Colom­bia. Duque acu­sa­do de «bom­bar­dear con gli­fo­sa­to» en un recla­mo que toca a Biden

Por Andrés Gau­din, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 11 de abril de 2021.

Muy pres­ti­gio­sas ONGs acu­die­ron al pre­si­den­te de EE UU y le recuer­dan su inter­ven­ción en 1996 como vice ante la nue­va “llu­via tóxi­ca» en la zona coca­le­ra, «con su secue­la de muer­te, enfer­me­da­des y destrucción».

Las más rele­van­tes orga­ni­za­cio­nes huma­ni­ta­rias del mun­do, cien­tí­fi­cos y aca­dé­mi­cos de todas las nacio­na­li­da­des y sie­te altos comi­sio­na­dos de las Nacio­nes Uni­das le pidie­ron al pre­si­den­te de Esta­dos Uni­dos, Joe Biden, que inter­ce­da ante su par colom­biano, Iván Duque, para impe­dir el reini­cio de la asper­sión aérea de agro­tó­xi­cos en las áreas sem­bra­das con coca. Con ellas, des­de los años 90 del siglo pasa­do, se ha inten­ta­do en vano erra­di­car las plan­ta­cio­nes con las que sobre­vi­ven unas 240 mil fami­lias. Los envíos comen­za­ron el 26 de mar­zo y, pasa­das dos sema­nas, has­ta el sába­do, Biden no había acu­sa­do reci­bo, pese a que los fir­man­tes le advier­ten que hay peli­gro de un esta­lli­do social. Según el minis­tro de Defen­sa, Die­go Molano, “reto­ma­re­mos el bom­bar­deo con gli­fo­sa­to en los pró­xi­mos días”.

Tras el anun­cio de Molano, el que habló fue el emba­ja­dor nor­te­ame­ri­cano Phi­lip Gold­berg, un vie­jo cono­ci­do de Amé­ri­ca Lati­na des­de que, en setiem­bre de 2008, el gobierno de Evo Mora­les lo expul­sa­ra de Boli­via por su par­ti­ci­pa­ción en una tra­ma gol­pis­ta/​sece­sio­nis­ta que tenía cabe­ce­ra en la orien­tal San­ta Cruz de la Sie­rra. “Esta vez el papel de Esta­dos Uni­dos no será tan acti­vo como en otros tiem­pos” (Barack Oba­ma, Donald Trump), fue lo poco pero muy explí­ci­to que dijo. Gold­berg sabe lo que dice. Ape­nas pre­sen­tó sus cre­den­cia­les en Bogo­tá, en 2019, res­pal­dó el man­te­ni­mien­to de la flo­ta fumi­ga­do­ra –aun­que las asper­sio­nes esta­ban sus­pen­di­das des­de 2015 – , e impul­só la moder­ni­za­ción de sus bases.

Las enti­da­des huma­ni­ta­rias enca­be­za­das por la pres­ti­gio­sa WOLA (Ofi­ci­na en Washing­ton para Asun­tos de Amé­ri­ca Lati­na), los cien­tí­fi­cos y los comi­sio­na­dos de la ONU, cada uno a su turno, le recor­da­ron a Biden que debe­ría empe­zar a cui­dar su tra­ba­jo en la región y le advir­tie­ron que la Casa Blan­ca no debe­ría vol­ver a impli­car­se en accio­nes cri­mi­na­les. Le recor­da­ron que la fumi­ga­ción corre el ries­go de pro­vo­car una ola de pro­tes­tas a gran esca­la en las zonas rura­les y fue­ron explí­ci­tos: “En 1996, con el ini­cio de la asper­sión, gran par­te de las áreas rura­les se para­li­zó duran­te meses debi­do a las pro­tes­tas de los coca­le­ros”. Y cie­rran: “Hoy, los cul­ti­va­do­res están mejor orga­ni­za­dos que hace 25 años”.

Aun­que como vice de Barack Oba­ma (2009 – 2017), Biden fue un acti­vo pro­ta­go­nis­ta de la inter­ven­ción nor­te­ame­ri­ca­na en Colom­bia, quie­nes hoy le piden que haga un apor­te a la paz le recuer­dan cuál es el esce­na­rio en el que reapa­re­ce­rán los avio­nes ase­si­nos. Le dicen que la llu­via tóxi­ca, con su secue­la de muer­te, enfer­me­da­des y des­truc­ción es un “men­sa­je de cruel­dad”, y des­cri­ben la zona que será ata­ca­da: “Son áreas de fron­te­ra agrí­co­la don­de el Esta­do no está. No hay carre­te­ras, la red eléc­tri­ca está lejos, no exis­ten agua pota­ble ni títu­los de pro­pie­dad. Hay zonas, inclu­so, don­de el dine­ro en efec­ti­vo es difí­cil de con­se­guir y la pas­ta de coca es la mone­da de uso común”.

Los pro­duc­to­res son gru­pos fami­lia­res que viven des­de siem­pre en peque­ñas par­ce­las de las que extraen, ape­nas, para la sobre­vi­ven­cia. Las fami­lias que viven de la coca –Colom­bia es el mayor pro­duc­tor mun­dial– varían entre 120 mil y 240 mil. Si se acep­ta que cada gru­po está com­pues­to por entre cua­tro y cin­co per­so­nas, alre­de­dor del 2% de los 51 millo­nes de colom­bia­nos vive de a coca. Las ganan­cias son unos 1000 dóla­res anua­les por per­so­na, lo que las con­vier­te en el esla­bón peor paga­do de la cade­na de pro­duc­ción. Los gran­des juga­do­res del nego­cio son los tra­fi­can­tes que sur­ten al voraz mer­ca­do nor­te­ame­ri­cano y a quie­nes nada les impor­tan las fumi­ga­cio­nes de gli­fo­sa­to y sus consecuencias.

Para expli­car la inuti­li­dad de las asper­sio­nes –los pro­duc­to­res y las enti­da­des huma­ni­ta­rias rei­vin­di­can la sus­ti­tu­ción, no la erra­di­ca­ción de cul­ti­vos – , las agen­cias de la ONU esti­man que los por­cen­ta­jes de resiem­bra que se regis­tran des­pués de la defo­lia­ción de las áreas coca­le­ras alcan­zan al 36%. “Inclu­so, cuan­do no se pue­de resem­brar en el mis­mo sitio se des­pla­zan a otras áreas don­de no se per­mi­te fumi­gar, como los par­ques nacio­na­les”. Como en Argen­ti­na, Para­guay y Uru­guay, los exper­tos apun­tan tam­bién a los daños en la salud y el ambiente.

En su docu­men­to, los rela­to­res insis­ten en los efec­tos del gli­fo­sa­to –el agro­quí­mi­co estre­lla de Mon­san­to– en la con­ta­mi­na­ción de los cuer­pos de agua, no sólo por­que son rocia­dos direc­ta­men­te sino por la fil­tra­ción del quí­mi­co hacia aguas sub­te­rrá­neas, en acuí­fe­ros como el Gua­ra­ní. De igual for­ma, ase­gu­ran que la deci­sión de reto­mar las fumi­ga­cio­nes se lle­va a cabo en un con­tex­to de vio­len­cia con­tra los pue­blos indí­ge­nas y afro­co­lom­bia­nos y los defen­so­res de los dere­chos huma­nos. Por pri­me­ra vez, la ONU toma infor­ma­ción de dos docu­men­ta­les de alto impac­to: “El mun­do según Mon­san­to” (2008), de la fran­ce­sa Marie-Moni­que Robin, y “Gue­rras aje­nas” (2016), de la HBO Latin America.

En 2015 la OMS dijo a tra­vés de una publi­ca­ción en la revis­ta The Lan­cet Onco­logy, que el Round Up (nom­bre del gli­fo­sa­to de Mon­san­to) es poten­cial­men­te can­ce­rí­geno, cau­san­te de mal­for­ma­cio­nes en los recién naci­dos y otros ries­gos para la salud. El bió­lo­go argen­tino Raúl Mon­te­ne­gro había lle­ga­do a las mis­mas con­clu­sio­nes. Ante las prue­bas de la OMS, la Cor­te Cons­ti­tu­cio­nal de Colom­bia orde­nó apli­car el lla­ma­do “prin­ci­pio de pre­cau­ción” y sus­pen­der las asper­sio­nes con gli­fo­sa­to. El gobierno ultra­de­re­chis­ta de Duque res­pon­dió con el anun­cio del minis­tro Molano y la crea­ción de una fuer­za de éli­te de 7000 hom­bres para la lucha con­tra el nar­co­trá­fi­co, en su visión, los pro­duc­to­res cocaleros.

fuen­te: Tiem­po Argentino

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