Argen­ti­na. Blan­queo de tie­rras fores­ta­les. El pos-incen­dio en la comar­ca andina

Susa­na Lara /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 28 e mar­zo de 2021

Los veci­nos de Lago Pue­lo y el desa­fío de la reconstrucción.

Un solo día con­su­mió bue­na par­te de un pro­ce­so de ocu­pa­ción del terri­to­rio que con­tie­ne, en ten­sión, las for­mas tra­di­cio­na­les de rela­ción con la tie­rra, la urba­ni­za­ción voraz de un valle de mon­ta­ña y la matriz fores­tal parasitaria. 

Un solo día, el 9 de mar­zo, el incen­dio en las loca­li­da­des de Lago Pue­lo y El Hoyo de Epu­yén ini­ció un pro­ce­so que invo­lu­cra de dis­tin­ta mane­ra a unas 24.000 per­so­nas vivien­do en 46.000 hec­tá­reas, la tota­li­dad de la pobla­ción local en todo su espa­cio territorial.

El incen­dio de Cerro Radal y para­je Golon­dri­nas afec­tó a casi 14.000 hec­tá­reas en pocas horas, inclu­yen­do islas inte­rio­res sin que­mar. Duran­te la tem­po­ra­da 201415 en el noroes­te de la pro­vin­cia de Chu­but ocu­rrie­ron gran­des incen­dios que, en con­jun­to, abar­ca­ron más de 42.000 hectáreas. 

Pero el que toda­vía no se apa­ga total­men­te es el pri­me­ro en la Pata­go­nia que afec­ta masi­va­men­te pobla­ción en medio de bos­que nati­vo y plan­ta­cio­nes de tipo industrial.

Los esta­dos muni­ci­pa­les de Pue­lo y El Hoyo son chi­cos en pre­su­pues­to y poder real, con gobier­nos loca­les no ali­nea­dos con el pro­vin­cial, sumi­do a su vez en la deu­da y su pro­pia cri­sis de gober­na­bi­li­dad. Los pro­ble­mas estruc­tu­ra­les del mode­lo urba­ni­za­dor esta­lla­ron de raíz: la ocu­pa­ción irre­gu­lar de la tie­rra, la fal­ta de infra­es­truc­tu­ra de ser­vi­cios bási­cos (elec­tri­ci­dad, agua pota­ble, cloa­cas), la espe­cu­la­ción inmo­bi­lia­ria con tie­rras fores­ta­das y aban­do­na­das, el vacia­mien­to y fal­ta de inver­sión de ser­vi­cios públi­cos pro­vin­cia­les (salud y obras públi­cas), el dete­rio­ro del sala­rio del emplea­do públi­co. Todos los sec­to­res socia­les y polí­ti­cos –con dis­tin­tas con­di­cio­nes e intere­ses– se enfren­tan a la nece­si­dad de encau­zar la cri­sis sin que los devo­re la coyuntura.

La recons­truc­ción de los barrios y de la zona de cha­cras corre con­tra reloj con el comien­zo del perío­do de llu­vias inten­sas y las bajas tem­pe­ra­tu­ras. Res­ta, ade­más, ver el com­por­ta­mien­to de los sue­los afec­ta­dos y la capa de ceni­za acu­mu­la­da, con ries­gos de des­li­za­mien­tos. Ya son prác­ti­ca­men­te intran­si­ta­bles los cami­nos y calles de algu­nas zonas de fal­deo de mon­ta­ña, a los que sólo se acce­de en vehícu­los 4×4.

La des­truc­ción pro­vo­ca­da por el incen­dio pone a toda la pobla­ción en ries­go de una cri­sis sani­ta­ria, advir­tió una fuen­te del sis­te­ma públi­co de salud. La últi­ma sema­na, los tra­ba­ja­do­res del sis­te­ma pro­vin­cial de com­ba­te con­tra incen­dios mar­cha­ron por la fal­ta de insu­mos bási­cos y los retra­sos sala­ria­les, en tan­to que los emplea­dos de Obras y Ser­vi­cios Públi­cos hicie­ron medi­das de fuer­za por las mis­mas razo­nes. El com­pro­mi­so de los esta­ta­les no alcan­za, sin los recur­sos para la recons­truc­ción de las con­di­cio­nes bási­cas de las fami­lias afectadas.

Lago Pue­lo­La peque­ña villa turís­ti­ca ubi­ca­da sobre la cabe­ce­ra del lago Pue­lo fue la pla­ta­for­ma para la urba­ni­za­ción de tie­rras rura­les hacia el nores­te has­ta unir­se con El Bol­són. A la vez, por déca­das, el para­je Golon­dri­na fue zona de cha­cras extra­pro­vin­cial de El Bol­són, has­ta que sobre la ruta 40 al sur la vida tomó for­ma urba­na. Una alta movi­li­dad eco­nó­mi­ca y de pobla­ción se arti­cu­ló sobre el para­le­lo 42, amplian­do su radio has­ta El Mai­tén al este y Epu­yén y Cho­li­la al sur.

La fron­te­ra inmo­bi­lia­ria avan­zó sobre esta zona con urba­ni­za­cio­nes como el loteo Bella­vis­ta, aho­ra que­ma­do. El mode­lo extrac­ti­vis­ta venía de antes, con la fores­ta­ción con exóticas.Ahora el fue­go afec­tó a unas 1.400 hec­tá­reas de las 4.500 que tie­ne el eji­do muni­ci­pal de Lago Pue­lo, según un infor­me ofre­ci­do des­de el Eje­cu­ti­vo local. En ese espa­cio, 511 fami­lias afec­ta­das con dife­ren­te nivel de pér­di­das. Unas 400 hec­tá­reas de pro­duc­ción pri­ma­ria (fru­ta­les, fru­tas finas, hor­ta­li­zas, tri­go y papa orgá­ni­cos) de 49 pro­duc­to­res, algu­nas con has­ta cien años de tra­ba­jo. Un peque­ño viñe­do, una fábri­ca de dul­ce, el taller de un luthiers con la made­ra esta­cio­na­da, el depó­si­to de una edi­to­rial inde­pen­dien­te, un estu­dio de gra­ba­ción pro­fe­sio­nal, muchas caba­ñas de alqui­ler turís­ti­co, la base mate­rial de la eco­no­mía local.

El 77% de las vivien­das, gal­po­nes y talle­res sufrie­ron pér­di­das tota­les. Así ocu­rrió en Eco Aldea y Bos­ques al sur; sólo se sal­va­ron dos en El Pinar. Todas esas son ocu­pa­cio­nes en tie­rras pro­vin­cia­les, regu­la­ri­za­ción que tra­ta­rá recién aho­ra la Legis­la­tu­ra pro­vin­cial. Es prác­ti­ca­men­te total la des­truc­ción en esos pre­dios de la infra­es­truc­tu­ra del ser­vi­cio eléc­tri­co y de agua, por lo que la asis­ten­cia inclu­ye com­bus­ti­ble para los gru­pos elec­tró­ge­nos y agua envasada.

De las fami­lias afec­ta­das, 16 son muje­res solas con niñxs, de acuer­do al rele­va­mien­to hecho al 21 de mar­zo por el muni­ci­pio con la asis­ten­cia de orga­nis­mos nacio­na­les y provinciales.Grupo de bio­cons­truc­ción en Puelo.

El Hoyo. El incen­dio se des­pla­zó veloz­men­te de oes­te (Cerro Radal) hacia el este. En ese des­pla­za­mien­to ingre­só a tie­rras del eji­do muni­ci­pal de El Hoyo, don­de con­su­mió mucho bos­que nati­vo al correr sobre el fal­deo del cor­dón Pil­tri­qui­trón. Son 108 las fami­lias cuyas vivien­das y pro­pie­da­des sufrie­ron daños tota­les o par­cia­les, según el rele­va­mien­to ofi­cial del gobierno local. Inclu­ye gal­po­nes, talle­res, aco­pio de forra­je para gana­do, alam­bra­dos. Acá fue mucho el daño en la infra­es­truc­tu­ra públi­ca de agua y elec­tri­ci­dad. Se que­ma­ron kiló­me­tros de líneas de media y alta ten­sión, trans­for­ma­do­res y cables. El fue­go sobre el cau­ce del arro­yo Cor­ba­ta (reser­va natu­ral) des­tru­yó la obra de cap­ta­ción de agua y las cañe­rías que abas­te­cen al pue­blo, así como las cis­ter­nas de alma­ce­na­mien­to para otros sec­to­res a los que no les lle­gó el fue­go pero que se que­da­ron sin agua.

La red de agua ya era insu­fi­cien­te para el cre­ci­mien­to del lugar. Todo el noroes­te de Chu­but com­par­te el pro­ble­ma del ten­di­do de la red de elec­tri­ci­dad, que el incen­dio no hizo más que colap­sar. El cre­ci­mien­to des­or­de­na­do y sin pla­ni­fi­ca­ción plan­tea­ba el peli­gro de incen­dio de inter­fa­se. El inten­den­te Pol Huis­man (Fren­te Todos) reco­no­ció que per­sis­ten peli­gros de derrum­bes y de inundación.Son veci­nos de este muni­ci­pio la comu­ni­dad mapu­che Qui­lo­drán y varias fami­lias de peque­ños pro­duc­to­res de lagu­na Espe­jo y nacien­tes del Pedre­go­so, don­de había pun­tos calien­tes al cie­rre de esta nota. La gen­te hace kiló­me­tros para car­gar los celu­la­res y acce­der a bue­na señal de internet.

La base y el Esta­do­Los núme­ros de la catás­tro­fe no dan cuen­ta de las sin­gu­la­ri­da­des que advier­ten los veci­nos, pro­ta­go­nis­tas de un inmen­so movi­mien­to de soli­da­ri­dad y auto­no­mía para la (re)construcción. Se repar­ten vian­das por­que hay quie­nes no tie­nen ni siquie­ra una garra­fa con hor­na­lla para coci­nar. Hay gen­te mayor que no está en las redes socia­les, que tam­po­co recla­ma a viva voz. “Un coche chi­co lle­gó con dos col­cho­nes arro­lla­dos en el techo”, recor­dó una veci­na para gra­fi­car el con­mo­ve­dor movi­mien­to que obli­gó a orde­nar el trán­si­to con ayu­da que pasa­ba por Bari­lo­che al sur. Orga­ni­za­cio­nes socia­les y polí­ti­cas arma­ron cam­pa­ñas para com­prar gru­pos elec­tró­ge­nos, garra­fas, mate­ria­les de cons­truc­ción, lápi­ces de colo­res para lxs niñxs, todo un arco de intere­ses y nece­si­da­des. Toda una arti­cu­la­ción al ser­vi­cio de quie­nes están en el lugar, resol­vien­do por sí en un con­tex­to teñi­do por espe­cu­la­cio­nes res­pec­to a la inten­cio­na­li­dad de los sie­te focos ini­cia­les del incendio.

La diri­gen­cia polí­ti­ca local y las auto­ri­da­des con man­da­to popu­lar tie­nen la res­pon­sa­bi­li­dad de resol­ver la ten­sión entre la auto­no­mía y auto­ges­tión en la emer­gen­cia, y la obli­ga­ción del Esta­do para garan­ti­zar equi­dad en la detec­ción y dis­tri­bu­ción de la asis­ten­cia y repa­ra­ción de los daños. Toda­vía fal­tan men­sa­jes cla­ros res­pec­to a los ries­gos reales que repre­sen­ta un sue­lo ines­ta­ble y con pen­dien­te pro­nun­cia­da ante las pró­xi­mas llu­vias, la posi­bi­li­dad de relo­ca­li­zar algu­nas fami­lias, la emer­gen­cia sani­ta­ria con la des­truc­ción de toda infra­es­truc­tu­ra domés­ti­ca en medio de la pan­de­mia por el Covid-19 y en zona endé­mi­ca de han­ta­vi­rus, entre otros ele­men­tos en juego.

Ade­más, el table­ro neo­li­be­ral des­ple­ga­do y los meca­nis­mos del des­po­jo con altí­si­ma capa­ci­dad de adap­ta­ción para el post-incen­dio. Fami­lias judi­cia­li­za­das de tomas de El Bol­són esta­rían sien­do pre­sio­na­das para que se plie­guen a la recons­truc­ción de los barrios que­ma­dos para evi­tar un des­alo­jo inmi­nen­te, tras­cen­dió des­pués de que orga­nis­mos téc­ni­cos rea­li­za­ran y ana­li­za­ran imá­ge­nes aéreas que pro­ba­rían esos movi­mien­tos en un terreno físi­co y social alta­men­te vul­ne­ra­ble. Al mis­mo tiem­po, el gober­na­dor Mariano Arcio­ni envió un pro­yec­to de ley a la Legis­la­tu­ra para trans­fe­rir al muni­ci­pio de Pue­lo 580 hec­tá­reas, que inclu­yen las par­ce­las de tres loteos irre­gu­la­res que­ma­dos (Lote 26, Eco aldea y Bos­ques al sur, entre otros).

Arcio­ni dio una res­pues­ta ins­ti­tu­cio­nal a una vie­ja deman­da, detrás de la que bus­ca colar sin deba­te otros dos hechos fun­da­men­ta­les para el blan­queo e incor­po­ra­ción al mer­ca­do del sue­lo urbano de 40.000 hec­tá­reas de Mano­sa, vie­jo con­sor­cio fores­tal de capi­ta­les loca­les, que plan­tó y aban­do­nó las plan­ta­cio­nes que apor­ta­ron bue­na par­te de la pól­vo­ra que ardió el 9 de mar­zo. Por una par­te, pidió una modi­fi­ca­ción a la ley de orde­na­mien­to terri­to­rial del bos­que nati­vo de Chu­but para qui­tar la tie­rra fores­ta­da de sus alcan­ces. A la vez, impul­sa que 360 hec­tá­reas con­ti­núen bajo la admi­nis­tra­ción de la Secre­ta­ría de Bos­ques para “fomen­to de la indus­tria fores­tal de la zona, garan­ti­zan­do el fun­cio­na­mien­to de un área núcleo de carác­ter pro­duc­ti­vo para sos­te­ner la pro­duc­ción de espe­cies fores­ta­les para con­ser­var y res­tau­rar el bos­que nativo”.

El pro­yec­to, ade­más, cho­ca con la refor­ma a la ley del plan de mane­jo del fue­go de fines del año pasa­do, que incor­po­ró “en el caso de incen­dios, pro­vo­ca­dos o acci­den­ta­les, en bos­ques nati­vos o implan­ta­dos, áreas natu­ra­les pro­te­gi­das y hume­da­les, las modi­fi­ca­cio­nes en el uso y des­tino que dichas super­fi­cies poseían con ante­rio­ri­dad al sinies­tro que­dan prohi­bi­das por 60 años; mien­tras que en zonas agrí­co­las, pra­de­ras, pas­ti­za­les y áreas de inter­fa­se la prohi­bi­ción es de 30 años”, advir­tió un vecino de Puelo.

La fron­te­ra neo-extrac­ti­vis­ta se cue­la en las ceni­zas cuyo ori­gen inves­ti­gan peri­tos de la Poli­cía Fede­ral, que lle­ga­ron a la comar­ca sin viá­ti­cos y se alo­jan en una caba­ña prestada.

FUENTE: El tren pra­gra­ma de radio

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