Perú. La ame­na­za y peli­gro de los “gol­pis­tas”

Rude­cin­do Vega Carrea­zo /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 21 de julio de 2021

Nada más dañino para la demo­cra­cia que los gol­pis­tas; aque­llos que siem­pre al ace­cho lla­man a rom­per­la o vio­len­tar­la en supues­ta defen­sa de la mis­ma demo­cra­cia. Ella es desea­ble si les favo­re­ce no cuan­do pier­den.

Tie­nen miles de razo­nes para debi­li­tar­la, des­acre­di­tar­la, pre­sen­tar­la como dese­cha­ble, caren­te de gober­na­bi­li­dad y aje­na a la cul­tu­ra nacio­nal y, repi­ten, que solo pue­de ser res­ca­ta­da y defen­di­da por ellos aun vio­lan­do los pro­pios pre­cep­tos demo­crá­ti­cos. La demo­cra­cia a su cri­te­rio solo pue­de exis­tir gra­cias a su auto­ri­dad, a su MANO DURA, a su auto­ri­ta­ris­mo, a su dic­ta­du­ra. Nada fun­cio­na bien si no es con ellos, nada sir­ve si no es con ellos, nada tie­ne sen­ti­do si no es con ellos. El des­pre­cio por la demo­cra­cia, su voca­ción auto­ri­ta­ria y el gol­pis­mo es lo que tie­ne en su entra­ña el fuji­mo­ris­mo. Las elec­cio­nes son un medio para lle­gar y man­te­ner­se en el gobierno y el gol­pe de esta­do tam­bién. Mue­ren por ser gobierno no como lle­gan y se man­tie­nen. La demo­cra­cia o la dic­ta­du­ra les dan igual. Son un peli­gro paten­te y laten­te, para el Esta­do de Dere­cho, para el Perú.

El outsi­der Fuji­mo­ri que gano a Var­gas Llo­sa se cons­tru­yó sobre una men­ti­ra y se con­so­li­do con un gol­pe de esta­do. En la segun­da vuel­ta de 1990 ofre­ció todo lo con­tra­rio a su rival y lle­ga­do al gobierno impu­so todo lo de su rival, recuer­den el “yuca para todos” dicho con sor­na en ejer­ci­cio de “su vive­za”. Cuan­do la demo­cra­cia le inco­mo­dó dio el auto­gol­pe de esta­do el 5 de abril de 1992: disol­vió el Con­gre­so; inter­vino el Poder Judi­cial, el Minis­te­rio Publi­co, el Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal y el Con­se­jo Nacio­nal de la Magis­tra­tu­ra y; des­tro­zó la inci­pien­te regio­na­li­za­ción desin­te­gran­do los Gobier­nos Regio­na­les. A todos los puso bajo su auto­ri­dad. Por pre­sión inter­na­cio­nal y nacio­nal con­vo­co un Con­gre­so Cons­ti­tu­yen­te Demo­crá­ti­co para legis­lar y ela­bo­rar (para ellos si era váli­do) la Cons­ti­tu­ción Polí­ti­ca actual. En 1995 con orga­nis­mos elec­to­ra­les copa­dos y enjui­cian­do (que raro) al Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal vio­ló su pro­pia cons­ti­tu­ción que prohi­bía la reelec­ción pre­si­den­cial, pos­tu­ló y ganó; el 2000 vol­vió a vio­lar su cons­ti­tu­ción con una segun­da reelec­ción, pos­tu­ló y, en la segun­da vuel­ta al que­dar como úni­co can­di­da­to ganó, lue­go fugó y renun­ció a la Pre­si­den­cia, por fax, des­de el Japón. 

Para el fuji­mo­ris­mo la lega­li­dad, la Cons­ti­tu­ción, la demo­cra­cia sir­ve si la pue­den uti­li­zar a su anto­jo. No res­pe­ta­ron la Cons­ti­tu­ción de 1979 y tam­po­co la suya de 1993. Pue­den lle­gar por elec­cio­nes y man­te­ner­se vía per­ma­nen­te gol­pe de esta­do. Para ellos todo, legal o ile­gal; para sus riva­les la ley.

Kei­ko Fuji­mo­ri en los últi­mos 5 años paten­tó su pro­pia voca­ción gol­pis­ta, auto­ri­ta­ria y anti­de­mo­crá­ti­ca, con su inmen­sa ban­ca­da con­gre­sal, des­de la som­bra, lue­go de haber per­di­do las elec­cio­nes se pro­pu­so ser gobierno a cos­ta de la gober­na­bi­li­dad y de la demo­cra­cia. Nun­ca reco­no­ció el triun­fo de PPK a la Pre­si­den­cia has­ta obli­gar­lo a renun­ciar, sabo­teo al gobierno des­ti­tu­yen­do minis­tros y gabi­ne­tes; coor­dino, acor­dó y puso a Viz­ca­rra, el suce­sor de PPK, como pre­si­den­te, lo defen­dió has­ta que se le esca­pó de las manos y deci­dió des­ti­tuir­lo; lue­go pro­cu­ró des­ti­tuir a Viz­ca­rra y poner, bajo su man­da­to, a Mer­ce­des Araos para com­ple­tar el gobierno, no lo logró y se disol­vió el Con­gre­so. En el nue­vo Con­gre­so alen­tó y logró la des­ti­tu­ción de Viz­ca­rra. Para Kei­ko, ni siquie­ra impor­tó la salud y liber­tad de su padre, el líder his­tó­ri­co del fuji­mo­ris­mo, a quien regre­só a la cár­cel lue­go de haber sido indul­ta­do por PPK; a su her­mano lo botó de su par­ti­do, lo des­ti­tu­yó del con­gre­so y le denun­ció. Piso­tear la lega­li­dad y de todo lo que no le sea favo­ra­ble es el signo de su pen­sa­mien­to y de su volun­tad polí­ti­ca. La ima­gi­na­ción no alcan­za para ver lo que habría des­trui­do y hecho con el Perú si ella hubie­ra sido la pre­si­den­ta. Feliz­men­te, el sobe­rano es sabio y dios debe ser peruano para haber­nos libe­ra­do de una auto­ri­dad como ella. 

El actual pro­ce­so elec­to­ral que hoy cues­tio­nan sin sus­ten­to y pro­cu­ran enlo­dar­lo, fue de su total acep­ta­ción has­ta que lle­ga­ron a la segun­da vuel­ta, nun­ca lo obje­ta­ron. Más aún, fue su actual alia­do y pose­so polí­ti­co (Reno­va­ción Popu­lar) quien denun­ció frau­de del fuji­mo­ris­mo para evi­tar que ellos pasa­ran a la segun­da ubi­ca­ción. El pro­ce­so elec­to­ral fue vali­do mien­tras les fue favo­ra­ble. En la segun­da vuel­ta, sólo des­de que com­pro­ba­ron que habían per­di­do ante Pedro Cas­ti­llo, todo cam­bio, todo se vol­vió irre­gu­lar, todo se tiño de frau­de. La pri­me­ra vuel­ta fue vali­da por­que gana­ron el Ballo­ta­ge y pasa­ron a segun­da vuel­ta; ésta en cam­bio, que tam­bién era váli­da, tie­ne todo de malo, sólo des­de que el día de las elec­cio­nes en que se ente­ra­ron de su derro­ta. Si ellos hubie­ran gana­do, todo esta­ría bien, las elec­cio­nes habrían sido lim­pias y ejem­pla­res, ya esta­rían en la trans­fe­ren­cia, ten­drían gabi­ne­te y su auto­ri­dad sería legí­ti­ma. La demo­cra­cia solo es bue­na si les da la razón, si les da el triun­fo, si esta de su lado. De lo con­tra­rio nada sir­ve, sus ins­ti­tu­cio­nes y auto­ri­da­des son malas y están par­cia­li­za­das, sus elec­cio­nes son frau­du­len­tas y los triun­fa­do­res no mere­cen ser reconocidos. 

Esto no es pata­le­ta, es lo mis­mo de siem­pre, es la per­so­na­li­dad y sigo auto­ri­ta­rio del fuji­mo­ris­mo. Hoy vuel­ven a revi­vir su voca­ción gol­pis­ta: si la demo­cra­cia no les sir­ve, si las elec­cio­nes no les son favo­ra­bles, si no hay nue­vas elec­cio­nes, si una vacan­cia no es posi­ble enton­ces se ufa­nan de pro­mo­ver y con­vo­car un gol­pe de esta­do. Pagan abo­ga­dos y polí­ti­cos a dis­cre­ción, tie­nen a los medios a su anto­jo, movi­li­zan gen­te, finan­cian a su “resis­ten­cia”, todo vale para lle­gar al gobierno y no ir, por denun­cias fis­ca­les e inves­ti­ga­cio­nes pre­vias, a la cárcel.

A los polí­ti­cos y alia­dos del Fuji­mo­ris­mo, a los gru­pos de poder eco­nó­mi­co y sus medios de comu­ni­ca­ción y a muchas “per­so­na­li­da­des” les due­le y moles­ta el triun­fo de un outsi­der de la éli­te polí­ti­ca nacio­nal y de los gru­pos de poder eco­nó­mi­co. Su des­pre­cio y “temor” es mayor cuan­do ade­más ven que es un cam­pe­sino de pue­blo (“ni siquie­ra es un pro­duc­tor agrí­co­la”), un ron­de­ro “con som­bre­ro y mache­te”, un “igno­ran­te pro­fe­sor rural sin nivel alguno” y un diri­gen­te sin­di­cal magis­te­rial “comu­nis­ta y terru­co”. Una derro­ta con otro, como en el caso de PPK, tam­po­co lo hubie­ran acep­ta­do, pero no rea­li­za­rían la cam­pa­ña de des­pre­cio demo­crá­ti­co y de ofen­sa ciu­da­da­na como la hacen has­ta aho­ra. Solo sus votos valen, solo las per­so­nas que están de su lado valen. 

Des­co­no­cen a Pedro Cas­ti­llo por­que el pre­si­den­te solo debe salir den­tro de ellos. Cla­man nue­vas elec­cio­nes en las que vuel­van a par­ti­ci­par o gol­pe de esta­do en el que pue­dan ser gobierno sin lími­tes lega­les ni demo­crá­ti­cos. No sopor­tan el color, olor y sabor de un Perú pro­vin­ciano y rural que les es ancho y ajeno y no está suje­to a su control.

Nun­ca pier­den, hoy por hoy, al cons­ta­tar que no hay frau­de ni habrá nue­vas elec­cio­nes, muchos alia­dos de la rival y que se suma­ron a su cam­pa­ña de demo­li­ción, con­for­me su cos­tum­bre, ya bus­can a Pedro Cas­ti­llo, tocan su puer­ta, man­dan inter­me­dia­rios, y se pre­sen­tan como concertadores. 

Des­pués de la pro­cla­ma­ción segu­ro aumen­ta­ran en núme­ro, bus­ca­rán copar­lo, media­ti­zar­lo, mani­pu­lar­lo. Man­ten­drán la ame­na­za de vacan­cia y de gol­pe de esta­do. Es clá­si­co su asal­to al gobierno del gana­dor. Son una per­ma­nen­te ame­na­za y peli­gro para la gober­na­bi­li­dad y la democracia.

Toca­rá al pre­si­den­te Pedro Cas­ti­llo, en nues­tro bicen­te­na­rio, librar­nos tam­bién de esta peste.

FUENTE: Otra Mirada

Itu­rria /​Fuen­te

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