Colom­bia. Cali, capi­tal de la resis­ten­cia y la sucur­sal del infierno del gene­ral Zapateiro

Por Cami­lo Ren­gi­fo Marín. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 10 de mayo de 2021.

No es casual que uno de los focos de las pro­tes­tas más duras y de los enfren­ta­mien­tos más vio­len­tos de la últi­ma sema­na en Colom­bia, haya sido Cali. Los infor­mes de bru­ta­li­dad poli­cial, de ase­si­na­tos a manos de los cuer­pos y fuer­zas de segu­ri­dad esta­ta­les se amon­to­nan en los archi­vos de diver­sos orga­nis­mos huma­ni­ta­rios, pero siguen escu­chán­do­se las ráfa­gas de dis­pa­ros de la poli­cía mili­ta­ri­za­da y de un Ejér­ci­to desbocado.

Pese a los lla­ma­mien­tos de orga­nis­mos inter­na­cio­na­les como la Unión Euro­pea (UE) y Nacio­nes Uni­das de cesar la repre­sión con­tra los mani­fes­tan­tes, el gene­ral Eduar­do Zapa­tei­ro pro­mue­ve a sus hom­bres seguir repri­mien­do en las calles de Cali con su arma­men­to de guerra.

Zapa­tei­ro ha esta­do a car­go de dife­ren­tes bata­llo­nes mili­ta­res nacio­na­les y extra­te­rri­to­ria­les (en Israel, en 1982 coman­dó un Bata­llón en Sinaí) y actual­men­te diri­ge la tro­pa en el Ejér­ci­to. Fue un ele­men­to cla­ve en ope­ra­cio­nes con­tra las Fuer­zas Arma­das Revo­lu­cio­na­rias de Colom­bia (FARC), estu­vo al fren­te de la lla­ma­da Ope­ra­ción Fénix de 2008, en la que se ase­si­nó al coman­dan­te Raúl Reyes, segun­do líder his­tó­ri­co de esta orga­ni­za­ción guerrillera.

Asi­mis­mo, Zapa­tei­ro lide­ró dos ope­ra­cio­nes mili­ta­res para res­ca­tar civi­les y mili­ta­res secues­tra­dos por la gue­rri­lla, las lla­ma­das ope­ra­cio­nes Jaque y Cama­león. Ope­ra­ción Jaque se efec­túo en coor­di­na­ción de Alto Man­do Mili­tar del gobierno de Uri­be bajo el man­do de su enton­ces minis­tro de Defen­sa Juan Manuel San­tos, con la Agen­cia Cen­tral de Inte­li­gen­cia (CIA) esta­dou­ni­den­se, en julio de 2008.

Par­te de la estra­te­gia usa­da fue usur­par la figu­ra de la Cruz Roja Inter­na­cio­nal: pin­ta­ron heli­cóp­te­ros de blan­co y usa­ron los logo­ti­pos de esa orga­ni­za­ción para disua­dir. En la eje­cu­ción de este plan fue libe­ra­da Ingrid Betan­court, excan­di­da­ta pre­si­den­cial y excom­pa­ñe­ra de fór­mu­la de Cla­ra Rojas,

Ade­más, el fut­bo­lis­ta de la selec­ción colom­bia­na Juan Fer­nan­do Quin­te­ro y sus fami­lia­res acu­san públi­ca­men­te a Zapa­tei­ro de ser par­te de la des­apa­ri­ción físi­ca de su padre Jai­me Enri­que Quin­te­ro, que en 1995 pres­ta­ba ser­vi­cio mili­tar bajo su man­do en Medellín.

De acuer­do con el gru­po de hac­kers Anony­mous, el Ejér­ci­to está crean­do una cor­ti­na de humo en el país. El gru­po fil­tró una pre­sun­ta con­ver­sa­ción del 2 de mayo en Cali en la que se escu­cha a Zapa­tei­ro, quien ase­gu­ra que reci­bió la orden del pre­si­den­te de mili­ta­ri­zar la ciu­dad de Cali y tomar car­tas fren­te a los manifstantes.

«Esta­mos hacien­do las cosas bien (…) Acá esta­mos ofren­dan­do nues­tra vida, nues­tra huma­ni­dad por sal­var la demo­cra­cia que algu­nos quie­ren des­truir, esta­mos hacien­do todo bien», indi­có Zapa­tei­ro a un gru­po de policías.

Se suce­den ase­si­na­tos de jóve­nes en los barrios de Siloé, Puer­to Relle­na, Loma de la Cru­za. El gobierno de Iván Duque con san­gre y fue­go quie­re frac­cio­nar, aca­bar la resis­ten­cia popu­lar. “La pobla­ción ha dado con un cíclo­pe de gran inep­ti­tud polí­ti­ca, pre­for­ma­do por un cre­ti­nis­mo indi­vi­dual: el pre­si­den­te Iván Duque, el cual se per­pe­tua bajo la igno­mi­nia esca­bro­sa de su pater fami­liae: el geno­ci­da Álva­ro Uri­be”, seña­la Sara Leukos.

El cíclo­pe de Iván Duque recu­rre a la repre­sión a tra­vés Zapa­tei­ro quien expre­só de mane­ra auto­su­fi­cien­te y auto­ri­ta­ria­men­te: “Ten­go 480 hom­bres orgá­ni­cos, 16 pelo­to­nes en estos momen­tos des­ple­ga­dos en Cali. Eso es ini­cial­men­te la pri­me­ra fase, señor pre­si­den­te, me voy con la segun­da orden del señor pre­si­den­te de la Repú­bli­ca y es la cam­pa­ña al apo­yo para la recu­pe­ra­ción de esta cade­na pro­duc­ti­va que tene­mos que romperla”.

Des­co­no­cer a las autoridades

El uri­bis­mo le qui­tó de fac­to el man­do al alcal­de de Cali, en la prác­ti­ca man­dan el gene­ral Zapa­tei­ro y los terra­te­nien­tes de los inge­nios, que se están toman­do la ciu­dad a san­gre y fue­go; han incen­dia­do casas, en los barrios de Siloé, La Luna, el Lido han entra­do dis­pa­ran­do con fusi­les y los tan­ques de gue­rra han entra­do a los barrios; se está fra­guan­do un autogolpe.

Una Cali his­té­ri­ca y des­abas­te­ci­da, con pocos ali­men­tos y poca gaso­li­na, que quie­re ser escu­cha­da y le res­pon­den con repre­sión mili­tar y cerran­do el aero­puer­to, se con­vir­tió, al mis­mo tiem­po, en la capi­tal de la resis­ten­cia y la sucur­sal del infierno.

Cali esta­ba com­ple­ta­men­te blo­quea­da por todos sus pun­tos prin­ci­pa­les y una red de comi­tés popu­la­res inte­gra­dos por jóve­nes, tra­ba­ja­do­res, pre­ca­rios, estu­dian­tes, muje­res, obre­ros y pro­fe­sio­na­les ejer­ce un con­trol del terri­to­rio para res­pal­dar el plie­go de peti­cio­nes de una res­pues­ta efec­ti­va y una solu­ción a los pro­ble­mas socia­les, de salud, empleo, movi­li­dad, ham­bre, liber­ta­des, res­pe­to por la vida. 

A los cale­ños les explo­tó en las manos una bom­ba social que se había demo­ra­do en esta­llar: se suma­ron en pan­de­mia la pobre­za, el ham­bre, el terro­ris­mo, la delin­cuen­cia, una bue­na dosis de pola­ri­za­ción polí­ti­ca, el can­san­cio que pro­du­ce un gobierno nacio­nal indo­len­te y la ausen­cia de lide­raz­go del gobierno local.

Es la ver­da­de­ra “sucur­sal del infierno” des­de la déca­da de 1930, cuan­do la guar­dia cívi­ca, “pája­ros” y cua­dri­llas ban­do­le­ras eran con­tra­ta­das por los terra­te­nien­tes para des­pla­zar a los colo­nos (que habían hui­do de los depar­ta­men­tos de Nari­ño, Quin­dío, Antio­quia duran­te la Gue­rra de los Mil Días).

Lue­go fue la lar­ga eta­pa de “La Vio­len­cia” y, a par­tir de media­dos de los ’70, el Car­tel de Cali (con sus 8.000 para­po­lí­ti­cos del pro­ce­so así deno­mi­na­do), segui­do por el Car­tel del Nor­te del Valle y sus suce­so­res antes y des­pués de la “des­mo­vi­li­za­ción” de Uri­be y el Plan Colom­bia de Esta­dos Uni­dos (con los para­mi­li­ta­res de Los Ras­tro­jos, por ejemplo).

En para­le­lo, la moder­ni­za­ción de la agro­in­dus­tria azu­ca­re­ra en la zona pla­na del Valle y la sus­ti­tu­ción de la agri­cul­tu­ra cafe­ta­le­ra por la coca­le­ra en la zona de lade­ra redu­je­ron los pro­duc­to­res a la con­di­ción de sier­vos de la gle­ba de terra­te­nien­tes y tra­que­tos. Y el tiro de gra­cia fue­ron los TLC’s con los EEUU y la Unión Euro­pea (2012 y 2013, res­pec­ti­va­men­te) que impac­ta­ron fuer­te­men­te al campesinado.

El perio­dis­ta cale­ño Juan Andrés Valen­cia seña­la que “no son pocos los cale­ños que creen que se tra­ta de una lucha entre la izquier­da y la dere­cha, entre «una fuer­za oscu­ra que quie­re derro­car el régi­men» y «un régi­men opre­sor establecido».

“Y de ñapa, están con­ven­ci­dos de que la refor­ma tri­bu­ta­ria es lo úni­co que se esta­ba recla­man­do. Pero se equi­vo­can. Ese fue solo el deto­nan­te. Es inge­nuo pen­sar que el caos que se está vivien­do en Cali se redu­ce a una con­fron­ta­ción entre dos ideo­lo­gías”, añade.

Hay que tener en cuen­ta que Cali es una de las dos ciu­da­des más vio­len­tas de Colom­bia y esté den­tro de las cin­cuen­ta más vio­len­tas del mun­do: su tasa de 37,68 % de homi­ci­dios por cada 100.000 habi­tan­tes (pues­to 39) así lo confirma.

Des­de que se imple­men­tó la elec­ción popu­lar de alcal­des y gober­na­do­res en Colom­bia, Cali ha demos­tra­do una incli­na­ción mar­ca­da a ele­gir can­di­da­tos alter­na­ti­vos o pro­gre­sis­tas. El man­da­to del últi­mo con­ser­va­dor ter­mi­nó en el 2001, 20 años atrás

La uni­ver­si­dad públi­ca siem­pre ha teni­do un rol pro­ta­gó­ni­co en las gran­des mani­fes­ta­cio­nes de Cali, ciu­dad a la que lle­gan miles de per­so­nas bus­can­do opor­tu­ni­da­des ‑inmi­gran­tes del suroc­ci­den­te colom­biano y el Pací­fi­co, víc­ti­mas del con­flic­to- pero tam­bién delin­cuen­tes para crear o for­ta­le­cer ban­das dedi­ca­das al trá­fi­co de dro­gas, lo cual gene­ra gue­rras entre pan­di­llas por el con­trol de las rutas y los territorios.

Entre el 2016 y el 2019 el des­em­pleo se redu­jo a nive­les his­tó­ri­cos, al pun­to que Cali fue la ciu­dad que más empleo gene­ró entre las cin­co prin­ci­pa­les del país. Pero lle­gó la pan­de­mia y con ella, el ham­bre y más pobre­za. Hoy tie­ne 7.000 poli­cías para dos millo­nes y medio de habitantes.

El alcal­de Jor­ge Iván Ospi­na fue can­di­da­to por el Par­ti­do Ver­de, un polí­ti­co que se ha carac­te­ri­za­do por su capa­ci­dad mediá­ti­ca, lo cual hace lla­ma­ti­vo el hecho que en esta coyun­tu­ra haya deci­di­do guar­dar silen­cio y pasar inad­ver­ti­do, tras seña­lar que la res­pon­sa­bi­li­dad del orden públi­co era del pre­si­den­te Duque.

“No ten­go prue­bas, pero tam­po­co dudas: el paro en Cali ha sido sabo­tea­do. No hay que ser muy inte­li­gen­te para saber que quien mejor capi­ta­li­ce esta cri­sis que­da­rá muy bien posi­cio­na­do en la pró­xi­ma carre­ra pre­si­den­cial. El pul­so es evi­den­te”, dice Juan Andrés Valencia.

Fuen­te: Cen­tro Lati­no­ame­ri­cano de Aná­li­sis Estra­té­gi­co (CLAE, www​.estra​te​gia​.la)

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