Pen­sa­mien­to crí­ti­co. Esta­lli­dos o levantamientos

Por Raúl Zibe­chi, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 17 de mar­zo de 2021. 

Un recien­te infor­me del Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal (FMI) reve­la que las cla­ses domi­nan­tes, a las que el orga­nis­mo sir­ve, espe­ran esta­lli­dos socia­les en todo el mun­do como con­se­cuen­cia de la pandemia.

El tra­ba­jo Reper­cu­sio­nes socia­les de la pan­de­mia, publi­ca­do en enero, con­si­de­ra que la his­to­ria es una guía que le per­mi­te espe­rar esta­lli­dos que ponen de mani­fies­to frac­tu­ras ya exis­ten­tes en la socie­dad: la fal­ta de pro­tec­ción social, la des­con­fian­za en las ins­ti­tu­cio­nes, la per­cep­ción de incom­pe­ten­cia o corrup­ción de los gobier­nos (https://​bit​.ly/​3​q​V​V​hAV).

Gra­cias a sus amplios recur­sos, el FMI ela­bo­ró un índi­ce de males­tar social con base en un aná­li­sis de millo­nes de artícu­los de pren­sa publi­ca­dos des­de 1985 en 130 paí­ses, que refle­jan 11 mil acon­te­ci­mien­tos sus­cep­ti­bles de cau­sar esta­lli­dos socia­les. Lo que le per­mi­te ade­lan­tar que sobre media­dos de 2022 comen­za­rá una olea­da de pro­tes­tas que se bus­ca pre­ve­nir y controlar.

Lo impor­tan­te es que el orga­nis­mo dice a los gobier­nos y al gran capi­tal que el perio­do que se abre en los 14 meses pos­te­rio­res al ini­cio de la pan­de­mia, pue­de ser peli­gro­so para sus intere­ses y que deben estar pre­pa­ra­dos, pero agre­ga que cin­co años des­pués los efec­tos de los esta­lli­dos serán resi­dua­les y ya no afec­ta­rán a la economía.

La ecua­ción pare­ce cla­ra: las cla­ses domi­nan­tes espe­ran esta­lli­dos, se pre­pa­ran para enca­rar­los y neu­tra­li­zar­los, por­que por un tiem­po pue­den des­es­ta­bi­li­zar la dominación.

Un deta­lle: el estu­dio ni siquie­ra men­cio­na los resul­ta­dos de even­tua­les elec­cio­nes como ries­gos para el capi­tal, qui­zá por­que más allá de quien gane, saben que los gobier­nos sur­gi­dos de las urnas nun­ca han con­se­gui­do mellar el poder del capital.

Los movi­mien­tos anti­ca­pi­ta­lis­tas debe­mos tomar bue­na nota de las pre­vi­sio­nes del sis­te­ma, para no repe­tir erro­res y pre­ve­nir­nos de accio­nes que, a la lar­ga, nos des­gas­tan sin pro­du­cir cam­bios. Pro­pon­go dife­ren­ciar esta­lli­dos de levan­ta­mien­tos, para mos­trar que aqué­llos no son con­ve­nien­tes, pero éstos pue­den ser­lo si son fru­to de una sóli­da orga­ni­za­ción colectiva.

Los esta­lli­dos son reac­cio­nes casi inme­dia­tas a los agra­vios, como los crí­me­nes poli­cia­les; gene­ran una enor­me y furio­sa ener­gía social que se des­va­ne­ce en pocos días. Entre los esta­lli­dos, está el suce­di­do duran­te tres días de sep­tiem­bre en Bogo­tá, ante el ase­si­na­to por la poli­cía de un joven abo­ga­do con nue­ve frac­tu­ras de cráneo.

La repre­sión cau­só la muer­te de más de 10 mani­fes­tan­tes y 500 heri­dos, alre­de­dor de 70 por bala. La jus­ta rabia se ubi­có en los Cen­tros de Aten­ción Inme­dia­ta, sedes poli­cia­les en las peri­fe­rias, 50 de las cua­les fue­ron des­trui­das o incen­dia­das. Lue­go de tres días, la pro­tes­ta se des­va­ne­ció y no que­da­ron colec­ti­vos orga­ni­za­dos en los barrios más afec­ta­dos por la vio­len­cia estatal.

Ejem­plos de éstos hay muchos, pero me intere­sa des­ta­car que los esta­dos apren­die­ron a lidiar con ellos. Sobrex­po­nen la vio­len­cia en los medios, crean gru­pos de estu­dio sobre las injus­ti­cias socia­les, mesas de nego­cia­ción para simu­lar inte­rés y has­ta pue­den sepa­rar a algu­nos uni­for­ma­dos de sus tareas, envián­do­los a otros sitios.

Lo más común es que los gobier­nos acep­ten que hay injus­ti­cias, en gene­ral, y que atri­bu­yan la vio­len­cia de los esta­lli­dos a la pre­ca­rie­dad del empleo juve­nil y otras con­se­cuen­cias del sis­te­ma, sin abor­dar las cau­sas de fondo.

Levan­ta­mien­to es algo dife­ren­te. Un cuer­po orga­ni­za­do deci­de su comien­zo, tra­za los obje­ti­vos y los modos, los pun­tos de con­cen­tra­ción y de replie­gue, y en diá­lo­go colec­ti­vo deci­de el momen­to en que el levan­ta­mien­to fina­li­za. El mejor ejem­plo es el levan­ta­mien­to indí­ge­na y popu­lar de octu­bre de 2019 en Ecua­dor. Duró 11 días, fue deci­di­do por las bases de la Con­fe­de­ra­ción de Nacio­na­li­da­des Indí­ge­nas de Ecua­dor y se ple­ga­ron sin­di­ca­tos y jóve­nes de las peri­fe­rias urbanas.

La vio­len­cia fue aco­ta­da por las guar­dias de las orga­ni­za­cio­nes, que impi­die­ron saqueos indu­ci­dos por poli­cías infil­tra­dos. Se deci­dió fina­li­zar­lo en enor­mes asam­bleas en Qui­to, lue­go de que el gobierno de Lenín Moreno anu­ló el paque­te de medi­das neo­li­be­ra­les que gene­ró la movi­li­za­ción. El par­la­men­to indí­ge­na y de los movi­mien­tos socia­les crea­do días des­pués, fue el encar­ga­do de dar­le con­ti­nui­dad al movimiento.

Un levan­ta­mien­to pue­de refor­zar la orga­ni­za­ción popu­lar. En Chi­le, don­de pre­fie­ren decir revuel­ta y no esta­lli­do, se crea­ron más de 200 asam­bleas terri­to­ria­les duran­te las pro­tes­tas en casi todos los barrios populares.

La acción colec­ti­va masi­va y con­tun­den­te debe refor­zar la orga­ni­za­ción, por­que es lo úni­co que pue­de dar­le con­ti­nui­dad en el tiem­po lar­go. Las cla­ses domi­nan­tes apren­die­ron hace ya tiem­po a capear los esta­lli­dos, por­que saben que son efí­me­ros. Si nos orga­ni­za­mos, las cosas pue­den cam­biar, pero nada logra­re­mos si cree­mos que el sis­te­ma cae­rá con una sola trompada.

Itu­rria /​Fuen­te

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