Esta­do espa­ñol. “El movi­mien­to por la insu­mi­sión fue una gran escue­la de poli­ti­za­ción y militancia”

Por Enric Llo­pis, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 30 de mar­zo de 2021.

Entre­vis­ta al perio­dis­ta Joan Cane­la, autor de Insub­mis­sió! Quan joves des­ar­mats van derro­tar un exèr­cit (Sem­bra Llibres)

Entre 20.000 y 50.000 jóve­nes se impli­ca­ron, entre 1989 y 2001, en el movi­mien­to de des­obe­dien­cia pací­fi­ca por la insu­mi­sión en el esta­do espa­ñol; 1.670 mucha­chos entra­ron en pri­sión y más de 600 pasa­ron a la clan­des­ti­ni­dad. Es el balan­ce inclui­do en el libro del perio­dis­ta Joan Cane­la Insub­mis­sió! Quan joves des­ar­mats van derro­tar un exèr­cit, publi­ca­do por Sem­bra Lli­bres. El autor es actual­men­te corres­pon­sal del perió­di­co Públi­co en Valen­cia, fue edi­tor del Obser­va­to­ri Crí­tic dels Mit­jans Mèdia.Cat y ganó en 2018 el Pre­mio Valèn­cia Negra con la nove­la Napalm, coes­cri­ta con Jor­di Colonques.

Insub­mis­sió! se acer­ca a epi­so­dios como el con­cier­to con­tra la mili y la Pres­ta­ción Social Sus­ti­tu­to­ria (PSS) de Bar­ce­lo­na, en febre­ro de 1990, con la actua­ción de Lluís Llach, Elèc­tri­ca Dahr­ma, Joan Amè­ric y Albert Pla y la asis­ten­cia de más de 10.000 per­so­nas; la pri­me­ra gue­rra de agre­sión a Iraq, ini­cia­da en agos­to de 1990, en la que par­ti­ci­pó el esta­do espa­ñol; “el envío de sol­da­dos de leva al Gol­fo tuvo como efec­to una explo­sión de los casos de obje­ción de con­cien­cia e insu­mi­sión”, resal­ta Joan Cane­la; se pro­du­je­ron enton­ces cin­co deser­cio­nes. Cons­ti­tu­yó otro hito rei­vin­di­ca­ti­vo el plan­te de 1993, por el que 45 insu­mi­sos en ter­cer gra­do se nega­ron a dor­mir en la pri­sión para for­zar su encie­rro. La siguien­te entre­vis­ta se rea­li­za por correo electrónico.

-El libro toma como pun­to de par­ti­da el 20 de febre­ro de 1989. ¿Qué ocu­rrió ese día?

Ese día se pre­sen­ta­ron ante los gobier­nos mili­ta­res de dis­tin­tas pro­vin­cias 57 jóve­nes que anun­cia­ron que no iban a hacer el ser­vi­cio mili­tar obli­ga­to­rio (SMO) ni la recién apro­ba­da pres­ta­ción social sus­ti­tu­to­ria (PSS). Se con­si­de­ra el ini­cio de la cam­pa­ña de insu­mi­sión, una estra­te­gia de des­obe­dien­cia civil que reto­ma­ba la lucha de los obje­to­res de con­cien­cia de los 70 y 80, y que con­si­guió aca­bar con la odia­da mili una déca­da después.

-El ser­vi­cio mili­tar obli­ga­to­rio se abo­lió en el Esta­do espa­ñol en 2001. En algo más de una déca­da, se pro­du­jo “una de las derro­tas más humi­llan­tes de las Fuer­zas Arma­das y el Gobierno del Rei­no de Espa­ña”, afir­mas. ¿Qué tipo de accio­nes desa­rro­lló el movi­mien­to antimilitarista?

La prin­ci­pal acción fue un sen­ci­llo ‘no’. La nega­ti­va a incor­po­rar­se tan­to al ser­vi­cio mili­tar como a su alter­na­ti­va civil. Natu­ral­men­te, esta no era una acción indi­vi­dual (aun­que era cada joven el que deci­día si des­obe­de­cía o no) sino colec­ti­va, así que vino acom­pa­ña­da de mul­ti­tud de accio­nes, tan­to de pro­tes­ta como de apo­yo a los insu­mi­sos juz­ga­dos o encar­ce­la­dos. Hubo cam­pa­ñas de auto­in­cul­pa­ción del deli­to de “induc­ción a la deser­ción”, ocu­pa­cio­nes de edi­fi­cios públi­cos, ins­ta­la­cio­nes mili­ta­res y sedes de par­ti­dos polí­ti­cos, boi­cot a enti­da­des que cola­bo­ra­ban con la PSS, etc. etc. Ade­más de una movi­li­za­ción per­ma­nen­te y una cam­pa­ña de difu­sión y agi­ta­ción muy inten­sa, sobre todo a prin­ci­pios de los 90.

-¿Fue ideo­ló­gi­ca­men­te uni­for­me el movi­mien­to de des­obe­dien­cia civil con­tra la leva obligatoria?

El movi­mien­to fue muy diver­so ideo­ló­gi­ca­men­te (trans­ver­sal que se diría hoy) con gen­te con moti­va­cio­nes paci­fis­tas y anti­mi­li­ta­ris­tas, pero tam­bién un fuer­te com­po­nen­te liber­ta­rio, izquier­da mar­xis­ta, inde­pen­den­tis­tas e inclu­so cris­tia­nos de base o acti­vis­tas gays. Apar­te de muchos jóve­nes que sen­ci­lla­men­te no que­rían hacer la mili y a par­tir de este movi­mien­to tuvie­ron sus pri­me­ros con­tac­tos con los movi­mien­tos socia­les. Fue una escue­la de poli­ti­za­ción y mili­tan­cia enorme.

-¿En qué terri­to­rios del esta­do espa­ñol se dio un mayor apo­yo a la insu­mi­sión? ¿Coin­ci­de con el de mayor núme­ro de jui­cios y condenas?

El mayor núme­ro de insu­mi­sos fue en Eus­ka Herria (País Vas­co y Nava­rra) y Cata­lun­ya (hay dife­ren­tes cifras del núme­ro de insu­mi­sos en cada terri­to­rio, así que no se sabe cuál apor­tó más, aun­que en pro­por­ción a la pobla­ción fue Eus­kal Herria) aun­que la res­pues­ta repre­si­va fue muy dife­ren­te. Mien­tras que en el con­jun­to del Esta­do, se desa­rro­lló una estra­te­gia de repre­sión selec­ti­va, simi­lar a la que el movi­mien­to anti­mi­li­ta­ris­ta había pre­vis­to, en Eus­kal Herria esta fue masi­va, y la mayo­ría de encar­ce­la­dos fue­ron vas­cos y espe­cial­men­te nava­rros. En Cata­lun­ya en cam­bio, tras un peque­ño perío­do de repre­sión ini­cial, esta fue muy leve, casi inexis­ten­te. A muchos insu­mi­sos cata­la­nes ni tan siquie­ra se les lle­gó a abrir un pro­ce­so penal, por lo que se hace impo­si­ble saber la can­ti­dad de jóve­nes des­obe­dien­tes que hubo.

-¿Reci­bie­ron los anti­mi­li­ta­ris­tas el apo­yo de par­ti­dos de izquier­da y sindicatos?

Esta cam­pa­ña les tomó a con­tra­pié a todos los par­ti­dos, inclu­so los más radi­ca­les como la izquier­da aber­tza­le. A pesar de la soli­da­ri­dad anti­rre­pre­si­va de los par­ti­dos de izquier­da y tam­bién de vas­cos y cata­la­nes, a los par­ti­dos par­la­men­ta­rios les cos­tó mucho enten­der esta lucha y sus juven­tu­des a penas se impli­ca­ron en ella. En lo que res­pec­ta a los sin­di­ca­tos, las con­fe­de­ra­cio­nes anar­co­sin­di­ca­lis­tas die­ron total apo­yo des­de un pri­mer momen­to. En el caso de las cen­tra­les mayo­ri­ta­rias fue dife­ren­te. CCOO depen­dió mucho de las zonas, las fede­ra­cio­nes y tam­bién del momen­to. UGT fue uno de los prin­ci­pa­les cen­tros de reclu­ta­mien­to de la PSS.

-El perio­do de efer­ves­cen­cia con­tra la mili se dio duran­te los gobier­nos del PSOE (1982 – 1996). ¿Qué meca­nis­mos de repre­sión uti­li­za­ron los pode­res polí­ti­co y judi­cial? ¿En qué medi­da fue­ron impor­tan­tes los segui­mien­tos poli­cia­les y las “infil­tra­cio­nes?

El prin­ci­pal meca­nis­mo de repre­sión fue la cár­cel. Más de 1.600 jóve­nes fue­ron encar­ce­la­dos duran­te toda la cam­pa­ña y tres de ellos per­die­ron la vida (un caso de sui­ci­dio, otro de des­aten­ción médi­ca en la cár­cel y una ter­ce­ra atro­pe­lla­da por un coche de la Guar­dia Civil en una con­cen­tra­ción). Estos encar­ce­la­mien­tos vinie­ron acom­pa­ña­dos de una cam­pa­ña de cri­mi­na­li­za­ción fra­ca­sa­da, ya que estos fue­ron cada vez más impo­pu­la­res. Enton­ces se inten­tó redu­cir el tiem­po en pri­sión de los insu­mi­sos, a lo que el movi­mien­to aumen­tó sus accio­nes de des­obe­dien­cia para for­zar más encar­ce­la­mien­tos, cons­cien­te del des­gas­te que supo­nía para el gobierno. Final­men­te se inten­tó cam­biar la pri­sión por una “muer­te civil”, que supo­nía la impo­si­bi­li­dad de tra­ba­jar para la admi­nis­tra­ción, acce­der a becas e inclu­so a la pres­ta­ción de des­em­pleo. En este momen­to hubo uni­ver­si­da­des y ayun­ta­mien­tos que tam­bién des­obe­de­cie­ron con­tra­tan­do insu­mi­sos condenados.

El con­trol poli­cial en for­ma de telé­fo­nos pin­cha­dos, segui­mien­tos e inclu­so infil­tra­cio­nes fue­ron cons­tan­tes en el movi­mien­to, pero no pudie­ron des­ca­be­zar­lo al ser este enor­me­men­te asam­blea­rio, des­cen­tra­li­za­do y de base. En este sen­ti­do, la actua­ción poli­cial fra­ca­só rotundamente.

-Por últi­mo, ¿qué lec­cio­nes cabe apren­der para el pre­sen­te de esta red de pro­tes­ta civil no violenta?

Para mí, la prin­ci­pal lec­ción es que cual­quier cam­pa­ña de des­obe­dien­cia civil debe estar per­fec­ta­men­te pla­ni­fi­ca­da, tan­to en sus méto­dos como en sus obje­ti­vos. A pesar de la ima­gen de jóve­nes locos, los insu­mi­sos se pre­pa­ra­ron a fon­do, tan­to teó­ri­ca­men­te como a nivel prác­ti­co y eran ple­na­men­te cons­cien­tes de las con­se­cuen­cias de sus accio­nes. Tam­bién es impres­cin­di­ble la crea­ción de fuer­tes redes de soli­da­ri­dad para aguan­tar los emba­tes represivos.

Itu­rria /​Fuen­te

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