Entre­vis­ta: Jac­ques R. Pau­wels, una lec­tu­ra sub­ver­si­va de la historia

La cien­cia his­tó­ri­ca no nos pro­por­cio­na una ima­gen defi­ni­ti­va de «cómo suce­dió real­men­te». Es una prác­ti­ca per­pe­tua de inter­pre­ta­ción de hechos y fuen­tes, de decons­truc­ción y revi­sio­nis­mo. Maquia­ve­lo ya sabía que la lucha por la inter­pre­ta­ción es una bata­lla polí­ti­ca. El autor e his­to­ria­dor Jac­ques Pau­wels (Gan­te, 1946), que tra­ba­ja prin­ci­pal­men­te en Cana­dá, se apre­su­ra a agre­gar, a raíz de Marx, que son sobre todo los pode­ro­sos de la tie­rra los que logran impo­ner su ver­sión del His­to­ria. Esto fue lo que ilus­tró vívi­da­men­te en su tra­ba­jo ante­rior de Big Busi­ness con Hitler(2013), con el ejem­plo del sexa­gé­si­mo ani­ver­sa­rio del des­em­bar­co de tro­pas en Nor­man­día. En esta oca­sión, la tele­vi­sión esta­dou­ni­den­se trans­mi­tía cons­tan­te­men­te anun­cios de Gene­ral Motors don­de la com­pa­ñía auto­mo­triz se auto­cen­su­ra­ba como pro­vee­do­ra de armas a las tro­pas alia­das. Los anun­cios obvia­men­te no men­cio­na­ron que la com­pa­ñía tam­bién sumi­nis­tró a la Ale­ma­nia nazi todo tipo de bie­nes rela­cio­na­dos con la gue­rra. Ade­más, este des­em­bar­co, según Pau­wels, tenía como obje­ti­vo final evi­tar que la Unión Sovié­ti­ca toma­ra la mayor par­te del pas­tel, y no, como dice el mito de la «bue­na gue­rra», res­tau­rar en Euro­pa el idea­les de liber­tad, dere­cho y demo­cra­cia. Es en con­tra de este tipo de ense­ñan­za de la His­to­ria impreg­na­da de intere­ses de cla­se pero que se ha vuel­to con­ven­cio­nal, que Pau­wels se opo­ne en Los mitos de la his­to­ria moderna.

Inter­cam­bio de ideas entre Vrij Neder­land (Fre­de­rik Pol­fliet) y el his­to­ria­dor bel­ga-cana­dien­se sobre algu­nos con­cep­tos erró­neos his­tó­ri­cos muy comu­nes y los impul­so­res de la historia.

Sr. Pau­wels, en su tra­ba­jo cita acti­vis­tas como Howard Zinn, Noam Chomsky en Michael Paren­ti. Sin embar­go, su tra­ba­jo recien­te está dedi­ca­do a una per­so­na­li­dad menos cono­ci­da pero par­ti­cu­lar­men­te intere­san­te, el filó­so­fo e his­to­ria­dor ita­liano Dome­ni­co Losur­do (1941−2018). ¿Pue­de con­tar­nos más sobre su visión y cuán­to le debe por las ideas en su libro?

Dome­ni­co Losur­do era pro­fe­sor en la Uni­ver­si­dad de Urbino y murió repen­ti­na­men­te el año pasa­do. Lo cono­cí hace unos diez años a tra­vés del tra­duc­tor ita­liano de mis libros. Sus muchos escri­tos tuvie­ron una gran influen­cia en mí. Era espe­cia­lis­ta en filo­so­fía ale­ma­na del siglo XIX, con una visión mar­xis­ta amplia, ori­gi­nal y no dog­má­ti­ca. No solo de Ale­ma­nia sino de Euro­pa y del mun­do ente­ro. Su tra­ba­jo resuel­ve una serie de malen­ten­di­dos sobre impor­tan­tes temas his­tó­ri­cos como las revo­lu­cio­nes esta­dou­ni­den­se y fran­ce­sa, el sur­gi­mien­to del libe­ra­lis­mo, el impe­ria­lis­mo, la lucha de cla­ses, la revo­lu­ción de octu­bre, el fas­cis­mo, las dos gue­rras mun­do, Gandhi y la no vio­len­cia. Sus ideas me lle­va­ron a escri­bir Los mitos de la his­to­ria moder­na, que podría des­cri­bir­se como «Losur­dian». El lec­tor de mi libro que esté intere­sa­do en este tema sin duda que­rrá con­sul­tar al pro­pio Losur­do. Des­afor­tu­na­da­men­te, que yo sepa, has­ta aho­ra ha habi­do pocas tra­duc­cio­nes de sus libros al fran­cés, holan­dés, inglés y alemán.

Comien­zas tu libro con la reha­bi­li­ta­ción de una figu­ra que algu­nas per­so­nas odian, Maxi­mi­lien de Robes­pie­rre, dices que bajo su lide­raz­go la cau­sa de la demo­cra­cia ha des­pe­ga­do. ¿Nos lo pue­de expli­car con mayor precisión?

La Revo­lu­ción Fran­ce­sa fue un pri­mer paso hacia un ideal aún lejos de rea­li­zar­se, el de una comu­ni­dad demo­crá­ti­ca. En otras pala­bras: un «Esta­do» don­de la gen­te común par­ti­ci­pa en la polí­ti­ca, por ejem­plo a tra­vés de elec­cio­nes, y que tam­bién les ofre­ce cier­tos ser­vi­cios «socia­les» como la edu­ca­ción gra­tui­ta. A este res­pec­to, la Revo­lu­ción Fran­ce­sa pro­por­cio­nó un enor­me bene­fi­cio en su fase radi­cal, cuan­do Robes­pie­rre esta­ba en el poder. Fue bajo sus aus­pi­cios que se abo­lió la escla­vi­tud, una de las ins­ti­tu­cio­nes más anti­de­mo­crá­ti­cas de la his­to­ria mun­dial. Pero esta medi­da no fue bien reci­bi­da por la gran bur­gue­sía. Estas damas y caba­lle­ros eran «muy libe­ra­les en espí­ri­tu» y, por lo tan­to, par­ti­da­rios de la liber­tad (al menos en teo­ría), pero con­si­de­ra­ban a los escla­vos como una for­ma de pro­pie­dad pri­va­da, por lo tan­to into­ca­ble. Tam­bién les pare­ció terri­ble que Robes­pie­rre qui­sie­ra intro­du­cir el sufra­gio uni­ver­sal. Esta inno­va­ción demo­crá­ti­ca ape­nas com­pla­ci­da. Es por eso que lo derro­ca­ron por un gol­pe. Por­que era dema­sia­do demo­crá­ti­co y que una ver­da­de­ra demo­cra­cia no intere­sa a la gran bur­gue­sía, una mino­ría demo­grá­fi­ca. Pero eso, natu­ral­men­te, no se pue­de decir en voz alta. Por lo tan­to, se afir­mó que la bur­gue­sía desea­ba poner fin al derra­ma­mien­to de san­gre, al terror, al tra­to des­pia­da­do de Robes­pie­rre por par­te de los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios. Esto toda­vía se encuen­tra en la mayo­ría de los libros de his­to­ria de hoy. Ni una pala­bra sobre la abo­li­ción de la escla­vi­tud por Robes­pie­rre, por lo que de hecho mere­ce tener su esta­tua en medio de la Pla­ce de la Con­cor­de en París.

«Para hacer que el mun­do sea segu­ro para la demo­cra­cia», así es como el pre­si­den­te Woo­drow Wil­son moti­vó su deci­sión de lle­var a los esta­dou­ni­den­ses a la gue­rra en 1917. En su libro argu­men­ta que para la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial fue más bien una cues­tión de una gue­rra con­tra la democracia.

En abril de 1917, Wil­son decla­ró la gue­rra a Ale­ma­nia por­que Wall Street lo que­ría. Y Wall Street lo que­ría por­que pare­cía enton­ces que sin la ayu­da de los esta­dou­ni­den­ses, los bri­tá­ni­cos y sus alia­dos per­de­rían la gue­rra y nun­ca podrían pagar las colo­sa­les can­ti­da­des que habían toma­do pres­ta­dos de los ban­cos esta­dou­ni­den­ses, lo que habría sido un desas­tre para Wall Street. Pero eso no se podía decir al públi­co esta­dou­ni­den­se, y Wil­son, por lo tan­to, exhi­bió la coar­ta­da de una gue­rra por la demo­cra­cia. En reali­dad fue una gue­rra por las ganan­cias, las ganan­cias de Wall Street. Ade­más, tam­bién fue una gue­rra con­tra la demo­cra­cia. En los Esta­dos Uni­dos había una pobre­za des­ga­rra­do­ra, al igual que hoy del res­to, y la gen­te esta­ba preo­cu­pa­da, inclu­so rebel­de. La situa­ción de gue­rra pro­por­cio­nó una excu­sa per­fec­ta para endu­re­cer el tono con estos inves­ti­ga­do­res. Y, de hecho, el pre­si­den­te Wil­son, el lla­ma­do demó­cra­ta, uti­li­zó la gue­rra amplia­men­te para con­tra­ban­dear leyes repre­si­vas y anti­de­mo­crá­ti­cas, leyes que nun­ca han sido com­ple­ta­men­te derogadas.

Tam­bién eli­mi­nas el cli­ché: «Hitler tam­bién fue ele­gi­do demo­crá­ti­ca­men­te», que siem­pre se usa para adver­tir con­tra la par­ti­ci­pa­ción en el poder de todo tipo de par­ti­dos radicales.

Hitler nun­ca ganó la mayo­ría de los votos en las elec­cio­nes gene­ra­les. Su par­ti­do, el NSDAP, se con­vir­tió en el par­ti­do más gran­de de Ale­ma­nia des­pués de las elec­cio­nes en el verano de 1932, pero no tenía una mayo­ría par­la­men­ta­ria… una coa­li­ción de otros par­ti­dos podría haber for­ma­do un gobierno. Y duran­te las nue­vas elec­cio­nes en noviem­bre del mis­mo año, el NSDAP per­dió muchos votos y, por lo tan­to, esca­ños en el Reichs­tag. Los comu­nis­tas, por otro lado, hicie­ron pro­gre­sos elec­to­ra­les. Esto hizo que los ban­que­ros, los indus­tria­les, los gran­des terra­te­nien­tes de la noble­za, los gene­ra­les y otros miem­bros de la eli­te temie­ran que un gobierno popu­lar de tipo fron­tal lle­ga­ría al poder. Para evi­tar esto, los ricos y pode­ro­sos comen­za­ron a tra­mar detrás de esce­na. Resul­ta­do que va con­tra toda lógi­ca parlamentaria.

Fue de esta mane­ra abso­lu­ta­men­te anti­de­mo­crá­ti­ca que Hitler se con­vir­tió en can­ci­ller. Los nazis habla­ron de un Mach­ter­grei­fung como si Hitler hubie­ra lle­ga­do al poder por sus pro­pias fuer­zas. Pero en reali­dad el poder le fue otor­ga­do por la eli­te ale­ma­na en ban­de­ja de pla­ta y sería mejor hablar de un Mach­ter­grei­fung .

Napo­león y Hitler gene­ral­men­te están repre­sen­ta­dos como indi­vi­duos excep­cio­na­les que han cam­bia­do el cur­so de la his­to­ria por su cuen­ta. En su lec­tu­ra de His­to­ria, apa­re­cen más bien como peones.

La his­to­rio­gra­fía con­ven­cio­nal sigue sien­do fiel a la con­cep­ción del siglo XIX según la cual gran­des per­so­na­li­da­des, tan­to los malos como Hitler y los héroes como Chur­chill, deter­mi­nan el cur­so de la his­to­ria. En reali­dad, los fac­to­res eco­nó­mi­cos y socia­les son deci­si­vos. Toma a Napo­león. Napo­león Bona­par­te repre­sen­tó a la gran bur­gue­sía fran­ce­sa que desea­ba fre­nar la radi­ca­li­za­ción de la Revo­lu­ción y la demo­cra­ti­za­ción, desa­rro­llos de los cua­les Robes­pie­rre fue la encar­na­ción y el mas­ca­rón de proa. El dic­ta­dor Napo­león aún podía some­ter al pue­blo a los cua­tro deseos de la eli­te eco­nó­mi­ca. Del mis­mo modo, las eli­tes ale­ma­nas per­mi­tie­ron que cier­to Adolf Hitler lle­ga­ra al poder en 1933 para que defen­die­ra sus intere­ses, lo que lle­vó a cabo con entu­sias­mo has­ta el final. Con su pro­gra­ma de armas, con su gue­rra, como lo mues­tro en mi libro, Mus­so­li­ni no era un hom­bre hecho a sí mis­mo, ya que muchos his­to­ria­do­res toda­vía lo pre­sen­tan así, sino un ins­tru­men­to. Un peón de la eli­te del país que tam­bién eli­ge la dic­ta­du­ra en lugar de la demo­cra­cia. No es sor­pren­den­te. Los intere­ses eco­nó­mi­cos y socia­les de la eli­te están mejor aten­di­dos por una dic­ta­du­ra que por una demo­cra­cia, un sis­te­ma en el que, median­te el sufra­gio uni­ver­sal, la «masa» popu­lar pue­de impo­ner su volun­tad a la mino­ría demo­grá­fi­ca que en reali­dad es esta elite.

Esta­dos Uni­dos ha pla­nea­do ata­car a Japón duran­te mucho tiem­po y se ha apro­ve­cha­do del ata­que a Pearl Har­bor como casus belli. Los bom­bar­deos ató­mi­cos de Hiroshi­ma y Naga­sa­ki esta­ban des­ti­na­dos esen­cial­men­te a impo­ner su volun­tad a los sovié­ti­cos. E inclu­so dudas de que los esta­dou­ni­den­ses hubie­ran ido a la gue­rra con­tra Ale­ma­nia si Hitler no les hubie­ra decla­ra­do la gue­rra. No se tra­ta de una mano muer­ta cuan­do se tra­ta del gran mito de los esta­dou­ni­den­ses que luchan desin­te­re­sa­da­men­te por la liber­tad, la demo­cra­cia y los dere­chos huma­nos. Hoy tam­po­co se pue­de argu­men­tar que Esta­dos Uni­dos es el guar­dián del orden inter­na­cio­nal. Pero el pri­mer cur­so de Trump en Esta­dos Uni­dos que pro­mue­ve abier­ta­men­te los intere­ses esta­dou­ni­den­ses pare­ce haber pues­to fin a la facha­da del lide­raz­go moral. ¿Qué piensas?

Aquí tam­bién debe­mos tener en cuen­ta el hecho de que dema­sia­dos his­to­ria­do­res y perio­dis­tas sobre­es­ti­man fuer­te­men­te el papel de las per­so­na­li­da­des y pres­tan muy poca aten­ción a la impor­tan­cia de los sis­te­mas, de los sis­te­mas socio­eco­nó­mi­cos. Hoy todos cri­ti­can a Trump. Pero los pre­si­den­tes ante­rio­res, no solo Geor­ge W. Bush sino tam­bién Barack Oba­ma, no fue­ron mejo­res. El meo­llo del asun­to es el impe­ria­lis­mo esta­dou­ni­den­se, el capi­ta­lis­mo esta­dou­ni­den­se en su for­ma inter­na­cio­nal, glo­bal, agre­si­va y al mis­mo tiem­po hipó­cri­ta, que no mues­tra preo­cu­pa­ción por la liber­tad, la demo­cra­cia y los dere­chos huma­nos. En todo el mun­do, el impe­ria­lis­mo bus­ca impo­ner su volun­tad en bene­fi­cio de los gran­des ban­cos y com­pa­ñías esta­dou­ni­den­ses, por ejem­plo, los fidei­co­mi­sos petro­le­ros y los fabri­can­tes de armas. Con­tra­ria­men­te a todas las reglas del dere­cho inter­na­cio­nal, el impe­ria­lis­mo esta­dou­ni­den­se quie­re eli­mi­nar polí­ti­ca o físi­ca­men­te a los gobier­nos recal­ci­tran­tes y sus líde­res; se lla­ma los cam­bios de régi­men, impo­nen san­cio­nes ile­ga­les a estos paí­ses y a menu­do los aplas­tan con bom­bas. Todos los pre­si­den­tes recien­tes, cada uno a su mane­ra, han esta­do al ser­vi­cio de este impe­ria­lis­mo, Oba­ma tam­bién. Bajo Trump, el impe­ria­lis­mo esta­dou­ni­den­se es más agre­si­vo y más peli­gro­so que nun­ca, pero sería un error atri­buir todas estas moles­tias al hom­bre per­so­nal­men­te. El pro­ble­ma es el impe­ria­lis­mo esta­dou­ni­den­se… pero nues­tros medios e his­to­ria­do­res tie­nen poco o nin­gún inte­rés en este sis­te­ma, pare­ce que no exis­te. Se cen­tran una y otra vez en los líde­res, los pre­si­den­tes, hoy en Donald Trump. El meo­llo del asun­to, no habla­mos de eso.

En tu libro, des­en­tra­ñas de mane­ra con­vin­cen­te la retó­ri­ca idea­lis­ta libe­ral median­te la cual la his­to­rio­gra­fía occi­den­tal a menu­do embe­lle­ce los intere­ses eco­nó­mi­cos y geo­es­tra­té­gi­cos. ¿Pero los esló­ga­nes anti­im­pe­ria­lis­tas y eman­ci­pa­do­res de los sovié­ti­cos no ocul­ta­ron tam­bién la bús­que­da de la anti­gua ambi­ción rusa de poder y expan­sión territorial?

La Rusia zaris­ta de antes de 1917 aspi­ra­ba a la expan­sión terri­to­rial como todas las poten­cias impe­ria­lis­tas de la épo­ca. La revo­lu­ción bol­che­vi­que de octu­bre pro­vo­có un cam­bio radi­cal en este sen­ti­do. Lenin y los bol­che­vi­ques esta­ban a favor del dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos, espe­cial­men­te los muchos pue­blos del impe­rio zaris­ta, como los pola­cos, los paí­ses bál­ti­cos y los fin­lan­de­ses. Pero tal como que­rían una Rusia socia­lis­ta, Lenin y com­pa­ñía espe­ra­ban que estos pue­blos per­si­guie­ran obje­ti­vos socia­lis­tas. Es por eso que, en los paí­ses bál­ti­cos y en otros luga­res, no apo­ya­ron a los ele­men­tos «blan­cos», capi­ta­lis­tas, con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios, anti­bol­che­vi­ques y anti­rru­sos que bus­ca­ban la inde­pen­den­cia total de Mos­cú, pero los ele­men­tos revo­lu­cio­na­rios «rojos» que vie­ron su inte­rés en una for­ma de auto­no­mía den­tro del nue­vo esta­do socia­lis­ta fede­ral crea­do por los bol­che­vi­ques, la Unión Sovié­ti­ca. (En Fin­lan­dia y los paí­ses bál­ti­cos estos «rojos» eran muy nume­ro­sos, pero los medios occi­den­ta­les los igno­ran.) Así, des­pués de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial, Ucra­nia se con­vir­tió en una «repú­bli­ca sovié­ti­ca» den­tro de la Unión Sovié­ti­ca. Lo mis­mo suce­dió des­pués de la Segun­da Gue­rra Mun­dial con los Esta­dos Bál­ti­cos. Los par­ti­da­rios «blan­cos» de la inde­pen­den­cia habían triun­fa­do allí des­pués de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial gra­cias al apo­yo mili­tar de los alia­dos occi­den­ta­les. Pos­te­rior­men­te, los «rojos» par­ti­da­rios de la auto­no­mía den­tro de la URSS triun­fa­ron gra­cias al apo­yo del Ejér­ci­to Rojo. Pero Polo­nia y Fin­lan­dia se inde­pen­di­za­ron y Mos­cú lo acep­tó. Polo­nia tam­bién apro­ve­chó la furio­sa gue­rra civil en Rusia para cap­tu­rar par­te de la Rusia blan­ca y Ucra­nia, y que Mos­cú no acep­tó. Este terri­to­rio cono­ci­do como «Polo­nia Orien­tal» debía recu­pe­rar­se tem­po­ral­men­te en 1939 – 1941 y defi­ni­ti­va­men­te des­pués de la Segun­da Gue­rra Mun­dial. (Si que­re­mos lla­mar a esto «expan­sión terri­to­rial», tam­bién debe­mos cali­fi­car como expan­sión terri­to­rial la recu­pe­ra­ción por par­te de Fran­cia de Alsa­cia-Lore­na.) En lo que res­pec­ta a Fin­lan­dia, duran­te la Segun­da Gue­rra Mun­dial, este país fue co-beli­ge­ran­te de la Ale­ma­nia nazi duran­te la inva­sión de la URSS en 1941. En 1945, los sovié­ti­cos pudie­ron fácil­men­te haber ocu­pa­do y ane­xa­do la derro­ta de Fin­lan­dia, pero no lo hicie­ron. Si bien la Unión Sovié­ti­ca apa­re­ció como el gran gana­dor, este país tam­po­co adqui­rió nue­vos terri­to­rios en otros luga­res, con la excep­ción de una pie­za rela­ti­va­men­te peque­ña de la anti­gua Pru­sia Orien­tal ale­ma­na. Inclu­so en el apo­geo de su poder en 1945, la Unión Sovié­ti­ca mani­fes­tó poca o nin­gu­na ambi­ción por la expan­sión territorial.

A la dere­cha, a menu­do cul­pa­mos a la bur­bu­ja pro­gre­si­va de la izquier­da en la que se encuen­tran los medios y la edu­ca­ción. Usted dice, por el con­tra­rio, que las peque­ñas lec­cio­nes de la his­to­ria nos las dan prin­ci­pal­men­te los medios de comu­ni­ca­ción y la indus­tria del cine, que están en manos de los ricos del pla­ne­ta. La infor­ma­ción que nos pre­sen­tan como impar­cial tie­ne como obje­ti­vo prin­ci­pal defen­der el sta­tus quo y los pri­vi­le­gios de los pode­ro­sos. ¿Cómo ves este equi­li­brio de poder?

En nues­tra lla­ma­da civi­li­za­ción occi­den­tal, todos son libres de expre­sar su opi­nión, de dar a cono­cer su visión de la his­to­ria al mun­do. Pero a este res­pec­to, no todos dis­fru­tan de la mis­ma liber­tad. Algu­nos hablan en voz más alta, tie­nen una liber­tad inmen­sa para expre­sar su opi­nión y ser escu­cha­dos. Estos son los súper ricos, las per­so­nas que a veces se deno­mi­nan colec­ti­va­men­te como el «1%». Son due­ños de los medios de comu­ni­ca­ción que lle­van la His­to­ria a las per­so­nas, espe­cial­men­te a tra­vés de pro­duc­cio­nes de Holly­wood y docu­men­ta­les de tele­vi­sión. Los súper ricos rees­cri­ben la his­to­ria y solo tie­nen un gran men­sa­je, a saber, que adqui­rie­ron su rique­za por su talen­to, su per­se­ve­ran­cia, su volun­tad y, por supues­to, tam­bién por su arduo tra­ba­jo, ese pro­gre­so hacia la demo­cra­cia y el bien­es­tar les debe todo, y a la inver­sa, han sur­gi­do gran­des pro­ble­mas. Espe­cial­men­te en for­ma de gue­rras y revo­lu­cio­nes. Por cul­pa de sus celo­sos enemi­gos. Esta­dos Uni­dos es la meca de los súper ricos, por lo que no debe­ría sor­pren­der­nos que la indus­tria cine­ma­to­grá­fi­ca esta­dou­ni­den­se se extien­da con entu­sias­mo y éxi­to. Este tipo de repre­sen­ta­cio­nes his­tó­ri­cas. En pelí­cu­las con gran­des pre­su­pues­tos y que a menu­do reci­ben una impor­tan­te ayu­da finan­cie­ra y de otro tipo del Pen­tá­gono, la CIA, etc., Esta­dos Uni­dos se pre­sen­ta siem­pre y aún como el cam­peón altruis­ta de la liber­tad, la demo­cra­cia y los dere­chos del hom­bre. Los bas­tar­dos son, por supues­to, los nazis, pero tam­bién los sovié­ti­cos, los ára­bes y los musul­ma­nes en gene­ral, los revo­lu­cio­na­rios lati­no­ame­ri­ca­nos, etc. Este tipo de pelí­cu­la tam­bién es apre­cia­da por los «exper­tos», ala­ba­do en los medios y coro­na­do en los Oscar. Cual­quie­ra que, como yo, pre­sen­te la his­to­ria de una mane­ra total­men­te dife­ren­te, no pue­de con­tar con ese apo­yo. Todo lo contrario.

Tam­bién odias la ense­ñan­za de la his­to­ria en la que el capi­ta­lis­mo y la demo­cra­cia se pre­sen­tan como una enti­dad geme­la orgá­ni­ca. En su opi­nión, ¿sigue sien­do váli­da la famo­sa fór­mu­la de Max Horkhei­mer, fun­da­dor de la Escue­la de Frank­furt?: «Cual­quie­ra que hable sobre el fas­cis­mo sin hablar sobre el capi­ta­lis­mo será mejor que se calle».

Horkhei­mer tenía razón, y toda­vía tie­ne razón. El fas­cis­mo, inclui­da la varian­te ale­ma­na de Hitler, el nazis­mo, fue y es una for­ma del sur­gi­mien­to del capi­ta­lis­mo. El capi­ta­lis­mo no pro­vie­ne de una socie­dad demo­crá­ti­ca, no es fru­to del árbol demo­crá­ti­co. Ade­más, el capi­ta­lis­mo aún juve­nil del siglo XIX no salu­dó con ale­gría el sur­gi­mien­to de la demo­cra­cia, por el con­tra­rio. La demo­cra­cia se aso­ció con el enemi­go del capi­ta­lis­mo: el movi­mien­to obre­ro, el socia­lis­mo. En Fran­cia, por ejem­plo, el capi­ta­lis­mo se sin­tió como en casa bajo la dic­ta­du­ra de Napo­león III. Y en Ale­ma­nia flo­re­ció bajo Bis­marck, el «can­ci­ller de hie­rro» y tam­bién bajo el empe­ra­dor alta­men­te anti­de­mo­crá­ti­co Gui­ller­mo II. Des­pués de la caí­da de este últi­mo en 1918 nació la Repú­bli­ca de Wei­mar, Indi­que que los ban­que­ros e indus­tria­les del Reich no deja­ron de des­pre­ciar. Pre­ci­sa­men­te por­que era una demo­cra­cia don­de la gen­te común, inclui­da la cla­se tra­ba­ja­do­ra, tenía algo que decir. Los capi­ta­lis­tas ale­ma­nes soña­ban con un nue­vo «hom­bre fuer­te» como Bis­marck, un jefe que con­du­ci­ría a la gen­te con la vara y apren­de­ría a vivir con la esco­ria de la izquier­da. Enton­ces lle­va­ron a ese tipo de líder, Hitler, al poder. Bajo su régi­men –¡inco­rrec­ta­men­te lla­ma­do «nacio­nal­so­cia­lis­mo»!– el capi­ta­lis­mo ha flo­re­ci­do como nun­ca antes. En otros luga­res tam­bién los capi­ta­lis­tas (con la cola­bo­ra­ción de gran­des terra­te­nien­tes, altos eje­cu­ti­vos mili­ta­res e tut­ti quan­ti) puso a los fas­cis­tas en el poder, como Mus­so­li­ni en Ita­lia. El capi­ta­lis­mo deplo­ra­ba en secre­to la caí­da de los regí­me­nes fas­cis­tas «clá­si­cos» y el regre­so de la demo­cra­cia en 1945. Y la pre­fe­ren­cia dura­de­ra de los capi­ta­lis­tas por los regí­me­nes fas­cis­tas des­pués de 1945 estu­vo mar­ca­da por la tole­ran­cia de Fran­co en Espa­ña, en cola­bo­ra­ción con el esta­ble­ci­mien­to de regí­me­nes neo­fas­cis­tas como el de Pino­chet, así como el apo­yo acti­vo a los neo­na­zis que pros­pe­ran en Ucrania.

Tam­bién escri­bes que el socia­lis­mo sovié­ti­co real­men­te exis­ten­te fue hos­ti­ga­do des­de el prin­ci­pio por hos­ti­li­dad inter­na y extran­je­ra, lo que inevi­ta­ble­men­te lo hizo más desas­tro­so y menos efec­ti­vo. Cier­ta­men­te, cier­tas cir­cuns­tan­cias his­tó­ri­cas espe­cí­fi­cas jue­gan un papel esen­cial, pero ¿no se usan con dema­sia­da fre­cuen­cia tales afir­ma­cio­nes para acla­rar la ideo­lo­gía misma?

El socia­lis­mo sovié­ti­co fue efec­ti­va­men­te ata­ca­do des­de el prin­ci­pio por enemi­gos nacio­na­les y extran­je­ros, lo que inevi­ta­ble­men­te lo hizo más oscu­ro y más repre­si­vo. Lo mis­mo ocu­rre con cual­quier país que esté ame­na­za­do o se sien­ta ame­na­za­do. En Fran­cia y en Gran Bre­ta­ña, duran­te la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial, los gobier­nos supues­ta­men­te demo­crá­ti­cos se vol­vie­ron auto­ri­ta­rios e into­le­ran­tes hacia los paci­fis­tas, socia­lis­tas y diver­sas mino­rías. El rei­na­do de Geor­ges Cle­men­ceau y David Lloyd-Geor­ge dio lugar a dic­ta­du­ras de fac­to que los his­to­ria­do­res como Losur­do des­cri­ben con razón como (pro­to) tota­li­ta­rio. Del mis­mo modo, en los Esta­dos Uni­dos, el pre­si­den­te Woo­drow Wil­son ha pro­mul­ga­do leyes dra­co­nia­nas. Todos reco­no­cen que esta situa­ción fue muy des­agra­da­ble, pero sin embar­go com­pren­si­ble e inclu­so jus­ti­fi­ca­da, de algu­na mane­ra. Y nadie ima­gi­na­rá que tales afir­ma­cio­nes sur­gen de una inten­ción secre­ta de «des­pe­jar» la ideo­lo­gía libe­ral-demo­crá­ti­ca domi­nan­te en Fran­cia, Gran Bre­ta­ña y Esta­dos Uni­dos. En la Unión Sovié­ti­ca, la ame­na­za inter­na y espe­cial­men­te exter­na fue infi­ni­ta­men­te más dura­de­ra y mayor que en Fran­cia, Gran Bre­ta­ña o Esta­dos Uni­dos, y solo de 1941 a 1945 recla­mó casi 30 millo­nes de víc­ti­mas. Des­pués de lo cual el país fue ame­na­za­do con bom­bar­deos ató­mi­cos masi­vos. En este caso, pode­mos avan­zar en el argu­men­to de la ame­na­za sin des­per­tar la sos­pe­cha de que­rer acla­rar la ideo­lo­gía pre­va­le­cien­te de esta mane­ra. Tam­bién hay que decir que esta mis­ma ideo­lo­gía, el comu­nis­mo, tam­bién reinó en Yugos­la­via duran­te la Gue­rra Fría. Pero a dife­ren­cia de la URSS, este país no esta­ba amenazado.

18 de mar­zo de 2020

Fuen­te: https://​www​.inves​ti​gac​tion​.net/​f​r​/​j​a​c​q​u​e​s​-​p​a​u​w​e​l​s​-​u​n​e​-​l​e​c​t​u​r​e​-​s​u​b​v​e​r​s​i​v​e​-​d​e​-​l​h​i​s​t​o​i​re/

Fuen­te ori­gi­nal: Vrij Nederland

Tra­duc­ción del holan­dés: Anne Meert para Investig’Action.

Boltxe) ha publi­ca­do recien­te­men­te el libro de Jac­ques R. Pau­wels: Los gran­des mitos de la his­to­ria moder­na: Refle­xio­nes sobre la demo­cra­cia, la gue­rra y la revo­lu­ción.

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