Afga­nis­tán, cemen­te­rio de los Imperios

Un poco de historia

Afga­nis­tán es un país mul­ti­ét­ni­co. El gru­po prin­ci­pal (50%) es de los pas­tu­nes y el segun­do el de los tayi­cos. Estas dos etnias hablan la mis­ma len­gua, el dari, una len­gua per­sa. Des­pués vie­ne la comu­ni­dad chii­ta en la pro­vin­cia de Herat, en otra épo­ca per­sa. En el nor­te, hay comu­ni­da­des de ori­gen turco.

Todas estas etnias están igual­men­te pre­sen­tes en los paí­ses veci­nos. Así, los pas­tu­nes cons­ti­tu­yen el segun­do gru­po de Pakis­tán. Los tayi­cos están por supues­to en Tayi­kis­tán, los kaza­jos en Kaza­jis­tán y los chii­tas de Herat se encuen­tran en Irán. Esto expli­ca en par­te por qué el «pro­ble­ma afgano» tie­ne un gran impac­to en toda la región.

Gru­pos lin­güis­ti­cos en Afganistan

¿Cuál es la rique­za del país? ¿Por qué el con­trol de esta región es tan impor­tan­te para las gran­des potencias?

Afga­nis­tán posee mine­ra­les, espe­cial­men­te de los lla­ma­dos estra­té­gi­cos como el cobal­to, cobre, oro, hie­rro, litio –se cal­cu­la que Afga­nis­tán pue­de tener reser­vas de litio equi­va­len­tes a las de Boli­via – , lan­tano, cerio, neo­di­mio y otros, ade­más de gas y petró­leo. A eso se le suma que es uno de los mayo­res pro­duc­to­res de opio en el mer­ca­do mun­dial del nar­co­trá­fi­co. Pero sobre todo es su ubi­ca­ción geo­es­tra­té­gi­ca, hacien­do fron­te­ra con Chi­na y con Irán, con paí­ses de Asia Cen­tral y con Pakis­tán, su cer­ca­nía a Rusia, lo que con­vier­te a Afga­nis­tán en cla­ve para con­tro­lar Asia, que es el con­ti­nen­te de mayor desa­rro­llo eco­nó­mi­co y don­de se jue­ga la bata­lla por la domi­na­ción mun­dial. Esta­dos Uni­dos ha que­ri­do siem­pre lograr el con­trol de esta zona y aco­sar a Rusia, Chi­na e Irán, tra­tar de rom­per su alian­za y de impe­dir que India se sume a ella.

Afga­nis­tán cobró impor­tan­cia geo­po­lí­ti­ca a par­tir del siglo XIX, des­per­tan­do el inte­rés de gran­des impe­rios de la épo­ca, como el ruso o el bri­tá­ni­co, ya que «con­tro­lar Afga­nis­tán per­mi­tía una gran influen­cia en Asia Cen­tral, sobre todo en fun­ción de las rutas comer­cia­les terres­tres, ade­más de la posi­bi­li­dad de explo­tar sus varia­das mate­rias primas».

En el siglo XIX y prin­ci­pios del XX, el Impe­rio Bri­tá­ni­co inten­tó sub­yu­gar a los afga­nos en tres oca­sio­nes. En la pri­me­ra gue­rra anglo-afga­na de 1838 – 1842, en que los bri­tá­ni­cos qui­sie­ron uti­li­zar a los afga­nos con­tra los rusos para defen­der su colo­nia india, fren­te al impe­rio ruso que tras batir al impe­rio oto­mano en 1840, tomó el con­trol del Cáu­ca­so y Asia Cen­tral y se diri­gía hacia la India. Con ese obje­ti­vo, los bri­tá­ni­cos inva­die­ron Afga­nis­tán, lle­ga­ron a las puer­tas de Kabul, pero lue­go sus tro­pas fue­ron rodea­das y pri­va­das de abas­te­ci­mien­to y destruidas.

La segun­da gue­rra anglo-afga­na de 1878 fue tam­bién para con­te­ner la expan­sión rusa en Asia Cen­tral y para defen­der los intere­ses colo­nia­les ingle­ses. A pesar de que el gober­na­dor bri­tá­ni­co Sir Durand uti­li­zó un cuer­po de 40.000 hom­bres y lle­gó a tomar Kabul, no pudo fren­te al levan­ta­mien­to popu­lar afgano y tuvo que reti­rar­se. Pero divi­dió el terri­to­rio pas­tún afgano en dos, ane­xio­nan­do una par­te a Pakis­tán, y creó la «línea Durand», nue­va divi­so­ria fron­te­ri­za entre Afga­nis­tán y Pakis­tán, que nun­ca será reco­no­ci­da por los pastún.

Tras la derro­ta de Ale­ma­nia en 1918 se pro­du­ce la ter­ce­ra gue­rra anglo-afga­na. Los afga­nos, median­te una estra­te­gia de gue­rra de gue­rri­llas, se enfren­tan y ven­cen a un ejér­ci­to bri­tá­ni­co muy supe­rior en núme­ro –740.000 hom­bres– y en tec­no­lo­gía –arti­lle­ría pesa­da, carros y avio­nes – , logran­do la inde­pen­den­cia. Tras la inde­pen­den­cia logra­da por los afga­nos en 1919, los ingle­ses tra­tan de nue­vo de enfren­tar­los al nue­vo Esta­do sovié­ti­co pero Afga­nis­tán, por el con­tra­rio, se acer­ca a su nue­vo vecino comu­nis­ta, quien ejer­ce una influen­cia en la moder­ni­za­ción y desa­rro­llo de Afganistán.

Derro­ca­mien­to del rey Moham­med Zahir Shah en julio de 1973 y esta­ble­ci­mien­to de un régi­men republicano

En 1965 se crea el par­ti­do comu­nis­ta que se deno­mi­na­rá Par­ti­do Demo­crá­ti­co del Pue­blo Afa­gano (PDPA) con bases en la inte­lec­tua­li­dad urba­na, los estu­dian­tes y algu­nos ofi­cia­les del ejér­ci­to. Pron­to apa­re­cen dos corrien­tes, la Khalq por una par­te y la Par­cham por la otra. Para lograr una revo­lu­ción demo­crá­ti­ca, la Khalq afir­ma­ba que la cla­se obre­ra debía jugar un papel de van­guar­dia mien­tras que la Par­cham apo­ya­ba una alian­za en pie de igual­dad de todas las cla­ses socia­les favo­ra­bles a la revo­lu­ción. Esta disen­sión no impi­dió que ambas corrien­tes hicie­ran fren­te común en las elec­cio­nes orga­ni­za­das en 1965 y 1969 bajo la monar­quía de Zahir Shah.

Las diver­gen­cias se cris­ta­li­za­ron en la estra­te­gia ela­bo­ra­da por estas dos ten­den­cias para obte­ner un cam­bio en Afga­nis­tán. La Par­cham se apro­xi­mó al prín­ci­pe Daud y en 1973 logra­ron derro­car la monar­quía, que dura­ba des­de 1933, con­vir­tien­do al prín­ci­pe en pre­si­den­te de la nue­va repú­bli­ca. Pero el nue­vo jefe de Esta­do no estu­vo a la altu­ra de las espe­ran­zas y a la demo­cra­ti­za­ción tan espe­ra­da res­pon­dió con la repre­sión a los opo­nen­tes. Khalq, con­si­de­ran­do el putch de 1973 como un mal menor, con­clu­yó que debía con­ti­nuar el com­ba­te por la revo­lu­ción demo­crá­ti­ca. Par­cham, por su par­te, que había par­ti­ci­pa­do en el acce­so al poder del prín­ci­pe Daud, con­si­de­ró la ope­ra­ción como un fra­ca­so. Y así, las dos corrien­tes deci­die­ron hacer de nue­vo cau­sa común para derro­car al régi­men, pro­du­cién­do­se la reuni­fi­ca­ción del PDPA en 1977. Un año más tar­de, el prín­ci­pe Daud es derro­ca­do y el PDPA toma el poder con Nur Muham­mad Tara­ki a la cabeza.

La revo­lu­ción de Saur del 27 de abril de 1978

El 19 de abril de 1978, un des­ta­ca­do izquier­dis­ta lla­ma­do Mir Akbar Khy­ber fue ase­si­na­do atri­bu­yén­do­se el ase­si­na­to a la Repú­bli­ca de Afga­nis­tán de Moham­mad Daud Khan. Su muer­te sir­vió de unión para los afga­nos pro­co­mu­nis­tas. Temién­do­se un gol­pe de Esta­do comu­nis­ta, Daud orde­nó el arres­to de cier­tos líde­res del PDPA, inclui­dos Tara­ki y Kar­mal, mien­tras que colo­ca­ba a otros como Hafi­zu­llah Amin bajo arres­to domi­ci­lia­rio. El 27 de abril de 1978 se ini­ció la Revo­lu­ción Saur, supues­ta­men­te por Amin mien­tras aún esta­ba bajo arres­to domi­ci­lia­rio. Daud Khan fue eje­cu­ta­do al día siguien­te jun­to con la mayor par­te de su fami­lia. El PDPA ganó rápi­da­men­te el con­trol y el 1 de mayo Tara­ki se con­vir­tió en pre­si­den­te del Con­se­jo Revo­lu­cio­na­rio, un papel que incluía las res­pon­sa­bi­li­da­des tan­to de pre­si­den­te como de pre­si­den­te del con­se­jo de minis­tros (pri­mer minis­tro). Lue­go el país pasó a lla­mar­se Repú­bli­ca Demo­crá­ti­ca de Afga­nis­tán (DRA), ins­ta­lan­do un sis­te­ma de Esta­do que dura­ría has­ta abril de 1992.

Fue el mejor perío­do para el pue­blo afgano, con gran peso de caci­ques feu­da­les, que se encon­tra­ba muy atra­sa­do y pobre, con gran­des des­igual­da­des, una enor­me mar­gi­na­ción de la mujer y muy ele­va­das tasas de anal­fa­be­tis­mo. El gobierno pro­ce­dió a vas­tas refor­mas agra­rias sin com­pen­sa­ción para ayu­dar a los cam­pe­si­nos pobres –para media­dos de 1979 se redis­tri­bu­ye­ron 665.000 Ha y se dis­tri­bu­ye­ron tie­rras entre más de 250.000 cam­pe­si­nos. Se cons­tru­ye­ron carre­te­ras, miles de escue­las e infra­es­truc­tu­ras de sani­dad (hos­pi­ta­les, gran incre­men­to de camas hos­pi­ta­la­rias y de médi­cos…). Fue tam­bién el mejor perío­do para las muje­res. Así, se decla­ró la igual­dad jurí­di­ca entre el hom­bre y la mujer y la edu­ca­ción uni­ver­sal para ambos sexos. Miles de muje­res deja­ron de usar el cha­dor, se prohi­bió la dote de las bodas y se esta­ble­ció la liber­tad de elec­ción para las muje­res en el matri­mo­nio abo­lien­do el matri­mo­nio infan­til. Las jóve­nes de las ciu­da­des, don­de el gobierno tenía más peso, podían qui­tar­se el velo, salir en públi­co, ir a la escue­la y con­se­guir tra­ba­jo. Asi­mis­mo se incor­po­ra­ron a la pro­duc­ción y se inte­gra­ron en los des­ta­ca­men­tos popu­la­res de defen­sa de la revo­lu­ción con las armas en la mano. Hubo un gran pro­gra­ma de alfa­be­ti­za­ción que alcan­zó a millo­nes de per­so­nas, se abo­lió la ley islá­mi­ca y se prohi­bió el cul­ti­vo del opio. Evi­den­te­men­te estas refor­mas sus­ci­ta­ron una fuer­te opo­si­ción en las capas más reac­cio­na­rias del país, entre los terra­te­nien­tes, cle­ro islá­mi­co… con dego­lla­mien­tos y ase­si­na­tos como respuesta.

En el perío­do entre 1978 y 1992 que duró el comu­nis­mo en el poder a tra­vés del PDPA, hubo varios líde­res que regen­ta­ron la pre­si­den­cia del gobierno. Los más impor­tan­tes fue­ron Nur Muham­mad Tara­ki, Babrak Kar­mal y Moham­med Naji­bu­llah. Fue un perio­do tur­bu­len­to, no exen­to de con­tra­dic­cio­nes entre corrien­tes, en la que inter­vino tam­bién algu­na trai­ción como la de Hafi­zu­llah Amin, que dio un gol­pe de Esta­do con­tra Tara­ki, que fue eje­cu­ta­do, pero que fue recon­du­ci­do al poco tiem­po con la ayu­da de los sovié­ti­cos, esta­ble­cien­do a Badrak Kar­mal como pre­si­den­te. Así, el 27 de diciem­bre de 1979 se pro­du­jo la inter­ven­ción de las tro­pas sovié­ti­cas, muy reti­cen­tes al prin­ci­pio en entrar en Afga­nis­tan a pesar de las peti­cio­nes afga­nas en ese sen­ti­do, pero que se deci­die­ron a hacer­lo vien­do el enor­me aco­so impe­ria­lis­ta a tra­vés de los muyahi­di­nes y la trai­ción de Amin. Muer­to Amin en el asal­to de una uni­dad del KGB al pala­cio pre­si­den­cial, Kar­mal lle­gó tras los tan­ques sovié­ti­cos en las pri­me­ras horas de 1980 para hacer­se car­go de la secre­ta­ría gene­ral del PDPA, la pre­si­den­cia del Con­se­jo revo­lu­cio­na­rio (o jefa­tu­ra del Esta­do) y la jefa­tu­ra del Gobierno, pues­to este que cedió en 1981 a Sul­tan Ali Keshtmand.

La inter­ven­ción impe­ria­lis­ta con­tra el gobierno de izquier­da des­de 1978

Antes que la URSS entra­ra en Afga­nis­tán en diciem­bre de 1979 en apo­yo del gobierno, Esta­dos Uni­dos, de la mano de la CIA, armó a dife­ren­tes jefes de gue­rra loca­les y reclu­tó dece­nas de miles de mer­ce­na­rios muyahi­di­nes con el apo­yo finan­cie­ro de Ara­bia Sau­di­ta y el apo­yo logís­ti­co del ser­vi­cio de inte­li­gen­cia pakis­ta­ní, el ISI. Jefes de gue­rra loca­les como el pas­tún Hek­mat­yar, el tayi­ko Mas­soud, el gene­ral kaza­jo Dos­tom e Ismail Khan de Herat. Todos eran repre­sen­tan­tes de la vie­ja socie­dad feu­dal y tri­bal. Tal como reco­no­ció el mis­mo Zbig­niew Brze­zins­ki, ase­sor en temas inter­na­cio­na­les del pre­si­den­te Jimmy Car­ter, seis meses antes de la inter­ven­ción sovié­ti­ca, el 3 de julio de de 1979, el pre­si­den­te Car­ter fir­mó la pri­me­ra direc­ti­va sobre asis­ten­cia clan­des­ti­na para los opo­nen­tes al gobierno de Kabul, es decir fir­mó el apo­yo a saco de la gue­rra terro­ris­ta con­tra el gobierno afgano. La idea era «matar dos pája­ros de un tiro», tum­bar el gobierno de izquier­da y atraer a la URSS a una tram­pa mor­tal infes­ta­da de muyahi­di­nes, es decir de terro­ris­tas isla­mis­tas radi­ca­les con­tra­ta­dos, y tomar­se la revan­cha de la enton­ces recien­te humi­llan­te derro­ta de Viet­nam (1975), creán­do­le a la URSS su «pro­pio Viet­nam» en Afganistán.

Pakis­tán, pre­vio gol­pe de Esta­do del gene­ral Zia ul-Haq mane­ja­do por la CIA, en el que col­ga­ron al pri­mer minis­tro Bhut­to (el padre de Bena­zir), jugó un papel esen­cial a tra­vés de su ser­vi­cio de inte­li­gen­cia ISI en el reclu­ta­mien­to, orga­ni­za­ción y apo­yo de los muyahi­di­nes, adies­tra­dos en cien­tos de cam­pa­men­tos ubi­ca­dos en Pakis­tán. Ara­bia Sau­di­ta tam­bién jugó un papel esen­cial sobre todo en la finan­cia­ción, con muchos miles de millo­nes de dóla­res, pero tam­bién en el reclu­ta­mien­to de jóve­nes isla­mis­tas ára­bes y afri­ca­nos en mez­qui­tas de todo el mun­do, con el obje­to de expan­dir su con­tra­rre­vo­lu­ción isla­mis­ta waha­bi­ta reac­cio­na­ria al máxi­mo de paí­ses. La CIA fue quien bási­ca­men­te los arma­ba y quien diri­gía la gue­rra de los muyahi­di­nes, siem­pre con la cola­bo­ra­ción del Mos­sad y otros ser­vi­cios secre­tos como el de Corea del Sur. En este pro­ce­so inter­vie­ne Bin Laden como orga­ni­za­dor de mer­ce­na­rios y es don­de sur­ge Al Qae­da, como orga­ni­za­ción de terro­ris­tas isla­mis­tas al ser­vi­cio de los intere­ses del imperialismo.

La CIA impul­só amplia­men­te el cul­ti­vo del opio para la finan­cia­ción de la gue­rra –y otras gue­rras – , y tam­bién lo hicie­ron los pro­pios muyahi­di­nes para man­te­ner a sus com­ba­tien­tes. Un corres­pon­sal del New York Times, en el sex­to año de la gue­rra infor­ma­ba que des­cu­brió gran can­ti­dad de cam­pos de ama­po­las que esta­ban trans­for­man­do el cam­po afgano en la prin­ci­pal fuen­te mun­dial de nar­có­ti­cos. De hecho, las cara­va­nas que trans­por­ta­ban armas de la CIA a Afga­nis­tan a menu­do regre­sa­ban a Pakis­tán car­ga­das de opio, con el con­sen­ti­mien­to por supues­to de los ofi­cia­les paquis­ta­níes y nor­te­ame­ri­ca­nos. Duran­te la déca­da de los 1980, la cose­cha anual de opio de Afga­nis­tán se dis­pa­ró de 100 tm a 2.000 tm. Para trans­for­mar el opio en heroí­na se abrie­ron cer­ca de 200 labo­ra­to­rios en las zonas fron­te­ri­zas entre Afga­nis­tan y Pakis­tan, y en 1984 se abas­te­cía el 60% del mer­ca­do esta­dou­ni­den­se y el 80% del europeo.

El terro­ris­mo de Al Qae­da se va a con­ver­tir en lo suce­si­vo en una impor­tan­te arma del impe­ria­lis­mo, para des­es­ta­bi­li­zar y derro­car paí­ses de mayo­ría musul­ma­na, en fun­ción de los intere­ses nor­te­ame­ri­ca­nos. Tras la sali­da de la URSS de Afga­nis­tán, muyahi­di­nes serán trans­por­ta­dos por tro­pas nor­te­ame­ri­ca­nas por ejem­plo a Cache­mi­ra, para ten­sio­nar el con­flic­to indo-pakis­ta­ní, y a Bos­nia en la cru­za­da anti­ser­bia y de des­truc­ción de Yugos­la­via. Lue­go será uti­li­za­da en el Cáu­ca­so con­tra Rusia, en Xin­kiang con­tra Chi­na, en Orien­te Medio y Nor­te de Áfri­ca con­tra paí­ses ára­bes pro­gre­sis­tas y en Áfri­ca (Nige­ria, Mali, Niger, Chad, Sudan, Soma­lia…) y Asia (Indo­ne­sia, Fili­pi­nas…) para ofre­cer la coar­ta­da para la pre­sen­cia mili­tar nor­te­ame­ri­ca­na en aque­llos paí­ses y regio­nes, con impor­tan­tes recur­sos y/​o impor­tan­cia geoestratégica.

Cuan­do la URSS dejó Afga­nis­tán en 1988, los comu­nis­tas afga­nos pro­pu­sie­ron un gobierno de coa­li­ción a los muyahi­di­nes, que fue recha­za­do. Estos últi­mos pro­si­guie­ron la gue­rra con­tra el comu­nis­mo que resis­tió duran­te cua­tro años más, has­ta 1992, en que el coman­dan­te Mas­soud se hace con Kabul, derro­can­do a los comu­nis­tas. La des­ti­tu­ción del pre­si­den­te Naji­bu­llah en 1992 fue segui­da de la ins­tau­ra­ción de un gobierno isla­mis­ta inte­ri­no, con Tad­jik Rab­ba­ni como pri­mer pre­si­den­te. Los seño­res de la gue­rra se repar­tie­ron el terri­to­rio en fun­ción de cri­te­rios étni­cos. En prin­ci­pio, los seño­res de la gue­rra habían acor­da­do rotar en la pre­si­den­cia cada seis meses, pero no fun­cio­nó, y con­ti­nuó la gue­rra entre ellos duran­te otros cua­tro años, has­ta 1996, sien­do Kabul des­trui­da y per­ma­ne­cien­do varios años sin agua corrien­te, sin telé­fono ni electricidad.

La cru­za­da anti­co­mu­nis­ta impul­sa­da por Occi­den­te, con­du­jo en resu­men a la des­truc­ción de 12.000 escue­las, a des­or­ga­ni­zar todo el sis­te­ma agra­rio, a liqui­dar todos los ser­vi­cios públi­cos esen­cia­les, a des­truir todo el poten­cial de desa­rro­llo de Afga­nis­tán y a la pro­duc­ción de muchos miles de muer­tos y cien­tos de miles de exi­lia­dos. Una vez sali­da la URSS de Afga­nis­tán y derro­ca­do el gobierno comu­nis­ta, Esta­dos Uni­dos se des­en­ten­dió duran­te un tiem­po de Afga­nis­tán, dejan­do que los seño­res de la gue­rra se liqui­da­sen entre sí y ter­mi­na­ran de des­truir el país. Pakis­tán, tam­bién debi­li­ta­da por la gue­rra se vio for­za­da a aco­ger muchos miles de refugiados.

Los tali­ba­nes van a hacer irrup­ción en la gue­rra civil entre los seño­res de la gue­rra. Los tali­ba­nes o «estu­dian­tes» en len­gua pas­tún, sur­gie­ron a prin­ci­pios de la déca­da de 1990 en el nor­te de Pakis­tán tras la reti­ra­da de Afga­nis­tán de las tro­pas de la Unión Sovié­ti­ca. Eran refu­gia­dos afga­nos en Pakis­tán a cau­sa del con­flic­to, que estu­dia­ron en las madra­sas, o escue­las islá­mi­cas del islam waha­bi­ta impul­sa­das y finan­cia­das por Ara­bia Sau­dí­ta, para expan­dir sus ideas por Asia Cen­tral. Can­sa­dos de los exce­sos de los muyahi­di­nes y de las luchas inter­nas des­pués de la expul­sión de los sovié­ti­cos, la pobla­ción afga­na en gene­ral los reci­bió con bue­nos ojos cuan­do estos apa­re­cie­ron por pri­me­ra vez. La popu­la­ri­dad ini­cial se debió en gran par­te a su éxi­to erra­di­can­do la corrup­ción, fre­nan­do la anar­quía y por sus pro­me­sas de res­tau­rar la paz y la segu­ri­dad, aún cuan­do defen­dían hacer cum­plir una ver­sión aus­te­ra de la sha­ria o ley islá­mi­ca, una vez en el poder.

En esa épo­ca, el impe­ria­lis­mo nor­te­ame­ri­cano, tras la caí­da de la URSS, empe­zó a per­fi­lar el con­trol y la uti­li­za­ción de los gigan­tes­cos recur­sos de petró­leo y gas del Cáu­ca­so y Asia Cen­tral. En con­cre­to, pre­veía la cons­truc­ción de un gaso­duc­to que par­tien­do de Turk­me­nis­tán, pasa­ra por Afga­nis­tán y lue­go Pakis­tán y lle­ga­ra en su caso a India, el TAPI, evi­tan­do siem­pre pasar por Irán y Rusia. Y vio en los tali­ba­nes como la apues­ta más segu­ra para garan­ti­zar la cons­truc­ción del tra­mo afgano del gaso­duc­to, por lo que opta­ron por dar un fuer­te apo­yo a los tali­ba­nes en la últi­ma fase de la gue­rra civil afga­na, con la espe­ran­za de que los tali­ba­nes en el poder, estos harían posi­ble la cons­truc­ción del gaso­duc­to. Así, con el apo­yo de Esta­dos Uni­dos, los tali­ba­nes cap­tu­ra­ron en 1996, la capi­tal afga­na, Kabul, derro­can­do el régi­men del pre­si­den­te Burha­nud­din Rab­ba­ni, uno de los padres fun­da­do­res de los muyahi­di­nes afga­nos que se enfren­ta­ron al gobierno de izquier­das y a las tro­pas sovié­ti­cas, y eje­cu­ta­ron, col­gán­do­lo, para escar­mien­to públi­co, al últi­mo pre­si­den­te comu­nis­ta que per­ma­ne­cía dete­ni­do des­de 1992, Moha­med Naji­bu­llah. Así se inau­gu­ra­rá el perío­do de domi­nio tali­bán, de 1996 a 2001.

Pero suce­dió que los tali­ba­nes no esta­ban de acuer­do con las con­di­cio­nes de explo­ta­ción que ofre­cían los nor­te­ame­ri­ca­nos –la mul­ti­na­cio­nal UNOCAL esta­ba de por medio– y, en el con­tex­to de la vuel­ta de tuer­ca del domi­nio impe­ria­lis­ta que acom­pa­ñó a los suce­sos del 11‑S, Esta­dos Uni­dos y sus alia­dos lan­za­ron una gue­rra de aco­so y derri­bo con­tra Afga­nis­tán en 2001. Uti­li­za­ron para cubrir la razón real, una razón for­mal que no se sos­te­nía, como fue la peti­ción de extra­di­ción de Bin Laden, uno de los supues­tos induc­to­res del 11‑S según los nor­te­ame­ri­ca­nos. Los tali­ba­nes se nega­ron a extra­di­tar­lo a menos que se les die­ra lo que con­si­de­ra­ban una evi­den­cia con­vin­cen­te de su par­ti­ci­pa­ción en los ata­ques del 11‑S, e igno­ra­ron las deman­das de cerrar las bases terro­ris­tas y entre­gar otros sos­pe­cho­sos de terro­ris­mo ade­más de Bin Laden. Lue­go vinie­ron la inva­sión de Irak en 2003, las pri­ma­ve­ras ára­bes, las revo­lu­cio­nes de colores…

Inva­sión de Afga­nis­tan por Esta­dos Uni­dos y alia­dos el 7 de sep­tiem­bre 2001

La inva­sión de Afga­nis­tán por Esta­dos Uni­dos y alia­dos como el Rei­no Uni­do, rea­li­za­do el 7 de octu­bre de 2001, con el nom­bre de «Ope­ra­ción Liber­tad Dura­de­ra», la sitúan ofi­cial­men­te como el ini­cio de la lla­ma­da «Gue­rra con­tra el Terro­ris­mo». Fue una cam­pa­ña de bom­bar­deos bru­ta­les de dos meses, que tuvo la cola­bo­ra­ción –como la ha segui­do tenien­do des­pués– de los seño­res de la gue­rra afga­nos uni­dos en torno a la Alian­za del Nor­te y de Pakis­tan, que de nue­vo, como en 1979, esta­ba pre­pa­ra­da bajo la direc­ción de otro mili­tar gol­pis­ta, el gene­ral Par­vez Musha­rraf, quien a las órde­nes de Esta­dos Uni­dos esta­ba dis­pues­to a apo­yar en todo lo nece­sa­rio a la ope­ra­ción de expul­sión de los tali­ba­nes en Afga­nis­tán. La com­pen­sa­ción ha sido entre otras, el pago des­de 2001 de 33.000 millo­nes de dóla­res anua­les, has­ta hace poco que, Pakis­tán no pare­ce que­rer entrar por el redil nor­te­ame­ri­cano. El resul­ta­do inme­dia­to fue el des­alo­jo de los tali­ba­nes de las ins­ti­tu­cio­nes –el 17 de diciem­bre– y de las ciu­da­des más impor­tan­tes obli­gán­do­les a refu­giar­se en las zonas rura­les y más mon­ta­ño­sas y en Pakis­tán y la cons­truc­ción de bases mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses cer­ca de las prin­ci­pa­les ciu­da­des del país.

En la Con­fe­ren­cia de Bonn, de diciem­bre de 2001, Hamid Kar­zai fue selec­cio­na­do para diri­gir la Admi­nis­tra­ción Pro­vi­sio­nal Afga­na que, des­pués de una Loya Jir­ga (Gran asam­blea) en 2002 en Kabul, se con­vir­tió en la Admi­nis­tra­ción de Tran­si­ción Afga­na. En las elec­cio­nes de 2004 Kar­zai fue ele­gi­do pre­si­den­te del país, aho­ra lla­ma­do Repú­bli­ca Islá­mi­ca de Afga­nis­tán. En agos­to de 2003, la OTAN se invo­lu­cró como una alian­za, toman­do el man­do de la ISAF (Fuer­za Inter­na­cio­nal de Asis­ten­cia para la Segu­ri­dad). Una par­te de las fuer­zas esta­dou­ni­den­ses en Afga­nis­tán ope­ra­ba bajo el man­do de la OTAN y el res­to per­ma­ne­cía bajo el man­do direc­to de Esta­dos Uni­dos. El líder tali­bán Mullah Omar reor­ga­ni­zó el movi­mien­to y, en 2002, lan­zó una insur­gen­cia con­tra el Gobierno y la ISAF que con­ti­nua­rá has­ta 2021 cuan­do en la ofen­si­va tali­bán los insur­gen­tes con­quis­tan el país.

El ver­da­de­ro sig­ni­fi­ca­do de la «reti­ra­da» nor­te­ame­ri­ca­na de Afganistán

Ha sido una reti­ra­da que esta­ba nego­cia­da de algu­na mane­ra en el Acuer­do de Doha de febre­ro de 2020, entre repre­sen­tan­tes de la Admi­nis­tra­ción Trump y los tali­ba­nes –dejan­do de lado el Gobierno ofi­cial de Afga­nis­tán – , don­de se plan­tea­ba la reti­ra­da de las tro­pas esta­dou­ni­den­ses en cator­ce meses, el no ata­que a las fuer­zas nor­te­ame­ri­ca­nas y la libe­ra­ción de 5.000 pre­sos. Lue­go, tras el anun­cio de reti­ra­da por Joe Biden antes del 11‑S, las cosas se han ace­le­ra­do y se ha pro­du­ci­do un pro­ce­so ver­ti­gi­no­so de avan­ces tali­ba­nes, que en dos sema­nas han lle­ga­do a tomar Kabul y hacer­se con el poder, sin derra­mar ape­nas una gota de san­gre, y con el gobierno de Ash­raf Gani a la fuga con las male­tas reple­tas de dólares.

Se están per­fi­lan­do dos hipó­te­sis inter­pre­ta­ti­vas a nivel de la izquier­da sobre el sig­ni­fi­ca­do de estos acon­te­ci­mien­tos, una que dice que la reti­ra­da y el con­si­guien­te avan­ce tali­bán esta­ban per­fec­ta­men­te pla­ni­fi­ca­dos por Esta­dos Uni­dos para crear en Afga­nis­tán una pla­ta­for­ma des­es­ta­bi­li­za­do­ra de la región, y otra que dice que la sali­da de Esta­dos Uni­dos –y pre­ci­pi­ta­da– ha sido una gran derro­ta de los EEUU, aun­que que­dan los tali­ba­nes que habrá que ver qué hacen, sobre todo tenien­do en cuen­ta sus decla­ra­cio­nes con­tem­po­ri­za­do­ras y las posi­bles inte­ri­n­fluen­cias de Rusia, Chi­na e Irán.

Algu­nos pen­sa­mos que sí ha habi­do una derro­ta de los EEUU, así como un impor­tan­te des­pres­ti­gio y des­le­gi­ti­ma­ción con­si­guien­tes –aun­que esa derro­ta sea rela­ti­va por el hecho de que lo que que­da son los tali­ba­nes – , por­que entra­ron en Afga­nis­tán en 2001 para des­truir el Tali­ban que pri­me­ro había sido su socio pero que lue­go no había entra­do en su jue­go del gaso­duc­to TAPI, y no lo han con­se­gui­do tras vein­te años de gue­rra, billo­nes de dóla­res gas­ta­dos, y miles y miles de muer­tos, exi­lia­dos, des­truc­ción del país, etc. Tam­po­co han logra­do la paz, la demo­cra­cia, la esta­bi­li­dad y todas esas cosas que son milon­gas para Esta­dos Uni­dos y en las que nun­ca han creí­do. Has­ta el pro­pio Biden dice aho­ra que no que­rían lle­var la demo­cra­cia a Afga­nis­tán sino que fue­ron para impe­dir que Al Qae­da ope­ra­ra des­de Afga­nis­tán (¡!) ¡Cuan­do Al Qae­da es un ins­tru­men­to al ser­vi­cio de ellos! Pero tam­po­co han logra­do un gobierno no tali­ban con apa­rien­cias demo­crá­ti­cas que les per­mi­ta a los nor­te­ame­ri­ca­nos des­es­ta­bi­li­zar los paí­ses veci­nos de una for­ma cla­ra. Han con­se­gui­do un gobierno abso­lu­ta­men­te corrup­to, inca­paz de lle­var nin­gu­na polí­ti­ca en el país, que se ha segui­do bene­fi­cian­do del opio, y con un ejér­ci­to-cha­ta­rra, abso­lu­ta­men­te inú­til e inca­paz de derro­car a los tali­ba­nes, de impo­ner el con­trol en el país, por muchos miles de millo­nes que hayan gas­ta­do en armas y en ase­so­ra­mien­to. Han con­se­gui­do, eso sí, un esta­do falli­do, empantanado.

Y la lucha que han teni­do los tali­ba­nes con Esta­dos Uni­dos no pare­ce que haya sido una fic­ción o una pura paro­dia, sino una lucha real por echar a los nor­te­ame­ri­ca­nos de Afga­nis­tán. Los tali­ba­nes a dife­ren­cia de Al Qae­da y del ISIS, no son mani­pu­la­bles o no tan mani­pu­la­bles como estos, y son nacio­na­lis­tas, muy liga­dos a su terri­to­rio y a su país, Afga­nis­tan y qui­zá sobre todo al terri­to­rio Pas­tún. Esta­dos Uni­dos fue expul­sa­do de Irak en 2011. Se fue­ron con la inten­ción de vol­ver si hacía fal­ta, y «tuvie­ron que vol­ver» por­que Irak se les esta­ba yen­do de las manos en el entre­tan­to con sus rela­cio­nes con Chi­na. Tras la maca­bra expe­rien­cia del ISIS ini­cia­da en 2014 y con la que vol­vie­ron, se encon­tra­ron con el fra­ca­so y la des­truc­ción del ISIS en Irak y la volun­tad uná­ni­me del pue­blo y de los par­ti­dos de Irak de que Esta­dos Uni­dos se vaya de nue­vo, para lo que le están azu­zan­do mili­tar y polí­ti­ca­men­te y ter­mi­na­rán por irse, lo cual será otra vic­to­ria. Tam­bién se ten­drán que ir de Siria y esa será otra vic­to­ria. Se tra­ta entre otras cosas de ir echan­do a Esta­dos Uni­dos de todas par­tes y de redu­cir sus cam­pos de manio­bra. Y por otra par­te está el tema de que Esta­dos Uni­dos ha demos­tra­do ante el mun­do de que aban­do­nan a sus alia­dos cuan­do no les intere­sa, como obje­tos de usar y tirar, lo cual pue­de tener con­se­cuen­cias impor­tan­tes y sobre todo en el dete­rio­ro de la con­fian­za de los paí­ses en Esta­dos Uni­dos. Los kur­dos del YPG y FDS de Siria, debe­rían sacar ense­ñan­zas de esta expe­rien­cia. ¿A dón­de irá aho­ra Esta­dos Uni­dos tras salir de Afga­nis­tán? Tra­ta­rán por supues­to de dar­le la vuel­ta al tema, y de seguir des­es­ta­bi­li­zan­do en otras par­tes, por ejem­plo en Asia Cen­tral. Tras la derro­ta rela­ti­va de Afga­nis­tán, los nor­te­ame­ri­ca­nos no se que­da­rán quie­tos, y tra­ta­rán de seguir por otras vías o de otra mane­ra. Pero su sali­da de Afga­nis­tán le pue­de supo­ner un dis­tan­cia­mien­to de Afga­nis­tán que no qui­sie­ra. Y por otra par­te, el con­trol amplio de los tali­ba­nes en Afga­nis­tan ya exis­tía antes y asi­mis­mo su impor­tan­te popu­la­ri­dad, enton­ces ¿Qué es lo que hace que sal­gan aho­ra, que no sea su pro­pia impo­ten­cia, can­san­cio e inca­pa­ci­dad de domi­nar a los talibanes?

Por otra par­te, aun sien­do posi­ble, no es segu­ro el papel de des­es­ta­bi­li­za­ción que pue­den jugar los tali­ba­nes o has­ta que pun­to lo quie­ren o lo pue­den jugar. Están más por Afga­nis­tán y por estruc­tu­rar el país –a su for­ma y con sus plan­tea­mien­tos reac­cio­na­rios en muchos aspec­tos por supues­to. Como decía­mos no son lo mis­mo que Al Qae­da o el ISIS, ins­tru­men­tos apá­tri­das al ser­vi­cio exclu­si­vo de Esta­dos Uni­dos, allí don­de los nece­si­te, aun­que podrían inten­tar des­es­ta­bi­li­zar en Chi­na y en Asia Cen­tral si se les per­mi­te o aco­ger a Al Qae­da, pero no pare­ce dema­sia­do probable.

Habrá que ver en que que­dan sus afir­ma­cio­nes de que han cam­bia­do, de que per­mi­ti­rán a las niñas ir a la escue­la o a las muje­res ir a tra­ba­jar o el nivel de repre­sión que pue­dan ejer­cer con los no ads­cri­tos o sumi­sos a su ver­sión del Islam, hom­bres o muje­res. Han rea­li­za­do afir­ma­cio­nes con­tem­po­ri­za­do­ras con res­pec­to a Chi­na, Irán o Rusia, y a las posi­bles rela­cio­nes comer­cia­les y eco­nó­mi­cas que se pudie­ran dar. Estos paí­ses des­con­fían, han adop­ta­do ya medi­das mili­ta­res en las fron­te­ras y paí­ses fron­te­ri­zos, y espe­ran a ver cómo se desa­rro­llan los acon­te­ci­mien­tos y en que se plas­ma su polí­ti­ca inte­rior como la exte­rior. Chi­na tie­ne el pro­yec­to de la Ruta de la Seda, un pro­yec­to pro­pi­cia­dor del desa­rro­llo de los pue­blos, en con­di­cio­nes de igual­dad y de bene­fi­cio mutuo, y si entran por él pue­de ser un ele­men­to des­ac­ti­va­dor y neu­tra­li­za­dor de cual­quier atis­bo de agre­si­vi­dad por par­te de los tali­ba­nes y una mane­ra de man­te­ner­los ale­ja­dos de la órbi­ta nor­te­ame­ri­ca­na. Es de lla­mar la aten­ción la ver­sión, una vez más, del mer­ce­na­rio direc­tor fác­ti­co de la polí­ti­ca inter­na­cio­nal de Gara, David Laz­ka­noi­tur­bu­ru, un anti­co­mu­nis­ta y pro­nor­te­ame­ri­cano furi­bun­do, que dice que a Chi­na solo le intere­sa que los tali­ba­nes no influen­cien entre los isla­mis­tas de Xin­kiang, pue­blo al que están supues­ta­men­te «colo­ni­zan­do». Es la enési­ma vez que lo dice, y la reali­dad es que los isla­mis­tas radi­ca­les y terro­ris­tas de Xin­kiang –Tur­kes­tan Orien­tal según la defi­ni­ción tur­có­fi­la – , han par­ti­ci­pa­do por miles en la gue­rra con­tra Siria de la mano del impe­ria­lis­mo y como entre­na­mien­to para el obje­ti­vo fun­da­men­tal de des­es­ta­bi­li­zar Chi­na a par­tir de Xin­kiang, que es lo que quie­re Esta­dos Uni­dos, al igual que lo inten­ta con el Tibet, Hong Kong, Tai­wan y el aco­so en el Mar del Sur de China.

Iña­ki Urrestarazu

8 de sep­tiem­bre de 2021

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