Femi­nis­mos. ¿Qué es la vio­len­cia obs­té­tri­ca y por qué el Gobierno pla­nea reco­no­cer­la en una ley?

Por Mari­sa Kohan, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 20 de julio de 2021.

Los dere­chos sexua­les y repro­duc­ti­vos son los menos cono­ci­dos de los dere­chos huma­nos, pero for­man par­te indi­vi­si­ble de éstos. Prác­ti­cas inne­ce­sa­rias o no con­sen­ti­das duran­te el emba­ra­zo y el par­to están con­si­de­ra­das vio­len­cias institucionales.

El Con­se­jo Gene­ral de Cole­gios Ofi­cia­les de Médi­cos, el órgano que agru­pa y repre­sen­ta a todos los Cole­gios de Médi­cos de Espa­ña, emi­tió el pasa­do 12 de julio un comu­ni­ca­do en el que «recha­za y con­si­de­ra muy des­afor­tu­na­do el con­cep­to de ‘vio­len­cia obs­té­tri­ca‘ para des­cri­bir las prác­ti­cas pro­fe­sio­na­les de asis­ten­cia al emba­ra­zo, par­to y pos­par­to en nues­tro país». En el escri­to mues­tra su «preo­cu­pa­ción por la crea­ción de inne­ce­sa­rias alar­mas socia­les que con­tri­bu­yen a ero­sio­nar la nece­sa­ria con­fian­za médi­co paciente».

El escri­to olvi­da men­cio­nar que nues­tro país fue con­de­na­do por pri­me­ra vez por el comi­té anti­dis­cri­mi­na­ción con­tra la mujer de Nacio­nes Uni­das (CEDAW, por sus siglas en inglés) en febre­ro de 2020 a indem­ni­zar a una mujer que sufrió este tipo de vio­len­cia. Una deci­sión his­tó­ri­ca que tal vez haya sor­pren­di­do por igual a muchos médi­cos y a muchas muje­res, que nun­ca habían reco­no­ci­do en estas prác­ti­cas una vio­la­ción de sus dere­chos huma­nos

El comi­té de la ONU reco­no­ció que la dece­na de tac­tos vagi­na­les, la induc­ción con oxi­to­xi­na (una hor­mo­na que se uti­li­za para ace­le­rar las con­trac­cio­nes del par­to) o la epi­sio­to­mía (una inci­sión que muchas veces se rea­li­za en el teji­do entre la vagi­na y el ano), entre otros pro­ce­di­mien­to «inne­ce­sa­rios» a los que fue some­ti­da sin su con­sen­ti­mien­to, fue­ron una vio­len­cia obs­té­tri­ca.

La nota del esta­men­to médi­co fue una reac­ción al anun­cio del Minis­te­rio de Igual­dad de incluir el reco­no­ci­mien­to de esta vio­len­cia en la futu­ra refor­ma de la ley 2/​2010 de salud sexual y repro­duc­ti­va y de la inte­rrup­ción volun­ta­ria del emba­ra­zo y de abrir un amplio deba­te sobre este tema. Pero, ¿qué es esta vio­len­cia y por qué debe ser regu­la­da en una ley? Si bien el comu­ni­ca­do del órgano de la repre­sen­ta­ción de los médi­cos encua­dran este tema en la rela­ción médi­co-pacien­te, los orga­nis­mo inter­na­cio­na­les y las exper­tas en vio­len­cia hacia las muje­res la defi­nen como una vio­len­cia ins­ti­tu­cio­nal

«La vio­len­cia obs­té­tri­ca es una for­ma de vio­len­cia de géne­ro que no se basa solo en una negli­gen­cia médi­ca, va mucho más allá del error», expli­ca la abo­ga­da Fran­cis­ca Fer­nán­dez, que ha denun­cia­do ante Nacio­nes Uni­das cua­tro casos de esta vio­len­cia en hos­pi­ta­les españoles.

Una vio­la­ción sis­te­má­ti­ca y generalizada

En 2019, un infor­me de la rela­to­ra espe­cial de la ONU sobre vio­len­cia con­tra las muje­res cali­fi­ca­ba la vio­len­cia obs­té­tri­ca como vio­la­ción sis­te­má­ti­ca y gene­ra­li­za­da de los dere­chos huma­nos de las muje­res en situa­cio­nes de par­to y asis­ten­cia al emba­ra­zo y hacía un lla­ma­mien­to a los Esta­dos a com­ba­tir­la. Esta vio­len­cia se des­cri­be como un con­jun­to de prác­ti­cas basa­das en este­reo­ti­pos y pre­jui­cios que se dan en el emba­ra­zo y en el par­to y que tie­nen impac­to en la salud físi­ca y psí­qui­ca de las muje­res. Tal como las des­cri­be la rela­to­ra, son prác­ti­cas exten­di­das, nor­ma­li­za­das y arrai­ga­das en los sis­te­mas de salud, que en muchos casos no se per­ci­ben como vio­len­cias, pero que las­tran el dis­fru­te de esos dere­chos de las mujeres.

Vio­len­cia obs­té­tri­ca es, por ejem­plo, que se reali­ce una cesá­rea cuan­do no es estric­ta­men­te nece­sa­ria, una epi­sio­to­mía por ruti­na o un par­to ins­tru­men­tal cuan­do no es impres­cin­di­ble. Pero tam­bién que obli­guen a la mujer a dar a luz sola, cuan­do no es nece­sa­rio; que le fal­ten al res­pe­to; que no se infor­me a la mujer ade­cua­da­men­te de las inter­ven­cio­nes y pro­to­co­los que se van a rea­li­zar; que le reali­cen una manio­bra de Kris­te­ller (que una enfer­me­ra empu­je con el ante­bra­zo el fon­do ute­rino para que sal­ga el bebé) o que le digan cosas como que está pujan­do mal y que va a matar a su bebé, entre otras. En muchos casos estas actua­cio­nes dejan con­se­cuen­cias físi­cas y psi­co­ló­gi­cas pro­lon­ga­das en las muje­res. Un con­jun­to de actua­cio­nes impen­sa­bles en otros pro­ce­di­mien­tos médi­cos en don­de el con­sen­ti­mien­to infor­ma­do del pacien­te es un dere­cho reco­no­ci­do y aceptado.

Fal­ta de estadísticas

A pesar de ser una vio­len­cia amplia­men­te exten­di­da, no exis­ten datos esta­dís­ti­cos con­sis­ten­tes sobre su alcan­ce. Tal como afir­ma Esther Vivas, perio­dis­ta y soció­lo­ga espe­cia­li­za­da en aná­li­sis polí­ti­co y social sobre mater­ni­dad, «muchas de estas inter­ven­cio­nes se dan de for­ma inne­ce­sa­ria y habi­tual». Según datos del minis­te­rio de Sani­dad un 25% del total de naci­mien­tos en nues­tro país se rea­li­za por cesá­rea, cuan­do la cifra jus­ti­fi­ca­ble según la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud (OMS) es entre un diez y un 15%. Según la mis­ma fuen­te en el año 2000 en el 90% de los par­tos se rea­li­za­ba una epi­sio­to­mía por ruti­na, lo que supo­nía que nue­ve de cada diez muje­res eran sis­te­má­ti­ca­men­te raja­das en el par­to, habi­tual­men­te sin su cono­ci­mien­to ni con­sen­ti­mien­to. Si bien este por­cen­ta­je bajó a un 45% en los últi­mos años, esta cifra está aún muy lejos de las cifras jus­ti­fi­ca­bles por la OMS, que se sitúan en el entorno del 15%. 

Vivas afir­ma que «no se sue­le tener en cuen­ta la dimen­sión emo­cio­nal del emba­ra­zo y el par­to, la psi­co­ló­gi­ca. Por eso muchas muje­res que dicen haber­se sen­ti­do mal­tra­ta­das duran­te el par­to son rega­ña­das por la fami­lia que le dice que dejen de que­jar­se por­que todo ha sali­do bien. Por­que sólo se valo­ra la dimen­sión físi­ca del alum­bra­mien­to». Pero las con­se­cuen­cias pue­den ser una depre­sión post par­to y muchas muje­res des­cri­ben ese momen­to como una vio­la­ción, con la posi­bi­li­dad de sufrir estrés post trau­má­ti­co, como las víc­ti­mas de una vio­len­cia sexual.

Orga­ni­za­cio­nes como El Par­to es Nues­tro lle­van más de una déca­da luchan­do por un par­to res­pe­tuo­so, en el que la inter­ven­ción médi­ca sea la míni­ma nece­sa­ria. «Tene­mos una con­cep­ción erró­nea de lo que es un par­to nor­mal«, afir­ma Vir­gi­nia Murial­do, doc­to­ra en socio­lo­gía y antro­po­lo­gía y vice­pre­si­den­ta de esta aso­cia­ción. «El par­to por defec­to no debe ser asis­ti­do, debe ser acom­pa­ña­do, inter­vi­nien­do sólo en las cir­cuns­tan­cias en las que sea nece­sa­rio». Lo impor­tan­te, expli­ca esta exper­ta, es res­pe­tar los tiem­pos fisio­ló­gi­cos que nece­si­ta el cuer­po para des­en­ca­de­nar el par­to espon­tá­nea­men­te y lle­var­lo al final. Las exper­tas ponen el énfa­sis en la nece­si­dad de que las muje­res sean autó­no­mas y pue­dan tomar deci­sio­nes cla­ve sobre su salud sexual y repro­duc­ti­va, así como tener el dere­cho a con­sen­tir o no deter­mi­na­das prácticas. 

Se tra­ta de una vio­len­cia invi­si­bi­li­za­da no por­que ocu­rra en pocas oca­sio­nes, sino por el con­tra­rio, por­que se ha ins­tau­ra­do la idea de que el par­to es así. Por eso diver­sas exper­tas abo­gan por hablar sobre la vio­len­cia obs­té­tri­ca y dar­la a cono­cer. Los dere­chos sexua­les y repro­duc­ti­vos de las muje­res son los menos cono­ci­dos y res­pe­ta­dos en el mun­do, pero son par­te indi­vi­si­ble de los dere­chos huma­nos. Por ello, tal como afir­ma el Alto Comi­sio­na­do de Nacio­nes Uni­das en esta mate­ria, «los Esta­dos tie­nen la obli­ga­ción de res­pe­tar­los y hacer­los cum­plir«.

En diver­sos paí­ses de Amé­ri­ca del Sur exis­ten ya leyes que espe­cí­fi­ca­men­te reco­no­cen la vio­len­cia obs­té­tri­ca como par­te de las vio­la­cio­nes de los dere­chos sexua­les y repro­duc­ti­vos de las muje­res, e inclu­so algu­nas con­tem­plan medi­das puni­ti­vas por su incum­pli­mien­to. El Minis­te­rio de Igual­dad se encuen­tra en la actua­li­dad en un perío­do de con­sul­ta amplia a la socie­dad para incluir esta vio­len­cia espe­cí­fi­ca sobre las muje­res en la refor­ma que lle­va­rá a cabo de la ley 2/​2010 de dere­chos sexua­les y repro­duc­ti­vos y de la inte­rrup­ción volun­ta­ria del embarazo. 

Tal como rela­tó Vivas en un ciclo de deba­tes sobre la revi­sión de esta ley, las muje­res tie­ne poca con­cien­cia de cuá­les son sus dere­chos repro­duc­ti­vos y por tan­to de la exis­ten­cia de esta vio­len­cia «por­que nos han dicho que parir es esto y si nos que­ja­mos nos echan en cara que somos unas que­ji­cas, aun­que hayas sufri­do un par­to trau­má­ti­co. En los últi­mos tiem­pos ha habi­do cier­tos avan­ces hacia un par­to res­pe­ta­do, pero sigue sien­do una temá­ti­ca invisible».

Fuen­te: https://​www​.publi​co​.es/​s​o​c​i​e​d​a​d​/​v​i​o​l​e​n​c​i​a​-​g​e​n​e​r​o​-​v​i​o​l​e​n​c​i​a​-​o​b​s​t​e​t​r​i​c​a​-​g​o​b​i​e​r​n​o​-​p​l​a​n​e​a​-​r​e​c​o​n​o​c​e​r​l​a​-​l​e​y​.​h​tml, Rebe­lión.

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