Colom­bia. Masa­cre ofi­cial en Cala­mar, Guaviare

Por Nepo­mu­ceno Marín. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 9 de mar­zo de 2021.

A las 16 masa­cres regis­tra­das en lo va del año y eje­cu­ta­das por gru­pos neo para­mi­li­ta­res, hay que agre­gar la recien­te eje­cu­ta­da por la Fuer­za de Tarea Con­jun­ta Ome­ga en la vere­da Bue­nos Aires, del muni­ci­pio Cala­mar, en el depar­ta­men­to del Gua­via­re, cer­ca al río Uju­ju, repor­ta­da por el Ejer­ci­to des­de las pri­me­ras horas del 2 de mar­zo del año en curso.

Ini­cial­men­te, la infor­ma­ción del Minis­te­rio de Defen­sa dio cuen­ta de 10 per­so­nas falle­ci­das como con­se­cuen­cia del poten­te y letal bom­bar­deo y de tres meno­res rete­ni­dos y entre­ga­dos a Bien­es­tar Familiar.

Con el pasar de las horas la cifra se ele­vó a 13 víc­ti­mas y hoy mar­tes 9 de mar­zo, los fami­lia­res están regis­tran­do en Villa­vi­cen­cio y San José del Gua­via­re más de 20 per­so­nas desaparecidas.

Lo gra­ve de todo este acon­te­ci­mien­to es que se tra­ta de niñas y niños cam­pe­si­nos que han sido víc­ti­mas de los núcleos más gue­rre­ris­tas de los apa­ra­tos arma­dos del Esta­do colombiano.

Acá y entran­do en deta­lles hay muchas pre­gun­tas por hacer. Por ejem­plo, en base a que repor­tes de inte­li­gen­cia mili­tar, la Pre­si­den­cia de la Repu­bli­ca auto­ri­zo esta vio­len­ta ope­ra­ción la cual segó la vida de un núcleo de humil­des jóve­nes ocu­pa­dos en labo­res agrícolas.

Por el momen­to la infor­ma­ción de los fami­lia­res está dan­do cuen­ta de los siguien­tes fallecidos:

Mar­lon Ste­ven Mahe­cha Herre­ra, de 12 años.

El vene­zo­lano Jor­ge Manuel Gon­za­les López, de 14 años.

Jonathan Sán­chez Zam­brano (TI 1006528902), de 15 años.

Sebas­tián Andrés Varón Rojas (TI 1121418224), de 16 años.

Dana Lizet Mon­ti­lla (tar­je­ta de Iden­ti­dad 1120565435), con 16 años.

En San José del Gua­via­re hay tres muje­res meno­res heri­das y muti­la­das por las bom­bas del mili­ta­ris­mo fas­cis­ta del actual gobierno.

Como en la masa­cre ocu­rri­da en el Caque­tá hace dos años, que fue pre­sen­ta­da como una ope­ra­ción lim­pia por el ex minis­tro Bote­ro, des­ti­tui­do pos­te­rior­men­te lue­go de un deba­te en el Sena­do que saco a flo­te sus men­ti­ras y fal­sas ver­da­des, en esta masa­cre hay muchos cabos suel­tos, que un por­me­no­ri­za­do segui­mien­to y aná­li­sis jurí­di­co, mili­tar y polí­ti­co debe acla­rar. Son muchas las pre­gun­tas para el Minis­tro empre­sa­rial Molano y para los gene­ra­les Anto­nio María Bel­trán Díaz y Raúl Her­nan­do Flo­res Cuer­vo, los Jefes mili­ta­res de la región, con ínfu­las de reye­zue­los, para que este san­grien­to epi­so­dio se acla­re los más rápi­do posi­ble con el fin de que pre­va­lez­can los dere­chos huma­nos y las nor­mas del DIH en el pro­lon­ga­do con­flic­to colom­biano que no ter­mino con el men­ti­ro­so acuer­do de paz neo­li­be­ral de San­tos y Timochenko.

Lo cier­to, en este caso, es que la san­grien­ta ope­ra­ción del Gua­via­re fue eje­cu­ta­da por uno de los dis­po­si­ti­vos mili­ta­res más vio­len­tos del gobierno uri­bis­ta de Duque.

La Fudra Ome­ga es un para­es­ta­do que fun­cio­na al mar­gen de las reglas cons­ti­tu­cio­na­les y demo­crá­ti­cas. Tan­to en el sur del Meta, como en el Gua­via­re y Caque­tá, esta máqui­na de muer­te, con más de 30 mil uni­da­des, es una de las expre­sio­nes del mode­lo con­tra­in­sur­gen­te implan­ta­do por el Coman­do Sur de los Esta­dos Uni­dos para pro­te­ger los intere­ses de las mul­ti­na­cio­na­les petro­le­ras, mine­ras y del agro nego­cio en Colombia.

En este amplio terri­to­rio, con impor­tan­tes recur­sos estra­té­gi­cos ambien­ta­les y mine­ros, los que impo­nen su ley son pre­po­ten­tes cau­di­llos mili­ta­res subor­di­na­dos a los intere­ses del impe­rio nor­te­ame­ri­cano. Para lo que cuen­tan con amplias pre­rro­ga­ti­vas que deri­van en el per­ma­nen­te atro­pe­llo de los colo­nos, cam­pe­si­nos e indí­ge­nas, median­te masa­cres, mon­ta­jes judi­cia­les y des­apa­ri­ción de líderes.

Este es un aspec­to que no logra encu­brir la falaz reto­ri­ca cuar­te­le­ra que pre­ten­de mos­trar a los cam­pe­si­nos coca­le­ros y a las gue­rri­llas de las Farc de Gen­til Duar­te e Ivan Lozano como unos vul­ga­res nar­co­tra­fi­can­tes, cuan­do en reali­dad quie­nes se enri­que­cen con la coca son ofi­cia­les, jerar­cas mili­ta­res y poli­cia­les, enchu­fa­dos con pode­ro­sas mafias regio­na­les e internacionales.

Oja­lá el opor­tuno deba­te sobre esta nue­va masa­cre nos per­mi­ta cono­cer la ver­dad de los hechos ocu­rri­dos el pasa­do mar­tes en la vere­da Bue­nos Aires, del muni­ci­pio de Cala­mar, Gua­via­re; para lo que tam­bién se nece­si­ta cono­cer la ver­sión del Alcal­de muni­ci­pal y del Per­so­ne­ro local, la pri­me­ra auto­ri­dad en mate­ria de Dere­chos Humanos.

Itu­rria /​Fuen­te

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