre: auto­cra­cia, reli­gión orto­do­xa, nación, con la part­cu­la­ri­dad de que por esta últi­ma tan sólo se entien­de la nación rusa. Inclu­so los ucra­nios son decla­ra­dos «aló­ge­nos», inclu­so su len­gua mater­na es per­se­gui­da.

Vea­mos a la bur­gue­sía de Rusia, «lla­ma­da» a tomar par­te ‑una par­te muy modes­ta, es ver­dad, pero, al fin y al cabo, par­te- en el poder, en el sis­te­ma legis­la­ti­vo y admi­nis­tra­ti­vo «del 3 de junio». No se nece­si­tan muchas pala­bras para demos­trar que en este pro­ble­ma los octu­bris­tas siguen, en reali­dad, a las dere­chas. Es de lamen­tar que algu­nos mar­xis­tas con­ce­dan mucha menos aten­ción a la posi­ción de la bur­gue­sía libe­ral rusa, de los pro­gre­sis­tas y demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas. Y, sin embar­go, quien no estu­die esta posi­ción y no refle­xio­ne sobre ella incu­rri­rá inevi­ta­ble­men­te en el peca­do de lo abs­trac­to y de lo vacío al ana­li­zar el dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción.

El año pasa­do, la polé­mi­ca entre Prav­da y Riech obli­gó a este órgano prin­ci­pal del Par­ti­do Demó­cra­ta Cons­ti­tu­cio­na­lis­ta, tan hábil en la eva­si­va diplo­má­ti­ca ante la con­tes­ta­ción fran­ca a pre­gun­tas «des­agra­da­bles», a hacer, sin embar­go, algu­nas con­fe­sio­nes valio­sas. Se armó el baru­llo en torno al Con­gre­so estu­dian­til de toda Ucra­nia, cele­bra­do en Lvov en el verano de 1913. El jura­do «peri­to en cues­tio­nes de Ucra­nia» o cola­bo­ra­dor ucra­nio de Riech, señor Mogui­lians­ki, publi­có un artícu­lo en el que cubría de las más selec­tas inju­rias («deli­rio», «aven­tu­re­ris­mo», etc.) la idea de la sepa­ra­ción de Ucra­nia, idea pro­pug­na­da por el social­na­cio­na­lis­ta Don­tsov y apro­ba­da por el men­cio­na­do con­gre­so.

El perió­di­co Rabó­cha­ya Prav­da, sin soli­da­ri­zar­se para nada con el señor Don­tsov e indi­can­do cla­ra­men­te que este señor era un social­na­cio­na­lis­ta y que muchos mar­xis­tas ucra­nios dis­cre­pa­ban de él, decla­ró, sin embar­go, que el tono de Riech, o mejor dicho: el plan­tea­mien­to en prin­ci­pio de la cues­tión por Riech es abso­lu­ta­men­te inde­co­ro­so, inad­mi­si­ble en un demó­cra­ta ruso o en una per­so­na que quie­re pasar por demó­cra­ta. Que Riech refu­te direc­ta­men­te a los seño­res Don­tsov, pero, en prin­ci­pio, es inad­mi­si­ble que el órgano ruso de una pre­ten­di­da demo­cra­cia olvi­de la liber­tad de sepa­ra­ción, el dere­cho a la sepa­ra­ción.

Unos meses más tar­de publi­có el señor Mogui­lians­ki en el núme­ro 331 de Riech unas «expli­ca­cio­nes», ente­ra­do, por el perió­di­co ucra­nio Shlia­ji, de Lvov, de las obje­cio­nes del señor Don­tsov, quien, por cier­to, obser­vó que «sólo la pren­sa social­de­mó­cra­ta rusa había man­cha­do (¿estig­ma­ti­za­do?) en for­ma debi­da la dia­tri­ba patrio­te­ra de Riech». Las «expli­ca­cio­nes» del señor Mogu­lians­ki con­sis­tie­ron en repe­tir por tres veces: «la crí­ti­ca de las rece­tas del señor Don­tsov» «no tie­ne nada de común con la nega­ción del dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción».

«Hay que decir ‑escri­bía el señor Mogui­lians­ki- que tam­po­co «el dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción» es una espe­cie de feti­che (¡¡escu­chen!!) que no admi­te nin­gu­na crí­ti­ca: con­di­cio­nes de vida mal­sa­nas en una nación pue­den engen­drar ten­den­cias mal­sa­nas en la auto­de­ter­mi­na­ción nacio­nal, y poner al des­cu­bier­to estas últi­mas no sig­ni­fi­ca aún negar el dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción».

Como ven, las fra­ses de un libe­ral sobre lo del «feti­che» esta­ban ple­na­men­te a tono con las fra­ses de Rosa Luxem­bur­go. Era evi­den­te que el señor Mogui­lins­ki desea­ba rehuir el dar una res­pues­ta direc­ta a la pre­gun­ta: ¿reco­no­ce o no el dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca, es decir, a la sepa­ra­ción?

Y Pro­le­társ­ka­ya Prav­da (núm. 4 del 11 de diciem­bre de 1913) hizo a boca de jarro esta pre­gun­ta tan­to al señor Mogui­lians­ki como al Par­ti­do Demó­cra­ta Cons­ti­tu­cio­na­lis­ta.

El perió­di­co Riech publi­có enton­ces (núm. 340) una decla­ra­ción sin fir­ma, es decir, una decla­ra­ción ofi­cial de la redac­ción, que daba una res­pues­ta a esa pre­gun­ta. Esta con­tes­ta­ción se resu­me en tres pun­tos:

1) En el apar­ta­do 11 del pro­gra­ma del Par­ti­do Demó­cra­ta Cons­ti­tu­cio­na­lis­ta se habla en for­ma direc­ta, cla­ra y pre­ci­sa del «dere­cho» de las nacio­nes a una «libre aute­de­ter­mi­na­ción cul­tu­ral».

2) Pro­le­társ­ka­ya Prav­da, según la afir­ma­ción de Riech, «con­fun­de irre­pa­ra­ble­men­te» la auto­de­ter­mi­na­ción con el sepa­ra­tis­mo, con la sepa­ra­ción de esta o la otra nación.

3) «En efec­to, los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas no han pen­sa­do nun­ca en defen­der el dere­cho de «sepa­ra­ción de las nacio­nes» del Esta­do ruso» (véa­se el artícu­lo: El nacio­nal libe­ra­lis­mo y el dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción, en Pro­le­társ­ka­ya Prav­da, núm. 12, del 20 de diciem­bre de 1913).

Fijé­mo­nos ante todo en el segun­do pun­to de la decla­ra­ción de Riech. ¡Cuán cla­ra­men­te demues­tra a los seño­res Sem­kovs­ki, Lib­man, Yur­ké­vich y demás opor­tu­nis­tas que sus gri­tos y habla­du­rías sobre una pre­ten­di­da «fal­ta de cla­ri­dad» o «vague­dad» en cuan­to a la «auto­de­ter­mi­na­ción» no son en la prác­ti­ca, es decir, en la corre­la­ción obje­ti­va de las cla­ses y de la lucha de las cla­ses en Rusia, sino una sim­ple repe­ti­ción de los dis­cur­sos de la bur­gue­sía monár­qui­ca libe­ral!

Cuan­do Pro­le­társ­ka­ya Prav­da hizo a los ins­trui­dos seño­res «demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas» de Riech tres pre­gun­tas: 1) Si nega­ban que en toda la his­to­ria de la demo­cra­cia inter­na­cio­nal, y espe­cial­men­te a par­tir de la segun­da mitad del siglo XIX, se entien­de por auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes pre­ci­sa­men­te la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca, el dere­cho a cons­ti­tuir un Esta­do nacio­nal inde­pen­dien­te; 2) si nega­ban que el mis­mo sen­ti­do tenía la cono­ci­da deci­sión del con­gre­so socia­lis­ta inter­na­cio­nal cele­bra­do en Lon­dres en 1896, y 3) que Ple­já­nov, el cual escri­bía ya en 1902 sobre la auto­de­ter­mi­na­ción, enten­día por tal pre­ci­sa­men­te la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca; cuan­do Pro­le­társ­ka­ya Prav­da hizo estas tres pre­gun­tas, ¡¡los seño­res demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas guar­da­ron silen­cio!!

No con­tes­ta­ron ni una pala­bra, por­que nada tenían que con­tes­tar. Tuvie­ron que reco­no­cer en silen­cio que Pro­le­társ­ka­ya Prav­da tenía sin duda razón.

Los gri­tos de los libe­ra­les a pro­pó­si­to de la fal­ta de cla­ri­dad del con­cep­to de «auto­de­ter­mi­na­ción», de su «irre­pa­ra­ble con­fu­sión» con el sepa­ra­tis­mo entre los social­de­mó­cra­tas no son sino una ten­den­cia a embro­llar la cues­tión, rehuir el reco­no­ci­mien­to de un prin­ci­pio gene­ral de la demo­cra­cia. Si los seño­res Sem­kovs­ki, LIb­man y Yur­ké­vich no fue­ran tan igno­ran­tes, les hubie­ra dado ver­güen­za hablar ante los obre­ros en tono libe­ral.

Pero siga­mos. Pro­le­társ­ka­ya Prav­da obli­gó a Riech a reco­no­cer que las pala­bras sobre la auto­de­ter­mi­na­ción «cul­tu­ral» tie­nen en el pro­gra­ma demó­cra­ta cons­ti­tu­cio­na­lis­ta pre­ci­sa­men­te el sen­ti­do de una nega­ción de la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca.

«En efec­to, los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas no han pen­sa­do nun­ca en defen­der el dere­cho de «sepa­ra­ción de las nacio­nes» del Esta­do ruso»: éstas son las pala­bras de Riech que no en vano reco­men­dó Pro­le­társ­ka­ya Prav­da a Nóvoie Vre­mia y Zéms­chi­na como mues­tra de la «leal­tad» de nues­tros demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas. Sin dejar, natu­ral­men­te, de apro­ve­char la oca­sión para men­cio­nar a los «semi­tas» y decir toda cla­se de mor­da­ci­da­des a los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas, Nóvoie Vre­mia decla­ra­ba, sin embar­go, en su núme­ro 13563:

«Lo que cons­ti­tu­ye para los social­de­mó­cra­tas un axio­ma de sabi­du­ría polí­ti­ca» (es decir, el reco­no­ci­mien­to del dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción, a la sepa­ra­ción), «empie­za en nues­tros días a pro­vo­car diver­gen­cias inclu­so entre los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas».

Los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas adop­ta­ron una posi­ción de prin­ci­pios abso­lu­ta­men­te idén­ti­ca a la de Nóvoie Vre­mia, decla­ran­do que «no habían pen­sa­do nun­ca en defen­der el dere­cho de sepa­ra­ción de las nacio­nes del Esta­do ruso». En esto con­sis­te una de las bases del nacio­nal-libe­ra­lis­mo de los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas, de su afi­ni­dad con los Purish­ké­vich, de su depen­den­cia de estos últi­mos en el terreno polí­ti­co-ideó­lo­gi­co y polí­ti­co-prác­ti­co. «Los seño­res demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas han estu­dia­do his­to­ria ‑decía Pro­le­társ­ka­ya Pravda‑, y saben muy bien a qué actos «pogro­moi­des», expre­sán­do­nos con sua­vi­dad, ha lle­va­do muchas veces en la prác­ti­ca la apli­ca­ción del tra­di­cio­nal dere­cho de los Purish­ké­vich a «aga­rrar y no dejar esca­par». Sabien­do per­fec­ta­men­te que la omni­po­ten­cia de los Purish­ké­vich tie­ne ori­gen y carác­ter feu­dal, los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas se colo­can, sin embar­go, por ente­ro en el terreno de las rela­cio­nes y fron­te­ras esta­ble­ci­das pre­ci­sa­men­te por esta cla­se. Sabien­do per­fec­ta­men­te cuán­tos ele­men­tos no euro­peos, anti­eu­ro­peos (asiá­ti­cos, diría­mos noso­tros, si esta pala­bra no pudie­ra sonar a inme­re­ci­do des­pre­cio para japo­ne­ses y chi­nos) hay en las rela­cio­nes y fron­te­ras crea­das o fija­das por esa cla­se, los seño­res demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas los con­si­de­ran lími­te del que no se pue­de pasar.

Esto es pre­ci­sa­men­te adap­ta­ción a los Purish­ké­vich, ser­vi­lis­mo ante ellos, mie­do de hacer vaci­lar su posi­ción, esto es defen­der­los con­tra el mivi­mien­to popu­lar, con­tra la demo­cra­cia. «Esto sig­ni­fi­ca en la prác­ti­ca ‑decía Pro­le­társ­ka­ya Prav­da- adap­tar­se a los intere­ses de los feu­da­les y a los peo­res pre­jui­cios nacio­na­lis­tas de la nación domi­nan­te en vez de luchar cons­tan­te­men­te con­tra esos pre­jui­cios».

Como per­so­nas cono­ce­do­ras de la his­to­ria y con pre­ten­sio­nes de demo­cra­cia, los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas ni siquie­ra inten­tan afir­mar que el movi­mien­to demo­crá­ti­co, que en nues­tros días es típi­co tan­to de Euro­pa Orien­tal como de Asia y que tien­de a trans­for­mar una y otra, de acuer­do con el mode­lo de los paí­ses civi­li­za­dos, capi­ta­lis­tas, que este movi­mien­to deba inde­fec­ti­ble­men­te dejar intac­tas las fron­te­ras fija­das en la épo­ca feu­dal, en la épo­ca de omni­po­ten­cia de los Purish­ké­vich y de la fal­ta de dere­chos de exten­sos sec­to­res de la bur­gue­sía y de la peque­ña bur­gue­sía.

La últi­ma con­fe­ren­cia del Par­ti­do Demó­cra­ta Cons­ti­tu­cio­na­lis­ta, cele­bra­da del 23 al 25 de mar­zo de 1914, ha demos­tra­do, por cier­to, que el pro­ble­ma plan­tea­do por la polé­mi­ca de Pro­le­társ­ka­ya Prav­da con Riech no era, en modo alguno, tan sólo un pro­ble­ma lite­ra­rio, sino que reves­tía la mayor actua­li­dad polí­ti­ca. En la rese­ña ofi­cial de Riech (núm. 83, del 26 de mar­zo de 1914) sobre esta con­fe­ren­cia lee­mos:

«Se tra­ta­ron tam­bién en for­ma espe­cial­men­te ani­ma­da los pro­ble­mas nacio­na­les. Los dipu­tados de Kíev, a los que se unie­ron N. V. Nekrá­sov y A. M. Koliu­ba­kin, indi­ca­ron que el pro­ble­ma nacio­nal es un fac­tor impor­tan­te que está madu­ran­do y que es impres­cin­di­ble afron­tar con más ener­gía que has­ta aho­ra. F. F. Kokosh­kin indi­có, sin embar­go» (éste es el «sin embar­go» que corres­pon­de al «pero» de Sche­drín: «de pun­ti­llas no se es más alto, no, no se es más alto»), «que tan­to el pro­gra­ma como la ante­rior expe­rien­cia polí­ti­ca exi­gen que se pro­ce­da con la mayor pru­den­cia en lo que se refie­re a las «fór­mu­las elás­ti­cas» «de la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca de las nacio­nes»».

Este razo­na­mien­to de la con­fe­ren­cia demó­cra­ta cons­ti­tu­cio­na­lis­ta, de todo pun­to nota­ble, mere­ce la mayor aten­ción de todos los mar­xis­tas y de todos los demó­cra­tas. (Haga­mos notar entre parén­te­sis que Kíevs­ka­ya Mysl, perió­di­co, por lo vis­to, ente­ra­dí­si­mo y, sin duda, fiel trans­mi­sor de los pen­sa­mien­tos del señor Kokosh­kin, aña­día que este señor, cla­ro que como adver­ten­cia a sus con­trin­can­tes, adu­cía de un modo espe­cial el argu­men­to del peli­gro de la «dis­gre­ga­ción» del Esta­do).

La rese­ña ofi­cial de Riech está redac­ta­da con maes­tría diplo­má­ti­ca, para levan­tar lo menos posi­ble el telón y disi­mu­lar lo más posi­ble. Pero, de todos modos, que­da cla­ro, en sus ras­gos fun­da­men­ta­les, lo que ocu­rrió en la con­fe­ren­cia de los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas. Los dele­ga­dos bur­gue­ses libe­ra­les, que cono­cían la situa­ción en Ucra­nia, y los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas «de izquier­da» plan­tea­ron pre­ci­sa­men­te la cues­tión de la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca de las nacio­nes. De lo con­tra­rio, el señor Kokosh­kin no habría teni­do por qué acon­se­jar que se pro­ce­die­ra «con pru­den­cia» en lo que se refie­re a esta «fór­mu­la».

En el pro­gra­ma de los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas que, natu­ral­men­te, cono­cían los dele­ga­dos de la con­fe­ren­cia demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­ta, figu­ra pre­ci­sa­men­te la auto­de­ter­mi­na­ción «cul­tu­ral», y no la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca. Por tan­to, el señor Kokosh­kin defen­día el pro­gra­ma con­tra los dele­ga­dos de Ucra­nia, con­tra los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas de izquier­da, defen­día la auto­de­ter­mi­na­ción «cul­tu­ral» con­tra la «polí­ti­ca». Es de todo pun­to evi­den­te que, al alzar­se con­tra la auto­de­ter­mi­na­ción «polí­ti­ca», al esgri­mir la ame­na­za de la «dis­gre­ga­ción del Esta­do», dicien­do que la fór­mu­la de la «auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca» es «elás­ti­ca» (¡com­ple­ta­men­te a tono con Rosa Luxem­bur­go!), el señor Kokosh­kin defen­día el nacio­nal-libe­ra­lis­mo ruso con­tra ele­men­tos más «izquier­dis­tas» o más demó­cra­ti­cos del Par­ti­do Demó­cra­ta Cons­ti­tu­cio­na­lis­ta y con­tra la bur­gue­sía ucra­nia.

El señor Kokosh­kin ven­ció en la con­fe­ren­cia demó­cra­ta cons­ti­tu­cio­na­lis­ta, como pue­de ver­se por la trai­do­ra pala­bre­ja «sin embar­go» en la rese­ña de Riech. El nacio­nal-libe­ra­lis­mo ruso triun­fó entre los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas. ¿No con­tri­bui­rá esta vic­to­ria a que se acla­ren las men­tes de los ele­men­tos poco razo­na­bles que, entre los mar­xis­tas de Rusia, han comen­za­do tam­bién a temer, tras los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas, «las fór­mu­las elás­ti­cas de la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca de las nacio­nes»?

Vea­mos, «sin embar­go», cuál es, en el fon­do, el cur­so que siguen los pen­sa­mien­tos del señor Kokosh­kin. Invo­can­do la «ante­rior expe­rien­cia polí­ti­ca» (es decir, evi­den­te­men­te, la expe­rien­cia de 1905, en que la bur­gue­sía rusa se asus­tó, temien­do por sus pri­vi­le­gios nacio­na­les, y con­ta­gió su mie­do al Par­ti­do Demó­cra­ta Cons­ti­tu­cio­na­lis­ta), hablan­do de la ame­na­za de «dis­gre­ga­ción del Esta­do», el señor Kokosh­kin ha demos­tra­do com­pren­der per­fec­ta­men­te que la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca no pue­de sig­ni­fi­car otra cosa que el dere­cho a la sepa­ra­ción y a la for­ma­ción de un Esta­do nacio­nal inde­pen­dien­te. Se pre­gun­ta. ¿cómo hay que con­cep­tuar estos temo­res del señor Kokosh­kin, des­de el pun­to de vis­ta de la demo­cra­cia, en gene­ral, así como des­de el pun­to de vis­ta de la lucha de cla­se pro­le­ta­ria, en par­ti­cu­lar?

El señor Kokosh­kin quie­re con­ven­cer­nos de que el reco­no­ci­mien­to del dere­cho a la sepa­ra­ción aumen­ta el peli­gro de «dis­gre­ga­ción del Esta­do». Este es el pun­to de vis­ta del poli­zon­te Mym­retsov con su lema de «aga­rrar y no dejar esca­par». Des­de el pun­to de vis­ta de la demo­cra­cia en gene­ral, es pre­ci­sa­men­te al con­tra­rio: el reco­no­ci­mien­to del dere­cho a la sepa­ra­ción redu­ce el peli­gro de «dis­gre­ga­ción del Esta­do».

El señor Kokosh­kin razo­na abso­lu­ta­men­te en el espí­ri­tu de los nacio­na­lis­tas. En su últi­mo con­gre­so ata­ca­ron furio­sa­men­te a los ucra­nios «maze­pis­tas». El movi­mien­to ucra­nio ‑excla­ma­ban el señor Sáven­ko y Cía.- ame­na­za con debi­li­tar los lazos que unen a Ucra­nia con Rusia, ¡¡por­que Aus­tria, con la ucra­nio­fi­lia, estre­cha los lazos de los ucra­nios con Aus­tria!! Lo que no se com­pren­día era por qué no pue­de Rusia inten­tar «estre­char» los lazos de los ucra­nios con Rusia por el mis­mo méto­do que los seño­res Sáven­ko echan en cara a Aus­tria, es decir, con­ce­dien­do a los ucra­nios el libre uso de su len­gua mater­na, la auto­de­ter­mi­na­ción admi­nis­tra­ti­va, una Die­ta autó­no­ma, etc.

Los razo­na­mien­tos de los seño­res Sáven­ko y de los seño­res Kokosh­kin son abso­lu­ta­men­te del mis­mo géne­ro e igual­men­te ridícu­los y absur­dos, des­de un pun­to de vis­ta pura­men­te lógi­co. ¿No está cla­ro que, cuan­to mayor sea la liber­tad de que goce la nación ucra­nia en uno u otro país, tan­to más estre­cha será la liga­zón de esa nación con el país de que se tra­te? Pare­ce que no se pue­de dis­cu­tir con­tra esta ver­dad ele­men­tal de no rom­per resuel­ta­men­te con todos los pos­tu­la­dos de la demo­cra­cia. ¿Y pue­de haber, para una nación como tal, mayor liber­tad que la de sepa­ra­ción, la liber­tad de for­mar un Esta­do nacio­nal inde­pen­dien­te?

Para que esta cues­tión, embro­lla­da por los libe­ra­les (y por quie­nes, sin com­pren­der, les hacen coro), que­de más cla­ra aún, pon­dre­mos el más sen­ci­llo de los ejem­plos: Tome­mos el divor­cio. Rosa Luxem­bur­go dice en su artícu­lo que un Esta­do demo­crá­ti­co cen­tra­li­za­do, al tran­si­gir por com­ple­to con la auto­no­mía de diver­sas de sus par­tes, debe dejar a la juris­dic­ción del Par­la­men­to cen­tral todas las esfe­ras legis­la­ti­vas de mayor impor­tan­cia, y entre ellas, la del divor­cio. Es pre­fec­ta­men­te com­pren­si­ble esta preo­cu­pa­ción por que el poder cen­tral del Esta­do demo­crá­ti­co ase­gu­re la liber­tad de divor­cio. Los reac­cio­na­rios están en con­tra de la liber­tad de divor­cio, acon­se­jan que se pro­ce­da «con pru­den­cia» en lo rela­ti­vo a dicha liber­tad y gri­tan que eso sig­ni­fi­ca la «dis­gre­ga­ción de la fami­lia». Pero la demo­cra­cia con­si­de­ra que los reac­cio­na­rios son unos hipó­cri­tas, pues, en reali­dad, defien­den la omni­po­ten­cia de la poli­cía y de la buro­cra­cia, los pri­vi­le­gios de un sexo y la peor opre­sión de la mujer; con­si­de­ra que, en reali­dad, la liber­tad de divor­cio no sig­ni­fi­ca la «dis­gre­ga­ción» de los víncu­los fami­lia­res, sino, por el con­tra­rio, su for­ta­le­ci­mien­to sobre los úni­cos cimien­tos demo­crá­ti­cos que son posi­bles y esta­bles en una socie­dad civi­li­za­da.

Acu­sar a los par­ti­da­rios de la liber­tad de auto­de­ter­mi­na­ción, es decir, de la liber­tad de sepa­ra­ción, de que fomen­tan el sepa­ra­tis­mo es tan necio e hipó­cri­ta como acu­sar a los par­ti­da­rios de la liber­tad de divor­cio de que fomen­tan el des­mo­ro­na­mien­to de los víncu­los fami­lia­res. Del mis­mo modo que en la socie­dad bur­gue­sa impug­nan la liber­tad de divor­cio los defen­so­res de los pri­vi­le­gios y de la vena­li­dad, en los que se fun­da el matri­mo­nio bur­gués, negar en el Esta­do capi­ta­lis­ta la liber­tad de auto­de­ter­mi­na­ción, es decir, de sepa­ra­ción de las nacio­nes no sig­ni­fi­ca otra cosa que defen­der los pri­vi­le­gios de la nación domi­nan­te y los pro­ce­di­mien­tos poli­cía­cos de admi­nis­tra­ción en detri­men­to de los demo­crá­ti­cos.

No cabe duda de que la poli­ti­que­ría engen­dra­da por todas las rela­cio­nes de la socie­dad capi­ta­lis­ta da a veces lugar a char­la­ta­ne­ría en extre­mo frí­vo­la y has­ta sen­ci­lla­men­te absur­da de par­la­men­ta­rios o publi­cis­tas sobre la sepa­ra­ción de tal o cual nación. Pero sólo los reac­cio­na­rios pue­den dejar­se asus­tar (o fin­gir que se asus­tan) por seme­jan­te char­la­ta­ne­ría. Quien sus­ten­te el pun­to de vis­ta de la demo­cra­cia, es decir, de la solu­ción de los pro­ble­mas esta­ta­les por la masa de la pobla­ción, sabe pre­fec­ta­men­te que hay «un gran tre­cho» entre la char­la­ta­ne­ría de los poli­ti­cas­tros y la deci­sión de las masas. La masas de la pobla­ción saben per­fec­ta­men­te, por la expe­rien­cia coti­dia­na, lo que sig­ni­fi­can los lazos gegrá­fi­cos y eco­nó­mi­cos, las ven­ta­jas de un gran mer­ca­do y de un gran Esta­do y sólo se deci­di­rán a la sepa­ra­ción cuan­do la opre­sión nacio­nal y los roces nacio­na­les hagan la vida en común abso­lu­ta­men­te inso­por­ta­ble, fre­nan­do las rela­cio­nes eco­nó­mi­cas de todo géne­ro. Y en este caso, los inte­tre­ses del desa­rro­llo capi­ta­lis­ta y de la liber­tad de lucha de cla­se esta­rán pre­ci­sa­men­te del lado de quie­nes se sepa­ren.

Así pues, se abor­den los razo­na­mien­tos del señor Kokosh­kin del lado que se quie­ra, resul­tan el col­mo del absur­do y del escar­nio a los prin­ci­pios de la demo­cra­cia. Pero en estos razo­na­mien­tos hay cier­ta lógi­ca: la lógi­ca de los intere­ses de cla­se de la bur­gue­sía rusa. El señor Kokosh­kin, como la mayo­ría del Par­ti­do Demó­cra­ta Cons­ti­tu­cio­na­lis­ta, es laca­yo de la bol­sa de oro de esa bur­gue­sía. Defien­de sus pri­vi­le­gios en gene­ral, sus pri­vi­le­gios esta­ta­les en par­ti­cu­lar, los defien­de con Purish­ké­vich, al lado de éste, con la úni­ca dife­ren­cia de que Purish­ké­vich tie­ne más fe en el garro­te feu­dal, mien­tras que Kokosh­kin y Cia. ven que el garro­te resul­tó muy que­bran­ta­do en le año 1905 y con­fían más en los pro­ce­di­mien­tos bur­gue­ses de embau­ca­mien­to de las masas, por ejem­plo, en asus­tar a los peque­ños bur­gue­ses y a los cam­pe­si­nos con el fan­tas­ma de la «dis­gre­ga­ción del Esta­do», de enga­ñar­les con fra­ses sobre la unión de «la liber­tad popu­lar» con los pila­res his­tó­ri­cos, etc.

La sig­ni­fi­ca­ción real de cla­se de la hos­ti­li­dad libe­ral al prin­ci­pio de auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca de las nacio­nes es una, y sólo una: nacio­nal-libe­ra­lis­mo, sal­va­guar­dia de los pri­vi­le­gios esta­ta­les de la bur­gue­sía rusa. Y todos estos opor­tu­nis­tas que hay entre los mar­xis­tas de Rusia, que pre­ci­sa­men­te aho­ra, en la épo­ca del sis­te­ma del 3 de junio, han arre­me­ti­do con­tra el dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción: el liqui­da­dor Sem­kovs­ki, el bun­dis­ta Lib­man, el peque­ño­bur­gués ucra­nio Yur­ké­vich, en reali­dad van sen­ci­lla­men­te a la zaga del nacio­nal-libe­ra­lis­mo, corrom­pen a la cla­se obre­ra con las ideas nacio­nal-libe­ra­les.

Los intere­ses de la cla­se obre­ra y de su lucha con­tra el capi­ta­lis­mo exi­gen una com­ple­ta soli­da­ri­dad y la más estre­cha unión de los obre­ros de todas las nacio­nes, exi­gen que se recha­ce la polí­ti­ca nacio­na­lis­ta de la bur­gue­sía de cual­quier nación. Por ello sería apar­tar­se de las tareas de la polí­ti­ca pro­le­ta­ria y some­ter a los obre­ros a la polí­ti­ca de la bur­gue­sía, tan­to el que los social­de­mó­cra­tas se pusie­ran a negar el dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción, es decir, el dere­cho de las nacio­nes opri­mi­das a sepa­rar­se, como el que se pusie­ran a apo­yar todas las rei­vin­di­ca­cio­nes nacio­na­les de la bur­gue­sía de las nacio­nes opri­mi­das. Al obre­ro asa­la­ria­do tan­to le da que su prin­ci­pal explo­ta­dor sea la bur­gue­sía rusa más que la aló­ge­na, como la bur­gue­sía pola­ca más que la hebrea, etc. Al obre­ro asa­la­ria­do que haya adqui­ri­do con­cien­cia de los intere­ses de su cla­se le son indi­fe­ren­tes tan­to los pri­vi­le­gios esta­ta­les de los capi­ta­lis­tas rusos como las pro­me­sas de los capi­ta­lis­tas pola­cos o ucra­nios de ins­tau­rar el paraí­so en la tie­rra cuan­do ellos gocen de pri­vi­le­gios esta­ta­les. El desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo pro­si­gue y pro­se­gui­rá, de uno u otro modo, tan­to en un Esta­do hete­ro­gé­neo uni­do como en Esta­dos nacio­na­les sepa­ra­dos.

En todo caso, el obre­ro asa­la­ria­do segui­rá sien­do obje­to de explo­ta­ción, y para luchar con éxi­to con­tra ella se exi­ge que el pro­le­ta­ria­do sea inde­pen­dien­te del nacio­na­lis­mo, que los pro­le­ta­rios man­ten­gan una posi­ción de com­ple­ta neu­tra­li­dad, por así decir, en la lucha de la bur­gue­sía de la diver­sas nacio­nes por la supre­ma­cía. En cuan­to el pro­le­ta­ria­do de una nación cual­quie­ra apo­ye en lo más míni­mo los pri­vi­le­gios de «su» bur­gue­sía nacio­nal, este apo­yo pro­vo­ca­rá inevi­ta­ble­men­te la des­con­fian­za del pro­le­ta­ria­do de la otra nación, debi­li­ta­rá la soli­da­ri­dad inter­na­cio­nal de cla­se de los obre­ros, los des­uni­rá para rego­ci­jo de la bur­gue­sía. Y el negar el dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción, o a la sepa­ra­ción, sig­ni­fi­ca inde­fec­ti­ble­men­te, en la prác­ti­ca, apo­yar los pri­vi­le­gios de la nación domi­nan­te.

Nos con­ven­ce­re­mos de ello con mayor evi­den­cia aún si toma­mos el ejem­plo con­cre­to de la sepa­ra­ción de Norue­ga de Sue­cia.

6. LA SEPARACIÓN DE NORUEGA DE SUECIA

Rosa Luxem­bur­go toma pre­ci­sa­men­te este ejem­plo y razo­na sobre él del modo siguien­te:

«El últi­mo acon­te­ci­mien­to que se ha pro­du­ci­do en la his­to­ria de las rela­cio­nes fede­ra­ti­vas, la sepa­ra­ción de Norue­ga de Sue­cia ‑que en su tiem­po se apre­su­ró a comen­tar social patrio­te­ra pola­ca (véa­se Naprzód de Cra­co­via) como una recon­for­tan­te mani­fes­ta­ción de la fuer­za y del carác­ter pro­gre­si­vo de las aspi­ra­cio­nes a la sepa­ra­ción estatal‑, se ha con­ver­ti­do inme­dia­ta­men­te en prue­ba ful­mi­nan­te de que el fede­ra­lis­mo y la sepa­ra­ción esta­tal que de él resul­ta en modo alguno son expre­sión de pro­gre­so ni demo­cra­cia. Des­pués de la lla­ma­da «revo­lu­ción» norue­ga, que con­sis­tió en des­tro­nar y hacer de salir de Norue­ga al rey de Sue­cia, los norue­gos eli­gie­ron tran­qui­la­men­te otro rey, tras de haber recha­za­do for­mal­men­te, por ple­bis­ci­to popu­lar, el pro­yec­to de ins­tau­ra­ción de la Repú­bli­ca. Lo que los ado­ra­do­res super­fi­cia­les de toda cla­se de movi­mien­tos nacio­na­les y de todo lo que se ase­me­ja a inde­pen­den­cia pro­cla­ma­ron como «revo­lu­ción» era una sim­ple mani­fes­ta­ción del par­ti­cu­la­ris­mo cam­pe­sino y peque­ño­bur­gués, un deseo de tener por su dine­ro un rey «pro­pio», en lugar del rey impues­to por la aris­to­cra­cia sue­ca; era, por tan­to, un movi­mien­to que no tenía abso­lu­ta­men­te nada de común con el espí­ri­tu revo­lu­cio­na­rio. Al mis­mo tiem­po, esta his­to­ria de la rup­tu­ra de la unión sue­co-norue­ga ha vuel­to a demos­trar has­ta qué pun­to, tam­bién en este caso, la fede­ra­ción que había exisi­ti­do has­ta aquel momen­to no era sino la expre­sión de intere­ses pura­men­te dinás­ti­cos y, por tan­to, una for­ma de monar­quis­mo y de reac­ción». (Prze­glad).

¡¡Esto es lite­ral­men­te todo lo que dice Rosa Luxem­bur­go sobre este pun­to!! Y pre­ci­so es reco­no­cer que será difí­cil poner de mani­fies­to la impo­ten­cia de su posi­ción con más relie­ve que lo ha hecho Rosa Luxem­bur­go en el ejem­plo adu­ci­do.

La cues­tión con­sis­tía y con­sis­te en si la social­de­mo­cra­cia nece­si­ta, en un Esta­do de com­po­si­ción nacio­nal hete­ro­gé­nea, un pro­gra­ma que reco­noz­ca el dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción o a la sepa­ra­ción.

¿Qué nos dice sobre esto el ejem­plo de Norue­ga, esco­gi­do por la mis­ma Rosa Luxem­bur­go?

Nues­tra auto­ra da rodeos y hace esguin­ces, iro­ni­za y cla­ma con­tra Naprzód, ¡¡pero no res­pon­de a la cues­tión!! Rosa Luxem­bur­go habla de lo que se quie­ra, ¡¡con tal de no decir ni una pala­bra del fon­do de la cues­tión!!

Es indu­da­ble que los peque­ños bur­gue­ses de Norue­ga, que han que­ri­do tener rey pro­pio por su dine­ro y han hecho fra­ca­sar en ple­bis­ci­to popu­lar el pro­yec­to de ins­tau­ra­ción de la Repú­bli­ca, han pues­to de mani­fies­to cua­li­da­des peque­ño­bur­gue­sas bas­tan­te malas. Es indu­da­ble que si Naprzód no lo ha nota­do, ha mos­tra­do cua­li­da­des igual­men­te malas e igual­men­te peque­ño­bur­gue­sas.

Pero ¿a qué vie­ne todo esto?

¡Por­que de lo que se tra­ta­ba era del dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción y de la acti­tud del pro­le­ta­ria­do socia­lis­ta ante ese dere­cho! ¿Por qué, pues, Rosa Luxem­bur­go no res­pon­de a la cues­tión, sino que da vuel­tas y más vuel­tas en torno a ella?

Dicen que para el ratón no hay fie­ra más temi­ble que el gato. Para Rosa Luxem­bur­go, por lo vis­to, no hay fie­ra más temi­ble que los «fra­quis­tas». «Fra­quis­ta» es el nom­bre que se da en len­gua­je popu­lar al Par­ti­do Socia­lis­ta Pola­co, a la lla­ma­da frac­ción revo­lu­cio­na­ria, y el perio­di­qui­llo de Cra­co­via Naprzód com­par­te las ideas de esta «frac­ción». La lucha de Rosa Luxem­bur­go con­tra el nacio­na­lis­mo de esa «frac­ción» ha cega­do has­ta tal pun­to a nues­tra auto­ra, que todo des­apa­re­ce de su hori­zon­te a excep­ción de Naprzód.

Si Naprzód dice: «sí», Rosa Luxem­bur­go se con­si­de­ra en el segra­do deber de pro­cla­mar inme­dia­ta­men­te: «no», sin pen­sar en lo más míni­mo que, con seme­jan­te pro­ce­di­mien­to, lo que demues­tra no es su inde­pen­den­cia de Naprzód, sino pre­ci­sa­men­te todo lo con­tra­rio, su diver­ti­da depen­den­cia de los «fra­quis­tas», su inca­pa­ci­dad de ver las cosas des­de un pun­to de vis­to algo más amplio y pro­fun­do que el del hor­mi­gue­ro de Cra­co­via. Naprzód, des­de lue­go, es un órgano muy malo y no es en abso­lu­to un órgano mar­xis­ta, pero eso no debe impe­dir­nos ana­li­zar a fon­do el ejem­plo de Norue­ga, toda vez que lo hemos adu­ci­do.

Para ana­li­zar este ejem­plo a lo mar­xis­ta, no debe­mos parar­nos en las malas cua­li­da­des de los muy temi­bles «fra­quis­tas», sino, pri­me­ro, en las par­ti­cu­la­ri­da­des his­tó­ri­cas con­cre­tas de la sepa­ra­ción de Norue­ga de Sue­cia, y, segun­do, ver cuá­les fue­ron las tareas del pro­le­ta­ria­do de ambos paí­ses duran­te esta sepa­ra­ción

Norue­ga está liga­da a Sue­cia por lazos geo­grá­fi­cos, eco­nó­mi­cos y lin­güís­ti­cos no menos estre­chos que los lazos que unen a muchas nacio­nes esla­vas no rusas a los rusos. Pero la unión de Norue­ga a Sue­cia no era volun­ta­ria, de modo que Rosa Luxem­bur­go habla de «fede­ra­ción» com­ple­ta­men­te en vano, sen­ci­lla­men­te por­que no sabe qué decir. Norue­ga fue entre­ga­da a Sue­cia por los monar­cas duran­te las gue­rras napo­leó­ni­cas, con­tra la volun­tad de los norue­gos, y los sue­cos hubie­ron de lle­var a Norue­ga tro­pas para some­ter­la.

Des­pués de eso hubo duran­te lar­gos dece­nios, a pesar de la auto­no­mía de extra­or­di­na­ria ampli­tud de que goza­ba Norue­ga (Die­ta pro­pia, etc.), cons­tan­tes roces entre Norue­ga y Sue­cia, y los norue­gos pro­cu­ra­ron con todas las fuer­zas sacu­dir­se el yugo de la aris­to­cra­cia sue­ca. En agos­to de 1905 se lo sacu­die­ron por fin: la Die­ta norue­ga deci­dió que el rey de Sue­cia deja­ra de ser rey de Norue­ga, y el refe­rén­dum del pue­blo norue­go, cele­bra­do más tar­de, dio una aplas­tan­te mayo­ría de votos (cer­ca de dos­cien­tos mil, con­tra algu­nos cen­te­na­res) a favor de la com­ple­ta sepa­ra­ción de Sue­cia. Los sue­cos, des­pués de algu­nas vaci­la­cio­nes, se resig­na­ron con la sepa­ra­ción.

Este ejem­plo nos mues­tra en qué terre­nos son posi­bles y se pro­du­cen casos de sepa­ra­ción de nacio­nes, man­te­nién­do­se las rela­cio­nes eco­nó­mi­cas y polí­ti­cas con­tem­po­rá­neas, y qué for­ma toma a veces la sepa­ra­ción en un ambien­te de liber­tad polí­ti­ca y demo­cra­cia.

Ni un solo social­de­mó­cra­ta, si no se deci­de a decla­rar que le son indi­fe­ren­tes la liber­tad polí­ti­ca y la demo­cra­cia (y en tal caso, natu­ral­men­te, deja­ría de ser social­de­mó­cra­ta), podrá negar que este ejem­plo demues­tra de hecho que los obre­ros cons­cien­tes tie­nen la obli­ga­ción de desa­rro­llar una labor cons­tan­te de pro­pa­gan­da y pre­pa­ra­ción a fin de que los posi­bles cho­ques moti­va­dos por la sepa­ra­ción de nacio­nes se ven­ti­len sólo como se ven­ti­la­ron en 1905 entre Norue­ga y Sue­cia y no «al modo ruso». Esto es pre­ci­sa­men­te lo que expre­sa la rei­vin­di­ca­ción pro­gra­má­ti­ca de reco­no­cer el dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción. Y Rosa Luxem­bur­go, ante un hecho des­agra­da­ble para su teo­ría, ha teni­do que escu­dar­se con temi­bles invec­ti­vas a la men­ta­li­dad de los peque­ños bur­gue­ses norue­gos y al Naprzód de Cra­co­via, por­que com­pren­día per­fec­ta­men­te has­ta qué pun­to des­mien­te de un modo irre­vo­ca­ble ese hecho his­tó­ri­co sus fra­ses, según las cua­les el dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes es una «uto­pía», equi­va­le al dere­cho «a comer en pla­to de oro», etc. Seme­jan­tes fra­ses sólo expre­san una fe opor­tu­nis­ta de lamen­ta­ble pre­sun­ción en la inmu­ta­bi­li­dad de la corre­la­ción de fuer­zas dada entre las nacio­nes de Euro­pa Orien­tal.

Pro­si­ga­mos. En el pro­ble­ma de la auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes, lo mis­mo que en cual­quier otro, nos intere­sa, ante todo y sobre todo, la auto­de­ter­mi­na­ción del pro­le­ta­ria­do en el seno de las nacio­nes. Rosa Luxem­bur­go ha deja­do modes­ta­men­te a un lado tam­bién este pro­ble­ma, com­pren­dien­do cuán des­agra­da­ble resul­ta para su «teo­ría» exa­mi­nar­lo en el adu­ci­do ejem­plo de Norue­ga.

¿Cuál fue y debió ser la posi­ción del pro­le­ta­ria­do norue­go y sue­co en el con­flic­to moti­va­do por la sepa­ra­ción? Los obre­ros cons­cien­tes de Norue­ga, des­de lue­go, hubie­ran vota­do des­pués de la sepa­ra­ción por la Repú­bli­ca[2], y si hubo socia­lis­tas que vota­ron de otro modo, eso no demues­tra sino que hay a veces mucho opor­tu­nis­mo obtu­so, peque­ño­bur­gués, en el socia­lis­mo euro­peo. Sobre esto no pue­de haber dos cri­te­rios, y sólo nos refe­ri­mos a este pun­to por­que Rosa Luxem­bur­go inten­ta velar el fon­do de la cues­tión con dis­qui­si­cio­nes que no vie­nen al caso. No sabe­mos si, en lo que se refie­re a la sepa­ra­ción, el pro­gra­ma socia­lis­ta norue­go obli­ga­ba a los social­de­mó­cra­tas norue­gos a ate­ner­se a un cri­te­rio deter­mi­na­do. Supon­ga­mos que no, que los socia­lis­tas norue­gos deja­ron en sus­pen­so la cues­tión de has­ta qué pun­to era sufi­cien­te para la libre lucha de cla­se la auto­no­mía de Norue­ga y has­ta qué pun­to fre­na­ban la liber­tad de su vida eco­nó­mi­ca los eter­nos roces y con­flic­tos con la aris­to­cra­cia sue­ca. Pero es indis­cu­ti­ble que el pro­le­ta­ria­do norue­go debía haber ido con­tra esa aris­to­cra­cia, por una demo­cra­cia cam­pe­si­na norue­ga (aun con toda la estre­chez de miras peque­ño­bur­gue­sas de esta últi­ma).

¿Y el pro­le­ta­ria­do sue­co? Sabi­do es que los terra­te­nien­tes sue­cos, apo­ya­dos por el cle­ro sue­co, pre­di­ca­ban la gue­rra con­tra Norue­ga; y como Norue­ga es mucho más débil que Sue­cia, como ya había sufri­do una inva­sión sue­ca, como la aris­to­cra­cia sue­ca tie­ne un peso muy con­si­de­ra­ble en su país, esta pré­di­ca era una ame­na­za muy seria. Pue­de ase­gu­rar­se que los Kokosh­kin sue­cos corrom­pie­ron lar­ga y empe­ña­da­men­te a las masas sue­cas, exhor­tán­do­las a «pro­ce­der con pru­den­cia» en lo refe­ren­te a las «fór­mu­las elás­ti­cas de la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca de las nacio­nes», pin­tán­do­les los peli­gros de «dis­gre­ga­ción del Esta­do» y ase­gu­rán­do­les que la «liber­tad popu­lar» es com­pa­ti­ble con los prin­ci­pios de la aris­to­cra­cia sue­ca. No cabe la menor duda de que la social­de­mo­cra­cia sue­ca habría hecho trai­ción a la cau­sa del socia­lis­mo y a la cau­sa de la demo­cra­cia si no hubie­ra lucha­do con todas sus fuer­zas con­tra la ideo­lo­gía y con­tra la polí­ti­ca tan­to de los terra­te­nien­tes como de los Kokosh­kin, si no hubie­ra pro­pug­na­do, ade­más de la igual­dad de las nacio­nes en gene­ral (igual­dad que tam­bién reco­no­cen los Kokosh­kin), el dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción, la liber­tad de sepa­ra­ción de Norue­ga.

La estre­cha unión de los obre­ros norue­gos y sue­cos y su ple­na soli­da­ri­dad de cama­ra­das de cla­se gana­ban, al reco­no­cer de este modo los obre­ros sue­cos el dere­cho de los norue­gos a la sepa­ra­ción. Por­que los obre­ros norue­gos se con­ven­cían de que los obre­ros sue­cos no esta­ban con­ta­gia­dos de nacio­na­lis­mo sue­co, de que la fra­ter­ni­dad con los pro­le­ta­rios norue­gos esta­ba, para ellos, por enci­ma de los pri­vi­le­gios de la bur­gue­sía y de la aris­to­cra­cia sue­cas. La rup­tu­ra de los lazos impues­tos a Norue­ga por los monar­cas euro­peos y los aris­tó­cra­tas sue­cos for­ta­le­ció los lazos entre los obre­ros norue­gos y sue­cos. Los obre­ros sue­cos han demos­tra­do que, a tra­vés de todas las vici­si­tu­des de la polí­ti­ca bur­gue­sa -¡bajo las rela­cio­nes bur­gue­sas es per­fec­ta­men­te posi­ble que renaz­ca la sumi­sión de los norue­gos a los sue­cos por la fuer­za!-, sabrán man­te­ner y defen­der la com­ple­ta igual­dad de dere­chos y la soli­da­ri­dad de cla­se de los obre­ros de ambas nacio­nes en la lucha tan­to con­tra la bur­gue­sía sue­ca como con­tra la norue­ga.

De ahí se infie­re, entre otras cosas, cuán infun­da­das e inclu­so sen­ci­lla­men­te poco serias son las ten­ta­ti­vas que a veces hacen los «faquis­tas» de «apro­ve­char» nues­tras diver­gen­cias con Rosa Luxem­bur­go en con­tra de la social­de­mo­cra­cia pola­ca. Los «fra­quis­tas» no cons­ti­tu­yen un par­ti­do pro­le­ta­rio, socia­lis­ta, sino un par­ti­do nacio­na­lis­ta peque­ño­bur­gués, una espe­cie de social­re­vo­lu­cio­na­rios pola­cos. Nun­ca se ha habla­do ni pudo hablar­se de nin­gu­na uni­dad de los social­de­mó­cra­tas de Rusia con este par­ti­do. En cam­bio, ni un solo social­de­mó­cra­ta de Rusia «se ha arre­pen­ti­do» nun­ca de acer­car­se y unir­se a los social­de­mó­cra­tas pola­cos. A la social­de­mo­cra­cia pola­ca le corres­pon­de el gran méri­to his­tó­ri­co de haber crea­do por pri­me­ra vez en Polo­nia un par­ti­do mar­xis­ta de ver­dad, pro­le­ta­rio de ver­dad, en una Polo­nia impreg­na­da has­ta la médu­la de aspi­ra­cio­nes y apa­sio­na­mien­tos nacio­na­lis­tas. Pero este méri­to de los social­de­mó­cra­tas pola­cos es un gran méri­to no por­que Rosa Luxem­bur­go haya dicho toda cla­se de absur­dos con­tra el apar­ta­do 9 del pro­gra­ma mar­xis­ta de Rusia, sino a pesar de esa lamen­ta­ble cir­cuns­tan­cia.

Para los social­de­mó­cra­tas pola­cos, natu­ral­men­te, el «dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción» no tie­ne una impor­tan­cia tan gran­de como para los rusos. Es per­fec­ta­men­te com­pren­si­ble que la lucha con­tra la peque­ña bur­gue­sía de Polo­nia, cega­da por el nacio­na­lis­mo, haya obli­ga­do a los social­de­mó­cra­tas pola­cos a «for­zar la nota» con par­ti­cu­lar empe­ño (a veces qui­zá un poco exa­ge­ra­do). Ni un solo mar­xis­ta de Rusia ha pen­sa­do nun­ca en acu­sar a los social­de­mó­cra­tas pola­cos de estar en con­tra de la sepa­ra­ción de Polo­nia. Estos social­de­mó­cra­tas se equi­vo­can sólo cuan­do, a seme­jan­za de Rosa Luxem­bur­go, inten­tan negar la nece­si­dad de que en el pro­gra­ma de los mar­xis­tas de Rusia se reco­noz­ca el dere­choa a la auto­de­ter­mi­na­ción.

En el fon­do, eso sig­ni­fi­ca tras­la­dar rela­cio­nes, com­pren­si­bles des­de el pun­to de vis­ta del hori­zon­te de Cra­co­via, a la esca­la de todos los pue­blos y nacio­nes de Rusia, inclui­dos los rusos. Eso sig­ni­fi­ca ser «nacio­na­lis­tas pola­cos al revés», y no social­de­mó­cra­tas de Rusia, inter­na­cio­na­lis­tas.

Por­que la social­de­mo­cra­cia inter­na­cio­nal está pre­ci­sa­men­te en pro de reco­no­cer el dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción. De lo cual pasa­mos a ocu­par­nos.

7. EL ACUERDO DEL CONGRESO INTERNACIONAL DE LONDRES CELEBRADO EN 1896

El acuer­do dice:

«El con­gre­so decla­ra que está a favor del dere­cho com­ple­to a la auto­de­ter­mi­na­ción (Selbst­bes­tim­mungs­recht) de todas las nacio­nes y expre­sa sus sim­pa­tías a los obre­ros de todo país que sufra actual­men­te bajo el yugo de un abso­lu­tis­mo mili­tar, nacio­nal o de otro géne­ro; el con­gre­so exhor­ta a los obre­ros de todos estos paí­ses a ingre­sar en las filas de los obre­ros cons­cien­tes (Klas­sen­be­wuss­te= de los que tie­nen con­cien­cia de los intere­ses de su cla­se) de todo el mun­do, a fin de luchar al lado de ellos para ven­cer al capi­ta­lis­mo inter­na­cio­nal y alcan­zar los obje­ti­vos de la social­de­mo­cra­cia inter­na­cio­nal».

Como ya hemos seña­la­do, nues­tros opor­tu­nis­tas, los seño­res Sem­kovs­ki, Lib­man y Yur­ké­vich, des­co­no­cen sen­ci­lla­men­te este acuer­do. Pero Rosa Luxem­bur­go lo cono­ce y cita su tex­to ínte­gro, en el que figu­ra la mis­ma expre­sión que en nues­tro pro­gra­ma: «auto­de­ter­mi­na­ción».

Cabe pre­gun­tar: ¿cómo eli­mi­na Rosa Luxem­bur­go este obs­tácu­lo del camino de su «ori­gi­nal» teo­ría?

¡Oh, muy sen­ci­llo!: …el cen­tro de gra­ve­dad está aquí en la segun­da par­te de la reso­lu­ción… su carác­ter decla­ra­ti­vo… ¡¡sólo por con­fu­sión pue­de ape­lar­se a ella!!

El des­am­pa­ro y la des­orien­ta­ción de nues­tra auto­ra son sen­ci­lla­men­te asom­bro­sos. Por lo gene­ral, los opor­tu­nis­tas son los úni­cos que alu­den al carác­ter decla­ra­ti­vo de los pun­tos con­se­cuen­te­men­te demo­crá­ti­cos y socia­lis­tas en los pro­gra­mas, rehu­yen­do cobar­de­men­te la polé­mi­ca fran­ca con­tra ellos. A lo que se ve, no sin moti­vo se ha encon­tra­do esta vez Rosa Luxem­bur­go en la tris­te com­pa­ñía de los seño­res Sem­kovs­ki, Lib­man y Yur­ké­vich. Rosa Luxem­bur­go no se atre­ve a con­fe­sar con sin­ce­ri­dad si esti­ma cer­te­ra o erró­nea la cita­da reso­lu­ción. Se zafa y se escon­de, como si espe­ra­se tener un lec­tor tan poco aten­to y tan igno­ran­te que olvi­de la pri­me­ra par­te de la reso­lu­ción al lle­gar a la segun­da o que nun­ca haya oído hablar de los deba­tes que hubo en la pren­sa socia­lis­ta antes del con­gre­so de Lon­dres.

Pero Rosa Luxem­bur­go está muy equi­vo­ca­da si se ima­gi­na que logra­rá piso­tear con tan­ta faci­li­dad ante los obre­ros cons­cien­tes de Rusia una reso­lu­ción de la Inter­na­cio­nal sobre una impor­tan­te cues­tión de prin­ci­pios, sin haber­se dig­na­do siquie­ra ana­li­zar­la con cri­te­rio crí­ti­co.

En los deba­tes que pre­ce­die­ron al Con­gre­so de Lon­dres ‑prin­ci­pal­men­te en las colum­nas de la revis­ta de los mar­xis­tas ale­ma­nes Die Neue Zeit- se expre­só el pun­to de vis­ta de Rosa Luxem­bur­go, ¡y ese pun­to de vis­ta, en el fon­do, sufrió una derro­ta ante la Inter­na­cio­nal! Este es el fon­do del asun­to, y debe tener­lo en cuen­ta sobre todo el lec­tor ruso.

Los deba­tes gira­ron en tono a la cues­tión de inde­pen­den­cia de Polo­nia. Se expre­sa­ron tres pun­tos de vis­ta:

1) El pun­to de vis­ta de los «fra­quis­tas», en cuyo nom­bre habló Haec­ker. Que­rían que la Inter­na­cio­nal reco­no­cie­ra en su pro­gra­ma la rei­vin­di­ca­ción de la inde­pen­den­cia de Polo­nia. La pro­pues­ta no fue acep­ta­da. Este pun­to de vis­ta sufrió una derro­ta ante la Inter­na­cio­nal.

2) El pun­to de vis­ta de Rosa Luxem­bur­go: los socia­lis­tas pola­cos no deben exi­gir la inde­pen­den­cia de Polo­nia. Des­de este pun­to de vis­ta, ni hablar se podía de pro­cla­mar el dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción. Este cri­te­rio fue tam­bién derro­ta­do ante la Inter­na­cio­nal.

3) El pun­to de vis­ta que enton­ces desa­rro­lló del modo más minu­cio­so C. Kautsky, al tomar la pala­bra con­tra Rosa Luxem­bur­go y demos­trar la extre­ma «uni­la­te­ra­li­dad» del mate­ria­lis­mo de ella. Des­de este pun­to de vis­ta, la Inter­na­cio­nal no pue­de incluir hoy en su pro­gra­ma la inde­pen­den­cia de Polo­nia, pero los socia­lis­tas pola­cos ‑dijo Kautsky- pue­den ple­na­men­te pro­pug­nar seme­jan­te rei­vin­di­ca­ción. Des­de el pun­to de vis­ta de los socia­lis­tas es abso­lu­ta­men­te erró­neo des­en­ten­der­se de las tareas de la libe­ra­ción nacio­nal en un ambien­te de opre­sión nacio­nal.

La reso­lu­ción de la Inter­na­cio­nal repro­du­ce pre­ci­sa­men­te las tesis más esen­cia­les, fun­da­men­ta­les de este pun­to de vis­ta: por una par­te, se reco­no­ce, sin el menor rodeo ni dejar lugar a la ter­gi­ver­sa­ción algu­na, el pleno dere­cho de todas las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción; por otra par­te, se exhor­ta de for­ma no menos explí­ci­ta a los obre­ros a con­cer­tar la uni­dad inter­na­cio­nal de su lucha de cla­se.

Noso­tros esti­ma­mos que está reso­lu­ción es acer­ta­da por com­ple­to y que, para los paí­ses de Euro­pa Orien­tal y de Asia de comien­zos del siglo XX, es pre­ci­sa­men­te ella y jus­ta­men­te en la cone­xión indi­so­lu­ble de sus dos par­tes lo que cons­ti­tu­ye la úni­ca direc­triz acer­ta­da de polí­ti­ca pro­le­ta­ria de cla­se en el pro­ble­ma nacio­nal.

Expla­yé­mo­nos con algún dete­ni­mien­to mayor en los tres pun­tos de vis­ta men­cio­na­dos.

Sabi­do es que C. Marx y F. Engels con­si­de­ra­ban que toda la demo­cra­cia de Euro­pa Occi­den­tal, y más aún la social­de­mo­cra­cia, esta­ban abso­lu­ta­men­te obli­ga­dos a apo­yar con ener­gía la rei­vin­di­ca­ción de inde­pen­den­cia de Polo­nia. Para las déca­das del 40 y del 60 del siglo pasa­do, épo­ca de revo­lu­ción bur­gue­sa en Aus­tria y Ale­ma­nia, épo­ca de «refor­ma cam­pe­si­na» en Rusia, este pun­to de vis­ta era cer­te­ro por com­ple­to y el úni­co con­se­cuen­te­men­te demo­crá­ti­co y pro­le­ta­rio. Mien­tras las masas popu­la­res de Rusia y de la mayo­ría de los paí­ses esla­vos esta­ban aún sumi­das en pro­fun­do sue­ño, mien­tras no había en estos paí­ses movi­mien­tos demo­crá­ti­cos inde­pen­dien­tes, de masas, el movi­mien­to libe­ra­dor aris­to­crá­ti­co en Polo­nia adqui­ría un valor pri­mor­dial, gigan­tes­co, des­de el pun­to de vis­ta no sólo de la demo­cra­cia de toda Rusia, no sólo de la demo­cra­cia de todos los paí­ses esla­vos, sino de la demo­cra­cia de toda Euro­pa[3].

Pero si este pun­to de vis­ta de Marx era acer­ta­do por com­ple­to para el segun­do ter­cio o para el ter­cer cuar­to del siglo XIX, ha deja­do de ser­lo para el siglo XX. En la mayo­ría de los paí­ses esla­vos, e inclu­so en uno de los paí­ses esla­vos más atra­sa­dos, en Rusia, han sur­gi­do movi­mien­tos demo­crá­ti­cos inde­pen­dien­tes e inclu­so un movi­mien­to pro­le­ta­rio inde­pen­dien­te. Ha des­apa­re­ci­do la Polo­nia aris­to­crá­ti­ca, dan­do paso a la Polo­nia capi­ta­lis­ta. En tales cir­cuns­tan­cias, Polo­nia no podía menos de per­der su excep­cio­nal tras­cen­den­cia revo­lu­cio­na­ria.

Cuan­do el PSP (Par­ti­do Socia­lis­ta Pola­co, los «fra­quis­tas» actua­les) inten­tó en 1896 «per­pe­tuar» el pun­to de vis­ta de Marx de otra épo­ca, eso sig­ni­fi­ca­ba ya uti­li­zar la letra del mar­xis­mo con­tra el espí­ri­tu del mar­xis­mo. De ahí que tuvie­ran com­ple­ta razón los social­de­mó­cra­tas pola­cos cuan­do se decla­ra­ron en con­tra de los entu­sias­mos nacio­na­lis­tas de la peque­ña bur­gue­sía pola­ca, cuan­do indi­ca­ron que el pro­ble­ma nacio­nal tenía una impor­tan­cia secun­da­ria para los obre­ros pola­cos, cuan­do crea­ron por pri­me­ra vez en Polo­nia un par­ti­do pura­men­te pro­le­ta­rio, cuan­do pro­cla­ma­ron el prin­ci­pio de la unión más estre­cha entre el obre­ro pola­co y el ruso en su lucha de cla­se, prin­ci­pio de inmen­sa impor­tan­cia.

Pero ¿sig­ni­fi­ca­ba esto, sin embar­go, que, a comien­zos del siglo XX, la Inter­na­cio­nal podía con­si­de­rar super­fluo para Euro­pa Orien­tal y Asia el prin­ci­pio de auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca de las nacio­nes, su dere­cho a la sepa­ra­ción? Esto sería el mayor de los absur­dos y equi­val­dría (teó­ri­ca­men­te) a con­si­de­rar ter­mi­na­da la trans­for­ma­ción demo­crá­ti­ca bur­gue­sa de los Esta­dos de Tur­quía, Rusia y Chi­na; sería (prác­ti­ca­men­te) opor­tu­nis­mo res­pec­to al abso­lu­tis­mo.

No. Para Euro­pa Orien­tal y para Asia, en una épo­ca en que se han ini­cia­do revo­lu­cio­nes demo­crá­ti­cas bur­gue­sas, en una épo­ca en que han sur­gi­do y se han exar­ce­ba­do movi­mien­tos nacio­na­les, en una épo­ca en que han apa­re­ci­do par­ti­dos pro­le­ta­rios inde­pen­dien­tes, la tarea de estos par­ti­dos en polí­ti­ca nacio­nal debe ser una tarea doble: reco­no­cer el dere­cho de todas las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción, por­que aún no está ter­mi­na­da la trans­for­ma­ción demo­crá­ti­ca bur­gue­sa, por­que la demo­cra­cia obre­ra pro­pug­na con serie­dad, fran­que­za y con­se­cuen­cia, no al modo libe­ral, no al modo de los Kokosh­kin, la igual­dad de dere­chos de las nacio­nes y la alian­za más estre­cha, indi­so­lu­ble, de la lucha de cla­se de los pro­le­ta­rios de todas las nacio­nes de un Esta­do deter­mi­na­do, para toda índo­le de peri­pe­cias de su his­to­ria, con todo géne­ro de modi­fi­ca­cio­nes que la bur­gue­sía intro­duz­ca en las fron­te­ras de los diver­sos Esta­dos.

Esta doble tarea del pro­le­ta­ria­do es pre­ci­sa­men­te la que for­mu­la la reso­lu­ción de la Inter­na­cio­nal en 1896. Idén­ti­ca pre­ci­sa­men­te es, por los prin­ci­pios en que se basa, la reso­lu­ción adop­ta­da por los mar­xis­tas de Rusia en su Con­fe­ren­cia del Verano de 1913. Hay gen­tes a quie­nes les pare­ce «con­tra­dic­to­rio» que esta reso­lu­ción, al reco­no­cer en su pun­to cuar­to el dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción, a la sepa­ra­ción, pare­ce «con­ce­der» el máxi­mo al nacio­na­lis­mo (en reali­dad, en el reco­no­ci­mien­to del dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción de todas las nacio­nes hay un máxi­mo de demo­cra­cia y un míni­mo de nacio­na­lis­mo), y en el pun­to quin­to pre­vie­ne a los obre­ros con­tra las con­sig­nas nacio­na­lis­tas de cual­quier bur­gue­sía y exi­ge la uni­dad y la fusión de los obre­ros de todas las nacio­nes en orga­ni­za­cio­nes pro­le­ta­rias inter­na­cio­na­les úni­cas. Pero sólo inte­li­gen­cias abso­lu­ta­men­te obtu­sas pue­den ver aquí una «con­tra­dic­ción», pues son inca­pa­ces de com­pren­der, por ejem­plo, por qué han gana­do la uni­dad y la soli­da­ri­dad de cla­se del pro­le­ta­ria­do sue­co y norue­go, cuan­do los obre­ros sue­cos han defen­di­do para Norue­ga la liber­tad de sepa­rar­se y cons­ti­tuir un Esta­do inde­pen­dien­te.

8. CARLOS MARX, EL UTOPISTA, Y ROSA LUXEMBURGO, LA PRACTICA

Decla­ran­do «uto­pía» la inde­pen­den­cia de Polo­nia y repi­tién­do­lo has­ta dar náu­seas, Rosa Luxem­bur­go excla­ma con iro­nía: ¿por qué no exi­gir la inde­pen­den­cia de Irlan­da?

Evi­den­te­men­te, la «prác­ti­ca» Rosa Luxem­bur­go des­co­no­ce la acti­tud de C. Marx ante la inde­pen­den­cia de Irlan­da. Vale la pena dete­ner­se en este pun­to para dar un ejem­plo ana­lí­ti­co de una rei­vin­di­ca­ción con­cre­ta de inde­pen­den­cia nacio­nal des­de el pun­to de vis­ta ver­da­de­ra­men­te mar­xis­ta, y no opor­tu­nis­ta.

Marx tenía la cos­tum­bre de «tan­tear», como él decía, a los socia­lis­tas que él cono­cía, com­pro­ban­do su con­cien­cia y la fir­me­za de su con­vic­ción. Cuan­do cono­ció a Lopa­tin, Marx escri­bió a Engels el 5 de julio de 1870 un jui­cio muy enco­miás­ti­co sobre el joven socia­lis­ta ruso, pero aña­día:

«…El pun­to débil: Polo­nia. Sobre este pun­to Lopa­tin dice exac­ta­men­te lo mis­mo que un inglés ‑por ejem­plo, un car­tis­ta inglés de la vie­ja escue­la- sobre Irlan­da».

Marx inte­rro­ga a un socia­lis­ta que per­te­ne­ce a una nación opre­so­ra lo que pien­sa de una nación opri­mi­da y des­cu­bre en el acto el defec­to común de los socia­lis­tas de las nacio­nes domi­nan­tes (ingle­sa y rusa): la incom­pre­sión de su deber socia­lis­ta para con las nacio­nes opri­mi­das, el rumiar pre­jui­cios toma­dos de la bur­gue­sía de la «nación gran­de».

Antes de pasar a las decla­ra­cio­nes posi­ti­vas de Marx sobre Irlan­da, hay que hacer la sal­ve­dad de que Marx y Engels guar­da­ban en gene­ral una acti­tud rigu­ro­sa­men­te crí­ti­ca fren­te al pro­ble­ma nacio­nal, apre­cian­do su valor his­tó­ri­co rela­ti­vo. Así, Engels escri­be a Marx el 23 de mayo de 1851 que el estu­dio de la his­to­ria le lle­va a con­clu­sio­nes pesi­mis­tas res­pec­to a Polo­nia, que la impor­tan­cia de Polo­nia es tem­po­ral, sólo has­ta la revo­lu­ción agra­ria en Rusia. El papel de los pola­cos en la his­to­ria es el de «ton­te­rías atre­vi­das». «Ni por un momen­to pue­de supo­ner­se que Polo­nia, inclu­so com­pa­ra­da con Rusia sola­men­te, repre­sen­te con éxi­to el pro­gre­so o ten­ga cier­to valor his­tó­ri­co». En Rusia hay más ele­men­tos de civi­li­za­ción, de ins­truc­ción, de indus­tria, de bur­gue­sía que en la «ale­tar­ga­da Polo­nia de los terra­te­nien­tes nobles». «¡Qué sig­ni­fi­can Var­so­via y Cra­co­via com­pa­ra­das con San Peters­bur­go, Mos­cú y Ode­sa!» Engels no cree en el éxi­to de las insu­rrec­cio­nes de la noble­za pola­ca.

Pero todas estas ideas, que tan­to tie­nen de pers­pi­ca­cia genial, en modo alguno impi­die­ron a Marx y Engels doce años más tar­de, cuan­do Rusia seguía aún ale­tar­ga­da, y Polo­nia, en cam­bio, her­vía, adop­tar la acti­tud de la más cáli­da y pro­fun­da sim­pa­tía por el movi­mien­to pola­co.

En 1864, al redac­tar el men­sa­je de la Inter­na­cio­nal, Marx escri­be a Engels (4 de noviem­bre de 1864) que es pre­ci­so luchar con­tra el nacio­na­lis­mo de Maz­zi­ni. «Cuan­do en el men­sa­je se habla de polí­ti­ca inter­na­cio­nal, me refie­ro a paí­ses, no a nacio­nes, y denun­cio a Rusia, y no a Esta­dos de menor impor­tan­cia», escri­be Marx. Para Marx no ofre­ce dudas la subor­di­na­ción del pro­ble­ma nacio­nal a la «cues­tión obre­ra». Pero su teo­ría está tan lejos del pro­pó­si­to de pasar por alto los movi­mien­tos nacio­na­les como el cie­lo de la tie­rra.

Lle­ga el año 1866. Marx escri­be a Engels sobre la «cama­ri­lla proudho­nia­na» de París, que «decla­ra que las nacio­nes son un absur­do y ata­ca a Bis­marck y a Gari­bal­di. Como polé­mi­ca con­tra el cho­vi­nis­mo, su tác­ti­ca es útil y expli­ca­ble. Pero cuan­do quie­nes creen en Proudhon (y entre ellos figu­ran dos bue­nos ami­gos míos de aquí, Lafar­gue y Lon­guet) pien­san que toda Euro­pa pue­de y debe per­ma­ne­cer quie­ta, sen­ta­da tran­qui­la­men­te a sus anchas has­ta que los seño­res aca­ben con la mise­ria y la igno­ran­cia en Fran­cia… resul­tan ridícu­los» (car­ta del 7 de junio de 1866).

«Ayer ‑escri­be Marx el 20 de junio de 1866- hubo en el Con­se­jo de la Inter­na­cio­nal un deba­te sobre la gue­rra actual… Como era de espe­rar, la dis­cu­sión giró en torno al pro­ble­ma de las «nacio­nes» y a nues­tra acti­tud ante él… Los repre­sen­tan­tes de la «joven Fran­cia» (no obre­ros) defen­die­ron el pun­to de vis­ta de que todo gru­po étni­co y la mis­ma nación son pre­jui­cios anti­cua­dos. Stir­ne­ria­nis­mo proudho­niano… Todo el mun­do debe espe­rar que los fran­ce­ses madu­ren para la revo­lu­ción social… Los ingle­ses se rie­ron mucho cuan­do yo comen­cé mi dis­cur­so dicien­do que nues­tro ami­go Lafar­gue y otros, que han supri­mi­do las nacio­nes, nos habla­ban en fran­cés, es decir, en una len­gua incom­pren­si­ble para las 910 par­tes de la reu­nión. Lue­go di a enten­der que Lafar­gue, sin dar­se él mis­mo cuen­ta de ello, enten­día por nega­ción de las nacio­nes, al pare­cer, su absor­ción por la ejem­plar nación fran­ce­sa».

La deduc­ción que resul­ta de todas estas obser­va­cio­nes crí­ti­cas de Marx es cla­ra: la cla­se obre­ra es la que menos pue­de hacer un feti­che del pro­ble­ma nacio­nal, por­que el desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo no des­pier­ta nece­sa­ria­men­te a todas las nacio­nes a una vida inde­pen­dien­te. Pero, una vez sur­gi­dos los movi­mien­tos nacio­na­les de masas, des­en­ten­der­se de ellos, negar­se a apo­yar lo que en ellos hay de pro­gre­si­vo sig­ni­fi­ca caer, en reali­dad, bajo la influen­cia de pre­jui­cios nacio­na­lis­tas, es decir: con­si­de­rar a «su pro­pia» nación como «nación ejem­plar» (o, aña­di­re­mos noso­tros, como nación dota­da del pri­vi­le­gio exclu­si­vo de orga­ni­zar­se en Esta­do)[4].

Pero vol­va­mos al pro­ble­ma de Irlan­da.

La posi­ción de Marx en este pro­ble­ma la expre­san, con espe­cial cla­ri­dad, los siguien­tes frag­men­tos de sus car­tas:

«He tra­ta­do por todos los medios de pro­mo­ver en los obre­ros ingle­ses una mani­fes­ta­ción de sim­pa­tía por la lucha de los fenia­nos… Antes creía impo­si­ble la sepa­ra­ción de Irlan­da de Ingla­te­rra. Aho­ra la creo inevi­ta­ble, aun­que des­pués de la sepa­ra­ción se pue­da lle­gar a una fede­ra­ción». Esto es lo que decía Marx a Engels en la car­ta del 2 de noviem­bre de 1867.

Y en otra car­ta, del 30 de noviem­bre del mis­mo año, aña­día:

«¿Qué con­se­jo debe­mos dar noso­tros a los obre­ros ingle­ses? A jui­cio mío, deben hacer de la Repeal (rup­tu­ra) de la unión» (de Irlan­da con Ingla­te­rra, es decir, de la sepa­ra­ción de Irlan­da de Ingla­te­rra) «un pun­to de su decla­ra­ción, en pocas pala­bras, el asun­to de 1783, pero demo­cra­ti­za­do y adap­ta­do a las con­di­cio­nes del momen­to. Esta el úni­ca for­ma legal y, por con­si­guien­te, la úni­ca posi­ble de eman­ci­pa­ción de los irlan­de­ses que pue­de entrar en el pro­gra­ma de un par­ti­do inglés. La expe­rien­cia habrá de mos­trar más tar­de si la sim­ple unión per­so­nal pue­de seguir exis­tien­do entre los dos paí­ses…

«… Lo que nece­si­tan los irlan­de­ses es:

«1) Auto­no­mía e inde­pen­den­cia con res­pec­to a Ingla­te­rra.

«2) Una revo­lu­ción agra­ria…»

Como Marx con­ce­día inmen­sa impor­tan­cia al pro­ble­ma de Irlan­da, daba con­fe­ren­cias de hora y media sobre este tema en la Unión Obre­ra ale­ma­na (car­ta del 17 de diciem­bre de 1867).

En una car­ta del 20 de noviem­bre de 1868, Engels seña­la «el odio que exis­te entre los obre­ros ingle­ses a los irlan­de­ses», y al cabo de un año, poco más o menos (24 de octu­bre de 1869), vol­vien­do a este tema, escri­be:

«De Irlan­da a Rusia il n“y a qu“un pas (no hay más que un paso)… Por el ejem­plo de la his­to­ria irlan­de­sa pue­de ver­se qué des­gra­cia es para un pue­blo haber sojuz­ga­do a otro. Todas las infa­mias ingle­sas tie­nen su ori­gen en la esfe­ra irlan­de­sa. Toda­vía ten­go que estu­diar la épo­ca de Crom­well; pero, de todos modos, no me cabe la menor duda de que, tam­bién en Ingla­te­rra, las cosas habrían toma­do otro cariz si no hubie­ra sido nece­sa­rio domi­nar por las armas a Irlan­da y crear una nue­va aris­to­cra­cia».

Seña­le­mos de paso la car­ta de Marx a Engels del 18 de agos­to de 1869:

«En Pos­na­nia, los obre­ros pola­cos han teni­do una huel­ga vic­to­rio­sa gra­cias a la ayu­da de sus cama­ra­das de Ber­lín. Esta lucha con­tra «el señor capi­tal» ‑inclu­so en su for­ma infe­rior, en for­ma de huel­gas- ter­mi­na­rá con los pre­jui­cios nacio­na­les de un modo más serio que las decla­ma­cio­nes sobre la paz en boca de los seño­res bur­gue­ses».

Por lo que sigue, pue­de ver­se la polí­ti­ca que Marx apli­ca­ba en la Inter­na­cio­nal res­pec­to al pro­ble­ma irlan­dés.

El 18 de noviem­bre de 1869 Marx escri­be a Engels que ha pro­nun­cia­do en el Con­se­jo de la Inter­na­cio­nal un dis­cur­so de hora y cuar­to sobre la acti­tud del gobierno bri­tá­ni­co ante la amnis­tía irlan­de­sa y que ha pro­pues­to la reso­lu­ción siguien­te:

«Se acuer­da

que, en su res­pues­ta a la exi­gen­cia irlan­de­sa de poner en liber­tad a los patrio­tas irlan­de­ses, el señor Glads­to­ne ultra­ja deli­be­ra­da­men­te a la nación irlan­de­sa;

que Glads­to­ne liga la amnis­tía polí­ti­ca a con­di­cio­nes igual­men­te humi­llan­tes tan­to para las víc­ti­mas del mal gobierno como para el pue­blo repre­sen­ta­do por ese gobierno;

que Glads­to­ne, si bien obli­ga­do por su situa­ción ofi­cial, ha aplau­di­do públi­ca y solem­ne­men­te la revuel­ta de los escla­vis­tas nor­te­ame­ri­ca­nos y aho­ra se pone a pre­di­car al pue­blo irlan­dés la doc­tri­na de la sumi­sión pasi­va;

que, en lo tocan­te a la amnis­tía irlan­de­sa, toda su polí­ti­ca es una autén­ti­ca mani­fes­ta­ción de la «polí­ti­ca de con­quis­ta» que des­en­mas­ca­ró el señor Glads­to­ne, derri­ban­do de este modo el minis­te­rio de sus adver­sa­rios, los tories;

que el Con­se­jo Gene­ral de la Aso­cia­ción Inter­na­cio­nal de los Tra­ba­ja­do­res expre­sa su admi­ra­ción ante la valen­tía, la fir­me­za y la ele­va­ción de espí­ri­tu con que el pue­blo irlan­dés des­plie­ga su cam­pa­ña por la amnis­tía;

que esta reso­lu­ción debe­rá ser comu­ni­ca­da a todas las secio­nes de la Aso­cia­ción Inter­na­cio­nal de los Tra­ba­ja­do­res y a todas las orga­ni­za­cio­nes obre­ras de Euro­pa y Amé­ri­ca que estén rela­cio­na­das con ella».

El 10 de diciem­bre de 1869 Marx escri­be que su infor­me sobre el pro­ble­ma irlan­dés en el Con­se­jo de la Inter­na­cio­nal ten­drá la estruc­tu­ra siguien­te:

«… Inde­pen­dien­te­men­te de toda fra­se «inter­na­cio­na­lis­ta» y «huma­ni­ta­ria» sobre «jus­ti­cia para Irlan­da» ‑por­que esto se sobren­tien­de en el Con­se­jo de la Internacional‑, el inte­rés abso­lu­to y direc­to de la cla­se obre­ra ingle­sa exi­ge la rup­tu­ra de su actual unión con Irlan­da. Estoy pro­fun­da­men­te con­ven­ci­do de ello, y las razo­nes no las pue­do reve­lar, en par­te, a los pro­pios obre­ros ingle­ses. He creí­do duran­te mucho tiem­po que la ascen­den­cia de la cla­se obre­ra ingle­sa per­mi­ti­ría derro­car el régi­men irlan­dés. He defen­di­do siem­pre esta opi­nión en el New York Daily Tri­bu­ne (perió­di­co nor­te­ame­ri­cano en el que Marx cola­bo­ró mucho tiem­po). Un estu­dio más pro­fun­do me ha per­sua­di­do de lo con­tra­rio. La cla­se obre­ra ingle­sa no hará nada mien­tras no se des­em­ba­ra­ce de Irlan­da… La reac­ción ingle­sa, en Ingla­te­rra, tie­ne sus raí­ces en el sojuz­ga­mien­to de Irlan­da» (sub­ra­ya­do por Marx).

Aho­ra ten­drá el lec­tor bien cla­ro cuál era la polí­ti­ca de Marx en el pro­ble­ma irlan­dés.

El «uto­pis­ta» Marx era tan «poco prác­ti­co» que esta­ba en pro de la sepa­ra­ción de Irlan­da, sepa­ra­ción que, medio siglo más tar­de, no se ha rea­li­za­do aún.

¿A qué se debe esta polí­ti­ca de Marx? ¿No fue, aca­so, un error?

Al prin­ci­pio, Marx creía que el movi­mien­to que libe­ra­ría a Irlan­da era el movi­mien­to obre­ro de la nación opre­so­ra y no el nacio­nal de la nación opri­mi­da. Marx, sabe­dor de que sólo la vic­to­ria de la cla­se obre­ra podrá traer la libe­ra­ción com­ple­ta de todas las nacio­nes, no hace de los movi­mien­tos nacio­na­les algo abso­lu­to. Es impo­si­ble tener en cuen­ta de ante­mano todas las corre­la­cio­nes que puden esta­ble­cer­se entre los movi­mien­tos bur­gue­ses de libe­ra­ción en las nacio­nes opri­mi­das y el movi­mien­to pro­le­ta­rio de libe­ra­ción en la nación opre­so­ra (pre­ci­sa­men­te esto es lo que hace tan difí­cil el pro­ble­ma nacio­nal en la Rusia con­tem­po­rá­nea).

Pero las cosas han ocu­rri­do de mane­ra que la cla­se obre­ra ingle­sa ha caí­do por un perío­do bas­tan­te lar­go bajo la influen­cia de los libe­ra­les, yen­do a la zaga de los mis­mos, deca­pi­tán­do­se ella mis­ma con una polí­ti­ca obre­ra libe­ral. El movi­mien­to bur­gués de libe­ra­ción en Irlan­da se ha acen­tua­do y ha adqui­ri­do for­mas revo­lu­cio­na­rias. Marx revi­sa su opi­nión y la corri­ge. «Qué des­gra­cia es para un pue­blo el haber sojuz­ga­do a otro». La cla­se obre­ra de Ingla­te­rra no podrá libe­rar­se, mien­tras Irlan­da no se libe­re del yugo inglés. La escla­vi­za­ción de Irlan­da for­ta­le­ce y nutre a la reac­ción en Ingla­te­rra (¡igual que nutre a la reac­ción en Rusia el sojuz­ga­mien­to de una serie de nacio­nes!).

Y Marx, al hacer apro­bar en la Inter­na­cio­nal una reso­lu­ción de sim­pa­tía por «la nación irlan­de­sa», por «el pue­blo irlan­dés» (¡el inte­li­gen­te L. Vl. haría , segu­ra­men­te, tri­zas al pobre Marx por haber olvi­da­do la lucha de cla­se!), pro­pug­na la sepa­ra­ción de Irlan­da de Ingla­te­rra, «aun­que des­pués de la sepa­ra­ción se pue­da lle­gar a una fede­ra­ción».

¿Cuá­les son las pre­mi­sas teó­ri­cas de esta con­clu­sión de Marx? En Ingla­te­rra hace ya mucho tiem­po que, en gene­ral, que­dó ter­mi­na­da la revo­lu­ción bur­gue­sa. Pero no así en Irlan­da, don­de la están ter­mi­nan­do aho­ra, medio siglo des­pués, las refor­mas de los libe­ra­les ingle­ses. Si el capi­ta­lis­mo hubie­se sido derri­ba­do en Ingla­te­rra con la rapi­dez que espe­ra­ba Marx al prin­ci­pio, no habría lugar en Irlan­da para un movi­mien­to demo­crá­ti­co bur­gués del con­jun­to de la nación. Pero pues­to que ha sur­gi­do, Marx acon­se­ja a los obre­ros ingle­ses que lo apo­yen, que le impri­man un impul­so revo­lu­cio­na­rio, que lo lle­ven a tér­mino en bien de su pro­pia liber­tad.

En la déca­da del 60 del siglo pasa­do, las rela­cio­nes eco­nó­mi­cas entre Irlan­da e Ingla­te­rra eran, des­de lue­go, más estre­chas aún que las rela­cio­nes entre Rusia y Polo­nia, Ucra­nia, etc. Sal­ta­ba a la vis­ta que la sepa­ra­ción de Irlan­da era «poco prác­ti­ca», «irrea­li­za­ble» (aun­que sólo fue­ra por su situa­ción geo­grá­fi­ca y por el inmen­so pode­río colo­nial de Ingla­te­rra). Sien­do en prin­ci­pio enemi­go del fede­ra­lis­mo, Marx admi­te, en este caso, inclu­so la fede­ra­ción[5] con tal de que la libe­ra­ción de Irlan­da no se haga por vía refor­mis­ta, sino revo­lu­cio­na­ria, por el movi­mien­to de las masas del pue­blo en Irlan­da, apo­ya­do por la cla­se obre­ra de Ingla­te­rra. No pue­de caber nin­gu­na duda de que sólo una solu­ción seme­jan­te de este pro­ble­ma his­tó­ri­co habría sido la más bene­fi­cio­sa para el pro­le­ta­ria­do y un rápi­do desa­rro­llo social.

Pero las cosas suce­die­ron de otro modo. Tan­to el pue­blo irlan­dés como el pro­le­ta­ria­do inglés han resul­ta­do ser débi­les. Sólo aho­ra, por míse­ras com­po­nen­das entre los libe­ra­les ingle­ses y la bur­gue­sía irlan­de­sa, se resuel­ve (el ejem­plo de Uls­ter demues­tra con cuán­ta difi­cul­tad) el pro­ble­ma irlan­dés con una refor­ma agra­ria (con res­ca­te) y la auto­no­mía (sin esta­ble­cer aún). ¿Y qué? ¿Se debe aca­so dedu­cir de esto que Marx y Engels eran «uto­pis­tas», que pre­sen­ta­ban rei­vin­di­ca­cio­nes nacio­na­les «irrea­li­za­bles», que cedían a la influen­cia de los nacio­na­lis­tas irlan­de­ses, peque­ños bur­gue­ses (es indu­da­ble el carác­ter peque­ño­bur­gués del movi­mien­to de los «fenia­nos»), etc.?

No. Marx y Engles pro­pug­na­ron, tam­bién en la cues­tión irlan­de­sa, una polí­ti­ca con­se­cuen­te­men­te pro­le­ta­ria, una polí­ti­ca que edu­ca­ra de ver­dad a las masas en el espí­ri­tu de la demo­cra­cia y del socia­lis­mo. Sólo esta polí­ti­ca podía sal­var, tan­to a Irlan­da como a Ingla­te­rra, de dife­rir por medio siglo las trans­for­ma­cio­nes nece­sa­rias y de que los libe­ra­les las des­fi­gu­ra­sen para com­pla­cen­cia de la reac­ción.

La polí­ti­ca de Marx y Engels en el pro­ble­ma irlan­dés cons­ti­tu­ye un mag­ní­fi­co ejem­plo de la acti­tud que debe man­te­ner el pro­le­ta­ria­do de las nacio­nes opre­so­ras ante los movi­mien­tos nacio­na­les, y este ejem­plo ha con­ser­va­do, has­ta hoy día, un valor prác­ti­co enor­me: esta polí­ti­ca es una adver­ten­cia con­tra la «pre­ci­pi­ta­ción laca­yu­na» con que los peque­ños bur­gue­ses de todos los paí­ses, len­guas y colo­res se apre­su­ran a decla­rar «utó­pi­ca» la modi­fi­ca­ción de las fron­te­ras de los Esta­dos crea­dos por las vio­len­cias y los pri­vi­le­gios de los terra­te­nien­tes y de la bur­gue­sía de una nación.

Si el pro­le­ta­ria­do de Irlan­da y el de Ingla­te­rra no hubie­ran adop­ta­do la polí­ti­ca de Marx, si no hubie­ran hecho suya la con­sig­na de sepa­ra­ción de Irlan­da, ello habría sido el peor de los opor­tu­nis­mos por su par­te, habría sig­ni­fi­ca­do un olvi­do de las misio­nes de un demo­crá­ta y de un socia­lis­ta, una con­ce­sión a la reac­ción y a la bur­gue­sía ingle­sas.

9. EL PROGRAMA DE 1903 Y SUS LIQUIDADORES

Las actas del Con­gre­so de 1903, que apro­bó el pro­gra­ma de los mar­xis­tas de Rusia, se han hecho un tex­to muy difí­cil de encon­trar, y la inmen­sa mayo­ría de los actua­les mili­tan­tes del movi­mien­to obre­ro no cono­cen los moti­vos de los diver­sos pun­tos del pro­gra­ma (con tan­ta mayor razón que no todas las publi­ca­cio­nes, ni mucho menos, que con ellos se rela­cio­nan, gozan del bene­fi­cio de la lega­li­dad…). De ahí que sea nece­sa­rio dete­ner­se en el examen que se hizo en el Con­gre­so de 1903 de la cues­tión que nos intere­sa.

Haga­mos notar, ante todo, que, por pobre que sea la biblio­gra­fía soa­cial­de­mó­cra­ta rusa en lo con­cer­nien­te al «dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción», resul­ta de ella, sin embar­go, con toda cla­ri­dad que este dere­cho se ha inter­pre­ta­do siem­pre en el sen­ti­do de dere­cho a la sepa­ra­ción. Los Sem­kovs­ki, los Lib­man y los Yur­ké­vich, todos estos seño­res que lo ponen en duda, que decla­ran que el apar­ta­do 9 es «poco cla­ro», etc. sólo hablan de «fal­ta de cla­ri­dad» por igno­ran­cia supi­na o por des­preo­cu­pa­ción. Ya en 1902, Ple­já­nov[6], defen­dien­do en Zariá «el dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción» en el pro­yec­to del pro­gra­ma, escri­bía que esta rei­vin­di­ca­ción, que no es obli­ga­to­ria para los demó­cra­tas bur­gue­ses. «es obli­ga­to­ria para los social­de­mó­cra­tas». «Si nos olvi­dá­ra­mos de ella o si no nos deci­dié­ra­mos a pro­pug­nar­la ‑escri­bía Plejánov‑, temien­do herir los pre­jui­cios nacio­na­les de nues­tros com­pa­trio­tas rusos, se con­ver­te­ría en nues­tros labios en men­ti­ra odio­sa… el gri­to de com­ba­te…: «¡Pro­le­ta­rios de todos los paí­ses, uníos!»».

Estas pala­bras carac­te­ri­zan con mucho acier­to el argu­men­to fun­da­men­tal a favor del pun­to ana­li­za­do, con tan­to acier­to que no sin moti­vo las han pasa­do y las pasan teme­ro­sa­men­te por alto los crí­ti­cos de nues­tro pro­gra­ma que se olvi­dan de su paren­tes­co. Renun­ciar a este pun­to, sean cua­les fue­ren los moti­vos que se aduz­can, sig­ni­fi­ca de hecho una con­ce­sión «ver­gon­zo­sa» al nacio­na­lis­mo ruso. ¿Por qué ruso, cuan­do se habla del dere­cho de todas las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción? Por­que se tra­ta de sepa­rar­se de los rusos. El inte­rés de la unión de los pro­le­ta­rios, el inte­rés de su soli­da­ri­dad de cla­se exi­gen que se reco­noz­ca el dere­cho de las nacio­nes a la sepa­ra­ción: eso es lo que hace doce años reco­no­ció Ple­já­nov en las pala­bras cita­das; de refle­xio­nar sobre ello, nues­tros opor­tu­nis­tas no hubie­ran dicho, pro­ba­ble­men­te, tan­tos absur­dos sobre la auto­de­ter­mi­na­ción.

En el con­gre­so de 1903, don­de se apro­bó este pro­yec­to de pro­gra­ma defen­di­do por Ple­já­nov, el tra­ba­jo prin­ci­pal esta­ba con­cen­tra­do en la comi­sión de pro­gra­ma. Es de lamen­tar que en ella no se levan­ta­ran actas. Pre­ci­sa­men­te sobre el pun­to de que tra­ta­mos pre­sen­ta­rían espe­cial inte­rés, por­que sólo en la comi­sión los repre­sen­tan­tes de los social­de­mó­cra­tas pola­cos, Wars­zaws­ki y Hanec­ki, inten­ta­ron defen­der sus pun­tos de vis­ta e impug­nar el «reco­no­ci­mien­to del dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción». El lec­tor que hubie­ra desea­do com­pa­rar sus argu­men­tos (expues­tos en el dis­cur­so de Wars­zaws­ki y en la decla­ra­ción del mis­mo y de Hanec­ki, págs 134 – 136 y 388 – 390 de las actas) con los argu­men­tos de Rosa Luxem­bur­go en su artícu­lo pola­co que hemos ana­li­za­do, vería la com­ple­ta iden­ti­dad de estos argu­men­tos.

Pero ¿cuál fue ante estos argu­men­tos la acti­tud de la comi­sión de pro­gra­ma del II Con­gre­so, don­de quien más habló con­tra los mar­xis­tas pola­cos fue Ple­já­nov? ¡Estos argu­men­tos fue­ron ridi­cu­li­za­dos con mor­da­ci­dad! El absur­do de pro­po­ner a los mar­xis­tas de Rusia que exclu­ye­ran el reco­no­ci­mien­to del dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes que­dó demos­tra­do de mane­ra tan cla­ra y paten­te que los mar­xis­tas pola­cos ¡¡no se atre­vie­ron ni a repe­tir sus argu­men­tos en la sesión ple­na­ria del con­gre­so!! Aban­do­na­ron el con­gre­so, con­ven­ci­dos de lo deses­pe­ra­do de su posi­ción ante la asam­blea supre­ma de los mar­xis­tas, tan­to rusos como hebreos, geor­gia­nos y arme­nios.

Este epi­so­dio his­tó­ri­co tie­ne, de suyo se com­pren­de, suma impor­tan­cia para todo el que se intere­se en serio por su pro­gra­ma. El fra­ca­so com­ple­to de los argu­men­tos expues­tos por los mar­xis­tas pola­cos en la comi­sión de pro­gra­ma del con­gre­so, así como su renun­cia al inten­to de defen­der sus opi­nio­nes ante la sesión del con­gre­so, sn hechos muy sig­ni­fi­ca­ti­vos. No en vano ha pasa­do Rosa Luxem­bur­go «modes­ta­men­te» en silen­cio este hecho en su artícu­lo de 1908: ¡el recuer­do del con­gre­so le resul­ta­ba, por lo vis­to, dema­sia­do des­agra­da­ble! Tam­po­co ha dicho nada de la pro­pues­ta, des­afor­tu­na­da has­ta lo ridícu­lo, de «corre­gir» el apar­ta­do 9 del pro­gra­ma, pro­pues­ta que Wars­zaws­ki y Hanec­ki hicie­ron en 1903 en nom­bre de todos los mar­xis­tas pola­cos y que no se han deci­di­do (ni se deci­di­rán) a repe­tir ni Rosa Luxem­bur­go ni otros social­de­mó­cra­tas pola­cos.

Pero si Rosa Luxem­bur­go, ocul­tan­do su derro­ta en 1903, ha guar­da­do silen­cio sobre estos hechos, las per­so­nas que se intere­san por la his­to­ria de su par­ti­do se preo­cu­pa­rán de cono­cer­los y de medi­tar sobre su sig­ni­fi­ca­ción.

«… Noso­tros pro­po­ne­mos ‑escri­bían en 1903 al con­gre­so los ami­gos de Rosa Luxem­bur­go, al reti­rar­se del mis­mo- dar la siguien­te redac­ción del apar­ta­do 7 (aho­ra 9) del pro­yec­to de pro­gra­ma: apdo. 7: Ins­ti­tu­cio­nes que garan­ti­cen la com­ple­ta liber­tad de desa­rro­llo cul­tu­ral a todas las nacio­nes que inte­gran el Esta­do» (pág. 390 de las actas).

Así pues, los mar­xis­tas pola­cos for­mu­la­ban enton­ces, en lo que se refie­re a la cues­tión nacio­nal, opi­nio­nes tan poco defi­ni­das que, en lugar de auto­de­ter­mi­na­ción, pro­po­nían, en el fon­do, ¡nada menos que un seu­dó­ni­mo de la famo­sa «auto­no­mía nacio­nal cul­tu­ral»!

Esto pare­ce casi inve­ro­sí­mil, pero, des­gra­cia­da­men­te, es un hecho. En el mis­mo con­gre­so, aun­que en él había con­co bun­dis­tas con cin­co votos y tres cau­ca­sia­nos con seis votos, sin con­tar la voz sin voto de Kos­trov, no hubo ni uno solo que vota­ra a favor de la supre­sión del pun­to refe­ren­te a la auto­de­ter­mi­na­ción. Se emi­tie­ron tres votos a favor de aña­dir a este pun­to «la auto­no­mía nacio­nal cul­tu­ral» (por la fór­mu­la de Gold­blat: «crea­ción de ins­ti­tu­cio­nes que garan­ti­cen a las nacio­nes la com­ple­ta liber­tad de desa­rro­llo cul­tu­ral») y cua­tro a favor de la fór­mu­la de Líber («dere­cho a su ‑de las nacio­nes- liber­tad de desa­rro­llo cul­tu­ral»).

Aho­ra, cuan­do ha sur­gi­do un par­ti­do libe­ral ruso, el Par­ti­do Demó­cra­ta Cons­ti­tu­cio­na­lis­ta, sabe­mos que la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca de las nacio­nes ha sido sus­ti­tui­da en su pro­gra­ma por la «auto­de­ter­mi­na­ción cul­tu­ral». Por con­si­guien­te, los ami­gos pola­cos de Rosa Luxem­bur­go, «al luchar» con­tra el nacio­na­lis­mo del PSP, ¡lo hacían tan bien que pro­po­nían sus­ti­tuir el pro­gra­ma mar­xis­ta por un pro­gra­ma libe­ral! Y al hacer­lo acu­sa­ban, por aña­di­du­ra, de opor­tu­nis­mo a nues­tro pro­gra­ma. ¡No es de extra­ñar, pues, que en la comi­sión de pro­gra­ma del II Con­gre­so esta acu­sa­ción fue­ra aco­gi­da sólo con risas!

¿En qué sen­ti­do enten­dían la «auto­de­ter­mi­na­ción» los dele­ga­dos al II Con­gre­so, de los cua­les, según hemos vis­to, no hubo ni uno solo que estu­vie­ra en con­tra de la «auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes»?

Lo ates­ti­guan los tres pasa­jes siguien­tes de las actas:

«Mar­tí­nov con­si­de­ra que no hay que dar a la pala­bra «auto­de­ter­mi­na­ción» una inter­pre­ta­ción amplia; sólo sig­ni­fi­ca el dere­cho de una nación a sepa­rar­se para for­mar una enti­dad polí­ti­ca apar­te, pero de nin­gún modo la auto­no­mía regio­nal» (pág. 171). Mar­tí­nov era miem­bro de la comi­sión de pro­gra­ma, en la que fue­ron refu­ta­dos y ridi­cu­li­za­dos los argu­men­tos de los ami­gos de Rosa Luxem­bur­go. Por sus con­cep­cio­nes, Mar­tí­nov era enton­ces «eco­no­mis­ta», adver­sa­rio furi­bun­do de Iskra, y si hubie­se expre­sa­do una opi­nión que no com­par­tie­ra la mayo­ría de la comi­sión de pro­gra­ma, habría sido, des­de lue­go, refu­ta­do.

Gold­blat, bun­dis­ta, fue el pri­me­ro en tomar la pala­bra cuan­do, des­pués del tra­ba­jo de la comi­sión, se dis­cu­tió en el con­gre­so el apar­ta­do 8 (aho­ra 9) del pro­gra­ma.

«Con­tra el «dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción» ‑dijo Gold­blat- no pue­de obje­tar­se nada. Cuan­do algu­na nación lucha por su inde­pen­den­cia, no pode­mos opo­ner­nos a ello. Si Polo­nia no quie­re con­traer matri­mo­nio legal con Rusia, hay que dejar­la en paz, según ha dicho el cama­ra­da Ple­já­nov. Estoy de acuer­do con seme­jan­te opi­nión den­tro de estos lími­tes» (págs. 175 – 176).

Ple­já­nov no habló en abso­lu­to sobre este pun­to en la sesión ple­na­ria del con­gre­so. Gold­blat se refie­re a unas pala­bras que dijo Ple­já­nov en la comi­sión de pro­gra­ma, don­de el «dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción» se expli­có en for­ma deta­lla­da y popu­lar en el sen­ti­do de dere­cho a la sepa­ra­ción. Líber, que habló des­pués de Gold­blat, obser­vó:

«Cla­ro está que si algu­na nación no pue­de vivir den­tro de los con­fi­nes de Rusia, el par­ti­do no ha de crear­le obs­tácu­lo alguno» (pág. 176).

Como pue­de ver el lec­tor, en el II Con­gre­so del par­ti­do, que apro­bó el pro­gra­ma, no hubo dos opi­nio­nes en cuan­to a que la auto­de­ter­mi­na­ción sig­ni­fi­ca­ba «tan sólo» el dere­cho a la sepa­ra­ción. Inclu­so los bun­dis­tas asi­mi­la­ron enton­ces esta ver­dad, y sólo en nues­tros tris­tes tiem­pos de con­tra­rre­vo­lu­ción con­se­cu­ti­va y de toda cla­se de «abju­ra­cio­nes» ha habi­do gen­tes que, por igno­ran­cia, se han atre­vi­do a decla­rar que el pro­gra­ma es «poco cla­ro». Pero antes de dedi­car tiem­po a estos tris­tes «social­de­mó­cra­tas» de paco­ti­lla, ter­mi­ne­mos de hablar de la acti­tud de los pola­cos ante el pro­gra­ma.

Los pola­cos vinie­ron al II Con­gre­so (1903), decla­ran­do que era impres­cin­di­ble y urgen­te la uni­fi­ca­ción. Pero lo aban­do­na­ron tras de sufrir «reve­ses» en la comi­sión de pro­gra­ma, y su últi­ma pala­bra fue una decla­ra­ción escri­ta, en la que se hacía la pre­ci­ta­da pro­pues­ta de sus­ti­tuir la auto­de­ter­mi­na­ción por la auto­no­mía nacio­nal cul­tu­ral tal y como figu­ra en las actas del con­gre­so.

En 1906, los mar­xis­tas pola­cos ingre­sa­ron en el par­ti­do, pero ¡¡ni al ingre­sar en él ni des­pués (ni en el Con­gre­so de 1907, ni en las con­fe­ren­cias de 1907 y 1908, ni en el Pleno de 1910) pre­sen­ta­ron nun­ca pro­pues­ta algu­na de modi­fi­car el apar­ta­do 9 del pro­gra­ma ruso!!

Esto es un hecho.

Y este hecho demues­tra con evi­den­cia, a pesar de todas las fra­ses y ase­ve­ra­cio­nes, que los ami­gos de Rosa Luxem­bur­go con­si­de­ra­ron con­clui­dos los deba­tes en la comi­sión de pro­gra­ma del II Con­gre­so y defi­ni­ti­va la reso­lu­ción del mis­mo, que reco­no­cie­ron táci­ta­men­te su error, y lo corri­gie­ron cuan­do, des­pués de reti­rar­se del con­gre­so en 1903, ingre­sa­ron en 1906 en el par­ti­do sin inten­tar ni una sola vez plan­tear por vía de par­ti­do la revi­sión del apar­ta­do 9.

El artícu­lo de Rosa Luxem­bur­go fue publi­ca­do con su fir­ma en 1908 ‑des­de lue­go, a nadie se le ocu­rrió jamás negar a las plu­mas del par­ti­do el dere­cho a cri­ti­car el programa‑, y des­pués de este artícu­lo tam­po­co hubo ni un solo orga­nis­mo ofi­cial de los mar­xis­tas pola­cos que plan­tea­se la revi­sión del apar­ta­do 9.

Por esta razón, Trots­ki pres­ta en ver­dad un fla­co ser­vi­cio a cier­tos admi­ra­do­res de Rosa Luxem­bur­go cuan­do, en nom­bre de la redac­ción de Bor­bá, escri­be en el núme­ro 2 (mar­zo de 1914):

«… Los mar­xis­tas pola­cos con­si­de­ran que el «dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción nacio­nal» care­ce en abso­lu­to de con­te­ni­do polí­ti­co y debe ser supri­mi­do del pro­gra­ma» (pág. 25).

¡Trots­ki obse­quio­so, enemi­go peli­gro­so! En nin­gu­na par­te, si no es en «con­ver­sa­cio­nes par­ti­cu­la­res» (es decir, sen­ci­lla­men­te en chis­mes, de los que siem­pre vive Trots­ki), ha podi­do encon­trar prue­bas para incluir a los «mar­xis­tas pola­cos» en gene­ral entre los par­ti­da­rios de cada artícu­lo de Rosa Luxem­bur­go. Trots­ki ha pre­sen­ta­do a los «mar­xis­tas pola­cos» como gen­tes sin honor y sin ver­güen­za, que no saben siquie­ra res­pe­tar sus con­vic­cio­nes ni el pro­gra­ma de su par­ti­do. ¡Trots­ki obse­quio­so!

Cuan­do los repre­sen­tan­tes de los mar­xis­tas pola­cos se reti­ra­ron en 1903 del II Con­gre­so a cau­sa del dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción, Trots­ki pudo haber dicho enton­ces que ellos con­si­de­ra­ban de poco con­te­ni­do este dere­cho y que debía ser supri­mi­do del pro­gra­ma.

Pero, des­pués de eso, los mar­xis­tas pola­cos ingre­sa­ron en un par­ti­do que tenía tal pro­gra­ma y ni una sola vez pro­pu­sie­ron revi­sar­lo[7].

¿Por qué ha silen­cia­do Trots­ki estos hechos a los lec­to­res de su revis­ta? Sólo por­que le con­vie­ne espe­cu­lar, ins­ti­gan­do las diver­gen­cias entre adver­sa­rios pola­cos y rusos del liqui­da­cio­nis­mo, y enga­ñar a los obre­ros rusos res­pec­to al pro­gra­ma.

Trots­ki jamás ha teni­do una opi­nión fir­me en un solo pro­ble­ma serio del mar­xis­mo, siem­pre «se ha meti­do por la ren­di­ja» de tales o cua­les diver­gen­cias, pasán­do­se de un ban­do a otro. En estos momen­tos se halla en la com­pa­ñía de bun­dis­tas y liqui­da­do­res. Y estos seño­res no tie­nen muchos mira­mien­tos con el par­ti­do.

Vean lo que escri­be el bun­dis­ta Lib­man.

«Cuan­do la social­de­mo­cra­cia de Rusia ‑escri­be este caba­lle­ro- inclu­yó hace quin­ce años en su pro­gra­ma el pun­to sobre el dere­cho de cada nación a la «auto­de­ter­mi­na­ción», todo el mun­do (!!) se pre­gun­ta­ba: ¿qué quie­re decir, hablan­do con pro­pie­dad, esta locu­ción en boga (!!)? No hubo res­pues­ta a esta pre­gun­ta (!!). El sen­ti­do de esta pala­bra que­dó (!!) envuel­to en bru­ma. En reali­dad, enton­ces era difí­cil disi­par esta bru­ma. Toda­vía no ha lle­ga­do el momen­to en que pue­da con­cre­tar­se este pun­to ‑se decía enton­ces-; que siga por aho­ra envuel­to en bru­ma (!!), y la mis­ma vida dirá qué con­te­ni­do debe dár­se­le».

¿Ver­dad que es mag­ní­fi­co este «niño en cue­ros» que se bur­la del pro­gra­ma del par­ti­do?

¿Y por qué se bur­la?

Sólo por­que es un igno­ran­te supino que no ha estu­dia­do nada, que ni siquie­ra ha leí­do algo de his­to­ria del par­ti­do, sino que ha caí­do sen­ci­lla­men­te en el medio de los liqui­da­do­res, don­de «es cos­tum­bre» andar en cue­ros en el pro­ble­ma del par­ti­do y del par­ti­dis­mo.

En una obra de Pomia­lovs­ki, un semi­na­ris­ta se vana­glo­ria «de haber escu­pi­do en una tina de col». Los seño­res bun­dis­tas han ido más lejos. Hacen salir a los Lib­man para que estos caba­lle­ros escu­pan públi­ca­men­te en su pro­pia tina. ¿Que ha habi­do una reso­lu­ción del con­gre­so inter­na­cio­nal, que en el con­gre­so de su pro­pio par­ti­do dos repre­sen­tan­tes de su pro­pio Bund han reve­la­do (¡con lo «seve­ros» crí­ti­cos y enemi­gos deci­di­dos de Iskra que eran!) su com­ple­ta capa­ci­dad para com­pren­der el sen­ti­do de la «auto­de­ter­mi­na­ción» e inclu­so se mos­tra­ron con­for­mes con ella? ¿Qué impor­ta todo esto a los seño­res Lib­man? ¿No será más fácil liqui­dar el par­ti­do si los «publi­cis­tas del par­ti­do» (¡bro­mas apar­te!) tra­tan a lo semi­na­ris­ta la his­to­ria y el pro­gra­ma del par­ti­do?

He aquí al segun­do «niño en cue­ros», al señor Yur­ké­vich, de Dzvin, quien ha teni­do, pro­ba­ble­men­te, en sus manos las actas del II Con­gre­so, ya que cita las pala­bras de Ple­já­nov, repro­du­ci­das por Gold­blat, y demues­tra saber que la auto­de­ter­mi­na­ción no pue­de sig­ni­fi­car sino dere­cho a la sepa­ra­ción. Pero esto no le impi­de difun­dir entre la peque­ña bur­gue­sía ucra­nia, con­tra los mar­xis­tas rusos, la calum­nia de que éstos están por la «inte­gri­dad esta­tal» de Rusia (1913, núm. 7 – 8, pág. 83 y otras). Natu­ral­men­te, no podían los seño­res Yur­ké­vich inven­tar medio mejor que esta calum­nia para ale­jar a la demo­cra­cia ucra­nia de la demo­cra­cia rusa. ¡Y un ale­ja­mien­to tal está con­for­me con toda la polí­ti­ca del gru­po de auto­res de Dzvin que pre­co­ni­za la sepa­ra­ción de los obre­ros ucra­nios en una orga­ni­za­ción nacio­nal apar­te!

Al gru­po de los peque­ños bur­gue­ses nacio­na­lis­tas que escin­den al pro­le­ta­ria­do ‑pre­ci­sa­men­te éste es el papel obje­ti­vo de Dzvin- le vie­ne que ni pin­ta­do, como es natu­ral, pro­pa­gar el más impú­di­co embro­llo sobre el pro­ble­ma nacio­nal. De suyo se com­pren­de que los seño­res Yur­ké­vich y los seño­res Lib­man ‑que se ofen­den «terri­ble­men­te» cuan­do se dice de ellos que «están situa­dos a un lado del par­ti­do»-, no han dicho nada, ni una sola pala­bra, de como hubie­ran que­ri­do resol­ver ellos en el pro­gra­ma la cues­tión del dere­cho a la sepa­ra­ción.

He aquí al ter­ce­ro y prin­ci­pal «niño en cue­ros», al señor Sem­kovs­ki que, en las pági­nas del perió­di­co de los liqui­da­do­res, «deni­gra» ante el públi­co ruso el apar­ta­do 9 del pro­gra­ma y decla­ra a la vez que, ¡¡«por cier­tas con­si­de­ra­cio­nes, no com­par­te la pro­pues­ta» de excluir este apar­ta­do!!

Es inve­ro­sí­mil, pero es un hecho.

En agos­to de 1912, la con­fe­ren­cia de los liqui­da­do­res plan­tea ofi­cial­men­te el pro­ble­ma nacio­nal. En año y medio no hubo ni un solo artícu­lo, a excep­ción del artícu­lo del señor Sem­kovs­ki, sobre el apar­ta­do 9. ¡¡Y en este artícu­lo el autor refu­ta el pro­gra­ma, «no com­par­tien­do, por cier­tas razo­nes» (¿una enfer­me­dad secre­ta, o qué?), la pro­pues­ta de corre­gir­lo!! Pue­de dar­se garan­tía de que no se encon­tra­rá con faci­li­dad en todo el mun­do ejem­plos de seme­jan­te opor­tu­nis­mo, y aún peor que opor­tu­nis­mo, de abju­ra­ción del par­ti­do, de liqui­da­ción del mis­mo.

Un ejem­plo bas­ta­rá para mos­trar cuá­les son los argu­men­tos de Sem­kovs­ki.

«Cómo debe pro­ce­der­se ‑escri­be- si el pro­le­ta­ria­do pola­co quie­re luchar al lado de todo el pro­le­ta­ria­do de Rusia den­tro de un solo Esta­do, mien­tras que las cla­ses reac­cio­na­rias de la socie­dad pola­ca quie­ren, por el con­tra­rio, sepa­rar a Polo­nia de Rusia y obtie­nen mayo­ría de votos a favor de ello en un refe­rén­dum (con­sul­ta popu­lar): ¿noso­tros, social­de­mó­cra­tas rusos, habría­mos de votar en el par­la­men­to cen­tral con nues­tros cama­ra­das pola­cos con­tra la sepa­ra­ción o a favor de ella para no vio­lar «el dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción»?» (Nóva­ya Rabó­cha­ya Gaze­ta, núm71).

¡Por don­de pue­de ver­se que el señor Sem­kovs­ki no com­pren­de siquie­ra de qué se tra­ta! No ha pen­sa­do que el dere­cho a la sepa­ra­ción supo­ne que el pro­ble­ma no los resuel­ve pre­ci­sa­men­te el Par­la­men­to cen­tral, sino úni­ca­men­te el Par­la­men­to (Die­ta, refe­rén­dum, etc.) de la región que se sepa­ra.

¡Con la pue­ril per­ple­ji­dad del «como debe pro­ce­der­se» si en una demo­cra­cia la mayo­ría está por la reac­ción, se vela un pro­ble­ma de polí­ti­ca real, vera­da­de­ra, viva, cuan­do tan­to los Purish­ké­vich como los Kokosh­kin con­si­de­ran que has­ta la idea de la sepa­ra­ción es un cri­men! ¡¡Pro­ba­ble­men­te, los pro­le­ta­rios de toda Rusia no deben luchar hoy con­tra los Purish­ké­vich y los Kokosh­kin, sino pres­cin­dien­do de ellos, con­tra las cla­ses reac­cio­na­rias de Polo­nia!!

Y seme­jan­tes absur­dos incon­ce­bi­bles se escri­ben en el órgano de los liqui­da­do­res, uno de cuyos diri­gen­tes ideo­ló­gi­cos es el señor L. Már­tov. Aquel mis­mo L. Már­tov que redac­tó el pro­yec­to de pro­gra­ma y lo defen­dió en 1903 y que inclu­so más tar­de escri­bió en defen­sa de la liber­tad de sepa­ra­ción. Por lo vis­to, L. Már­tov razo­na aho­ra según la regla:

Allí no hace fal­ta un inte­li­gen­te; Man­den uste­des a Read Y yo veré.

¡El man­da a Read-Sem­kovs­ki y per­mi­te que en un dia­rio se ter­gi­ver­se y embro­lle sin fin nues­tro pro­gra­ma ante nue­vos gru­pos de lec­to­res que no lo cono­cen!

Sí, sí, el liqui­da­cio­nis­mo ha ido lejos: entre muchí­si­mos de los ex social­de­mó­cra­tas, e inclu­so entre los des­ta­ca­dos, no ha que­da­do ni ves­ti­gio de par­ti­dis­mo.

Cla­ro está que no se pue­de com­pa­rar a Rosa Luxem­bur­go con los Lib­man, los Yur­ké­vich y los Sem­kovs­ki, pero el hecho de que pre­ci­sa­men­te tales gen­tes se hayan afe­rra­do a su error demues­tra con sin­gu­lar evi­den­cia en qué opor­tu­nis­mo ha caí­do ella.

10. CONCLUSION

Haga­mos el balan­ce.

Des­de el pun­to de vis­ta de la teo­ría del mar­xis­mo en gene­ral, el pro­ble­ma del dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción no pre­sen­ta difi­cul­ta­des. En serio no se pue­de ni hablar de poner en duda el acuer­do de Lon­dres de 1896, ni de que por auto­de­ter­mi­na­ción se entien­de úni­ca­men­te el dere­cho a la sepa­ra­ción, ni de que la for­ma­ción de Esta­dos nacio­na­les inde­pen­dien­tes es una ten­den­cia de todas las revo­lu­cio­nes demo­crá­ti­cas bur­gue­sas.

Has­ta cier­to pun­to, crea la difi­cul­tad el hecho de que en Rusia luchan y deben luchar jun­tos el pro­le­ta­ria­do de las nacio­nes opri­mi­das y el pro­le­ta­ria­do de la nación opre­so­ra. La tarea con­sis­te en sal­va­guar­dar la uni­dad de la lucha de cla­se del pro­le­ta­ria­do por el socia­lis­mo, repe­ler todas las influen­cias bur­gue­sas y ultra­rreac­cio­na­rias del nacio­na­lis­mo. Entre las nacio­nes opri­mi­das, la sepa­ra­ción del pro­le­ta­ria­do en un par­ti­do inde­pen­dien­te con­du­ce a veces a una lucha tan encar­ni­za­da con­tra el nacio­na­lis­mo de la nación de que se tra­ta que se defor­ma la pers­pec­ti­va y se olvi­da el nacio­na­lis­mo de la nación opre­so­ra.

Pero esta defor­ma­ción de la pers­pec­ti­va es posi­ble tan sólo duran­te cor­to tiem­po. La expe­rien­cia de la lucha con­jun­ta de los pro­le­ta­rios de nacio­nes dife­ren­tes prue­ba con dema­sia­da cla­ri­dad que noso­tros debe­mos plan­tear los pro­ble­mas polí­ti­cos des­de el pun­to de vis­ta de toda Rusia, y no des­de el «de Cra­co­via». Mien­tras tan­to, en la polí­ti­ca de toda Rusia domi­nan los Purish­ké­vich y los Kokosh­kin. Pre­do­mi­nan sus ideas; y la per­se­cu­ción de los habi­tan­tes aló­ge­nos por «sepa­ra­tis­mo», por pen­sar en la sepa­ra­ción, es pre­di­ca­da y lle­va­da a la prác­ti­ca en la Duma, en las escue­las, en las igle­sias, en los cuar­te­les, en cen­te­na­res y miles de perió­di­cos. Todo el cli­ma polí­ti­co de Rusia ente­ra está empon­zo­ña­do del veneno de este nacio­na­lis­mo ruso. La des­gra­cia del pue­blo con­sis­te en que, al escla­vi­zar a otros pue­blos, afian­za la reac­ción en toda Rusia. Los recuer­dos de 1849 y 1863 cons­ti­tu­yen una tra­di­ción polí­ti­ca viva que, si no se pro­du­cen tem­pes­ta­des de pro­por­cio­nes muy gran­des, ame­na­za­rá duran­te lar­gos dece­nios con difi­cul­tar todo movi­mien­to demo­crá­ti­co y, sobre todo, social­de­mó­cra­ta.

No pue­de caber duda de que, por natu­ral que parez­ca a veces el pun­to de vis­ta de algu­nos mar­xis­tas de las nacio­nes opri­mi­das (cuya «des­gra­cia» con­sis­te a veces en que las masas de la pobla­ción que­dan des­lum­bra­das por la idea de «su» libe­ra­ción nacio­nal), en la prác­ti­ca, tenien­do en cuen­ta la corre­la­ción obje­ti­va de las fuer­zas de las cla­ses en Rusia, la renun­cia a defen­der el dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción equi­va­le al peor opor­tu­nis­mo, a con­ta­giar al pro­le­ta­ria­do las ideas de los Kokosh­kin. Y estas ideas son, en el fon­do, las ideas y la polí­ti­ca de los Purish­ké­vich.

Por eso, si el pun­to de vis­ta de Rosa Luxem­bur­go podía jus­ti­fi­car­se al prin­ci­pio como estre­chez espe­cí­fi­ca pola­ca, «de Cra­co­via»[8], aho­ra, cuan­do en todas par­tes se ha acen­tua­do el nacio­na­lis­mo y, sobre todo, el nacio­na­lis­mo guber­na­men­tal, ruso, cuan­do es este nacio­na­lis­mo el que diri­ge la polí­ti­ca, seme­jan­te estre­chez es ya imper­do­na­ble. En la prác­ti­ca se afe­rran a ella los opor­tu­nis­tas de todas las nacio­nes, teme­ro­sos ante la idea de «tem­pes­ta­des» y de «sal­tos», que con­si­de­ran ter­mi­na­da la revo­lu­ción demo­crá­ti­ca bur­gue­sa y van detrás del libe­ra­lis­mo de los Kokosh­kin.

El nacio­na­lis­mo ruso, como todo nacio­na­lis­mo, atra­ve­sa­rá dis­tin­tas fases, según pre­do­mi­nen en el país bur­gués unas u otras cla­ses. Has­ta 1905, casi no cono­ci­mos más que a nacio­nal-reac­cio­na­rios. Des­pués de la revo­lu­ción han sur­gi­do en nues­tro país nacio­nal-libe­ra­les,

Esta es la posi­ción que ocu­pan de hecho en nues­tro país tan­to los octu­bris­tas como los demó­cra­tas cons­ti­tu­cio­na­lis­tas (Kokosh­kin), es decir, toda la bur­gue­sía con­tem­po­rá­nea.

En lo suce­si­vo es inevi­ta­ble que sur­jan nacio­nal-demó­cra­tas rusos. Uno de los fun­da­do­res del par­ti­do «socia­lis­ta popu­lar», el señor Peshe­jó­nov, ha expre­sa­do ya este pun­to de vis­ta cuan­do exhor­ta­ba (en el fas­cícu­lo de agos­to de Rúss­koie Bogatst­vo de 1906) a pro­ce­der con pru­den­cia res­pec­to a los pre­jui­cios nacio­na­lis­tas del mujik. Por mucho que se nos calum­nie a noso­tros, los bol­che­vi­ques, pre­ten­dien­do que «idea­li­za­mos» al mujik, noso­tros siem­pre hemos dis­tin­gui­do y dis­tin­gui­re­mos rigu­ro­sa­men­te entre el jui­cio del mujik y el pre­jui­cio del mujik, entre el espí­ri­tu demo­crá­ti­co del mujik con­tra Purish­ké­vich y la ten­den­cia del mujik a tran­si­gir con el pope y el terra­te­nien­te.

La demo­cra­cia pro­le­ta­ria debe tener en cuen­ta el nacio­na­lis­mo de los cam­pe­si­nos rusos (no en el sen­ti­do de con­ce­sio­nes, sino en el sen­ti­do de lucha) ya aho­ra, y lo ten­drá en cuen­ta, pro­ba­ble­men­te, duran­te un perío­do bas­tan­te pro­lon­ga­do[9]. El des­per­tar del nacio­na­lis­mo en las nacio­nes opri­mi­das, que se ha mos­tra­do con tan­ta fuer­za des­pués de 1905 (recor­de­mos aun­que sólo sea el gru­po de «auto­no­mis­tas-fede­ra­lis­tas» de la I Duma, el ascen­so del movi­mien­to ucra­nio, del movi­mien­to musul­mán, etc.), pro­vo­ca­rá inevi­ta­ble­men­te un recru­de­ci­mien­to del nacio­na­lis­mo de la peque­ña bur­gue­sía rusa en la ciu­dad y en el cam­po. Cuan­to más len­ta sea la trans­for­ma­ción demo­crá­ti­ca en Rusia, tan­to más empe­ña­dos, rudos y encar­ni­za­dos serán el hos­ti­ga­mien­to nacio­nal y las dis­cor­dias entre la bur­gue­sía de las diver­sas nacio­nes. El sin­gu­lar espí­ri­tu reac­cio­na­rio de los Purish­ké­vich rusos engen­dra­rá (e inten­si­fi­ca­rá) a la vez ten­den­cias «sepa­ra­tis­tas» en unas u otras nacio­nes opri­mi­das, que a veces gozan de una liber­tad mucho mayor en los Esta­dos veci­nos.

Seme­jan­te esta­do de cosas plan­tea al pro­le­ta­ria­do de Rusia una tarea doble, o mejor dicho, bila­te­ral: luchar con­tra todo nacio­na­lis­mo y, en pri­mer tér­mino, con­tra el nacio­na­lis­mo ruso; reco­no­cer no sólo la com­ple­ta igual­dad de dere­chos de todas las nacio­nes en gene­ral, sino tam­bién la igual­dad de dere­chos res­pec­to a la edi­fi­ca­ción esta­tal, es decir, el dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción, a la sepa­ra­ción; y, al mis­mo tiem­po y pre­ci­sa­men­te en inte­rés del éxi­to en la lucha con­tra toda cla­se de nacio­na­lis­mos de todas las nacio­nes, pro­pug­nar la uni­dad de la lucha pro­le­ta­ria y de las orga­ni­za­cio­nes pro­le­ta­rias, su más ínti­ma fusión en una comu­ni­dad inter­na­cio­nal, a des­pe­cho de las ten­den­cias bur­gue­sas al ais­la­mien­to nacio­nal.

Com­ple­ta igual­dad de dere­chos de las nacio­nes; dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes; fusión de los obre­ros de todas las nacio­nes; tal es el pro­gra­ma nacio­nal que ense­ña a los obre­ros el mar­xis­mo, que ense­ña la expe­rien­cia del mun­do ente­ro y la expe­rien­cia de Rusia.

El pre­sen­te artícu­lo esta­ba ya en caja cuan­do reci­bí el núme­ro 3 de Nasha Rabó­cha­ya Gaze­ta, don­de el señor V. Kosovs­ki escri­be sobre el reco­no­ci­mien­to del dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción para todas las nacio­nes:

«Mecá­ni­ca­men­te tras­la­da­do de la reso­lu­ción del I Con­gre­so del par­ti­do (1898) que, a su vez, lo tomó de los acuer­dos de los con­gre­sos socia­lis­tas inter­na­cio­na­les, este dere­cho, según pue­de ver­se por los deba­tes, era inter­pre­ta­do por el con­gre­so de 1903 en el mis­mo sen­ti­do que le daba la Inter­na­cio­nal Socia­lis­ta: en el sen­ti­do de la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca, es decir, de la auto­de­ter­mi­na­ción de la nación hacia la inde­pen­den­cia polí­ti­ca. De este modo, la fór­mu­la de auto­de­ter­mi­na­ción nacio­nal, que sig­ni­fi­ca el dere­cho a la sepa­ra­ción terri­to­rial, no ata­ñe para nada al pro­ble­ma de cómo regu­lar las rela­cio­nes nacio­na­les den­tro de un orga­nis­mo esta­tal deter­mi­na­do para las nacio­nes que no pue­dan o no quie­ran salir de Esta­do exis­ten­te».

Por don­de pue­de ver­se que el señor V. Kosovs­ki ha teni­do en las manos las actas del II Con­gre­so de 1903 y cono­ce per­fec­ta­men­te el ver­da­de­ro (y úni­co) sen­ti­do del con­cep­to de auto­de­ter­mi­na­ción. ¡¡Com­pa­ren con esto el hecho de que la redac­ción del perió­di­co bun­dis­ta Zait suel­te al señor Lib­man para que se mofe del pro­gra­ma y le impu­te fal­ta de cla­ri­dad!! Extra­ños hábi­tos «de par­ti­do» tie­nen los seño­res bun­dis­tas… Sólo «Alá sabe» por qué Kosovs­ki decla­ra que el acep­tar el con­gre­so la auto­de­ter­mi­na­ción es un tras­la­do mecá­ni­co. Hay gen­tes que «quie­ren hacer obje­cio­nes», pero no ven el fon­do del asun­to, no saben cuá­les, ni cómo, ni por qué, ni para qué hacer­las.


[1] A cier­to L. Vl. de París, le pare­ce que esta pala­bra no es mar­xis­ta. Este L. Vl. es un diver­ti­do «super­klug» (lo que pue­de tra­du­cir­se por «super­in­te­li­gen­te»). El «super­in­te­li­gen­te» L. Vl. se pro­po­ne, por lo vis­to, escri­bir un estu­dio sobre la eli­mi­na­ción de nues­tro pro­gra­ma míni­mo (¡des­de el pun­to de vis­ta de la lucha de cla­se!) de las pala­bras: «pobla­ción», «pue­blo», etc.

[2] Si la mayo­ría de la nación norue­ga esta­ba por la monar­quía, y el pro­le­ta­ria­do por la repú­bli­ca, al pro­le­ta­ria­do norue­go, hablan­do en gene­ral, se le abrían dos cami­nos: o la revo­lu­ción, si esta­ban madu­ras las con­di­cio­nes para ella, o la sumi­sión a la mayo­ría y una lar­ga labor de pro­pa­gan­da y agi­ta­ción.

[3] Sería un tra­ba­jo his­tó­ri­co muy intere­san­te com­pa­rar la posi­ción de un gen­tilhom­bre pola­co insur­gen­te de 1863, que era la posi­ción de Chernyshevsky, demó­cra­ta revo­lu­cio­na­rio de influen­cia en toda Rusia, que tam­bién (como Marx) supo apre­ciar la impor­tan­cia del movi­mien­to pola­co, y la posi­ción del filis­teo ucra­nio Dra­go­má­nov, quien escri­bió mucho más tar­de y expre­só el pun­to de vis­ta del cam­pe­sino, toda­vía tan sal­va­je, dor­mi­do, encos­tra­do en su mon­tón de estier­col, que su legí­ti­mo odio a los terra­te­nien­tes pola­cos le impe­día com­pren­der la impor­tan­cia de la lucha de estos terra­te­nien­tes para la demo­cra­cia de toda Rusia. (Veá­se La Polo­nia his­tó­ri­ca y la demo­cra­cia de Rusia, de Dra­go­má­nov). Dra­go­má­nov ha mere­ci­do ple­na­men­te los entu­sias­tas abra­zos que más tar­de le pro­di­gó P. Stru­ve cuan­do ya era nacio­nal-libe­ral.

[4] Com­pá­re­se, ade­más, la car­ta de Marx a Engels del 3 de junio de 1867: «…Por las cró­ni­cas de París del Times me he ente­ra­do con ver­da­de­ra satis­fac­ción de las excla­ma­cio­nes polo­nó­fi­las de los pari­sien­ses con­tra Rusia… El señor Proudhon y su minús­cu­la cama­ri­lla doc­tri­na­ria no son el pue­blo fran­cés».

[5] No es difí­cil ver, dicho sea de paso, por qué, des­de el pun­to de vis­ta social­de­mó­cra­ta, no pue­de enten­der­se por dere­cho a la «auto­de­ter­mi­na­ción» de las nacio­nes ni la fede­ra­ción ni la ato­no­mía (aun­que, hablan­do en for­ma abs­trac­ta, la una y la otra encua­dran en el tér­mino de «auto­de­ter­mi­na­ción»). El dere­cho a la fede­ra­ción es, en gene­ral, un absur­do, ya que la fede­ra­ción es un con­tra­to bila­te­ral. Ni que decir tie­ne que en modo alguno pue­den los mar­xis­tas incluir en su pro­gra­ma la defen­sa del fede­ra­lis­mo en gene­ral. En lo que res­pec­ta a la auto­no­mía, los mar­xis­tas no defien­den «el dere­cho a» la auto­no­mía, sino la auto­no­mía mis­ma, como prin­ci­pio gene­ral y uni­ver­sal de un Esta­do demo­crá­ti­co de com­po­si­ción nacio­nal hete­ro­gé­nea, con mar­ca­das dife­ren­cias en las con­di­cio­nes geo­grá­fi­cas y de otro tipo. Por eso, reco­no­cer «el dere­cho de las nacio­nes a la auto­no­mía» sería tan absur­do como reco­no­cer «el dere­cho de las nacio­nes a la fede­ra­ción».

[6] En 1916, Lenin dio en este lugar la siguien­te nota: «roga­mos a los lec­to­res que no olvi­den que Ple­já­nov fue en 1903 uno de los prin­ci­pa­les enemi­gos del opor­tu­nis­mo y esta­ba muy lejos de su tris­te­men­te céle­bre vira­je hacia el opor­tu­nis­mo y, pos­te­rior­men­te, el cho­vi­nis­mo».

[7] Se nos comu­ni­ca que en la con­fe­ren­cia cele­bra­da por los mar­xis­tas de Rusia en el verano de 1913, los mar­xis­tas pola­cos par­ti­ci­pa­ron tan sólo con voz, pero sin voto, y que, en lo tocan­te al dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción (a la sepa­ra­ción), no vota­ron en abso­lu­to, mani­fes­tán­do­se en con­tra de tal dere­cho en gene­ral. Por supues­to, tenían pleno dere­cho a pro­ce­der de este modo y a des­ple­gar igual que antes su agi­ta­ción en Polo­nia con­tra su sepa­ra­ción. Pero esto no se pare­ce mucho a lo que dice Trots­ki, pues los mar­xis­tas pola­cos no exi­gían que se «supri­mie­ra del pro­gra­ma» el apar­ta­do 9.

[8] No es difí­cil com­pren­der que el hecho de que los mar­xis­tas de toda Rusia y, en pri­mer tér­mino, los rusos, reco­noz­can el dere­cho de las nacio­nes a la sepa­ra­ción no des­car­ta en lo más míni­mo la agi­ta­ción con­tra la sepa­ra­ción por par­te de los mar­xis­tas de esta o la otra nación opri­mi­da, del mis­mo modo que el reco­no­cer el dere­cho al divor­cio no des­car­ta la agi­ta­ción con­tra el divor­cio en este o el otro caso. Por eso cree­mos que ha de aumen­tar inevi­ta­ble­men­te el núme­ro de mar­xis­tas pola­cos que se reirán de la inexis­ten­te «con­tra­dic­ción» que aho­ra «exa­cer­ban» Sem­kovs­ki y Trots­ki.

[9] Sería intere­san­te seguir el pro­ce­so de modi­fi­ca­ción, por ejem­plo, del nacio­na­lis­mo en Polo­nia, pasan­do del naci­na­lis­mo aris­to­crá­ti­co a nacio­na­lis­mo bur­gués y des­pués a nacio­na­lis­mo cam­pe­sino. Lud­wig Bernhard, en su libro Das pol­nis­che Gemein­we­sen im pre­us­sis­chen Staat («Los pola­cos en Pru­sia»; hay una tra­duc­ción rusa), colo­cán­do­se él mis­mo en el pun­to de vis­ta de un Kokosh­kin ale­mán, des­cri­be un fenó­meno extra­or­di­na­ria­men­te carac­te­rís­ti­co: la for­ma­ción de una espe­cie de «repú­bli­ca cam­pe­si­na» de pola­cos en Ale­ma­nia, en for­ma de este­cha agru­pa­ción de toda cla­se de coope­ra­ti­vas y demás unio­nes de cam­pe­si­nos pola­cos en lucha por la nación, por la reli­gión, por la tie­rra «pola­ca». El yugo ale­mán ha agru­pa­do a los pola­cos, les ha hecho reple­gar­se sobre sí mis­mos, des­per­tan­do el nacio­na­lis­mo, al prin­ci­pio, en la aris­to­cra­cia, des­pués en los bur­gue­ses y, por últi­mo, en la masa cam­pe­si­na (sobre todo des­pués de que los ale­ma­nes ini­cia­ron en 1873 una cam­pa­ña con­tra el idio­ma pola­co en las escue­las). Hacia eso mis­mo van las cosas en Rusia, y no sólo por lo que se refie­re a Polo­nia.

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Share on facebook
Share on Facebook
Share on twitter
Share on Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *