Gue­rra muy sucia (2)- Xabier Makazaga

Una de las víc­ti­mas mor­ta­les de los GAL, Tomás Pérez Revi­lla, ya había sufri­do otro aten­ta­do terro­ris­ta en Ipa­rral­de, el 21 de mar­zo de 1976. Enton­ces, era con­si­de­ra­do como uno de los diri­gen­tes de la rama “mili­tar” de ETA por la Poli­cía espa­ño­la, y fue ame­tra­lla­do usan­do unas Mariet­tas que más tar­de se demos­tró había com­pra­do dicha Poli­cía en EEUU.

La rama “polí­ti­co-mili­tar” de ETA se ser­vía enton­ces de ese mis­mo tipo de arma, y días des­pués, el 8 de abril, el dia­rio fran­quis­ta de Donos­tia La Voz de Espa­ña publi­có un artícu­lo, titu­la­do Enfren­ta­mien­tos “milis”-”poli-milis”, en el que se decía tex­tual­men­te: «Las armas emplea­das -”mariet­tas”- así como la muni­ción ‑mar­ca “Geko”, 9 mm- y la for­ma de actuar son “modus ope­ran­di” de los acti­vis­tas de la rama “polí­ti­co-mili­tar”. Pérez Revi­lla está reu­nien­do las evi­den­cias que rodea­ron el tiro­teo al coche don­de via­ja­ba, para tomar las repre­sa­lias opor­tu­nas en con­tra de quie­nes aten­ta­ron con­tra su vida, la de su espo­sa ‑reci­bió seis bala­zos- y la de su hijo de cor­ta edad. Pérez Revi­lla seña­la a Moreno Ber­ga­re­che, (a) “Perthur”, como responsable».

Ese artícu­lo de La Voz de Espa­ña esta­ba escri­to con ese incon­fun­di­ble esti­lo que ha lle­ga­do has­ta nues­tros días en la plu­ma de algu­nos perio­dis­tas a los que les encan­ta abre­var en “fuen­tes anti­te­rro­ris­tas”. Sobre todo, en la sucia plu­ma de Jesús María Zuloa­ga, sub­di­rec­tor del dia­rio La Razón. Y ya es casua­li­dad que su padre, del mis­mo nom­bre, fue­ra pre­ci­sa­men­te el que diri­gía enton­ces La Voz de Espa­ña.

Tres meses des­pués de la publi­ca­ción de aquel artícu­lo, el diri­gen­te de ETA polí­ti­co-mili­tar Eduar­do Moreno Ber­ga­retxe “Per­tur” des­apa­re­ció en Ipa­rral­de, cer­ca de la muga, y las Fuer­zas de Segu­ri­dad y auto­ri­da­des espa­ño­las vol­vie­ron a recu­rrir a la tesis del “ajus­te de cuen­tas” entre miem­bros de ETA. Un recur­so archi­co­no­ci­do en todas las gue­rras sucias, y que el Esta­do espa­ñol ha emplea­do en varios cono­ci­dos casos: Tomás Alba, San­ti Brouard, Josean Cardosa…

En el caso de Per­tur, obtu­vie­ron exce­len­tes resul­ta­dos, pero en el del aten­ta­do con­tra Tomás Pérez Revi­lla el mon­ta­je se les vino aba­jo debi­do al imper­do­na­ble error que come­tie­ron. Un error que expli­ca­ron los perio­dis­tas Mel­chor Mira­lles y Ricar­do Arqués en su libro Ame­do: el Esta­do con­tra ETA. «Los res­pon­sa­bles del Minis­te­rio del Inte­rior y los de los ser­vi­cios de Infor­ma­ción de la Pre­si­den­cia» borra­ron la nume­ra­ción ins­cri­ta en el exte­rior del cañón de las Mariet­tas, pero no la ins­cri­ta en su inte­rior, cuya exis­ten­cia desconocían.

Los Ser­vi­cios Secre­tos espa­ño­les pusie­ron aque­llas armas en manos de neo­fas­cis­tas ita­lia­nos, para que aten­ta­ran con­tra los refu­gia­dos vas­cos, y en efec­to las usa­ron en varios de los aten­ta­dos come­ti­dos en la pri­me­ra eta­pa de la gue­rra sucia en Ipa­rral­de, que duró de abril de 1975 a octu­bre de 1976. Aho­ra bien, tam­bién usa­ron dichas armas para come­ter otros aten­ta­dos terro­ris­tas bien sona­dos, como el ase­si­na­to del cono­ci­do juez anti­te­rro­ris­ta ita­liano Vit­to­rio Occorsio.

Al neo­fas­cis­ta que lo ase­si­nó el 10 de julio de 1976, Pier Lui­gi Con­cu­te­lli, la Poli­cía ita­lia­na le inter­vino la Mariet­ta que uti­li­zó en el aten­ta­do y des­cu­brió que había sido com­pra­da por la Poli­cía espa­ño­la en EEUU, gra­cias al núme­ro ins­cri­to en el inte­rior de su cañón. Y cuan­do los jue­ces ita­lia­nos pre­gun­ta­ron una y otra vez al res­pec­to a las auto­ri­da­des espa­ño­las, jamás reci­bie­ron res­pues­ta alguna.

Los ita­lia­nos tam­bién deman­da­ron infor­ma­ción sobre múl­ti­ples accio­nes de gue­rra sucia come­ti­das por los neo­fas­cis­tas ita­lia­nos en los esta­dos espa­ñol y fran­cés, entre las que se incluía el secues­tro de un miem­bro de ETA que no podía ser sino Per­tur. Vol­vió a ser abso­lu­ta­men­te en vano. Las auto­ri­da­des espa­ño­las jamás respondieron.

Tam­po­co lo hicie­ron res­pec­to a una agen­da que la Poli­cía ita­lia­na inter­vino a Con­cu­te­lli y que con­te­nía nom­bres y núme­ros de telé­fono de agen­tes de las Fuer­zas de Segu­ri­dad espa­ño­las. Agen­tes entre los que se encon­tra­ba uno que des­pués ocu­pó impor­tan­tes car­gos, el comi­sa­rio Ramón Lillo, futu­ro jefe de segu­ri­dad de la Audien­cia Nacional.

En 1985, el dia­rio El País publi­có un par de infor­ma­cio­nes suma­men­te com­pro­me­te­do­ras para Lillo. Pri­me­ro, dio a cono­cer los nom­bres que apa­re­cían en las agen­das ocu­pa­das a Con­cu­te­lli por la Poli­cía ita­lia­na. Un par de sema­nas des­pués, sacó a la luz un infor­me ela­bo­ra­do por la Comi­sa­ría Gene­ral de Infor­ma­ción, que con­te­nía las deta­lla­das decla­ra­cio­nes rea­li­za­das por otro neo­fas­cis­ta ita­liano, Giu­sep­pe Cal­zo­na, cuan­do fue dete­ni­do en Madrid, en julio de 1984.

Cal­zo­na dio en comi­sa­ría deta­lles pre­ci­sos sobre sus andan­zas duran­te 1976, año en el que par­ti­ci­pó en la Ope­ra­ción Recon­quis­ta, en Mon­te­ju­rra, don­de mata­ron a dos mili­tan­tes car­lis­tas. Según decla­ró, ese año tam­bién tomó par­te en un gru­po mer­ce­na­rio que come­tió varios aten­ta­dos de gue­rra sucia en Ipa­rral­de; entre ellos, el per­pe­tra­do con­tra Pérez Revi­lla. Y pre­ci­só que era Lillo quien coman­da­ba dicho gru­po mercenario.

Tras ello, Cal­zo­na, que esta­ba recla­ma­do en Ita­lia por ase­si­na­to, exi­gió ser pues­to en liber­tad, ame­na­zan­do con dar deta­lles com­pro­me­te­do­res para el Esta­do espa­ñol en caso con­tra­rio. Así cons­ta­ba en el cita­do infor­me de la Comi­sa­ría Gene­ral de Infor­ma­ción y, en efec­to, no lo extra­di­ta­ron, sino que fue libe­ra­do y nun­ca más se ha vuel­to a saber de él.

La Audien­cia Nacio­nal dene­gó asi­mis­mo la extra­di­ción de otros cuan­tos neo­fas­cis­tas ita­lia­nos recla­ma­dos por jue­ces de su país, argu­men­tan­do que los ase­si­na­tos los habían come­ti­do por moti­vos polí­ti­cos. Todos aque­llos mer­ce­na­rios esta­ban liga­dos a la gue­rra sucia, y la Audien­cia impi­dió así que se pudie­ran escla­re­cer no pocas accio­nes come­ti­das con aque­llas famo­sas Mariet­tas. Y tam­bién el secues­tro de Per­tur.

La Jus­ti­cia espa­ño­la no ha teni­do jamás el más míni­mo inte­rés en escla­re­cer has­ta las últi­mas con­se­cuen­cias, ni ese secues­tro, ni nin­gu­na otra de las bien nume­ro­sas accio­nes de gue­rra sucia per­pe­tra­das duran­te déca­das. Y las auto­ri­da­des tampoco.

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