Argen­ti­na. “En rebel­día con­tra la re vic­ti­mi­za­ción de pri­sio­nerxs del genocidio”

Por RedE­co, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 14 de sep­tiem­bre de 2021.

“En estos días reci­bí la nove­na cita­ción para tes­ti­mo­niar por las mis­mas cau­sas. (…) Con­tes­té que no vol­ve­ré a dar tes­ti­mo­nio y me nie­go a vol­ver a pasar por la re vic­ti­mi­za­ción por el solo hecho de lega­li­zar otro jui­cio con­tra geno­ci­das que ya cuen­tan con varias con­de­nas, pero sin embar­go no tie­nen cum­pli­mien­to efec­ti­vo por­que las ins­tan­cias judi­cia­les, llá­me­se Tri­bu­nal Oral Fede­ral, Casa­ción o Cor­te Supre­ma de Jus­ti­cia no han teni­do tiem­po o no pien­san dejar fir­me las sen­ten­cias judi­cia­les a las que han sido acree­do­res los geno­ci­das por deli­tos de lesa huma­ni­dad y por con­si­guien­te siguen usu­fruc­tuan­do la impu­ni­dad de cla­se en sus lujo­sas casas”, expre­sa Iris Perey­ra de Ave­lla­ne­da en un tex­to que repro­du­ci­mos com­ple­to a continuación.

Al Pue­blo
Al poder judi­cial
En rebel­día con­tra la re vic­ti­mi­za­ción de pri­sio­ne­ros del geno­ci­dio en Argentina

Mi nom­bre es Iris Perey­ra de Ave­lla­ne­da. En abril de 1976 fui secues­tra­da jun­to a mi hijo de 15 años, por el ejér­ci­to argen­tino en el mar­co del geno­ci­dio a la cla­se obre­ra argen­ti­na. Lue­go de ser some­ti­dos a tor­tu­ras de todo tipo en la comi­sa­ría de Villa Mar­te­lli y en el cam­po de con­cen­tra­ción lla­ma­do El Cam­pi­to en Cam­po de Mayo, fui tras­la­da­da a la cár­cel de Olmos a dis­po­si­ción del Poder Eje­cu­ti­vo Nacio­nal (PEN), y pasea­da por varias cár­ce­les que la dic­ta­du­ra uti­li­za­ba para dis­ci­pli­nar a toda la socie­dad. Mi hijo Flo­real Edgar­do Ave­lla­ne­da no tuvo esa suer­te. Que­dó en El Cam­pi­to en Cam­po de Mayo y for­ma par­te de los miles de des­apa­re­ci­dos que pasa­ron por esa guar­ni­ción mili­tar. Des­de 1985, tes­ti­mo­nié en el jui­cio a las jun­tas mili­ta­res y has­ta la actua­li­dad, he sido lla­ma­da a sede judi­cial a con­tar con deta­lles los pade­ci­mien­tos sufri­dos mien­tras estu­vi­mos en cali­dad de dete­ni­dos des­apa­re­ci­dos, en ocho oca­sio­nes ante los juz­ga­dos y tri­bu­na­les que inves­ti­gan el geno­ci­dio.
Y otra vez la burra al tri­go.
Como pare­ce que no fue sufi­cien­te, en estos días reci­bí la nove­na cita­ción para tes­ti­mo­niar por las mis­mas cau­sas. En esta oca­sión y pen­san­do que es hora de poner­le pun­to final a tan­to atro­pe­llo emo­cio­nal, con­tes­té que no vol­ve­ré a dar tes­ti­mo­nio y me nie­go a vol­ver a pasar por la re vic­ti­mi­za­ción por el solo hecho de lega­li­zar otro jui­cio con­tra geno­ci­das que ya cuen­tan con varias con­de­nas, pero sin embar­go no tie­nen cum­pli­mien­to efec­ti­vo por­que las ins­tan­cias judi­cia­les, llá­me­se tri­bu­nal Oral Fede­ral, Casa­ción o Cor­te Supre­ma de Jus­ti­cia no han teni­do tiem­po o no pien­san dejar fir­me las sen­ten­cias judi­cia­les a las que han sido acree­do­res los geno­ci­das por deli­tos de lesa huma­ni­dad y por con­si­guien­te siguen usu­fruc­tuan­do la impu­ni­dad de cla­se en sus lujo­sas casas.

Res­pe­tuo­sa de las leyes que rigen en el Esta­do de dere­cho, cada vez que fui cita­da, con­cu­rrí con la espe­ran­za de ver en el ban­qui­llo de los acu­sa­dos a los pla­ni­fi­ca­do­res ideo­ló­gi­cos y bene­fi­cia­rios del geno­ci­dio en la Argen­ti­na. Cada uno de los que par­ti­ci­pa­ron del geno­ci­dio tie­ne su gra­do de res­pon­sa­bi­li­dad. Los mili­ta­res que eje­cu­ta­ron la infa­mia con­tra sus pro­pios con­ciu­da­da­nos, sus jefes que orde­na­ron los crí­me­nes, y los más repul­si­vos cíni­cos que pla­ni­fi­ca­ron todas las accio­nes y sus con­se­cuen­cias. Me estoy refi­rien­do a cada geren­te de fábri­ca nacio­nal o tras­na­cio­nal que incor­po­ró antes de 1976 den­tro de su empre­sa a mili­ta­res para que hicie­ran la inte­li­gen­cia y detec­tar a los tra­ba­ja­do­res cons­cien­tes que recla­ma­ban el cum­pli­mien­to de leyes labo­ra­les y lue­go fue­ron des­apa­re­ci­dos duran­te la dic­ta­du­ra. Esos geren­tes no han sido sen­ta­dos en el ban­qui­llo de los acu­sa­dos. Muchas veces los hemos escu­cha­do ame­na­zar con que se irían del país si se sin­tie­ran obli­ga­dos a pagar por sus res­pon­sa­bi­li­da­des. Lo hicie­ron en 1986 uti­li­zan­do una vez más a mili­ta­res cono­ci­dos como “cara­pin­ta­das” para pre­sio­nar por la impu­ni­dad de sus crí­me­nes y por los deli­tos eco­nó­mi­cos con nom­bre de deu­da exter­na. Ade­más, los hemos sufri­do hacien­do corri­das cam­bia­rias, hacien­do cam­pa­ñas de des­es­ta­bi­li­za­ción polí­ti­ca y eco­nó­mi­ca para res­guar­dar sus pri­vi­le­gios, suba de pre­cios de comes­ti­bles, etc. Y no cesan en su accio­nar de mani­pu­lar la socie­dad en bene­fi­cio de esa mino­ría para­si­ta­ria a la que pertenecen.

Para esos cri­mi­na­les civi­les tam­bién exi­jo justicia.

Hace 45 años que ocu­rrie­ron los hechos y siguen impu­nes. Los jui­cios de Lesa huma­ni­dad, des­pués de dero­gar las abe­rran­tes leyes de impu­ni­dad Pun­to Final y Obe­dien­cia Debi­da en 2003, la cor­te supre­ma se tomó 2 añi­tos para decla­rar incons­ti­tu­cio­na­les estas leyes y los jui­cios se reto­ma­ron en 2005, des­de enton­ces fue­ron impu­tadas 3.448 per­so­nas, se dic­ta­ron 250 sen­ten­cias, resul­ta­ron con­de­na­das 1.013 per­so­nas solo 276 de ellas con un fallo fir­me y absuel­tas 164. De ellos, 904 falle­cie­ron duran­te los 14 años de sus pro­ce­sos, y 692 antes de obte­ner sen­ten­cia, lo que sig­ni­fi­ca que murie­ron impu­nes y 212 tras ser con­de­na­dos o absuel­tos. Es bas­tan­te exigua la can­ti­dad de pro­ce­sa­dos y con­de­na­dos. Tenien­do en cuen­ta que hubo más de 600 cam­pos de con­cen­tra­ción dise­mi­na­dos en todo el terri­to­rio nacional.

Ante tan fla­gran­te fal­ta de jus­ti­cia. ¿Con qué dere­cho me exi­gen que vuel­va a abrir la puer­ta del infierno sufri­do en los chu­pa­de­ros de la dic­ta­du­ra para que les cuen­te mi his­to­ria mien­tras los geno­ci­das lo miran por TV sen­ta­dos cómo­da­men­te en sus mansiones?.

Res­pe­tuo­sa­men­te.
Iris Perey­ra de Ave­lla­ne­da (Sobre­vi­vien­te del cam­po de con­cen­tra­ción El Cam­pi­to, en Cam­po de Mayo. Pre­si­den­ta de Aso­cia­ción Sobre­vi­vien­tes, fami­lia­res y com­pa­ñe­ros de Cam­po de Mayo).

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