El impe­ria­lis­mo ‘ver­de’ ya está aquí

El imperialismo ‘verde’ ya está aquí

El 27 de enero Biden apro­bó un “Decre­to eje­cu­ti­vo para afron­tar la cri­sis cli­má­ti­ca en el país y en el extran­je­ro”. Su gobierno pre­ten­de “situar la cri­sis cli­má­ti­ca en el cen­tro de la polí­ti­ca exte­rior y la segu­ri­dad nacio­nal de Esta­dos Unidos”.

El decre­to con­vier­te las emi­sio­nes de CO2 en cual­quier par­te del mun­do en una cues­tión de segu­ri­dad nacio­nal de Esta­dos Uni­dos. La pró­xi­ma Esti­ma­ción Nacio­nal de Inte­li­gen­cia pro­por­cio­na la base para que el apa­ra­to de segu­ri­dad nacio­nal de Esta­dos Uni­dos impon­ga sus polí­ti­cas cli­má­ti­cas a esca­la mundial.

Cual­quier cons­truc­ción de una nue­va auto­pis­ta, oleo­duc­to, fábri­ca o cen­tral eléc­tri­ca en un país en desa­rro­llo que supon­ga un aumen­to de las emi­sio­nes de CO2 podría con­si­de­rar­se como una ame­na­za para la segu­ri­dad nacio­nal de Esta­dos Unidos.

Enton­ces el gobierno esta­dou­ni­den­se que­da auto­ri­za­do a inter­ve­nir, o inclu­so obli­ga­do a dete­ner esos pro­yec­tos. El impe­ria­lis­mo “ver­de” se con­vier­te así en un deber del gobierno esta­dou­ni­den­se. Mere­ce la pena tener en cuen­ta la mag­ni­tud de las inter­ven­cio­nes y los con­flic­tos que pue­den surgir.

Como dijo Oba­ma, Esta­dos Uni­dos tie­ne una serie de herra­mien­tas a su dis­po­si­ción para impo­ner sus obje­ti­vos cli­má­ti­cos al mun­do. Biden ya está hablan­do del uso de aran­ce­les, impues­tos o cuo­tas sobre los pro­duc­tos inten­si­vos en car­bono de los paí­ses que no cum­plen con sus obli­ga­cio­nes cli­má­ti­cas y medioambientales.

El cli­ma pro­por­cio­na­rá a Esta­dos Uni­dos una excu­sa para per­se­guir los obje­ti­vos pro­tec­cio­nis­tas ini­cia­dos por Trump con otros pre­tex­tos. Como dijo Biden duran­te su cam­pa­ña, “no se per­mi­ti­rá que los paí­ses que no cum­plan con sus res­pon­sa­bi­li­da­des cli­má­ti­cas ero­sio­nen el pro­gre­so mun­dial con pro­duc­tos de car­bono sucios y bara­tos”. El boi­cot a los “pro­duc­tos de car­bono sucios” es, pues, una for­ma de “pro­te­ger los empleos estadounidenses”.

Los obje­ti­vos cli­má­ti­cos jus­ti­fi­can amplia­men­te todas las for­mas de inter­ven­ción en la polí­ti­ca inter­na de los paí­ses, inclu­so median­te el apo­yo a deter­mi­na­dos par­ti­dos, movi­mien­tos socia­les y ONG seudoecologistas.

En nom­bre de la sal­va­ción del pla­ne­ta, Esta­dos Uni­dos con­si­de­ra que tie­ne dere­cho a dic­tar a otros paí­ses las ins­ta­la­cio­nes indus­tria­les e infra­es­truc­tu­ras que pue­den o no pue­den finan­ciar y construir.

El obje­ti­vo es Chi­na, una vez más

El decre­to orde­na a los secre­ta­rios de Esta­do, del Teso­ro y de Ener­gía, y a los direc­to­res de otros orga­nis­mos públi­cos, en con­sul­ta con el asis­ten­te del pre­si­den­te para asun­tos de segu­ri­dad nacio­nal, “iden­ti­fi­car medi­das median­te las cua­les Esta­dos Uni­dos pue­da pro­mo­ver el fin de la finan­cia­ción inter­na­cio­nal de la ener­gía de los com­bus­ti­bles con­ven­cio­na­les con alto con­te­ni­do de carbono”.

Chi­na es el obje­ti­vo núme­ro uno de su polí­ti­ca exte­rior cen­tra­da en el cli­ma por­que tie­ne pre­vis­to desa­rro­llar más de 250 giga­va­tios (GW) de ener­gía de car­bón, con 97 GW ya en cons­truc­ción. Este total de 250 GW equi­va­le apro­xi­ma­da­men­te a toda la capa­ci­dad ener­gé­ti­ca de car­bón de Esta­dos Uni­dos, que Biden se ha com­pro­me­ti­do a cerrar.

En la cam­pa­ña elec­to­ral, Biden dijo: “Diri­gi­ré un esfuer­zo diplo­má­ti­co para con­se­guir que cada nación vaya más allá de su com­pro­mi­so ori­gi­nal” para redu­cir las emi­sio­nes de CO2. “Esto es espe­cial­men­te cier­to en el caso de Chi­na, que es con dife­ren­cia el mayor emi­sor de car­bono del mun­do. No sólo nos ase­gu­ra­re­mos de que sus líde­res reduz­can la pro­duc­ción de car­bono en casa, en su país, sino que nos ase­gu­ra­re­mos de que dejen de finan­ciar miles de millo­nes de dóla­res en pro­yec­tos de com­bus­ti­bles con­ven­cio­na­les sucios en toda Asia”.

Muchos de los pro­yec­tos patro­ci­na­dos por Chi­na en el mar­co de su ini­cia­ti­va “Belt and Road” impli­can la cons­truc­ción de cen­tra­les eléc­tri­cas e infra­es­truc­tu­ras con com­bus­ti­bles convencionales.

Los ban­cos chi­nos son la prin­ci­pal fuen­te de finan­cia­ción de las cen­tra­les eléc­tri­cas de car­bón en todo el mun­do. Las finan­zas y empre­sas chi­nas par­ti­ci­pan en al menos 240 pro­yec­tos de car­bón en paí­ses del Ter­cer Mun­do, entre ellos en Viet­nam, Ban­gla­desh, Pakis­tán, Kenia, Gha­na, Mala­wi, Zim­ba­bue, Egip­to, Tan­za­nia y Zambia.

Man­te­ner el sub­de­sa­rro­llo del Ter­cer Mundo

Los paí­ses en desa­rro­llo nece­si­tan ener­gía y están desa­rro­llan­do su infra­es­truc­tu­ra de com­bus­ti­bles con­ven­cio­na­les. La cons­truc­ción de oleo­duc­tos y gaso­duc­tos es una cla­ra mues­tra de ello. India tie­ne más de 21.000 kiló­me­tros de oleo­duc­tos pre­vis­tos o en cons­truc­ción, los paí­ses afri­ca­nos tie­nen más de 33.000 kiló­me­tros y Amé­ri­ca Lati­na más de 13.000 kiló­me­tros. La lon­gi­tud total de los oleo­duc­tos y gaso­duc­tos pre­vis­tos o en cons­truc­ción en la región de Asia-Pací­fi­co (inclui­da Chi­na) dupli­ca la lon­gi­tud del ecua­dor de la Tierra.

Los oleo­duc­tos y gaso­duc­tos han desem­pe­ña­do duran­te mucho tiem­po un papel en las ten­sio­nes entre Esta­dos Uni­dos y Rusia (y antes, la Unión Sovié­ti­ca). El más impor­tan­te, por supues­to, es el pro­yec­to North Stream 2 que conec­ta Rusia y Ale­ma­nia, que Trump y aho­ra Biden se han com­pro­me­ti­do a detener.

Rusia es otro de los gran­des per­de­do­res en la reduc­ción de las emi­sio­nes de CO2 de sus clien­tes de petró­leo y gas. Los com­bus­ti­bles con­ven­cio­na­les repre­sen­tan el 60 por cien­to de los ingre­sos de expor­ta­ción de Rusia y cer­ca del 30 por cien­to de su PIB.

Al asu­mir el papel de “eje­cu­tor» de la polí­ti­ca cli­má­ti­ca, Esta­dos Uni­dos entra­rá en con­flic­to con los intere­ses de muchos paí­ses. Casi todos los paí­ses de Orien­te Medio depen­den de las expor­ta­cio­nes de petróleo.

Otros paí­ses que depen­den de los com­bus­ti­bles con­ven­cio­na­les para obte­ner más del 50 por cien­to de sus ingre­sos de expor­ta­ción son Ango­la, Arge­lia, Azer­bai­yán, Bru­nei, Colom­bia, la Repú­bli­ca del Con­go, Gabón, Nige­ria, Sudán, Turk­me­nis­tán y Venezuela.

Muchos paí­ses en desa­rro­llo obtie­nen impor­tan­tes ingre­sos de la expor­ta­ción de com­bus­ti­bles con­ven­cio­na­les y muchos tie­nen reser­vas de com­bus­ti­bles con­ven­cio­na­les que se con­si­de­ran par­te de su rique­za nacional.

Esta­dos Uni­dos inten­ta dete­ner estos pro­yec­tos en nom­bre del cli­ma. Tra­ta de obli­gar al Ter­cer Mun­do a renun­ciar a billo­nes de dóla­res de infra­es­truc­tu­ras de com­bus­ti­bles con­ven­cio­na­les en fun­cio­na­mien­to y, al mis­mo tiem­po, a pagar una tasa por nue­vas infra­es­truc­tu­ras. En defi­ni­ti­va, tra­ta de man­te­ner a bue­na par­te del mun­do en un esta­do de depen­den­cia, a mer­ced de la cari­dad y las sub­ven­cio­nes de las gran­des potencias.

Por Juan Manuel Ola­rie­ta para Mpr21.

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