Chi­le. Todo el poder a la Convención

Por Manuel Cabie­ses Dono­so, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 6 de sep­tiem­bre de 2021.

Una vez más la fron­da oli­gár­qui­ca está embo­li­nan­do la perdiz.

Pre­ten­de res­tar pres­ti­gio y auto­ri­dad moral a la Con­ven­ción Cons­ti­tu­cio­nal. Sin embar­go, ella es la últi­ma espe­ran­za de un cam­bio pací­fi­co y demo­crá­ti­co que pon­ga al país en la sen­da de la jus­ti­cia social.

Las ins­ti­tu­cio­nes civi­les, mili­ta­res y reli­gio­sas se hun­den en el pan­tano de la corrup­ción. Los ciu­da­da­nos toman cada vez más dis­tan­cia de ellas. Sin embar­go toda­vía no sur­ge la fuer­za social y polí­ti­ca que orga­ni­ce y orien­te el cam­bio. A eso pue­de ayu­dar el tra­ba­jo de la Con­ven­ción: a crear las con­di­cio­nes para la emer­gen­cia de una fuer­za con­duc­to­ra del nue­vo Chi­le. Sin embar­go el tiem­po apre­mia por­que la oli­gar­quía se está jugan­do para sal­var del nau­fra­gio el sis­te­ma que median­te terro­ris­mo de esta­do edi­fi­có duran­te 17 años de dictadura.

Su tác­ti­ca actual con­sis­te en res­tar legi­ti­mi­dad a la Con­ven­ción que ella mis­ma se vio obli­ga­da a con­vo­car para evi­tar el derrum­be del sis­te­ma. La oli­gar­quía está cons­cien­te que de algún modo la Con­ven­ción final­men­te recu­pe­ra­rá todos los pode­res de una Asam­blea Cons­ti­tu­yen­te. Su lega­do para Chi­le será una demo­cra­cia ver­da­de­ra con ciu­da­da­nos libres para deci­dir su destino.

Para impe­dir­lo la fron­da oli­gár­qui­ca ha reac­ti­va­do su arse­nal ofen­si­vo: los medios de comu­ni­ca­ción, los opi­nó­lo­gos tari­fa­dos, los “pro­ba­dos alqui­mis­tas del dere­cho” (1), los pollue­los de SQM, Pen­ta, Cor­pes­ca, etc.

Su tác­ti­ca con­sis­te en des­pres­ti­giar la Con­ven­ción y poner en pri­mer plano las elec­cio­nes pre­si­den­cial y par­la­men­ta­rias. En ese terreno la oli­gar­quía tie­ne expe­rien­cia e ili­mi­ta­dos recur­sos. Ha cria­do pará­si­tos que bajo diver­sos dis­fra­ces polí­ti­cos inten­tan sal­var el sis­te­ma y sus ins­ti­tu­cio­nes. Ese empe­ño oli­gár­qui­co se orien­ta sobre todo a los jóve­nes. Atraer­los a la coyun­tu­ra polí­ti­co-elec­to­ral es el con­duc­to más segu­ro para some­ter­los, res­tán­do­le fuer­zas al apo­yo de masas que nece­si­ta la Con­ven­ción para cum­plir su cometido.

La juven­tud chi­le­na no ha gene­ra­do toda­vía diri­gen­tes de la talla moral, inte­lec­tual y polí­ti­ca de Miguel Enrí­quez, Raúl Pelle­grin, Elmo Cata­lán, Car­los Lor­ca, Rodri­go Ambro­sio y tan­tos otros que pusie­ron el pecho con­tra la dic­ta­du­ra y los pri­vi­le­gios sin bus­car hono­res ni car­gos burocráticos.

Des­de el tiem­po de la resis­ten­cia con­tra el terro­ris­mo de esta­do las orga­ni­za­cio­nes popu­la­res y demo­crá­ti­cas cla­man por una Asam­blea Cons­ti­tu­yen­te. Exi­gen una nue­va Cons­ti­tu­ción Polí­ti­ca que ins­pi­re las leyes e ins­ti­tu­cio­nes que regi­rán un Chi­le diferente.

La Con­ven­ción ofre­ce una opor­tu­ni­dad de lograr­lo sin dis­pa­rar un tiro. Pero este pro­ce­so está en ries­go. La fron­da oli­gár­qui­ca inten­ta sumir a la Con­ven­ción en el des­pres­ti­gio para ais­lar­la y final­men­te some­ter­la a su arbi­trio en medio de la indi­fe­ren­cia ciudadana.

No somos un pue­blo de vic­to­rias, es cier­to. Veni­mos sufrien­do derro­ta tras derro­ta des­de hace casi dos siglos. Hay que impe­dir que esto vuel­va a ocu­rrir. Las fuer­zas con­ser­va­do­ras des­pe­da­za­ron a sabla­zos al ejér­ci­to libe­ral –el “pro­gre­sis­mo” de la épo­ca- en la bata­lla de Lir­cay en 1830. La gue­rra civil de 1891, finan­cia­da por capi­ta­les bri­tá­ni­cos, des­pe­da­zó con fero­ci­dad bes­tial el empe­ño inde­pen­den­tis­ta del pre­si­den­te Bal­ma­ce­da. El tra­ba­jo de hor­mi­gas de comu­nis­tas y socia­lis­tas hicie­ron posi­ble la frá­gil vic­to­ria del pre­si­den­te Sal­va­dor Allen­de en 1970. Pero la fron­dao­li­gár­qui­ca se había blin­da­do esta vez con el impe­ria­lis­mo nor­te­ame­ri­cano y no vaci­ló en des­atar una masa­cre que espan­tó al mun­do. El pro­ce­so pací­fi­co de cam­bios que apun­ta­ba al socia­lis­mo, fue per­se­gui­do, tor­tu­ra­do y ase­si­na­do duran­te 17 años.

La lucha de los revo­lu­cio­na­rios de hoy es cons­truir una alter­na­ti­va en las con­di­cio­nes ‑y con las carac­te­rís­ti­cas- que hoy tie­ne el desa­fío del cam­bio social y polí­ti­co en Amé­ri­ca Latina.

La posi­bi­li­dad de reini­ciar el tra­ba­jo de cons­truc­ción de una alter­na­ti­va socia­lis­ta para Chi­le, depen­de del éxi­to de la Con­ven­ción Cons­ti­tu­cio­nal. La nue­va Cons­ti­tu­ción Polí­ti­ca, con­fia­mos, con­sa­gra­rá la igual­dad de dere­chos y debe­res de los ciu­da­da­nos. La salud, edu­ca­ción y segu­ri­dad social deja­rán de ser nego­cios pri­va­dos. Hom­bres y muje­res ten­drán igua­les dere­chos. Los pue­blos ori­gi­na­rios alcan­za­rán el reco­no­ci­mien­to y auto­no­mía que les han sido nega­dos. Las fuer­zas arma­das y poli­cia­les serán ser­vi­do­res del pue­blo y no lugar­te­nien­tes de la oli­gar­quía. Los tra­ba­ja­do­res podrán nego­ciar sala­rios dig­nos sin pre­sio­nes ni amenazas.

En ese terreno, pro­duc­to de la nue­va Cons­ti­tu­ción que Chi­le espe­ra de la Con­ven­ción, se darán las con­di­cio­nes para un avan­ce demo­crá­ti­co sostenido.

Para ese pró­xi­mo futu­ro debe­mos pre­pa­rar­nos. Todo el poder a la Con­ven­ción tie­ne que ser mucho más que una con­sig­na. Para hacer­lo reali­dad es nece­sa­ria la movi­li­za­ción orga­ni­za­da del pue­blo has­ta que la Con­ven­ción cum­pla su mandato.

Itu­rria /​Fuen­te

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