Esta­do espa­ñol. Impu­ni­dad: Tras sufrir una pali­za un mucha­cho marro­quí se sui­ci­dó bajo cus­to­dia esta­tal en una cel­da de ais­la­mien­to en julio de 2019 /​Tribunal sobre­see la causa

Por Enric Llopis/​Resumen Lati­no­ame­ri­cano, 15 abril 2021.

La Audien­cia Pro­vin­cial de Valen­cia deci­dió, en un auto con fecha 11 de mar­zo, el sobre­sei­mien­to pro­vi­sio­nal de la cau­sa abier­ta por la muer­te bajo cus­to­dia esta­tal de un joven marro­quí entre los muros del Cen­tro de Inter­na­mien­to de Extran­je­ros (CIE) de Zapa­do­res (Valen­cia), en el verano de 2019. El tri­bu­nal no ha obser­va­do deli­to en la actua­ción del per­so­nal sani­ta­rio y los fun­cio­na­rios poli­cia­les ads­cri­tos al CIE, pero esto “no sig­ni­fi­ca que la aten­ción reci­bi­da por el interno fue­ra inta­cha­ble, ni que pue­da deri­var­se algu­na cla­se de res­pon­sa­bi­li­dad como con­se­cuen­cia de esa aten­ción o de su falle­ci­mien­to”, aña­de la reso­lu­ción judi­cial, “tan sólo que esa posi­ble res­pon­sa­bi­li­dad no es de carác­ter penal”.

En el auto los magis­tra­dos argu­men­tan que se dic­te el “sobre­sei­mien­to pro­vi­sio­nal”, y no una reso­lu­ción defi­ni­ti­va, por la ausen­cia de un infor­me defi­ni­ti­vo de autop­sia y la posi­bi­li­dad de que se apor­ten nue­vos ele­men­tos de jui­cio que jus­ti­fi­quen la reaper­tu­ra de la causa.

Maroua­ne Abouo­bai­da, de 23 años, se tras­la­dó en pate­ra al esta­do espa­ñol des­de Marrue­cos, tras cur­sar los estu­dios de bachi­lle­ra­to y rea­li­zar tra­ba­jos de sol­da­dor, entre otros desem­pe­ños. El obje­ti­vo del des­pla­za­mien­to era pro­por­cio­nar ayu­da eco­nó­mi­ca a su madre, viu­da y en situa­ción de pre­ca­rie­dad. Des­pués que la embar­ca­ción fue­ra inter­cep­ta­da en el mar, ingre­só en el CIE de Valencia.

El mucha­cho se sui­ci­dó el 15 de julio de 2019 en una cel­da de ais­la­mien­to del CIE, tras sufrir una pali­za por par­te de otras per­so­nas ence­rra­das en el cen­tro, por lo que fue tras­la­da­do al hos­pi­tal (pocos días antes Maroua­ne fue obje­to de otras dos agre­sio­nes). Unas horas antes de su muer­te, el joven dic­tó un escri­to a un com­pa­ñe­ro –diri­gi­do al direc­tor del CIE- en el que comu­ni­ca­ba la agre­sión, con los efec­tos de una lesión ocu­lar y cefa­lea. “No se adop­ta­ron medi­das espe­cia­les para su pro­tec­ción”, denun­cian la Cam­pa­ña CIE No y la Coor­di­na­do­ra de Inmi­gran­tes Marro­quíes Casa Marrue­cos, que ha acom­pa­ña­do a la fami­lia del fallecido.

Los médi­cos del hos­pi­tal reco­men­da­ron que el joven estu­vie­ra repo­san­do duran­te dos o tres días en una cama-sillón, ya que pre­sen­ta­ba un trau­ma­tis­mo cra­neal; tam­bién pres­cri­bie­ron que no rea­li­za­ra movi­mien­tos que pudie­ran pro­du­cir un “aumen­to de pre­sión cefá­li­ca” y que per­ma­ne­cie­ra acom­pa­ña­do, en las horas siguien­tes a reci­bir la aten­ción, para com­pro­bar que se orien­ta­ba correc­ta­men­te y movía las extre­mi­da­des con nor­ma­li­dad; en caso de per­der el cono­ci­mien­to, des­orien­ta­ción, cefa­lea per­sis­ten­te, con­duc­tas anor­ma­les, pér­di­da de fuer­za o alte­ra­cio­nes motri­ces, debe­ría tras­la­dar­se al ser­vi­cio de urgencias.

“Nin­gu­na de estas reco­men­da­cio­nes fue lle­va­da a cabo por el per­so­nal sani­ta­rio del CIE ni por los fun­cio­na­rios poli­cia­les”, con­clu­yen la Cam­pa­ña y Casa Marrue­cos. Según el auto de la Audien­cia valen­cia­na, “aun­que el interno pre­sen­ta­ba lesio­nes de cier­ta enti­dad por una agre­sión sufri­da el día ante­rior, no cons­ta que nadie –en espe­cial el per­so­nal sani­ta­rio- advir­tie­ra que los pro­to­co­los con el interno debie­ran ser dis­tin­tos que con rela­ción a otro interno”. 

“Para valo­rar todo lo que pudo haber­se hecho y no se hizo ante una situa­ción como la suya (de Maroua­ne Abouo­bai­da), bas­ta con leer el pro­to­co­lo fija­do para situa­cio­nes simi­la­res por el Juz­ga­do de Ins­truc­ción Núme­ro 3 de Valen­cia, com­pe­ten­te para el con­trol del CIE”, apun­ta la reso­lu­ción de la Audien­cia Pro­vin­cial. Así, el Juz­ga­do de Ins­truc­ción emi­tió tras el sui­ci­dio de Maroua­ne, el 25 de julio, un auto con 16 medi­das para pre­ser­var en mejor for­ma la vida, inte­gri­dad, salud y dere­chos de los ence­rra­dos; la mayor par­te de las medi­das hacen refe­ren­cia a garan­tías duran­te la reclu­sión en cel­das de ais­la­mien­to; por ejem­plo, que toda situa­ción de ais­la­mien­to es excep­cio­nal y que cuan­do se pro­duz­ca para la pro­tec­ción de la inte­gri­dad del interno, éste ha de per­ma­ne­cer en la cel­da jun­to a otros dos reclu­sos y por el tiem­po míni­mo indis­pen­sa­ble con un lími­te –como prin­ci­pio gene­ral- de una hora.

Sin embar­go “Maroua­ne murió solo en la cel­da, dos horas des­pués de ser ais­la­do, y tar­da­ron 40 minu­tos en dar­se cuen­ta de que se había qui­ta­do la vida”, recuer­dan las ONG. Tras el auto del Juz­ga­do de Ins­truc­ción, la Cam­pa­ña por el Cie­rre de los CIE ins­tó for­mal­men­te a la Dele­ga­ción del Gobierno (los cen­tros de inter­na­mien­to depen­den del Minis­te­rio del Inte­rior) a que infor­ma­ra sobre la apli­ca­ción de las 16 medi­das del auto judi­cial, sin obte­ner respuesta.

La abo­ga­da de la Cam­pa­ña asu­mió la acu­sa­ción par­ti­cu­lar en nom­bre de la fami­lia del joven ante el Juz­ga­do de Ins­truc­ción Núme­ro 10 de Valen­cia (el auto de la Audien­cia resuel­ve la ape­la­ción inter­pues­ta con­tra la reso­lu­ción del Juz­ga­do de Ins­truc­ción); a par­tir de las con­ver­sa­cio­nes con un tes­ti­go de los hechos, el ates­ta­do poli­cial y los vídeos de algu­nas cáma­ras de vigi­lan­cia del CIE –entre otras las de las cel­das de aislamiento‑, la repre­sen­ta­ción jurí­di­ca de la fami­lia apre­ció “la posi­ble exis­ten­cia de varios deli­tos impu­tables a los fun­cio­na­rios públi­cos que apa­re­cen en las imá­ge­nes: induc­ción al sui­ci­dio, tra­to degra­dan­te, daño a la vida o a la inte­gri­dad moral, dene­ga­ción de la asis­ten­cia sani­ta­ria y otros”.

La Cam­pa­ña CIE No y Casa Marrue­cos deta­llan, en una nota infor­ma­ti­va, la ver­sión de la acu­sa­ción par­ti­cu­lar: “Las imá­ge­nes venían a con­fir­mar que Maroua­ne no fue ais­la­do por su segu­ri­dad ni por su salud: lo arras­tra­ron por el sue­lo estan­do incons­cien­te y lo deja­ron tira­do en la cel­da de ais­la­mien­to, solo, sin vigi­lan­cia, sin agua, sin comi­da, y con la ven­ta­na cerra­da en ple­na canícula”.

Asi­mis­mo “tras su muer­te, apa­re­cen en el dis­tri­bui­dor tres fun­cio­na­rios uni­for­ma­dos. Miran por la miri­lla y ven el cuer­po. Dos de los uni­for­ma­dos entran y rodean el cuer­po. No lo ins­pec­cio­nan ni le toman las cons­tan­tes vita­les. Uno de ellos le da dos pata­das para ver si reac­cio­na. Tras ver que no lo hace tam­po­co le toma las cons­tan­tes vita­les. Sólo enton­ces, una vez muer­to, se le rea­li­za el pri­mer reco­no­ci­mien­to físi­co y con ins­tru­men­tal médi­co des­de su ais­la­mien­to”, aña­de la cita­da fuente.

Con inde­pen­den­cia de la rele­van­cia penal, las ONG cali­fi­can los hechos denun­cia­dos por la repre­sen­ta­ción de Maroua­ne Abouo­bai­da como de “tra­to inhu­mano y degra­dan­te a una per­so­na pri­va­da de liber­tad que no había come­ti­do nin­gún deli­to”; los magis­tra­dos de la Audien­cia inter­pre­tan que algu­nas imá­ge­nes pue­den suge­rir el “com­por­ta­mien­to repro­ba­ble” de algún poli­cía, pero no un delito.

El 15 de junio la Cam­pa­ña CIE No pre­sen­tó el infor­me Sin dere­cho a tener dere­chos sobre el cen­tro de Zapa­do­res, en memo­ria del migran­te marro­quí. El docu­men­to recuer­da que, en julio de 2019, la direc­ción del CIE de Zapa­do­res res­trin­gió el hora­rio que las ONG dedi­can a las per­so­nas inter­nas; un car­tel con el sello de la Jefa­tu­ra Supe­rior de Poli­cía de la Comu­ni­dad Valen­cia­na espe­ci­fi­ca­ba que la aten­ción se limi­ta­ba a dos tar­des sema­na­les con cita tele­fó­ni­ca pre­via y ade­más se dene­ga­ba la visi­ta en caso de “entra­da masi­va” o “expul­sión masi­va” de migran­tes. El infor­me sub­ra­ya que la muer­te del joven se pro­du­jo en un con­tex­to de “ele­va­da ten­sión” entre los muros de Zapa­do­res. De hecho, una sema­na antes ocu­rrió un inten­to de sui­ci­dio y otro interno fue pues­to en liber­tad debi­do a su “gra­ve dete­rio­ro psí­qui­co”; por las mis­mas fechas dos migran­tes se autolesionaron.

La muer­te de Maroua­ne no es la úni­ca que se pro­du­ce en el CIE Valen­ciano. A esta se suma la de un ciu­da­dano marro­quí de 55 años, en octu­bre de 2010, que pasó por un reco­no­ci­mien­to pre­vio en el Cen­tro de Salud de la Fuen­te de San Luis, en Valen­cia; “los facul­ta­ti­vos dije­ron no haber encon­tra­do nada anó­ma­lo”, infor­mó la Cam­pa­ña. En agos­to de 2008 un ciu­da­dano nige­riano, de 47 años, cayó sin vida como con­se­cuen­cia de un infar­to, des­pués de sen­tir­se mal en las duchas del CIE; ade­más en febre­ro de 2009 falle­ció en el Hos­pi­tal Gene­ral de Valen­cia, por cau­sas natu­ra­les, una per­so­na de nacio­na­li­dad geor­gia­na pre­via­men­te ence­rra­da en el cen­tro de Zapa­do­res. En el esta­do espa­ñol se compu­tan al menos una dece­na de muer­tos –den­tro de los cen­tros o en duran­te los tras­la­dos for­zo­sos- des­de que comen­za­ron a fun­cio­nar los cen­tros de internamiento. 

Itu­rria /​Fuen­te

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