Argala gaur

Jeitsie­rak /​Descargas PDF (A4) PDF (A5) PDF (Let­ter) ePUB mobi (Kind­le) Nota: Seis pun­tos para la cha­r­­la-deba­­te sobre Arga­la en Arra­sa­te, el 6 de diciem­bre. Arga­la

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Simone de Beauvoir: por qué soy feminista

Res­ca­ta­mos una de las esca­sas entre­vis­tas tele­vi­si­vas con­ce­di­da por la auto­ra deEl segun­do sexo

El pasa­do 14 de abril se cum­plió el tri­gé­si­mo aniver­sa­rio de la muer­te de Simo­ne de Beau­voir. La nove­lis­ta y filó­so­fa fran­ce­sa, cono­ci­da por su com­pro­mi­so izquier­dis­ta y femi­nis­ta, revo­lu­cio­nó el mun­do inte­lec­tual y mili­tan­te con la publi­ca­ción en 1949 de su obraLe deu­xiè­me sexe (El segun­do sexo). Este ensa­yo, una de las obras fun­da­cio­na­les de la segun­da ola del femi­nis­mo, no solo denun­cia­ba la opre­sión de las muje­res. Iba inclu­so más allá al demos­trar que tan­to esta como los roles asig­na­dos a los hom­bres y a las muje­res no esta­ban basa­dos en dife­ren­cias bio­ló­gi­cas, sino que eran cons­truc­cio­nes socia­les: «No se nace mujer, se lle­ga a ser­lo».

CTXT ofre­ce la trans­crip­ción y tra­duc­ción de una de las esca­sas entre­vis­tas tele­vi­si­vas con­ce­di­da por la escri­to­ra. El 6 de abril de 1975 el perio­dis­ta Jean Louis Ser­van Schrei­ber man­te­nía esta lar­ga con­ver­sa­ción con Beau­voir.

El pasa­do 14 de abril se cum­plió el tri­gé­si­mo aniver­sa­rio de la muer­te de Simo­ne de Beau­voir. La nove­lis­ta y filó­so­fa fran­ce­sa, cono­ci­da por su com­pro­mi­so izquier­dis­ta y femi­nis­ta, revo­lu­cio­nó el mun­do inte­lec­tual y mili­tan­te con la publi­ca­ción en 1949 de su obra Le deu­xiè­me sexe (El segun­do sexo). Este ensa­yo, una de las obras fun­da­cio­na­les de la segun­da ola del femi­nis­mo, no sólo denun­cia­ba la opre­sión de las muje­res. Iba inclu­so más allá al demos­trar que tan­to ésta como los roles asig­na­dos a los hom­bres y a las muje­res no esta­ban basa­dos en dife­ren­cias bio­ló­gi­cas, sino que eran cons­truc­cio­nes socia­les: «No se nace mujer, se lle­ga a ser­lo».

CTXT ofre­ce la trans­crip­ción y tra­duc­ción de una de las esca­sas entre­vis­tas tele­vi­si­vas con­ce­di­da por la escri­to­ra. El 6 de abril de 1975 el perio­dis­ta Jean Louis Ser­van Schrei­ber man­te­nía esta lar­ga con­ver­sa­ción con Beau­voir.

Bue­nas noches.

Pro­ba­ble­men­te es la pri­me­ra vez que veis a Simo­ne de Beau­voir. Como Jean-Paul Sar­tre, su com­pa­ñe­ro de vida, has­ta este año se nega­ba a apa­re­cer en tele­vi­sión.

El públi­co la cono­ce por sus obras y nove­las comoLes Man­da­rins (Los Man­da­ri­nes), pre­mio Gon­court 1954, o Les mémoi­res d’une fille ran­gée (Memo­rias de una joven for­mal), ya que Beau­voir se cuen­ta entre los gran­des escri­to­res actua­les. Pero es por un ensa­yo,Le deu­xiè­me sexe (El segun­do sexo), publi­ca­do hace más de 25 años, por el que ha juga­do un papel his­tó­ri­co en la evo­lu­ción de las ideas de nues­tra épo­ca.

Sí, esa es la fór­mu­la que resu­me la tota­li­dad de mis tesis. Lo que sig­ni­fi­ca es muy sim­ple, quie­re decir que ser mujer no es un hecho natu­ral, es el resul­ta­do de una his­to­ria. No exis­te nin­gún ins­tin­to bio­ló­gi­co o psi­co­ló­gi­co que defi­na a la mujer como tal. Es la his­to­ria la que la cons­tru­ye. Pri­me­ro, la his­to­ria de una civi­li­za­ción que deter­mi­na su situa­ción actual. Y, por otra par­te, para cada mujer par­ti­cu­lar, es la his­to­ria de su vida, de su infan­cia la que que la deter­mi­na como mujer, la que crea en ella algo que no es dado des­de el naci­mien­to, el «eterno feme­nino», la «femi­ni­dad». En los estu­dios psi­co­ló­gi­cos rea­li­za­dos con niños se mues­tra cómo se pro­fun­di­za más en la cues­tión de la sen­si­bi­li­dad en los bebés feme­ni­nos, como la bebé es cons­trui­da para con­ver­tir­se en una mujer. Hay un exce­len­te libro que aca­ba de escri­bir la escri­to­ra ita­lia­na Ele­na Belot­ti,Del lado de las niñas, don­de se mues­tra cómo des­de antes de que el niño naz­ca o sea inclu­so cons­cien­te, se ins­cri­be esto en su cuer­po, en la mane­ra de mamar, de acu­nar, etcé­te­ra. Se ins­cri­be en su cuer­po lo que más tar­de apa­re­ce­rá como un des­tino.

Usted con­si­de­ra que las dife­ren­cias bio­ló­gi­cas, evi­den­tes, no jue­gan un papel en el com­por­ta­mien­to pos­te­rior del indi­vi­duo.

Creo que cier­ta­men­te pue­den jugar un papel, pero la impor­tan­cia que se les da, vie­ne del con­tex­to social en el que se sitúan. Es muy impor­tan­te que una mujer pue­da estar emba­ra­za­da, tener hijos, cosa que el hom­bre no. Cons­ti­tu­ye una gran dife­ren­cia entre los dos pero no es esta la que fun­da­men­ta las dife­ren­cias de esta­tus, la explo­ta­ción y la opre­sión a la que está some­ti­da la mujer. Es, en cier­ta medi­da, un pre­tex­to a par­tir del cual se cons­tru­ye la con­di­ción feme­ni­na, pero no es lo que la deter­mi­na.

Cuan­do habla de opre­sión o explo­ta­ción, se pre­su­po­ne una volun­tad en un momen­to dado, no es sim­ple­men­te acci­den­tal. ¿Dón­de tra­za el ori­gen de esta volun­tad en el plano his­tó­ri­co?

Se remon­ta a los albo­res del tiem­po. Hay que par­tir de la idea de que «el hom­bre es un lobo para el hom­bre», de que exis­tía la esca­sez, de que no exis­tían sufi­cien­tes recur­sos para todo el mun­do. Hubo un momen­to en los albo­res del tiem­po en el que el físi­co con­ta­ba enor­me­men­te, los más fuer­tes se apro­pia­ban el poder para con­se­guir tam­bién una pre­emi­nen­cia eco­nó­mi­ca, para ser bási­ca­men­te los que siem­pre esta­ban segu­ros de comer. En Chi­na, por ejem­plo, don­de había mucha pobre­za, se deja­ba morir, se mata­ba a las niñas peque­ñas y se impe­día a las muje­res par­ti­ci­par en la pro­duc­ción, de for­ma que el hom­bre tuvie­ra todo entre manos. Ha sido así siem­pre, no me da tiem­po a expli­car la his­to­ria de la mujer, pero es evi­den­te que ha habi­do siem­pre una volun­tad de los hom­bres de hacer­se con el poder. Por ejem­plo, en los ini­cios de la Edad Media las muje­res tenían mucho poder como médi­cos, cono­cían muchos reme­dios, hier­bas muy valio­sas… Pues bien, los hom­bres les arre­ba­ta­ron la medi­ci­na. Todas las per­se­cu­cio­nes con­tra las bru­jas estu­vie­ron esen­cial­men­te fun­da­das en esta volun­tad de los hom­bres de apar­tar a la mujer de la medi­ci­na y del poder que esta les daba. Des­pués, en los siglos XVIXVII, hubo regla­men­tos que prohi­bían rigu­ro­sa­men­te, bajo pena de muer­te o de mul­ta, que la mujer ejer­cie­ra la medi­ci­na si no había estu­dia­do en cier­tas escue­las don­de no se las acep­ta­ba. Las muje­res fue­ron rele­ga­das al rol de enfer­me­ra, coma­dro­na, o asis­ten­ta. Si nos cen­tra­mos en otros ámbi­tos, com­pro­ba­ría­mos que se han pro­du­ci­do los mis­mos pro­ce­sos. Aho­ra, la volun­tad es más la de man­te­ner cier­tas barre­ras cuan­do la mujer quie­re acce­der a cier­tas cua­li­fi­ca­cio­nes o a cier­tos pode­res.

En sus memo­rias dice que escri­bien­doLe deu­xiè­me sexe se dio cuen­ta de que des­cu­bría con cua­ren­ta años una situa­ción que le pare­cía evi­den­te una vez que uno se per­ca­ta­ba de ella. ¿Cómo pue­de ser que una mujer como usted, inte­lec­tual, con gran­des estu­dios, no haya vis­lum­bra­do antes la situa­ción que des­cri­be?

Por­que he vivi­do mi pro­pia con­di­ción, la de inte­lec­tual que tenía la suer­te de ejer­cer una pro­fe­sión don­de no había com­pe­ti­ción con los hom­bres ya que la ense­ñan­za está abier­ta a ambos. Había teni­do com­pa­ñe­ros en la Sor­bo­na o en otros luga­res que en el plano inte­lec­tual domi­na­ban per­fec­ta­men­te la idea de igual­dad. No había sen­ti­do eso. Como tam­po­co nun­ca qui­se casar­me ni tener hijos, no he teni­do una vida domés­ti­ca que es lo más opre­sor para la con­di­ción feme­ni­na. Había esca­pa­do a la ser­vi­dum­bre que impli­ca la con­di­ción feme­ni­na. Más tar­de, cuan­do empe­cé a refle­xio­nar, a mirar a mi alre­de­dor, vi la ver­dad sobre la con­di­ción feme­ni­na. La des­cu­brí en gran par­te al escri­birLe deu­xiè­me sexe.

Es posi­ble que en sus orí­ge­nes no fue­se un estu­dio des­ti­na­do a trans­for­mar la con­di­ción de la mujer, sino más bien una bús­que­da inte­lec­tual…

Era un estu­dio teó­ri­co, mucho más que un tra­ba­jo de mili­tan­cia. De hecho, estoy muy con­ten­ta de que lue­go haya podi­do ser uti­li­za­do por las mili­tan­tes. Aho­ra tie­nen un rol de mili­tan­cia, pero no fue para nada con­ce­bi­do para eso.

Ha des­cu­bier­to una situa­ción que, como usted mis­ma dice, pare­cía una evi­den­cia. ¿Cómo expli­ca que en los últi­mos 150 haya habi­do muchas muje­res que han rea­li­za­do estu­dios, que han podi­do acce­der al mis­mo nivel cul­tu­ral que los hom­bres, pero que no se haya lle­ga­do a esta evi­den­cia de que las muje­res tie­nen un papel secun­da­rio en la his­to­ria de la huma­ni­dad?

Por­que los hom­bres no tenían inte­rés en for­mu­lar­la.

Pero las muje­res podían hacer­lo. Tenían el dere­cho.

Ha habi­do muje­res que han lan­za­do gri­tos de pro­tes­ta, por ejem­plo, en Ingla­te­rra. Pero no ha sido un gri­to de revuel­ta que se haya escu­cha­do o que haya teni­do reper­cu­sión. Pien­so que se debe a que en su con­jun­to las muje­res tam­po­co son femi­nis­tas. Si algu­nas de ellas han levan­ta­do la voz, sus gri­tos no han sido escu­cha­dos por las otras. Hay razo­nes para expli­car esta acti­tud pasi­va o resig­na­da de las muje­res. Resig­na­ción que va acom­pa­ña­da de recri­mi­na­cio­nes, de emo­cio­nes, pero que muy rara vez se ha tras­la­da­do a una revuel­ta. En pri­mer lugar, la edu­ca­ción de la mujer en su tier­na infan­cia. Son estruc­tu­ras depo­si­ta­das en ellas, muy difí­ci­les de des­pe­gar del todo.

¿Podría dar­nos un ejem­plo? Habla usted de la «tier­na infan­cia». ¿A qué edad es esto? ¿A qué tipo de tra­to se refie­re?

En el libro de la pedia­tra ita­lia­na Belot­ti se ense­ña que al ama­man­tar la madre no lo hace igual con la niña que con el niño. Se incen­ti­va una cier­ta mane­ra de mamar mucho más agre­si­va en el niño que en la niña. Cuan­do lue­go el niño toma ini­cia­ti­vas inde­pen­dien­tes o inso­len­tes o quie­re cier­tas cosas, se le incen­ti­va. En cam­bio, a la niña se la pone en su sitio ense­gui­da. Ade­más, en la vida del niño habrá muchas cui­da­do­ras o madres a las que les diver­ti­rá, juga­rán con él, harán de él un peque­ño per­so­na­je, con lo que el niño, con dos o tres años, esta­rá ya acos­tum­bra­do a exhi­bir­se. En cam­bio a la niña se le ense­ña a escon­der­se, a no mos­trar­se. A las niñas se les ense­ña a ser pudo­ro­sas, lo que es un com­por­ta­mien­to cons­trui­do.

Enton­ces, dicho de otro modo, ¿son las madres las que ini­cian esta dis­cri­mi­na­ción?

En gran par­te, sí. Son hijas de la Mujer y cui­dan esta tra­di­ción. Tie­nen tan ancla­do este mode­lo feme­nino que ima­gi­nan que una mujer que no sea como ellas es un mons­truo. Y quie­ren, por tan­to, que la niña sea muy feme­ni­na. Pero a la vez, lo hacen bajo la pre­sión evi­den­te de los hom­bres. Son ellos los que han ense­ña­do a las muje­res a com­por­tar­se como depen­dien­tes, pasi­vas, sumi­sas, etcé­te­ra.

¿No será tam­bién una razón pura­men­te eco­nó­mi­ca? Has­ta hace muy poco lo mejor que podía suce­der­le a una chi­ca era ser bella, desea­ble por los hom­bres, y hallar así un sopor­te finan­cie­ro median­te el matri­mo­nio.

Por supues­to, es una con­di­ción eco­nó­mi­ca, pero que vie­ne siem­pre de lo que decía antes. ¿Por qué se da? Por­que los hom­bres han aca­pa­ra­do las pro­fe­sio­nes, sobre todo, las intere­san­tes, al con­tra­rio que en el ámbi­to rural don­de las cam­pe­si­nas tra­ba­jan lo mis­mo que los hom­bres. En las pro­fe­sio­nes supe­rio­res, los hom­bres se han esfor­za­do por per­sua­dir a las muje­res de que no debían sufrir eco­nó­mi­ca­men­te, de que tenían que apo­yar­se en un mari­do y ocu­par­se del tra­ba­jo domés­ti­co. Una de las cla­ves de la con­di­ción impues­ta de la mujer es este tra­ba­jo que les extor­sio­na. Un tra­ba­jo no asa­la­ria­do, no paga­do, que le per­mi­te sola­men­te ser man­te­ni­da más o menos mise­ra­ble­men­te por su mari­do. El valor apor­ta­do por este tra­ba­jo no es reco­no­ci­do. No me acuer­do muy bien de las cifras, pero en 1955 hici­mos una esta­dís­ti­ca que mos­tra­ba que por cada 45.000 tra­ba­jos remu­ne­ra­dos en Fran­cia en un año, había cer­ca de 46.000 tra­ba­jos domés­ti­cos, no retri­bui­dos. Si las muje­res hicie­sen una revo­lu­ción en el ámbi­to del tra­ba­jo domés­ti­co, si lo recha­za­ran, si obli­ga­ran al hom­bre a hacer­lo con ellas, si deja­se de ser un tra­ba­jo clan­des­tino al que están por así decir­lo con­de­na­das, ya que pasar­se toda su vida en un tra­ba­jo que no tie­ne nada de pro­duc­ti­vo es una con­de­na, toda la socie­dad se trans­for­ma­ría.

Dice que «no tie­ne nada de pro­duc­ti­vo», pero hay muchas muje­res que pien­san que la edu­ca­ción de sus hijos, algo tre­men­da­men­te com­pli­ca­do, el edu­car a una gene­ra­ción ente­ra en las mejo­res con­di­cio­nes posi­bles, lo que recae esen­cial­men­te sobre las muje­res, así como ase­gu­rar una cali­dad de vida es algo que cuen­ta…

No he dicho que no cuen­te, he dicho que no es pro­duc­ti­vo, que no pro­du­ce valor eco­nó­mi­co. Este tra­ba­jo es qui­zás muy enri­que­ce­dor, pero en reali­dad exis­te una gran depen­den­cia. La mujer sólo pue­de rea­li­zar­lo si es man­te­ni­da por un mari­do que se gane la vida. Y si el mari­do se can­sa de su mujer o encuen­tra a otra o sim­ple­men­te se pro­du­ce una sepa­ra­ción, ella se que­da sin recur­sos. Conoz­co bien esto por­que me lle­gan muchas car­tas de muje­res, des­pués de publi­car mi libro, que me expli­can su situa­ción. Hay una his­to­ria que he encon­tra­do muy fre­cuen­te­men­te, la de una mujer que se casa con 20 años, que dis­fru­ta de cui­dar de su casa, de edu­car a sus hijos, que es muy feliz; pero de repen­te con 30 años ya no fun­cio­na y se que­da sin nada y con la car­ga de sus hijos. Ahí es cuan­do se arre­pien­ten de no haber apren­di­do una pro­fe­sión e inclu­so de haber con­ser­va­do una cier­ta inde­pen­den­cia eco­nó­mi­ca.

Usted pone el caso de una mujer de 30 años, pero con esa edad exis­ten posi­bi­li­da­des de recons­truir­se. Una mujer de 50 años no tie­ne, sin embar­go, posi­bi­li­dad algu­na de recons­truir su vida. La refor­ma de la ley de divor­cio pone el acen­to en este tipo de casos, en los que una mujer de 50 años sin pro­fe­sión se ve com­ple­ta­men­te expues­ta.

Esto tam­bién es cier­to para una mujer de 40. A esa edad no le da ya tiem­po de apren­der una pro­fe­sión. Exis­ten casos de recon­ver­sión real­men­te sor­pren­den­tes, son excep­cio­nes que exi­gen muchí­si­ma ener­gía de la mujer para lograr recons­truir­se una vida, sola, sin hijos o que ya son mayo­res, sin mari­do para apo­yar­la. Si tie­ne mari­do, solo le que­da ese mari­do, no está inte­gra­da en la socie­dad de mane­ra que sea intere­san­te para ella.

Habla de las reac­cio­nes en las car­tas de sus lec­to­ras, pero cuan­do salióEl segun­do sexo, inclu­so si no era una obra mili­tan­te, fue un escán­da­lo inte­lec­tual para mucha gen­te.

En Fran­cia, se desató la maqui­na­ria con­tra ella. Hubo muchos hom­bres que abo­rre­cie­ron la obra. Has­ta hom­bres que pen­sa­ba que eran de izquier­das, igua­li­ta­rios, se han rebo­ta­do con este libro.

¿Por qué se ponía en duda su supre­ma­cía?

Por­que se ponía en duda su supre­ma­cía, por­que ridi­cu­li­za­ba al «hom­bre fran­cés». El libro ha teni­do una mejor aco­gi­da en Amé­ri­ca. Qui­zás por­que allí había un sen­ti­mien­to más fuer­te de igual­dad entre hom­bres y muje­res. Mi libro tuvo mucha aco­gi­da entre las muje­res, pero poco a poco ha sido más cono­ci­do y he reci­bi­do todas esas car­tas.

En Esta­dos Uni­dos se ven­die­ron 750.000 ejem­pla­res.

Aho­ra lle­ga­mos al millón, en libro de bol­si­llo, evi­den­te­men­te.

En Fran­cia fue un éxi­to muy rápi­do.

Tuvo un éxi­to muy rápi­do, pero no sabría decir­le las cifras. Aho­ra que se ha publi­ca­do en bol­si­llo creo que ha lle­ga­do a mucho más públi­co. Pero ha teni­do una aco­gi­da muy mala. Las crí­ti­cas que más me han decep­cio­na­do son las de los hom­bres que creía igua­li­ta­rios. Hay comu­nis­tas que han escu­pi­do en el libro, dicien­do que a las obre­ras les da igual lo que escri­bo. Esto es com­ple­ta­men­te fal­so. El libro va des­ti­na­do más a las muje­res obre­ras que a las bur­gue­sas.

¿Por qué los comu­nis­tas son reti­cen­tes a sus ideas?

Aho­ra lo son menos. En reali­dad toda la rela­ción del comu­nis­mo con la mujer es difí­cil, ya que con­si­de­ra­ban que el pro­ble­ma de esta es secun­da­rio, que la con­tra­dic­ción de los sexos es secun­da­ria, fren­te a la de cla­ses, que es pri­ma­ria. En con­jun­to, los pro­ble­mas de las muje­res están com­ple­ta­men­te subor­di­na­dos a los de cla­se.

Enton­ces, ¿la idea es que si hay una revo­lu­ción, la situa­ción de la mujer cam­bia­rá auto­má­ti­ca­men­te?

Sí. Y ten­go que decir que en 1949, cuan­do escri­bí este libro, duda­ba poco de eso. Creía que había que mili­tar por la revo­lu­ción, soy com­ple­ta­men­te de izquier­das y bus­co el derro­ca­mien­to del sis­te­ma, la caí­da del capi­ta­lis­mo. Pen­sa­ba que solo hacía fal­ta eso para que la situa­ción de la mujer fue­se igual que la del hom­bre. Des­pués me di cuen­ta de que me equi­vo­ca­ba. Ni en la URSS, ni en Che­cos­lo­va­quia, ni en nin­gún país socia­lis­ta, ni en los par­ti­dos comu­nis­tas, ni en los sin­di­ca­tos, ni siquie­ra en los movi­mien­tos de van­guar­dia, el des­tino de la mujer es el mis­mo que el del hom­bre. Esto es lo que me con­ven­ció para con­ver­tir­me en femi­nis­ta y de mane­ra bas­tan­te mili­tan­te. He com­pren­di­do que exis­te una lucha pura­men­te femi­nis­ta y que ésta pelea con­tra los valo­res patriar­ca­les, que no debe­mos con­fun­dir con los capi­ta­lis­tas. Para mí, las dos luchas han de ir jun­tas. Pare­ce impo­si­ble que el des­tino de la mujer cam­bie pro­fun­da­men­te si el des­tino de la socie­dad no cam­bia pro­fun­da­men­te en cuan­to a la lucha de cla­ses. Pero tam­bién pare­ce ilu­so­rio pen­sar que la lucha de cla­ses sir­va por com­ple­to, tie­ne que exis­tir una lucha espe­cí­fi­ca­men­te para la mujer.

Enton­ces, ¿quie­re decir que el femi­nis­mo tie­ne un papel que desem­pe­ñar en nues­tra socie­dad, pero tam­bién en los paí­ses comu­nis­tas, don­de de momen­to no exis­te?

En los paí­ses comu­nis­tas la mujer tam­po­co tie­ne la posi­bi­li­dad de crear movi­mien­tos socia­les. Si pudie­se hacer­se sería muy útil. Una de las ideas del Movi­mien­to de Libe­ra­ción de la Mujer [MLF, por sus siglas en fran­cés] es que las muje­res se reúnan, hablen sobre lo que viven den­tro del hogar, per­ci­ban la injus­ti­cia que se les pro­du­ce. Si en vez de sen­tir esa injus­ti­cia de mane­ra indi­vi­dual, las muje­res habla­ran entre ellas, sin hom­bres delan­te, e inten­ta­ran bus­car solu­cio­nes, se aho­rra­rían mucha amar­gu­ra. Podrían tomar con­cien­cia de su situa­ción, refle­xio­nar sobre ella, y lue­go unir­se para cam­biar­la. Esto es algo inmen­sa­men­te útil, que podría tener reper­cu­sio­nes enor­mes para cam­biar la socie­dad.

Usted habla de la refle­xión, pero pare­ce que la mayor difi­cul­tad es que la mujer se mire a sí mis­ma de una mane­ra nue­va.

Algu­nas segu­ra­men­te se miren ya de mane­ra dis­tin­ta, nue­va. La pro­fun­di­dad de lo que el MLF pue­de con­se­guir es muy difí­cil de pre­ver. En qué medi­da las muje­res con­si­de­ra­rán el ejem­plo de las pio­ne­ras, toma­rán con­cien­cia de su explo­ta­ción, de su opre­sión, no sabría decir­lo. Pero ten­go la impre­sión de que están menos resig­na­das que antes.

Algu­nas segu­ra­men­te se miren ya de mane­ra dis­tin­ta, nue­va. La pro­fun­di­dad de lo que el MLF pue­de con­se­guir es muy difí­cil de pre­ver. En qué medi­da las muje­res con­si­de­ra­rán el ejem­plo de las pio­ne­ras, toma­rán con­cien­cia de su explo­ta­ción, de su opre­sión, no sabría decir­lo. Pero ten­go la impre­sión de que están menos resig­na­das que antes.

Sí, pero, para mí, la Secre­ta­ría de la Con­di­ción Feme­ni­na es pura mis­ti­fi­ca­ción. Es una con­ce­sión que se ha hecho a las muje­res para dar­les la impre­sión de que impor­tan. En reali­dad, a Fra­nçoi­se Giroud no le pro­por­cio­nan los medios para hacer nada, no tie­ne pre­su­pues­to, no tie­ne dine­ro. Todo lo que pue­de hacer son tími­das pro­pues­tas, que solo se lle­va­rán a cabo si los hom­bres las toman en cuen­ta y las con­sien­ten.

Sí, pero usted dice que no se debe con­fun­dir el femi­nis­mo con la lucha revo­lu­cio­na­ria, en la medi­da en que no hay que espe­rar a la revo­lu­ción para tra­tar de cam­biar la situa­ción. Enton­ces, ¿no son bue­nas todas las medi­das? ¿Has­ta las que le pare­cen par­cia­les o un tími­do prin­ci­pio? ¿No es mejor esto que lo con­tra­rio?

No, todo no es bueno. Hay veces que lo que se les ofre­ce a las muje­res son peque­ñas con­ce­sio­nes o mis­ti­fi­ca­cio­nes. Es una mane­ra de des­mo­vi­li­zar a las muje­res. Hacer­les creer que se hace algo, cuan­do en reali­dad no se hace nada. Es una mane­ra no solo de res­pon­der a la lucha de la mujer, sino tam­bién de supri­mir­la para que no ten­ga razón para exis­tir. Las femi­nis­tas nos nega­mos a esta des­mo­vi­li­za­ción, que­re­mos seguir con la lucha y que está sea diri­gi­da por las muje­res y para las muje­res. No pode­mos espe­rar que el gobierno, que es favo­ra­ble al orden actual, dé satis­fac­ción a las muje­res que recla­man un cam­bio tan gran­de que per­tur­ba­ría ese orden.

Usted ha obser­va­do que en las gue­rras revo­lu­cio­na­rias, en las gue­rras de des­co­lo­ni­za­ción, por ejem­plo, en el momen­to en el que la situa­ción de los colo­ni­za­dos y opri­mi­dos es más ten­sa es cuan­do comen­za­mos a dar­les satis­fac­cio­nes par­cia­les. Jamás se ha lle­ga­do a des­mo­vi­li­zar median­te satis­fac­cio­nes par­cia­les a gen­te que tenían cau­sas que defen­der. Al con­tra­rio es en ese momen­to cuan­do se está de cier­ta mane­ra fren­te a la toma de con­cien­cia. No creo que Gis­card d’Estaing pue­da pen­sar que des­mo­vi­li­za­rá apli­can­do cier­tas medi­das super­fi­cia­les. Tal vez, inten­ta sim­ple­men­te seguir una ola, que sien­te que va a con­ver­tir­se en algo con­si­de­ra­ble.

Si unas medi­das son real­men­te úti­les hoy en día para las muje­res, hay que acep­tar­las. Pero hay que hacer­lo sabien­do que no son más que algo pro­vi­sio­nal, que no gol­pean el núcleo. Una ley como la del abor­to, en mi opi­nión, no es satis­fac­to­ria, no va sufi­cien­te­men­te lejos. No se tra­ta de recha­zar­la, sino de aga­rrar­se a ella y con­si­de­rar­la como un pri­mer paso hacia una libe­ra­li­za­ción mucho más gran­de del abor­to y de una eman­ci­pa­ción mucho mayor de la mujer. Sobre la cues­tión del abor­to, las femi­nis­tas pode­mos estar bas­tan­te orgu­llo­sas. ¿Ten­dría­mos esta ley si no hubié­ra­mos lan­za­do el mani­fies­to de las 343, el de las 343 zorras, como se le lla­mó? En él decía­mos que todas había­mos abor­ta­do, muje­res cono­ci­das y des­co­no­ci­das. Ade­más, hubo el pro­ce­so de Bobigny que tam­bién supu­so una gran movi­li­za­ción de la opi­nión… Y hubo tam­bién un gran núme­ro de mani­fes­ta­cio­nes en las calles.

Usted entró en la acción direc­ta femi­nis­ta con la cues­tión del abor­to, que ha apo­ya­do des­de el ini­cio y fue tes­ti­go en el pro­ce­so de Bobigny. ¿No pue­de decir­se que esta lucha es el ini­cio del femi­nis­mo en Fran­cia, ya que ha sido un cata­li­za­dor para la unión de las muje­res al dar­se cuen­ta de que podían diri­gir algo?

or supues­to. Se han aga­rra­do a una bue­na ruta de bata­lla, el abor­to, en la medi­da en que comen­za­ban a que­rer luchar. En par­te la his­to­ria del femi­nis­mo nace del 68. Fue el 68 el que dió a la gen­te la idea de que cada uno debía tomar en sus manos sus asun­tos. Sean los jóve­nes, los estu­dian­tes de ins­ti­tu­tos, los sol­da­dos como aca­ba­mos de ver hace poco en Dra­guig­nan. Y tam­bién las muje­res. Pen­sa­mos que nos toca­ba aga­rrar nues­tros des­ti­nos sin pasar por las leyes o los decre­tos. O que nos toca­ba arran­car esos decre­tos. En fin, comen­zar a luchar con for­mas com­ple­ta­men­te nue­vas. En el 68 tam­bién ocu­rrió otra cosa, muchas muje­res comen­za­ron a tra­ba­jar en los gru­pos de izquier­da. Y se die­ron cuen­ta de que inclu­so entre sus cama­ra­das, polí­ti­ca­men­te en el mis­mo plano que ellas, eran tra­ta­das siem­pre como muje­res, que era el hom­bre el que hacía el dis­cur­so y la mujer la que lo teclea­ba, era el hom­bre el que dis­cu­tía con sus cama­ra­das y ella la que pre­pa­ra­ba el café. Esto lle­vó a una toma de con­cien­cia muy muy fuer­te. Jun­té­mo­nos noso­tras las muje­res y obten­ga­mos cam­bios en nues­tro esta­tu­to median­te nues­tra pro­pia lucha.

En algu­nos de sus recuer­dos ha evo­ca­do las reac­cio­nes de los machos de izquier­da, vio­len­ta­men­te anti­fe­mi­nis­tas en algu­nos momen­tos. Usted que ha vivi­do siem­pre a la izquier­da y que cono­ce bien las dife­ren­tes fami­lias ideo­ló­gi­cas de esta, ¿como expli­ca que la izquier­da no sea mucho más femi­nis­ta que el res­to de la pobla­ción?

Por­que la izquier­da tam­bién está domi­na­da por los hom­bres y estos no tie­nen jamás nin­gún inte­rés en piso­tear sus pri­vi­le­gios. Los pri­vi­le­gia­dos siem­pre quie­ren man­te­ner sus pri­vi­le­gios. Es natu­ral. Los hom­bres son unos pri­vi­le­gia­dos tan­to en el Par­ti­do Comu­nis­ta como en el Par­ti­do Socia­lis­ta, como en cual­quier otro par­ti­do. Y por tan­to, actúan como tales y no como per­so­nas de izquier­das.

La ideo­lo­gía de la izquier­da es luchar con­tra los pri­vi­le­gios. Por tan­to, debe­rían de dar­se cuen­ta, debe­rían de ser más sen­si­bles.

Sí, pero no lo hacen.

En la últi­ma cam­pa­ña elec­to­ral, una cam­pa­ña entre dos hom­bres de edad madu­ra, el femi­nis­mo no jugó más que un papel…

Secun­da­rio.

Inclu­so nulo.

Com­ple­ta­men­te de acuer­do. Como le decía al prin­ci­pio no hay que con­fun­dir la lucha de cla­ses, y los par­ti­dos de izquier­da se basan en ella, con la lucha de sexos. Hom­bres que pue­den ser total­men­te de izquier­das en cuan­to a la lucha de cla­ses, no lo serán del todo con res­pec­to a los valo­res patriar­ca­les, mas­cu­li­nos, y a su deci­sión de impo­nér­se­los a las muje­res.

Pero ¿no halla, como míni­mo, en sus con­ver­sa­cio­nes, a hom­bres que son acce­si­bles, que son capa­ces de asi­mi­lar este pro­ble­mas de las muje­res como han hecho con el de la des­co­lo­ni­za­ción u otros?

Lo asi­mi­lan en par­te, pero es muy raro que un hom­bre pue­da com­pren­der real­men­te lo vivi­do, la expe­rien­cia de lo vivi­do de una mujer, por­que pre­ci­sa­men­te no lo han vivi­do. Tomo como ejem­plo peque­ñas cosas. La calle per­te­ne­ce a todo el mun­do, pero en reali­dad una mujer joven, gua­pa o fea, eso no impor­ta, pue­de muy difí­cil­men­te pasa­das las ocho o las nue­ve de la tar­de, pasear­se sola deam­bu­lan­do por la calle. Inclu­so duran­te el día le cau­sa un pro­ble­ma, por­que la segui­rán, la inter­pe­la­rán de tal mane­ra que a menu­do pre­fe­ri­rá vol­ver a casa. Pues bien, cuan­do se le cuen­ta esto a los hom­bres, son­ríen sin sor­pren­der­se: «Yo nun­ca he hecho eso, nun­ca he segui­do a una mujer, no soy un bui­tre. Todos los hom­bres no son bui­tre». En fin, no se dan para nada cuen­ta de la coac­ción que pue­de ser para una mujer el sen­tir­se todo el tiem­po más o menos en peli­gro. No fren­te a un peli­gro bru­tal, aun­que a veces pue­de lle­gar has­ta ahí. Muchas muje­res que desai­ran a alguien que les sigue, se lle­van una bue­na ostia o un gol­pe.

¿No hay de algu­na mane­ra una con­tra­ofen­si­va de los hom­bres que inten­tan sal­var los mue­bles? Cuan­do expli­can que todos estos son pro­ble­mas del pasa­do, que las muje­res con­tro­lan en gran medi­da la vida eco­nó­mi­ca del hogar. Sobre todo, en los hoga­res obre­ros, don­de un gran núme­ro de hom­bres entre­gan su sala­rio a sus muje­res, guar­dán­do­se even­tual­men­te algo de dine­ro de bol­si­llo, y no tie­nen ni siquie­ra el con­trol. Los hom­bres enton­ces van a expli­car sus pro­ble­mas dicien­do que al final se les con­si­de­ra solo fabri­can­tes de dine­ro, que son ellos los que tie­nen que tra­ba­jar ocho horas en la fábri­ca o en el des­pa­cho y que las muje­res tie­nen un bello papel por el que se cam­bia­rían con gus­to.

Dicho eso, si se les pro­po­ne, no quie­ren para nada cam­biar­se. Por muchas razo­nes. De entra­da, el tra­ba­jo domés­ti­co de las obre­ras con varios hijos y con poco dine­ro es extre­ma­da­men­te can­sa­do. Más que las ocho horas de fábri­ca.

Ellas hacen los dos a menu­do.

Como par­te de este mer­ca­do, las muje­res entran a menu­do en ambos. Y ade­más, el día en el que el hom­bre can­sa o quie­re mar­char­se o le pare­ce que es una car­ga muy dura man­te­ner a su mujer y sus hijos, pue­de irse de un día para otro y siem­pre encon­tra­rá cómo bus­car­se la vida. Ella se que­da­rá sin nada. Es un caso que se ve des­gra­cia­da­men­te muy a menu­do.

Sí, sí. Evo­ca un pro­ble­ma que deja ver que usted acon­se­ja­ría a las muje­res ele­gir la solu­ción, por el momen­to, de la liber­tad indi­vi­dual. Es decir, no os caséis, no ten­gáis hijos. De esta for­ma, seréis libres. Pero glo­bal­men­te, la socie­dad no reac­cio­na así. La gen­te tie­ne ten­den­cia a casar­se. Hay que luchar con­tra la sole­dad, algo bas­tan­te natu­ral. Y ade­más de esto, tener hijos es más bien agra­da­ble. Es una de las cosas bellas de la vida para la mayo­ría de la gen­te. Enton­ces, ¿cómo se vive en medio de esta reali­dad si una no quie­re alie­nar­se una par­te de las cosas de la vida?

ería nece­sa­rio que los hom­bres toma­sen par­te del cui­da­do del hogar y de la edu­ca­ción de los hijos, exac­ta­men­te de la mis­ma for­ma que las mujeres.Tendría que com­par­tir todas las tareas. Sería nece­sa­rio tam­bién que el hom­bre renun­cia­se a la auto­ri­dad que pre­ten­de ejer­cer sobre la mujer. Cuán­tas veces he reci­bi­do car­tas de muje­res que no tie­nen el dere­cho de ir a ver ni a una ami­ga, ni siquie­ra a sus padres o a quien sea, sin que el mari­do las acom­pa­ñe. Ellos pre­ten­den que lo hacen por amor, para com­par­tir­lo todo con ella, pero es una autén­ti­ca tira­nía. Una vez reci­bí una car­ta de una mujer que me decía «os escri­bo vigi­lan­do por la ven­ta­na si mi mari­do sale o no del café de enfren­te, por­que cuan­do sal­ga, escon­de­ré esta car­ta. Se vol­ve­ría loco de rabia si pien­sa que os escri­bo. No sé cómo me las apa­ña­ré para sacar­la de la casa». Era una car­ta bas­tan­te lar­ga. Me escri­bía unas 30 o 40 pági­nas. Nece­si­ta­ba desaho­gar­se. «Y si me con­tes­ta, res­pón­da­me como la seño­ra Fula­ni­ta». En fin, este sigi­lo, estas con­duc­tas sin dig­ni­dad son impues­tas a las muje­res por la tira­nía de algu­nos hom­bres.

Pero, usted mis­ma lo dice, son ejem­plos lími­tes. Esta­mos en una socie­dad en la que habla­mos mucho de divor­cios, pero, cuan­do vemos las esta­dís­ti­cas, la mayo­ría de las pare­jas no se divor­cia. Pue­de ser que esto ocul­te a veces dra­mas inte­rio­res. Pero, en reali­dad, la gen­te tie­ne ganas de enten­der­se. Y estos casos que usted cita ocu­rren más a menu­do en los paí­ses lati­noa­me­ri­ca­nos que en Fran­cia, por­que por suer­te aquí hay una edu­ca­ción que ha vuel­to a la gen­te un poco más civi­li­za­da.

Es muy opti­mis­ta. Sé que en algu­nos barrios, las muje­res de los obre­ros, no obre­ras ellas mis­mas, sino muje­res que per­ma­ne­cen en casa, si come­ten la des­gra­cia de ir tomar un café a casa de la veci­na y el mari­do se ente­ra, viven lue­go esce­nas ate­rra­do­ras. La mujer debe que­dar­se en casa, no hablar con nadie y ocu­par­se todo el tiem­po de su casa y de sus hijos. Esta tira­nía se ejer­ce tan­to en la cla­se obre­ra como en la peque­ña bur­gue­sía o en la bur­gue­sía. Está muy muy muy exten­di­da.

Hay toda­vía cier­tos direc­ti­vos para los que for­ma par­te de su esta­tu­to per­so­nal el que sus muje­res no tra­ba­jen. Lle­gan inclu­so a casar­se con muje­res que han hecho los mis­mos estu­dios que ellos, pero se dicen ten­go los medios sufi­cien­tes, tú no tra­ba­jas.

Sí. Y a las muje­res, por su lado, se les ha con­ven­ci­do, de tal mane­ra, de que ser una ver­da­de­ra mujer es dejar al mari­do tra­ba­jar, que a menu­do acep­tan. Algu­nas veces se hallan divi­das. Y tam­bién tie­nen tan mala con­cien­cia si quie­ren tra­ba­jar y tener un hogar e hijos al mis­mo tiem­po que se vuel­ve muy difí­cil para ellas. Aun­que esté lejos de ser impo­si­ble, los niños le dan mala con­cien­cia, se les dice que no está lo sufi­cien­te con sus hijos, que no pasan sufi­cien­te tiem­po en casa, y lo acep­tan. Y muy a menu­do, es muy duro por­que una mujer que ha hecho los mis­mos estu­dios entien­de que es el mari­do el que será doc­tor o abo­ga­do y ella será sim­ple­men­te mujer del espa­cio pri­va­do. A menu­do sufren por ello.

¿Esto quie­re decir que, según usted, para las muje­res lo esen­cial es tener esa inde­pen­den­cia que da el tra­ba­jo y el hecho de ganar­se la vida?

Para mí, sí. Para mí lo esen­cial, sean las que sean las difi­cul­ta­des, es tener inde­pen­den­cia eco­nó­mi­ca. Sé que se les hace pagar muy caro, pues­to que se les impo­ne al mis­mo tiem­po, el cui­da­do de la inti­mi­dad. Pero es la pri­me­ra con­di­ción para tener tam­bién una inde­pen­den­cia inte­rior, moral, men­tal. Por­que sin esta están obli­ga­das a tener la ideas de sus mari­dos, a some­ter­se a los capri­chos y deseos de sus mari­dos, etcé­te­ra. Están obli­ga­das a per­ma­ne­cer con sus mari­dos, inclu­so cuan­do ya no sien­ten nada por ellos, lo cual es una situa­ción que no es más dig­na de elo­gio que la pro­pia pros­ti­tu­ción. Una mujer que se que­da con su mari­do úni­ca­men­te por el dine­ro, por­que ella no tie­ne los medios para bus­car­se la vida por ella mis­ma, es una mujer que ha abdi­ca­do de su valor y su dig­ni­dad como ser humano. Por lo tan­to, lo que acon­se­ja­ría a todas las muje­res es que tra­ba­jen, que obten­gan la cua­li­fi­ca­ción más alta que pue­dan y que ten­gan un tra­ba­jo lo más intere­san­te posi­ble, pero, sobre todo, un tra­ba­jo que les ase­gu­re la inde­pen­den­cia eco­nó­mi­ca. Y esto es muy difí­cil toda­vía hoy por­que la desigual­dad es fla­gran­te. Y más, si se tie­ne en cuen­ta que los padres siguen pen­san­do bueno la chi­ca de todas mane­ras se casa­rá, no es nece­sa­rio sacri­fi­car­se mucho por ella, hare­mos los sacri­fi­cios por su her­mano. Es una injus­ti­cia que lle­va a muchas muje­res a una revuel­ta muy pro­fun­da cuan­do tie­nen real­men­te el deseo de lle­gar a ser alguien, a hacer algo intere­san­te, y se les nie­ga los medios para dár­se­lo solo al chi­co, que a veces es menos talen­to­so y menos capaz.

Hay una pala­bra que se escu­cha a menu­do en el voca­bu­la­rio del femi­nis­mo, que no se ha expli­ca­do mucho, sexis­mo. ¿Qué sig­ni­fi­ca?

Es una pala­bra que hemos for­ja­do por ana­lo­gía con el racis­mo. El racis­mo es la doc­tri­na que jus­ti­fi­ca que se pro­duz­can dis­cri­mi­na­cio­nes entre los seres huma­nos por sus razas. Pues el sexis­mo es la acti­tud que pre­ten­de esta­ble­cer dis­cri­mi­na­cio­nes entre los seres huma­nos por sus sexos. Hemos empe­za­do a hablar de sexis­mo para los insul­tos que los hom­bres pro­fie­ren con­tra las muje­res. Exis­te una ley, que creo que data de 1945, que prohí­be lla­mar a un hom­bre «sucio judío» o «sucio moro», y, si insul­ta­mos a un ára­be o a un judío de esta mane­ra pode­mos ir ante los tri­bu­na­les. Pero, si se le dice a una mujer «zorra como todas las muje­res» o «his­té­ri­ca como todas las muje­res», no hay recur­so. Algu­nas inte­gran­tes del MLF hemos crea­do una liga por el dere­cho de las muje­res don­de inten­ta­mos luchar con­tra cual­quier for­ma de sexis­mo. Que­re­mos obte­ner que la ley que impi­de cual­quier for­ma de dis­cri­mi­na­ción racial impi­da tam­bién la dis­cri­mi­na­ción sexual. Nos gus­ta­ría obte­ner esta no-dis­cri­mi­na­ción, no solo en este ámbi­to de las inju­rias, sino tam­bién que no exis­ta nin­gu­na dis­cri­mi­na­ción en la mane­ra de edu­car a los niños, al menos, en el cole­gio.

¿Exis­te una dis­cri­mi­na­ción en los cole­gios mix­tos?

Hay dis­cri­mi­na­cio­nes en los libros de tex­to que se les entre­ga a los niños y a las niñas, inclu­so en el enun­cia­do de los ejer­ci­cios. Por ejem­plo: «Mamá ha lle­va­do hue­vos a la coci­na y papá tie­ne tor­ni­llos para repa­rar algo». Es muy impac­tan­te la dis­cri­mi­na­ción pro­fun­da que exis­te en todos los libros de tex­to. Tam­bién en la mane­ra en la que se cuen­ta la His­to­ria, siem­pre des­de la ópti­ca mas­cu­li­na, etcé­te­ra.

Exis­te, para todas las muje­res que empie­zan a plan­tear­se esta cues­tión, un pro­ble­ma de acti­tud en rela­ción con los hom­bres. Una par­te de las femi­nis­tas recha­zan com­ple­ta­men­te a los hom­bres, deci­den que hay que vivir sin ellos, que es la úni­ca mane­ra de des­ha­cer­se com­ple­ta­men­te de esa tute­la. No es su caso. Usted dice que el mayor logro de su vida es Sar­tre. Esto prue­ba que usted cree en la unión de dos seres, en el amor y en las pare­jas. ¿Cómo es com­pa­ti­ble este amor con la evo­lu­ción per­so­nal de la mujer?

Como usted dice, muchas muje­res creen que no es com­pa­ti­ble de momen­to. Las que recha­zan com­ple­ta­men­te a los hom­bres plan­tean esto como algo pro­vi­sio­nal en la lucha. Un poco como, siguien­do con la ana­lo­gía del racis­mo, el caso de las pan­te­ras negras o de otros revo­lu­cio­na­rios negros en Amé­ri­ca, que recha­za­ban cual­quier con­tac­to con los blan­cos. Es algo que la mayo­ría de ellos ya han supe­ra­do y aho­ra pien­san que si un hom­bre blan­co com­par­te sus posi­cio­nes polí­ti­cas y es su alia­do pue­den con­si­de­rar­lo como un cama­ra­da. Para las muje­res, es un poco lo mis­mo. Hay muje­res que pien­san que no es posi­ble vivir con un hom­bre o sim­ple­men­te amar un hom­bre y hay otras que pien­san que exis­te la posi­bi­li­dad de amar a un hom­bre, de vivir con un hom­bre. Pero, inclu­so así, si yo he logra­do vivir mi vida con Sar­tre es por­que nun­ca hemos vivi­do jun­tos. Es mucho más impor­tan­te, más que estar casa­dos o no, el hecho de vivir jun­tos. Es lo que apor­ta más per­tur­ba­cio­nes en una pare­ja. Hay muje­res que pien­san que se pue­de vivir con un hom­bre, no hay, sin embar­go, que caer en todas las tram­pas de la femi­ni­dad. Esto nos obli­ga a tener mucha vigi­lan­cia. Siem­pre esta­re­mos ten­ta­das de hacer una excep­ción para el hom­bre ele­gi­do, y esto pue­de hacer que la vida sea bas­tan­te difí­cil para ellas y para sus com­pa­ñe­ros.

Dicho de otra mane­ra, esto requie­re tiem­po, ya que estas cosas evo­lu­cio­nan de mane­ra len­ta al ser pro­fun­da­men­te psi­co­ló­gi­cas. ¿Vamos de una u otra for­ma hacia unas rela­cio­nes más difí­ci­les entre hom­bres y muje­res?

Qui­zás es más difí­cil para los hom­bres, por­que siem­pre es agra­da­ble el tener a alguien com­ple­ta­men­te pasi­vo, sumi­so, a tu lado, aun­que lue­go las muje­res se lo hagan pagar con las famo­sas esce­nas con­yu­ga­les. Un refle­jo de la situa­ción de opre­sión de la mujer. Pue­de ser, por el con­tra­rio, que las rela­cio­nes más lúci­das, más difí­ci­les, en cier­tos aspec­tos per­mi­tan esca­par de esos horri­bles con­flic­tos con­yu­ga­les. Por otro lado, hay una per­ver­sión en la eman­ci­pa­ción de la mujer pro­du­ci­da por el hom­bre. Es decir que, en cier­ta medi­da, los hom­bres pre­ten­den bene­fi­ciar­se de esto. Esto se vuel­ve con­tra la mujer aho­ra que exis­ten los anti­con­cep­ti­vos, que exis­te en par­te el abor­to, que las muje­res recha­zan los tabús sexua­les y dicen ser libres sexual­men­te. Los hom­bre se apro­ve­chan para impo­ner rela­cio­nes sexua­les. Por eso, las agre­sio­nes sexua­les son mucho más fre­cuen­tes hoy que antes y eso se per­ci­be en todas par­tes, has­ta en la calle. «No eres una mujer libre si no te acues­tas con­mi­go». Pero la liber­tad no con­sis­te en acos­tar­se con todo el mun­do, todo lo con­tra­rio. Exis­te un abu­so por par­te del hom­bre, que hace que las con­quis­tas de las muje­res se vuel­ven rápi­da­men­te en su con­tra. Mien­tras se con­si­de­ra­ba a la mujer como pura, vir­gen, se veía en ella a la madre, la her­ma­na o la espo­sa, uno no se atre­vía a bru­ta­li­zar­la como se hace hoy en día.

Una últi­ma pre­gun­ta, hemos habla­do ante­rior­men­te del femi­nis­mo en Fran­cia y del impor­tan­te papel del com­ba­te por el abor­to. ¿Cuál será el pró­xi­mo gran com­ba­te del femi­nis­mo con la mis­ma vir­tud de reunir a las muje­res, inde­pen­dien­te­men­te de su cla­se social y dar­les una con­cien­cia de con­jun­to?

Una de las cues­tio­nes más urgen­tes son las de estra­te­gia y tác­ti­ca. Es muy difí­cil pre­de­cir cómo van a pre­sen­tar­se las cosas en la lucha. Pero, una de las más urgen­tes es el recha­zo al tra­ba­jo domés­ti­co tal y como se plan­tea hoy en día, así como a la mater­ni­dad que tie­ne ten­den­cia a hacer de la mujer una escla­va. El com­ba­te debe ir con­tra la mater­ni­dad escla­va, con­tra escla­vi­tud domés­ti­ca. Es una lucha que podría movi­li­zar una gran can­ti­dad de muje­res ya que muchas sufren esta situa­ción. El otro día, enFran­ce Soir, habla­ban de cómo los fran­ce­ses vivían sus momen­tos de rela­ja­ción, por ejem­plo, la pau­sa para almor­zar. Una mujer con dos hijos y un mari­do decía con mucha vio­len­cia: «Para mí la pau­sa no exis­te, soy maes­tra y vuel­vo a casa para pre­pa­rar la comi­da de mis hijos, des­pués la de mi mari­do que quie­re comer vien­do la tele­vi­sión. Yo como de pie». Esta mujer era muy cons­cien­te de una pro­fun­da injus­ti­cia ya que tra­ba­jan­do fue­ra del hogar tan­to como su mari­do era ser­vi­do­ra de las nece­si­da­des domés­ti­cas. Con este tema podría­mos movi­li­zar a una impor­tan­te can­ti­dad de muje­res y sería­mos capa­ces, qui­zás, de expli­car la situa­ción a una par­te de los hom­bres que ten­gan bue­na volun­tad.

La difi­cul­tad es que a dife­ren­cia del abor­to, en vez de salir a la calle, esto es un com­ba­te indi­vi­dual en casa e impli­ca obli­ga­to­ria­men­te una bús­que­da de com­pro­mi­so. Requie­re mucha deter­mi­na­ción y mucho esfuer­zo, será pro­ba­ble­men­te mucho más lar­go.

Será mucho más difí­cil, pero es ahí don­de reunio­nes como las del MLF pue­den ser muy úti­les por­que al ense­ñar a las muje­res a hablar entre ellas se les ayu­da a con­cien­ciar­se de la injus­ti­cia de su con­di­ción y a recha­zar­la. Si se sien­ten uni­das, res­pal­da­das, si saben que hay otras muje­res que luchan de la mis­ma for­ma, esta­rán mucho más pre­pa­ra­das para ini­ciar esta lucha.

Jean Louis Ser­van Schrei­ber

Tra­duc­ción: Gabriel Mén­dez-Nico­las

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