El Sal­va­dor. El ejér­ci­to ava­ló ope­ra­ti­vo de la masa­cre de mil campesinos

Por Edgar­do Aya­la. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 8 de mayo de 2021.

El ope­ra­ti­vo mili­tar que cul­mi­nó con la cono­ci­da como masa­cre de El Mozo­te, en la que murie­ron unas mil per­so­nas en 1981 en El Sal­va­dor, fue pla­ni­fi­ca­do y eje­cu­ta­do por el Alto Man­do del Ejér­ci­to del país, con el apo­yo de mili­ta­res hon­du­re­ños, y encu­bier­to por auto­ri­da­des del gobierno de Esta­dos Unidos.

Esos hechos, ocu­rri­dos duran­te la gue­rra civil en El Sal­va­dor (1980−1992) fue­ron reve­la­dos por la aca­dé­mi­ca esta­dou­ni­den­se Terry Karl, de la Uni­ver­si­dad de Stan­ford, quien par­ti­ci­pó como peri­to en una audien­cia sobre el caso, cele­bra­da del 26 al 28 de abril en San Fran­cis­co Gote­ra, capi­tal del depar­ta­men­to de Mora­zán, en el este del país.

La Ope­ra­ción Res­ca­te, como se deno­mi­nó al ope­ra­ti­vo mili­tar desa­rro­lla­do en El Mozo­te y case­ríos cir­cun­dan­tes, efec­tua­do por el ejér­ci­to en diciem­bre de 1981, “fue “pla­ni­fi­ca­da, auto­ri­za­da y con­du­ci­da por el Alto Man­do”, secun­dó ade­más el coro­nel peruano Cle­ver Pino Bernamú.

El ofi­cial en reti­ro sud­ame­ri­cano par­ti­ci­pó tam­bién como peri­to, en otra audien­cia cele­bra­da el 30 de abril, en la mis­ma ciudad.

“Los hecho­res tie­nen que pagar, la jus­ti­cia ya está sobre ellos, Dios y las leyes de la Tie­rra tie­ne que cas­ti­gar­los”, dijo a IPS el sobre­vi­vien­te de aque­lla masa­cre, Hila­rio Sán­chez, de 90 años, duran­te un rece­so de esa segun­da audiencia.

Sán­chez y otros sobre­vi­vien­tes y fami­lia­res de víc­ti­mas lle­ga­ron a San Fran­cis­co Gote­ra des­de la zona de El Mozo­te para escu­char los cua­tro días de audien­cia, con espe­cial inte­rés en las ponen­cias de los exper­tos sobre la mayor masa­cre ocu­rri­da en la gue­rra civil.

Tan­to Ber­na­mú, exper­to en la polí­ti­ca de la segu­ri­dad nacio­nal impul­sa­da en la región por Esta­dos Uni­dos, como Karl, fun­gie­ron como peri­tos a soli­ci­tud de la Fis­ca­lía Gene­ral y la acu­sa­ción par­ti­cu­lar, en esta fase lla­ma­da de ins­truc­ción, en la que se inda­gan los hechos y se pre­sen­tan evi­den­cias para que, más ade­lan­te, el juez deter­mi­ne si abre el jui­cio como tal.

El ope­ra­ti­vo mili­tar fue com­bi­na­do, dijo Karl, pues invo­lu­cró fue­go de arti­lle­ría, apo­yo aéreo, tro­pas del bata­llón Atla­catl, entre­na­do en con­tra­in­sur­gen­cia por Esta­dos Uni­dos; apo­yo aéreo, y de la Ter­ce­ra Bri­ga­da de Infan­te­ría y de otras guar­ni­cio­nes mili­ta­res, por lo cual es evi­den­te que hubo una coor­di­na­ción des­de las altas esfe­ras castrenses.

Se con­si­de­ra al coro­nel Domin­go Mon­te­rro­sa, coman­dan­te del bata­llón Atla­catl, como el res­pon­sa­ble ope­ra­ti­vo en el terreno.

El ofi­cial murió en octu­bre de 1984 cuan­do el heli­cóp­te­ro en el que via­ja­ba jun­to a otros ofi­cia­les explo­tó pro­duc­to de una car­ga explo­si­va embu­ti­da por la gue­rri­lla en un fal­so trans­mi­sor de la Radio Ven­ce­re­mos, una de las dos emi­so­ras rebeldes.

Mon­te­rro­sa cre­yó que sus tro­pas habían cap­tu­ra­do en com­ba­te el trans­mi­sor de la esta­ción, y lo lle­va­ba con él, como una suer­te de tro­feo, cuan­do los rebel­des lo hicie­ron explo­tar remo­ta­men­te, según con­tó el escri­tor José Igna­cio López Vigil, en su libro Las mil y una his­to­rias de Radio Venceremos

“La deci­sión de man­dar al Atla­catl (a El Mozo­te) se toma den­tro de Minis­te­rio de Defen­sa, a tra­vés de la cade­na de man­do”, afir­mó duran­te la audien­cia la aca­dé­mi­ca, quien por años ha escu­dri­ña­do docu­men­tos des­cla­si­fi­ca­dos por la esta­dou­ni­den­se Agen­cia Cen­tral de Inte­li­gen­cia (CIA), ade­más de haber con­du­ci­do sus pro­pias entre­vis­tas e investigaciones.

Hilario Sánchez, de 90 años, sobreviviente de la Masacre de El Mozote, ocurrida en diciembre de 1981 en El Salvador, durante un receso de una audiencia celebrada el 30 de abril en San Francisco Gotera. Sánchez escuchó a dos peritos internacionales determinar que el asesinato de unos mil pobladores, incluidos familiares suyos, fue parte de un operativo avalado por el Alto Mando castrense. Foto: Edgardo Ayala /IPS
Hila­rio Sán­chez, de 90 años, sobre­vi­vien­te de la Masa­cre de El Mozo­te, ocu­rri­da en diciem­bre de 1981 en El Sal­va­dor, duran­te un rece­so de una audien­cia cele­bra­da el 30 de abril en San Fran­cis­co Gote­ra. Sán­chez escu­chó a dos peri­tos inter­na­cio­na­les deter­mi­nar que el ase­si­na­to de unos mil pobla­do­res, inclui­dos fami­lia­res suyos, fue par­te de un ope­ra­ti­vo ava­la­do por el Alto Man­do cas­tren­se. Foto: Edgar­do Aya­la (IPS)

Karl y Ber­na­mú coin­ci­die­ron en que un ope­ra­ti­vo de esa enver­ga­du­ra, que impli­có un esfuer­zo de pla­ni­fi­ca­ción, orga­ni­za­ción y logís­ti­ca, solo pudo ser lle­va­do a cabo como par­te de un esfuer­zo ins­ti­tu­cio­nal, des­de el Alto Man­do del ejército.

Las acu­sa­cio­nes públi­ca y par­ti­cu­lar esfuer­zan por poner nom­bres y ros­tros a los ofi­cia­les que par­ti­ci­pa­ron en la cade­na de man­do de la Ope­ra­ción Rescate.

Archi­va­do des­de 1993 en el sis­te­ma judi­cial sal­va­do­re­ño, el caso fue reabier­to en sep­tiem­bre del 2016, y en el ban­qui­llo de los acu­sa­dos están15 mili­ta­res, sie­te de ellos de alto ran­go del Ejér­ci­to sal­va­do­re­ño, que son los que que­dan vivos de los 33 acu­sa­dos castrenses.

Entre los sie­te de alto ran­go se encuen­tran los gene­ra­les Gui­ller­mo Gar­cía, exmi­nis­tro de la Defen­sa (1979−1983), y Rafael Flo­res Lima, exje­fe del Esta­do Mayor Conjunto.

Como defen­sa, el ejér­ci­to recha­za que hubo una acción deli­be­ra­da de ase­si­nar a civi­les, orga­ni­za­da des­de el Alto Man­do, y todo lo cir­cuns­cri­be a una manio­bra mili­tar de con­tra­in­sur­gen­cia en la que murie­ron per­so­nas no com­ba­tien­tes por­que la gue­rri­lla se escu­dó en ellos.

Entre sep­tiem­bre y octu­bre de 2020, con la venia del pre­si­den­te Nayib Buke­le, el ejér­ci­to sal­va­do­re­ño impi­dió al juez del caso, Jor­ge Guz­mán, ingre­sar a seis cuar­te­les para bus­car docu­men­tos sobre la masacre.

Pese a que Buke­le se había com­pro­me­ti­do con las víc­ti­mas a abrir esos archi­vos, al final se des­di­jo de su promesa.

Entre el 10 y el 13 de diciem­bre de 1981, uni­da­des del ejér­ci­to sal­va­do­re­ño mon­ta­ron en El Mozo­te y aldeas cir­cun­dan­tes, en el nor­te de Mora­zán, un pre­sun­to ope­ra­ti­vo anti­gue­rri­lle­ro, pero ahí se dedi­ca­ron a ase­si­nar a unas mil per­so­nas, entre ellas niños, ancia­nos y muje­res embarazadas.

Los mili­ta­res sal­va­do­re­ños con­si­de­ra­ban a esa pobla­ción apo­yo de la gue­rri­lla, que tenía una fuer­te pre­sen­cia en la zona, limí­tro­fe con Honduras.

“La gen­te no esta­ba orga­ni­za­da en nada de gru­pos gue­rri­lle­ros, la gen­te vivía humil­de­men­te en esto luga­res, tra­ba­jan­do la tie­rra, era gen­te ino­cen­te, muje­res, ancia­nos, niños, muje­res emba­ra­za­das”, seña­ló Sán­chez, quien resi­día en Potre­ros, un peque­ño case­río de la aldea La Joya, en diciem­bre de 1981.

Los integrantes de la acusación en el caso de la Masacre de El Mozote, integrada por fiscales del Estado y por abogados particulares, durante sus alegatos al juez de la causa, en una audiencia celebrada el 30 de abril, en San Francisco Gotera, en El Salvador. El caso "Masacre de El Mozote y lugares aledaños" está en su fase de instrucción, antes de que el juez decida si abre el juicio oral, con base en las evidencias presentadas. Foto: Edgardo Ayala /IPS
Los inte­gran­tes de la acu­sa­ción en el caso de la Masa­cre de El Mozo­te, inte­gra­da por fis­ca­les del Esta­do y por abo­ga­dos par­ti­cu­la­res, duran­te sus ale­ga­tos al juez de la cau­sa, en una audien­cia cele­bra­da el 30 de abril, en San Fran­cis­co Gote­ra, en El Sal­va­dor. El caso «Masa­cre de El Mozo­te y luga­res ale­da­ños» está en su fase de ins­truc­ción, antes de que el juez deci­da si abre el jui­cio oral, con base en las evi­den­cias pre­sen­ta­das. Foto: Edgar­do Aya­la /​IPS

El sobre­vi­vien­te con­tó a IPS que más de 20 de sus fami­lia­res fue­ron ase­si­na­dos en ese ope­ra­ti­vo, entre ellos su her­ma­na, Fran­cis­ca Sán­chez, de unos 50 años, y las hijas de ella, Rey­nal­da y Ému­la, así como los hijos de estas, cuyos nom­bres dijo ya no recordar.

Los fami­lia­res de Sán­chez inten­ta­ron huir hacia Hon­du­ras cuan­do supie­ron que el ope­ra­ti­vo había comen­za­do en su aldea, el 11 de diciem­bre, pero fue­ron ata­ja­dos por sol­da­dos, jun­to a otros habi­tan­tes del lugar.

“Les dije­ron que los lle­va­rían a un cam­po y que los saca­rían del lugar en heli­cóp­te­ro, pero no fue así, los reu­nie­ron para matar­los”, narró Sán­chez, quien se libró de la muer­te por­que no qui­so salir de casa con el gru­po, pues no halla­ba qué hacer con sus tres vacas, tras escu­char que los sol­da­dos tam­bién anda­ban matan­do los ani­ma­les de los pobladores.

“Les dije a mis fami­lia­res que me iba a que­dar a ver qué hacía con las vacas, y que des­pués me escon­de­ría”, recor­dó. Se libró de la muer­te al escon­der­se a tiem­po en “el monte”.

Otra de las reve­la­cio­nes de Karl, la inves­ti­ga­do­ra de Stan­ford, fue que en el ope­ra­ti­vo en El Mozo­te estu­vo pre­sen­te el ase­sor esta­dou­ni­den­se Allen Bru­ce Hazel­wood, algo que era ile­gal según las nor­mas inter­nas de Esta­dos Unidos.

Tal pre­sen­cia fue posi­ble debi­do al víncu­lo de amis­tad que Hazel­wood habría teni­do con el coro­nel Monterrosa.

Haber man­te­ni­do en secre­to que un ase­sor esta­dou­ni­den­se estu­vo en el lugar de la masa­cre impli­ca que hubo un ela­bo­ra­do plan de encu­bri­mien­to por par­te no solo de los mili­ta­res sal­va­do­re­ños sino tam­bién de auto­ri­da­des de Esta­dos Uni­dos, para no afec­tar la ayu­da mili­tar de esa nación al ejér­ci­to de El Sal­va­dor, según aseguró.

Sin embar­go, la aca­dé­mi­ca aco­tó: “No pue­do decir que (el pre­si­den­te Ronald) Reagan (1981−1989) sabía, pero mucha gen­te en el gobierno ya sabía lo que había pasado”.

Cono­cer sobre la pre­sen­cia del ase­sor Hazel­wood en el ope­ra­ti­vo mili­tar, pue­de tener un impac­to polí­ti­co favo­ra­ble para el caso y podría faci­li­tar la des­cla­si­fi­ca­ción de otros docu­men­tos en Esta­dos Uni­dos, ase­gu­ró a IPS la abo­ga­da Gua­da­lu­pe Her­nán­dez, de la orga­ni­za­ción de dere­chos huma­nos Cristosal.

“Recor­de­mos que Karl esta­ble­ció que par­te de esos docu­men­tos están des­cla­si­fi­ca­dos par­cial­men­te. Toda­vía hay mucha más infor­ma­ción que podría ser even­tual­men­te des­cla­si­fi­ca­da y que nos podrá seguir ayu­dan­do a encon­trar la ver­dad de lo ocu­rri­do”, seña­ló Hernández.

La juris­ta for­ma par­te de un equi­po de abo­ga­dos que tra­ba­ja de la mano con la Fis­ca­lía Gene­ral y la acu­sa­ción par­ti­cu­lar en el caso, en repre­sen­ta­ción de las víctimas.

Karl tam­bién ase­gu­ró en la audien­cia que los mili­ta­res sal­va­do­re­ños con­ta­ron con el apo­yo de sus pares hon­du­re­ños, encar­ga­dos de blo­quear la fron­te­ra para evi­tar una posi­ble hui­da de rebel­des y pobla­do­res hacia ese terri­to­rio vecino, algo que tam­po­co se conocía.

Sin embar­go la par­ti­ci­pa­ción de tro­pas hon­du­re­ñas ya había sido docu­men­ta­da en otra masa­cre, la del río Sum­pul, ocu­rri­da en mayo de 1980, cuan­do dis­pa­ra­ron con­tra pobla­do­res civi­les que huían de un ope­ra­ti­vo mili­tar sal­va­do­re­ño en el depar­ta­men­to de Cha­la­te­nan­go, en el nor­te del país, con un sal­do de unos 600 muertos.

“No nos sor­pren­de para nada la par­ti­ci­pa­ción del ejér­ci­to hon­du­re­ño (…) Hon­du­ras fue un pun­to estra­té­gi­co mili­tar (de los Esta­dos Uni­dos), fue un pro­yec­to regio­nal”, dijo a IPS la acti­vis­ta Bertha Oli­va, del Comi­té de Fami­lia­res de Dete­ni­dos-Des­apa­re­ci­dos en Hon­du­ras (Cofa­deh).

Por su par­te, la defen­sa de los mili­ta­res acu­sa­dos plan­teó que inten­ta­rán anu­lar, a la hora de eva­luar la evi­den­cia pre­sen­ta­da en la audien­cia, el tes­ti­mo­nio de la aca­dé­mi­ca esta­dou­ni­den­se, pues con­si­de­ran que su peri­ta­je está sesgado.

“Ella nun­ca pudo haber sido obje­ti­va, aun­que hubie­ra que­ri­do”, dijo a IPS el defen­sor Lisan­dro Quintanilla.

Se cal­cu­la que unas 75 000 per­so­nas murie­ron duran­te el con­flic­to sal­va­do­re­ño, la mayo­ría civiles.

Los pocos sobre­vi­vien­tes que que­dan y los fami­lia­res de las masa­cres con­tra civi­les creen que, aun­que han pasa­do casi 40 años de que ocu­rrie­ron los hechos, lle­ga­rá el día en que encon­tra­rán jus­ti­cia y que ello mejo­ra­rá la situa­ción de los dere­chos huma­nos no solo en este país cen­tro­ame­ri­cano de 6,7 millo­nes de personas.

José Cruz Vigil, de 66 años, per­dió a 54 parien­tes en la masa­cre, en las aldeas de Joco­te Ama­ri­llo y Los Tori­les. “La mayo­ría eran niños, de 16 para aba­jo, inclu­so dos esta­ban aún en el vien­tre”, con­tó a IPS al con­cluir las audien­cias en San Fran­cis­co Gotera.

“Noso­tros man­te­ne­mos la espe­ran­za de que un día va a haber ver­dad, jus­ti­cia, y repa­ra­ción. Habrá un pre­ce­den­te para las nue­vas gene­ra­cio­nes, para que esos hechos no se vuel­van a repe­tir aquí ni en nin­gún lugar del mun­do”, sub­ra­yó Vigil.

Foto: EFE

Fuen­te: IPS

Itu­rria /​Fuen­te

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