Pen­sa­mien­to crí­ti­co. Bra­sil, país de la agonía

Por Eric Nepo­mu­ceno. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 28 de mar­zo de 2021.

En diez años, la gue­rra civil en Siria, que cau­só impac­to en todo el mun­do, pro­vo­có 300 mil muer­tes. En un año – un año – , el coro­na­vi­rus mató en Bra­sil a más de 300 mil per­so­nas. Lo que una gue­rra civil tar­dó diez años en lograr, logra­mos en uno.

Tan­to en lo de Siria como en Bra­sil, eso tie­ne un nom­bre: Geno­ci­dio. Y en el caso nues­tro, tene­mos a un res­pon­sa­ble: Jair Bol­so­na­ro (foto). O varios: él y todos sus cóm­pli­ces, pero siem­pre al man­da­ta­rio en pri­mer lugar.

Vale recor­dar, otra vez, que tales núme­ros – ofi­cia­les – son más que dudo­sos. Hay mucha sub-noti­fi­ca­ción en Bra­sil, e inves­ti­ga­do­res, médi­cos y cien­tí­fi­cos dicen que ya alcan­za­mos la mar­ca de los 400 mil.

Glo­ria, glo­ria, ale­lu­ya: ¡supe­ra­mos la situa­ción de Siria!

Que­dé­mo­nos, en todo caso, con las muer­tes ofi­cial­men­te reco­no­ci­das. Son como 820 cada día. Poco más de 34 cada hora. Más de dos por minu­to. Y la mar­cha sigue y sigue acelerada.

Cla­ro que me gus­ta­ría escri­bir de otra cosa, pero por don­de quie­ra que se mire, mi país está en colap­so, irre­me­dia­ble colapso.

Fal­tan insu­mos para aten­der a los enfer­mos, fal­tan pla­zas en uni­da­des de tera­pia inten­si­va, fal­ta un plan nacio­nal de coor­di­na­ción, fal­ta todo. Todo.

Con­fie­so a mis par­cos lec­to­res que me gus­ta­ría escri­bir de otros temas. Recor­dar a ami­gos que se fue­ron, con­tar anéc­do­tas diver­ti­das de gen­te como Piaz­zo­lla, Eduar­do Galeano, Gabriel Gar­cía Már­quez… o de los que siguen por aquí, como Chi­co Buar­que o Cae­tano Velo­so, o vaya a saber…pero ni modo, es imposible.

Cada día me des­pier­to pen­san­do en quien será el siguiente.

Per­dí, es ver­dad, a manos del virus mal­di­to, ami­gos o casi ami­gos extran­je­ros. A Luis Sepúl­ve­da, el gran gran escri­tor chi­leno con quien no tuve pro­pia­men­te una rela­ción de amis­tad, pero sí de afecto.

A nues­tro inmen­so Pino Sola­nas, de quien sí fui ami­go duran­te déca­das. Y así segui­mos y segui­mos y segui­mos… infi­ni­da­des de perdidos.

Otra vez, que me per­mi­tan y me per­do­nen mis par­cos lec­to­res: ya no aguan­to más escri­bir sobre lo que pasa en mi país.

Tene­mos a un Geno­ci­da como pre­si­den­te, y no hay nada ni nadie que apa­rez­ca para no solo parar­le la mano, sino para ful­mi­nar­le, extirparlo.

Aho­ra, hay un movi­mien­to para que se cata­pul­te al minis­tro de Abe­rra­cio­nes Exte­rio­res, Ernes­to Araú­jo, de su sillón.

Per­dón: Rela­cio­nes Inte­rio­res, ya que solo se dedi­ca a com­pla­cer a Eduar­do Bol­so­na­ro, uno de los hijos pre­si­den­cia­les bandidos.

¿Ban­di­dos por qué? Por apo­de­rar­se de recur­sos públi­cos. Por eso.

Mejor parar acá.

Algu­na vez podré vol­ver a hablar de las cosas bue­nas de mi país. Por­que las hay, y son – al menos por aho­ra – muchas.

Algu­na vez podré hablar de lo que sobrevivió.

Pero hoy mis­mo, sába­do, día en que escri­bo, otra vez murie­ron más de cien per­so­nas por hora. Más de uno a cada quin­ce minutos.

Cam­biar al minis­tro imbé­cil, y lo cam­bia­rán pron­to, que ais­ló Bra­sil en el mapa glo­bal, que retra­só la entre­ga de vacu­nas y ele­men­tos para pro­du­cir­las, es algo.

Pero nada más que eso: algo.

Se da por des­car­ta­do que él, Ernes­to Arau­jo, quien era un nadie antes de asu­mir el pues­to de minis­tro de Rela­cio­nes Exte­rio­res y trans­for­mar­se en minis­tro de Abe­rra­cio­nes, será catapultado.

Pero eso es una gota, una goti­ta, de la tra­ge­dia enfren­ta­da por Bra­sil y que podrá derra­mar­se a los veci­nos en pri­mer lugar, y lue­go al mundo.

¿Cuán­do se cata­pul­ta­rá al Geno­ci­da? ¿Cuán­do será man­da­do a un tri­bu­nal inter­na­cio­nal para res­pon­der por crí­me­nes con­tra la humanidad?

Itu­rria /​Fuen­te

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