Cuba. Fidel 95 años /​Ser Fidel y ser­lo ahora

Por Miguel Cruz Suá­rez, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 12 de agos­to de 2021.

No se podría ser Fidel y seguir de lar­go ante lo mal hecho, o pac­tar con la de­sidia; no se podría ser Fidel y ale­jar­se de las urgen­cias del pue­blo, sin escu­char­lo aten­to, jun­tán­do­se con él en su coti­diano esfuer­zo por salir adelante

Foto: Archi­vo de Granma

Rom­pien­do la solem­ni­dad del momen­to, como una ola que va ganan­do fuer­za, el cla­mor fue en ascen­so y, poco a poco, la Pla­za de la Revo­lu­ción se con­vir­tió en un coro gigan­te con una sola fra­se: Yo soy Fidel.

Era el mar­tes 29 de noviem­bre de 2016 y el pue­blo de La Haba­na, en repre­sen­ta­ción de toda Cuba, se había dado cita allí para ren­dir tri­bu­to al Coman­dan­te invic­to que par­tía a la inmortalidad.

Mien­tras nos unía­mos uno tras otro a la acla­ma­ción colec­ti­va, cre­cía la emo­ción y urgía dejar bien cla­ro que aquel hom­bre que tan­tas veces levan­tó su voz des­de ese mis­mo sitio, no se mar­cha­ría, ni su lega­do se per­de­ría para siem­pre. Fue cer­te­ro y opor­tuno decir allí, y repe­tir lue­go de una pun­ta a la otra de la Isla, que sería­mos como él, que esta­ría­mos en su lugar, pero ¿hemos com­pren­di­do a caba­li­dad lo que eso significa?

Fidel, quien pidió y casi exi­gió que, tras su par­ti­da, no se levan­ta­ran monu­men­tos en su honor, ni se usa­ra su nom­bre con alti­so­nan­cia retó­ri­ca, solo habría acep­ta­do gus­to­so el sen­ti­do de esta con­sig­na si, en su expre­sión prác­ti­ca, quie­nes la repe­ti­mos tam­bién hace­mos lo que a cada uno toca, con la mis­ma fuer­za, con­fian­za en la vic­to­ria y sen­ti­do del deber que él ponía en cada empeño.

No se podría ser Fidel y seguir de lar­go ante lo mal hecho, o pac­tar con la de­sidia; no se podría ser Fidel y ale­jar­se de las urgen­cias del pue­blo, sin escu­char­lo aten­to, jun­tán­do­se con él en su coti­diano esfuer­zo por salir ade­lan­te; no se podría ser Fidel si a la hora del deber nos vamos has­ta el lado don­de se vive mejor y, des­de el con­fort indi­vi­dual, mira­mos las urgen­cias colec­ti­vas, como per­fec­tos egoís­tas en tiem­pos en los cua­les solo la soli­da­ri­dad salva.

Tam­po­co podría­mos ser Fidel si rom­pe­mos la uni­dad, que es y será nues­tro prin­ci­pal antí­do­to con­tra el inten­to per­ma­nen­te de aplas­tar­nos, o si debi­li­ta­mos nues­tras defen­sas con­tra enemi­gos que irán cam­bian­do sus ros­tros o sus méto­dos, pero nun­ca sus inten­cio­nes ane­xio­nis­tas o neocoloniales.

Para ser Fidel, en el tér­mino que sig­ni­fi­ca la vigo­ro­sa con­sig­na, se nece­si­ta com­pren­der que, aquí y aho­ra, hacen mucha fal­ta ese inge­nio y esa estra­te­gia que lo lle­vó a triun­far sobre adver­si­da­des y limi­ta­cio­nes de todo tipo. Hoy es la COVID-19, como des­pués pue­de ser un ciclón, el ago­bio de la sequía e, inclu­so, nue­vas y más crue­les medi­das de blo­queo, jun­to a inten­cio­nes agre­si­vas de todo tipo. En todos los casos, si man­te­ne­mos la con­vic­ción de actuar como él, resul­ta­rá impo­si­ble la derrota.

Ejem­plos tene­mos muchos de que es posi­ble ser fie­les a ese jura­men­to sim­bó­li­co que entra­ña haber dicho y seguir dicien­do que somos Fidel. Bas­te mirar la entre­ga sin lími­tes de la direc­ción del país, con el Pre­si­den­te al fren­te, ante cada pro­ble­ma; el des­ve­lo de cien­tí­fi­cos; la tena­ci­dad y el huma­nis­mo de los médi­cos que no se rin­den; los éxi­tos del depor­te que nos lle­nan de orgu­llo; los que pro­du­cen y siem­bran, y los miles de jóve­nes que están don­de más se les necesita.

Tene­mos que repe­tir esta con­sig­na, y sobre todo hacer­la reali­dad, como el tri­bu­to mejor a quien nos demos­tró que la ren­di­ción es la úni­ca opción que jamás debe­mos considerar.

Itu­rria /​Fuen­te

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