Nación Mapu­che. Mater­ni­dad mapu­che en tiem­pos de Benetton

Moi­ra Millán /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 8 de agos­to de 2021

Duran­te más de 400 años, mi pue­blo, jun­to con los otros pue­blos indí­ge­nas de Argen­ti­na, han esta­do invo­lu­cra­dos en una pode­ro­sa lucha por la auto­de­ter­mi­na­ción. Inclu­so hoy en día, per­sis­te en la memo­ria de nues­tra ül, can­cio­nes y nüxam, his­to­rias, del cora­je de nues­tros ante­pa­sa­dos que derro­ta­ron al impe­rio más gran­de de la épo­ca. Tras su derro­ta, la coro­na espa­ño­la fir­mó un tra­ta­do con los mapu­che en el pri­mer par­la­men­to de Qui­llín, reco­no­cien­do la sobe­ra­nía de la nación mapuche.

Nues­tra Wall­jam­pu, terri­to­rio mapu­che, com­pren­de des­de el océano pací­fi­co al océano atlán­ti­co, en lo que hoy es la Repu­bli­ca de Chi­le, cuyo nom­bre en mapu­du­gun (idio­ma mapu­che) sería: Ngu­lu­ma­pu (Tie­rras del Orien­te). Mien­tras que en la actual Argen­ti­na, Puel­ma­pu (Tie­rras del Ponien­te). Nues­tro terri­to­rio com­pren­de casi la mitad de lo que hoy es Argen­ti­na: des­de el sur de la pro­vin­cia de Men­do­za en el oes­te, has­ta el cen­tro sur de la pro­vin­cia de Bue­nos Aires en el este, has­ta la pro­vin­cia de San­ta Cruz en el sur. Se esti­ma que tene­mos una pre­sen­cia aquí de apro­xi­ma­da­men­te 12,000 años, en base a hallaz­gos arqueo­ló­gi­cos y estu­dios sobre la estruc­tu­ra lingüística.

Mi pue­blo se man­tu­vo inde­pen­dien­te en toda la Wallj­ma­pu has­ta que los Esta­dos chi­leno y argen­tino ini­cia­ron las cam­pa­ñas «Paci­fi­ca­ción de la Arau­ca­nía» (1861−1883) y «Con­quis­ta del Desier­to» (1878−1885) respectivamente.

Fue el pri­mer gran inten­to de exter­mi­nio; Los mapu­che sufrie­ron una tre­men­da pér­di­da de tie­rra y vidas en ambos fren­tes; pero la car­ga de colo­ni­za­ción ape­nas había comenzado.

Tras nues­tra derro­ta, el esta­do argen­tino tomó como pri­sio­ne­ros a miles de fami­lias mapu­che, y las subas­tó en la pla­za públi­ca, dis­gre­gán­do­las para siem­pre. En su libro «La His­to­ria de la Cruel­dad Argen­ti­na», el his­to­ria­dor argen­tino Osval­do Bayer rela­ta cómo el esta­do subas­tó públi­ca­men­te a miles de fami­lias mapu­che que fue­ron encar­ce­la­das duran­te la ocu­pa­ción de Puel­ma­pu. Al menos un anun­cio ofi­cial fue publi­ca­do en el dia­rio El Nacio­nal. Decía: «… Hoy entre­gan indios a toda fami­lia de bien que lo requie­ra, se le entre­ga­rá un indio varón como peón, una chi­na como sir­vien­ta, y un chi­ni­to como mandadero.»

Argen­ti­na tam­bién admi­nis­tró inter­na­dos como par­te de un plan de asi­mi­la­ción que fue escri­to en la Cons­ti­tu­ción de 1853 de Argen­ti­na. Al igual que las escue­las resi­den­cia­les en Cana­dá y los Esta­dos Uni­dos, los inter­na­dos de Argen­ti­na se dise­ña­ron como un arma de eli­mi­na­ción cul­tu­ral y dis­gre­ga­ción fami­liar. A los niños mapu­che se les prohi­bió hablar su idio­ma, mapu­dun­gun; se vie­ron obli­ga­dos a asu­mir una nue­va iden­ti­dad impues­ta, la argen­ti­na; y fue­ron some­ti­dos a nume­ro­sos abu­sos y vio­la­cio­nes. Esto moti­vó que, duran­te la déca­da de 1960, las comu­ni­da­des mapu­ches recla­ma­ran la ins­ta­la­ción de escue­las den­tro de sus terri­to­rios, a fin de no enviar sus hijos a los internados.

No fue has­ta 1994 cuan­do Argen­ti­na reem­pla­zó su direc­ti­va de asi­mi­la­ción indí­ge­na con una ley que reco­no­cía «la pre­exis­ten­cia étni­ca y cul­tu­ral de los pue­blos indí­ge­nas», así como la «pose­sión y pro­pie­dad comu­ni­ta­ria de las tie­rras que tra­di­cio­nal­men­te ocupan».

La refor­ma cons­ti­tu­cio­nal fue un paso en la direc­ción correc­ta, sin embar­go, el esta­do argen­tino tie­ne un lar­go camino por reco­rrer para sepa­rar­se de su cruel legado.

MUJERES MAPUCHE QUE TEJEN REBELDÍA

En un momen­to en el que se va ges­tan­do un gran movi­mien­to de lucha de las muje­res sur­gien­do con fuer­za en Argen­ti­na, espe­ro poder acer­car­los a esta com­ple­ja situa­ción polí­ti­ca vis­ta des­de la per­cep­ción de las muje­res madres, víc­ti­mas de múl­ti­ples plie­gues opresivos.

Millo­nes de com­pa­ñe­ras femi­nis­tas recla­man sus dere­chos como muje­res en la lucha para­le­la a la de una nación por su auto­de­ter­mi­na­ción. Pero debo pre­gun­tar sobre el papel de las muje­res mapu­che en este pro­ce­so. ¿Hay soro­ri­dad hacia las muje­res mapu­ches? Nues­tro dere­cho a la mater­ni­dad según nues­tra pro­pia cos­mo­vi­sión está sien­do aplas­ta­do en nues­tro pro­pio territorio.

La múl­ti­ple opre­sión a las que esta­mos some­ti­das las muje­res Indí­ge­nas, empie­za a ser voci­fe­ra­da, decla­ma­da y escu­cha­da por peque­ños reduc­tos con­tra hege­mó­ni­cos de la socie­dad; sin embar­go, el mun­do aún sabe poco o nada acer­ca de nosotros.

Es por ello que, en tiem­pos de tan­ta per­se­cu­ción y muer­te, es nece­sa­rio con­tar, expli­car y des­as­nar. Les invi­to a entrar a las humil­des rukas, casas, de las muje­res que tejen rebel­día en este peda­ci­to geo­grá­fi­co al sur del mundo.

TRES GENERACIONES, UNA MISMA ESPERA

En este con­tex­to , fui a visi­tar a Segun­da Huen­chuano, una pillan­kushe, o auto­ri­dad espi­ri­tual del Lof Mapu­che Vuel­ta del Río, que lin­da con la estan­cia de Benet­ton, en el depar­ta­men­to de Cusha­men, pro­vin­cia de Chu­but. El Lof, o comu­ni­dad, está atra­ve­sa­do por el río Chu­but, en un pai­sa­je semi­ári­do. La estan­cia de la Com­pa­ñía Ben­net­ton se extien­de por miles kiló­me­tros, cada día arrin­co­nán­do­los más, son veci­nos del mag­na­te y pade­cen en la piel y el alma, el des­po­jo no solo de sus tie­rras sino de todos sus dere­chos, has­ta el de edu­car a sus hijos en libertad.

Segun­da Huen­chu­nao, de unos 70 años, sale a reci­bir­me de la mano de su nie­ta, con amplia son­ri­sa me invi­ta a pasar a su casa de barro y pie­dra, amplia y mini­ma­lis­ta, casi sin mue­bles. Nos pre­pa­ra unos mates, mien­tras avi­va el fue­go de la coci­na con leña seca, y extrae del baúl de sus recuer­dos lo siguiente.

En la déca­da de 1960, Vuel­ta del Río y otras comu­ni­da­des mapu­ches deci­die­ron que ya no que­rían enviar a sus hijos a inter­na­dos finan­cia­dos por el gobierno.

«Yo me acuer­do que la escue­la se está pidien­do des­de el año ’62 o ’63, en esos años habían como 30 chi­cos, aga­rra­ron los abue­los de esos chi­cos, se jun­ta­ron, con­ver­sa­ron, ¿cómo iban a hacer una escue­la para que apren­dan esos chicos?»

Segun­da hace una pau­sa y sor­be con fuer­za la bom­bi­lla del mate, con­ti­nua: «- y dije­ron: vamos a cor­tar ado­be, hicie­ron una mez­cla de pas­to y barro y cor­ta­ron más de 3,000 ado­bes. Con esos ado­bes levan­ta­ron la casa en la cos­ta del río. Como en ese tiem­po todos tenían ani­ma­les, ven­die­ron ani­ma­les, tam­bién true­que, cam­bia­ron por cha­pas y pos­tes, tra­je­ron la made­ra para el techo. Una vez hecho el edi­fi­cio, soli­ci­ta­ron un maes­tro al gobierno, pero nun­ca llegó.»

La espe­ra duró has­ta ver como el tiem­po derruía las pare­des has­ta su total des­truc­ción. Vol­vie­ron enton­ces a inter­nar a sus hijos.

Las pare­jas jóve­nes que no que­rían enviar a sus hijos a los inter­na­dos esta­ban obli­ga­das a mudar­se a las ciu­da­des más cer­ca­nas para ase­gu­rar la esco­la­ri­za­ción de sus hijos. Final­men­te, las madres deci­die­ron con­vo­car la asam­blea del Lof y plan­tea­ron la pro­pues­ta de inten­tar una vez más esta­ble­cer una escue­la en el Lof.

La ini­cia­ti­va fue apro­ba­da, recau­da­ron el dine­ro para los mate­ria­les y en 2016 cons­tru­ye­ron un her­mo­so edi­fi­cio esco­lar, obte­nien­do el apo­yo de pro­fe­sio­na­les edu­ca­ti­vos mapu­che, que pre­pa­ra­ron una pro­pues­ta de edu­ca­ción cul­tu­ral bilingüe.

Pre­sen­ta­ron el pro­yec­to al esta­do pro­vin­cial. Para ser escu­cha­dos, tuvie­ron que ocu­par las ins­ta­la­cio­nes del minis­te­rio de edu­ca­ción de la pro­vin­cia. A pesar de toda esa lucha, no halla­ron res­pues­ta; por el con­tra­rio, el esta­do argen­tino finan­ció la cons­truc­ción y puso en mar­cha una escue­la pri­ma­ria, den­tro de la estan­cia de Benet­ton, asu­mien­do el gobierno todos los gas­tos, bene­fi­cian­do al empre­sa­rio, que aho­ra ha resuel­to sin cos­to alguno, la asis­ten­cia de los hijos de sus peo­nes a la escue­la, y uti­li­zan­do esta situa­ción como herra­mien­ta pro­pa­gan­dís­ti­ca a favor del empresario.

«Des­de niños se pre­ten­de adoc­tri­nar a nues­tros hijos, cul­ti­van­do un sen­ti­mien­to de gra­ti­tud y amor hacia el patrón,» dijo Segunda.

Ines Hui­li­nao, la hija menor de Segun­da, se suma a la con­ver­sa­ción. Ha teni­do que pasar por el dolo­ro­so des­arrai­go para ir a la escue­la en un inter­na­do. Aho­ra es madre de una niña de cin­co años y me cuen­ta que para enviar a su hiji­ta a la escue­la, tuvo que dejar su casa y mudar­se has­ta la sala de pri­me­ros auxi­lios, que se encuen­tra ubi­ca­da sobre la ruta de ingre­so a la comu­ni­dad, y es el úni­co lugar al que pue­de acce­der la Tra­fic, un peque­ño auto­bús esco­lar que vie­ne a reco­ger a todos los niños que van a la escuela.

Cuan­do le pre­gun­té a Inés Hui­li­nao, ¿por qué el gobierno no habi­li­ta la escue­la cons­trui­da por la comu­ni­dad?, me res­pon­dió, «Para mí es que ellos quie­ren que no exis­ta­mos más den­tro del lugar, del terri­to­rio, por­que como esta­mos rodea­dos de alam­bre de estos seño­res Benet­ton, enton­ces ellos creen que esta­mos moles­tan­do y nos tie­nen que sacar de aquí de algu­na manera».

Para Inés Hui­li­nao, no solo es una inco­mo­di­dad mudar­se de lunes a vier­nes a la sala de pri­me­ros auxi­lios a fin de enviar a su niña a la escue­la, se suma a ello que duran­te una hora su hija y otros niños se expo­nen al peli­gro, ya que la gen­dar­me­ría y la poli­cía pro­vin­cial, han mili­ta­ri­za­do el lugar, come­tien­do abu­sos y exce­sos con­tra los miem­bros de las comu­ni­dad con total impunidad.

El ries­go de que la vio­len­cia ins­ti­tu­cio­nal se des­plie­gue con­tra los niños está laten­te. Varios padres han pre­fe­ri­do no esco­la­ri­zar a sus hijos, ya que no están dis­pues­tos a dejar la comu­ni­dad, ni a expo­ner­los a ries­gos o tras­tor­nos innecesarios.

Inés cuen­ta lo que suce­dió el 17 de sep­tiem­bre del año 2017, cuan­do el juez Gui­do Otran­to orde­nó el alla­na­mien­to de varias casas de la comu­ni­dad, un apa­ren­te inten­to por loca­li­zar al joven arte­sano San­tia­go Mal­do­na­do, que se encon­tra­ba des­apa­re­ci­do, tras haber sido repri­mi­do por gen­dar­me­ría en una pro­tes­ta mapu­che, en la ruta a ori­llas del terri­to­rio del Lof Resis­ten­cia Cushamen.

«Recuer­do que ese momen­to era la madru­ga­da, de pri­ma­ve­ra,» dijo Inés. «Está­ba­mos todos acos­ta­dos, toda­vía no acla­ra­ba. Empe­zá­ba­mos a ver que sobre­vo­la­ban avio­nes, heli­cóp­te­ros, luces y rui­do más que nada. Nos que­da­mos las tres en la cama. Yo le dije a mi nena que no se levan­te, que no pasa­ba nada, pero ella se daba cuen­ta de que algo pasa­ba por­que las luces se veían y nos iluminaban».

Los heli­cóp­te­ros ate­rri­za­ron y des­cen­die­ron de él dece­nas de gen­dar­mes, que, patean­do las pre­ca­rias puer­tas de las casas, entra­ban y saca­ban a sus ocu­pan­tes a ras­tras, sin per­mi­tir­les ves­tir­se o abri­gar­se, tenien­do en cuen­ta que las tem­pe­ra­tu­ras aquí son de bajo cero.

En esos días de vio­len­cia des­ple­ga­da con­tra la comu­ni­dad, una fami­lia veci­na de Inés fue víc­ti­ma de la que­ma de su vivien­da. Hay tes­ti­gos que ase­gu­ran que la incen­dió gendarmería.

La veci­na se lla­ma Veró­ni­ca Fer­min; su mari­do, Mar­ce­lo Call­fu­pan, es el wer­kén o voce­ro de la comu­ni­dad. Tie­nen tres niños de 8, 10 y 12 años, los cua­les no se halla­ban den­tro de la vivien­da por encon­trar­se toda la fami­lia retor­nan­do de la ciu­dad de Esquel, de una pro­tes­ta. Podrían haber muer­to inci­ne­ra­dos, ya que la vivien­da fue incen­dia­da a últi­mas horas de la tar­de. Tras este epi­so­dio, la fami­lia se ha muda­do al pue­blo de El Maitén.

ESTADOS FEUDALES POST MODERNOS

Benet­ton es el mayor pro­pie­ta­rio de tie­rras de Argen­ti­na, con casi 900.000 hec­tá­reas, y ha pasa­do déca­das opo­nién­do­se a los dere­chos de los mapu­che a sus tie­rras ancestrales.

En las últi­mas déca­das, ade­más de la com­pa­ñía Benet­ton, la Pata­go­nia tam­bién ha sido pobla­da por otros veci­nos mul­ti­mi­llo­na­rios, entre ellos Joe Lewis, con más de 11,000 hec­tá­reas; el emir de Qatar, Sheikh Tamim Bin Hamad Al Tha­ni, con 28.000 hec­tá­reas; y Ted Tur­ner con 36,942 hec­tá­reas. Este gru­po de éli­tes ricas ha crea­do aquí una espe­cie de esta­do feu­dal pos­mo­derno, don­de su poder deci­de la super­vi­ven­cia mapuche.

Benet­ton, sin embar­go, está en una cla­se pro­pia. La com­pa­ñía no sólo inci­de sobre la admi­nis­tra­ción de jus­ti­cia, como dejó en evi­den­cia el caso de San­tia­go Mal­do­na­do. Tam­bién como nos rela­ta Segun­da Huen­chu­nao y su hija Ines Hui­li­nao, impo­ne la polí­ti­ca de edu­ca­ción que quie­re. Han influen­cia­do para que fren­te a la estan­cia se cons­tru­ya una comi­sa­ría, con una estruc­tu­ra sofis­ti­ca­da en comu­ni­ca­ción y segu­ri­dad. El esta­do argen­tino pone sus fuer­zas al ser­vi­cio de la vigi­lan­cia pri­va­da del empre­sa­rio. Tam­bién la muni­ci­pa­li­dad de El Mai­tén, un pue­blo cer­ca­do por los alam­bres de Benet­ton, res­guar­da los intere­ses de la compañía.

El poder de la empre­sa se hace sen­tir en todos los esta­men­tos. A pesar de ello el Lof Mapu­che Vuel­ta del Río resis­te, sobre todo las muje­res, que no se dejan doble­gar. A 35 kms de allí, se encuen­tra el Lof Mapu­che Cañio. Si bien la Comu­ni­dad Cañio no es veci­na de Benet­ton, ha sufri­do per­se­cu­ción y dis­cri­mi­na­ción por par­te de los sec­to­res de poder que apo­yan al empre­sa­rio. Ya que esta comu­ni­dad se ha man­te­ni­do movi­li­za­da y en soli­da­ri­dad con los miem­bros de las comu­ni­da­des afec­ta­das por la polí­ti­ca per­se­cu­to­ria del esta­do argen­tino, que cui­da la «pro­pie­dad de Benetton».

A medi­da que me acer­co al Lof Cañio la este­pa se difu­mi­na, el ocre y ama­ri­llo des­apa­re­ce, encon­trán­do­me envuel­ta de un ver­de folla­je fron­do­so. Lle­gué casi en el oca­so, a la casa de la fami­lia Cañio, des­de lo alto del cerro veía como las últi­mas ful­gu­ra­cio­nes del día pin­ce­la­ban de naran­jas y roji­zos el cie­lo. Allí me reci­bie­ron con cari­ño, y alre­de­dor de la mesa, las muje­res de la fami­lia con­ta­ron sus verdades.

Esta fami­lia sufre la per­se­cu­ción del gobierno muni­ci­pal de El Mai­tén, que inten­ta ins­ta­lar en sus tie­rras un cen­tro de esquí. Eso sig­ni­fi­ca­ría afei­tar las mon­ta­ñas, dañan­do el bos­que como así tam­bién los espa­cios espi­ri­tua­les sagra­dos de la comunidad.

Los eco­sis­te­mas en la cor­di­lle­ra de los Andes resul­tan frá­gi­les ante la avan­za­da voraz del capi­ta­lis­mo. Pero ellos se han man­te­ni­do fuer­tes y fir­mes en la defen­sa de la Mapu, Tierra.

Esto por supues­to no es del agra­do ni de gober­nan­tes ni empre­sa­rios. A raíz de los suce­sos acon­te­ci­dos en las tie­rras en con­flic­to con la Com­pa­ñía Benet­ton, el inten­den­te como así tam­bién los empre­sa­rios apro­ve­chan el con­flic­to para acu­sar a Javier Cañio, joven miem­bro de la comu­ni­dad, como pre­sun­to agre­sor y secues­tra­dor de un emplea­do de Benet­ton. Gladys Milla­ne, su madre, con sus ojos hume­de­ci­dos y bri­llo­sos por las lágri­mas que le bro­tan sin poder­las suje­tar, rela­ta lo acon­te­ci­do el día en que la poli­cía lle­gó has­ta su casa en bus­ca de Javier.

«Está­ba­mos solas Marilyn mi hija y mi nie­to. Lle­ga­ron dicien­do que tenían que lle­var­se a Javier al hos­pi­tal para hacer­le una mues­tra de san­gre. En esos días el peón de Benet­ton, que había sufri­do secues­tro, alcan­zó a cor­tar con su cuchi­llo a uno de los secues­tra­do­res, y que­rían ver si mi hijo tenía algún cor­te en el cuer­po para cul­par­lo. Yo tenía mie­do que se lo lle­va­ran y lo las­ti­ma­ran o lo des­apa­re­cie­ran. Siem­pre estoy angus­tia­da, si alguno de mis hijos se retra­sa en vol­ver, ya ando preo­cu­pa­da pen­san­do que algo malo le pasó, ya no ten­go paz, ten­go mie­do por mis hijos.»

Marilyn, su hija menor, inter­vie­ne en la con­ver­sa­ción para agre­gar: «Yo me pre­gun­to si jus­to en esos días mi her­mano se hubie­ra las­ti­ma­do o cor­ta­do, tra­ba­jan­do en el cam­po, ¿lo iban a cul­par de un deli­to que no come­tió?! Por­que en el cam­po siem­pre estás expues­to a las­ti­mar­te, por suer­te él esta­ba bien sin cica­tri­ces ni heridas.»

Móni­ca Cañio, su her­ma­na mayor, denun­cia que ha lle­va­do a su hijo de 3 años al médi­co en el hos­pi­tal de El Mai­tén, y al dar su ape­lli­do, se han nega­do a aten­der­le. Ella está muy preo­cu­pa­da por la crian­za de su hijo. Es muy impor­tan­te para ella que crez­ca en su terri­to­rio for­ta­le­ci­do en su iden­ti­dad, pero teme por la segu­ri­dad y la vida del niño y del res­to de la fami­lia, ya que los ase­si­na­tos del gobierno con­tra el pue­blo mapu­che han que­da­do impunes.

LA NIÑEZ DEVALUADA

El 23 de noviem­bre del 2017, fren­te al Lago Mas­car­di, el Lof Laf­ken Win­kul Mapu sufrió una cruen­ta repre­sión por miem­bros de la poli­cía fede­ral que se lle­va­ron dete­ni­das a varias muje­res mapu­ches jun­to a sus hijos.

Esta comu­ni­dad mapu­che con­for­ma­da por unas cua­tro fami­lias, se asen­ta­ron en un pre­dio terri­to­rial que se encuen­tra bajo el domi­nio del esta­do argen­tino, a tra­vés de Par­ques Nacio­na­les. Los fun­cio­na­rios denun­cian a los miem­bros de la comu­ni­dad como usur­pa­do­res, ini­cian­do de este modo una cau­sa judi­cial que aún con­ti­núa en pro­ce­so, y que ha teni­do dos inten­tos de des­alo­jar­los por la fuer­za por orden judi­cial. Los exce­sos y abu­sos aso­cia­dos al caso han alcan­za­do un nivel de vio­len­cia inusi­ta­da, que gene­ró entre varios crí­me­nes el ase­si­na­to de Rafael Nahuel, joven mapu­che de 22 años.

Mariel Ble­ger, antro­pó­lo­ga y maes­tra de nivel pri­ma­rio, quien lle­gó ese día al lugar a expre­sar soli­da­ri­dad, me tes­ti­mo­nia, aún con ojos hume­de­ci­dos por las lágri­mas, lo que suce­dió. Mariel es madre de un niño de 5 años y esta­ba emba­ra­za­da de su segun­do hijo. Ella des­de hace tiem­po acom­pa­ña las jóve­nes madres mapu­che que han sido par­te de la deci­sión de retor­nar al terri­to­rio, recu­pe­ran­do esta par­ce­la de tie­rra que está bajo el domi­nio de Par­ques Nacio­na­les Argentinos.

Mariel se diri­gió hacia la zona de la comu­ni­dad y allí des­pués de unos cin­co kiló­me­tros en la ruta, se encon­tró con un des­plie­gue poli­cial muy gran­de. Había por lo menos ocho camio­ne­tas y más de seis autos poli­cia­les en la entra­da del terri­to­rio, don­de para ese momen­to vivían unas cin­co muje­res y dos hom­bres con algu­nos niños y niñas.

«Rápi­da­men­te reco­no­cí sobre la ruta jugue­tes y ropa de los niños y niñas con las que tra­ba­jé en la escue­la duran­te varios años,» dijo Mariel. «Había dos cajo­nes de fru­tas y ver­du­ras piso­tea­dos y des­pa­rra­ma­dos a la veda del camino.

«Pre­gun­té inme­dia­ta­men­te por los niños y niñas. Nin­guno de los ofi­cia­les que allí se encon­tra­ban qui­so dar­me infor­ma­ción sobre el para­de­ro de los mis­mos, ni de sus madres. Una de las camio­ne­tas que más ale­ja­das se encon­tra­ba en la ruta encen­dió sus sire­nas y reco­rrió la dis­tan­cia que reco­rría el cor­dón poli­cial. Pude divi­sar que allí aden­tro había alguno de los niños que esta­ba buscando.»

Mariel me cuen­ta que, sin per­ca­tar­se del peli­gro, indig­na­da y angus­tia­da por el des­tino de los niños, subió a su auto y siguió a la camio­ne­ta poli­cial, advir­tien­do des­de su telé­fono celu­lar a dis­tin­tos orga­nis­mos de dere­chos huma­nos y gre­mia­les de la situa­ción. Los niños fue­ron dete­ni­dos y tras­la­da­dos a la poli­cía fede­ral, ubi­ca­da en las calles Tis­cor­nia y Mora­les de la ciu­dad de San Car­los de Bariloche.

Mariel con­ti­núa su rela­to, recor­dan­do uno a uno los deta­lles de aque­lla dolo­ro­sa jor­na­da: «Pedí ingre­sar para ver el esta­do de los meno­res como maes­tra de los niños y niñas. Me lo per­mi­tie­ron, me encon­tré con cin­co muje­res dete­ni­das y cin­co meno­res. Los peque­ños esta­ban aún en esta­do de shock por la terri­ble situa­ción que habían teni­do que vivir jun­to a sus madres. Algu­nos en edad lac­tan­te, otros deam­bu­lan­do por esa sala y varias de las muje­res con lace­ra­cio­nes pro­du­ci­das por los gol­pes de la poli­cía. Les pre­gun­té si les habían dado agua o ali­men­tos. Nada de esto había ocu­rri­do. Esta­ban hacía más de seis horas demo­ra­dos, sin poder comu­ni­car­se con nin­gún abo­ga­do, sin dejar que los niños vayan al baño o coman algo.»

Mariel pidió per­mi­so para salir a com­prar comi­da y agua. Tar­da­ron más de dos horas en dar­les las cosas que se habían con­se­gui­do para ellos.

Recién a las 11 de la noche de ese día deja­ron salir a los meno­res y a sus mamás. En nin­gún momen­to los niños reci­bie­ron aten­ción espe­cial por ser meno­res, de hecho, per­ma­nen­te­men­te estu­vie­ron sien­do hos­ti­ga­dos y limi­ta­dos en la movi­li­dad den­tro del recinto.

Pese a las múl­ti­ples denun­cias que, des­de los orga­nis­mos de dere­chos huma­nos, las escue­las y el gre­mio docen­te de la ciu­dad de San Car­los de Bari­lo­che que se ele­va­ron para pedir expli­ca­cio­nes sobre tre­men­do acto de ile­ga­li­dad y que­bra­mien­to de los dere­chos de los niños, niñas y ado­les­cen­tes no se ha obte­ni­do respuesta.

A dos días de este suce­so las fuer­zas de segu­ri­dad vol­vie­ron a ingre­sar al terri­to­rio recu­pe­ra­do de mane­ra sal­va­je come­tien­do el ase­si­na­to del joven Rafael Nahuel, quién duran­te la jor­na­da del 23 se encon­tra­ba como muchos de noso­tros espe­ran­do la libe­ra­ción de las muje­res y niños dete­ni­dos ilegalmente.

La lis­ta de tra­ge­dias y abu­sos pare­ce con­ti­nuar sin fin. Poco des­pués de la san­grien­ta repre­sión des­ple­ga­da sobre el Lof Mapu­che Win­kul Laf­ken Mapu, las auto­ri­da­des detu­vie­ron y pre­cin­ta­ron los niños, Awkan Colhuan de un año de edad, Kal­fu Ray Colh­wan Rosas de dos años, Cal­fu­li­kan Col­wan Jara­mi­llo, de 3 años, y Daia­na Anti­mi­lla de 10 años. Todos los niños fue­ron ence­rra­dos en una cel­da y pre­cin­ta­dos duran­te al menos 6 horas.

El jue­ves 23 de Noviem­bre del 2017, la Aso­cia­ción Gre­mial de Abo­ga­dos y Abo­ga­das de la Repú­bli­ca Argen­ti­na reali­zó una pre­sen­ta­ción ante la pro­cu­ra­do­ra de la pro­vin­cia de Río Negro en res­pues­ta a este inci­den­te que, como tan­tos otros, bus­có que­bran­tar la volun­tad de un pue­blo en bus­ca de su liber­tad, pero que solo expo­nía la fero­ci­dad y el racis­mo des­al­ma­do del poder bus­ca que­bran­tar la volun­tad de un pue­blo en bus­ca de su liber­tad, sino ins­tru­men­ta­li­zar accio­nes humi­llan­tes, que expo­nen la fero­ci­dad y el racis­mo des­al­ma­do del poder.

Des­afor­tu­na­da­men­te, las movi­li­za­cio­nes masi­vas que se des­ata­ron para apo­yar al joven argen­tino San­tia­go Mal­do­na­do, no se repi­tie­ron para el joven Rafael Nahuel, ni para nin­gu­na de las muje­res y jóve­nes mapu­che que se han vis­to obli­ga­das a sopor­tar tan­tos abu­sos por par­te del gobierno y sus compinches.

Pero no todo está per­di­do. En el sur del mun­do las muje­res mapu­che, esta­mos des­cu­brién­do­nos como seres enrai­za­das a nues­tra Ñuke Mapu (Madre Tie­rra), y nutri­das por ella de poder. La des­co­lo­ni­za­ción nos encuen­tra desalam­bran­do, no sólo el terri­to­rio usur­pa­do, sino tam­bién nues­tras men­tes, nues­tras con­cien­cias, en par­ti­cu­lar la con­cien­cia de mater­ni­dad mapu­che. Hemos dimen­sio­na­do la efi­ca­cia de la medi­ci­na ances­tral, pre­fi­gu­ra­mos una edu­ca­ción iden­ti­ta­ria, y una ali­men­ta­ción natu­ral y soberana.

Es solo una cues­tión de tiem­po antes de que el esta­do reco­noz­ca que ampli­fi­can­do dere­chos se ampli­fi­can mundos.

Has­ta que lle­gue ese día, resistiremos.

FUENTE: El Extre­mo Sur

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