Argen­ti­na. Los pro­ble­mas del cre­ci­mien­to y la inflación

Por Julio C. Gambina,RedEco, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 13 de julio de 2021.

Entre los muchos inte­rro­gan­tes que reci­bo a dia­rio se ano­tan los rela­ti­vos a qué ocu­rre de espe­cial en la Argen­ti­na que no logra esta­bi­li­dad de lar­go alien­to, sea en el cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co como en mate­ria de pre­cios. La com­pa­ra­ción es con los paí­ses veci­nos y otros en el mun­do. Los inte­rro­gan­tes remi­ten al secu­lar estan­ca­mien­to eco­nó­mi­co y a la ele­va­da y recu­rren­te infla­ción, que en su con­jun­to expli­can el dete­rio­ro de los indi­ca­do­res socia­les, a con­tra­mano de un poten­cial his­tó­ri­co del país para aten­der las más amplias nece­si­da­des de la sociedad.

No resul­ta sim­ple res­pon­der a los inte­rro­gan­tes, los que pue­den pen­sar­se ana­li­zan­do los con­di­cio­nan­tes del cor­to pla­zo, menos de un año, o los de más lar­ga tra­yec­to­ria, los que pue­den abar­car décadas.

Exis­ten pro­ble­mas estruc­tu­ra­les para el fun­cio­na­mien­to de la eco­no­mía local, sea por el con­di­cio­nan­te que impo­ne el endeu­da­mien­to externo, deman­dan­te de divi­sas que el país no obtie­ne con faci­li­dad, como por el carác­ter de subor­di­na­ción a una lógi­ca glo­bal de acu­mu­la­ción que defi­ne el capi­tal hege­mó­ni­co en el país.

La deu­da deman­da divi­sas que no se obtie­nen en gene­ral por el comer­cio exte­rior, con­vo­can­do a nue­vas ron­das de endeu­da­mien­to. La inser­ción inter­na­cio­nal de la Argen­ti­na en el pro­ce­so pro­duc­ti­vo glo­bal la hace depen­dien­te de insu­mos estra­té­gi­cos que no per­mi­te regu­la­ri­zar un sal­do comer­cial positivo.

El país está subor­di­na­do a una lógi­ca mun­dial de pre­cios de las “com­mo­di­ties” expor­ta­das, soja, maíz, tri­go, car­ne, oro, otros mine­ra­les, o hidro­car­bu­ros. Estos osci­lan al alza o a la baja y con­di­cio­nan el con­jun­to de la eco­no­mía local.

La depen­den­cia local al fun­cio­na­mien­to del mer­ca­do mun­dial con­di­cio­na y subor­di­na los resul­ta­dos loca­les. La suba o baja de los pre­cios del comer­cio externo expli­ca las deman­das y pre­sio­nes de los gran­des expor­ta­do­res en la apro­pia­ción de la ren­ta y del ingreso.

El alza de pre­cios de la pro­duc­ción expor­ta­ble que tam­bién se con­su­me en el mer­ca­do interno (car­ne o tri­go, por ejem­plo) se cons­ti­tu­ye en argu­men­to de los pro­pie­ta­rios inver­so­res en esos sec­to­res para el alza de los pre­cios, que redun­da en infla­ción y dete­rio­ra la cali­dad de vida de la pobla­ción empobrecida.

A su vez, el alza de los pre­cios de impor­ta­ción inter­vie­ne en el cos­to de pro­duc­ción de bie­nes que se colo­can en el mer­ca­do mun­dial o local, caso de la indus­tria auto­mo­triz, reci­clan­do el carác­ter depen­dien­te de la eco­no­mía local.

La subor­di­na­ción del capi­ta­lis­mo local al mun­dial se expli­ca des­de las lógi­cas inver­so­ras en el país, las que defi­nen el des­tino del exce­den­te económico.

En rigor, es lo común a cual­quier socie­dad capi­ta­lis­ta, ya que el capi­ta­lis­mo se fun­da en el obje­to de la pro­duc­ción y acu­mu­la­ción de ganan­cias, favo­re­cien­do un pro­ce­so glo­bal de repro­duc­ción amplia­da sus­ten­ta­do des­de el con­sen­so social.

Resul­ta defi­ni­to­rio dis­cu­tir enton­ces la espe­ci­fi­ci­dad local del fenó­meno, que tie­ne más que ver con la ines­ta­bi­li­dad polí­ti­ca en el coman­do del pro­ce­so local de pro­duc­ción y reproducción.

Es un fenó­meno que expli­ca las idas y vuel­tas entre gobier­nos dic­ta­to­ria­les y cons­ti­tu­cio­na­les entre 1930 y 1976, con una fun­cio­na­li­dad de las dic­ta­du­ras por “res­tau­rar” el poder his­tó­ri­co del blo­que de cla­ses domi­nan­tes en la con­so­li­da­ción del capi­ta­lis­mo local hacia 1880, con hege­mo­nía del capi­tal externo y la bur­gue­sía gran pro­pie­ta­ria de tierras.

La reali­dad de gobier­nos cons­ti­tu­cio­na­les des­de 1916 y la orga­ni­za­ción y resis­ten­cia social del movi­mien­to obre­ro y popu­lar desa­fia­ron esa reali­dad en el ámbi­to elec­to­ral, tan­to como en el espa­cio de las luchas que se mani­fes­ta­ron como el Gri­to de Alcor­ta, la “refor­ma uni­ver­si­ta­ria” o las cre­cien­tes luchas obre­ras con epi­cen­tro de acu­mu­la­ción de poder popu­lar en el cen­te­na­rio de 1910. 

Remi­to a una acu­mu­la­ción de poder popu­lar que tuvo el cenit hacia 197576, con lo ante­ce­den­tes de las gran­des movi­li­za­cio­nes iden­ti­fi­ca­das en el ciclo de las luchas del Cor­do­ba­zo o los rosa­ria­zos de 1969.

El gol­pe de 1976 gene­ró las con­di­cio­nes de res­tau­ra­ción del poder his­tó­ri­co con el pro­pó­si­to de des­man­te­lar el entra­ma­do ins­ti­tu­cio­nal deri­va­do del mode­lo pro­duc­ti­vo de indus­tria­li­za­ción y dis­tri­bu­ción del ingre­so ges­ta­do des­de comien­zos del Siglo XX.

La indus­tria­li­za­ción en la Argen­ti­na se cons­tru­yó en el cam­bio del Siglo XIX y XX con nue­vos capi­ta­les exter­nos, espe­cial­men­te esta­dou­ni­den­ses, en dispu­ta con los pre­ce­den­tes (ingle­ses), y nue­vas cama­das de capi­ta­les sur­gi­dos al ampa­ro del desa­rro­llo indus­trial local y del mer­ca­do interno. En este caso, una bur­gue­sía local, peque­ña, media­na y gran­de, resul­ta­do de la lógi­ca de acu­mu­la­ción local que tam­bién dispu­taba el excedente.

En esa diná­mi­ca de acu­mu­la­ción se for­ta­le­ció la capa­ci­dad de lucha por el ingre­so de las cla­ses subal­ter­nas, ya que tra­ba­ja­do­ras y tra­ba­ja­do­res fue­ron orga­ni­zan­do sus ins­tru­men­tos para la dispu­ta, con diver­sas for­mas de orga­ni­za­cio­nes socia­les, sin­di­ca­les, eco­nó­mi­cas, cul­tu­ra­les y polí­ti­cas para inter­ve­nir en la dis­tri­bu­ción del ingre­so, cuyos máxi­mos logros se apre­cian hacia los cin­cuen­ta y media­dos de los seten­tas con una apro­pia­ción del 50% de la ren­ta nacional.

Así, el exce­den­te eco­nó­mi­co era dispu­tado por el poder tra­di­cio­nal his­tó­ri­co aso­cia­do a una lógi­ca de país expor­ta­dor de bie­nes pri­ma­rios; otros aso­cia­dos a una diná­mi­ca más com­ple­ja de inser­ción expor­ta­do­ra y al mis­mo tiem­po de abas­te­ci­mien­to del mer­ca­do local, sus­ten­ta­do en ingre­sos para el con­su­mo de una masa impor­tan­te de la pobla­ción tra­ba­ja­do­ra; los que a su vez dispu­taban por ampliar ingre­sos y dere­chos asu­mi­dos por el Esta­do, edu­ca­ción y salud, entre otros.

Esa dispu­ta gene­ró los des­equi­li­brios por medio siglo entre 1930 y fin de siglo, los que se hicie­ron evi­den­te hacia fines el 2001, espe­cial­men­te entre quie­nes sus­ten­ta­ban el mode­lo de inser­ción expor­ta­do­ra subor­di­na­da, media­da por el peso de los acree­do­res exter­nos más vin­cu­la­dos a una lógi­ca repro­duc­ti­va de la espe­cu­la­ción finan­cie­ra; y el sec­tor que pre­ten­día man­te­ner una diná­mi­ca pro­duc­ti­va para abas­te­cer el mer­ca­do mun­dial y al local.

A ello se sumó la deman­da de millo­nes de per­so­nas des­pla­za­das del mer­ca­do de la fuer­za de tra­ba­jo, pro­ce­so desa­rro­lla­do por medios vio­len­tos en tiem­pos dic­ta­to­ria­les y con­so­li­da­dos con cam­bios estruc­tu­ra­les del mode­lo pro­duc­ti­vo des­de 1975, con nue­vas rela­cio­nes entre el capi­tal y el tra­ba­jo, favo­ra­bles al pri­me­ro; nue­va fun­cio­na­li­dad del apa­ra­to esta­tal e ins­ti­tu­cio­nal al ser­vi­cio de la ini­cia­ti­va pri­va­da local y glo­bal, pri­va­ti­za­cio­nes median­te, y una lógi­ca para faci­li­tar la libre cir­cu­la­ción de capi­ta­les con innu­me­ra­bles meca­nis­mos some­ti­dos al “libre comer­cio”, vía tra­ta­dos de libre comer­cio y/​o en defen­sa bila­te­ral de las inversiones.

Por eso, en la encru­ci­ja­da del 200102 la dispu­ta en el poder era entre dola­ri­zar la eco­no­mía o deva­luar. La pri­me­ra era la opción reque­ri­da por el poder his­tó­ri­co, aso­cia­do a las pri­va­ti­za­das de ser­vi­cios públi­cos y al domi­nio del comer­cio de expor­ta­ción de bie­nes pri­ma­rios en su nue­va lógi­ca del agro nego­cio diri­gi­do por las trans­na­cio­na­les de la ali­men­ta­ción y la bio­tec­no­lo­gía, pro­ce­so que incluía a todo el com­ple­jo agro­in­dus­trial. La segun­da esta­ba aso­cia­da a la pro­duc­ción des­ti­na­da al abas­te­ci­mien­to local y a la com­pe­ten­cia por una mayor inser­ción mun­dial vía expor­ta­cio­nes. Para las cla­ses subal­ter­nas, esa con­tra­dic­ción no resol­vía las deman­das de fon­do, aun­que la segun­da, la deva­lua­ción, supo­nía la recu­pe­ra­ción de la pro­duc­ción local y del empleo, aún irre­gu­lar y de bajos ingre­sos, algo que ocu­rrió en el repun­te des­de el 2002.

La res­tau­ra­ción del poder tra­di­cio­nal ope­ró por vía elec­to­ral en 2015, acon­te­ci­mien­to úni­co en la his­to­ria cons­ti­tu­cio­nal del país. Por pri­me­ra vez, no había res­tau­ra­ción por vía de las armas, aun­que el terreno des­de el pun­to de vis­ta estruc­tu­ral había sido pre­pa­ra­do por los gobier­nos de los par­ti­dos tra­di­cio­na­les en la déca­da del noven­ta del siglo pasa­do. Los par­ti­dos tra­di­cio­na­les deja­ron ser expre­sión de las cla­ses socia­les loca­les en la dispu­ta de la cúpu­la del poder, para ser vehícu­lo de expre­sión de esos intere­ses, aun en pugna.

El lími­te a la dispu­ta del poder fue el 2001 median­te una pue­bla­da que expre­sa­ba el des­con­ten­to social y la deman­da por un nue­vo orden. Es el momen­to de sur­gi­mien­to de nue­vas dispu­tas polí­ti­cas en el gobierno del capi­ta­lis­mo local.

Si duran­te el Siglo XX la diná­mi­ca fue bipar­ti­dis­ta con inter­lu­dios dic­ta­to­ria­les, el Siglo XXI tra­jo al rue­do la con­for­ma­ción de un bi-coa­li­cio­nis­mo que dis­cu­te el gobierno del capi­ta­lis­mo local, con un con­di­cio­nan­te de fon­do que remi­te al des­tino del exce­den­te económico.

Más allá´ de pro­gra­mas elec­to­ra­les, dis­cur­sos pro­pa­gan­dís­ti­cos o polí­ti­cas eco­nó­mi­cas enun­cia­das des­de los gobier­nos lue­go del 2002, lo que está en dis­cu­sión es el mode­lo pro­duc­ti­vo y de desarrollo.

¿Qué hacer con el exce­den­te eco­nó­mi­co? Hace déca­das que el mis­mo se este­ri­li­za en can­ce­la­cio­nes de deu­da, remi­sión de uti­li­da­des al exte­rior e inver­sio­nes de resi­den­tes loca­les en acti­vos exter­nos, pro­pie­da­des inmue­bles o títu­los públi­cos o pri­va­dos, depó­si­tos e inver­sio­nes diversas.

La infla­ción actúa como un meca­nis­mo de redis­tri­bu­ción regre­si­va del ingre­so, lo que favo­re­ce la des­igual­dad social exis­ten­te y con­so­li­da la con­cen­tra­ción de la pro­pie­dad y del poder.

A su vez, la sali­da del exce­den­te eco­nó­mi­co del cir­cui­to local no favo­re­ce pro­ce­sos de cre­ci­mien­to local, más allá del deba­te sobre el tipo de cre­ci­mien­to y acu­mu­la­ción, como de la dis­tri­bu­ción que generaría.

Por todo ello es que para ter­mi­nar con la ele­va­da infla­ción y la ausen­cia de un cre­ci­mien­to que redis­tri­bu­ya ingre­sos y rique­za se requie­re un sus­tan­cial cam­bio del mode­lo pro­duc­ti­vo y de desa­rro­llo que eli­mi­ne la subor­di­na­ción a la diná­mi­ca del capi­ta­lis­mo mun­dial y a las dispu­tas inter­nas del poder local. Un nue­vo poder requie­re la cons­truc­ción de alter­na­ti­va polí­ti­ca de los sec­to­res socia­les subal­ter­nos en un mar­co más gene­ral de cam­bio regio­nal y mundial.

*Julio Gam­bi­na es Doc­tor en Cien­cias Socia­les, UBA. Pro­fe­sor de Eco­no­mía Polí­ti­ca en la UNR. Inte­gran­te de la Jun­ta Direc­ti­va de la SEPLA. Pre­si­den­te de la Fun­da­ción de Inves­ti­ga­cio­nes Socia­les y Polí­ti­cas, FISYP

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