Argala gaur

Jeitsie­rak /​Descargas PDF (A4) PDF (A5) PDF (Let­ter) ePUB mobi (Kind­le) Nota: Seis pun­tos para la cha­r­­la-deba­­te sobre Arga­la en Arra­sa­te, el 6 de diciem­bre. Arga­la

Informe sobre una investigación del movimiento campesino en Junan

[next­pa­ge title=”La impor­tan­cia del pro­ble­ma cam­pe­sino”]

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La importancia del problema campesino

En mi recien­te via­je a Junán1, he inves­ti­ga­do sobre el terreno la situa­ción de cin­co dis­tri­tos2: Siang­tan, Siang­siang, Jengs­han, Liling y Changs­há. Duran­te trein­ta y dos días, del 4 de enero al 5 de febre­ro, en las aldeas y capi­ta­les de dis­tri­to, reuní en con­fe­ren­cias de inves­ti­ga­ción a cam­pe­si­nos con expe­rien­cia y cama­ra­das dedi­ca­dos al movi­mien­to cam­pe­sino y escu­ché aten­ta­men­te sus infor­ma­cio­nes, lo que me per­mi­tió reco­ger abun­dan­te mate­rial. Muchos de los cómos y por­qués del movi­mien­to cam­pe­sino resul­ta­ron ser exac­ta­men­te lo con­tra­rio de lo que yo había oído decir a los shens­hi en Jan­kou y Changs­há. Vi y oí muchas cosas sor­pren­den­tes, de las que has­ta ese momen­to no esta­ba ente­ra­do. Creo que cosas seme­jan­tes ocu­rren tam­bién en muchos otros luga­res. Hay que poner tér­mino inme­dia­ta­men­te a todo comen­ta­rio con­tra el movi­mien­to cam­pe­sino y corre­gir cuan­to antes todas las medi­das erró­neas que res­pec­to a él han toma­do las auto­ri­da­des revo­lu­cio­na­rias. Sólo así se pue­de con­tri­buir al desa­rro­llo futu­ro de la revo­lu­ción. Pues el actual ascen­so del movi­mien­to cam­pe­sino es un acon­te­ci­mien­to gran­dio­so. Den­tro de poco, cen­te­na­res de millo­nes de cam­pe­si­nos en las pro­vin­cias del cen­tro, el sur y el nor­te de Chi­na se levan­ta­rán como una tem­pes­tad, un hura­cán, con una fuer­za tan impe­tuo­sa y vio­len­ta que nada, por pode­ro­so que sea, los podrá con­te­ner. Rom­pe­rán todas las tra­bas y se lan­za­rán por el camino de la libe­ra­ción. Sepul­ta­rán a todos los impe­ria­lis­tas, cau­di­llos mili­ta­res, fun­cio­na­rios corrup­tos, dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos. Todos los par­ti­dos y cama­ra­das revo­lu­cio­na­rios serán some­ti­dos a prue­ba ante los cam­pe­si­nos y ten­drán que deci­dir a qué lado colo­car­se. ¿Poner­se al fren­te de ellos y diri­gir­los? ¿Que­dar­se a su zaga ges­ti­cu­lan­do y cri­ti­cán­do­los? ¿Salir­les al paso y com­ba­tir­los? Cada chino es libre de optar entre estas tres alter­na­ti­vas, sólo que los acon­te­ci­mien­tos le obli­ga­rán a ele­gir rápi­da­men­te.

[next­pa­ge title=”¡Organizarse!”]

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¡Organizarse!

Por lo que res­pec­ta a los dis­tri­tos del cen­tro y del Sur de Junán, don­de el movi­mien­to cam­pe­sino ha toma­do fuer­za, el desa­rro­llo de éste se pue­de divi­dir, a gran­des ras­gos, en dos perío­dos. El pri­me­ro, com­pren­di­do entre enero y sep­tiem­bre del año pasa­do, fue un perío­do de orga­ni­za­ción. Den­tro de ese perío­do, los meses de enero a junio cons­ti­tu­ye­ron una fase de acti­vi­dad clan­des­ti­na y los de julio a sep­tiem­bre, cuan­do el ejér­ci­to revo­lu­cio­na­rio expul­só a Chao Jeng-ti3, una fase de acti­vi­dad abier­ta. En ese perío­do, las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas no con­ta­ban con más de tres­cien­tos o cua­tro­cien­tos mil miem­bros, las masas bajo su direc­ción inme­dia­ta suma­ban poco más de un millón de per­so­nas, ape­nas si había lucha en el cam­po, y, por con­si­guien­te, en los demás sec­to­res de la pobla­ción casi no se cri­ti­ca­ba a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas. Debi­do a que sus miem­bros ser­vían como guías, explo­ra­do­res o car­ga­do­res para el ejér­ci­to de la Expe­di­ción al nor­te, ocu­rría inclu­so que ofi­cia­les de este ejér­ci­to habla­ban en tér­mi­nos favo­ra­bles de esas aso­cia­cio­nes. El segun­do perío­do, com­pren­di­do entre octu­bre del año pasa­do y enero de este año, fue un perío­do de acción revo­lu­cio­na­ria. El núme­ro de miem­bros de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas aumen­tó ver­ti­gi­no­sa­men­te a los dos millo­nes, y las masas bajo su direc­ción inme­dia­ta ascen­die­ron a diez millo­nes. Ya que los cam­pe­si­nos, al ingre­sar en las aso­cia­cio­nes, gene­ral­men­te ins­cri­ben sólo un nom­bre por fami­lia, a los dos millo­nes de miem­bros corres­pon­de una masa de unos diez millo­nes. Casi la mitad de los cam­pe­si­nos de Junán ya están orga­ni­za­dos. Y en dis­tri­tos como Siang­tan, Siang­siang, Liu­yang, Changs­há, Liling, Ning­siang, Ping­chiang, Siang­yin, Jengs­han, Jeng­yang, Lei­yang, Chen­sien y Anjua, casi todos los cam­pe­si­nos han ingre­sa­do en aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas o se encuen­tran bajo su direc­ción. Con­tan­do con orga­ni­za­cio­nes tan amplias, los cam­pe­si­nos entra­ron inme­dia­ta­men­te en acción y, en el tér­mino de cua­tro meses, rea­li­za­ron en el cam­po una gran revo­lu­ción nun­ca vis­ta en la his­to­ria.

[next­pa­ge title=”¡Abajo los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos! ¡Todo el poder a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas! “]

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¡Abajo los déspotas locales y shenshi malvados! ¡Todo el poder a las asociaciones campesinas!

Los cam­pe­si­nos diri­gen su ata­que prin­ci­pal con­tra los dés­po­tas loca­les, shens­hi mal­va­dos y terra­te­nien­tes sin ley, y de paso ata­can las ideas e ins­ti­tu­cio­nes patriar­ca­les, a los fun­cio­na­rios corrup­tos de la ciu­dad y las malas cos­tum­bres en el cam­po. Por su poten­cia y su ímpe­tu, este ata­que es como una tem­pes­tad; quie­nes se incli­nan ante él sobre­vi­ven, y quie­nes le opo­nen resis­ten­cia sucum­ben. Como resul­ta­do, los pri­vi­le­gios mile­na­rios de los terra­te­nien­tes feu­da­les caen hechos añi­cos, y toda su dig­ni­dad y arro­gan­cia son arras­tra­das por el sue­lo. Derro­ca­do el poder de los terra­te­nien­tes, las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas han pasa­do a ser los úni­cos órga­nos de poder, y se ha hecho reali­dad la con­sig­na de «¡Todo el poder a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas!». Las aso­cia­cio­nes son con­sul­ta­das has­ta por peque­ñe­ces tales como una dispu­ta entre mari­do y mujer. Nin­gún asun­to se arre­gla sin la pre­sen­cia de la gen­te de la aso­cia­ción. Todo en el cam­po está prác­ti­ca­men­te bajo el dic­ta­do de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, que efec­ti­va­men­te «cum­plen lo que dicen». A los que están fue­ra, sólo se les per­mi­te hablar bien de las aso­cia­cio­nes, y no se les deja decir nada malo de ellas. Los dés­po­tas loca­les, shens­hi mal­va­dos y terra­te­nien­tes sin ley están pri­va­dos de todo dere­cho a hablar, y nin­guno se atre­ve siquie­ra a mur­mu­rar media pala­bra en con­tra. Ante el pode­río de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos más impor­tan­tes han hui­do a Shang­hai; los de segun­da cate­go­ría, a Jan­kou; los de ter­ce­ra, a Changs­há; los de cuar­ta, a la capi­ta­les de dis­tri­to, y los de quin­ta cate­go­ría para aba­jo han teni­do que ren­dir­se en las aldeas a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas.

«Aquí tie­nen diez yua­nes; por favor, déjen­me entrar en la aso­cia­ción», implo­ra el shens­hi mal­va­do de poca mon­ta. «¡Mal­di­ta la fal­ta que nos hace tu cochino dine­ro!», le repli­can los cam­pe­si­nos.

Muchos terra­te­nien­tes media­nos y peque­ños, cam­pe­si­nos ricos y has­ta cam­pe­si­nos medios que antes se opo­nían a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, aho­ra tra­tan en vano de ingre­sar en ellas. En los diver­so luga­res que visi­té, encon­tré a menu­do gen­te así, que me supli­ca­ba: «Por favor, señor miem­bro de comi­té, usted que vie­ne de la capi­tal pro­vin­cial, ¡res­pon­da por mí!».

En tiem­pos de la dinas­tía Ching, las auto­ri­da­des loca­les tenían para el cen­so dos regis­tros: el regu­lar y «el otro»; el pri­me­ro para la gen­te de bien y el segun­do para los ban­di­dos, ladro­nes y demás; ele­men­tos noci­vos. Y aho­ra, en algu­nos luga­res, los cam­pe­si­nos se valen de esto para inti­mi­dar a los que en un comien­zo esta­ban en con­tra de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, dicien­do: «¡A ins­cri­bir­los en el otro regis­tro!».

Teme­ro­sas de ver­se ins­cri­tas en el «otro regis­tro», esas per­so­nas hacen todos los esfuer­zos ima­gi­na­bles por ingre­sar en las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, y no se tran­qui­li­zan has­ta que ven sus nom­bres ano­ta­dos en el regis­tro de los miem­bros. Pero, como a menu­do reci­ben el recha­zo cate­gó­ri­co de las aso­cia­cio­nes, viven cons­tan­te­men­te con el alma en un hilo. Vien­do cerra­das las puer­tas de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, se sien­ten como parias, o, según se dice en el cam­po, «meros tras­tos». En una pala­bra, las lla­ma­das «pan­di­llas de cam­pe­si­nos», que hace cua­tro meses eran des­pre­cia­das, se han con­ver­ti­da aho­ra en ins­ti­tu­cio­nes suma­men­te hono­ra­bles. Todos los que en el pasa­do se pos­tra­ban ante el poder de los shens­hi lo hacen aho­ra ante el poder de los cam­pe­si­nos. No hay quien no reco­noz­ca que el mes de octu­bre del año pasa­do mar­ca la fron­te­ra entre dos mun­dos.

[next­pa­ge title=”«¡Muy mal!» y «¡Muy bien!»”]

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«¡Muy mal!» y «¡Muy bien!»

La rebe­lión de los cam­pe­si­nos ha tur­ba­do el dul­ce sue­ño de los shens­hi. En cuan­to las noti­cias del cam­po alcan­za­ron a las ciu­da­des, levan­ta­ron un tre­men­do albo­ro­to entre los shens­hi de allí. Lle­ga­do a Changs­há, me encon­tré con toda cla­se de gen­te y oí muchos comen­ta­rios calle­je­ros. Des­de las capas socia­les medias para arri­ba has­ta el ala dere­cha del Kuo­min­tang, no hay nadie que no resu­ma todo lo suce­di­do en una sola expre­sión: «¡Muy mal!». Bajo el impac­to de la atmós­fe­ra crea­da en toda la ciu­dad por los rumo­res de los que gri­tan «¡Muy mal!», inclu­so per­so­nas bas­tan­te revo­lu­cio­na­rias, cerran­do los ojos e ima­gi­nán­do­se lo que pasa en el cam­po, se sien­ten des­mo­ra­li­za­das e inca­pa­ces de negar que aque­llo va «mal». Inclu­so gen­te muy pro­gre­sis­ta se limi­ta a decir: «Aun­que va mal, resul­ta inevi­ta­ble en el cur­so de la revo­lu­ción». En resu­men, a nadie le pare­ce posi­ble negar rotun­da­men­te la pala­bra «mal». Pero, como que­da dicho más arri­ba, la reali­dad es que las gran­des masas cam­pe­si­nas se han alza­do para cum­plir su misión his­tó­ri­ca, que las fuer­zas demo­crá­ti­cas del cam­po se han levan­ta­do para derri­bar a las fuer­zas feu­da­les rura­les. La cla­se patriar­co-feu­dal de los dés­po­tas loca­les, shens­hi mal­va­dos y terra­te­nien­tes sin ley, cons­ti­tu­ye la base de la auto­cra­cia mile­na­ria y es la pie­dra angu­lar de los impe­ria­lis­tas, cau­di­llos mili­ta­res y fun­cio­na­rios corrup­tos. Derri­bar a estas fuer­zas feu­da­les es el ver­da­de­ro obje­ti­vo de la revo­lu­ción nacio­nal. En unos pocos meses, los cam­pe­si­nos han rea­li­za­do lo que el Dr. Sun Yat-sen qui­so pero no logró cum­plir en los cua­ren­ta años que con­sa­gró a la revo­lu­ción nacio­nal. Esta es una proeza extra­or­di­na­ria nun­ca rea­li­za­da, ni en cua­ren­ta años ni en mile­nios. Está muy bien. No está «mal» en abso­lu­to, ni mucho menos «muy mal». A todas luces, «muy mal» es la teo­ría que, en defen­sa de los intere­ses de los terra­te­nien­tes, com­ba­te el levan­ta­mien­to de los cam­pe­si­nos; es evi­den­te­men­te la teo­ría de la cla­se terra­te­nien­te que pro­cu­ra man­te­ner el vie­jo orden feu­dal e impe­dir el esta­ble­ci­mien­to de un nue­vo orden demo­crá­ti­co, es mani­fies­ta­men­te una teo­ría con­tra­rre­vo­lu­cio­na­ria. Nin­gún cama­ra­da revo­lu­cio­na­rio debe hacer­se eco de tal dis­pa­ra­te. Quien ten­ga arrai­ga­das con­cep­cio­nes revo­lu­cio­na­rias y vaya algu­na vez al cam­po y vea lo que allí suce­de, segu­ro que se sen­ti­rá más ale­gre de lo que nun­ca ha esta­do. Millo­nes de escla­vos, los cam­pe­si­nos, están derri­ban­do a sus enemi­gos, los devo­ra­do­res de hom­bres. Lo que hacen los cam­pe­si­nos es per­fec­ta­men­te jus­to, y ¡lo hacen muy bien! «Muy bien» es la teo­ría de los cam­pe­si­nos y de los demás revo­lu­cio­na­rios. Todos los cama­ra­das revo­lu­cio­na­rios deben com­pren­der que la revo­lu­ción nacio­nal exi­ge una gran trans­for­ma­ción en el cam­po. La Revo­lu­ción de 19114 no lle­vó a cabo esta trans­for­ma­ción, y por eso fra­ca­só. Aho­ra sí que se está pro­du­cien­do esta trans­for­ma­ción, la cual cons­ti­tu­ye un impor­tan­te fac­tor para dar cima a la revo­lu­ción. Todos los cama­ra­das revo­lu­cio­na­rios deben apo­yar esta trans­for­ma­ción; de lo con­tra­rio, esta­rán adop­tan­do la posi­ción de la con­tra­rre­vo­lu­ción.

[next­pa­ge title=”Los lla­ma­dos «exce­sos»”]

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Los llamados «excesos»

Hay otros que opi­nan: «Cier­to que las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­na son nece­sa­rias, pero están come­tien­do dema­sia­dos exce­sos». Así razo­nan los que man­tie­nen una posi­ción inter­me­dia. Pero, ¿qué ocu­rre en reali­dad? Es ver­dad que en las aldeas los cam­pe­si­nos «se han des­man­da­do» has­ta cier­to pun­to. Las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, que gozan de auto­ri­dad supre­ma, no dejan ni abrir la boca a los terra­te­nien­tes y redu­cen a pol­vo su pres­ti­gio. Todo esto vie­ne a ser como si des­pués de derri­bar­los por tie­rra les pusie­ran el pie enci­ma. Los cam­pe­si­nos ame­na­zan a los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­do dicien­do: «¡Te vamos a ano­tar en el otro regis­tro!». Les impo­nen mul­tas, los car­gan de con­tri­bu­cio­nes y des­tru­yen sus palan­queen. Irrum­pen en masa en las casas de los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos que se opo­nen a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, degüe­llan su cer­dos y con­su­men sus cerea­les. Se per­mi­ten inclu­so arre­lla­nar­se un momen­to en los lujo­sos lechos de sus hijas y nue­ras. A la menor pro­vo­ca­ción, efec­túan arres­tos, colo­can cucu­ru­chos de papel a los arres­ta­dos y los hacen des­fi­lar por las aldeas, dicién­do­les: «¡Aho­ra sí que nos vas a cono­cer bien, shens­hi mal­va­do!». Hacien­do cuan­to les vie­ne en gana y vol­vien­do todo patas arri­ba, han crea­do una espe­cie de terror en el cam­po. Eso es lo que algu­nos lla­man come­ter «exce­sos», «sobre­pa­sar los lími­tes jus­tos al corre­gir un error», «come­ter actos abu­si­vos». Tales opi­nio­nes pare­cen razo­na­bles, pero en reali­dad son tam­bién erró­neas. En pri­mer lugar, son los pro­pios dés­po­tas loca­les, shens­hi mal­va­dos y terra­te­nien­tes sin ley quie­nes han for­za­do a los cam­pe­si­nos a actuar así. Por siglos, se han apro­ve­cha­do de su poder para tira­ni­zar y piso­tear a los cam­pe­si­nos; de ahí que éstos hayan reac­cio­na­do tan enér­gi­ca­men­te. Las rebe­lio­nes más vio­len­tas y los des­ór­de­nes más gra­ves han teni­do lugar inva­ria­ble­men­te allí don­de los dés­po­tas loca­les, shens­hi mal­va­dos y terra­te­nien­tes sin ley habían per­pe­tra­do los peo­res ultra­jes. La mira­da de los cam­pe­si­nos es pene­tran­te. Se dan per­fec­ta cuen­ta de quién es malo y quién no lo es, quién es el peor y quién no es tan per­ver­so, quién mere­ce seve­ro cas­ti­go y quién tra­to cle­men­te, y muy rara vez el cas­ti­go no corres­pon­de al cri­men. En segun­do lugar, hacer la revo­lu­ción no es ofre­cer un ban­que­te, ni escri­bir una obra, ni pin­tar un cua­dro o hacer un bor­da­do; no pue­de ser tan ele­gan­te, tan tran­qui­la y deli­ca­da, tan apa­ci­ble, ama­ble, cor­tés, mode­ra­da y mag­ná­ni­ma. Una revo­lu­ción es una insu­rrec­ción, es un acto de vio­len­cia median­te el cual una cla­se derro­ca a otra. La revo­lu­ción en el cam­po es una revo­lu­ción median­te la cual el cam­pe­si­na­do derro­ca el poder de la cla­se terra­te­nien­te feu­dal. Sin recu­rrir a la máxi­ma fuer­za, el cam­pe­si­na­do jamás logra­ría derro­car el poder de los terra­te­nien­tes, pro­fun­da­men­te arrai­ga­do a tra­vés de los mile­nios. El cam­po nece­si­ta de un pode­ro­so auge revo­lu­cio­na­rio, pues sólo éste pue­de agi­tar a los millo­nes y millo­nes de cam­pe­si­nos y con­ver­tir­los en una gran fuer­za. Los «exce­sos» arri­ba men­cio­na­dos son pre­ci­sa­men­te pro­duc­to de la fuer­za de los cam­pe­si­nos des­per­ta­da por el pode­ro­so auge revo­lu­cio­na­rio en las zonas rura­les. Estos «exce­sos» son suma­men­te nece­sa­rios en el segun­do perío­do del movi­mien­to cam­pe­sino, el de acción revo­lu­cio­na­ria. En este perío­do, es impres­cin­di­ble impo­ner la auto­ri­dad abso­lu­ta de los cam­pe­si­nos, prohi­bir toda crí­ti­ca malé­vo­la a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, derro­car todo el poder de los shens­hi, derri­bar­los por tie­rra e, inclu­so, poner­les el pie enci­ma. Los lla­ma­dos «exce­sos» en este segun­do perío­do tie­nen todos un sig­ni­fi­ca­do revo­lu­cio­na­rio. Para decir­lo con toda fran­que­za, en todas las aldeas se nece­si­ta un bre­ve perío­do de terror. De lo con­tra­rio, resul­ta abso­lu­ta­men­te impo­si­ble aplas­tar las acti­vi­da­des de los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios en el cam­po y derro­car el poder de los shens­hi. Para corre­gir un error, hay que sobre­pa­sar los lími­tes jus­tos; de otra mane­ra, el error no será corre­gi­do5. Los que cri­ti­can los «exce­sos» apa­ren­te­men­te se dife­ren­cian de los que gri­tan «¡Muy mal!», pero en el fon­do unos y otros com­par­ten el mis­mo pun­to de vis­ta y sos­tie­nen la mis­ma teo­ría de los terra­te­nien­tes, que defien­den los intere­ses de las cla­ses pri­vi­le­gia­das. No pode­mos dejar de com­ba­tir resuel­ta­men­te esta teo­ría, que obs­ta­cu­li­za el ascen­so del movi­mien­to cam­pe­sino y, por con­si­guien­te, soca­va la revo­lu­ción.

[next­pa­ge title=”El lla­ma­do «movi­mien­to de la chus­ma»”]

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El llamado «movimiento de la chusma»

El ala dere­cha del Kuo­min­tang afir­ma: «El movi­mien­to cam­pe­sino es un movi­mien­to de la chus­ma, de cam­pe­si­nos hol­ga­za­nes».

Comen­ta­rios como éste se oyen con fre­cuen­cia en Changs­há. Fui al cam­po y oí decir a los shens­hi: «Está bien crear aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, pero los que aho­ra tra­ba­jan en ellas no sir­ven, ¡hay que reem­pla­zar­los!». En nada difie­re esta opi­nión de lo que dice el ala dere­cha del Kuo­min­tang. Tan­to los shens­hi como el ala dere­cha de Kuo­min­tang dicen que está bien orga­ni­zar el movi­mien­to cam­pe­sino (como éste ha sur­gi­do ya, nadie se atre­ve a decir lo con­tra­rio), pero que la gen­te que lo diri­ge es inca­paz. Sien­ten par­ti­cu­lar odio hacia los encar­ga­dos de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas de base, y los til­dan de «chus­ma». En suma, todos los que en otros tiem­pos eran des­pre­cia­dos y arro­ja­dos al barro y piso­tea­dos por los shens­hi y que no tenían un lugar en la socie­dad ni dere­cho a opi­nar, aho­ra han levan­ta­do la cabe­za. No sólo han levan­ta­do la cabe­za, sino que han toma­do el poder. Aho­ra son los due­ños de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas de los can­to­nes (el nivel más bajo) a las que han trans­for­ma­do en una fuer­za terri­ble. Levan­tan sus áspe­ras y enne­gre­ci­das manos y las ponen sobre la cabe­za de los shens­hi. Atan a los shens­hi mal­va­dos, les colo­can cucu­ru­chos de papel y los hacen des­fi­lar por las aldeas tirán­do­los de una soga (a esto se lla­ma en Siang­tanSiang­siang «hacer des­fi­lar por los pobla­dos» y en Liling «hacer des­fi­lar por los cam­pos»). A dia­rio macha­can los oídos de los shens­hi con sus agrias e impla­ca­bles acu­sa­cio­nes. Los cam­pe­si­nos dic­tan órde­nes y lo diri­gen todo. Los que eran infe­rio­res a todos están aho­ra por enci­ma de todos, y por eso se afir­ma que «el mun­do se ha vuel­to patas arri­ba».

[next­pa­ge title=”La van­guar­dia de la revo­lu­ción”]

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La vanguardia de la revolución

De dos enfo­ques opues­tos sobre una cosa o una per­so­na se deri­van dos apre­cia­cio­nes opues­tas. Bue­nos ejem­plos son apre­cia­cio­nes como «¡muy mal!» y «¡muy bien!», «chus­ma» y «van­guar­dia de la revo­lu­ción».

Se ha seña­la­do más arri­ba que los cam­pe­si­nos han lle­va­do a cabo una obra revo­lu­cio­na­ria nun­ca antes rea­li­za­da y que han cum­pli­da una impor­tan­te labor para la revo­lu­ción nacio­nal. Pero ¿es que en esta gran obra revo­lu­cio­na­ria, en esta impor­tan­te labor revo­lu­cio­na­ria, han toma­do par­te todos los cam­pe­si­nos? No. Hay tres cate­go­rías de cam­pe­si­nos: ricos, medios y pobres. Como viven en dife­ren­tes con­di­cio­nes, tie­nen dife­ren­tes opi­nio­nes acer­ca de la revo­lu­ción.

Duran­te el pri­mer perío­do, lo que los cam­pe­si­nos ricos habían oído decir era que el ejér­ci­to de la Expe­di­ción al Nor­te había sufri­do una aplas­tan­te derro­ta en Chiang­sí, y Chiang Kai-shek había sido heri­do en una pier­na6 y había regre­sa­do en avión a Kuang­tung7, que Wu Pei-fu8 había recu­pe­ra­do la ciu­dad de Yue­chou, y que las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas de nin­gún modo podrían man­te­ner­se por mucho tiem­po y los Tres Prin­ci­pios del Pue­blo9 jamás pros­pe­ra­rían, pues nun­ca se había vis­to nada pare­ci­do. Y cuan­do un encar­ga­do (gene­ral­men­te uno de la «chus­ma») de la aso­cia­ción cam­pe­si­na can­to­nal se pre­sen­ta­ba, regis­tro en mano, en casa de un cam­pe­sino rico y le decía: «Le invi­ta­mos a afi­liar­se a la aso­cia­ción cam­pe­si­na», ¿qué le res­pon­día éste? Si se tra­ta­ba de un cam­pe­sino rico que tenía una acti­tud rela­ti­va­men­te bue­na, res­pon­día: «¿Aso­cia­ción cam­pe­si­na? He vivi­do aquí dece­nas de años tra­ba­jan­do mi tierra,y nun­ca he vis­to nada como eso, sin embar­go no me ha fal­ta­do qué echar a la olla. Mi con­se­jo es que no sigan en esto». Si se tra­ta­ba de un cam­pe­sino rico que adop­ta­ba una acti­tud fran­ca­men­te hos­til, res­pon­día: «¡Aso­cia­ción cam­pe­si­na! ¡La aso­cia­ción de los futu­ros deca­pi­ta­dos! ¡No metan a la gen­te en líos!». Pero, cosa asom­bro­sa, las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas lle­van ya varios meses de exis­ten­cia y has­ta han osa­do enfren­tar a los shens­hi. Han dete­ni­do a los shens­hi de las vecin­da­des que se nega­ban a entre­gar sus pipas de opio y los han hecho des­fi­lar por las aldeas. En las capi­ta­les de algu­nos dis­tri­tos, inclu­so se ha ajus­ti­cia­do a shens­hi impor­tan­tes, entre ellos Yen Yung-chiu, de Siang­tan, y Yang Chi-tse, de Ning­siang. Para el aniver­sa­rio de la Revo­lu­ción de Octu­bre, el mitin anti­bri­tá­ni­co y las gran­des cele­bra­cio­nes de la vic­to­ria de la Expe­di­ción al Nor­te, unos diez mil cam­pe­si­nos por can­tón rea­li­za­ron mani­fes­ta­cio­nes de masas en impo­nen­tes colum­nas, lle­van­do ban­de­ras de todos tama­ños así como sus pér­ti­gas y aza­do­nes. Fue enton­ces cuan­do los cam­pe­si­nos ricos empe­za­ron a sen­tir­se per­ple­jos y alar­ma­dos. En las gran­des cele­bra­cio­nes de la vic­to­ria de la Expe­di­ción al Nor­te, se ente­ra­ron de que Chiu­chiang había sido toma­da, que Chiang Kai-shek no había sido heri­do en la pier­na y que en reali­dad Wu Pei-fu había sido derro­ta­do. Lo que es más, vie­ron cla­ra­men­te escri­tas en los «anun­cios rojos y ver­des» (car­te­les) con­sig­nas como «¡Wan­sui10 los Tres Prin­ci­pios del Pue­blo!», «¡Wan­sui las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas!», «¡Wan­sui los cam­pe­si­nos!». «¿Cómo?», se pre­gun­ta­ron los cam­pe­si­nos ricos, muy per­ple­jos y alar­ma­dos, «¿los cam­pe­si­nos, wan­sui? ¿Es posi­ble que a esta gen­te se le diga wan­sui?». Fue así como las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas se sin­tie­ron due­ñas de la situa­ción. La gen­te de las aso­cia­cio­nes se puso a decir a los cam­pe­si­nos ricos: «¡Les apun­ta­re­mos en el otro regis­tro!» o «¡Den­tro de un mes, la cuo­ta de ingre­so será de diez yua­nes por per­so­na!». Sólo ante esta situa­ción, comen­za­ron los cam­pe­si­nos ricos a ingre­sar, poco a poco, en las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas11; algu­nos paga­ron por su ingre­so medio yuan o un yuan (en tan­to que la cuo­ta regu­lar no pasa­ba de cien wen12) y otros con­si­guie­ron ser admi­ti­dos sólo des­pués de haber logra­do que alguien inter­ce­die­ra en su favor. Pero aún que­da un buen núme­ro de recal­ci­tran­tes que has­ta aho­ra no han ingre­sa­do en las aso­cia­cio­nes. Al ingre­sar, los cam­pe­si­nos ricos ins­cri­ben gene­ral­men­te el nom­bre de un anciano de sesen­ta o seten­ta años de su fami­lia, por­que viven en cons­tan­te temor al «reclu­ta­mien­to». Des­pués de su ingre­so tam­po­co mues­tran inte­rés por rea­li­zar nin­gún tra­ba­jo para las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas. Per­ma­ne­cen siem­pre inac­ti­vos.

¿Y los cam­pe­si­nos medios? Su acti­tud es vaci­lan­te. Pien­san que la revo­lu­ción no les trae­rá mayo­res ven­ta­jas. Tie­nen arroz en sus ollas y nadie va a lla­mar a sus puer­tas en ple­na noche para recla­mar­les el pago de tal o cual deu­da. Juz­gan­do tam­bién las cosas según hayan exis­ti­do o no, se pre­gun­tan con el ceño frun­ci­do: «¿Podrá sos­te­ner­se la aso­cia­ción cam­pe­si­na?». «¿Pros­pe­ra­rán los Tres Prin­ci­pios del Pue­blo?». Su con­clu­sión es: «¡Poco pro­ba­ble!». Se figu­ran que todo depen­de de la volun­tad celes­tial y pien­san: «¿Una aso­cia­ción cam­pe­si­na? Pero ¿quién sabe si esto agra­da­rá al Cie­lo?». En el pri­mer perío­do, cuan­do la gen­te de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas se pre­sen­ta­ba con el regis­tro en casa de los cam­pe­si­nos medios y les decía: «Les invi­ta­mos a ingre­sar en la aso­cia­ción cam­pe­si­na», ellos les con­tes­ta­ban: «¡No corre pri­sa!». Y no comen­za­ron a ingre­sar has­ta el segun­do perío­do, cuan­do las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas ya habían adqui­ri­do gran fuer­za. Den­tro de ellas se com­por­tan mejor que los cam­pe­si­nos ricos, pero por el momen­to no se mues­tran muy entu­sias­tas y pre­fie­ren con­ti­nuar a la expec­ta­ti­va. Es abso­lu­ta­men­te nece­sa­rio que las aso­cia­cio­nes pro­cu­ren el ingre­so de los cam­pe­si­nos medios y hagan más tra­ba­jo de escla­re­ci­mien­to entre ellos.

Los cam­pe­si­nos pobres siem­pre han sido la fuer­za prin­ci­pal en la ardua lucha en el cam­po. Tan­to en la fase de acti­vi­dad clan­des­ti­na como en la de acti­vi­dad abier­ta, siem­pre han lucha­do con ener­gía. Son ellos los más dis­pues­tos a acep­tar la direc­ción del Par­ti­do Comu­nis­ta. Son enemi­gos jura­dos de los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos y, sin la menor vaci­la­ción, asal­tan sus for­ta­le­zas. Dicen a los cam­pe­si­nos ricos: «Ya hace mucho que ingre­sa­mos en la aso­cia­ción cam­pe­si­na. ¿Por qué uste­des siguen vaci­lan­do?». Y los cam­pe­si­nos ricos les res­pon­den en tono bur­lón: «No tie­nen uste­des ni una teja enci­ma de la cabe­za, ni una pul­ga­da de tie­rra bajo los pies. ¡No van a ingre­sar en la aso­cia­ción cam­pe­si­na!». En efec­to, los cam­pe­si­nos pobres nada temen per­der. Muchos de ellos lite­ral­men­te «no tie­nen ni una teja enci­ma de la cabe­za, ni una pul­ga­da de tie­rra bajo los pies». ¿Qué les pue­de impe­dir afi­liar­se a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas? De acuer­do con la inves­ti­ga­ción rea­li­za­da en el dis­tri­to de Changs­há, los cam­pe­si­nos pobres cons­ti­tu­yen el seten­ta por cien­to de la pobla­ción rural; los cam­pe­si­nos medios, el vein­te por cien­to; los terra­te­nien­tes y los cam­pe­si­nos ricos, el diez por cien­to. Este seten­ta por cien­to de la pobla­ción rural, los cam­pe­si­nos pobres, se divi­de, a su vez, en dos gru­pos: los indi­gen­tes13 y los rela­ti­va­men­te indi­gen­tes14. Los pri­me­ros cons­ti­tu­yen el vein­te por cien­to de la pobla­ción rural; son los que no poseen nada en abso­lu­to, es decir, los que no tie­nen ni tie­rra, ni fon­dos, ni medio alguno de sub­sis­ten­cia, y se ven obli­ga­dos a aban­do­nar sus hoga­res para enro­lar­se en el ejér­ci­to, tra­ba­jar de peo­nes con­tra­ta­dos o men­di­gar por los cami­nos. Los del segun­do gru­po cons­ti­tu­yen el cin­cuen­ta por cien­to de la pobla­ción rural; son los par­cial­men­te des­po­seí­dos, los que tie­nen un poco de tie­rra y algu­nos fon­dos, pero no alcan­zan a comer con lo que ganan y para quie­nes el año ente­ro trans­cu­rre en medio de la angus­tia y el tra­ba­jo ago­bia­dor; entre ellos figu­ran los obre­ros arte­sa­nos, los arren­da­ta­rios (excep­to los arren­da­ta­rios ricos) y los cam­pe­si­nos semi­pro­pie­ta­rios. La inmen­sa masa de los cam­pe­si­nos pobres, que repre­sen­ta el seten­ta por cien­to de la pobla­ción rural, es la colum­na ver­te­bral de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, la van­guar­dia en la lucha por el derro­ca­mien­to de las fuer­zas feu­da­les y los glo­rio­sos pio­ne­ros en el cum­pli­mien­to de la gran­dio­sa tarea revo­lu­cio­na­ria, que duran­te tan­tos años ha esta­do sin rea­li­zar. De no ser por la cla­se de los cam­pe­si­nos pobres (la «chus­ma», como les lla­man los shens­hi), habría sido impo­si­ble crear la actual situa­ción revo­lu­cio­na­ria en el cam­po y no se podría derro­car a los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos y dar cima a la revo­lu­ción demo­crá­ti­ca. Por ser los más revo­lu­cio­na­rios, los cam­pe­si­nos pobres han con­quis­ta­do la direc­ción de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas. Duran­te el pri­me­ro y el segun­do perío­dos, casi todos los pre­si­den­tes y miem­bros de los comi­tés de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas al nivel más bajo han sido cam­pe­si­nos pobres (de los encar­ga­dos de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas can­to­na­les en el dis­tri­to de Jengs­han, un cin­cuen­ta por cien­to son cam­pe­si­nos indi­gen­tes; un cua­ren­ta por cien­to, cam­pe­si­nos rela­ti­va­men­te indi­gen­tes, y un diez por cien­to, inte­lec­tua­les pobres). Esta direc­ción de los cam­pe­si­nos pobres es abso­lu­ta­men­te nece­sa­ria. Sin los cam­pe­si­nos pobres, no hay revo­lu­ción. Negar su papel es negar la revo­lu­ción. Ata­car­los es ata­car a la revo­lu­ción. Ellos nun­ca se han equi­vo­ca­do en su orien­ta­ción revo­lu­cio­na­ria fun­da­men­tal. Han des­pres­ti­gia­do a los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos. Los han derri­ba­do a todos, gran­des y peque­ños, y les han pues­to el pie enci­ma. Sus nume­ro­sos actos en el perío­do de acción revo­lu­cio­na­ria, cali­fi­ca­dos de «exce­sos», han sido jus­ta­men­te lo que la revo­lu­ción nece­si­ta­ba. Algu­nas auto­ri­da­des, direc­cio­nes del Kuo­min­tang y aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas a nivel de dis­tri­to en Junán han come­ti­do una serie de erro­res. A peti­ción de los terra­te­nien­tes, inclu­so han envia­do sol­da­dos a dete­ner a encar­ga­dos de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas de nive­les infe­rio­res. Un con­si­de­ra­ble núme­ro de pre­si­den­tes y miem­bros de los comi­tés de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas can­to­na­les han sido encar­ce­la­dos en Jengs­han y Siang­siang. Este es un error suma­men­te gra­ve, que esti­mu­la la arro­gan­cia de los reac­cio­na­rios. Para juz­gar si es o no un error bas­ta con ver cuán jubi­lo­sos se ponen los terra­te­nien­tes sin ley y cómo se espe­sa la atmós­fe­ra reac­cio­na­ria allí don­de se detie­ne al pre­si­den­te o a miem­bros del cam­pe­si­na­do. Debe­mos com­ba­tir todas las calum­nias con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rias tales como «movi­mien­to de la chus­ma» y «movi­mien­to de cam­pe­si­nos hol­ga­za­nes» y, en par­ti­cu­lar, cui­dar de no rea­li­zar accio­nes erró­neas que ayu­den a los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos en sus ata­ques a la cla­se de los cam­pe­si­nos pobres. Aun­que entre los cam­pe­si­nos pobres que ocu­pan pues­tos diri­gen­tes en las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, algu­nos tenían efec­ti­va­men­te defec­tos, la mayo­ría de ellos ya se han corre­gi­do. Estos mis­mos­res­pon­sa­bles están prohi­bien­do enér­gi­ca­men­te los jue­gos de azar y liqui­dan­do el ban­do­le­ris­mo. Allí don­de la aso­cia­ción cam­pe­si­na es pode­ro­sa, los jue­gos de azar han sido prohi­bi­dos y han des­apa­re­ci­do total­men­te, y el ban­do­le­ris­mo se ha eli­mi­na­do. En algu­nos luga­res, es real­men­te cier­to que nadie se guar­da lo que encuen­tra en el camino y que no se atran­can las puer­tas por la noche. De acuer­do con la inves­ti­ga­ción efec­tua­da en Jengs­han, el ochen­ta y cin­co por cien­to de los cam­pe­si­nos pobres que ocu­pan pues­tos diri­gen­tes han hecho gran­des pro­gre­sos, han pro­ba­do ser capa­ces y enér­gi­cos en su tra­ba­jo; sólo el cin­co por cien­to res­tan­te tie­nen toda­vía uno que otro mal hábi­to. A estos últi­mos se les pue­de lla­mar, a lo sumo, «una mino­ría de ele­men­tos poco sanos», pero es abso­lu­ta­men­te inad­mi­si­ble til­dar­los de «chus­ma» a todos en blo­que, hacien­do coro a los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos. El pro­ble­ma de la «mino­ría de ele­men­tos poco sanos» sólo pue­de resol­ver­se, bajo la con­sig­na de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas de for­ta­le­cer la dis­ci­pli­na, por medio de la pro­pa­gan­da entre las masas, la edu­ca­ción de dicha mino­ría y el refor­za­mien­to de la dis­ci­pli­na en las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas; en nin­gún caso se pue­de enviar arbi­tra­ria­men­te sol­da­dos a arres­tar gen­te, pues así se menos­ca­ba el pres­ti­gio de la cla­se de los cam­pe­si­nos pobres y se da alas a la arro­gan­cia de los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos. Este pun­to requie­re par­ti­cu­lar aten­ción.

[next­pa­ge title=”Catorce gran­des con­quis­tas”]

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Catorce grandes conquistas

En gene­ral, los que cen­su­ran a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas dicen que éstas han hecho muchas cosas malas. Ya he seña­la­do más arri­ba que los gol­pes ases­ta­dos por los cam­pe­si­nos a los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos son accio­nes com­ple­ta­men­te revo­lu­cio­na­rias y nada hay en ellas de cen­su­ra­ble. Son muchas las cosas que han hecho los cam­pe­si­nos, y a fin de res­pon­der a los ata­ques, debe­mos exa­mi­nar deta­lla­da­men­te todas sus accio­nes, una a una, y ver qué han hecho en reali­dad. He resu­mi­do y cla­si­fi­ca­do sus acti­vi­da­des de los últi­mos meses; bajo la direc­ción de sus aso­cia­cio­nes, los cam­pe­si­nos han logra­do, en total, las siguien­tes cator­ce gran­des con­quis­tas:

Organización de los campesinos en asociaciones campesinas

Esta es la pri­me­ra gran con­quis­ta de los cam­pe­si­nos. A este res­pec­to, ocu­pan el pri­mer lugar dis­tri­tos como Siang­tan, Siang­siang y Jengs­han, don­de casi todos los cam­pe­si­nos están orga­ni­za­dos y ape­nas exis­te algún «rin­cón per­di­do» en el que no se hayan pues­to en movi­mien­to. El segun­do lugar lo ocu­pan dis­tri­tos como Yiyang y Jua­yung, don­de la mayo­ría de los cam­pe­si­nos están orga­ni­za­dos, pero un núme­ro redu­ci­do aún no lo están. Vie­nen en ter­cer lugar dis­tri­tos como Cheng­pu y Lin­gling, don­de sólo una mino­ría de los cam­pe­si­nos están orga­ni­za­dos mien­tras que la mayo­ría toda­vía no lo están. La par­te occi­den­tal de Junán ocu­pa el cuar­to lugar; a esta región, que se encuen­tra bajo el con­trol de Yuan Tsu-ming15, no ha lle­ga­do aún la pro­pa­gan­da sobre la aso­cia­ción cam­pe­si­na y, en muchos de sus dis­tri­tos, los cam­pe­si­nos no están en abso­lu­to orga­ni­za­dos. En gene­ral, los dis­tri­tos de la par­te cen­tral de Junán, con Changs­há como cen­tro, son los más avan­za­dos; los de la par­te meri­dio­nal vie­nen en segun­do lugar y en la par­te occi­den­tal ape­nas empie­zan a orga­ni­zar­se. Según los datos reco­pi­la­dos en noviem­bre del año pasa­do por la Aso­cia­ción Cam­pe­si­na Pro­vin­cial de Junán, en 37 de los 75 dis­tri­tos de la pro­vin­cia se habían crea­do orga­ni­za­cio­nes con un total de 1.367.727 afi­lia­dos. De ellos, alre­de­dor de un millón se orga­ni­za­ron en octu­bre y noviem­bre del año pasa­do, cuan­do esta­ba en pleno ascen­so el pode­río de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, en tan­to que has­ta sep­tiem­bre el núme­ro de miem­bros no pasa­ba de tres­cien­tos o cua­tro­cien­tos mil. En diciem­bre y enero, el movi­mien­to cam­pe­sino con­ti­nuó su vigo­ro­so cre­ci­mien­to. Has­ta fina­les de enero, el núme­ro total de afi­lia­dos de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas había alcan­za­do por lo menos a los dos millo­nes. Como una fami­lia hace ins­cri­bir en gene­ral un solo nom­bre al ingre­sar en la aso­cia­ción cam­pe­si­na y cada fami­lia cons­ta en pro­me­dio de cin­co indi­vi­duos, las masas bajo la influen­cia de las aso­cia­cio­nes deben haber lle­ga­do a unos diez millo­nes de per­so­nas. Este ace­le­ra­do y sor­pren­den­te cre­ci­mien­to expli­ca por qué los dés­po­tas loca­les, shens­hi mal­va­dos y fun­cio­na­rios corrup­tos han sido ais­la­dos, por qué la socie­dad con­tem­pla con estu­por que el mun­do actual es com­ple­ta­men­te dife­ren­te al del pasa­do y por qué se ha rea­li­za­do una gran revo­lu­ción en el cam­po. Esta es la pri­me­ra de las gran­des con­quis­tas alcan­za­das por los cam­pe­si­nos bajo la direc­ción de sus aso­cia­cio­nes.

Golpes políticos a los terratenientes

La pri­me­ra acción de los cam­pe­si­nos des­pués de esta­ble­cer su orga­ni­za­ción, con­sis­te en redu­cir a pol­vo el pres­ti­gio y auto­ri­dad polí­ti­cos de la cla­se terra­te­nien­te, sobre todo de los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos, es decir, en derro­car el poder de los terra­te­nien­tes y esta­ble­cer el poder de los cam­pe­si­nos en la socie­dad rural. Esta lucha es suma­men­te seria y vital. Es la lucha cen­tral en el segun­do perío­do, el de acción revo­lu­cio­na­ria. Sin la vic­to­ria en esta lucha, es abso­lu­ta­men­te impo­si­ble la vic­to­ria en la lucha eco­nó­mi­ca por la reduc­ción de los arrien­dos y los intere­ses, por la obten­ción de tie­rras y otros medios de pro­duc­ción, etc. En muchos luga­res de Junán, como en los dis­tri­tos de Siang­siang, Jengs­han y Siang­tan, el poder de los terra­te­nien­tes ha sido com­ple­ta­men­te derro­ca­do y se ha implan­ta­do un úni­co poder: el de los cam­pe­si­nos; natu­ral­men­te, allí se ha resuel­to el pro­ble­ma del poder. Sin embar­go, en Liling y algu­nos otros dis­tri­tos hay toda­vía luga­res (por ejem­plo los sec­to­res oes­te y sur de Liling) don­de el poder de los terra­te­nien­tes, aun­que apa­ren­te­men­te infe­rior al de los cam­pe­si­nos, en reali­dad se le está opo­nien­do subrep­ti­cia­men­te, debi­do a que allí la lucha polí­ti­ca no ha sido sufi­cien­te­men­te agu­da. No se pue­de afir­mar toda­vía que en esos luga­res los cam­pe­si­nos hayan alcan­za­do la vic­to­ria polí­ti­ca; tie­nen que lle­var ade­lan­te la lucha polí­ti­ca con redo­bla­da ener­gía has­ta aplas­tar por com­ple­to el poder de los terra­te­nien­tes. Los méto­dos emplea­dos por los cam­pe­si­nos para ases­tar gol­pes polí­ti­cos a los terra­te­nien­tes son, en resu­men, los siguien­tes:

  • Revi­sión de las cuen­tas. En la admi­nis­tra­ción de los fon­dos públi­cos loca­les, los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos, en la mayo­ría de los casos, han come­ti­do des­fal­cos y adul­te­ra­do las cuen­tas. Aho­ra los cam­pe­si­nos, sir­vién­do­se de la revi­sión de las cuen­tas, han derri­ba­do a muchos dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos. En nume­ro­sos luga­res se han crea­do comi­sio­nes revi­so­ras con el exclu­si­vo obje­to de ajus­tar cuen­tas con los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos, quie­nes tiem­blan ante su sola pre­sen­cia. La cam­pa­ña por la revi­sión de las cuen­tas ha toma­do gran ampli­tud en todos los dis­tri­tos don­de el movi­mien­to cam­pe­sino se ha desa­rro­lla­do; su impor­tan­cia estri­ba, más que en recu­pe­rar el dine­ro mal­ver­sa­do, en poner al des­cu­bier­to los crí­me­nes de los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos y derri­bar­los de su posi­ción polí­ti­ca y social.
  • Mul­tas. Por deli­tos tales como los abu­sos e irre­gu­la­ri­da­des des­cu­bier­tos duran­te la revi­sión de las cuen­tas, los actos de cruel­dad con­tra los cam­pe­si­nos en el pasa­do, las acti­vi­da­des de zapa con­tra las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas en el pre­sen­te, las infrac­cio­nes a la prohi­bi­ción de los jue­gos de azar y la nega­ti­va a entre­gar las pipas de opio, los cam­pe­si­nos impo­nen mul­tas: ese dés­po­ta local debe pagar esta suma, aquel shens­hi mal­va­do, tal otra. Las mul­tas van des­de algu­nas dece­nas has­ta varios miles de yua­nes. Des­de lue­go, los que han sido mul­ta­dos por los cam­pe­si­nos que­dan com­ple­ta­men­te des­acre­di­ta­dos.
  • Impo­si­ción de con­tri­bu­cio­nes. A los terra­te­nien­tes codi­cio­sos y des­al­ma­dos, se les exi­gen con­tri­bu­cio­nes en dine­ro, que se des­ti­nan a soco­rrer a los nece­si­ta­dos, a orga­ni­zar coope­ra­ti­vas y cajas de cré­di­to cam­pe­sino o a cubrir otras nece­si­da­des. La con­tri­bu­ción en dine­ro es igual­men­te una for­ma de cas­ti­go, sólo que más sua­ve que la mul­ta. Para evi­tar­se pro­ble­mas, no son pocos los terra­te­nien­tes que por su pro­pia ini­cia­ti­va dan con­tri­bu­cio­nes a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas.
  • Pro­tes­tas. Cuan­do alguien per­ju­di­ca, de pala­bra o en los hechos, a la aso­cia­ción cam­pe­si­na y el deli­to no es muy gra­ve, se reúne un gru­po de cam­pe­si­nos e irrum­pe en casa del ofen­sor para pro­tes­tar ante él, aun­que no con mucho rigor. La per­so­na gene­ral­men­te se libra fir­man­do un com­pro­mi­so de «cesar y desis­tir», en el cual pro­me­te explí­ci­ta­men­te que no vol­ve­rá a per­ju­di­car ni de pala­bra ni en los hechos el pres­ti­gio de la aso­cia­ción cam­pe­si­na.
  • Mani­fes­ta­cio­nes masi­vas. Ocu­rre a menu­do que los cam­pe­si­nos orga­ni­zan mani­fes­ta­cio­nes de masas con­tra un dés­po­ta local o shens­hi mal­va­do, abier­ta­men­te enemi­go de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas. Los mani­fes­tan­tes comen en su casa y, como es natu­ral, sacri­fi­can cer­dos y con­su­men cerea­les. Hace poco, en Machia­je, dis­tri­to de Siang­tan, una mul­ti­tud de quin­ce mil per­so­nas rea­li­za­ron una visi­ta puni­ti­va de este tipo a seis fami­lias de shens­hi mal­va­dos; se que­da­ron allí duran­te cua­tro días y dego­lla­ron más de 130 cer­dos. Estas mani­fes­ta­cio­nes ter­mi­nan, por lo gene­ral, con la impo­si­ción de una mul­ta.
  • Des­fi­les con cucu­ru­chos de papel por las aldeas. Esta prác­ti­ca es muy fre­cuen­te en todas par­tes. A los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos les ponen cucu­ru­chos de papel con ins­crip­cio­nes como: «dés­po­ta local fulano de tal» o «shens­hi mal­va­do men­gano de cual». Ama­rra­dos con una cuer­da, se les hace des­fi­lar en medio de gran­des mul­ti­tu­des. A veces, se baten gongs y se agi­tan ban­de­ras para lla­mar la aten­ción de la gen­te. Esta for­ma de cas­ti­go, más que nin­gu­na otra, hace tem­blar a los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos. El que ha sido cas­ti­ga­do así, aun­que sea una sola vez, que­da com­ple­ta­men­te des­acre­di­ta­do y ya no pue­de vol­ver a levan­tar la cabe­za. Por eso, los ricos gene­ral­men­te pre­fie­ren pagar una mul­ta a que les pon­gan cucu­ru­chos de papel. Pero si los cam­pe­si­nos insis­ten, han de lle­var­los, quié­ran­lo o no. Cier­ta aso­cia­ción cam­pe­si­na can­to­nal, muy inge­nio­sa, arres­tó a un shens­hi mal­va­do y decla­ró que ese mis­mo día le pon­dría el cucu­ru­cho de papel. El shens­hi mal­va­do pali­de­ció de espan­to. Pero lue­go la aso­cia­ción cam­pe­si­na deci­dió no ponér­se­lo ese día, con­si­de­ran­do que si así lo hacía, el shens­hi mal­va­do podía, acep­tan­do su suer­te, per­der el mie­do al cas­ti­go, y que era mejor dejar­lo irse a casa y ponér­se­lo cual­quier otro día. Sin saber cuán­do le colo­ca­rían el cucu­ru­cho de papel, el shens­hi mal­va­do vivía día tras día en cons­tan­te sus­pen­so sin poder per­ma­ne­cer sen­ta­do ni dor­mir tran­qui­lo.
  • Reclu­sión en la cár­cel dis­tri­tal. Es un cas­ti­go más seve­ro que poner cucu­ru­chos de papel. Arres­ta­do un dés­po­ta local o shens­hi mal­va­do, se le envía a la cár­cel dis­tri­tal y se encar­ga al jefe de dis­tri­to que lo sen­ten­cie. Hoy los que ocu­pan las cár­ce­les ya no son los mis­mos que antes. En el pasa­do eran los shens­hi quie­nes envia­ban a los cam­pe­si­nos a la cár­cel; aho­ra ocu­rre a la inver­sa.
  • «Des­tie­rros». La inten­ción de los cam­pe­si­nos no es des­te­rrar a los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos noto­rios por sus crí­me­nes, pero sí arres­tar­los o eje­cu­tar­los. Estos huyen por temor a ser dete­ni­dos o eje­cu­ta­dos. En los dis­tri­tos don­de el movi­mien­to cam­pe­sino se ha desa­rro­lla­do con fuer­za, casi todos los prin­ci­pa­les dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos han hui­do, lo cual equi­va­le al des­tie­rro. De ellos, los de pri­me­ra cate­go­ría han hui­do a Shang­hai; los de segun­da, a Jan­kou; los de ter­ce­ra, a Changs­há, y los de cuar­ta, a las capi­ta­les de dis­tri­to. De todos estos fugi­ti­vos, los que se encuen­tran más segu­ros son los refu­gia­dos en Shang­hai. Algu­nos de los que huye­ron a Jan­kou, por ejem­plo, tres shens­hi mal­va­dos del dis­tri­to de Jua­yung, han ter­mi­na­do sien­do dete­ni­dos y lle­va­dos de vuel­ta. Aque­llos que se han refu­gia­do en Changs­há corren aún mayor peli­gro de ser aprehen­di­dos en cual­quier momen­to por cote­rrá­neos suyos que estu­dian en esa capi­tal pro­vin­cial. En esta ciu­dad vi con mis pro­pios ojos cómo los estu­dian­tes dete­nían a dos de ellos. Aque­llos que han hui­do a las capi­ta­les de dis­tri­to ya son de cuar­ta cate­go­ría, y es fácil que los des­cu­bran los cam­pe­si­nos, cuyos ojos y oídos son innu­me­ra­bles. Las difi­cul­ta­des finan­cie­ras del gobierno pro­vin­cial de Junán fue­ron atri­bui­das por las auto­ri­da­des corres­pon­dien­tes al hecho de que los cam­pe­si­nos habían «des­te­rra­do» a los ricos, lo que hacía difí­cil la recau­da­ción de dine­ro. Esto da una idea de has­ta qué pun­to no se tole­ra en sus pro­pias aldeas a los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos.
  • Fusi­la­mien­tos. Este cas­ti­go se reser­va a los peo­res dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos y lo impo­nen los cam­pe­si­nos jun­to con otros sec­to­res de la pobla­ción. Por ejem­plo, a ins­tan­cias de los cam­pe­si­nos y otros sec­to­res de la pobla­ción, las auto­ri­da­des fusi­la­ron a Yang Chi-tse, de Ning­siang, a Chou Chia-kan, de Yue­yang, a Fu Tao-nan y Sun Po-chu, de Jua­yung. En el caso de Yen Yung chiu, de Siang­tan, fue­ron los cam­pe­si­nos y otros sec­to­res de la pobla­ción los que obli­ga­ron al jefe del dis­tri­to a que acep­ta­ra sacar­lo de la cár­cel, y los mis­mos cam­pe­si­nos lo fusi­la­ron. Liu Chao, de Ning­siang, fue muer­to a gol­pes por los pro­pios cam­pe­si­nos. Actual­men­te, Peng Chi-fan, de Liling, y Chou Tien-che y Tsao Yun, de Yiyang, espe­ran la sen­ten­cia a muer­te del «tri­bu­nal espe­cial para juz­gar a los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos». La eje­cu­ción de un dés­po­ta local o un shens­hi mal­va­do de tan­ta impor­tan­cia reper­cu­te en todo el dis­tri­to y con­tri­bu­ye muy efi­caz­men­te a la extir­pa­ción de los males rema­nen­tes del feu­da­lis­mo. En cada dis­tri­to hay por lo menos varios dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos de esa impor­tan­cia y en algu­nos dis­tri­tos se cuen­tan has­ta por dece­nas. El úni­co medio efi­caz para aplas­tar a la reac­ción es ajus­ti­ciar en cada dis­tri­to por lo menos a unos cuan­tos dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos cul­pa­bles de los más odio­sos crí­me­nes. Cuan­do los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos tenían todo su poder, ase­si­na­ban a los cam­pe­si­nos sin pes­ta­ñear. En el pobla­do de Sin­kang, dis­tri­to de Changs­há, Je Mai-chan, jefe de los cuer­pos de defen­sa, duran­te los diez años que ejer­ció sus fun­cio­nes, fue per­so­nal­men­te res­pon­sa­ble del ase­si­na­to de cer­ca de mil cam­pe­si­nos menes­te­ro­sos, lo que des­cri­bía eufe­mís­ti­ca­men­te como «ajus­ti­cia­mien­to de ban­di­dos». En Siang­tan, mi dis­tri­to natal, los jefes de los cuer­pos de defen­sa del pobla­do de Yin­tien, Tang Ch n-yen y Luo Shu-lin, en los cator­ce años trans­cu­rri­dos des­de 1913, ase­si­na­ron a más de cin­cuen­ta per­so­nas y ente­rra­ron vivas a cua­tro. Las pri­me­ras víc­ti­mas fue­ron dos men­di­gos abso­lu­ta­men­te inocen­tes. Tang Ch n-yen dijo: «¡Empe­ce­mos por matar a un par de men­di­gos!», y así per­die­ron la vida dos per­so­nas. Tal era la cruel­dad de los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos en otros tiem­pos, tal era el terror blan­co que implan­ta­ron en el cam­po, y aho­ra que los cam­pe­si­nos se han levan­ta­do y han fusi­la­do a unos cuan­tos y han crea­do un poco de terror para aplas­tar a los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios, ¿qué razón hay para decir que no debe­rían actuar así?

Golpes económicos a los terratenientes

  • Prohi­bi­ción de la sali­da de los cerea­les, del alza de su pre­cio y de su aca­pa­ra­mien­to para la espe­cu­la­ción. Este es uno de los gran­des acon­te­ci­mien­tos de los últi­mos meses en la lucha eco­nó­mi­ca de los cam­pe­si­nos de Junán. Des­de octu­bre del año pasa­do, los cam­pe­si­nos pobres han impe­di­do la sali­da de los cerea­les de los terra­te­nien­tes y cam­pe­si­nos ricos y han prohi­bi­do el alza de su pre­cio y su aca­pa­ra­mien­to con fines espe­cu­la­ti­vos. Con ello han alcan­za­do ple­na­men­te sus obje­ti­vos: está total­men­te con­tro­la­da la fuga de los cerea­les, su pre­cio ha baja­do con­si­de­ra­ble­men­te y ha des­apa­re­ci­do su aca­pa­ra­mien­to espe­cu­la­ti­vo.
  • Prohi­bi­ción del alza de los arrien­dos y los depó­si­tos de garan­tía; pro­pa­gan­da en favor de su reba­ja. En julio y agos­to del año pasa­do, cuan­do las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas eran aún débi­les, los terra­te­nien­tes, siguien­do su vie­ja prác­ti­ca de máxi­ma explo­ta­ción, noti­fi­ca­ron uno tras otro a los arren­da­ta­rios que aumen­ta­rían sin fal­ta los arrien­dos y los depó­si­tos de garan­tía. Pero hacia octu­bre, cuan­do la fuer­za de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas había cre­ci­do con­si­de­ra­ble­men­te y los cam­pe­si­nos se pro­nun­cia­ban uná­ni­me­men­te en con­tra del alza de los arrien­dos y los depó­si­tos de garan­tía, los terra­te­nien­tes no se atre­vie­ron a musi­tar pala­bra sobre el alza. A par­tir de noviem­bre, gana­da ya la supre­ma­cía sobre los terra­te­nien­tes, los cam­pe­si­nos, en un nue­vo paso ade­lan­te, rea­li­zan pro­pa­gan­da por la reba­ja de los arrien­dos y los depó­si­tos de garan­tía. Dicen: «Lás­ti­ma que nues­tra aso­cia­ción no hubie­ra sido lo bas­tan­te fuer­te cuan­do paga­mos los arrien­dos el oto­ño pasa­do, si no, los habría­mos reba­ja­do enton­ces». Aho­ra, los cam­pe­si­nos están rea­li­zan­do una amplia cam­pa­ña de pro­pa­gan­da por la reduc­ción de los arrien­dos que deben pagar el oto­ño pró­xi­mo; por su par­te, los terra­te­nien­tes andan pre­gun­tan­do sobre cómo ha de efec­tuar­se la reduc­ción. En cuan­to a la reduc­ción de los depó­si­tos de garan­tía, ya está en mar­cha en Jengs­han y otros dis­tri­tos.
  • Prohi­bi­ción de la can­ce­la­ción de los arren­da­mien­tos. Toda­vía en julio y agos­to del año pasa­do hubo muchos casos en que los terra­te­nien­tes qui­ta­ban la tie­rra a algu­nos arren­da­ta­rios para dár­se­la a otros. Pero a par­tir de octu­bre, nadie se ha atre­vi­do a hacer­lo. Aho­ra ya no hay ni que hablar de esta prác­ti­ca. El úni­co pro­ble­ma que exis­te en cier­ta medi­da es si un terra­te­nien­te pue­de o no can­ce­lar un arren­da­mien­to para cul­ti­var la tie­rra por sí mis­mo. En algu­nos luga­res, los cam­pe­si­nos no per­mi­ten esto tam­po­co. En otros, lo per­mi­ten, pero sur­ge enton­ces la cues­tión de la desocu­pa­ción de los arren­da­ta­rios. A este pro­ble­ma no se le ha encon­tra­do toda­vía una solu­ción uni­for­me.
  • Reduc­ción de los intere­ses. Se han redu­ci­do los intere­ses sobre los prés­ta­mos en todo el dis­tri­to de Anjua; tam­bién han habi­do reduc­cio­nes en otros dis­tri­tos. Sin embar­go, allí don­de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas son pode­ro­sas, los terra­te­nien­tes sus­pen­den com­ple­ta­men­te los prés­ta­mos, teme­ro­sos de que «los bie­nes sean comu­ni­za­dos»; en las aldeas ya casi no se con­ce­den prés­ta­mos. Actual­men­te, la reduc­ción de los intere­ses sobre los prés­ta­mos se limi­ta a las anti­guas deu­das No sólo se han redu­ci­do los intere­ses sino que inclu­so se ha prohi­bi­do a los acree­do­res urgir la devo­lu­ción de las sumas pres­ta­das. El cam­pe­sino pobre dice: «No me repro­che. La cose­cha es mala. ¡Le paga­ré el año que vie­ne!».

Derrocamiento del poder feudal de los déspotas locales y shenshi malvados. destrucción de los órganos de poder en los tu y los tuan

16

Los anti­guos órga­nos de poder en los tu (terri­to­rios) y los tuan (can­to­nes), sobre todo a nivel del tu, que es inme­dia­ta­men­te infe­rior al dis­tri­to, se halla­ban casi exclu­si­va­men­te en manos de los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos. En el tu, tenían bajo su juris­dic­ción entre diez mil y cin­cuen­ta o sesen­ta mil habi­tan­tes. Tenían fuer­zas arma­das pro­pias, como los cuer­pos de defen­sa; facul­tad para esta­ble­cer impues­tos por su pro­pia cuen­ta, como por ejem­plo, el impues­to por mu de tie­rra17, y facul­ta­des judi­cia­les pro­pias, como la de dete­ner, encar­ce­lar, inte­rro­gar y cas­ti­gar a su anto­jo a los cam­pe­si­nos. Los shens­hi mal­va­dos que mane­ja­ban esos orga­nis­mos eran prác­ti­ca­men­te monar­cas del cam­po. Para los cam­pe­si­nos con­ta­ban menos el pre­si­den­te de la Repú­bli­ca, los tuchn18 o los jefes de dis­tri­to que estos monar­cas del cam­po; eran éstos sus ver­da­de­ros «amos»; bas­ta­ba un leve carras­peo de uno de tales «amos» para que el cam­pe­sino com­pren­die­se que debía poner­se en guar­dia. Pero como resul­ta­do de la actual rebe­lión en el cam­po, ha sido derri­ba­da en todas par­tes la auto­ri­dad de los terra­te­nien­tes, y con ello, lógi­ca­men­te se han des­mo­ro­na­do los órga­nos admi­nis­tra­ti­vos rura­les en manos de los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos. Los jefes de tu y de tuan se han escon­di­do y no se atre­ven ni a aso­mar la pun­ta de la nariz; des­car­gan todos los asun­tos loca­les sobre la aso­cia­ción cam­pe­si­na. Des­pa­chan a la gen­te dicien­do:

– ¡Yo no me meto en cami­sa de once varas!

Cuan­do en una con­ver­sa­ción se refie­ren a esos jefes, los cam­pe­si­nos comen­tan con ira:

– ¿Esos tipos? ¡Están ter­mi­na­dos!

Y esa expre­sión «están ter­mi­na­dos» des­cri­be fiel­men­te la situa­ción de los anti­guos órga­nos admi­nis­tra­ti­vos rura­les en los luga­res por don­de ha pasa­do la tor­men­ta de la revo­lu­ción.

Derrocamiento de las fuerzas armadas de los terratenientes y creacion de las fuerzas armadas de los campesinos

En Junán, las fuer­zas arma­das de la cla­se terra­te­nien­te son rela­ti­va­men­te redu­ci­das en la par­te cen­tro, pero más nume­ro­sas en el Oes­te y en el Sur. Un pro­me­dio de unos seis­cien­tos fusi­les por dis­tri­to, hace un total de cua­ren­ta y cin­co mil para los seten­ta y cin­co dis­tri­tos; en reali­dad, pue­de haber más. En el cen­tro y en el Sur de Junán, don­de el movi­mien­to cam­pe­sino se ha desa­rro­lla­do bien y los cam­pe­si­nos se han levan­ta­do con tal ímpe­tu que la cla­se terra­te­nien­te no ha podi­do opo­ner­les resis­ten­cia, la mayor par­te de sus fuer­zas arma­das se han ren­di­do a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas y se han pues­to de par­te del cam­pe­si­na­do, como por ejem­plo, en los dis­tri­tos de Ning­siang, Ping­chiang, Liu­yang, Changs­há, Liling, Siang­tan, Siang­siang, Anjua, Jengs­han y Jeng­yang. Una peque­ña par­te de esas fuer­zas, en algu­nos dis­tri­tos como Pao­ching, toma una posi­ción neu­tral, pero tien­de a capi­tu­lar. Otra peque­ña par­te, en dis­tri­tos como Yichang, Lin­wu y Chia­je, se man­tie­ne hos­til hacia las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, pero los cam­pe­si­nos la están ata­can­do y pro­ba­ble­men­te la liqui­da­rán den­tro de poco. Las fuer­zas arma­das arre­ba­ta­das a los terra­te­nien­tes reac­cio­na­rios son todas reor­ga­ni­za­das como «uni­da­des per­ma­nen­tes de las mili­cias de casa por casa»19, bajo la auto­ri­dad de los nue­vos orga­nis­mos rura­les de admi­nis­tra­ción autó­no­ma, que son órga­nos de poder del cam­pe­si­na­do. La asi­mi­la­ción de estas anti­guas fuer­zas arma­das es una de las for­mas en que los cam­pe­si­nos crean las suyas pro­pias. Otra for­ma, nue­va, es la orga­ni­za­ción de des­ta­ca­men­tos arma­dos de picas, bajo la direc­ción de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas. La pica es una vara lar­ga con una pun­ta de hie­rro de dos filos; sola­men­te en el dis­tri­to de Siang­siang, se cuen­ta con cien mil de estas armas. En otros dis­tri­tos, como por ejem­plo, Siang­tan, Jengs­han, Liling y Changs­há, su núme­ro osci­la entre las seten­ta mil y las ochen­ta mil, cin­cuen­ta mil y sesen­ta mil o trein­ta mil y cua­ren­ta mil, res­pec­ti­va­men­te. En todos los dis­tri­tos don­de exis­te el movi­mien­to cam­pe­sino, estos des­ta­ca­men­tos cre­cen rápi­da­men­te. Los cam­pe­si­nos arma­dos de picas for­man «uni­da­des irre­gu­la­res de las mili­cias de casa por casa». Estos enor­mes des­ta­ca­men­tos arma­dos de picas son más pode­ro­sos que las vie­jas fuer­zas antes men­cio­na­das y cons­ti­tu­yen una fuer­za arma­da recién naci­da, ante cuya sola vis­ta tiem­blan los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos. Las auto­ri­da­des revo­lu­cio­na­rias de Junán deben pro­cu­rar que la orga­ni­za­ción de estas fuer­zas arma­das se haga efec­ti­va­men­te exten­si­va a los más de vein­te millo­nes de cam­pe­si­nos de los seten­ta y cin­co dis­tri­tos de la pro­vin­cia, que cada cam­pe­sino, joven o de media­na edad, ten­ga una pica, y no deben impo­ner nin­gu­na res­tric­ción a estos des­ta­ca­men­tos como si fue­ran algo temi­ble. ¡Quien se asus­te de estos des­ta­ca­men­tos es un ver­da­de­ro cobar­de! Sólo se asus­tan los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos, pero nin­gún revo­lu­cio­na­rio debe tener­les mie­do.

Derrocamiento del poder del señor jefe de distrito y de sus alguaciles

No se pue­de depu­rar la admi­nis­tra­ción de dis­tri­to a menos que los cam­pe­si­nos se alcen. Así lo ha demos­tra­do ya el caso del dis­tri­to de Jai­feng, pro­vin­cia de Kuang­tung, y así lo demues­tra aho­ra, en for­ma aún más evi­den­te, el ejem­plo de Junán. En un dis­tri­to don­de los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos deten­tan el poder, quien­quie­ra que lle­gue a ocu­par el car­go de jefe de dis­tri­to es casi inva­ria­ble­men­te un fun­cio­na­rio corrup­to. En los dis­tri­tos don­de ya se han alza­do los cam­pe­si­nos, la admi­nis­tra­ción es ínte­gra, sean quie­nes fue­ren los jefes de dis­tri­to. En los que yo he reco­rri­do, éstos tie­nen que con­sul­tar­lo todo de ante­mano con las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas. En los que el poder de los cam­pe­si­nos es par­ti­cu­lar­men­te fuer­te, la pala­bra de la aso­cia­ción cam­pe­si­na está dota­da de fuer­za mági­ca. Si la aso­cia­ción exi­ge el arres­to de un dés­po­ta local o un shens­hi mal­va­do por la maña­na, el jefe de dis­tri­to no se atre­ve a pos­ter­gar­lo has­ta el medio­día; si exi­ge que lo haga al medio­día, no se atre­ve a dejar­lo para la tar­de. Cuan­do el poder cam­pe­sino ape­nas comen­za­ba a hacer­se sen­tir en el cam­po, los jefes de dis­tri­to actua­ban en con­tu­ber­nio con los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos en con­tra de los cam­pe­si­nos. Cuan­do el poder de los cam­pe­si­nos cre­ció has­ta igua­lar al de los terra­te­nien­tes, los jefes de dis­tri­to tra­ta­ron de com­pla­cer tan­to a éstos como a aqué­llos, acep­tan­do algu­nas pro­po­si­cio­nes de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas y recha­zan­do otras. Al afir­mar más arri­ba que la pala­bra de la aso­cia­ción cam­pe­si­na está dota­da de fuer­za mági­ca, me refie­ro a la épo­ca en que el poder de los terra­te­nien­tes ya ha sido total­men­te derro­ca­do por el de los cam­pe­si­nos. Actual­men­te, la situa­ción polí­ti­ca en dis­tri­tos como Siang­siang, Siang­tan, Liling y Jengs­han es la siguien­te:

  1. Todas las deci­sio­nes se toman en un con­se­jo con­jun­to del jefe de dis­tri­to y los repre­sen­tan­tes de las orga­ni­za­cio­nes revo­lu­cio­na­rias de masas. El con­se­jo es con­vo­ca­do por el jefe de dis­tri­to y se reúne en las ofi­ci­nas de la admi­nis­tra­ción de dis­tri­to. En algu­nos dis­tri­tos se deno­mi­na «con­se­jo con­jun­to de la admi­nis­tra­ción local y las orga­ni­za­cio­nes de masas» y, en otros, «con­se­jo de asun­tos de dis­tri­to». En estos con­se­jos par­ti­ci­pan, ade­más del jefe de dis­tri­to, los repre­sen­tan­tes de las siguien­tes orga­ni­za­cio­nes a nivel de dis­tri­to: la aso­cia­ción cam­pe­si­na, la fede­ra­ción sin­di­cal, la aso­cia­ción de comer­cian­tes, la unión de muje­res, la unión de maes­tros y emplea­dos de los cen­tros de ense­ñan­za, la unión estu­dian­til y la direc­ción del Kuo­min­tang20. En estas reunio­nes, el jefe de dis­tri­to es influi­do por las opi­nio­nes de los repre­sen­tan­tes de las orga­ni­za­cio­nes de masas y siem­pre se some­te a su volun­tad. Por tan­to, la adop­ción de un sis­te­ma demo­crá­ti­co de comi­tés en la admi­nis­tra­ción de dis­tri­to no repre­sen­ta­rá nin­gún pro­ble­ma en Junán. Los actua­les órga­nos de poder a nivel de dis­tri­to ya son bas­tan­te demo­crá­ti­cos en su for­ma y en su esen­cia. Y esta situa­ción ha sur­gi­do en el cur­so de los últi­mos dos o tres meses, es decir, des­pués de que los cam­pe­si­nos se suble­va­ron en todo el cam­po y derri­ba­ron el poder de los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos. Los jefes de dis­tri­to no comen­za­ron a hala­gar a las orga­ni­za­cio­nes de masas has­ta que vie­ron que sus anti­guos sopor­tes se habían des­plo­ma­do y que si no halla­ban otros nue­vos no podrían man­te­ner­se en sus pues­tos; esto ha con­du­ci­do a la situa­ción arri­ba expues­ta.
  2. El asis­ten­te judi­cial no tie­ne casos que aten­der. El sis­te­ma judi­cial de Junán está toda­vía orga­ni­za­do de tal mane­ra que el jefe de dis­tri­to se ocu­pa tam­bién de admi­nis­trar la jus­ti­cia y el asis­ten­te judi­cial le ayu­da a ins­truir los pro­ce­sos. Para enri­que­cer­se, los jefes de dis­tri­to y sus sub­al­ter­nos recu­rrían a toda cla­se de arbi­tra­rie­da­des en la recau­da­ción de impues­tos y con­tri­bu­cio­nes, en el engan­che de reclu­tas y en la con­se­cu­ción de pro­vi­sio­nes para las fuer­zas arma­das, así como a la extor­sión y a la pre­va­ri­ca­ción en los jui­cios civi­les o cri­mi­na­les. Esto últi­mo cons­ti­tuía la más regu­lar y segu­ra fuen­te de sus ingre­sos. En los últi­mos meses, con la caí­da de los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos, han des­apa­re­ci­do los pica­plei­tos. Lo que es más, todos los pro­ble­mas gran­des y peque­ños de los cam­pe­si­nos se solu­cio­nan aho­ra en las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas de los dife­ren­tes nive­les. Así, el asis­ten­te judi­cial de la admi­nis­tra­ción de dis­tri­to se ha que­da­do prác­ti­ca­men­te sin nada que hacer. El de Siang­siang me dijo: «Cuan­do no había aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, lle­ga­ban dia­ria­men­te a las ofi­ci­nas de la admi­nis­tra­ción de dis­tri­to un pro­me­dio de sesen­ta plei­tos civi­les o cri­mi­na­les; aho­ra se reci­ben sola­men­te cua­tro o cin­co por día». De tal mane­ra, los jefes de dis­tri­to y sus sub­al­ter­nos no tie­nen más reme­dio que que­dar­se con los bol­si­llos vacíos.
  3. Los guar­dias arma­dos, poli­cías y algua­ci­les andan escon­di­dos y no se atre­ven a ir a las aldeas a extor­sio­nar. En otro tiem­po, los aldea­nos temían a la gen­te de la ciu­dad; aho­ra suce­de lo con­tra­rio. En par­ti­cu­lar, esa infa­me jau­ría de poli­cías, guar­dias arma­dos y algua­ci­les, man­te­ni­dos por las auto­ri­da­des de dis­tri­to, tie­nen mie­do de ir a las aldeas, y si lo hacen, ya no se atre­ven a extor­sio­nar a nadie. Tiem­blan de espan­to ape­nas ven las picas de los cam­pe­si­nos.

Derrocamiento de la autoridad de clan (autoridad de los templos ancestrales y de los jefes de clan), la autoridad religiosa (autoridad del dios protector de la ciudad y de las divinidades locales) y la autoridad marital

En Chi­na, los hom­bres viven domi­na­dos gene­ral­men­te por tres sis­te­mas de auto­ri­dad: 1) el sis­te­ma esta­tal (la auto­ri­dad polí­ti­ca), estruc­tu­ra­do en órga­nos de poder a nivel nacio­nal, pro­vin­cial, de dis­tri­to y can­to­nal; 2) el sis­te­ma de clan (la auto­ri­dad de clan), que com­pren­de des­de los tem­plos ances­tra­les del clan y del lina­je has­ta los jefes de fami­lia, y 3) el sis­te­ma sobre­na­tu­ral (la auto­ri­dad reli­gio­sa) cons­ti­tui­do en su con­jun­to por las fuer­zas sub­te­rrá­neas: el rey de los infier­nos, el dios pro­tec­tor de la ciu­dad y las divi­ni­da­des loca­les, y por las fuer­zas celes­tia­les: dio­ses y divi­ni­da­des, des­de el Empe­ra­dor de los Cie­los has­ta los más diver­sos espí­ri­tus. En cuan­to a las muje­res, ade­más de estar some­ti­das a estos tres sis­te­mas de auto­ri­dad, se encuen­tran domi­na­das por los hom­bres (la auto­ri­dad mari­tal). Estas cua­tro for­mas de auto­ri­dad -polí­ti­ca, de clan, reli­gio­sa y mari­tal- encar­nan la ideo­lo­gía y el sis­te­ma feu­do-patriar­ca­les en su con­jun­to y son cua­tro grue­sas sogas que man­tie­nen ama­rra­do al pue­blo chino, y en par­ti­cu­lar al cam­pe­si­na­do. Se ha des­cri­to más arri­ba cómo los cam­pe­si­nos derro­can la auto­ri­dad polí­ti­ca de los terra­te­nien­tes en el cam­po, que cons­ti­tu­ye el pilar de los demás sis­te­mas de auto­ri­dad. Con el derro­ca­mien­to de la auto­ri­dad polí­ti­ca de los terra­te­nien­tes, comien­zan a tam­ba­lear la auto­ri­dad de clan, la reli­gio­sa y la mari­tal. Allí don­de la aso­cia­ción cam­pe­si­na es pode­ro­sa, los jefes del clan y los que admi­nis­tran el dine­ro del tem­plo ances­tral ya no se atre­ven a opri­mir a los miem­bros de menor jerar­quía del clan ni a des­fal­car el dine­ro del tem­plo. Los peo­res de ellos han sido derro­ca­dos como dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos. Ya no se atre­ven a infli­gir los crue­les cas­ti­gos cor­po­ra­les o penas capi­ta­les que antes apli­ca­ban en los tem­plos ances­tra­les, tales como apa­lear a la gen­te, ahor­car­la o ente­rrar­la viva. Se ha roto la vie­ja cos­tum­bre que prohi­bía a las muje­res y a los pobres par­ti­ci­par en los ban­que­tes del tem­plo ances­tral. En Pai­kuo, dis­tri­to de Jengs­han, las muje­res irrum­pie­ron en el tem­plo, aco­mo­da­ron sus posa­de­ras en los asien­tos y se pusie­ron a comer y a beber, mien­tras los «vene­ra­bles» patriar­cas del clan no tuvie­ron más reme­dio que dejar­les hacer a su anto­jo. En otro lugar, don­de los cam­pe­si­nos pobres esta­ban exclui­dos de tales ban­que­tes, un gru­po de ellos irrum­pie­ron en el tem­plo y bebie­ron y comie­ron has­ta har­tar­se, en tan­to que los dés­po­tas loca­les, shens­hi mal­va­dos y otros seño­res de lar­gas ves­ti­du­ras, ate­rra­dos, pusie­ron pies en pol­vo­ro­sa. A la par del desa­rro­llo del movi­mien­to cam­pe­sino, tam­ba­lea en todas par­tes la auto­ri­dad reli­gio­sa. En muchos luga­res, las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas han ocu­pa­do y uti­li­zan como sede los tem­plos de los dio­ses. En todas par­tes pro­pug­nan la incau­ta­ción de los bie­nes de los tem­plos a fin de crear escue­las para los cam­pe­si­nos y cubrir los gas­tos de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, y lla­man a esos ingre­sos «ren­tas públi­cas pro­ce­den­tes de la supers­ti­ción». En Liling, está de moda la prohi­bi­ción de las prác­ti­cas supers­ti­cio­sas y la des­truc­ción de ído­los. En los terri­to­rios del nor­te de dicho dis­tri­to, los cam­pe­si­nos prohí­ben las pro­ce­sio­nes reli­gio­sas de casa en casa con el dios del clan. En el tem­plo de Fupo­ling, en Lukou, había muchos ído­los, pero como la direc­ción terri­to­rial del Kuo­min­tang no tenía sufi­cien­te espa­cio para ins­ta­lar­se, todos esos ído­los, gran­des y peque­ños, fue­ron amon­to­na­dos en un rin­cón, sin que los cam­pe­si­nos obje­ta­ran nada. Des­de enton­ces, rara vez se prac­ti­can sacri­fi­cios a los dio­ses, ritos reli­gio­sos y ofren­da de lám­pa­ras, cuan­do mue­re alguien en una fami­lia. El ini­cia­dor de esto, Sun Siao-shan, pre­si­den­te de la aso­cia­ción cam­pe­si­na, se ha gran­jea­do el pro­fun­do odio de los sacer­do­tes taoís­tas de la loca­li­dad. En el con­ven­to de mon­jas de Lung­feng, del III Terri­to­rio del nor­te, los cam­pe­si­nos y los maes­tros pri­ma­rios con­vir­tie­ron los ído­los en leña que usa­ron para coci­nar car­ne. En el monas­te­rio de Tung­fu, en el sec­tor sur, más de trein­ta ído­los fue­ron que­ma­dos por estu­dian­tes y cam­pe­si­nos y sólo se sal­va­ron dos peque­ñas imá­ge­nes del «Señor Pao» que les arre­ba­tó un vie­jo cam­pe­sino dicien­do: «¡No come­tan un peca­do!». En los luga­res don­de pre­do­mi­na el poder de los cam­pe­si­nos, sólo los cam­pe­si­nos vie­jos siguen cre­yen­do en los dio­ses; los jóve­nes y los de media­na edad han per­di­do la fe. Y como las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas se encuen­tran en manos de estos últi­mos, en todos esos luga­res se lle­va a cabo el derro­ca­mien­to de la auto­ri­dad reli­gio­sa y la erra­di­ca­ción de las supers­ti­cio­nes. En lo que con­cier­ne a la auto­ri­dad mari­tal, siem­pre ha sido rela­ti­va­men­te débil en las fami­lias de los cam­pe­si­nos pobres por­que las muje­res de estas fami­lias, por nece­si­dad eco­nó­mi­ca, tie­nen que par­ti­ci­par en el tra­ba­jo físi­co en mayor medi­da que las muje­res de las cla­ses aco­mo­da­das y, por con­si­guien­te, tie­nen mayor dere­cho a hablar y a deci­dir en los asun­tos fami­lia­res. Duran­te los últi­mos años, con la cre­cien­te rui­na de la eco­no­mía rural, se ha mina­do la base de la domi­na­ción del hom­bre sobre la mujer. Y recien­te­men­te, con el sur­ti­mien­to del movi­mien­to cam­pe­sino, las muje­res han comen­za­do en muchos luga­res a orga­ni­zar unio­nes de muje­res cam­pe­si­nas; ha lle­ga­do para ellas la hora de levan­tar la cabe­za, y la auto­ri­dad mari­tal es sacu­di­da día a día. En una pala­bra, con el cre­ci­mien­to del poder de los cam­pe­si­nos, están tam­ba­lean­do la ideo­lo­gía y el sis­te­ma feu­do-patriar­ca­les en su con­jun­to. Pero en el perío­do actual, los esfuer­zos de los cam­pe­si­nos se con­cen­tran en la des­truc­ción de la auto­ri­dad polí­ti­ca de los terra­te­nien­tes. Allí don­de ésta ya se ha des­trui­do com­ple­ta­men­te, los cam­pe­si­nos empie­zan su ata­que con­tra la auto­ri­dad de clan, la auto­ri­dad reli­gio­sa y la domi­na­ción del hom­bre sobre la mujer. Sin embar­go, este ata­que está aún en sus comien­zos, pues no se podrá aca­bar por com­ple­to con estos tres males has­ta que los cam­pe­si­nos hayan alcan­za­do la vic­to­ria com­ple­ta en la lucha eco­nó­mi­ca. Por lo tan­to, en la actua­li­dad, deber­nos orien­tar a los cam­pe­si­nos a dedi­car sus máxi­mos esfuer­zos a la lucha polí­ti­ca por el derro­ca­mien­to defi­ni­ti­vo del poder de los terra­te­nien­tes. Y lue­go, hay que ini­ciar sin demo­ra la lucha eco­nó­mi­ca para resol­ver en for­ma radi­cal el pro­ble­ma de la tie­rra y otros pro­ble­mas eco­nó­mi­cos de los cam­pe­si­nos pobres. En cuan­to al sis­te­ma de clan, las supers­ti­cio­nes y la desigual­dad entre el hom­bre y la mujer, su eli­mi­na­ción será con­se­cuen­cia natu­ral de la vic­to­ria en las luchas polí­ti­ca y eco­nó­mi­ca. Si se hacen dema­sia­dos esfuer­zos para abo­lir for­za­da y pre­ma­tu­ra­men­te estas cosas, los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos se val­drán de ello como pre­tex­to para difun­dir, con el pro­pó­si­to de soca­var el movi­mien­to cam­pe­sino, con­sig­nas con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rias tales como «las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas no res­pe­tan a los ante­pa­sa­dos», «blas­fe­man con­tra los dio­ses y des­tru­yen la reli­gión» y «abo­gan por comu­ni­car a las muje­res». Ejem­plos son los recien­tes casos de Siang­siang, pro­vin­cia de Junán, y de Yang­sin, pro­vin­cia de Jupei, don­de los terra­te­nien­tes explo­ta­ron la opo­si­ción de algu­nos cam­pe­si­nos a la des­truc­ción de los ído­los. Son los pro­pios cam­pe­si­nos quie­nes ins­ta­la­ron los ído­los y ellos, cuan­do lle­gue el momen­to, los tira­rán con sus pro­pias manos; no es nece­sa­rio que otros lo hagan en su nom­bre antes de tiem­po. La polí­ti­ca de pro­pa­gan­da del Par­ti­do Comu­nis­ta a este res­pec­to debe ser «ten­sar el arco pero no dis­pa­rar la fle­cha, indi­can­do sola­men­te la pos­tu­ra» 21. A los pro­pios cam­pe­si­nos les corres­pon­de tirar los ído­los y derri­bar los tem­plos de las vír­ge­nes már­ti­res y los pór­ti­cos con­me­mo­ra­ti­vos en honor de las viu­das cas­tas y fie­les; es erró­neo que otros lo hagan por ellos.

En el cam­po, tam­bién tuve oca­sión de hacer pro­pa­gan­da entre los cam­pe­si­nos con­tra las supers­ti­cio­nes. Dije enton­ces:

Si usted cree en los Ocho Carac­te­res22, es que espe­ra bue­na suer­te. Si cree en la geo­man­cia23, es por­que espe­ra bene­fi­ciar­se con la ubi­ca­ción de las tum­bas de sus ante­pa­sa­dos. Este año, en unos pocos meses, los dés­po­tas loca­les, shens­hi mal­va­dos y fun­cio­na­rios corrup­tos han sido todos derro­ca­dos. ¿Es posi­ble que has­ta hace unos pocos meses a todos ellos la suer­te les son­rie­ra aún y la bue­na ubi­ca­ción de las tum­bas de sus ante­pa­sa­dos les fue­ra toda­vía pro­pi­cia, pero que de repen­te, en los últi­mos meses, la suer­te les haya vuel­to la espal­da y las tum­bas de sus ante­pa­sa­dos hayan deja­do de favo­re­cer­los? Los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos se bur­lan de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas en estos tér­mi­nos: «¡Qué curio­so! Hoy el mun­do es un mun­do de miem­bros de comi­tés. ¡Fíja­te, no pue­des ir ni a la letri­na sin que te tro­pie­ces con alguno de ellos!». Y efec­ti­va­men­te, en la ciu­dad y el cam­po, en los sin­di­ca­tos y las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, en el Kuo­min­tang y el Par­ti­do Comu­nis­ta, en todos ellos, sin excep­ción, hay miem­bros de comi­tés eje­cu­ti­vos. El mun­do es de ver­dad un mun­do de miem­bros de comi­tés. Pero ¿se debe esto a los Ocho Carac­te­res y a la ubi­ca­ción de las tum­bas de los ante­pa­sa­dos? ¡Qué extra­ño! ¡De súbi­to se han vuel­to pro­pi­cios los Ocho Carac­te­res de todos los mise­ra­bles del cam­po! ¡Y las tum­bas de sus ante­pa­sa­dos han comen­za­do de repen­te a favo­re­cer­los! ¿Y los dio­ses? Vené­ren­los tan­to como quie­ran. Pero si sólo tuvie­ran al Señor Kuan24 y a la Dio­sa de la Mise­ri­cor­dia, y no a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, ¿habrían podi­do derro­car a los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos? Esos dio­ses y dio­sas dan lás­ti­ma. Uste­des los han veni­do vene­ran­do des­de hace siglos, ¡pero nin­guno de ellos ha derro­ca­do, en bien de uste­des, ni a un solo dés­po­ta local, ni a un solo shens­hi mal­va­do! Aho­ra uste­des quie­ren que se les reba­jen el arrien­do. Per­mí­tan­me hacer­les una pre­gun­ta: ¿Cómo pien­san con­se­guir­lo? ¿Cre­yen­do en los dio­ses o cre­yen­do en las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas?

Mis pala­bras hicie­ron esta­llar en car­ca­ja­das a los cam­pe­si­nos.

Difusión de la propaganda política

Aun si se hubie­ran crea­do diez mil escue­las de cien­cias jurí­di­cas y polí­ti­cas, ¿habría sido posi­ble dar en tan poco tiem­po una edu­ca­ción polí­ti­ca a todo el mun­do, hom­bres y muje­res, niños y vie­jos, has­ta en las aldeas más remo­tas y los rin­co­nes más olvi­da­dos del cam­po, como lo han hecho aho­ra las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas? Creo que no. «¡Aba­jo el impe­ria­lis­mo!», «¡Aba­jo los cau­di­llos mili­ta­res!», «¡Aba­jo los fun­cio­na­rios corrup­tos!» y «¡Aba­jo los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos!». Estas con­sig­nas polí­ti­cas vue­lan sin alas hacia jóve­nes, adul­tos, vie­jos, muje­res y niños de las innu­me­ra­bles aldeas, pene­tran en sus men­tes y des­de den­tro aflo­ran a sus labios. Si usted se detie­ne a mirar un gru­po de niños jugan­do, y ve que uno de ellos se enfa­da con otro, se encien­de su mira­da, patea y agi­ta el puño, enton­ces podrá oír en segui­da este gri­to pene­tran­te: «¡Aba­jo el impe­ria­lis­mo!».

En la zona de Siang­tan, cuan­do los niños que pas­to­rean los bue­yes se ponen a jugar a la gue­rra, uno de ellos hace de Tang Sheng-chi, y el otro, de Ye Kai-sin25. Poco des­pués, uno resul­ta derro­ta­do y el otro lo per­si­gue. El per­se­gui­dor es Tang Sheng-chi, y el per­se­gui­do, Ye Kai-sin. Casi todos los niños de los pue­blos saben, por supues­to, can­tar la can­ción «¡Aba­jo las poten­cias impe­ria­lis­tas!», y aho­ra la can­tan inclu­so muchos niños del cam­po.

Hay tam­bién cam­pe­si­nos que saben reci­tar de memo­ria el tes­ta­men­to del Dr. Sun Yat-sen. De él extraen tér­mi­nos tales como «liber­tad», «igual­dad», «Tres Prin­ci­pios del Pue­blo» y «tra­ta­dos desigua­les», y los apli­can, aun­que de mane­ra bas­tan­te tos­ca, en su vida coti­dia­na. Cier­ta vez un indi­vi­duo con aspec­to de shens­hi y un cam­pe­sino se encon­tra­ron en un sen­de­ro. Dán­do­se aires de impor­tan­cia, el pri­me­ro negó el paso al segun­do. Enoja­do, el cam­pe­sino le gri­tó: «¡Dés­po­ta local! ¡shens­hi mal­va­do! ¿No cono­ces los Tres Prin­ci­pios del Pue­blo?». Los hor­te­la­nos de los subur­bios de Changs­há sufrían cons­tan­te­men­te los vejá­me­nes de la poli­cía cuan­do lle­va­ban sus legum­bres a la ciu­dad. Pero aho­ra han encon­tra­do un arma: los Tres Prin­ci­pios del Pue­blo. Cuan­do un poli­cía inju­ria o gol­pea a un cam­pe­sino que ven­de legum­bres, éste se defien­de invo­can­do inme­dia­ta­men­te los Tres Prin­ci­pios del Pue­blo y deja al poli­cía sin saber qué con­tes­tar. Cier­ta vez que en Siang­tan se pro­du­jo una dis­cor­dia entre una aso­cia­ción cam­pe­si­na de terri­to­rio y otra de can­tón, el pre­si­den­te de esta últi­ma decla­ró: «¡Nos opo­ne­mos a los tra­ta­dos desigua­les que nos quie­re impo­ner la aso­cia­ción cam­pe­si­na de terri­to­rio!».

La difu­sión de la pro­pa­gan­da polí­ti­ca en todo el cam­po hay que acre­di­tar­la ente­ra­men­te al Par­ti­do Comu­nis­ta y a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas. Car­te­les, dibu­jos y dis­cur­sos de fácil com­pren­sión han pro­du­ci­do entre los cam­pe­si­nos un efec­to tan amplio y rápi­do, que es como si cada uno hubie­ra pasa­do por una escue­la polí­ti­ca. Según las infor­ma­cio­nes de los cama­ra­das dedi­ca­dos al tra­ba­jo rural, se hizo una pro­pa­gan­da polí­ti­ca muy amplia con oca­sión de tres cam­pa­ñas de masas: las mani­fes­ta­cio­nes anti­bri­tá­ni­cas; la con­me­mo­ra­ción de la Revo­lu­ción de Octu­bre y las gran­des cele­bra­cio­nes de la vic­to­ria de la Expe­di­ción del Nor­te. En esas opor­tu­ni­da­des, allí don­de exis­tían aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas se hizo una amplia pro­pa­gan­da polí­ti­ca, que puso en movi­mien­to a todo el cam­po y dio enor­mes resul­ta­dos. De aho­ra en ade­lan­te, ha de pres­tar­se aten­ción a apro­ve­char todas las opor­tu­ni­da­des para dar a las con­sig­nas sen­ci­llas arri­ba men­cio­na­das un con­te­ni­do cada vez más rico y un sen­ti­do cada vez más cla­ro.

Prohibiciones campesinas

Des­de el momen­to en que las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, bajo la direc­ción del Par­ti­do Comu­nis­ta, implan­ta­ron su auto­ri­dad en el cam­po, los cam­pe­si­nos comen­za­ron a prohi­bir o res­trin­gir todo lo que les dis­gus­ta­ba. Las tres cosas más estric­ta­men­te prohi­bi­das son: los jue­gos de fichas y nai­pes, los otros jue­gos de azar y el opio.

  • Los jue­gos de fichas y nai­pes. Don­de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas son pode­ro­sas, el mah-jong, el domi­nó y los jue­gos de nai­pes están total­men­te prohi­bi­dos.

La aso­cia­ción cam­pe­si­na del XIV Terri­to­rio de Siang­siang hizo que­mar dos canas­tas lle­nas de fichas de mah-jong.

Quien vaya al cam­po, com­pro­ba­rá que ya no se prac­ti­ca nin­gún jue­go de fichas y nai­pes; al que infrin­ge esta prohi­bi­ción se le cas­ti­ga inme­dia­ta­men­te sin el menor mira­mien­to.

  • Los otros jue­gos de azar. Aho­ra, los mis­mos anti­guos «juga­do­res empe­der­ni­dos» están prohi­bien­do los jue­gos de azar; en los luga­res don­de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas son pode­ro­sas, estos vicios, al igual que los jue­gos de fichas y nai­pes, han des­apa­re­ci­do por com­ple­to.
  • El opio. Su prohi­bi­ción es extre­ma­da­men­te rigu­ro­sa. Cuan­do las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas orde­nan la entre­ga de las pipas de opio, nadie se atre­ve a des­obe­de­cer. En Liling, a un shens­hi mal­va­do que no había entre­ga­do su pipa se le hizo des­fi­lar por la aldea.

La cam­pa­ña de los cam­pe­si­nos por «des­ar­mar a los fuma­do­res de opio», en nada cede, por su impe­tuo­si­dad, al desar­me de las tro­pas de Wu Pei-fu y de Sun Chuan-fang26 por el ejér­ci­to de la Expe­di­ción al Nor­te. Los «wan­sui» (así es corno los shens­hi mal­va­dos lla­man en mofa a los cam­pe­si­nos) han des­ar­ma­do a los vene­ra­bles padres de un buen núme­ro de ofi­cia­les del ejér­ci­to revo­lu­cio­na­rio, ancia­nos ya envi­cia­dos y que no pue­den vivir sin su pipa. Los wan­sui han prohi­bi­do no sólo sem­brar la ador­mi­de­ra y fumar el opio, sino tam­bién su trá­fi­co. Gran­des par­ti­das del opio envia­do de Kui­chou a Chiang­sí, a tra­vés de los dis­tri­tos de Pao­ching, Siang­siang, You­sien y Liling, han sido inter­cep­ta­das y que­ma­das. Esto ha afec­ta­do los ingre­sos del gobierno. Final­men­te, toman­do en con­si­de­ra­ción la nece­si­dad del ejér­ci­to de obte­ner fon­dos para la Expe­di­ción al Nor­te, la Aso­cia­ción Cam­pe­si­na Pro­vin­cial ha dado orden a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas de base de «pos­ter­gar tem­po­ral­men­te la prohi­bi­ción del trá­fi­co del opio». Pero esto ha pro­vo­ca­do gran des­con­ten­to entre los cam­pe­si­nos.

Apar­te de estas tres cosas, hay muchas más que han sido prohi­bi­das o res­trin­gi­das por los cam­pe­si­nos; cita­re­mos algu­nos ejem­plos:

  • El tam­bor de flo­res. Son repre­sen­ta­cio­nes tea­tra­les inde­cen­tes; están prohi­bi­das en muchos luga­res.
  • Los palan­qui­nes. En muchos dis­tri­tos, par­ti­cu­lar­men­te en Siang­siang, ha habi­do casos de des­truc­ción de palan­qui­nes. Los cam­pe­si­nos, que odian pro­fun­da­men­te a los que via­jan en palan­qui­nes, están siem­pre dis­pues­tos a des­truir­los, pero las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas se lo impi­den. La gen­te que tra­ba­ja en las aso­cia­cio­nes expli­ca a los cam­pe­si­nos: «Des­tru­yen­do los palan­qui­nes no hacen uste­des más que aho­rrar­les dine­ro a los ricos y con­de­nar a la desocu­pa­ción a los por­tea­do­res. ¿No creen que esto per­ju­di­ca a los nues­tros?». Com­pren­di­do el asun­to, los cam­pe­si­nos han idea­do otro medio para cas­ti­gar a los ricos: han ele­va­do con­si­de­ra­ble­men­te la tari­fa de los por­tea­do­res.
  • Ela­bo­ra­ción de alcoho­les y de azú­car. En todas par­tes se ha prohi­bi­do el uso de cerea­les para fabri­car alcoho­les y azú­car, lo que ha pro­vo­ca­do ince­san­tes que­jas entre los due­ños de des­ti­le­rías y refi­ne­rías. En Futien­pu, dis­tri­to de Jengs­han, no se prohí­be la ela­bo­ra­ción de alcohol, pero se ha fija­do un pre­cio de ven­ta tan bajo que los fabri­can­tes de bebi­das alcohó­li­cas, no tenien­do pers­pec­ti­vas de ganan­cias, se han vis­to obli­ga­dos a inte­rrum­pir su nego­cio.
  • Cría de cer­dos. Se ha limi­ta­do el núme­ro de cer­dos que pue­de criar cada fami­lia, ya que los cer­dos con­su­men grano.
  • Cría de galli­nas y patos. En Siang­siang se ha prohi­bi­do la cría de galli­nas y patos, pero las muje­res se opo­nen a ello. En Yang­tang, dis­tri­to de Jengs­han, no se per­mi­te tener más de tres galli­nas o patos por fami­lia, y en Futien­pu, no más de cin­co. En muchos luga­res, la cría de patos está abso­lu­ta­men­te prohi­bi­da, pues los patos no sólo se comen el grano, sino que ade­más des­tru­yen los bro­tes de arroz, hacien­do así más daño que las galli­nas.
  • Fes­ti­nes. En todas par­tes están prohi­bi­dos los fes­ti­nes sun­tuo­sos. En Shaos­han, dis­tri­to de Siang­tan, se ha deter­mi­na­do que no se pue­de ser­vir a los invi­ta­dos más que tres cla­ses de car­nes: de pollo, de pes­ca­do y de cer­do. Está prohi­bi­do ser­vir pla­tos pre­pa­ra­dos con bro­tes de bam­bú, algas o talla­ri­nes de len­te­jas. En Jengs­han, se ha resuel­to que el núme­ro de pla­tos ser­vi­dos en un ban­que­te no pue­de pasar de ocho. En el III Terri­to­rio del este del dis­tri­to de Liling, se per­mi­te ser­vir sola­men­te cin­co pla­tos; en el II Terri­to­rio del nor­te, tres pla­tos de car­ne y tres de legum­bres; en el III Terri­to­rio del oes­te, están prohi­bi­dos los ban­que­tes de Año Nue­vo Lunar. En Siang­siang, están prohi­bi­dos los «ban­que­tes con rollos de hue­vo y car­ne», que en modo alguno son sun­tuo­sos. Cier­ta vez que una fami­lia del II Terri­to­rio de Siang­siang ofre­ció un «ban­que­te con rollos de hue­vo y car­ne» con moti­vo de la boda de un hijo, un gru­po de cam­pe­si­nos, al ver vio­la­da la prohi­bi­ción, irrum­pió en la casa y des­ba­ra­tó la fies­ta. En el pobla­do de Chia­mo, dis­tri­to de Siang­siang, se abs­tie­nen de todo pla­to refi­na­do y en los sacri­fi­cios a los ante­pa­sa­dos no se ofre­cen más que fru­tas.
  • Los bue­yes. Son con­si­de­ra­dos un teso­ro por los cam­pe­si­nos. El dicho «quien mata un buey en esta vida será buey en la otra» equi­va­le prác­ti­ca­men­te a un dog­ma reli­gio­so; por lo tan­to, no se pue­de matar bue­yes. Antes de que exis­tie­ra el poder de los cam­pe­si­nos, éstos sólo podían recu­rrir al tabú reli­gio­so para opo­ner­se a la matan­za del gana­do bovino y no tenían fuer­za real para prohi­bir­la. Des­de que sur­gie­ron, las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas han hecho exten­si­va su juris­dic­ción al gana­do bovino y han prohi­bi­do su matan­za en la ciu­dad. De las seis car­ni­ce­rías de la capi­tal de Siang­tan, cin­co están aho­ra cerra­das y la res­tan­te no sacri­fi­ca más que bue­yes enfer­mos o inú­ti­les. En todo el dis­tri­to de Jengs­han está ter­mi­nan­te­men­te prohi­bi­da la matan­za del gana­do bovino. Un cam­pe­sino cuyo buey se que­bró una pata, no se atre­vió a matar­lo sin antes con­sul­tar a la aso­cia­ción cam­pe­si­na. Cuan­do la Cáma­ra de Comer­cio de Chu­chou come­tió la impru­den­cia de hacer dego­llar un buey, los cam­pe­si­nos fue­ron a la ciu­dad y exi­gie­ron res­pon­sa­bi­li­da­des a esa enti­dad, la cual, ade­más de pagar una mul­ta, tuvo que que­mar tri­qui­tra­ques a modo de des­agra­vio.
  • El vaga­bun­deo. Una reso­lu­ción apro­ba­da en Liling prohí­be pedir limos­na tocan­do el tam­bor en cele­bra­ción de la lle­ga­da de la pri­ma­ve­ra, o ben­di­cien­do a los due­ños de casa, o bien can­tan­do al son del Lien­jua. En otros dis­tri­tos, ya nadie prac­ti­ca este tipo de men­di­ci­dad, sea por­que ha sido prohi­bi­da o por­que ha des­apa­re­ci­do por sí sola. Los «men­di­gos chan­ta­jis­tas» o «vaga­bun­dos», que solían con­du­cir­se en for­ma muy agre­si­va, aho­ra han teni­do que some­ter­se a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas. En Shaos­han, dis­tri­to de Siang­tan, los vaga­bun­dos, que uti­li­za­ban el tem­plo del dios de la llu­via como refu­gio habi­tual, no temían a nadie, pero se mar­cha­ron fur­ti­va­men­te des­pués de que sur­gie­ron las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas. En el mis­mo dis­tri­to, la aso­cia­ción cam­pe­si­na can­to­nal de Juti detu­vo a tres vaga­bun­dos y los obli­gó a aca­rrear arci­lla para cocer ladri­llos. Tam­bién se han adop­ta­do reso­lu­cio­nes prohi­bien­do la one­ro­sa cos­tum­bre de hacer visi­tas y rega­los para el Año Nue­vo Lunar.

Ade­más, en dife­ren­tes luga­res se han dic­ta­do muchas otras prohi­bi­cio­nes de menor impor­tan­cia: en Liling, por ejem­plo, se ha prohi­bi­do efec­tuar pro­ce­sio­nes de casa en casa con el dios del clan, ofren­dar comes­ti­bles refi­na­dos, que­mar ves­ti­dos y mone­da de papel el Día de los Difun­tos y pegar car­te­les de la suer­te para el Año Nue­vo Lunar. En Kus­hui, dis­tri­to de Siang­siang, se ha prohi­bi­do has­ta fumar las pipas de agua. En el II Terri­to­rio, se ha prohi­bi­do que­mar tri­qui­tra­ques y petar­dos de tri­ple car­ga; en el pri­mer caso, la mul­ta es de 1,20 yuan y, en el segun­do, de 2,40 yua­nes. En los VIIXX terri­to­rios han sido prohi­bi­dos los ritos reli­gio­sos para los difun­tos, y en el XVIII Terri­to­rio, los pre­sen­tes fune­ra­rios en dine­ro. Las cosas como éstas son tan­tas que resul­ta impo­si­ble enu­me­rar­las todas, y se las pue­de lla­mar en gene­ral prohi­bi­cio­nes cam­pe­si­nas.

Estas prohi­bi­cio­nes revis­ten gran impor­tan­cia en dos aspec­tos. Pri­me­ro, repre­sen­tan una rebe­lión con­tra las malas cos­tum­bres socia­les, como los jue­gos de fichas y nai­pes, los otros jue­gos de azar y el opio, cos­tum­bres naci­das del corrup­to medio polí­ti­co de la cla­se terra­te­nien­te y que son barri­das a la caí­da del poder de esta cla­se. Segun­do, cons­ti­tu­yen una for­ma de auto­de­fen­sa con­tra la explo­ta­ción por los nego­cian­tes de las ciu­da­des, como ocu­rre con la prohi­bi­ción de fes­ti­nes, de ofren­das de comes­ti­bles refi­na­dos, etc. Como los pre­cios de los artícu­los indus­tria­les son suma­men­te altos y los de los pro­duc­tos agrí­co­las suma­men­te bajos, y como los cam­pe­si­nos sufren enor­mes pri­va­cio­nes y son explo­ta­dos sin pie­dad por los comer­cian­tes, para defen­der­se tie­nen que esti­mu­lar la aus­te­ri­dad. En cuan­to a la prohi­bi­ción de la sali­da de los cerea­les antes men­cio­na­da, se la impo­ne para evi­tar toda alza de su pre­cio, pues a los cam­pe­si­nos pobres no les alcan­zan sus pro­pios cerea­les para ali­men­tar­se y se ven obli­ga­dos a com­prar­los en el mer­ca­do. Todo esto se debe a la mise­ria de los cam­pe­si­nos y a la con­tra­dic­ción entre la ciu­dad y el cam­po, y en modo alguno sig­ni­fi­ca que los cam­pe­si­nos recha­cen los artícu­los indus­tria­les y el comer­cio con la ciu­dad prac­ti­can­do la así lla­ma­da doc­tri­na de la civi­li­za­ción orien­tal27. En defen­sa de sus intere­ses eco­nó­mi­cos, los cam­pe­si­nos tie­nen que orga­ni­zar coope­ra­ti­vas de con­su­mo para la com­pra en común de las mer­can­cías. Tam­bién es nece­sa­rio que el gobierno ayu­de a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas a crear coope­ra­ti­vas de cré­di­to (de prés­ta­mo). Enton­ces, natu­ral­men­te, los cam­pe­si­nos no ten­drán que recu­rrir a la prohi­bi­ción de la sali­da de los cerea­les para impe­dir el alza de su pre­cio; tam­po­co ten­drán que recha­zar, como medio de auto­de­fen­sa eco­nó­mi­ca, la entra­da en el cam­po de algu­nos artícu­los indus­tria­les.

Eliminación del bandolerismo

En mi opi­nión, nin­gún gober­nan­te de nin­gu­na dinas­tía, des­de Yu, Tang, Wen y Wu has­ta los empe­ra­do­res de la dinas­tía Ching y los pre­si­den­tes de la Repú­bli­ca, ha teni­do tan­to poder para eli­mi­nar el ban­do­le­ris­mo como el que tie­nen hoy las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas. Don­de éstas son fuer­tes, no que­da ni ras­tro de ban­di­dos. Es sor­pren­den­te que en muchos sitios hayan des­apa­re­ci­do has­ta los ladro­nes de legum­bres. En algu­nos luga­res ais­la­dos toda­vía que­dan algu­nos rate­ros, pero el ban­do­le­ris­mo ha des­apa­re­ci­do por com­ple­to en todos los dis­tri­tos que reco­rrí, inclu­so en aqué­llos antes infes­ta­dos de ban­di­dos. Esto se expli­ca por las siguien­tes razo­nes:

  1. Los ban­di­dos no tie­nen dón­de escon­der­se, pues por todas par­tes, en mon­ta­ñas y valles, se encuen­tran los miem­bros de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas que, a la pri­me­ra lla­ma­da, acu­den por cen­te­na­res arma­dos de picas y palos.
  2. Con el desa­rro­llo del movi­mien­to cam­pe­sino, el pre­cio del arroz ha baja­do -en la pri­ma­ve­ra pasa­da, un dan28 de arroz (sin des­cas­ca­ri­llar) valía seis yua­nes, pero ya para el invierno, cos­ta­ba sólo dos yua­nes– y así el pro­ble­ma de la ali­men­ta­ción de la pobla­ción se ha hecho menos gra­ve que antes.
  3. Los miem­bros de las socie­da­des secre­tas29 han ingre­sa­do en las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas y a tra­vés de ellas pue­den demos­trar abier­ta y legal­men­te su valen­tía y des­car­gar su ren­cor, de mane­ra que las orga­ni­za­cio­nes secre­tas «mon­ta­ña», «tem­plo», «altar» y «agua»30 ya no tie­nen razón de ser. Matan­do cer­dos y ove­jas de la cla­se de los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos e impo­nién­do­les fuer­tes con­tri­bu­cio­nes y mul­tas, tie­nen sufi­cien­tes opor­tu­ni­da­des para dar sali­da a su cóle­ra con­tra sus opre­so­res.
  4. Los ejér­ci­tos han reclu­ta­do gran núme­ro de sol­da­dos, y muchos «mal­he­cho­res» se han alis­ta­do. Así pues, la pla­ga del ban­do­le­ris­mo se ha extin­gui­do con el ascen­so del movi­mien­to cam­pe­sino. En este sen­ti­do, inclu­so los shens­hi y los ricos aprue­ban las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas. Dicen: «¿Las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas? Para ser jus­tos, tam­bién tie­nen algo de bueno.»

Con la prohi­bi­ción de los jue­gos de fichas y nai­pes, los otros jue­gos de azar y el opio, y con la eli­mi­na­ción del ban­do­le­ris­mo, las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas se han gana­do la sim­pa­tía de la gen­te en gene­ral.

Abolición de los impuestos exorbitantes

Mien­tras el país no sea uni­fi­ca­do y no sean derro­ca­das las fuer­zas del impe­ria­lis­mo y de los cau­di­llos mili­ta­res, no habrá mane­ra de libe­rar a los cam­pe­si­nos de la pesa­da car­ga de los impues­tos y las con­tri­bu­cio­nes del gobierno o, en tér­mi­nos más explí­ci­tos, de la car­ga de los gas­tos de gue­rra del ejér­ci­to revo­lu­cio­na­rio. Sin embar­go, con el sur­gi­mien­to y desa­rro­llo del movi­mien­to cam­pe­sino y la caí­da de los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos, se han abo­li­do o, al menos, redu­ci­do, los impues­tos exor­bi­tan­tes (como el impues­to por mu de tie­rra) que car­ga­ron a los cam­pe­si­nos los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos cuan­do la admi­nis­tra­ción rural esta­ba en sus manos. Esto tam­bién debe con­tar­se entre los méri­tos de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas.

El movimiento por la educación

En Chi­na han teni­do acce­so a la edu­ca­ción sólo los terra­te­nien­tes, y no los cam­pe­si­nos. Pero la cul­tu­ra de los terra­te­nien­tes ha sido crea­da por los cam­pe­si­nos, pues todo lo que la cons­ti­tu­ye no es sino san­gre y sudor de cam­pe­sino. El noven­ta por cien­to de la pobla­ción de Chi­na no ha reci­bi­do nin­gu­na edu­ca­ción, y de ese sec­tor la abru­ma­do­ra mayo­ría son cam­pe­si­nos. Con la caí­da del poder de los terra­te­nien­tes en el cam­po, comen­zó el movi­mien­to de los cam­pe­si­nos por la edu­ca­ción. Vea­mos con qué entu­sias­mo los cam­pe­si­nos, que siem­pre detes­ta­ron las escue­las, abren aho­ra escue­las noc­tur­nas. Ellos nun­ca mira­ron con bue­nos ojos las «escue­las al esti­lo extran­je­ro». En mis años de estu­dian­te, cuan­do vol­vía a mi aldea y era tes­ti­go de la opo­si­ción a esas escue­las, com­par­tía la opi­nión de los «estu­dian­tes y maes­tros al esti­lo extran­je­ro» y me ponía de par­te de esas escue­las, pen­san­do que los cam­pe­si­nos, en todo caso, esta­ban más o menos equi­vo­ca­dos. En 1925, cuan­do era ya comu­nis­ta y tenía una con­cep­ción mar­xis­ta, pasé seis meses en el cam­po y lle­gué a com­pren­der que yo había sido el equi­vo­ca­do y que la razón la tenían los cam­pe­si­nos. Los tex­tos que se usa­ban en las escue­las pri­ma­rias rura­les habla­ban úni­ca­men­te de las cosas de la ciu­dad y no res­pon­dían a las nece­si­da­des del cam­po. Ade­más, los maes­tros de escue­la pri­ma­ria tenían una acti­tud muy mala hacia los cam­pe­si­nos y, en lugar de ayu­dar­los, se gana­ban su anti­pa­tía. Por eso los cam­pe­si­nos pre­fe­rían la ense­ñan­za al esti­lo anti­guo (que ellos lla­ma­ban «cla­ses chi­nas») a las escue­las moder­nas (que cali­fi­ca­ban de «cla­ses extran­je­ras»), y les gus­ta­ban los maes­tros al esti­lo anti­guo y no los de las escue­las pri­ma­rias. Aho­ra esta­ble­cen por todas par­tes escue­las noc­tur­nas, a las que deno­mi­nan escue­las cam­pe­si­nas. Algu­nas ya han abier­to, otras se están pre­pa­ran­do; hay un pro­me­dio de una escue­la por can­tón. Los cam­pe­si­nos ponen gran entu­sias­mo en la crea­ción de estas escue­las, y a ellas son las úni­cas a las que con­si­de­ran como pro­pias. Los recur­sos para las escue­las noc­tur­nas vie­nen de «las ren­tas públi­cas pro­ce­den­tes de la supers­ti­ción», de los dine­ros de los tem­plos ances­tra­les y de otros fon­dos y pro­pie­da­des públi­cos ocio­sos. Las ofi­ci­nas de dis­tri­to de edu­ca­ción se pro­po­nían usar ese dine­ro para esta­ble­cer escue­las públi­cas, es decir, «escue­las al esti­lo extran­je­ro» no ade­cua­das a las nece­si­da­des de los cam­pe­si­nos, mien­tras éstos que­rían des­ti­nar­lo a crear sus pro­pias escue­las. El resul­ta­do de la dispu­ta fue que el dine­ro se dis­tri­bu­yó entre ambas par­tes, y en algu­nos luga­res se ha entre­ga­do todo a los cam­pe­si­nos. El desa­rro­llo del movi­mien­to cam­pe­sino ha dado por resul­ta­do una rápi­da ele­va­ción del nivel cul­tu­ral del cam­pe­si­na­do. No está lejano el día en que se verán sur­gir dece­nas de miles de escue­las en las aldeas de toda la pro­vin­cia; eso será muy dife­ren­te de la vana char­la­ta­ne­ría de los inte­lec­tua­les y de los lla­ma­dos «peda­go­gos» en torno a la «edu­ca­ción uni­ver­sal», que, a pesar de toda su alha­ra­ca, jamás ha pasa­do de ser una fra­se hue­ca.

El movimiento cooperativo

Los cam­pe­si­nos tie­nen real nece­si­dad de coope­ra­ti­vas, sobre todo de coope­ra­ti­vas de con­su­mo, de com­pra y de cré­di­to. Cuan­do com­pran artícu­los, los explo­tan los comer­cian­tes; cuan­do ven­den sus pro­duc­tos agrí­co­las, los esta­fan los comer­cian­tes; cuan­do piden dine­ro o arroz pres­ta­do, los explo­tan los usu­re­ros. Y están ansio­sos de encon­trar una solu­ción a estos tres pro­ble­mas. Duran­te las ope­ra­cio­nes mili­ta­res en el valle del río Yangtsé, el invierno pasa­do, cuan­do las rutas comer­cia­les que­da­ron cor­ta­das y el pre­cio de la sal subió mucho en Junán, nume­ro­sos cam­pe­si­nos orga­ni­za­ron coope­ra­ti­vas para la com­pra de sal. Cuan­do los terra­te­nien­tes sus­pen­die­ron los prés­ta­mos, en muchos luga­res los cam­pe­si­nos, nece­si­ta­dos de dine­ro, inten­ta­ron orga­ni­zar cajas de cré­di­to. El gran pro­ble­ma es la fal­ta de esta­tu­tos de orga­ni­za­ción mode­lo y deta­lla­dos. Orga­ni­za­das espon­tá­nea­men­te por los pro­pios cam­pe­si­nos, estas coope­ra­ti­vas con fre­cuen­cia no se ajus­tan a los prin­ci­pios que las rigen, por lo cual los cama­ra­das que tra­ba­jan entre los cam­pe­si­nos recla­man con insis­ten­cia esos esta­tu­tos. Si el movi­mien­to coope­ra­ti­vo cuen­ta con una orien­ta­ción ade­cua­da, podrá desa­rro­llar­se por todas par­tes para­le­la­men­te a las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas.

Reparacion de caminos y diques

Este es otro logro de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas. Antes del sur­gi­mien­to de éstas, los cami­nos rura­les se encon­tra­ban en pési­mo esta­do. Sin dine­ro era impo­si­ble repa­rar­los y como los ricos se nega­ban a dar, no había más reme­dio que dejar­los en mal esta­do. Si se hacían algu­nas repa­ra­cio­nes, era a títu­lo de obra de cari­dad; se reco­lec­ta­ban unas mone­das entre las fami­lias que «desea­ban ganar méri­tos para el otro mun­do» y se cons­truían algu­nos cami­nos estre­chos y malos. En cuan­to apa­re­cie­ron las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, emi­tie­ron dis­po­si­cio­nes espe­ci­fi­can­do las anchu­ras: tres, cin­co, sie­te o diez chi31, según las nece­si­da­des de las dife­ren­tes vías y die­ron a los terra­te­nien­tes que vivían a lado y lado de los cami­nos la orden de encar­gar­se cada uno de deter­mi­na­do tra­mo. Una vez dic­ta­da la orden, ¿quién podría atre­ver­se a des­obe­de­cer? Pron­to apa­re­cie­ron nume­ro­sos cami­nos bue­nos. Y esto no es obra de la cari­dad, sino de la coac­ción, mas un poco de coac­ción de este tipo no es en abso­lu­to algo malo. Lo mis­mo suce­día con los diques. Los impla­ca­bles terra­te­nien­tes no pen­sa­ban sino en expo­liar al máxi­mo a los arren­da­ta­rios y no que­rían gas­tar ni un cén­ti­mo en la repa­ra­ción de diques; deja­ban que se seca­ran los estan­ques y que los arren­da­ta­rios se murie­ran de ham­bre, sin impor­tar­les nada fue­ra del cobro de la ren­ta. Aho­ra que hay aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas, se pue­de orde­nar sin con­tem­pla­cio­nes a los terra­te­nien­tes que repa­ren los diques. Cuan­do un terra­te­nien­te se nie­ga a hacer­lo, la aso­cia­ción cam­pe­si­na le dice afa­ble­men­te: «Muy bien, ya que no quie­res hacer la repa­ra­ción, con­tri­bu­ye en grano: un dou por jor­na­da». Como eso sería un mal nego­cio, los terra­te­nien­tes se apre­su­ran a repa­rar­los por su cuen­ta. Es así como han sido repa­ra­dos muchos de los diques que se encon­tra­ban en mal esta­do.

Las cator­ce con­quis­tas arri­ba men­cio­na­das han sido logra­das por los cam­pe­si­nos bajo la direc­ción de las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas. Qui­sie­ra que el lec­tor refle­xio­na­ra y dije­ra si algu­na de ellas es mala en su espí­ri­tu fun­da­men­tal y en su sig­ni­fi­ca­ción revo­lu­cio­na­ria. Los úni­cos que las con­si­de­ran malas, creo yo, son los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos. Resul­ta har­to curio­so que des­de Nan­chang32 haya sali­do la noti­cia de que Chiang Kai-shek, Chang Ching-chiang33 y otros caba­lle­ros desaprue­ban sobre­ma­ne­ra las acti­vi­da­des de los cam­pe­si­nos de Junán. Com­par­ten su opi­nión los diri­gen­tes de dere­cha de Junán, Liu Yue-chi34 y com­pa­ñía. Todos ellos han dicho: «¡Pero si se ha vuel­to todo rojo!» Y yo pien­so: ¡Qué que­da­ría de la revo­lu­ción nacio­nal sin este poqui­to de rojo! Hablan a dia­rio de «des­per­tar a las masas popu­la­res», pero se mue­ren de mie­do ape­nas éstas se levan­tan. ¿En qué se dife­ren­cia esto del amor del Señor Ye por los dra­go­nes35?

Mao Zedong

Mar­zo de 1927

Oin-oharrak /​Notas al pie

  1. La pro­vin­cia de Junán era en esa épo­ca el cen­tro del movi­mien­to cam­pe­sino en Chi­na.
  2. La divi­sión admi­nis­tra­ti­va de Chi­na era: pro­vin­cia, dis­tri­to, terri­to­rio y can­tón (pobla­do). El can­tón era la menor de las divi­sio­nes admi­nis­tra­ti­vas y abar­ca­ba varias aldeas.
  3. Gober­na­dor de Junán en aquel tiem­po y agen­te de los cau­di­llos mili­ta­res del Nor­te. En 1926 fue derro­ca­do por el ejér­ci­to de la Expe­di­ción al Nor­te.
  4. La Revo­lu­ción de 1911 derro­có el régi­men auto­crá­ti­co de la dinas­tía Ching. El 10 de octu­bre de ese año, inci­ta­da por las orga­ni­za­cio­nes revo­lu­cio­na­rias de la bur­gue­sía y de la peque­ña bur­gue­sía, una par­te del Nue­vo Ejér­ci­to de la dinas­tía Ching empren­dió un levan­ta­mien­to en Wuchang, pro­vin­cia de Jupei, al que siguie­ron suce­si­vos levan­ta­mien­tos en otras pro­vin­cias, y muy pron­to la domi­na­ción de la dinas­tía Ching se vino aba­jo. El 1 de enero de 1912 se fun­dó en Nan­kín el Gobierno Pro­vi­sio­nal de la Repú­bli­ca de Chi­na y Sun Yat-sen fue ele­gi­do Pre­si­den­te Pro­vi­sio­nal. La Revo­lu­ción triun­fó gra­cias a la alian­za de la bur­gue­sía con los cam­pe­si­nos, los obre­ros y la peque­ña bur­gue­sía urba­na. Sin embar­go, debi­do a que el gru­po diri­gen­te de la Revo­lu­ción tenía un carác­ter con­ci­lia­dor y, en lugar de dar bene­fi­cios reales a los cam­pe­si­nos, cedió ante la pre­sión del impe­ria­lis­mo y de las fuer­zas feu­da­les el Poder cayó final­men­te en manos de Yuan Shi-kai, cau­di­llo mili­tar del Nor­te y así fra­ca­só la Revo­lu­ción.
  5. La anti­gua expre­sión chi­na «sobre­pa­sar los lími­tes jus­tos al corre­gir un error» antes era cita­da con fre­cuen­cia para poner tra­bas a las acti­vi­da­des de la gen­te úni­ca­men­te se per­mi­tían refor­mas den­tro de los lími­tes del orden esta­ble­ci­do en tan­to que se prohi­bía todo acto diri­gi­do a des­truir por com­ple­to el vie­jo orden. Se con­si­de­ra­ban «jus­tas» las accio­nes den­tro de dichos lími­tes, en tan­to que las orien­ta­das a la com­ple­ta des­truc­ción del vie­jo orden eran des­cri­tas como «sobre­pa­sar los lími­tes jus­tos». Ésta es tam­bién una teo­ría pro­pia de los refor­mis­tas y de los opor­tu­nis­tas den­tro de las filas revo­lu­cio­na­rias. El cama­ra­da Mao Zedong refu­ta aquí esta teo­ría refor­mis­ta. Su fra­se: «Para corre­gir un error, hay que sobre­pa­sa los lími­tes jus­tos; de otra mane­ra, el error no será corre­gi­do» sig­ni­fi­ca que para ter­mi­nar con el vie­jo orden feu­dal hay que emplear méto­dos revo­lu­cio­na­rios de masas y no méto­dos revi­sio­nis­tas, méto­dos refor­mis­tas.
  6. Duran­te el invierno de 1926 y la pri­ma­ve­ra de 1917, cuan­do el ejér­ci­to de la Expe­di­ción al nor­te alcan­zó la cuen­ca del río Yangtsé, Chiang Kai-shek aún no se había reve­la­do com­ple­ta­men­te como con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rio y las masas cam­pe­si­nas toda­vía lo con­si­de­ra­ban revo­lu­cio­na­rio. Los terra­te­nien­tes y los cam­pe­si­nos ricos, por su par­te, esta­ban des­con­ten­tos con él y hacían correr el rumor de que el ejér­ci­to de la Expe­di­ción al Nor­te había sufri­do derro­tas y que Chiang Kai-shek había sido heri­do en una pier­na. Chiang Kai-shek se des­en­mas­ca­ró com­ple­ta­men­te como con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rio cuan­do efec­tuó el 11 de abril de 1927 el gol­pe de Esta­do con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rio en Shang­hai y otros luga­res, masa­cran­do a los obre­ros, repri­mien­do a los cam­pe­si­nos y ata­can­do al Par­ti­do Comu­nis­ta. A par­tir de ese momen­to, los terra­te­nien­tes y los cam­pe­si­nos ricos cam­bia­ron de acti­tud y comen­za­ron a apo­yar­lo.
  7. La pro­vin­cia de Kuang­tung fue la pri­me­ra base de la revo­lu­ción duran­te el perío­do de la Pri­me­ra Gue­rra Civil Revo­lu­cio­na­ria (1924-1927).
  8. Uno de los expo­nen­tes más noto­rios de los cau­di­llos mili­ta­res del nor­te. Jun­to con Tsao Kun, quien se hizo famo­so por su frau­du­len­ta elec­ción a la pre­si­den­cia en 1923, per­te­ne­cía a la cama­ri­lla de Chi­li de los cau­di­llos mili­ta­res de nor­te. Apo­yó a Tsao Kun para jefe de esta cama­ri­lla. Se los cono­cía como «Tsao Wu». Des­pués de haber derro­ta­do en 1920 a tuan Chi-yui, cau­di­llo mili­tar de la cama­ri­lla de Anjui, Wu Pei-fu se ase­gu­ró el con­trol del gobierno de los cau­di­llos mili­ta­res del Nor­te en Pekín, como agen­te del impe­ria­lis­mo anglo-nor­te­ame­ri­cano. Fue él quien hizo masa­crar el 7 de febre­ro de 1923 a los ferro­via­rios de la línea Pekín-Jan­kou, que se habían decla­ra­do en huel­ga. En 1924, fue derro­ta­do en su gue­rra con Chang Tsuo-lin (cono­ci­da común­men­te como la «gue­rra entre las cama­ri­llas de Chi­li y Feng­tien») y, en con­se­cuen­cia, fue des­po­ja­do del poder en Pekín. Pero, en 1926, ins­ti­ga­do por los impe­ria­lis­tas japo­ne­ses e ingle­ses, se alió con Chang Tsuo-lin, y así retor­nó al poder. Wu Pei-fu fue el pri­mer enemi­go derro­ta­do por el ejér­ci­to de la Expe­di­ción al Nor­te, cuan­do éste ini­ció su mar­cha des­de Kuang­tung en 1926.
  9. Los Tres Prin­ci­pios del Pue­blo son los prin­ci­pios y el pro­gra­ma enun­cia­dos por Sun Yat-sen para la revo­lu­ción demo­crá­ti­co-bur­gue­sa en Chi­na sobre las cues­tio­nes del nacio­na­lis­mo, la demo­cra­cia y la vida del pue­blo. En 1924, en el Mani­fies­to del I Con­gre­so Nacio­nal del Kuo­min­tang, Sun Yat-sen rein­ter­pre­tó los Tres Prin­ci­pios del Pue­blo, enten­dien­do el nacio­na­lis­mo como opo­si­ción al impe­ria­lis­mo y expre­san­do acti­vo apo­yo al movi­mien­to obre­ro y cam­pe­sino. Así, los vie­jos Tres Prin­ci­pios del Pue­blo se con­vir­tie­ron en los nue­vos, que entra­ñan las Tres Gran­des Polí­ti­cas: alian­za con Rusia, alian­za con el Par­ti­do Comu­nis­ta y ayu­da a los cam­pe­si­nos y obre­ros. Los nue­vos Tres Prin­ci­pios del Pue­blo pro­por­cio­na­ron la base polí­ti­ca para la coope­ra­ción entre el Par­ti­do Comu­nis­ta y el Kuo­min­tang duran­te el perío­do de la Pri­me­ra Gue­rra Civil Revo­lu­cio­na­ria. Véa­se Sobre la nue­va demo­cra­cia, Obras Esco­gi­das de Mao Zedong, tomo II.
  10. Wan­sui sig­ni­fi­ca lite­ral­men­te «diez mil años». En la épo­ca feu­dal, esta expre­sión era uti­li­za­da como for­ma de tra­to para diri­gir­se a los empe­ra­do­res. Aho­ra sólo se emplea como excla­ma­ción en el sen­ti­do de «¡Viva!».
  11. No se debía haber per­mi­ti­do que los cam­pe­si­nos ricos ingre­sa­ran en las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas; esto no lo sabían aún las masas cam­pe­si­nas en 1927.
  12. Un yuan, la uni­dad mone­ta­ria, equi­va­lía a 100 fenes. Las dos eran mone­das de pla­ta. El wen era una mone­da frac­cio­na­ria de cobre. Debi­do a sus dife­ren­tes coti­za­cio­nes en dis­tin­tos luga­res y perío­dos, resul­ta impo­si­ble deter­mi­nar una tasa de cam­bio úni­ca entre el wen y el fen. En aque­lla épo­ca, en Junán, un fen equi­va­lía a 60 wen.
  13. Aquí el cama­ra­da Mao Zedong se refie­re a los asa­la­ria­dos agrí­co­las (pro­le­ta­rios del cam­po) y a los lum­pem­pro­le­ta­rios del cam­po.
  14. Aquí el cama­ra­da Mao Zedong se refie­re a los semi­pro­le­ta­rios del cam­po.
  15. Cau­di­llo mili­tar de la pro­vin­cia de Kui­chou, que en ese enton­ces ocu­pa­ba la par­te occi­den­tal de Junán.
  16. En Junán, tu corres­pon­día a terri­to­rio y tuan a can­tón. Los vie­jos órga­nos admi­nis­tra­ti­vos de los tu y de los tuan eran ins­tru­men­tos de los terra­te­nien­tes para domi­nar a los cam­pe­si­nos.
  17. El régi­men de los dés­po­tas loca­les y shens­hi mal­va­dos explo­ta­ba cruel­men­te a los cam­pe­si­nos car­gán­do­les un impues­to por mu de tie­rra, ade­más de los impues­tos terri­to­ria­les corrien­tes.
  18. El tuchn era el gober­na­dor mili­tar de una pro­vin­cia desig­na­do por el régi­men de los cau­di­llos mili­ta­res del nor­te. Reunía en sus manos el poder polí­ti­co y mili­tar de la pro­vin­cia, y era un vir­tual dic­ta­dor. En con­fa­bu­la­ción con los impe­ria­lis­tas, man­te­nía un régi­men feu­do-mili­tar en su terri­to­rio.
  19. Tipo de orga­ni­za­ción arma­da en el cam­po. La cali­fi­ca­ción de «casa por casa» sig­ni­fi­ca que cada fami­lia cam­pe­si­na, casi sin excep­ción, había de par­ti­ci­par en estas mili­cias. Des­pués de la derro­ta de la revo­lu­ción en 1927, en muchos luga­res estas mili­cias caye­ron en manos de los terra­te­nien­tes y se trans­for­ma­ron en orga­ni­za­cio­nes arma­das con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rias.
  20. En esa épo­ca, muchas de las direc­cio­nes de dis­tri­to del Kuo­min­tang, bajo lide­raz­go del Comi­té Eje­cu­ti­vo Cen­tral del Kuo­min­tang, esta­ble­ci­do en Wuján apli­ca­ban las Tres Gran­des Polí­ti­cas de Sun Yat-sen: alian­za con Rusia, alian­za con el Par­ti­do Comu­nis­ta y ayu­da a los cam­pe­si­nos y obre­ros, y cons­ti­tuían órga­nos de la alian­za revo­lu­cio­na­ria de los comu­nis­tas, el ala izquier­da del Kuo­min­tang y otros revo­lu­cio­na­rios.
  21. Fra­se saca­da del Men­cio. Su sig­ni­fi­ca­ción es la siguien­te: Al ense­ñar su arte un gran maes­tro de tiro al arco sólo ten­sa el arco, pero no suel­ta la fle­cha, aun­que dé la impre­sión de que está a pun­to de dis­pa­rar­la. Aquí el autor emplea esta fra­se para indi­car que los comu­nis­tas deben pri­me­ro guiar a los cam­pe­si­nos en la obten­ción de ple­na con­cien­cia polí­ti­ca y des­pués dejar que éstos, por pro­pia ini­cia­ti­va volun­ta­ria­men­te, desechen las creen­cias supers­ti­cio­sas y otras malas cos­tum­bres y hábi­tos, y no deben dic­tar­les órde­nes ni hacer las cosas en vez de ellos.
  22. Prác­ti­ca supers­ti­cio­sa chi­na para pro­nos­ti­car la suer­te según la hora, el día, el mes y el año del naci­mien­to de las per­so­nas.
  23. Creen­cia supers­ti­cio­sa según la cual la ubi­ca­ción de las tum­bas de los ante­pa­sa­dos influ­ye en la for­tu­na de los des­cen­dien­tes. El geo­mán­ti­co pre­ten­de ser capaz de decir si un lugar deter­mi­na­do y sus alre­de­do­res son pro­pi­cios.
  24. El Señor Kuan (Kuan Yu, 160-219), gue­rre­ro de la épo­ca de los Tres Reinos, era vene­ra­do tra­di­cio­nal­men­te como un dios.
  25. Tang Sheng-chi fue un gene­ral que com­ba­tió al lado de la revo­lu­ción duran­te la Expe­di­ción al Nor­te y Ye Kai-sin, un gene­ral secuaz de los cau­di­llos mili­ta­res del Nor­te, que luchó con­tra la revo­lu­ción.
  26. Cau­di­llo mili­tar que en esa épo­ca gober­na­ba las pro­vin­cias de Chiang­sú, Che­chiang, Fuchién, Chiang­sí y Anjui. Fue el ver­du­go que repri­mió las insu­rrec­cio­nes de los obre­ros de Shang­hai. En el invierno de 1926, sus fuer­zas prin­ci­pa­les fue­ron aplas­ta­das por el ejér­ci­to de la Expe­di­ción al Nor­te en Nan­chang y Chiu­chian pro­vin­cia de Chiang­sí.
  27. Doc­tri­na reac­cio­na­ria par­ti­da­ria de con­ser­var el atra­sa­do modo de pro­duc­ción agrí­co­la y la cul­tu­ra feu­dal del Orien­te, y opues­ta a la civi­li­za­ción cien­tí­fi­ca moder­na.
  28. Medi­da de peso chi­na que en esa épo­ca equi­va­lía a unos 60 kilo­gra­mos.
  29. Con rela­ción a las socie­da­des secre­tas, véa­se Aná­li­sis de las cla­ses de socie­dad chi­na.
  30. «Mon­ta­ña», «tem­plo», «altar», «agua», eran pala­bras usa­das para deno­mi­na a algu­nas de las sec­tas de las socie­da­des secre­tas pri­mi­ti­vas.
  31. Medi­da de lon­gi­tud chi­na que equi­va­le a un ter­cio de metro.
  32. Cuan­do Nan­chang fue toma­da por el ejér­ci­to de la Expe­di­ción al Nor­te en noviem­bre de 1926, Chiang Kai-shek apro­ve­chó la oca­sión para esta­ble­cer allí su cuar­tel gene­ral. Agru­pó en torno suyo a los ele­men­tos del ala dere­cha del Kuo­min­tang y a algu­nos poli­ti­cas­tros de los cau­di­llos mili­ta­res del nor­te, se con­fa­bu­ló con los impe­ria­lis­tas y fra­guó su com­plot con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rio para enfren­tar­se Wuján, en ese enton­ces, cen­tro de la revo­lu­ción. Final­men­te, el 12 de abril de 1927 trai­cio­nan­do a la revo­lu­ción, Chiang Kai-shek dio un gol­pe de Esta­do en Shang­hai y per­pe­tró una espan­to­sa masa­cre.
  33. Uno de los jefes del ala dere­cha del Kuo­min­tang y miem­bro del «trust o cere­bros» de Chiang Kai-shek.
  34. Cabe­ci­lla de la Socie­dad de Izquier­da, impor­tan­te orga­ni­za­ción anti­co­mu­nis­ta de enton­ces en Junán.
  35. En el libro de Liu Siang (77-6 a.n.e.) escri­to en tiem­pos de la dinas­tía Jan, se narra la siguien­te his­to­ria: «Al Señor Ye le gus­ta­ban mucho los dra­go­nes; sus armas, sus ins­tru­men­tos y las escul­tu­ras que orna­ban su pala­cio, tenían todos for­ma de dra­gón. Ente­ra­do de ello, un dra­gón de ver­dad des­cen­dió del cie­lo y fue a echar un vis­ta­zo por la ven­ta­na del Señor Ye, pero su cola se des­li­zó por la puer­ta. Al ver al dra­gón, el Señor Ye echó a correr aban­do­nán­do­lo todo, blan­co de terror y como alu­ci­na­do. Era que al Señor Ye no le gus­ta­ban los dra­go­nes, sino sola­men­te lo que tuvie­ra for­ma de dra­gón». El cama­ra­da Mao Zedong uti­li­za aquí este símil para mos­trar que Chiang Kai-shek y sus con­gé­ne­res tenían siem­pre a flor de labios la pala­bra revo­lu­ción, pero, en reali­dad, temían y com­ba­tían la revo­lu­ción.

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