Argen­ti­na. La tenen­cia de la tie­rra sin mitos: una deman­da que quie­re ser ley

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 5 de abril de 2021. 

La tenen­cia de la tie­rra ha sido, his­tó­ri­ca­men­te, un tema de con­flic­to en nues­tro país. ¿Cómo debe repar­tir­se este recur­so fini­to y cen­tral para el desa­rro­llo pro­duc­ti­vo? ¿Es la inver­sión pri­va­da la que debe deci­dir cuán­do y dón­de pro­du­cir ali­men­tos? ¿Debe el Esta­do inter­ve­nir y planificar?

En los 3694 kiló­me­tros de exten­sión que tie­ne Argen­ti­na de nor­te a sur, hay recur­sos para pro­du­cir casi cual­quier cosa (sue­lo fér­til, agua de cali­dad, diver­si­dad cli­má­ti­ca) y tam­bién para alo­jar a pro­duc­to­res de todo tipo: agri­cul­to­res fami­lia­res, quin­te­ros hor­tí­co­las, empre­sa­rios capi­ta­li­za­dos, poo­les de siem­bra o fin­cas fru­tí­co­las. Mer­ca­do interno y exportación.

Si bien hay algo de mito en el con­cep­to de la “Argen­ti­na de los terra­te­nien­tes”, es cier­to que des­de 1970 a esta par­te se acti­vó pau­la­ti­na­men­te un pro­ce­so de con­cen­tra­ción de la tie­rra que, jun­to con el avan­ce de la fron­te­ra urba­na, afec­tó la diver­si­dad de la acti­vi­dad agrí­co­la. En la región pam­pea­na, entre 1850 y 1940, se pro­du­jo una expan­sión y crea­ción de colo­nias agrí­co­las que efec­ti­va­men­te die­ron lugar a la for­ma­ción de una cla­se media agro­pe­cua­ria pro­pie­ta­ria de la tie­rra, que aún per­sis­te ‑sobre todo en la zona núcleo-. De hecho, el Cen­so Nacio­nal Agro­pe­cua­rio 2018 mar­ca que de las 250.881 explo­ta­cio­nes agro­pe­cua­rias (EAP) con 480.191 par­ce­las cen­sa­das, la mayor can­ti­dad está en la fran­ja de las 100 a 500 hec­tá­reas. Pero al com­pa­rar con las cifras de 2002 se obser­va una reduc­ción de un 25,7% en la can­ti­dad de explo­ta­cio­nes agro­pe­cua­rias en solo 16 años.

Otro dato: el tama­ño pro­me­dio pasó de 520 hec­tá­reas a 627 hec­tá­reas. Ape­nas el 1% de las 250.000 explo­ta­cio­nes regis­tra­das mane­jan casi el 40% de las tie­rras pro­duc­ti­vas del país. Del rele­va­mien­to tam­bién sur­ge que hay un gran uni­ver­so de pro­duc­to­res que tra­ba­ja o rea­li­za acti­vi­da­des en menos de 100 hec­tá­reas. En total, se tra­ta de unas 124.000 explo­ta­cio­nes que repre­sen­tan el 54% del total, pero que mane­jan ape­nas 3,5 millo­nes de hec­tá­reas, es decir, el 2% de la super­fi­cie pro­duc­ti­va. (Ver cua­dro 2.2 del cen­so). Res­pec­to al régi­men de tenen­cia de la tie­rra, los resul­ta­dos pre­li­mi­na­res del CNA 2018 expli­ci­ta­ron que efec­ti­va­men­te el 69% de la super­fi­cie de las par­ce­las corres­pon­de a pro­pie­dad y le sigue la moda­li­dad de arren­da­mien­to con el 19%.

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(Ima­gen: INDEC)

Sin embar­go, bajo el mode­lo actual ‑aún en las mejo­res zonas pro­duc­ti­vas del país- estas hec­tá­reas ya no le repre­sen­tan a una fami­lia lo que sig­ni­fi­ca­ban a prin­ci­pios del siglo XX en tér­mi­nos de ren­ta­bi­li­dad, pero tam­po­co de posi­bi­li­da­des de tra­ba­jo. ¿Qué cambió?

Con la ins­ta­la­ción de la “Revo­lu­ción Ver­de” y fun­da­men­tal­men­te des­de la déca­da del noven­ta en ade­lan­te, la fuer­te tec­ni­fi­ca­ción del agro expor­ta­dor, con paque­tes que incluían maqui­na­ria agrí­co­la e insu­mos de últi­ma gene­ra­ción (suma­do a un con­tex­to eco­nó­mi­co favo­ra­ble para el sec­tor agro­pe­cua­rio en épo­ca del uno a uno) pro­pi­ció un cre­ci­mien­to de la pro­duc­ti­vi­dad que tra­jo con­si­go cam­bios estruc­tu­ra­les en el uso y la tenen­cia de la tie­rra. Se con­so­li­da­ron los pro­duc­to­res media­nos y gran­des, capi­ta­li­za­dos, con fuer­te inver­sión tec­no­ló­gi­ca, des­lo­ca­li­za­dos; mien­tras que el sec­tor de los pro­duc­to­res fami­lia­res ten­dió a dis­mi­nuir y desa­rro­llar­se como una acti­vi­dad de subsistencia.

“Es el meca­nis­mo que per­mi­tió la trans­for­ma­ción y el pasa­je de un mode­lo de agri­cul­tu­ra fami­liar (con fuer­tes dife­ren­cias en el con­jun­to del país) a un mode­lo de agri­cul­tu­ra empre­sa­rial, de esca­la, de alta pro­duc­ti­vi­dad, con un esque­ma de ges­tión que uti­li­za el espa­cio rural como pla­ta­for­ma pro­duc­ti­va y no como un terri­to­rio rural vivo y diná­mi­co”, expli­can en el estu­dio La pro­ble­má­ti­ca de la tie­rra en Argen­ti­na los inves­ti­ga­do­res Mar­ce­lo Sili y Lucia­na Soumoulou.

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(Ima­gen: InterNos)

Esto gene­ró la expan­sión de la fron­te­ra agrí­co­la para la implan­ta­ción de cul­ti­vos com­mo­di­ties (como soja, maíz o tri­go) pro­mo­vi­dos por los Esta­dos pro­vin­cia­les, dada su gran ren­ta­bi­li­dad. En este con­tex­to se pro­du­cen, según Sili y Sou­mou­lou, “ven­tas de tie­rras fis­ca­les a pre­cios irri­so­rios” que a su vez con­so­li­dan la moda­li­dad de poo­les de siem­bra como meto­do­lo­gía de trabajo.

Los auto­res seña­lan que duran­te estos años sur­gen pro­ble­má­ti­cas estruc­tu­ra­les en la regu­la­ción de la tenen­cia de la tie­rra: com­pe­ten­cia des­leal fren­te a inver­so­res extran­je­ros, des­alo­jos vio­len­tos, usos no sos­te­ni­bles de los recur­sos y, por supues­to, cam­bios drás­ti­cos en el uso del sue­lo ‑el sur­gi­mien­to del mono­cul­ti­vo como prác­ti­ca a gran esca­la- que daña­ron la bio­di­ver­si­dad. Estas prác­ti­cas des­nu­da­ron la defi­cien­cia ‑o la con­ni­ven­cia- del Esta­do para la fis­ca­li­za­ción en el repar­to y explo­ta­ción de la tie­rra. Pro­ce­sos irre­gu­la­res y fal­ta de polí­ti­cas para la ges­tión del terri­to­rio mar­ca­ron el cli­ma de época.

Por supues­to, cada región tuvo sus par­ti­cu­la­ri­da­des en este pro­ce­so his­tó­ri­co. La inten­ción de este artícu­lo es dar cuen­ta de una ten­den­cia his­tó­ri­ca gene­ral del agro argen­tino, atra­ve­sa­do por una polí­ti­ca nacio­nal de libe­ra­ción de las barre­ras comer­cia­les, dólar bara­to y fuer­te estí­mu­lo a los mode­los de pro­duc­ción empre­sa­rial, inser­to ade­más en un con­tex­to inter­na­cio­nal como el desa­rro­llo pleno del capi­ta­lis­mo lue­go de la caí­da del muro de Berlín.

Des­de comien­zos de los 2000 esta ten­den­cia no hizo más que ace­le­rar­se y cre­cer, trac­cio­na­da prin­ci­pal­men­te por el pre­cio inter­na­cio­nal de la soja, el famo­so “vien­to de cola” que per­mi­tió a Nés­tor Kirch­ner, en par­te, sacar a la Argen­ti­na de una fuer­te depre­sión eco­nó­mi­ca, pri­me­ro a tra­vés de polí­ti­cas socia­les y lue­go median­te un pro­ce­so pau­la­tino de re-indus­tria­li­za­ción post mene­mis­mo. Para enton­ces, y mucho antes de que la Ley 125 mar­ca­ra un quie­bre en la rela­ción del gobierno kirch­ne­ris­ta con el cam­po, el mode­lo agra­rio era un resur­gir de la Argen­ti­na como “gra­ne­ro del mundo”.

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(Ima­gen: InterNos)

En este con­tex­to, la agri­cul­tu­ra fami­liar y las acti­vi­da­des de las Eco­no­mías Regio­na­les ‑como la fru­ti­cul­tu­ra y la hor­ti­cul­tu­ra- que­da­ron rele­ga­das de la cen­tra­li­dad de la agen­da pro­duc­ti­va, des­ti­na­das a un rol secun­da­rio. Los gobier­nos mos­tra­ron esca­so o nulo inte­rés en pla­ni­fi­car la dis­tri­bu­ción de tie­rras y las polí­ti­cas pro­duc­ti­vas aso­cia­das a éstas, guia­dos estric­ta­men­te por el desa­rro­llo privado.

Pero, ¿a qué nos refe­ri­mos cuan­do habla­mos de fal­ta de pla­ni­fi­ca­ción? A la ausen­cia de ins­tru­men­tos y nor­ma­ti­vas que defi­nan qué sí y qué no se pue­de rea­li­zar en las dis­tin­tas regio­nes del terri­to­rio, bajo qué con­di­cio­nes y en fun­ción del ambien­te, del per­fil pro­duc­ti­vo de la zona y de las con­di­cio­nes socia­les. “Pro­mo­vien­do de esta mane­ra un uso diver­si­fi­ca­do, sos­te­ni­ble y equi­li­bra­do de las tie­rras y, por exten­sión, del terri­to­rio”, según expre­san los auto­res cita­dos anteriormente.

Los pro­ce­sos de con­cen­tra­ción de la tie­rra se die­ron en detri­men­to de los pro­duc­to­res más peque­ños; muchos de ellos agri­cul­to­res cam­pe­si­nos y fami­lia­res. Antes vimos que des­de el 2002 al 2018 dis­mi­nu­ye­ron las EAP un 25%. Pero si mira­mos más atrás, la caí­da en las últi­mas tres déca­das es aún peor: en ese perío­do des­apa­re­ció el 41% de las explo­ta­cio­nes agro­pe­cua­rias, un total de 156.000 esta­ble­ci­mien­tos res­pec­to al CNA de 1988.

“En los últi­mos 30 años, la super­fi­cie implan­ta­da se man­tu­vo en unas 33 millo­nes de hec­tá­reas, pero la pro­por­ción de esa super­fi­cie dedi­ca­da a cul­ti­vos anua­les como la soja, el tri­go y el maíz aumen­tó de 7,67 a casi 23 millo­nes de hec­tá­reas, en detri­men­to de otras pro­duc­cio­nes como las pas­tu­ras y las pro­duc­cio­nes regio­na­les”, dijo Javier Morei­ra, docen­te e inves­ti­ga­dor de la cáte­dra de Exten­sión y Socio­lo­gía Rura­les de la Facul­tad de Agro­no­mía de la UBA (FAUBA), en esta nota del Ins­ti­tu­to Argen­tino para el Desa­rro­llo Eco­nó­mi­co (IADE) que ana­li­za los resul­ta­dos del CNA.

Y agre­gó: “Quie­re decir que es un pro­ce­so de con­cen­tra­ción, con explo­ta­cio­nes más chi­cas que se ane­xan a otras más gran­des. El pro­ble­ma es que tene­mos más hec­tá­reas en pro­duc­ción y explo­ta­cio­nes de mayor esca­la, pero menos esta­ble­ci­mien­tos. La tie­rra no salió de la pro­duc­ción, sino que hay menos gen­te produciendo”.

En los últi­mos años nos acos­tum­bra­mos a leer titu­la­res que vati­ci­nan la deba­cle en el nego­cio de los peque­ños y media­nos pro­duc­to­res. Suce­de con la bana­na en For­mo­sa, con la pera y la man­za­na en el Valle, con la hor­ti­cul­tu­ra en casi todos los cin­tu­ro­nes ver­des del país. El fenó­meno es mul­ti­cau­sal y no se expli­ca úni­ca­men­te por el cre­ci­mien­to de la soja o la exis­ten­cia de los poo­les de siem­bra. Por el con­tra­rio, para dis­cu­tir qué suce­de con las Eco­no­mías Regio­na­les argen­ti­nas es nece­sa­rio com­pren­der la diná­mi­ca de cada pro­vin­cia, cada acti­vi­dad, cada mer­ca­do. Fac­to­res como la suce­sión y el cam­bio inter­ge­ne­ra­cio­nal han afec­ta­do tam­bién al uso de la tie­rra y las nue­vas for­mas de producir.

Sin embar­go, la fal­ta de aten­ción de los gobier­nos a estas acti­vi­da­des es repre­sen­ta­ti­va del lugar que ocu­pan en el agro argen­tino. Cuan­do hablan del “cam­po”, los fun­cio­na­rios refie­ren a las dos o tres enti­da­des más repre­sen­ta­ti­vas de la Mesa de Enla­ce. Con ellas dis­cu­ten sobre reten­cio­nes, el abas­te­ci­mien­to interno, el dólar más apro­pia­do para la ren­ta­bi­li­dad de las empre­sas. En segun­do plano espe­ran el res­to de las acti­vi­da­des que, sin embar­go, tam­bién gene­ran (inclu­so más) tra­ba­jo, pro­du­cen ali­men­tos fres­cos y expor­tan valor agregado.

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(Ima­gen: InterNos)

Que­da cla­ro que en Argen­ti­na fal­ta una polí­ti­ca que dis­cu­ta el repar­to y el uso de la tie­rra. Sobre todo, es indis­pen­sa­ble mirar y revi­sar quie­nes efec­ti­va­men­te pro­du­cen los ali­men­tos que abas­te­cen a las gran­des ciu­da­des en un país que expul­só de la rura­li­dad a cien­tos de miles de per­so­nas, las cua­les bus­ca­ron en las gran­des urbes un futu­ro. El resul­ta­do está a la vis­ta: altos nive­les de pobre­za y pre­ca­rie­dad, nulas posi­bi­li­da­des de cre­ci­mien­to y una ofer­ta labo­ral limi­ta­da, con sala­rios o chan­gas de subsistencia.

De polí­ti­cas y medidas

Duran­te el gobierno de Cris­ti­na Fer­nán­dez de Kirch­ner hubo un pri­mer esfuer­zo para abor­dar la pro­pie­dad de la tie­rra. Se tra­tó de la Ley de Pro­tec­ción al Domi­nio Nacio­nal sobre las Tie­rras Rura­les, san­cio­na­da en 2011, con la que se bus­có evi­tar la “extran­je­ri­za­ción” del terri­to­rio. El tex­to fijó como lími­te de tenen­cia un 15% para la titu­la­ri­dad de tie­rras rura­les de extran­je­ros, entre otras res­tric­cio­nes que la nor­ma­ti­va impo­nía para el acce­so de ciu­da­da­nos no-argen­ti­nos a terri­to­rio nacio­nal, pro­vin­cial, y municipal.

El por aquel enton­ces minis­tro de Agri­cul­tu­ra, Julián Domín­guez, había expre­sa­do que uno de los obje­ti­vos de su san­ción era “garan­ti­zar la pro­duc­ción de ali­men­tos argen­ti­nos”. Pero lejos esta­ba de mejo­rar algo en este aspec­to: la ley no regu­la­ba el uso de la tie­rra (es decir la acti­vi­dad de explo­ta­ción) ni tam­po­co lo que se hacía con los ali­men­tos que se pro­du­cían en ella. Solo fis­ca­li­za­ba la cues­tión de la pro­pie­dad y res­trin­gía el acce­so ili­mi­ta­do a los recur­sos argentinos.

De cual­quier mane­ra, en 2016 Mau­ri­cio Macri dio mar­cha atrás con estas medi­das y amplió del 15% al 51% la par­ti­ci­pa­ción de extran­je­ros en las socie­da­des auto­ri­za­das a com­prar tie­rras en el país. Lo hizo a tra­vés de un decre­to, el cual tam­bién qui­tó res­tric­cio­nes para aque­llas tie­rras que se encon­tra­ran en “Zona Indus­trial”, “Área Indus­trial” o “Par­que Indus­trial”, con el obje­ti­vo de que dicha super­fi­cie no sea compu­tada a en los lími­tes fija­dos por la Ley de Tie­rras Rura­les. El argu­men­to para estos cam­bios era faci­li­tar la lle­ga­da de inver­sio­nes pro­duc­ti­vas de capi­tal extranjero.

Si la famo­sa llu­via de inver­sio­nes lle­gó o no al país será mate­ria a juz­gar por el lec­tor o lec­to­ra de esta nota. Lo que nos intere­sa des­ta­car es que, duran­te la ges­tión de Cam­bie­mos, la dis­cu­sión por una mejor dis­tri­bu­ción de la tie­rra no encon­tró sue­lo fér­til. Pero no solo eso, sino que Macri cons­tru­yó en “el cam­po” (léa­se: el agro expor­ta­dor) un fuer­te alia­do de su ges­tión polí­ti­ca y, mien­tras que duran­te sus pri­me­ros meses baja­ba las reten­cio­nes a cul­ti­vos como la soja o el maíz, por otro lado redu­cía pre­su­pues­ta­ria­men­te a ins­ti­tu­cio­nes cla­ves para la agri­cul­tu­ra fami­liar y cam­pe­si­na (como el caso de INTA, de fuer­te tra­ba­jo terri­to­rial). Inclu­so, como expli­ca­mos en esta nota, eli­mi­nó algu­nos bene­fi­cios ele­men­ta­les para los peque­ños pro­duc­to­res, como el Mono­tri­bu­to Social Agro­pe­cua­rio.

En aque­llos años la fuer­te deva­lua­ción de la mone­da local puso a muchos hor­ti­cul­to­res y fru­ti­cul­to­res en la cuer­da flo­ja. Los cos­tos por enci­ma del pre­cio de la mer­ca­de­ría ‑con insu­mos en dóla­res, comer­cia­li­za­da en pesos- y un fuer­te con­flic­to con el para­dig­ma polí­ti­co que repre­sen­ta­ba la ges­tión de Cam­bie­mos fue­ron el cal­do de cul­ti­vo para que muchas orga­ni­za­cio­nes de terri­to­rio, como la Unión de los Tra­ba­ja­do­res de la Tie­rra (UTT), toma­ran visi­bi­li­dad en la agen­da mediática.

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(Ima­gen: UTT)

La orga­ni­za­ción reali­zó Ver­du­ra­zos fren­te a Casa Rosa­da y en Pla­za de Mayo para visi­bi­li­zar “al cam­po que ali­men­ta”. En un con­tex­to de cri­sis eco­nó­mi­ca y un ace­le­ra­do pro­ce­so infla­cio­na­rio, la gen­te lle­ga­ba de a mon­to­nes a estas entre­gas o ven­tas a pre­cios popu­la­res en espa­cios públi­cos. Lue­go apa­re­cie­ron las cáma­ras de tele­vi­sión y las notas en por­ta­les digi­ta­les. Lo que comen­zó como una mani­fes­ta­ción de “los inadap­ta­dos de siem­pre” ter­mi­nó con repre­sen­tan­tes de este sec­tor sen­ta­dos, años des­pués, en la mesa del pre­si­den­te Alber­to Fer­nán­dez, exi­gien­do mejo­ras en las con­di­cio­nes de vida de los tra­ba­ja­do­res rura­les. El recla­mo por un mejor acce­so a la tie­rra gana­ba peso en el deba­te público.

Lue­go apa­re­cie­ron pro­yec­tos de Ley para que los peque­ños agri­cul­to­res, arren­da­ta­rios, pue­dan acce­der a cré­di­tos blan­dos otor­ga­dos por el Esta­do para com­prar su por­ción de cam­po y pro­du­cir allí ali­men­tos de cer­ca­nía. Este aspec­to es cla­ve, por­que cuan­do habla­mos de las difi­cul­ta­des de acce­so a la tie­rra tam­bién nos refe­ri­mos a los pro­duc­to­res que cul­ti­van ver­du­ras des­de hace años pero que, sin embar­go, no pue­den ser due­ños de sus hec­tá­reas por la espe­cu­la­ción de las inmo­bi­lia­rias en el avan­ce de la fron­te­ra urba­na o los pre­cios res­tric­ti­vos de los terrenos.

Se esti­ma que en Argen­ti­na sólo el 13% de la tie­rra está en manos de peque­ños pro­duc­to­res, mien­tras que el 1% de las empre­sas agra­rias con­tro­lan el 36% de la tie­rra cultivada

La UTT pre­sen­tó, el pasa­do 22 de octu­bre, un pro­yec­to de ley que bus­ca crear un Fon­do Fidu­cia­rio Públi­co para faci­li­tar la com­pra de inmue­bles rura­les y la cons­truc­ción de vivien­das para la Agri­cul­tu­ra Fami­liar. Se soli­ci­ta­rían los recur­sos al Teso­ro nacio­nal y a la Agen­cia de Admi­nis­tra­ción de Bie­nes del Esta­do (AABE) los inmue­bles nece­sa­rios ‑terre­nos ocio­sos- para el arrai­go de las fami­lias. Una espe­cie de Pro­crear Rural.

“¿Qué pedi­mos? En vez de pagar alqui­le­res abu­si­vos, pagar un cré­di­to que nos lle­ve a la tie­rra pro­pia y nos de segu­ri­dad para pro­du­cir ali­men­tos”, expli­ca­ron des­de la orga­ni­za­ción. “Alqui­la­mos el lote don­de pro­du­ci­mos y vivi­mos (o sobre­vi­vi­mos) jun­to a nues­tra fami­lia. Los due­ños de las tie­rras no nos per­mi­ten cons­truir vivien­das dig­nas, vivi­mos en casi­llas de nylon y madera”.

El pro­yec­to ya había sido pre­sen­ta­do en 2016, pero no se tra­tó y per­dió esta­do par­la­men­ta­rio. En 2018 tam­po­co fue dis­cu­ti­do. Pero en esta opor­tu­ni­dad, el cli­ma polí­ti­co pare­ce ofre­cer vien­tos favo­ra­bles para el sec­tor. Cabe recor­dar que en noviem­bre del 2020 el pre­si­den­te Alber­to Fer­nán­dez decla­ró que su volun­tad era avan­zar en polí­ti­cas de dis­tri­bu­ción de la tie­rra. “Este es un deba­te pos­ter­ga­do his­tó­ri­ca­men­te y cada vez que lo habla­mos siem­pre apa­re­ce alguien que dice ‘está hablan­do de refor­ma agra­ria’. Yo no le quie­ro sacar el cam­po a nadie, quie­ro que las tie­rras impro­duc­ti­vas del Esta­do vayan a manos que las pro­duz­can. Eso es todo lo que quie­ro”, expresó.

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(Ima­gen: InterNos)

Pero la UTT no es la úni­ca orga­ni­za­ción que tra­ba­ja en este aspec­to. La rama rural del Movi­mien­to de los Tra­ba­ja­do­res Exclui­dos (MTE) hizo lo suyo el año pasa­do a tra­vés de un pro­yec­to de ley pre­sen­ta­do por el dipu­tado Fede­ri­co Fagio­li (Fren­te de Todos) jun­to con la Unión de Tra­ba­ja­do­res y Tra­ba­ja­do­ras de la Eco­no­mía Popu­lar (UTEP). La pro­pues­ta inclu­ye un sis­te­ma de Pre­su­pues­tos Míni­mos que bus­ca pro­te­ger los espa­cios don­de se pro­du­cen ali­men­tos fres­cos. Ade­más, pro­po­ne la ges­tión sos­te­ni­ble del ambien­te, la pre­ser­va­ción de la diver­si­dad bio­ló­gi­ca y el cui­da­do de la salud de los tra­ba­ja­do­res de la tierra.

Entre sus líneas de tra­ba­jo se inclu­ye el orde­na­mien­to terri­to­rial (la defi­ni­ción de espa­cios de pro­duc­ción inten­si­va y la prohi­bi­ción de cam­bio del uso del sue­lo) así como tam­bién la pro­tec­ción en los con­tra­tos de arren­da­mien­to y las líneas de apo­yo téc­ni­co-finan­cie­ras. Según pudo ave­ri­guar Inter­Nos, dicho pro­yec­to está sien­do abor­da­do en comi­sio­nes de la cáma­ra de Dipu­tados, don­de se tra­ba­ja para aunar­lo con ini­cia­ti­vas simi­la­res, como la de UTT.

“Los cin­tu­ro­nes ver­des son muy impor­tan­tes pero están aban­do­na­dos. Los pro­duc­to­res sobre­vi­ven como pue­den, se las arre­glan con el mer­ca­do inmo­bi­lia­rio rural mano a mano. No hay una polí­ti­ca públi­ca en rela­ción al alqui­ler, no hay cré­di­to para el acce­so a la tie­rra rural, no se regu­la la pre­ca­rie­dad de los con­tra­tos. Si la socie­dad reco­no­ce que nece­si­ta que estos pro­duc­to­res sigan ali­men­tan­do al país, tie­ne que preo­cu­par­se por lo que suce­de con ellos”, seña­ló sobre este pun­to Bea­triz Gio­be­lli­na, téc­ni­ca del INTA Cór­do­ba que par­ti­ci­pó en la ela­bo­ra­ción del pro­yec­to pre­sen­ta­do por el MTE Rural/​UTEP.

Mien­tras tan­to, el gobierno mos­tró algu­nos sig­nos posi­ti­vos para con el sec­tor en lo que va de su ges­tión: la crea­ción de un Gabi­ne­te de Tie­rras para ana­li­zar el esta­do de las tie­rras rura­les argen­ti­nas y fomen­tar el desa­rro­llo; algu­nas líneas de cré­di­to otor­ga­das por el Ban­co Nación y la crea­ción del Pro­gra­ma de Asis­ten­cia Crí­ti­ca y Direc­ta para la Agri­cul­tu­ra Fami­liar, Cam­pe­si­na e Indí­ge­na, que asis­tió a pro­duc­to­res del sec­tor afec­ta­dos por even­tos cli­má­ti­cos, socia­les o par­ti­cu­la­res extre­mos duran­te la pan­de­mia. El anun­cio más sig­ni­fi­ca­ti­vo y con­cre­to qui­zás haya sido la crea­ción de un Plan de Inver­sio­nes, con un pre­su­pues­to ini­cial de 12.780 millo­nes de pesos para el for­ta­le­ci­mien­to de la Agri­cul­tu­ra Familiar.

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(Ima­gen: UTT)

Pero la pre­gun­ta está lejos de des­pe­jar­se. ¿Cuál es el pro­yec­to pro­duc­ti­vo de este país? ¿Cuál es el plan para la fru­ti­cul­tu­ra, cuál para la pro­duc­ción hor­tí­co­la? La agro­eco­lo­gía, que no fue nom­bra­da en el trans­cur­so de esta nota, ¿será par­te del nue­vo para­dig­ma? Pero lo más impor­tan­te, en fun­ción de todos estos inte­rro­gan­tes: ¿Cómo se dia­gra­ma­rá el uso de las tie­rras rura­les? ¿Es posi­ble pen­sar en un Esta­do que inter­ven­ga para recu­pe­rar una rura­li­dad per­di­da, sin que eso sig­ni­fi­que per­ju­di­car a un sec­tor pro­duc­ti­vo igual­men­te impor­tan­te para el desa­rro­llo nacio­nal, como lo es el agroexportador?

Al res­pec­to refle­xio­ná­ba­mos en una nota publi­ca­da tiem­po atrás, en rela­ción a la “grie­ta” pro­duc­ti­va que estan­ca el deba­te e impi­de pen­sar la con­vi­ven­cia de ambas acti­vi­da­des de mane­ra armoniosa:

“Es nece­sa­rio abrir el jue­go para aban­do­nar la lógi­ca median­te la cual todo pro­duc­tor de soja es un ‘empre­sa­rio soje­ro’ con ren­tas extra­or­di­na­rias y don­de cada peque­ño agri­cul­tor es ‘alguien que hace polí­ti­ca man­te­ni­do por el Esta­do’. (…) Eso impli­ca reco­no­cer la com­ple­ji­dad de cada cade­na para enri­que­cer el deba­te y pro­fun­di­zar polí­ti­cas públi­cas que favo­rez­can a quie­nes arries­gan e invier­ten en la acti­vi­dad pro­duc­ti­va, sea cual sea la misma”.

Fuen­te: La Tinta

Itu­rria /​Fuen­te

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